EL PODER DE CRISTO
2 Corintios 12:7-9¿Qué hace el poder de Cristo? Por: Juan Ramón Chávez Introducción
Muchos gastamos mucho tiempo en negar lo que todos sabemos de sobra, que somos seres débiles. Sin embargo, nuestra actitud hacia las debilidades no es la misma de Dios. Nosotros le pedimos a Dios que quite nuestras debilidades. Pero Dios usa nuestras debilidades para dar a conocer su poder. Por eso es que Pablo no se glorió en cuantas iglesias había establecido, ni cuantas personas había bautizado, ni cuantos edificios había levantado, ni cuanto territorio había evangelizado. Porque el poder de Dios no puede cubrir al que se gloria en su propia fortaleza. Al contrario Pablo se glorió en sus propias incapacidades. Y la razón él la da: “Para que repose
sobre mí el poder de Cristo”.
Descripción de la palabra “Poder” en la Biblia: Es la capacidad de hacer algo (Hechos. 3:12; Colosenses. 1:11) y/o el derecho de hacerlo (Hechos 1:7).
I). EL PODER DE CRISTO NOS SALVA.
El escritor a los hebreos dijo: “por lo cual puede también salvar perpetuamente a
los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”.
(Hebreos 7:25). Salvar fue el propósito de la venida de Cristo a este mundo. Zacarías por el Espíritu Santo lo dijo: “Bendito el Señor Dios de Israel, Que ha visitado y
redimido a su pueblo, 69 Y nos levantó un poderoso Salvador En la casa de David su siervo” (Lucas 1:68-69). Se necesitaba un poderoso salvador para salvarnos de…
A. Del poder del pecado.
Aunque si bien es cierto que el pecado es un deleite, es un deleite temporal (Hebreos 11:25). Tiene el poder esclavizar (Juan 8:34). Tiene el poder de destruirnos (Romanos 6:23; 1 Corintios 6:18-20; 1 Timoteo 4:1-2). Puesto que el pecado es poderoso se necesitaba un poderoso salvador. Por eso Juan dice: “El
que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (1 Juan
3:8). Este el propósito de la venida de Cristo a este mundo, “deshacer las obras
del diablo” y una de esas obras según el contexto de Juan es el pecado. Ya el
ángel lo había dicho: “Le pondrás por nombre Jesús, porque El salvará a Su
pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). Todo tipo de pecados son obras del
B. Del poder del diablo.
El pueblo de Israel había conocido poderosos guerreros en el A.T. Pero todos eran solo hombres de carne y hueso. Pero nada habían podido hacer en contra aquel que tiene a este mundo bajo sus garras (1 Juan 5:19). Por eso se necesitaba el poder del Hijo de Dios que está dirigido contra el mayor y más grande enemigo, El diablo. Por eso el escritor a los hebreos dijo: “Así que, por cuanto
los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, 15 y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2:14-15).
Cristo no solo de forma personal libertó a muchos de los demonios, sino que mediante su palabra escrita dejo la puerta abierta para que todos aquellos que quieren libertad la puedan obtener siguiendo sus instrucciones. Solo el poder de Cristo podía hacer esto. Por eso Santiago escribió: “Someteos, pues, a Dios;
resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7). Note que primero tenemos
que someternos a Dios para poder tener las fuerzas o el poder para resistir o enfrentarnos al diablo. Muchos han querido resistir al diablo sin someterse a Dios y fracasan.
II). EL PODER DE CRISTO NOS SOCORRE.
Sobre todo de lo que ha causado que muchos caigan, de la tentación. El escritor a los hebreos escribió: “Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso
para socorrer a los que son tentados” (Hebreos 2:18).
A. Puede porque la tentación es una experiencia humana.
Pablo escribió: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana” (1 Corintios 10:13) Es decir, que toda tentación está en el terreno humano. Nadie se ha escapado de ella. Ni Adán y Eva en su santidad primitiva, ni aun el mismo Jesús que descendió del cielo se escaparon de ella. Todo cristiano sincero debe admitir que se ha enfrentado a ella. No importa si somos cristianos maduros o recién convertidos. No importa si somos cristianos o incrédulos. Pobres o ricos. Todos pisamos el mismo suelo de la tentación. La única diferencia que existe entre el creyente y el incrédulo en esto de la tentación es: que el creyente esta sabido que será tentado y el incrédulo no. Ya sea hombre o mujer. Todos vamos a ser tentados. Eso no lo podemos evitar. Pero si podemos evitar caer en ellas. Como Martín Lutero (1483 – 1546) dijo: “No puedes impedir que los cuervos revoloteen sobre tu cabeza; pero puedes impedir que hagan nidos en tu pelo”. B. Puede porque la tentación no es algo que Dios promueve.
hacer lo malo. Por eso Santiago dice: “Cuando alguno es tentado, no diga que es
tentado de parte de Dios” Básicamente por dos razones:
1. “porque Dios no puede ser tentado por el mal”. Es decir, Dios está fuera del alcance del diablo, del maligno. La tentación no es un problema divino, sino un problema humano. (1 Corintios 10:13)
2. “ni él tienta a nadie” (Santiago 1:13). Dios no tiene huestes espirituales o seres humanos como instrumentos de tentación, agentes que vayan de parte de Dios para incitarnos a pecar. No. Dios no usa al diablo para hacernos pecar. De hecho Pablo dijo que el tentador es el diablo. “…no sea que os
hubiese tentado el tentador…” (1 Tesalonicenses 3:5).
C. Puede porque la tentación es algo que se puede vencer.
Pablo presenta la vida cristiana como una batalla en la que hemos de luchar. Y la primera necesidad para enfrentarse a la lucha espiritual es: Estar en forma. Y fortalecerse en el Señor es ponerse en forma espiritual. Dice: “Por lo demás,
hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. 11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo” (Efesios 6:10-11). Pablo quiere que obtengamos nuestras
fuerzas del Señor, porque el señor nunca ha perdido una batalla. Si dependemos de nuestras propias fuerzas para vivir la vida cristiana fracasaremos. Solo en Cristo hay la fuerza para vivir de acuerdo al nuevo hombre, para cambiar nuestras vidas, para hacer frente al enemigo. Por eso Pedro escribió: “sabe el
Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio” (2 Pedro 2:9).
III). EL PODER DE CRISTO NOS FORTALECE.
Por eso Pablo dijo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). A. Para hacerle frente a las adversidades.
Un claro ejemplo de fortalecimiento en la adversidad es el de Pablo. Estando encarcelado y teniendo que comparecer ante el tribunal romano dijo estas palabras: “En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me
desampararon; no les sea tomado en cuenta. 17 Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas, para que por mí fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen. Así fui librado de la boca del león” (2 Timoteo 4:16-17).
Estando lejos de su hogar y en medio de tanta gente desconocida que lo estaban acusando, Pablo deseaba ver alguien que estuviera a su lado dándole apoyo. Pero con tono triste dice que no hubo nadie que estuviera con él, ni como testigo su favor, ni como abogado, ni como amigo, y ni como hermano. Todos lo abandonaron. No querían exponerse por temor, a tener contacto con uno que estaba siendo acusado bajo pena de muerte.
El único que estuvo a su lado y le mostró su apoyo fue el Señor Jesucristo. Pablo dice que le dio fuerzas. Cuando se sentía desfallecer, el Señor lo fortaleció. Este ejemplo debe animar a todos aquellos siervos de Dios cuando atravesando por sufrimientos. Sabiendo que Jesús ha prometido estar con nosotros “todos los
días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20). Es posible que las personas en las
que más confías te fallen en las horas más negras de tu vida. Pero quien le metió el hombro a Pablo cuando más lo necesitaba, debemos estar seguros que lo volverá hacer por ti y por mí.
B. Para adoptar cualidades cristianas.
Pablo escribió: “fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su
gloria, para toda paciencia y longanimidad” (Colosenses 1:11). Pablo quiere
que los cristianos seamos fortalecidos con el poder de Cristo no para hacer milagros espectaculares como levantar muertos, sanar enfermos y echar fuera demonios, sino para adoptar cualidades cristianas. Por ejemplo:
1. Adoptar la cualidad de la paciencia.
Es la capacidad de soportar las situaciones difíciles que vienen a nuestra vida. Que, aunque suframos, no perdemos la fe ni la esperanza. Que aunque estemos en la prisión de las adversidades, todavía cantamos himnos en alabanza a Dios como lo hacían Pablo y Silas (Hechos 16:24-25). Quien no está fortalecido con el poder de Cristo es un débil. Y cuando le vienen dificultades a su vida se queja, maldice, busca a quien culpar y finalmente desfallece de su fe.
2. Adoptar la cualidad de la longanimidad.
Es la capacidad de soportar a la gente difícil a pesar de la persecución o la provocación. Quien esta fortalecido con el poder del Señor y posee esta cualidad, ningún hombre lo puede derrotar ni con sus críticas, palabras mal intencionadas ni con sus acciones. Además, no busca vengarse por lo que le hacen. Pero quien no está fortalecido inmediatamente responde agresivamente al momento o busca la manera de vengarse por lo que le dijeron o le hicieron.
Así que, solos no podemos desarrollar estas virtudes cristianas. Necesitamos la fortaleza del Señor. Con razón Jesús dijo: “porque separados de mí nada podéis
hacer” (Juan 15:5).
C. Para cumplir la voluntad del Señor.
Pablo estaba muy agradecido con Cristo por el grande honor que le había concedido. Por eso escribió: “Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús
nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio” (1 Timoteo
sus discípulos (1 Timoteo 1:13). Pero Cristo cuando lo llamó, no solo lo perdonó, sino que también lo capacitó dándole las fuerzas que necesitaba para llevar a cabo su voluntad. Pablo quiere recalcar aquí, no lo que él ha hecho por el Señor, sino lo que el señor ha hecho por él.
Quizás muchos de nosotros como Pablo nos dan vergüenza nuestro pasado. Pero como Pablo podemos darnos cuenta que Cristo no solo nos puede perdonar, sino también usar para su servicio. Quizás sintamos que nuestras capacidades y recursos son muy pocos por la vida que hemos llevado en el pasado y no podemos servir en algo a nuestro Señor. Pero como Pablo podemos darnos cuenta que Jesucristo nunca le da a una persona una tarea sin darle también el poder para realizarla. Por eso podemos decir: “Por tanto, de buena gana me
gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Corintios 12:9).
CONCLUSIÓN
Hemos hablado de que el poder de Cristo nos salva, nos socorre y nos fortalece. ¿Se ha sentido desanimado y con ganas de tirar la toalla en las cosas buenas que está haciendo, en su matrimonio, en su trabajo, en su escuela, o en su congregación? Déjeme decirle que muchos nos hemos sentido así alguna vez. Pero también déjeme decirle que no tenemos que permanecerse así, ni tirar la toalla. Porque hay un recurso disponible para todos y donde quiera que estemos. Es el poder de Cristo. Por eso Pablo decía: “Todo lo puedo en Cristo que me
fortalece” (Filipenses 4:13). Pero para aprovechar el recurso que Cristo ofrece
necesitamos estar en Cristo “Todo lo puedo en Cristo…” Fuera de Cristo no hay nada. Estar en Cristo es estar en su cuerpo que es la iglesia y la manera de estar en su cuerpo es a través de la conversión, a través del bautismo en agua (Hechos 2:42,47). Así que, te invitamos a que te bautices y entregues tu vida a Cristo para que estén a tu disposición todos los recursos que Cristo ofrece. Ven a Cristo el manantial de poder.