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Como Hacer Para Saber Que Hacer - Hernan Peralta (2004)

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Hernán Peralta

CÓMO HACER

PARA SABER

QUÉ HACER...

Acerca de:  Metodología de Análisis Colectivo con

Registro Abierto



Metodología de Trabajo Comunitario

Edición: Cuaderno Nº 6

(Segunda edición 2004)

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CÓMO HACER PARA SABER QUÉ HACER... EDICIONES: CHURUATA

SERIE CUADERNOS Nº 6 Primera Edición 1995 ISBN 980-07-2465-6

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Este trabajo se empezó a redactar en enero del año 1.994, como actividad conmemorativa del X Aniversario de Promoción Socio-Cultural Churuata y los 15 años de nacimiento del Plan Sebucán. Al mes siguiente se concluyó una versión preliminar, abriéndose un espacio de consultas y discusiones con los integrantes de Promoción Socio-Cultural Churuata, los enlaces de Coordinaciones Regionales y promotores de agrupaciones socio-culturales. También recibimos valiosas opiniones de trabajadores comunitarios de pueblos hermanos. Además, el año fue muy intenso en la vida del país y sus huellas marcaron nuestro trabajo comunitario, para bien o para mal. Esto nos ofreció buenas razones en el afinamiento de algunos puntos que gravitaron con mayor fuerza de lo previsto. Nos referimos, en especial, a asuntos relacionados con la política de los políticos. En el mes de diciembre, culminamos esta fase de sistematización a fin de enviarla a la imprenta e ir en busca de ustedes.

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Las experiencias compartidas que originaron este escrito inducen a reconocer ese protagonismo en esta

dedicatoria:

 A mis compañeros de equipo "churuateros" y "sebucaneros"  A los enlaces de las Coordinaciones Regionales y Zonales  A los promotores de las agrupaciones socio-culturales con que hemos trabajado juntos  A los promotores y "saltamontes" de Chile  A los troveros oaxaqueños de México  A los promotores y docentes de Colombia  A los promotores quiteños del Ecuador  A las docentes de Brasil  A los que en cada rincón de esta América mestiza y mulata luchan día a día en sus comunidades por la justicia, la sobrevivencia y el

bien-estar  A las comunidades, maestras de vida, espejos de esperanza

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Cómo hacer para saber qué hacer...fue una

sistematización de experiencias metodológicas en trabajo con las comunidades al cumplirse en 1.994 una década de la creación de Promoción Sociocultural Churuata. Estuvo dedicada especialmente a quienes la engendraron: promotores y, en general, responsables e integrantes de agrupaciones socioculturales comunitarias. En su mayoría, gente de escasos recursos económicos y, para entonces, con limitaciones de acceso al sistema educativo. Se concibió como ayuda memoria y como un instrumento de debate para los que día a día entregaban sus esfuerzos a un trabajo comunitario desprovisto de suficientes y adecuadas fuentes de aprendizaje escritas o instancias de capacitación profesional. Labor muy noble de servicio

al pueblo en un terreno que no daba ni votos ni dinero, pero que ya empezaba a ser impactado desde diversos flancos por la ofensiva neoliberal.

Ya han transcurrido 10 años. Y no se trata de una década cualquiera. Una nueva República y una nueva Constitución iluminaron el firmamento venezolano. Recibimos el milenio con la esperanza puesta en el futuro, una efervescente expectativa de cambios para bien de nuestro pueblo y el corazón abierto a la hermandad latinoamericana y caribeña, empeñados en hacer realidad el sueño bolivariano. Mucho hemos aprendido en este tiempo. De lo malo y de lo bueno. Por ello creemos necesario este nuevo Prólogo. Visualizar el contexto, repensar

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conceptos, criterios y estrategias a la par que revalorizar la experiencia metodológica. Una vez más, como instrumento de debate.

Algo de lo malo

Siempre es bueno ir conociendo cómo es de verdad la gente, más allá de pomposas apariencias o de lo que nos imponen los vendedores de imagen. Aún así, con dolor, con asombro, con ira, en aras de la tolerancia hemos tenido que tragarnos la criminal prepotencia con que empingorotados representantes del mundo empresarial oligárquico, mediocres tecnófantoches petroleros y oficiales serviles montaron un tinglado con politiqueros de viejo y nuevo cuño y convirtieron sectores del este caraqueño en calderos infernales de drogadictos, asesinos a sueldo, matones racistas, irracionales sifrinas irrespetuosamente semi cubiertas con la bandera nacional, en fin, una letrina King Size o XL de lumpen burguesía y anti sociales. Y desde esos asquerosos escenarios, proyectaron basura a todo el territorio nacional para contaminar cerebros y voluntades.

¡Cuánto nos han revuelto el hígado la televisión comercial y alguna prensa escrita! Mentiras, ediciones con montajes tramposos, silencios cómplices de crímenes inocultables, en un desquiciado satanizar al Presidente Hugo Chávez, democráticamente elegido y repetidamente legitimado. Los más siniestros propietarios de medios de difusión masiva, ante la mediocridad de los dirigentes opositores, se despojaron de sus frágiles máscaras de “dignidad” saltando a la palestra con sus medios difusores como plataforma para convertirse en histéricos cabecillas políticos de una febril escalada desestabilizadora.

Los planes golpistas, cartillas que la CIA yanqui ha venido aplicando en escenarios latino-americanos, han colapsado aquí uno tras otro, aunque con doloroso costo de vidas humanas y cuantiosos daños al patrimonio nacional. Los pandilleros empresariales, sindicaleros, sociales y políticos encargados de poner en práctica este criminal recetario han fracasado en todos los terrenos. Otrora renombrados políticos, sesudos intelectuales izquierdosos, gansteriles propietarios de medios de difusión masiva, oficiales sin tropa con carreras made

in AD y COPEI, añejos aventureros travestidos de

“sociedad civil”, todos con la bendición de una diabólica jefatura eclesiástica, se han ganado un

doctorado en mediocridad a costa de ser repitientes en fracasos. A tal punto es su ineficacia, que el pérfido pulpo imperial se ha visto obligado a salir él mismo desde atrás del telón mostrando sus tentáculos con prepotencia y cubriendo de amenazas el mapa de las relaciones con Venezuela y el continente.

Algo de lo bueno

En el trabajo comunitario va adquiriendo cuerpo, un desarrollo explosivo y, a la vez, uniformemente acelerado.

En estos diez años, para asombro del mundo, el pueblo venezolano, que muchos calificaron de apático, indiferente e incapaz de movilizarse para nada, luego de alzarse contra el modelo neoliberal en el Caracazo de 1989, respondió masivamente al llamado de un proceso constituyente, principal plataforma política del programa de Gobierno del entonces candidato Hugo Chávez. Le dio su voto en las elecciones a Presidente y en la creación de la Asamblea Constituyente. Participó en los procesos de consulta para elaboración de la Constitución Bolivariana y en su referendum aprobatorio. Progresivamente fue saliendo del ámbito de sus respectivas comunidades hasta formar un océano que inundó las anchas avenidas en cada vez más multitudinarias manifestaciones de apoyo al proceso de cambios basado en su participación activa y determinante.

Las intentonas golpistas engendradas por el imperialismo a través de las vendidas oligarquías locales (Pedro el Brevísimo y Paro Petrolero) chocaron, como hecho sin precedentes en la historia, contra esa inmensa marea humana que, articulando una alianza cívico-militar, impusieron el regreso a Miraflores del Presidente preso en abril de 2001 y terminaron con el paro petrolero del siguiente diciembre y enero.

La democracia participativa y protagónica va adquiriendo cuerpo en la vida comunitaria. La Misión Róbinson inicia una modalidad propia de este proceso revolucionario. Junto con abordar desde la raíz la lucha por superar la gravísima crisis educativa, se alumbra el camino con luces de otras Misiones educativas a las que se suman en salud integral la Misión Barrio Adentro, ejemplo conmovedor de solidaridad del pueblo y el gobierno revolucionario de Cuba, la Misión Mercal, la Misión Vuelvan Caras y la Misión Identidad. Paralelamente,

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se impulsa un movimiento cooperativo cuya gestación apunta a la instauración de un modelo para la República Bolivariana.

Los Frentes de estudiantes, de trabajadores y de mujeres procuran una unidad de nuevo tipo. Clase Media en Positivo, los Círculos Bolivarianos, las asociaciones gremiales en torno a y en defensa de la Constitución Bolivariana, la apertura de Congresos e instancias orgánicas latinoamericanas, las organizaciones indígenas dentro del país y con pueblos hermanos de otras naciones y otras múltiples iniciativas de articulación social en redes, diseñan un abanico de participación ciudadana jamás registrado en el país. Vacíos, exclusiones, deficiencias y errores, frecuentes en etapas iniciales, nos imponen la tarea de aprender a superarlos creativamente en un proceso donde todos aportemos y nos nutramos en la construcción de nuevas relaciones sociales.

Necesariamente hay que mencionar los canales de participación popular específicamente establecidos en nuestra Constitución. Los Comités Locales y Estatales de Planificación Pública a nivel municipal comienzan a tejer un complejo tránsito de la democracia representativa a la participativa y protagónica. Al respecto, estimula observar que en diversos lugares las organizaciones comunitarias ensayan instancias similares de nivel parroquial e incluso comunitario.

El trabajo sociocultural comunitario amplia sus escenarios y se enriquecen iniciativas en desarrollo desde hace décadas, coincidentes con los postulados de esta revolución bolivariana. Y hoy, en vías de gradual superación de sectarismos y distanciamientos por ignorancia, comienza a producirse un encuentro de mutuo beneficio para las comunidades y la institucionalidad involucrada. No obstante, cabe mencionar que se intentó inicialmente imponer redes sociales y afines desde las “alturas del poder” institucional. Las convocatorias se hicieron basadas en extensos y fundamentados documentos político-ideológicos dignos de análisis. Pero los organizadores ni siquiera contemplaron espacio para leerlos. Ni hablar de tener la oportunidad de estudiarlos, como debió ser. Así, una audiencia masiva sin clara orientación metodológica para su participación, carente de información sobre problemas que le atañen y que la convocante institucionalidad responsable no ha encarado, se lanzó al ruedo de un debate que generalmente se transformó en estéril diálogo de sordos. Para colmo, cerrando con “broche de oro”, la institucionalidad daba por aprobado un documento preparado por ella, en circunstancias que su propia práctica impositiva y

descalificadora lo desdecía. Más de lo mismo llevó al fracaso y la frustración.

Las Mesas Técnicas de Agua, los Comités de Tierra Urbana, los Comités de Salud en torno a la Misión Barrio Adentro y otros programas de iniciativa gubernamental representan intentos de cogestión sin precedentes en las relaciones cogestionarias. Ahí está el amplio camino de la construcción de la nueva República. Es una carretera de tierra, con piedras y huecos que dificultan el avance, pero es el camino. Poco a poco, aprendiendo de nuestra propia experiencia y con nuestras propias fuerzas lo iremos pavimentando para transformarlo en una ancha autopista de justicia, paz y bienestar.

“Alo Presidente” , con el esfuerzo personal del Presidente Chávez se ha convertido en importante referencia informativa/formativa en un contexto de debilidad comunicional para la confrontación con un enemigo implacable en ese campo. También el avance empieza a sentirse. Mejores y nuevas programaciones, ampliación de coberturas y el nacimiento de VIVE TV abren ya una alternativa a la audiencia.

El surgimiento de cientos de radios y televisoras comunitarias alternativas y las diversas redes entre grupos de ellas pueden convertirse en una nueva contribución popular a este proceso de construcción revolucionaria, siempre y cuando se superen limitaciones y se precise la naturaleza de su relación con las comunidades.

En síntesis, nos movemos en otras comunidades: Crecidas y con ascendente sentido de pertenencia. Estamos en un nuevo país.

Revolución cultural

Planes y proyectos nacionales barriendo esquemas previos responden a aspiraciones o necesidades deseadas de toda la vida por las comunidades más allá de sus habituales plataformas reivindicativas. Las Misiones constituyen la muestra más elocuente en este sentido. En nuestro pasado trabajo comunitario jamás afloraron exigencias de carácter educativo por parte de los adultos. En los talleres de diagnóstico colectivo, los estudios estaban, desde las comunidades, focalizados sólo en niños y adolescentes. Nadie, como adulto, se atrevería a

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imaginar siquiera su posibilidad de continuar estudios, aunque su sueño más preciado, uno de sus objetivos de vida fuera que sus hijos estudiaran para lograr ese futuro mejor inalcanzable para él por su carencia de estudios formales. Es así cómo al arrancar las Misiones educativas la respuesta comunitaria es masiva. Alrededor de dos millones de personas están inscritas y asumen sus estudios con disciplina y entusiasmo.

Otro tanto ocurre en salud. La Misión Barrio Adentro (que se inició como un Plan para Caracas) picó y se extiende transformada en Misión a todo el país. Aparecen nuevos mecanismos y formas de participación comunitaria por la vía de crear Comités de Salud que se convierten, en la práctica, en los anfitriones de los médicos cubanos en un esfuerzo local y cotidiano que llega a tocar, en su esencia, nuevas dimensiones en la búsqueda del equilibrio en lo internacional.

Los programas gubernamentales en economía social (cooperativas, microempresas, microcréditos, Misión Mercal, etc.) interpretan necesidades laborales y de consumo planteadas por las comunidades, aun cuando en su ejecución se note dispersión y falta de organicidad para agilizar procedimientos burocráticos, poca claridad para tramitación de créditos y, prioritariamente, carencia de una capacitación amplia para que las organizaciones comunitarias y la población se apropien de tales programas no sólo en los aspectos técnicos sino, priomordialmente, de sus aspectos sociales y políticos.

Tal como señalábamos anteriormente, las Mesas Técnicas de Agua, los Comités de Tierra Urbana y las modalidades de traspaso de propiedad de la tierra cultivable con apoyo crediticio, amplían el abanico de intereses para la población urbana y rural. Asimismo generan nuevas y urgentes necesidades de capacitación y participación y constituyen modalidades de cogestión con estimulantes elementos de democracia participativa y protagónica.

Inmensas expectativas se nos abren cuando el llamado es a crear cogestionariamente entre los niveles institucionales y las comunidades organizadas, Núcleos de Desarrollo Endógeno, sustentable e integral, donde confluyan Misiones, programas y planes para ir articulando desde nuestras propias fuerzas este nuevo modelo social propio de la inédita dinámica revolucionaria bolivariana.

El proceso de consolidación de tales iniciativas está dependiendo mucho del grado de compromiso así

como de la adecuada actitud de servir al pueblo por parte de los funcionarios a cargo en terreno y la eficiencia de ellos en la aplicación de instrumentos metodológicos que garanticen el proceso de transferencia de poder a las organizaciones comunitarias.

La demarcación territorial y otras medidas de revalorización de los pueblos indígenas responden asimismo a necesidades sentidas durante siglos. Nos encontramos ante un cuadro general de nuevas características donde emergen múltiples iniciativas y problemas en la labor con o desde las comunidades, sin precedentes en importantes aspectos sociopolíticos como parte de un mundo convulsionado como nunca.

Esto se traduce en que nuestro actual trabajo sociocultural comunitario además de partir, como siempre, de los intereses y necesidades de las comunidades, debe tener presente como referencia en todos los niveles aquellos programas gubernamentales referidos a este ámbito y abordar como objetivo de investigación y diagnóstico el análisis colectivo de la interconexión o complementación entre unos y otros, sin dejar de lado el papel que Venezuela está asumiendo en el mundo de hoy.

Cada vez más, el proceso nos conduce de lo simple a lo complejo, de lo particular a lo general, de lo poco a lo mucho.

Es esta realidad la que exige un irreversible cambio cultural revolucionario que se manifiesta primordialmente en:

 Pasar de lo individual a lo colectivo en la propiedad, en la planificación, en la toma de decisiones, en los beneficios y en los riesgos.

 Pasar del egoísmo individualista encerrado entre cuatro paredes a la compartencia colectiva abierta a las comunidades, a la realidad nacional, latinoamericana y planetaria.

 Revalorizar los saberes y los valores éticos, morales y culturales de nuestro pueblo, su vocación de soberanía y su amor a la patria.  Apropiarse de la identidad nacional,

pluricultural y multiétnica, latinoamericana y caribeña.

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¿Qué nuevos elementos se perfilan en este contexto? ¿Cuál es entonces la responsabilidad del promotor en el proceso revolucionario? ¿Y cuál, la de la organización comunitaria?

Durante años enfatizábamos el análisis colectivo de la realidad local comunitaria y construíamos la dimensión nacional desde los intercambios interlocales, zonales o regionales. En ese marco, los grupos y gente de las comunidades mostraban escepticismo e indiferencia hacia el mundillo politiquero gobernante. Sin embargo, vale destacar que a partir de sus intereses y sus necesidades comunes, en modesta escala, iban produciendo colectivamente conocimientos, políticas y articulaciones organizativas en un proceso de alcance nacional, con lazos internacionales a través de organizaciones comunitarias en el exterior. Distintos procesos de rasgos comunes en el trabajo sociocultural desarrollamos creativamente, a través de los años y los intercambios constantes, una construcción metodológica de democracia participativa y protagónica, cuyos instrumentos y valores adquieren en la actualidad una vigencia consagrada en la Constitución Bolivariana.

El proceso constituyente bolivariano y las iniciativas gubernamentales valorizan y comprometen a los sectores populares y se proponen una profunda transformación del modelo capitalista. Así va expandiéndose en las comunidades con amplia receptividad, con fervor.

El sentimiento de pertenencia es tal que ante los intentos golpistas se libran las épicas luchas protagonizadas por una espontánea y dinámica alianza cívico militar sentando precedentes históricos tanto por la decisiva participación de la población como por la vocación y naturaleza del contingente de la fuerza armada. Hay valentía y heroísmo ejemplar. No obstante, en los 40 años de dictadura “democrática” el bipartidismo puntofijista montó su contaminante tramoya de corrupción y facilismo ahogando hasta la crisis al sistema educativo e incitando al desgaste de los valores morales y éticos. Mucha gente de pueblo, muchos de nosotros, en mayor o menor medida, sufrimos las consecuencias de este deshumanizado crimen contra la población. La capacidad de comprensión en cuanto a la culpa que cae sobre los gobernantes responsables de este crimen, requiere de un esfuerzo inmenso, paciente y prolongado.

Decenas de años de trabajo sistematizado en el área sociocultural comunitaria constituyen una valiosa experiencia. Esta puede ser una consistente base de

apoyo para encarar la etapa actual de revolución antiimperialista en el trabajo comunitario.

En tal perspectiva, la sistematización metodológica presentada en Como hacer para saber qué hacer, si bien define instrumentos y fases que permanecen válidos, requiere abrir discusión sobre factores políticos e ideológicos que antes parecían fuera de contexto en la labor comunitaria.

Hoy vemos como los preceptos constitucionales de democracia participativa y protagónica así como iniciativas programáticas volcadas en planes de Gobierno basados en una activa participación popular, ubican el escenario político, los espacios sociales de construcción de poder, en un ambiente comunitario donde va germinando un proceso revolucionario único, inédito en aspectos fundamentales.

¿Cómo actuar?, ¿cuál es el papel de los diversos actores? ¿Cómo se construyen nuevos conocimientos, nuevas políticas y nuevas articulaciones organizativas? ¿Qué, con quiénes y con qué es lo pertinente?

Muchos de nosotros vivimos un pasado de trabajo o militancia política o simplemente hemos acumulado experiencia y conocimientos prácticos y teóricos en la dedicación-compromiso de encarar el persistente desafío de una nueva construcción social. Obviamente esto no constituye mérito, sino mayor responsabilidad.

La intención es problematizarnos, poner en discusión apreciaciones, conceptos y realidades vividas como parte del trabajo comunitario en esta innovadora etapa tan difícil de atrapar con los esquemas de ayer. ¿Continúa en primer lugar nuestra responsabilidad de construcción colectiva de metodologías de análisis y de trabajo? ¿En un enfoque sistémico, hasta qué punto y cómo se vincula la construcción política con la metodológica?

Desde los acontecimientos en el mundo actual ¿hasta dónde fueron y permanecen válidos planteamientos, programas, conceptos, líneas de experiencias revolucionarias previas?

Necesitamos aprender del pasado, de las experiencias vividas por pueblos y organizaciones políticas o sociales. Hay una historia que nos incumbe y no podemos soslayar en esta coyuntura. Los aportes valiosos enriquecen el patrimonio popular. Las fallas, deficiencias y errores sientan precedentes de lo que no se debe hacer.

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Por ejemplo, a modo a aproximación inicial tenemos que la “vía pacífica para construcción del socialismo” en Chile fue truncada, por el imperialismo yanqui y la oligarquía local cómplice, con una dictadura brutal que costó miles de vidas y cientos de miles de perseguidos políticos. ¿Cómo fue el comportamiento de los partidos políticos conductores de ese intento de transformación? ¿Dónde estuvieron sus fallas principales? ¿Qué pasó con las iniciativas de las organizaciones laborales, gremiales, sociales y vecinales? ¿Cómo se dieron las relaciones entre ellas y la institucionalidad oficial y partidista? ¿Cómo fue su participación, en qué consistió la lucha por el “poder popular”?

Al negarse a un amplio debate autocrítico sobre estos asuntos, los cogollos políticos siempre esgrimieron como disculpa que se trataba de temas delicados, difíciles de entender para la gente y que sacarlos a la luz pública debilitaría la lucha con el “enemigo”. Los cabecillas de los partidos no dieron oportunidad ni espacios para esta discusión tan trascendental en la perspectiva histórica de la apopéyica contienda de nuestros pueblos y de la reconquista popular chilena. Queda en evidencia que para ellos los pueblos no están en capacidad para entender la verdad. Pero hoy, un cogollo de tales dirigentes se encuentran atornillados en altos cargos de gobierno. A la cabeza figura el acomodaticio Presidente Ricardo Lagos, socialista como Allende, pero activo agente del neoliberalismo y apreciada pieza de la dominación imperial.

Tampoco sabemos que se hayan divulgado análisis autocríticos de los creadores y seguidores de la teoría del “foco” y la lucha armada, promovida tan intensamente en la década de los 60. El registro histórico arroja también un elevado costo en vidas y sucesivas derrotas políticas y militares. Igualmente, en el caso venezolano, connotados “comandantes” o “líderes” de las luchas de esa época se transformaron en expertos saltarines de talanquera al ocupar altos cargos en gobiernos de las dictaduras partidistas y otros más desviviéndose hoy, con un destemplado ensañamiento contra Chávez, por invocar la intervención del imperialismo y actuar como desgraciados payasos de la oligarquía golpista. En los países de Europa oriental el socialismo como alternativa revolucionaria fue borrado del mapa. Un cataclismo estremeció al mundo revolucionario cuando el este europeo retornó al sistema capitalista. Concluida la guerra fría, el imperialismo yanqui instaló el más despótico mecanismo de dominación planetaria que haya conocido la historia universal. Los dirigentes de la mayoría de esas históricamente fracasadas alternativas revolucionarias, manipularon

la organización política pretendidamente de vanguardia cobijándose en el centralismo democrático y abogando por él como irrenunciable cuestión de principios.

Es oportuno, cuando en Venezuela la democracia representativa fue constitucionalmente sustituida por la democracia participativa y protagónica, preguntarse sobre la validez del centralismo democrático. Porque este concepto básico se aplica acríticamente y casi por costumbre en los partidos y movimientos marxistas o progresistas. La práctica viene demostrando tércamente que el centralismo democrático es un factor determinante en la usurpación de los poderes del pueblo mediante el manejo de las estructuras burocráticas partidistas copadas por minorías privilegiadas que agitando mañosamente banderas revolucionarias abren paso a la explotación capitalista. ¿Sería conveniente analizar estos asuntos y darlos a conocer adecuadamente en las comunidades?

Quedan líderes, ex militantes o militantes activos de aquellas organizaciones que vivieron su apogeo hace unas cuatro décadas, sea en la vía pacífica como en la armada.. Desafortunadamente, hay entre ellos quienes, ciegos y sordos ante la crítica para reconocer el fracaso y aprender de él, persisten aquí y ahora en imponer ideas, discursos y comportamientos dogmáticos y añejos, como si representaran una expresión de avanzada en esta innovadora Venezuela de hoy.

¿Debemos analizar y estudiar estas cuestiones? Ahora que está en boga lo de las “Escuelas de Cuadros”, ¿sería este un tema adecuado? ¿Se esconde acaso la mano peluda del centralismo

democrático en nuestras dinámicas

comunitarias?....¿O el centralismo democrático es lo que hay que asumir?... ¿Podríamos hablar de un protagonismo democrático como alternativa de construcción revolucionaria de nuevo tipo?

¿La asamblea es una forma de organización realmente democrática para la toma de decisiones o es una tribuna para los cuatro o cinco que hablan hasta por los codos o para los diestros en manipulación de debates y acuerdos? ¿Qué ocurre si después de las asambleas se crea una instancia donde se concentra el poder para ejecutar los acuerdos...? ¿Dónde empieza y dónde concluye la responsabilidad de cada quién en estos procesos político-organizativos?

Un problema central de creciente intensidad en el trabajo comunitario es precisamente el de la naturaleza de la organización política revolucionaria.

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Se trata de un problema inherente a la labor comunitaria.

Partidos y movimientos políticos incorporados al proceso revolucionario actual, están contaminados por politiqueros de perfil puntofijista. Cómo decíamos, lo de ellos es hablar de democracia participativa mientras se aferran a su cuotita de poder recurriendo a las mañas clientelares de la democracia representativa. A otros los arrastra la cómoda fuerza de la costumbre, porque no alcanzan a tener confianza en alternativas de protagonismo popular ni en la conducción revolucionaria del proceso.

Desde nuestro diálogo y compartencia en y con las comunidades, desde acuerdos reiterados en sucesivos encuentros y talleres de intercambio de experiencias, productos y expectativas, se viene esbozando otra visión en lo relativo a la organización política. Es vital adentrarse en ese debate. Ir construyendo consenso en cuanto a la necesaria organización política y el carácter o naturaleza de ella. ¿ Es prioritariamente una organización de servicio a la comunidad, al pueblo, o debe ser principalmente de vanguardia? ¿Cómo manejar la relación entre estas dos dimensiones (servicio y vanguardia) en una organización política de nuevo cuño y cuál sería su vínculo, su conexión, su modo de considerar la participación protagónica del pueblo? En esencia, ¿quién determina qué es desarrollo y cómo se va construyendo la interacción entre lo político, lo económico y lo social?

“Quien no ha investigado no tiene derecho a hablar”, sentencia Mao Tse Tung. La investigación colectiva es un requisito ineludible en la construcción de nuevas relaciones sociales y de las teorías propias de esta revolución. En la actualidad, múltiples problemas urgentes nos presionan en las dinámicas de trabajo comunitario. Situación que se agrava al tener que asumir relaciones institucionales donde muchos funcionarios atornillan al revés por escualidez saboteadora, por inercia de apatía laboral o incapacidad. Partir del diagnóstico colectivo apropiándose de una metodología también colectivizante aplicada en los espacios comunitarios e institucionales pareciera ser requisito indispensable del trabajo sociocultural, sociopolítico y socioeconómico basado en el protagonismo popular. ¿Es cuestión de principios para una verdadera organización política de nuevo tipo?

“El pueblo unido, jamás será vencido”. Esta consigna encierra una verdad históricamente confirmada. Porque el pueblo es, de verdad, el mayor de todos los recursos. La movilización popular ha comprobado ser la más eficaz piedra de tranca ante las ofensivas

reaccionarias, por grandes y superdotadas que ellas sean. Esta fuerza de lo popular proviene, entre otras cosas, de la sabiduría que le otorga su conocimiento de la realidad concreta. Vale decir, el lugar donde en última instancia se define el éxito o fracaso de una confrontación. Y este es el momento de unir al pueblo, unir a las organizaciones y promover la coordinación en los niveles institucionales, laborales y comunitarios donde operamos. ¿Hay otro camino...?

Estas son algunas complejidades de la actual etapa antiimperialista en la revolución bolivariana. Su comprensión colectiva es hoy por hoy parte de nuestro proceso de aprendizaje. A su vez, en la práctica, obligan a un cambio cultural para cada uno de nosotros, para nuestras organizaciones o instituciones, para la gente del pueblo protagonista de la historia y diseñadora del desarrollo y de la nueva República.

¿Cómo afecta todo esto en el proceso de elecciones tan tercamente diseñado en los cánones de la democracia representativa?

¿Cómo dar la lucha por insertar las campañas electorales en procesos de participación comunitaria con los equipos y/o el candidato correspondiente? ¿Cómo ir neutralizando esa voracidad violenta del imperio? ¿Cómo prepararnos para vencerla en todo terreno si se desborda?

Algo más sobre nuestra experiencia

Antes de concluir este nuevo prólogo del Cómo hacer

para saber qué hacer... necesaria es la referencia a

nuestra propia evolución como proceso sociocultural y servicio comunitario. Satisfacciones y avatares.

La batería neoliberal centró una de sus miras en el ámbito comunitario a fin de paliar el efecto del drástico cambio derivado de sus medidas económicas, políticas y conceptuales en las relaciones laborales dentro de la producción y los servicios. Paralelamente, el recetario incluía hacer de las comunidades y sus habitantes campo propicio para imponer la economía de mercado, el consumismo y la rentabilidad así como el éxito personal por sobre el interés colectivo. Talleres aparentemente “técnicos” sesgados por una carga mortal de individualismo, de egoísmo y culto al dinero fueron propagados por ONGs., algunas de las cuales, aplicando las gansteriles reglas de que el pez

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más grande se come al más chico, se hicieron ricas en el intento.

Este reduccionismo en la problemática local y la planetaria globalización mediática sembrando consumismo, facilismo y odio son dos caras de la misma moneda.

Conviene no perder de vista la incidencia que tiene en nuestra historia y en esta coyuntura la profunda crisis educativa. Como señalamos anteriormente, ella representa un tenebroso tributo de entrega de la patria a nuestros colonizadores imperiales.

El “trabajo comunitario” de las ONGs.

neoliberales

La tarea neoliberal de las ONGs. consistía en sembrar esperanzas sobre recursos para agrupaciones comunitarias condicionando el apoyo a proyectos de adscripción obligatoria a tendencias puestas en boga internacionalmente (género, indios, etc.) o a “programas sociales” gubernamentales que, sin provenir de intereses o necesidades sentidas por las comunidades, satisfacían manipulaciones de dominación planetaria del capitalismo salvaje. Esta encomienda operaba a través de talleres de capacitación, encuentros y publicaciones donde, envueltos en atractivos y vistosos diseños de “sensibilidad social” y “entretenidas dinámicas metodológicas”, esparcían su tóxico ideológico. Las ONGs.(nos referimos a las que se aproximaban a las comunidades, no a aquellas fantasmas creadas por partidos o instituciones oficiales en sus estratagemas de corrupción) acudían a las comunidades para ofrecer apoyo a proyectos destinados a resolver un determinado y específico problema reivindicativo. Tales proyectos debían vaciarse en kilométricos y enredados formatos propios de cada institución o agencia que dispusiera de recursos. Las trabas para entender y elaborar los proyectos puso a valer a las ONGs como asesoras de grupos y expertas en talleres sobre el tema. Al abordar un solo problema específico en esta metodología de proyectos, el diseño y su aplicación eran reduccionista. Tampoco se asignaban recursos para fortalecimiento organizativo, salvo excepciones con grupos de confianza para los donantes. Refrescando memoria, acordémonos que la antigua PDVSA firmó convenio con SOCSAL, ONG creada por la Fundación Interamericana del Congreso de EE.UU., contubernio esquivo para las organizaciones

y proyectos surgidos desde las comunidades, pero de generoso financiamiento millonario para la creación y fortalecimiento de organizaciones como Primero Justicia.

Nuestro proceso sociocultural

Como ya está señalado, las comunidades, pese a sus incontables vicisitudes y a la abrumadora cotidianidad de la pobreza, cansadas ya de la demagogia y deshonestidad de politiqueros y funcionarios, se mostraban indiferentes al manejo del país aunque no ignorantes del hacer corrupto, deshumanizado y entreguista de los gobernantes. Así lo apreciamos en aquella sorprendente rebeldía del 27 de febrero de 1989, cuando, con la esperanza oculta en lo más recóndito de sus sueños, el pueblo se alzó lanzando su luminosa señal en códigos que nos empezaron a orientar hacia nuevas y enriquecedoras lecturas.

A mediados de la década de los 90, poco después de terminar la sistematización de nuestra experiencia metodológica en Cómo Hacer para Saber Qué

Hacer..., iniciamos prolongados debates dentro de Churuata como equipo de servicio y con agrupaciones y promotores de las diversas zonas. Para nosotros, asociación civil Promoción Sociocultural Churuata, de estos últimos 10 años

podemos resaltar lo siguiente:

a) Los Encuentros Nacionales de Trabajadores Socioculturales (ENAC) y las reuniones nacionales de coordinaciones regionales dieron como línea de orientación que Churuata continuara prestando los servicios requeridos por el proceso, rechazando de plano las estrategias neoliberales como amenaza para la lucha por los ideales de justicia y bienestar en un modelo social más justo.

b) Esto significó que nos distanciáramos del mundillo de las ONGs. en circunstancias que, por presión de agencias norteamericanas y europeas donantes de recursos para el trabajo comunitario, se comenzaba a montar una “coordinación” servil. Con un tramposo paquete programático y metodológico, las instancias multinacionales impusieron allí su línea neoliberal. A la cabeza de esa “coordinación” se estableció un cogollo de ONGs. aplicando entre ellas la ley del embudo y la del que el pez más grande se come al más

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chico. Así algunas obtuvieron sustanciosos beneficios. Años más tarde ese cogollo, abrogándose la representación de una escuálida “sociedad civil”, apoyaron públicamente las intentonas golpistas contra la Constitución Bolivariana y contra la democracia participativa y protagónica.

c) Los subsidios o apoyos gubernamentales, además de ser caldo de cultivo para la corrupción, se condicionaron totalmente a las políticas neoliberales. Fueron frustrados nuestros esfuerzos de encontrar respaldo por esa vía para el desarrollo sociocultural comunitario.

d) Fundamentalmente, para nosotros como proceso de coordinación y como servicio comunitario, dar un salto cualitativo y cuantitativo nos indujo a una revisión interna tanto de las articulaciones organizativas como de nuestra concepción, condición y perfil como promotores socioculturales.

La crisis educativa repercutía con graves consecuencias en nuestro pueblo y entre nosotros mismos, los trabajadores comunitarios. Algunos alcances al respecto:

 En las reuniones, talleres e intercambios se daba una fluida y locuaz narración de experiencias por parte de los participantes. El venezolano de todas las regiones es extrovertido y de una espontánea facilidad de expresión oral. Sin embargo, al llegar al análisis no se lograba el salto cualitativo en la reflexión. Se carecía de referencias aportadas desde experiencias y realidades de otros lugares o de otros tiempos.

Los grandes vacíos en cultural general dieron margen al engaño del pueblo a la vez que mermaron nuestra propia capacidad de orientadores metodológicos como promotores.

La necesidad educativa era imperiosa. Todos necesitábamos capacitarnos. Pero el momento histórico no era para proponer encerrarse entre cuatro paredes en una dinámica académica divorciada del diario vivir del pueblo. El desafío era aprender en el fragor mismo del trabajo comunitario, de la lucha cotidiana por transformar la realidad. Lógicamente, rechazamos postular a “gerenciadores” y “expertos en elaboración de proyectos” que tras la pantalla de conseguir recursos de instituciones o ONGs. esparcían el esclavizante veneno neoliberal.

 Otro punto clave venía de nuestra experiencia de décadas.

Pese a los esfuerzos hechos, tuvimos dificultad para vincular la dimensión sociocultural con el ejercicio de iniciativas socioeconómicas basadas en la producción de bienes y servicios, en la perspectiva de un desarrollo sustentable con generación de recursos propios. Por consiguiente, el autosostenimiento organizativo se hacía inalcanzable. Un elevado porcentaje de jóvenes promotores con vocación para el desarrollo comunitario y experiencia suficiente para convertirse en excelentes servidores socioculturales de su localidad, se veían obligados a abandonar su vocación para buscar trabajo remunerado a fin de aportar económicamente a su familia o crear su propio hogar.

 ¿Cómo hacer, en nuestro modesto trabajo local, para abrirnos mejores caminos de justicia, armonía y bienestar en un mundo de dominación milenaria cuando se derrumbaban países socialistas en Europa y caían a nuestro lado tantos grupos guerrilleros?

Nos movía la convicción de que la fe en el pueblo debía ofrecernos elementos para crear lo nuevo en un proceso prolongado, de generación en generación y de conquista en conquista. Pensar en nosotros, nuestros hijos, nuestros nietos y los nietos de nuestros nietos...Como lo hacen los indígenas.

De las inquietudes expuestas, surge como proyecto la Red Nacional de Capacitación. Se propone hacer de la capacitación una actividad permanente conscientemente asumida a nivel de comunidades, de agrupaciones y de equipos de servicio comunitario. Por eso la llamamos Red Nacional.

Desde el análisis de las prácticas vividas en forma directa, debíamos enriquecernos con otras experiencias. Atrapar, debidamente sistematizados, elementos de la historia de la humanidad y, muy en especial de nuestro continente y así elevar nuestro propio nivel de análisis.

Revalorizar culturalmente la importancia del trabajo manual, de los oficios. Aprender a cultivar la tierra, a practicar carpintería, electricidad, plomería, computación, artesanía, etc.

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En resumen, este cuadro grafica el propósito:

Tres bloques de enseñanza-aprendizaje

CULTURAL GENERAL METODOLOGÍA PRODUCCIÓN

La Historia de:  Las sociedades  Del trabajo  De los sistemas educativos  De los procesos culturales  De la asistencia social  Construcción de conocimientos, políticas, articulaciones organizativas y métodos y estilos de trabajo comunitario a partir del análisis colectivo de la práctica.  Mitología de análisis colectivo con registro abierto  Metodología de trabajo comunitario (Sistema Investigación)  Otras metodologías de trabajo comunitario. (Análisis a partir de la práctica)  Fortalecimiento organizativo  Cultivos agrícolas (conuco y otros artesanales)  Cría  Valor agregado a cultivos agrícolas  Artesanía tradicional y urbana  Carpintería  Albañilería  Plomería  Electricidad  Protección ambiental  Medios alternativos de difusión  Cine/Video foros  Instrumentos comunicacionales  Computación

Tres sujetos/objetos de la capacitación. RED NACIONAL DE CAPACITACIÓN

 Nivel básico:

Las comunidades

 Nivel de servicios comunitarios:

Organizaciones comunitarias e Instituciones sociales con actividades comunitarias

 Núcleo Central de Capacitación

Orientadores metodológicos, personal docente, personal administrativo y obrero, promotores-estudiantes

Postulantes: Promotores avalados por organización comunitaria. Edad mínima 16 años.

Experiencia en trabajo comunitario Educación básica

Cupo inicial: 60 promotores (4 equipos de 15 cada uno) Calendario laboral (no escolar)

Duración: 3 años

A partir del segundo trimestre, se rota permanentemente 1 equipo que gira en las comunidades según coordinación regional con las agrupaciones

comunitarias respectivas.

Las actividades de producción y servicios deben llegar al autosostenimiento alimentario del Núcleo y a su financiamiento.

Las actividades de cultura general deben tener texto sencillos elaborados para ir articulando teoría y práctica. Apoyo fuerte de medios audiovisuales, cine, video, etc. Asimismo el proceso de aprendizaje en las Historias debe incluir como base las entrevistas/intercambios con sectores de nuestra patria multiétnica y pluricultural.

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e) No hubo posibilidad de hacer realidad este sueño de Red de Capacitación. Los aportes, muy valiosos, así como el entusiasmo de los postulantes, no fueron suficiente.

El equipo de servicio de Churuata se concentró para esos tiempos en Nirgua, bajo el ala protectora de Guillermo López, octogenario y vital librero asturiano que nos ofreció afecto solidario, terreno y galpón para instalarnos en la perspectiva de hacer realidad la propuesta. Sin embargo, al no disponer siquiera de recursos mínimos para la subsistencia nos vimos en la obligación de disolver el equipo de servicio a fin de buscar medios de subsistencia para cada uno de nosotros y nuestras familias.

En aquel período previo a la disolución del equipo permanente vivimos una valiosa experiencia. Fue nuestra única participación en un programa social gubernamental, ya que éste coincidía con nuestros postulados esenciales de participación democrática. Nos referimos al proyecto de Capacitación de Equipos de Comunidades Educativas a cargo del Ministerio de Educación. Se aceptó nuestra oferta metodológica. Fue un éxito en tres de los cuatro Estados donde lo aplicamos. Fracasó parcialmente en Lara, donde la instancia responsable por la parte institucional estaba en manos de Bandera Roja. Adjuntamos Términos de Referencia para este proyecto como un anexo de este Cuaderno # 6.

El proceso revolucionario y nuestra experiencia organizativa y metodológica.

El estallido popular caraqueño de 1989 tiene repercusión nacional. En las comunidades la gente empieza a mostrar creciente preocupación por la forma en que se maneja el país y se enfocan sus problemas laborales y de subsistencia. El 2 de Febrero de 1.992, en una reunión nacional de Coordinaciones Regionales para preparación del Encuentro Nacional de ese año acordamos incluir en los talleres del proceso preparatorio como punto del temario “El país visto por las comunidades”, ya que sentíamos una diferencia notable entre lo que era el sentir y actuar de las comunidades y lo que aparecía en los medios de difusión masiva o en la desatada

demagogia politiquera, que nada habían aprendido de la protesta popular.

Tres años más tarde, en la última reunión nacional de Coordinaciones Regionales efectuada en Nirgua analizamos la campaña que estaba haciendo Chávez para la Presidencia de la República y acordamos que, si el Proceso Constituyente planteado por él se hacía realidad, debíamos rediscutir nuestro trabajo sociocultural para darle la dimensión política que el pueblo estaba asumiendo para emprender ese inédito camino.

Fue en esa misma reunión cuando se aprobó la disolución del equipo de servicio hasta que hubiera recursos para sostenerlo. Continuaríamos coordinándonos e intercambiando información vía la red de contactos tejida a través de los años.

El planteamiento fue:

 Profundizar el trabajo comunitario y el fortalecimiento organizativo en cada espacio de actividad y, en esa misma perspectiva, realizar, hasta donde nos arropara la cobija, Encuentros Nacionales de trabajadores socioculturales para enriquecernos con el constante intercambio de experiencias con base en el conocimiento mutuo, el respeto mutuo y el apoyo mutuo.

 Abrir contactos y coordinaciones con las nuevas autoridades y los otros procesos de trabajo comunitario de nivel regional y nacional.

 Nuestro sello de identidad continuaba siendo: Partir de los intereses y necesidades sentidas por las comunidades y aplicar nuestra metodología de análisis colectivo y de trabajo comunitario con base en el Sistema Investigación.

Primera fase

La participación en todas las diversas etapas del proceso constituyente fortaleció notablemente el trabajo comunitario. La gente entendió desde el comienzo que se estaba abriendo un esperanzador camino de participación popular. Principalmente en sectores caraqueños aportamos experiencia metodológica y, en Ciudad Bolívar, asesoramos metodológicamente el Congreso Extraordinario de

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los Pueblos Indígenas donde se decidió la participación constituyente y se designó a los que más tarde serían los tres diputados a la Asamblea Constituyente y posteriormente a la Asamblea Nacional.

Fueron contratados por Gobernaciones y Alcaldías promotores con experiencia en nuestro proceso sociocultural. Pero en la mayoría de los casos, para poner en marcha asistenciales prácticas paternalistas manejadas al viejo estilo.

Los grupos comunitarios vinculados a nuestro proceso han venido participando activamente desde las iniciativas iniciales de jornadas cívico-militares para beneficio popular hasta las múltiples y decisivas acciones masivas emprendidas en el proceso revolucionario.

Apenas instalado el gobierno bolivariano, dimos los pasos necesarios para poner nuestra experiencia y nuestro entusiasmo a la orden. Enviamos documentos y cartas, acudimos a entrevistas con los nuevos responsables, presentamos proyectos, etc., etc. Cero respuestas. Actitudes un tanto prepotentes, además de algunos comentarios descalificatorios porque nuestro trabajo no era “político”.

Segunda fase:

Las Misiones, además de constituir una multitudinaria convocatoria de desarrollo social popular al margen de las estructuras del Estado, van aflorando como producto de la experiencia acumulada desde el primer momento del gobierno revolucionario con sus Planes cívico-militares y de la gigantesca y sin precedentes movilización de apoyo a las víctimas de la tragedia de Vargas.

Esta marcha infatigable, clara en sus objetivos de lucha contra la pobreza y por los cinco equilibrios, va convirtiendo en gigantesca marea humana la participación del pueblo como respuesta a las iniciativas gubernamentales.

Los golpes contrarrevolucionarios tramados por el imperialismo, sirven de alimento a la voracidad desinformativa de los medios, chocan con la realidad popular que los aplasta. Pese al desespero del imperio y sus lacayos locales son traídos a Santa Inés, arena política que los obliga a actuar en democracia.

En el hacer comunitario, empiezan a tomar cuerpo experiencias metodológicas que tienen elementos comunes con nuestro proceso sociocultural y que, a

la vez, lo enriquecen con aportes significativos en diversos terrenos: La Red Social de Guayana y su proyecto de Gobiernos Comunitarios, la Red de Calendarios Productivos en Escuelas Bolivarianas, la Mesa de Diálogo y Participación Cultural de Monagas, la Organización de Servicios Comunitarios de Los Arangues en el Municipio Torres, Estado Lara, y otros en ejercicio y en gestación.

La unidad es la voz del momento. Y para que ella sea sólida debe irse construyendo desde la práctica local. El apoyo mutuo, que se viene produciendo informalmente y a través de contactos personales, requiere ir cuajando progresivamente para consolidar una fuerza popular comunitaria con un nuevo modo de hacer y una nueva concepción de la organización política y la organización social.

Con el paso del tiempo, debido a un progresivo reconocimiento de la eficacia de la metodología y la experiencia nuestra en el trabajo comunitario, se nos ha empezado a llamar desde diversas instituciones oficiales. Igual cosa viene ocurriendo con instancias y proyectos de otras asociaciones que manejan metodologías similares.

Desde el año 2000 el INTI y el FUS nos han brindado apoyo en la consecución de recursos para la realización de sucesivos Encuentros Nacionales y han demostrado interés por el seguimiento del proceso sociocultural. En CORPOANDES (2000-2001) hicimos asesorías metodológicas en Mérida y Táchira con resultados positivos. Asimismo se brindó esta asesoría metodológica en zonas educativas y diversas Alcaldías para trabajos en Escuelas y comunidades.

El interés por nuestros métodos de sistematización es creciente. En este aspecto, con el SAPI, el Ministerio del Ambiente y VIVE TV hemos aportado herramientas metodológicas en investigaciones colectivas, seminarios y publicaciones.

Vale decir, que en instancias de alto nivel institucional se nos ha ido tomando en cuenta. No ha sido ni está siendo fácil lograr, mantener y ampliar esta situación.

Nos encontramos en un momento definitorio del proceso revolucionario bolivariano, donde la etapa antiimperialista nos lleva a enfrentar férreamente unidos la intervención directa del gobierno yanqui con sus títeres apátridas de la oligarquía local. Mientras, desde la otra perspectiva, en el seno de las fuerzas bolivarianas, responsables de la marcha del gobierno y del cambio revolucionario debaten intensamente y someten a la prueba de la práctica definiciones políticas, estrategias y de articulaciones

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organizativas propias de nuestro país y del momento histórico que protagonizamos, para ejecutar los lineamientos de la Constitución Bolivariana.

Se hace camino al andar.

Está claro que este proceso que vamos llevando adelante cotidianamente trasciende ya a todo el planeta, muy en especial a los pueblos de Asia, Africa, América Latina y El Caribe. También traspasa las dimensiones temporales para inscribir el registro de su marcha en páginas que están haciendo historia.

Modestamente, en la medida de nuestras capacidades, y con el corazón puesto en las comunidades indígenas, en los sectores rurales y las barriadas urbanas, en el fortalecimiento de sus organizaciones y en el esfuerzo por darle poder a los pobres, podemos concluir que nuestra experiencia metodológica es fruto maduro cuya semillas se esparcen en campos libertarios cada vez más amplios.

Constituimos una red de agrupaciones socioculturales cuyos nudos cubren el territorio nacional al mismo tiempo que formamos parte de una informal red de redes similares que hemos ido creciendo alimentándonos mutuamente hasta donde nos arropa la cobija.

Estas consideraciones al finalizar el prólogo nada tienen de gratuitas. Exponemos esta constatación de lo hecho, suma de más aciertos que desaciertos, porque la consecuente aplicación en nosotros mismos de la metodología de análisis colectivo y de trabajo con base en el colectivizante sistema investigación, es lo que nos ha permitido llegar hasta estas alturas de la batalla por los cinco equilibrios con la convicción y el entusiasmo de llevar adelante el proceso revolucionario.

Hemos forjado una unidad con solidez política entre los promotores y las agrupaciones comunitarias porque la metodología abierta de par en par al intercambio de experiencias basado en el conocimiento mutuo, el respeto mutuo y el apoyo mutuo se ha convertido en un mágico detector que pone de relieve los problemas comunes y los intereses compartidos para traducirlos en acciones comunes en función del propósito colectivo.

El bravo pueblo noblemente sigue a su líder que lo sabe escuchar. No obstante, nos topamos también con que el sendero de avance está atravesado por

costumbres y apetitos sectarios, partidistas e institucionales, que pugnan por imponerse en el poder. Asimismo, mucho queda por avanzar en el rompimiento de esquemas que se pegan al humano porque de alguna manera, representan apetitos personales alimentados desde las difíciles condiciones de vida y de las valoraciones sociales del viejo modelo. Como aspecto importante al respecto es lo difícil que resulta aceptar los saberes populares así como lo fácil que se acepta que un título universitario basta para consagrar la sabiduría del titulado. Esto, en la práctica, ha contribuido a copar estructuras con una titulocracia inepta dejando por fuera a quienes por su experiencia serían un aporte significativo para asumir esa responsabilidad.

Estas metodologías, desarrolladas en el crisol de la lucha comunitaria, no sólo alcanzan validez en este momento crucial de nuestro avance revolucionario, sino que se proyectan como instrumentos valiosos para construir la unidad necesaria en la construcción de un desarrollo apoyado en nuestras propias fuerzas; en el lenguaje de hoy: Un desarrollo endógeno, integral y sustentable.

Los invitamos, entonces, a una lectura de este escrito muy abiertos, en primer lugar, a enriquecer el debate sobre estos asuntos y a aportar las sugerencias, comentarios y críticas que enriquezcan contenidos y procederes. Al mismo tiempo, leerlo contemplando los intereses y necesidades de las comunidades a la vez que los planes y programas sociales de gobierno para asumir una práctica basada en el trabajo en equipo y en los equipos de trabajo, sólidos cimientos de la construcción sociocultural, del poder popular.

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INDICE

Introducción 7

Métodología de Análisis Colectivo con Registro Abierto 15

Introducción al Taller 18 1era. Fase: Acumulación de Información 19 2 da. Fase: Análisis de la Información 22

3 era.Fase: Síntesis del Análisis 24 Metodología de Trabajo Comunitario 26 Introducción 27 I. Sistema Investigación 31 Investigación 31 Diagnóstico 34 Programación\Acción 35 Evaluación 39

II. Redes de Coordinación e Intercambios 41

Las Coordinaciones 41

Niveles Institucionales, descentralización, programas "sociales", y trabajo comunitario 43

Los talleres de capacitación 45

"Autosostenimiento" y "Rentabilidad" 46

Construyendo alternativas 48

El flujo de información 51

El Promotor 53

Anexos 57

* Diseño Taller: La Comunidad y el Promotor 58

* Diseño Taller sobre Trabajo Comunitario 60

* Cuadro Las Coordinaciones y Churuata 62

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Todo lo que a continuación vamos a ir sometiendo a consideración de ustedes viene desde la experiencia directa y desde las conjeturas provocadas por ella y nuestras ambiciones. Llevamos muchos años en este trajinar y siempre ha sido una labor de equipo que cuaja en creación colectiva los pensares y sentires de cada quien. Hoy asumo la osadía de redactar personalmente estas líneas a fin de empezar a cubrir un vacío que al pasar de los años no nos dimos tiempo para llenarlo. Además de pagar esa deuda con un inmenso colectivo de cuya experiencia y enseñanzas nos nutrimos, nos interesa hacer de este escrito un aporte para el debate. No se pretende estampar aquí las "tablas de la ley", ni las conclusiones finales en torno a la metodología que hemos ido gestando, desarrollando y consolidando a través del tiempo y del trabajo comunitario. Deseamos ofrecer un instrumento para el debate, una invitación a aportar opiniones e ideas alrededor de estos temas.

Previamente, deseo aclarar que hablaré siempre en "nosotros". Aunque hoy yo asuma esta redacción, jamás he sido un creador individual. En el trabajo comunitario específico constantemente he compartido la acción y el análisis con alguno, algunos o muchos. Y en el marco más general de cómo este mundo se mueve, nos afecta, nos determina o nos llama a incidir en él, nunca me he sentido solo. La sensación es más bien contraria, me veo inmerso entre millones de seres, que en todos los puntos del planeta y especialmente de nuestra América Latina vivimos soñando un mundo mejor, pasando sinsabores, engaños y desventuras en un permanente remontar de búsquedas y esperanzas, de descubrir causas y efectos, persiguiendo empecinadamente la construcción de ideales que a pesar de los pesares seguirán indestructibles, aunque ocurran resquebrajamientos... Por eso el "nosotros".

¿Cuáles han venido siendo nuestras problemati-zaciones o desafíos principales? ...

Los pasos iniciales

Eran los albores de los años 70. Una década convulsionada por crisis nos legaba: el desmoro-namiento de grandes proyectos políticos y propo-siciones ideológicas; fracasos y frustraciones productos del dogmatismo y presiones extracontinentales; múltiples vías de alcanzar el poder para cambios de sistemas aparentemente agotados, y luego ir sucum-biendo en el intento o fracasando al ejercer el poder conquistado; hambre, miseria, represión, guerras de dominación imperial y otras formas de prepotencia definiendo el mapa de injusticias, desigualdades y desequilibrios imperantes.

Ante las crisis de teorías e ideologías, si pretendíamos ser socialmente válidos, útiles a nuestros pueblos, se nos planteaba como imperativo encontrar respuestas cónsonas con nuestras propias realidades...pero, ¿nosotros conocíamos esas realidades propias nuestras? Por aquellos tiempos se nos planteó la posibilidad de hacer un trabajo comunitario de cierta escala, en la perspectiva de motivar una participación mayor de la gente. Nadábamos en un mar de vaguedades, de generalidades, de frases huecas que sonaban bonito pero no decían nada. Los dirigentes hablaban y hablaban sobre aquello de la "participación", de la "socialización", de la "autonomía" y del "poder" pero en verdad poco se definía. Aunque la demagogia sí se alimentaba con estas tendencias incipientes hacia el trabajo comunitario. También es cierto que nosotros, sin notarlo,arrastrábamos nuestros respectivos lastres de baterías ideológicas.

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Mirando hacia atrás y desde estas latitudes, casi un cuarto de siglo después, vemos subsistir aún mucha de esa pestilencia.

Sin embargo, en la otra cara de la moneda, existía gente valiosa, dentro y más allá de este continente, que se problematizaba en las mismas líneas y nos daba contribuciones de sumo interés. Ellos nos aportaron con su rica experiencia elementos concretos, que en síntesis convergían en un punto central: crear a partir de la propia práctica.

Esto se lee fácil y rápido, pero...¿cómo se hace...? Meditándolo llegamos a preguntarnos si realmente creíamos que la gente, el pueblo, las comunidades eran lo más importante; si considerábamos que ellos eran, en esencia, fuente de toda riqueza, y que sin su acción y su decisión era inútil plantearse cambios profundos en las relaciones humanas.

Responder afirmativamente significaba que teníamos que confiar en ellos, de lo contrario, la afirmación también pecaba de hueca, demagógica. Y confiar significaba apoyarse en ellos, aprender de ellos. Confiar suponía considerar que la dominación y la explotación los habían afectado y eso los limitaba para reconocer en sí mismos sus virtualidades y hasta sus propios conocimientos y capacidades.

Entonces, encarábamos dos desafíos: * aprender de ellos

* y aportarles instrumentos para sistematizar su conocimiento de la realidad y reconocerse en ella. El diálogo, el entendimiento y la acción debía partir de los intereses y necesidades de las comunidades. Para acometer estos desafíos necesitábamos a juro formar un equipo debidamente preparado.

Reclutamos gente que desde el principio dio muestras de su compromiso y su mística. Organizamos cursillos: Charlas sobre política, economía, agricultura, ciencias sociales, etc. Todo en el marco de los grandes movimientos del país y del mundo... Ninguno de esos expertos charlistas pudo hablarnos con propiedad de las comunidades de nuestro suelo, de cómo eran y hacia donde querían marchar. Cuando mucho, obtuvimos discutibles datos estadísticos o abstractos "análisis de clases", generalmente basados en esos mismos datos...Estas enseñanzas entraban por un oído y salían por el otro o, en el mejor de los casos, llenaban de palabras los cuadernos de los adictos a tomar notas,

pero no encontraban aplicación en las cosas que necesitábamos emprender. En el fondo era un proceso eminentemente burocrático que no podía hallar su espacio en este desafío no-burocrático.

Buscamos variantes, incorporando debates sobre los contenidos de las charlas desde el conocimiento de la realidad comunitaria de los propios participantes. Tampoco se logró dar la talla requerida para la capacitación.

Dándole vueltas al asunto, arribamos a algunas conclusiones que alimentaron el nacimiento de esta experiencia metodológica.

En primer lugar, no sabíamos de precedentes sobre lo que nos proponíamos hacer: un trabajo social basado en el análisis de la práctica y a partir de los intereses y necesidades de la gente.

Los trabajos previos conocidos, arrancaban de intereses, quizás muy nobles, pero ajenos y extraños a la realidad local. Tampoco la comprensión de las cosas partía de la práctica concreta para sistematizarla desembocando en conclusiones pertinentes. Se adoptaba una teoría, tal vez muy coherente y grata al oído, y luego se tomaban elementos de la práctica para ajustarlos contra viento y marea a esa teoría prestada. Así se satisfacía el ego de un líder que "estaba muy claro" o se embotellaba la acción poniéndola a servicio de la línea de alguna organización política "popular". Habíamos visto a personas muy bien intencionadas que al proceder en esta dirección fracasaban, pero culpaban a la gente. La tildaban de indiferente ("apática" como le llaman algunos). También nos habíamos dado cuenta que con este proceder resultaba relativamente fácil que se formaran en una localidad, aunque fuera pequeña, grupos comunitarios enfrentados detrás de sus respectivas "banderas", en vez de unirse frente a una necesidad o problema común.

Concordábamos en que esos estilos y maneras lejos de resolver los problemas de la gente, los agudizaban. En esencia, estábamos convencidos de la absoluta nece-sidad de actuar distinto. Pero no sabíamos de dónde partir y hasta dónde llegar.

Finalmente, nos dijimos: Respecto de la gente, nosotros intentamos revalorizar su rol y tratarla de otro modo. Entonces para capacitarnos no podemos recurrir a métodos educativos tradicionales, porque ellos están hechos para crear dependencia desde una posición de poder del profesor o maestro hacia su estudiante o alumno. Y eso resulta absolutamente coherente con un sistema que procura construirse, en todos los aspectos

Referencias

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