Mi amigo el Espíritu Santo Espíritu de conocimiento y temor de Dios

Texto completo

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Mi amigo el Espíritu Santo

“Espíritu de conocimiento y temor de Dios”

Isaías 11: 1 “Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago

retoñará de sus raíces.

2

Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová;

espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder,

espíritu de conocimiento y de temor de Jehová

.

3

Y le hará entender

diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos,

ni argüirá por lo que oigan sus oídos”

En las últimas dos conferencias hemos aprendido que la plenitud del Espíritu de Dios reposó sobre Jesús. Los siete espíritus de Dios que nos hablan las escrituras reposaron sobre Él y fueron el factor clave de éxito durante todo su ministerio.

También advertimos que Jesús llevó todas las primicias. El primer nacido del Espíritu, el primero de la resurrección, el primero también en ser lleno de la plenitud del Espíritu de Dios. Jesús es el primogénito en todo, pero nosotros, como hermanos, nacidos del Espíritu Santo también, hemos recibido la llenura del Espíritu Santo y aguardamos de igual forma, el día de nuestra resurrección.

Si Jesús, el hijo de Dios hecho carne, requirió de la plenitud del Espíritu para desarrollar con éxito el ministerio y propósito para el cual fue enviado, mucho más nosotros que éramos pecadores y extraviados de la gracia de Dios lo requerimos ahora que hemos nacido de nuevo con un propósito y ministerio glorioso en este mundo.

Pues bien, también pudimos conocer que la descripción del profeta Isaías de la plenitud del Espíritu reposando sobre Jesús hacía una clara referencia al candelero que Dios ordenó a Moisés que fuera puesto dentro del lugar santo. Este candelero sería la única luz que alumbraría en aquel lugar dado que el diseño de ese sitio no llevaba ventanas y si incluía la colocación de tres cubiertas, dos de tela y una cobertura de piel; por lo cual ninguna luz del exterior podría entrar.

Como también ya hemos hablado, el tabernáculo erigido por Moisés bajo el estricto diseño de Dios, es un tipo de nosotros como seres humanos. Nuestro cuerpo es semejante al atrio del tabernáculo, la única parte visible; nuestra alma es comparada con el lugar santo, es un lugar reservado donde radican nuestros pensamientos, emociones y sentimientos; y finalmente nuestro espíritu apunta hacia el lugar santísimo del tabernáculo, un lugar totalmente apartado donde únicamente la Presencia de Dios es posible.

Pues bien, el candelero era uno de los tres muebles que debían estar en lugar santo con un único objetivo: Alumbrar aquel sitio. Así que las siete lámparas del candelero debían estar siempre encendidas a partir de un único combustible hecho con aceite de olivas machacadas; un tipo del Espíritu Santo.

Así entonces, el Espíritu de Dios debe ser la única luz que alumbre nuestra alma, de forma tal que no juzguemos por lo que ven nuestros ojos, ni arguyamos por lo que escuchan nuestros oídos. Tanto los ojos, como los oídos son el contacto que tenemos con el mundo exterior; pero Dios quiere que la luz que haya en nosotros no provenga del mundo y sus corrientes de pensamiento; sino del Espíritu Santo morando en nosotros.

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Así, los siete espíritus de Dios aquí enlistados, se dan por pares. Es decir que el mismo Espíritu que fluye a través de los vasos comunicantes del candelero, hace arder al mismo tiempo dos lámparas. El Espíritu de sabiduría y de inteligencia, son dos lámparas que arden en el mismo vaso comunicante. Es decir siempre van juntos.

Podemos escoger entre la sabiduría del mundo que es terrenal, animal y diabólica o la sabiduría e inteligencia que provienen de Dios. De la misma forma podemos elegir entre el consejo y el poder del mundo o el Consejo y Poder que proviene de Dios. Esto lo aprendimos en dichas conferencias. Si acaso deseas conocer más sobre este para de espíritus, consulta dichas conferencias.

Ahora bien, entremos en la materia de esta conferencia: El Espíritu de Conocimiento y Temor de Dios.

DESARROLLO

1. Conocimiento de Dios.

Conocer a Dios como piensa, como se siente, lo que quiere, lo que ama, lo que aborrece, lo que disfruta, lo que le disgusta; ¿será posible?

Existen un número importante de personas que sabemos de ellos a través de los diarios, noticieros o que son figuras públicas porque aparecen en los medios de comunicación. En algunos casos solo conocemos el nombre de la persona y lo relacionamos con algún negocio o actividad; tal vez ni siquiera pudiéramos reconocerlo en una fotografía. Algunos otros les conocemos precisamente por su cara, por su forma física. Quizá nunca hemos coincidido con ellos en algún sitio, pero a través de las fotografías podemos reconocerles, tal vez hasta sabemos algo de ellos debido a la cobertura que los medios les dan.

No obstante a todas estas figuras públicas solo les conocemos en algunos casos su aspecto exterior, pero de ninguna manera conocemos su lugar santo, es decir su alma.

Solo de algunas contadas personas podríamos decir que conocemos su interior. Medianamente conoceríamos a nuestro cónyuge, medianamente también a nuestros hijos y mucho menos a nuestros papás. De algunos amigos quizá podríamos conocer un poquito más.

Entonces me resulta todavía más grande la pregunta: ¿Podremos llegar a conocer a Dios? Si en el caso de personas limitadas como somos nosotros, no llegamos a conocer totalmente como son, piensan y sienten; podríamos, por simple extrapolación, pensar que jamás llegaríamos a conocer a Dios.

Pero escucha lo que Dios dice: Jeremías 9: 23 “Así dijo Jehová: No se

alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni

el rico se alabe en sus riquezas.

24

Mas alábese en esto el que se

hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová,

que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra

; porque estas cosas

quiero, dice Jehová”

Al leer esta porción bíblica me queda una clara idea de que Dios no solo nos permite conocerle, sino que “quiere” que le conozcamos; abre Su corazón para que le conozcamos profundamente.

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Sin lugar a dudas este es el grado más grande de sabiduría que podría existir sobre la tierra: Conocer y entender a Dios.

Ahora bien, sin duda que al leer las escrituras podemos llegar a comprender bastante del carácter, pensamientos y sentimientos de nuestro Dios; no obstante puedo también comprender que a través de las escrituras solo podríamos llegar a conocer a Dios como conocemos a esos personajes públicos; solo es información. Es por ello que Dios, anhelando que le conozcamos personalmente, nos ha dado a Su Espíritu Santo, y con Él nos ha dado al Espíritu de Conocimiento de Jehová.

Así como a través del Espíritu de Consejo que Dios nos dirige, redarguye, revela las escrituras y nos dice por donde ir; es a través del Espíritu de Conocimiento de Dios que podemos tener comunión con Dios, directo desde nuestro espíritu a Su Espíritu, de nuestra alma a la suya.

Es entonces que podemos sentir en nuestro interior compasión por las almas, alegría por su salvación, tristeza y dolor por la enfermedad y el dolor de otros, gozo en lugar de envidia por el desarrollo y éxito de otros. No es otra cosa sino que empezamos a experimentar la misma emoción que un suceso produce en Dios.

Pero de la misma forma en que sentimos paz y gozo con lo que a Dios le gusta, también entonces empezamos a experimentar aborrecimiento y repugnancia por lo que a Dios le desagrada.

Es así, como el mismo Espíritu de Conocimiento de Dios, enciende la lámpara del Espíritu de Temor a Dios.

2. El Temor a Dios.

Proverbios 8: 13

El temor de Jehová es aborrecer el mal

;

La soberbia y la arrogancia, el mal camino,

Y la boca perversa, aborrezco”

Muchas personas han pensado que el Temor de Dios es tenerle miedo a Dios, miedo a su castigo. Pero, como podrán darse cuenta en la Palabra de Dios, el temor de Dios es sencillamente aborrecer el mal: La soberbia, la arrogancia, el mal camino, la boca perversa; y por el contrario el Conocimiento de Dios me dice que a Dios le gusta la misericordia, la justicia y el juicio.

Ahora bien, a través de los medios de comunicación he podido apreciar como muchísima gente dice estar arrepentida de lo malo que ha hecho, pero todos declaran dicho arrepentimiento cuando fueron descubiertos.

Pareciera que se arrepienten sí, pero no de lo malo que hicieron, sino de no haber sido más cuidadosos, de no haberlo hecho con mayor sagacidad para que nadie se enterara. Obviamente, al ser descubiertos, saben que tendrán que enfrentar las consecuencias de lo que habían venido haciendo; y es entonces que sienten dolor; no por lo que hicieron, sino por las consecuencias que se aproximan.

Casos hay muchos de los que pudiéramos hablar: Lance Amstrong quien negó durante años doparse en tanto que conquistaba triunfos internacionales en el ciclismo. Pero llegó el día en que fue descubierto y entonces se presentó públicamente en una

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entrevista televisiva de amplia difusión para decir que estaba arrepentido. ¿De qué? Pues de haber sido descubierto, porque entonces debía enfrentar las consecuencias de sus hechos.

El temor de Dios no es temer a las consecuencias que acarrea el mal, sino aborrecer lo malo.

Por siglos enteros la educación hacia los hijos y las leyes lo único que han hecho es amenazar con un castigo grande a la desobediencia; de forma tal que tales prácticas sean inhibidas; pero esto es incapaz de transformar a la gente. Lo que buscarán una y otra vez es evadir la aplicación de la justica en tanto que realizan lo prohibido.

Salmos 36: 1

La iniquidad del impío me dice al corazón:

No hay temor de Dios delante de sus ojos

.

2

Se lisonjea, por tanto, en sus propios ojos,

De que su iniquidad no será hallada y aborrecida

.

3

Las palabras de su boca son iniquidad y fraude;

Ha dejado de ser cuerdo y de hacer el bien.

4

Medita maldad sobre su cama;

Está en camino no bueno,

El mal no aborrece

Si, el problema del impío es que no hay temor de Dios delante de sus ojos, porque el mal no aborrece; sino que sus pensamientos se ocupan en cómo no ser descubierto.

Y bueno los predicadores no se han quedado atrás. Le predican a la gente las consecuencias terribles que tendrán a causa del pecado para que le tengan miedo, para que no lo hagan. Sin lugar a dudas que el pecado tiene consecuencias, sin lugar a dudas que existe el infierno; pero nunca el miedo al castigo o al daño, podrá transformar el corazón de una persona.

Quien definitivamente tiene la capacidad de convertir, transformar y cambiar el corazón de una persona es el Espíritu de Conocimiento y Temor de Dios; de forma tal que sintamos, pensemos y nos emocionemos como lo hacer Dios; y que aborrezcamos el mal.

Quien aborrece el mal no se acera a él, no por miedo al castigo, sino porque no lo tolera.

Quien teme a Dios, además, no le rehusa nada. Génesis 22: 11 “Entonces

el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham,

Abraham. Y él respondió: Heme aquí.

12

Y dijo: No extiendas tu mano

sobre el muchacho, ni le hagas nada;

porque ya conozco que temes a

Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único

Si bien el temor de Dios es aborrecer el mal, hay una manifestación más para el temor de Dios, y es que quien teme a Dios le ha entregado todo lo que es. Es el estado más grande de rendición que podríamos tener. Abraham estuvo dispuesto a darle a su único hijo a Dios cuando le fue requerido; sabiendo que Dios podría devolvérselo aún por resurrección.

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Hoy día conocemos a muchísimos cristianos sinceros, que aman a Dios, pero que no están dispuestos a despojarse de nada por Él. Ni siquiera sus diezmos que le pertenecen a Él quieren dárselos, mucho menos su tiempo, sus hijos, su carrera, sus sueños, etc. Son personas que siempre harán lo que ellos prefieren, aún y cuando en verdad creen en Dios y le aman, pero prefieren la luz que proviene del mundo que la el Espíritu de Dios pueda alumbrar en su interior.

Por lo cual yo quisiera que reflexionaras un poco el día de hoy. ¿Qué tanto conoces a Dios? ¿Solo lo que dice la biblia de Él? ¿Aborreces el mal o le tienes miedo al castigo? ¿Estás dispuesto a darle todo al Señor sin rehusarle nada? ¿Compartes los mismos gustos, sentimientos y emociones que Dios o tienes los tuyos propios pero respetas a Dios y los suyos?

Si al hacer este análisis encuentras que hay grandes diferencias entre Dios y tú, que no lo conoces y que el mal en realidad no lo aborreces, que amas mucho más que lo que has recibido que al que te lo dio; es tiempo de que busques que la lámpara del Espíritu de Conocimiento y Temor de Dios sean encendidas.

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