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Estrategias deseantes

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Academic year: 2022

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Revista de Psicoanálisis del Centro Dos - Año X - Número 11 - Distribución gratuita

CENTRO DOS ASOCIACIÓN CIVIL PARA LA ASISTENCIA Y DOCENCIA EN PSICOANÁLISIS

Estrategias deseantes

ISSN 2525-0175

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Quiénes escriben en este número

Comentario Editorial:

Estrategias deseantes por Alejandra Chinkes ...

Sección Diálogos:

En diálogo con Ariel Pernicone ...

Sección Lecturas:

Lazo y respeto por Magdalena Mazzini ...

De qué duelo se trata en el cuento "El Aleph" por Adriana Castán ...

El sujeto y el deseo del Otro por Rodolfo Ariza ...

Puertas corredizas: del goce a la ética del deseo por Lila Petrella ...

Estrategias deseantes por Alejandra Chinkes ...

Un andamiaje como deriva en tiempos de pandemia por María Cecilia Piscitelli ...

Entre cuerpo y palabra. Entre arte (danza/teatro) y psicoanálisis por Silvia Weitzman ...

Breve comentario acerca de una película por Graciela Steinberg ...

Tomo y convido por Leticia Torres ...

Estrategias que des-velan por Vanesa M. García ...

Una nota sobre lo político en Freud: deseo y sociedad por Marcelo Altomare ...

Acerca de la película "Ave Fénix" por Andrea Garber ...

La pregunta como estrategia deseante por Adriana Livschitz ...

De llamas y deseos por Paula B. Altayrac ...

No-todo Psi recomienda:

Filba 2019 Seis propuestas para los próximos millennials (Video) ...

La vida con Lacan (Libro) ...

Apegos feroces (Libro) ...

Alerta que camina (Podcast) ...

Un milagro inesperado (Film) ...

Basado en hechos reales (Video) ...

El olvido que seremos (Film) ...

Un padre - De puntos suspensivos (Libro) ...

Babylon Berlin (Serie) ...

Otra ronda (Film) ...

After life (Serie) ...

Las cosas por limpiar (Serie) ...

La lógica y el amor (Libro) ...

Mauricio Kartún - El ensayo (Video) ...

Entrevista a Catherine Millot ...

Prestando mis alas (Cortometraje) ...

La invención de la cultura heterosexual (Libro) ...

Mare of Easttown (Serie) ...

El mundo de ayer (Libro) ...

Ficciones:

El deseo (collage) ...

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Estrategias deseantes

En nuestras reuniones de equipo editorial acordamos que lo que nos convoca, en esta oportunidad, a realizar una nueva apuesta temática está entrelazado a -lo que nos gustó denominar- “estrategias deseantes”.

Advertimos que el encuentro con otrxs y disponernos a la aventura de un acto creativo -como es la construcción de la revista- es un modo de

relanzar nuestra posición deseante. Un modo de resistencia a las inercias o adormecimientos de las que no estamos exentas.

Fue así que llegamos a formularnos la siguiente pregunta:

¿Qué entendemos como estrategias deseantes en la práctica analítica?

P a r a a p r o x i m a r a l g u n o s s e n ti d o s : Pensamos la estrategia como aquel procedimiento -no necesariamente voluntario- por el cual se arriba a una posición. Si lo que está en juego es habilitar el movimiento, el entusiasmo y la posibilidad del acto (en sentido

fuerte, como lo define Lacan en su Seminario XV) entonces, podemos decir, que se trata de una estrategia deseante.

La convocatoria que hicimos hace unos meses rindió sus frutos y logramos componer este número con una Alejandra Chinkes

Psicoanalista, Coordinación Equipo editorial p/ Equipo editorial

serie de escritos que desplegaron la propuesta inicial del equipo editorial.

En esta ocasión varios artículos han tomado películas, series y libros como apoyatura para desarrollar sus reflexiones. También están presentes -como es habitual en Nudos en psicoanálisis- articulaciones a partir de viñetas

clínicas, y recorridos bibliográficos.

Para este número se han incluido textos de colegas que no son de la casa y que se han sumado con entusiasmo a participar en nuestra revista. Desde ya estamos

muy agradecidas por ello.

El collage fue obra de Paula Altayrac a partir de un propuesta

y texto de Vanesa García.

En la sección Diálogos intercambiamos con Ariel Pernicone acerca de su espacio en Instagram de entrevistas a escritoras y escritores.

Consideramos su apuesta como testimonio de una estrategia deseante que se expande en lo social.

La tapa y el diseño general de la revista, esta vez también, son el resultado de la creatividad y del enorme trabajo que realiza Paula Altayrac.

¡¡¡Con la alegría de presentarles este nuevo número, los invitamos a leerla!!!

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En esta oportunidad, desde el Equipo editorial de Nudos en psicoanálisis, convocamos al diálogo a Ariel Pernicone para hablar de su singular estrategia deseante.

En diálogo con Ariel Pernicone

Cuando buscábamos espacios en lo social que puedan testimoniar acerca de lo que estamos llamando en este número de Nudos en psicoanálisis, “estrategias deseantes”

se nos hizo presente tu ciclo de entrevistas a escritorxs y recomendaciones de libros. Nos pareció que tu propuesta podría ser leída como un dispositivo que permite poner en juego la dimensión deseante de varios (tus entrevistadxs, seguidores y por supuesto la tuya).

Por eso nos interesa que les cuentes a los lectores de Nudos en psicoanálisis ¿De qué se tratan estos espacios en tu Instagram @perniconeariel? ¿Cómo se han originado?

¿Hacia dónde te está llevando?

La idea de construir un Instagram de sugerencias de lecturas literarias y de entrevistas a escritoras y escritores nació en pandemia.

Como les ha ocurrido a tantas otras personas, a mí también me sucedió que el confinamiento forzado, fue causa o la ocasión para abrir algún espacio deseante que o bien tenía relegado, tal vez postergado o que quizás no me decidía a poner en marcha, por estar siempre demasiado tomado por los diversos avatares de la cotidianeidad.

Me dedico desde hace aproximadamente 30 años a la práctica y enseñanza del psicoanálisis e incluso dirijo una revista digital que publica trabajos en torno al psicoanálisis con niñas, niños y adolescentes desde el año 2000, es decir desde hace 21 años.

Paralelamente, en todos estos años, pero en verdad, mucho antes aún, desde mi adolescencia, he leído literatura por placer. Esta lectura ha sido una fuerte marca en mi vida y continúa siéndolo hasta el presente.

Mi padre era un hombre particularmente callado, a quien sin embargo le encantaba dialogar sobre cuestiones ligadas al saber, a la ciencia, a la medicina, y a la literatura.

Era un gran lector. Lo recuerdo siempre con un libro cerca, leyendo cómodo en un sillón, o bien antes de irse a acostar, en cualquier momento que encontraba para relajarse.

Jamás me lo inculcó en forma directa, pero su gusto por la lectura, de alguna manera silenciosa, me fue transmitido porque desde que tengo memoria me gusta leer.

Fue mi hijo, al observar mi placer por la literatura, quien

Ariel Pernicone, Psicoanalista.

Director de la revista digital de psicoanálisis con niños "Fort -da":

www.fort-da.org Instagram

@perniconeariel Artes literarias

me sugirió y me incentivó a crear un Instagram en ese campo, en tiempo pandémico, proponiendo con énfasis que lo hiciera del modo más lúdico posible.

De hecho, es él quien saca las fotos de los libros que propongo y es también quien graba y edita las entrevistas que voy realizando, siendo sumamente creativo en ese terreno que es parte de su profesión y su arte.

Armado de este modo, en consecuencia, este Instagram de sugerencias literarias, tiene el plus de compartir con él este espacio de apertura, construido en tiempos de particular e inédito encierro y de tanto distanciamiento de los contactos afectivos.

Sin pensarlo demasiado, habiendo comenzado en el año 2020, fue así, casi jugando, que este espacio literario se fue construyendo con el paso de los meses y se convirtió poco a poco en una bella “estrategia deseante”, que espero continuar más allá de los avatares del Covid… o tal vez no, no lo sé, veré que ocurre en un tiempo.

En mi interés como psicoanalista, además, en las conversaciones con escritoras y escritoras que vengo realizando, no dejo de pensar en aquello que tanto Freud como Lacan transmitieron al enunciar el valor de la literatura y cuanto los escritores han anticipado o reflejado al discurso del psicoanálisis en sus narraciones. En cada conversación que he sostenido, por lo general en sus dichos más espontáneos, lo he podido constatar y no han dejado de sorprenderme.

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Por otra parte, disfruto gratamente de cada conversión en la que suele darse un clima descontracturado, propiciado sin dudas por la enorme libertad y naturalidad en sus expresiones que suelen tener la mayoría de los escritores.

También me maravilla observar el enorme monto de pasión creativa que subyace en la construcción de una novela, de un cuento o de una poesía en ese oficio tan extraño que es escribir literatura. Estos autoras y autores permanecen días, meses y e incluso años habitados por esos personajes que luego llegarán a nuestra lectura.

En cada entrevista que realizo pues, no me privo de preguntar algo que me intriga sobremanera: el origen del deseo de escribir ficción. Indago así la historia personal que anida en cada uno de estos escritores, su motor pulsional, busco ubicar aquello que los ha conducido por ese camino y pregunto qué función puede representar para ellas o ellos esa dedicación y entrega tan especial en sus vidas.

Es un enigma que, en verdad, la mayoría no ha podido responder en forma plenamente consciente, clara, explícita, ni unívoca. Sin embargo, casi ninguno ha dudado en signarla como su estrategia subjetiva predilecta, la que los ha tomado casi por completo.

A veces, en forma más placentera, por cierto de forma algo más trabajosa y sufriente, pero que en su mayoría coinciden que tras haber sido “mordidos” por el goce de

escribir, ya no lo pudieron soltar, aunque desconozcan el motivo.

Intuyo tras haber escuchado ya muchas entrevistas que tal vez han sido habitados allí, sin saberlo, por un especial lugar que les ha asignado la cultura, el lugar de portavoces de uno de los más fabulosos vehículos deseantes inventado por los seres parlantes para intentar transitar o anudar de un modo más “amable” ese borde de real que anida en nuestra leve existencia humana.

Estoy contento de haber elegido esta estrategia deseante en este tiempo, jugar un poco con estas “formas hechas con el lenguaje” que constituye la literatura, sin desconocer la seriedad que conlleva el asunto, allí donde algunas y algunos sujetos tienen el coraje de enfrentar la verdad, tensar la palabra en torno al uso de la fuerza de la escritura y otros tenemos el placer adrenalínico de poder leerla y recibir el mensaje.

Asumir así el placer y también el riesgo que significa zambullirse en la lectura y habitar un buen libro, aquel que invita a olvidarse de uno mismo y flotar un rato en destinos ajenos. Y entonces nadar así en ese mar de letras donde, tal como dice Pedro Mairal, algo de algún modo nos implica, ya que “el hecho de escribir o de leer, a veces nos salva y otras veces nos condena al mismo tiempo”.

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Lazo y respeto

El documental ganador del Oscar “Mi maestro el pulpo”, dirigido por Pippa Ehrlich y James Reed, relata la historia de la relación entre un hombre y un pulpo en Sudáfrica, en un lugar conocido como “El cabo de las tormentas”.

El protagonista del documental, Craig Foster, vuelve de adulto al lugar donde vivió en su infancia, y comienza una aventura de buceo en el Océano Atlántico en la que conoce a un pulpo y a través del tiempo se va interesando cada vez más por él. Según comenta, explorar esas aguas es un trabajo difícil y arduo, por los diversos obstáculos que debe atravesar como, por ejemplo, las heladas temperaturas.

Llevado esto al campo psicoanalítico, muchas veces como analistas también se nos presentan resistencias tanto del yo como de la transferencia. “La resistencia acompaña todos los pasos del tratamiento; cada ocurrencia singular, cada acto del paciente (…) Siempre que uno se aproxima a un complejo patógeno, primero se adelanta hasta la conciencia la parte del complejo susceptible de ser transferida, y es defendida con la máxima tenacidad”(1). Sigmund Freud nos transmite a lo largo de su obra que el manejo de la transferencia depara la mayor dificultad en el transcurso de un análisis, por ello debemos aproximarnos por el lugar que ofrezca menor resistencia, “… cuanto estorbe proseguir la cura puede ser la exteriorización de una resistencia” (2).

El protagonista se relaciona con el pulpo como muchos analistas aspiramos a vincularnos con el paciente, dando lugar al tiempo para formar y fortalecer el lazo, sin hacer fuerza ni forzar los encuentros. Como expresa Freud: “La primera meta del tratamiento sigue siendo allegarlo a este y a la persona del médico. Para ello no hace falta más que darle tiempo”. (3)

La posición del analista es precaria, tropezamos y caemos de ella constantemente. Esto mismo también le sucede al protagonista, quien, en un momento, dejándose llevar por su propio deseo, quiere proteger al pulpo de unos tiburones que lo asechan. Con rapidez advierte que no le corresponde intervenir y vuelve sobre sus pasos. Muchas veces como analistas nos vemos tentados a aconsejar al paciente con aquello que consideramos que sería lo positivo para ellos. En el mejor de los casos, como el aventurero del documental, recuperamos la posición antes de llevar a cabo Magdalena Mazzini

Psicoanalista en Centro Dos [email protected]

una acción inadecuada.

A Craig Foster le lleva mucho tiempo ganar la confianza del pulpo, se acerca de a poco y con cuidado, respetando los tiempos del animal. Los primeros días este se muestra asustado y se aleja cada vez que lo ve. Se esconde y lo espía a través de las algas a lo lejos.

Los días corren y el pulpo sigue mostrándose desconfiado.

Aunque ofrece pequeños arrimes, con rapidez vuelve a su guarida. Tal como suele ocurrirnos a los analistas -quienes, a veces, perdemos la relación entre tiempo y trabajo-, el hombre comienza a sentirse frustrado e impaciente.

Pero con el paso del tiempo la relación cambia, el animal comienza a acercarse, a dejarse acariciar, hasta llegar a tomar la mano del hombre y subirse sobre su pecho.

La relación continúa creciendo hasta que, en una ocasión, al explorador se le cae el lente de la cámara, asustando al pulpo que se aleja con rapidez y no regresa a su guarida. Durante una semana el hombre lo busca sin descanso hasta encontrarlo. Al verlo, el pulpo se acerca sin reparos y vuelve a mostrarse confiado, confirmando que ese incidente no había roto el lazo creado entre ellos, aquel vínculo que tanto tiempo había llevado construir.

En el análisis, las inevitables caídas de la posición del analista son parte del proceso, la transferencia sostiene el lazo y el vínculo puede soportarlas. Muchas veces los principiantes sentimos miedo de intervenir por temor a que la interpretación no sea acertada. Como dice Freud:

“Entre callar demasiado y excederme, prefiero lo primero”

(4). El padre del psicoanálisis se preguntaba cuándo había lugar para la intervención, interrogación que se mantiene en la actualidad. Pero tanto el pulpo como la clínica nos revelan que el lazo puede soportar algunas intervenciones no acertadas. Solo a posteriori sabremos si conmovió algo del sujeto o no.

Luego de mucho investigar, el explorador descubre que esa especie de pulpo es nocturna, por lo que comienza a visitarlo durante la noche, adaptándose al ambiente natural del animal. Como analistas es parte de nuestra función adecuarnos al modo en el cual los pacientes se sientan más a gusto, siempre y cuando no nos incomode, claro. De este modo daremos lugar a que los consultantes puedan

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desplegar con comodidad su sufrimiento, su demanda, su deseo.

Si bien el hombre lee mucho acerca de la vida marina, una vez que se produce el encuentro con el pulpo intenta dejar de lado la teoría. Como analistas estudiamos y nos formamos para convencernos de que no sabemos nada sobre el paciente, para escucharlo con atención y con la cabeza vacía, sin ideas previas, sin dar nada por sentado, sin creer que comprendemos y siendo curiosos. Freud al hablar de aquellos analistas investigadores expresa que

“el éxito corre peligro en los casos que uno de antemano destina al empleo científico y trata según las necesidades de este; por el contrario, se asegura mejor cuando uno procede como al azar, se deja sorprender por sus virajes, abordándolos cada vez con ingenuidad y sin premisas”. (5)

El explorador, y narrador del documental, relata que suelen preguntarle la razón por la cual bucea siempre en el mismo lugar, es decir, por qué le dedica tanto tiempo y que él responde que de ese modo es como se ven “las diferencias sutiles”. Como analistas con el correr del tiempo, y con paciencia, podremos escuchar los diferentes tonos de voz presentes en el paciente, el modo diverso

en que expresa una palabra, según cuándo la emplea, los equívocos, los fallidos; esos pequeños momentos en los cuales podemos advertir al sujeto evanescente. Intentamos practicar una escucha atenta para saber cuándo preguntar, tomando aquello que otras ciencias no tendrían en cuenta por considerar que son errores o cuestiones menores. Aquello que para las demás disciplinas es el desecho a no considerar es donde los analistas percibimos la presencia del sujeto.

El aventurero sostiene que entrar al agua es muy liberador porque “todas tus preocupaciones y tus problemas se disuelven”. El analista deja de lado su persona y su narcisismo, por lo que podemos pensar que la suya también es una función descansada de temas personales.

Además, el investigador transita todo el proceso dentro del océano sin ningún traje protector y, la mayoría de las veces, sin máscara de oxígeno. Explica que no quiere que nada se interponga en el contacto, tal como los analistas quienes intentamos fomentar todo aquello que creemos que ayudará al dialogo y evitar todo aquello que aleje o dificulte.

Craig Foster quiere que el pulpo le enseñe sobre él y sobre su modo de relacionarse. El investigador a pesar de todo su conocimiento sobre la especie tiene muy en claro

que sobre ese pulpo en particular no sabe nada y que le conviene para el trabajo ser muy respetuoso y estar atento a las sutilezas, a los pequeños movimientos. Siguiendo con el paralelismo, el hombre tiene en cuenta los tiempos y el modo de vincularse del animal. Siempre evita invadirlo y se acerca hasta dónde el pulpo le permite y muestra estar cómodo.

El protagonista del documental no sólo respeta al pulpo y se pliega a sus modos, sino que toma solo aquello que este le ofrece, absteniéndose de guiarlo y de dar lugar a sus propias necesidades.

Notas y bibliografía

(1) Freud, S., “Sobre la dinámica de la transferencia” en Obras Completas, t. XII, Amorrortu, Buenos Aires – Madrid, 1912, página 101.

(2) Freud, S., “Puntualizaciones sobre el amor de transferencia” en Obras Completas, t. XII, Amorrortu,

Buenos Aires – Madrid, (1915 [1914]), página 166.

(3) Freud, S., “Sobre la iniciación del tratamiento” en Obras Completas, t. XII, Amorrortu, Buenos Aires – Madrid,

(1913), página 140.

( 4 ) F r e u d , S . , “ N u e v a s conferencias de introducción al psicoanálisis” en Obras Completas, t. XXII, Amorrortu, Buenos Aires – Madrid, (1933 [1932]), página 140.

(5) Freud, S., “Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico” en Obras Completas, t. XII, Amorrortu, Buenos Aires – Madrid, (1912), página 114.

Freud, S., “Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico” en Obras Completas, Amorrortu, Buenos Aires – Madrid, (1912).

Freud, S., “Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis” en Obras Completas, Amorrortu, Buenos Aires – Madrid, (1933 [1932]).

Freud, S., “Puntualizaciones sobre el amor de transferencia”

en Obras Completas, Amorrortu, Buenos Aires – Madrid, (1915 [1914]).

Freud, S., “Sobre la dinámica de la transferencia” en Obras Completas, Amorrortu, Buenos Aires – Madrid, (1912).

Freud, S., “Sobre la iniciación del tratamiento” en Obras Completas, Amorrortu, Buenos Aires – Madrid, (1913).

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En el transcurso de un análisis los pacientes tramitan diferentes duelos.

Freud dice que el duelo es una reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal.

La ausencia de ese objeto provocó un agujero en la existencia, debiendo movilizarse todo el sistema simbólico e imaginario para operar con ese real.

Ante el examen de realidad que muestra que el objeto ya no está más, tiene que producirse un trabajo psíquico que, paulatinamente, pieza por pieza, vaya retirando la libido de los enlaces con el ese objeto.

La clínica presenta duelos congelados que conllevan una detención del tiempo subjetivo, donde imperan la sensación de eternización e infinitud que atenta contra el proceso de desinvestidura libidinal.

Cuando los pacientes presentan duelos pendientes por alguna persona querida, en especial cuando se trata de una pareja -sea por la muerte, una ruptura, un amor fantaseado- el proceso de duelo puede aparecer trabado por la idealización del partenaire.

“El Aleph” es un cuento de Borges que permite ubicar algunas cuestiones relativas al duelo. El narrador protagonista es un escritor argentino llamado Borges, que está enamorado de Beatriz sin ser correspondido.

El relato comienza con el fallecimiento de la mujer amada, ocurrido en el año 1929.

“La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió… noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad; alguna vez, lo sé, mi vana devoción la había exasperado; muerta yo podía consagrarme a su memoria, sin esperanza, pero también sin humillación.”

Ante la muerte del objeto, el protagonista percibe que el mundo y la vida continúan su curso, pero él se resiste al olvido, sosteniendo vivo ese amor ideal, romántico, extremadamente fantaseado, sin reciprocidad ni contacto físico.

Insiste en continuar recreando el recuerdo de la mujer, y

De qué duelo se trata en el cuento

“El Aleph”

Adriana Castán

Psicoanalista en Centro Dos [email protected]

todos los 30 de abril (aniversario del nacimiento de Beatriz), el protagonista visita la casa donde ella había vivido, para saludar al padre y al primo hermano, Carlos Argentino Daneri. Paradójicamente el personaje continúa celebrando el cumpleaños de Beatriz aunque ya estaba fallecida, porque se niega a perderla, porque para él permanece viva.

En esas visitas -que se repiten durante catorce años- aprovecha para revivir en su memoria distintas imágenes de la mujer, contemplando nuevamente los retratos que atestan la salita donde espera. Estudia todas las fotos que registraron diferentes poses y distintos momentos vitales de ella: Beatriz de frente, de perfil, con una mano en el mentón, en su primera comunión, disfrazada en un carnaval, en su boda, después de su divorcio, almorzando con amigos, con un pequinés…

Define estos aniversarios como “melancólicos y vanamente eróticos”.

“No estaría obligado, como otras veces, a justificar mi presencia con módicas ofrendas de libros: libros cuyas páginas, finalmente, aprendí a cortar, para no comprobar, meses después, que estaban intactos.”

Incluso, la desaparición física de Beatriz facilitó la devoción del protagonista por ella, pudiendo imaginar, en esa continua evocación de su memoria, un amor ideal y perfecto, ya sin recibir las manifestaciones de rechazo que le había proferido la mujer en vida.

En esas visitas el protagonista solía conversar con Daneri, también escritor, y por el que siente desprecio, a nivel literario y personal.

Un día del año 1943, Carlos Argentino le cuenta telefónicamente su preocupación porque iban a demoler su casa. El protagonista también se siente acongojado, y dice:

“se trataba de una casa que, para mí, aludía infinitamente a Beatriz”.

Ahí se entera de la existencia del Aleph, un objeto escondido en el sótano, que podría perderse con el derrumbe. Daneri le informa que es una esfera donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos.

Ante esa confesión, el protagonista se sorprende de no haber advertido hasta entonces que Daneri estaba loco. Dice

“Todos esos Viterbo, por lo demás… Beatriz (yo mismo suelo repetirlo) era una mujer, una niña de una clarividencia casi

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implacable, pero había en ella negligencias, distracciones, desdenes, verdaderas crueldades, que tal vez reclamaban una explicación patológica.”

No obstante, acude a la casa para ver el Aleph y, una vez más, aguarda en la sala, donde "sonreía (más intemporal que anacrónico) el gran retrato de Beatriz, en torpes colores.

No podía vernos nadie; en una desesperación de ternura me aproximé al retrato y le dije: Beatriz, Beatriz Elena, Beatriz Elena Viterbo, Beatriz querida, Beatriz perdida para siempre, soy yo. Soy Borges.”

Después Daneri lo conduce al sótano donde está el Aleph, indicándole que para ver sus imágenes era indispensable cierta acomodación ocular. Le dice “podrás entablar un diálogo con todas las imágenes de Beatriz”.

El Aleph es una pequeña esfera que contenía todo el espacio cósmico, desde todos los ángulos y en todos los tiempos. El protagonista empieza a enumerar las imágenes que va viendo, entre ellas el populoso mar, las muchedumbres de América, un cáncer en el pecho, todas las hormigas que hay en la tierra….

Dice: "lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es". Borges advierte que es imposible para la letra cubrir lo real.

Entre esa heterogénea superposición de imágenes, de pronto irrumpe una nueva visión de Beatriz:“Vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, …vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo."

El Aleph es una metáfora del universo. Representa lo Real.

El personaje femenino de “El Aleph” se llama Beatriz, nombre que remite a Beatrice Portinari, la mujer inalcanzable que fue el objeto amoroso que Dante Alighieri inmortalizó en la Divina Comedia y en la Vita Nuova.

Dante expone una forma de amor sin correspondencia, sin esperanza, a la mera imagen de una mujer idealizada que pervive en su obra (y en su imaginación) más allá de

la muerte. Su obra configura el punto culminante del amor cortés.

El amor cortés fue un movimiento que surgió en Europa entre los siglos XII y XIII, y que inauguró un nuevo estilo poético y de relación entre los sexos.

Sus cantos exaltaban un amor idílico, contrapuesto a lo carnal de la copulación.

Lacan señala que el amor cortés medieval revela la estructura del deseo, siendo un amor que apunta precisamente a la no satisfacción. Es una estrategia para eludir la castración, al eludir la ausencia estructural de relación sexual fingiendo que somos nosotros quienes ponemos un obstáculo en su camino.

Basándose en la teoría freudiana, explica la paradoja del amor cortés por la relación de la sublimación con Das Ding. El objeto (la Dama) se introduce a través de la privación, de la inaccesibilidad.

Es un proceso por el que se eleva un objeto (la Dama) a la dignidad de la

Cosa.

En el amor cortés el encuentro sexual es forzosamente evitado, al provocarse intencionalmente la ausencia de goce fálico. Así, los obstáculos interpuestos ocultan la imposibilidad intrínseca de alcanzar la Cosa por el límite

propio del goce fálico.

La Dama inaccesible asume la función de la Cosa.

El amor cortés extrema la hiancia entre el objeto de amor y el objeto de deseo. El acto sexual no tiene concreción porque la temporalidad del amor cortés se caracteriza por la estrategia de la espera, y es una manera ingeniosa de tapar la imposibilidad de la relación sexual.

Se ocupa esa temporalidad de la espera con el goce de la evocación del objeto, que queda siempre ausente y lejano.

El amor ideal por la Dama evidencia la dimensión narcisista de la posición del amante, que inventa en el plano imaginario una mujer que responde a su propio ideal, sosteniendo fantaseadamente la ilusión de una relación sexual.

Lacan dice que la Dama no presenta características concretas, y es puesta en escena como un ideal abstracto vaciado de toda sustancia real. También señala que la poesía cortés plantea, según el modo de sublimación propio del arte, un objeto al que designa como enloquecedor, un partenaire inhumano. En la Dama aparece lo propiamente inhumano de Das Ding. La mujer se reduce a una idea abstracta.

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Retomando el cuento de Borges, cuando el protagonista se ubica en cierta posición, puede ver en el Aleph una dimensión obscena de Beatriz -manteniendo sexo con su primo hermano- totalmente contrapuesta al amor puro e idílico que le profesaba, con lo que la imagen de la Dama se desploma.

Pero además ve el cadáver de la mujer (sus restos) dentro del cementerio, y con la visión de su propia habitación vacía puede anticipar su muerte.

El protagonista no es el mismo sujeto después de esa experiencia, y el cuento finaliza relatando que su vida ya no es igual que antes.

“Felizmente, al cabo de unas noches de insomnio, me trabajó otra vez el olvido.

Nuestra mente es porosa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la trágica erosión de los años, los rasgos de Beatriz.”

Al final del relato hay un cambio de posición subjetiva en el protagonista: de alguien que promete un amor infinito consagrado a la memoria perpetua de una Beatriz idealizada, emerge un sujeto que al ver otra imagen de ella puede empezar a perderla. El tiempo comienza a transcurrir dando comienzo a un duelo que conducirá a olvidarla.

En el Seminario 24 Lacan dice que lo Real está a la espera de escribirse.

En un duelo congelado no se puede inscribir una pérdida, y se detiene el tiempo.

El trabajo de duelo está en relación al inconsciente, y a un tiempo que no es cronológico sino lógico, por lo que un objeto puede permanecer eternizado.

En un análisis el sujeto tendrá que descifrar qué perdió con el objeto que ya no está, para ir escribiendo una finitud que permita relanzar el deseo.

Isidoro Vegh enseña que el tiempo lógico nos evoca los efectos de anticipación o de retroacción, haciendo posible la eficacia de un análisis. “Si un análisis es viable es porque la misma historia se puede contar de otro modo, y así habilita a que el sujeto se sitúe en otro lugar”.

Notas

Freud, S., “Duelo y melancolía” en Obras Completas, t. XIV, Amorrortu.

Lacan, J., El Seminario, Libro 7, La ética del psicoanálisis, Paidós.

Lacan, J., El Seminario, Libro 24, Paidós.

Vegh, I., El sujeto borgeano, Agalma.

NO-TODO PSI recomienda...

Filba 2019 Seis propuestas para los próximos millennials (Video)

Palabras inaugurales del Festival a cargo de Fabián Casas.

Romper con la barrera de la palabra de corrido, buscar en la experiencia y fragmentarla en versos. Ahí se reconoce la poesía. En esta conferencia inaugural, Casas, un políglota literario, compartirá su mirada sobre las formas de emanciparse a través de la poesía.

https://www.youtube.com/watch?v=q_Ba0Bv3p3Q La vida con Lacan (Libro)

Catherine Millot Editorial NED

"Hubo un tiempo en que yo creía haber comprendido el ser interior de Lacan. Creía tener una especie de percepción de su relación con el mundo, un acceso misterioso a un lugar íntimo del que emanaba su relación con los seres y las cosas, también con él mismo. Era como si me hubiera deslizado en su interior". Así comienza

Catherine Millot la narración de su experiencia vital junto a una de las grandes personalidades del siglo XX, el filósofo y psicoanalista Jacques Lacan. Millot, quien fue compañera sentimental de Lacan en los últimos años de su vida, es una reconocida analista y una figura del panorama cultural francés. En este viaje nos transporta a través de paisajes e interiores y nos acerca al Lacan más humano, aquel ser de extraordinario vigor que amaba el arte y a sus amigos, que reunía brillantez, pero también comicidad y vulnerabilidad. Y sobre todo, nos adentra en aquellos fructíferos años donde Lacan produjo algunos de sus seminarios más sólidos e inspiradores.

"La vida con Lacan es más que un relato autobiográfico, es un exquisito trayecto que nos acerca a la vida y a la comprensión de nuestra irreductible soledad."

Catherine Millot: (Ain, Francia, 1944) es escritora, psicoanalista y docente en el Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de París VIII. Sus obras, publicadas en la prestigiosa editorial Gallimard, abarcan desde la vocación del escritor hasta los estudios de la histeria o los «abismos interiores», siempre con un trazo reconocible e íntimo.

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No cabe duda que uno de los conceptos más enigmáticos que existen en la teoría lacaniana es el del deseo, ya que implica ciertas consideraciones que no son fácilmente accesibles y llegan a desconcertar rápidamente a cualquiera que quiera tratar de comprender de qué se habla cuando se habla del deseo.

Si a esto lo unimos con otro concepto complicado de entender, me refiero al Otro, la dificultad se multiplica, especialmente porque el Otro es utilizado por Lacan de muchas maneras distintas, por lo que cada vez que leemos o escuchamos hablar de ese tan famoso Otro, tenemos que preguntarnos cómo tenemos que entenderlo, ya que en distintas oportunidades hace referencia a distintas connotaciones.

Entonces… ¿qué significa hablar del deseo del Otro?

Es así como muchas veces nos ocurre que los pacientes se definen a sí mismos de tal o cual manera, dicen de ellos mismos que son tal cosa o que son tal otra; me refiero a esas descripciones que hacen de sí mismos en las cuales no están cómodamente ubicados, no hablo de situaciones en las que pueden encontrarse a gusto y que les permiten avanzar en sus proyectos, sino todo lo contrario, ya que son ubicaciones que los torturan de una u otra manera y sienten que, aunque se repitan miles de veces, no pueden cambiarlas por su cuenta ni descubrir por qué se producen.

Así, un paciente puede decir de sí mismo que es una mala persona, un abusador, un degenerado o un montón de cosas por el estilo, y muchas veces el analista se sorprende porque la descripción que escucha no coincide en lo más mínimo con la imagen del sujeto que va formándose con el correr del análisis.

Es ahí donde un analista se pregunta “¿de dónde viene esta imagen fantasmática que el paciente tiene de sí mismo?”

Esta pregunta aparece si el analista está posicionado en un lugar del no-saber, único lugar del que pueden surgir las preguntas, ya que si por el contrario, el analista está ubicado en el lugar del saber, posición de la cual todo analista debe escapar, no hará ninguna pregunta, sino que pasará a explicarle al paciente que en realidad él no es eso que dice ser y así impedirá que la subjetividad del paciente aparezca en análisis, como ocurrió en el caso del paciente de los “sesos frescos” de Kris, en el cual Kris no preguntó nada, sino que solamente se dedicó a convencer a su paciente de que no era plagiario.

El sujeto y el deseo del Otro

Rodolfo Ariza

Psicoanalista en Centro Dos [email protected]

El analista no sabe lo que le ocurre al paciente y por eso debe preguntar, pedir asociaciones, es decir invitar al sujeto a que se haga presente a la cita del análisis.

Es ahí cuando la escucha analítica entra en juego y muchas veces lo que emerge tiene que ver con la posición en la que el Otro ubicó al sujeto, en cualquiera de las formas en las que esto puede aparecer, ya sea según la lógica oral, anal, escópica o invocante.

Es que, si partimos de la pregunta por la castración del Otro, es decir que no se trata de un Otro completo al cual no le falta nada, sino que ese Otro está barrado, entonces el sujeto se ve llevado a preguntarse “¿qué desea el Otro?” y

“¿de qué goza el Otro?” y son estas preguntas las que llevan al sujeto a desear convertirse en un objeto que satisfaga ese deseo del Otro.

Por supuesto que el goce y el deseo no son lo mismo, pero en esta ocasión los tomo a ambos ubicados en el mismo plano porque ambos son muestras de que ese Otro no está completo, sino barrado; tanto el goce como el deseo sirven perfectamente para mostrar que el Otro no lo tiene todo, que algo le falta, ya que si no estuviera castrado no habría ningún lugar para que deseara algo, para que necesitara algún objeto para gozar y tampoco habría lugar para que demandara cosas. En ese caso, el sujeto no encontraría ningún hueco, ninguna hiancia, a la cual se viera impulsado a obturar y velar.

Es por eso que, en el grafo del deseo, cuando Lacan escribe el matema del significante de la falta del Otro, es decir S(Ⱥ), ubica a su izquierda, como viniendo desde afuera del grafo, la palabra “goce”, ya que el goce y la castración del Otro, representada por la escritura Ⱥ, están íntimamente relacionados.

Es ahí que el analista puede empezar a escuchar que esta posición del sujeto está relacionada con ese Otro habitado por ese deseo, al cual el sujeto se ve llevado a obturar.

Es por eso que en tantas supervisiones se escucha que el deseo del Otro es una de las primeras cosas que hay que atender en un análisis, porque esa posición de objeto del deseo del Otro es una de las cosas que más sufrimiento produce al sujeto y, al estar atrapado ahí, el sujeto no puede cortar por sus propios medios, ya que desconoce completamente de qué sufre.

Es así como muchos pacientes cuentan, por ejemplo, que se sienten unos inútiles, que no pueden resolver situaciones que describen como simples, que les falta

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iniciativa, que no tienen empuje y cosas parecidas. Muchas veces en estos análisis se encuentra que el Otro de ese paciente, sea que esté encarnado en la madre, el padre, o quien sea, desde siempre le destinó el lugar de incapaz, de una u otra forma, para poder ejercer sobre él, sobre nuestro paciente, el poder de ser la única persona, me refiero al Otro, que podía tomar decisiones, la única persona que sabía qué hacer y qué no hacer. Para que ese Otro pudiera poner en juego ese deseo destinado a ser el único que sabe y puede, necesita que el sujeto ocupe un lugar de objeto incapaz, absolutamente dependiente del Otro, siempre tan lleno de dudas que tiene que ofrecer su impotencia para que el Otro responda con toda su potencia, es decir con todo su goce, sobre ese objeto inútil.

Esto responde a la lógica de lo oral, donde el Otro aparece como una boca enorme que devora al sujeto, lo asfixia, lo consume y lo agota, dejándolo vacío e impotente.

Quiero aclarar que esto no siempre funciona así, no es que cada vez que se presenta un paciente diciendo que hay cosas que no puede hacer, el analista

ya sabe inmediatamente que ese sujeto es objeto del deseo del Otro en su modalidad oral, solo quiero mostrar que hay un nexo lógico que funciona de la manera inversa, es decir: que si el Otro ubica al sujeto como un objeto a ser devorado y el sujeto responde a eso, no es sorprendente que aparezca en la sesión un sujeto con las energías “chupadas”, con las emociones “drenadas”

y la potencia para tomar decisiones “devorada”.

En otras oportunidades hay pacientes que presentan la lógica del objeto anal, son pacientes que manifiestan que todos lo cagan, que todo es una mierda, que ellos no paran de mandarse cagadas o que todo lo que hacen les sale para el

culo. En esta modalidad anal también se juega la posición fantasmática del sujeto, solo que adoptando otra de las caras que puede mostrar el objeto a, en este caso no se trataría de la cara oral, sino de la anal.

Nuevamente, este fantasma anal muestra la posición del sujeto frente a la castración del Otro, a la cual el fantasma busca obturar y velar. Es por eso que en el grafo del deseo el matema del fantasma, (S<>a), se encuentra inmediatamente debajo del de la castración del Otro, S(Ⱥ), ya que con el primero se busca ocultar el segundo.

Incluso en “Subversión del sujeto”, Lacan en el grafo 3 nos muestra que del matema Ⱥ, representante del deseo del

Otro, surge un signo de pregunta en forma de dos flechas que van hasta el fantasma, lo cual es su forma de graficar que el fantasma es la respuesta del sujeto a la pregunta por el deseo del Otro.

Por su parte, el objeto escópico se expresa en imágenes, lo visual, y muchas veces tiene relación con que el paciente siente que no puede tener intimidad, que no puede escapar de la observación del Otro, ya que el Otro todo lo ve y lo descubre. Muchas teorías conspiracionistas en las cuales el sistema, gran representante del Otro, puede escuchar todo lo que uno dice, ver todo lo que uno hace, espiar sin límite, etcétera, responden a la lógica del objeto escópico.

Es Dios representado como un ojo que todo lo ve.

Por último, el objeto invocante, que tiene que ver con la voz, es el que menos desarrolló Lacan, y se presenta muchas veces como esos mandatos superyoicos que obligan al sujeto a ser tal cosa, hacer tal cosa y vivir de tal manera, se trata de órdenes que el sujeto obedece sin siquiera saber que esas órdenes comandan su accionar, de manera que el sujeto actúa sin estar advertido de cuáles son las indicaciones que dirigen sus acciones. Estas manifestaciones

del objeto invocante se pueden trabajar en un análisis hasta que

el paciente pueda descubrir que cuando hace tal cosa es

porque había un mandato o p e r a n d o o , c o m o

decimos los analistas habitualmente, “puede poner palabras a lo que antes solo actuaba, se introduce el significante a la acción compulsiva”. En ese momento el paciente puede preguntarse si eso es lo que quiere hacer o no, lo cual muestra que ante ese objeto que operaba velado, que es como opera el objeto a, el significante viene a combatir su efecto y permitir que aparezca el sujeto, el cual se encuentra solamente en el intervalo significante.

Es por eso que, recurro nuevamente al grafo del deseo, en la parte superior del primer piso del grafo hay un vector que va de izquierda a derecha y en su extremo izquierdo dice “significante” y en su extremo derecho dice “voz”, lo cual puede ser leído de la siguiente manera: cuando entra el significante se pierde el objeto pulsional “voz”.

En cada sujeto están presentes las cuatro modalidades del objeto a, solo que uno predomina sobre las otras, es en estas modalidades de presentación del objeto a que un analista debe investigar cómo se formó dicha posición fantasmática en relación al deseo del Otro.

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Sliding doors (en la Argentina Dos vidas en un instante) comienza cuando Helen, la protagonista, después de ser despedida de la agencia de relaciones públicas en la que trabaja-que se vislumbra como un ambiente machista-, de regreso a su casa no alcanza a tomar el subte. En ese momento la cámara vuelve hacia atrás con velocidad y ella misma baja la escalera y esta vez sí lo alcanza. A partir de entonces encontramos dos vidas posibles de Helen.

La primera, tuvo muchas contrariedades que la atrasaron aún más y de este modo, cuando llegó a su casa Jerry, su pareja, ya se había despedido de su

amante. La segunda Helen llega a ver la infidelidad. Así, a partir de un nimio detalle como llegar o no a tiempo de tomar un subte, encontramos d o s m u n d o s bifurcados. La Helen 1 nota raro a Jerry y continúa con su vida: debe buscar trabajo porque ella lo mantiene ya que él necesita tiempo libre para escribir su primera novela y, como

Helen no encuentra trabajo en relaciones públicas (que es su profesión) comienza a trabajar como moza y cadeta de un bar. La Helen 2 se desespera, tira su anillo al Támesis, llora, se emborracha y se encuentra de casualidad con James, un hombre que le había hablado en el subte, quien la ayuda a volver a su casa. Esta Helen cambia su imagen y mejora físicamente a instancias de su mejor amiga que la recibe en su casa y la ayuda a comprender qué le ha pasado y le pasa y Helen acepta salir con James, quien le aconseja constituir su propia empresa; ella sigue ese consejo y le va bien. La Helen 1 queda sumida en la monotonía y el cansancio de una vida sacrificada y cansadora, siendo engañada por Jerry que sigue desvalorizándola y no tomándola en cuenta. Las historias continúan, alternándose, mostrando un fuerte contraste. Pero hasta acá llegamos.

Un simple incidente -encuentro con lo real- provoca la

Puertas corredizas: del goce a la ética del deseo

Lila Petrella

Psicoanalista en Centro Dos [email protected]

caída del velo fálico y el fantasma de Helen 2 que la tenía determinada a vivir en una lógica de la desvalorización laboral y de pareja, vacila, tambalea; ella se enfrenta cara a cara con el objeto a, se angustia, sale corriendo, se emborracha, pero poco a poco se recompone. Cuenta para esto con la ayuda de su amiga que la ayuda a pensar y a decidir, y, especialmente cuenta con James que la sostiene como semblante del A y luego la causa, la invita, la hace sentir bien, linda y valorada y le da ideas para desarrollar su profesión. Y las fijaciones libidinales a un goce mortificante que la tenían aplastada, afanisizada bajo la barra, alienada al Otro, se van horadando y el sujeto aparece. James le dice “nadie espera a la Inquisición española”, -su frase preferida-, c u yo s e nti d o lleva a la acción, a no quedarse detenido ante lo malo y amenazante.

Y ante cierta duda de encarar una relación, él le saca presión diciéndole “a veces llegamos a la vida de alguien sólo para mejorarla” y la invita a salir y a divertirse. Le hace notar que algunas personas se cruzan en nuestras vidas aunque sea por un momento. Helen 2 se tropieza con la tyché y deja de estar apegada al goce de cumplir con una pareja que la ignora y no la considera y no abandona su decisión -como la otra Helen-, en el campo del Otro; se encauza en una ética del deseo. Se ve a sí misma como un sujeto amable y a la vez causado y responsable siempre de su elección. James como reservóreo libidinal y agalma impulsa el acto que la lleva a comprometerse con su deseo.

Para ver la película:

https://gnula.nu/comedia/ver-sliding-doors-si-yo-hubiera- 1998-online/

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Podría decir que este escrito es una de esas estrategias, un modo de contactar con lo íntimo y abrirlo hacia algún lugar. Cada vez que cierto vacío me toma, se inicia una búsqueda que, ya en sí misma, me transforma.

Algunas de las personas que escucho cotidianamente me cuentan, sin saberlo, cuáles están siendo sus “estrategias deseantes”. Cabe aclarar que, en muchas ocasiones, estas no van en el sentido de un bienestar y que, incluso, se quejan de ellas.

Si pensamos el síntoma- del que se habla en un análisis- como una creación construida para sostener un registro deseante aún no reconocido, la maniobra analítica intentará desbrozar los hilos de lo sintomático para hacer prevalecer las vías coordinadas con el deseo. En otras palabras, el trabajo del análisis tratará de acentuar lo que ya está dicho, pero no leído todavía, de escuchar lo que se nos pasa por demasiado obvio. En fin, de potenciar ciertos sesgos de la trama que puedan nombrar el modo singular de anudar deseo y goce en cada analizante.

Algunos relatos

Una señora, que me cuenta haber estado deprimida durante varios años, y con la que charlamos por ciertos miedos que aún persisten (y que no comprende), se detiene ante la paradoja de una anécdota: su marido que dice amarla hoy y siempre, mientras ella estuvo deprimida la engañó con otra mujer. No lo perdona y me anticipa que cree que nunca lo va a perdonar. Me dice que, cuando se enteró se enfureció de tal modo que esto la extrajo, de un golpe, de la depresión. Situación de desgano y decaimiento a la que no retornó, así como tampoco a reconciliarse del todo con su esposo. Ambas acordamos que “el engaño” y su reacción la sacaron de su estado abúlico. Estrategia de rescate del desvanecimiento del deseo no calculada por ninguno de los participantes pero que ha sido muy eficaz.

Por supuesto, solo valorada por la esposa en el espacio de nuestros diálogos.

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En alguna ocasión hemos ubicado con otro analizante que la escena de celos se le hacía presente cuando -por diversas razones- la relación con su mujer se le había tornado poco interesante. Punto de arribo, luego de años de padecimiento, que lo llevaron a hablar en el análisis

Estrategias deseantes

Alejandra Chinkes

Psicoanalista, Docente y Supervisora en Centro Dos, Coordinadora del equipo editorial de Nudos en psicoanálisis [email protected]

de la recurrente sensación de ser engañado y no poder terminar de confirmarlo. Esta incertidumbre lo ponía a mirar a su mujer, que hasta hacía poco, no le provocaba ninguna emoción. Interrogando su sentimiento celoso pudo abrir la pregunta sobre su propio desinterés y permitir que la escena funcione más como señal del debilitamiento del deseo que como la desgracia en la que sostenía la misma posición que su padre. Desde el inicio de su análisis decía que tenía la sensación de estar repitiendo un destino: al igual que su progenitor, iba a ser engañado.

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Una discusión o pelea, en algunas relaciones, puede resultar una estrategia deseante. Al advertirlo, tenemos la oportunidad de corrernos del prejuicio que nos puede obturar la escucha: suponer que allí habría algo a resolver.

Siguiendo la secuencia del relato de algunos analizantes, se puede localizar este procedimiento como coartada para activar un erotismo que no halla otras vías. Moral aparte, solo cuando esto es abordado podría abrirse la posibilidad de alguna nueva senda.

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Un hijo, una madre o un ser querido enfermos también pueden lograr que alguien, cuyo entusiasmo vital se había oscurecido, se vuelva un apasionado de la medicina, un experto en estudios y hospitales, un buscador incansable en google, un creador de una fundación. He escuchado llamarle

“mi misión” a esta manera de encontrar un mundo para habitar. Las diversas formas en que cada quien encuentra un territorio vivible pueden provenir de lo menos pensado.

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Contradecir la palabra autorizada de otro ha sido y seguirá siendo para muchos un modo de recortarse de lo que es percibido como la demanda del Otro. Demanda que puede ser vivida como un borramiento de las propias elecciones y que implica una lectura que esconde la suposición que este Otro sabe acabadamente qué quiere y que lograría una satisfacción plena si se le entregara lo que pide. Por ejemplo: estudiar algo determinado, participar de cierta posición política o comportarse de algún modo. Se tratará, entonces, de buscar la diferencia como una salida a

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ese aplastamiento de lo propio/singular. Este es el caso de una púber que me decía, que tenía una reunión familiar con gente “poco abierta”, “más bien conservadora”, y que tenía ganas de ir vestida como un varón. La sola idea de pensar en la cara que pondrían sus parientes, la entusiasmaba. Ubicar esa diferencia que queda subrayada por la conmoción del otro, la dejaba al amparo de sentir el ocaso de su posición deseante.

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La vocación, una carrera, el camino de un artista, el famoso “encontrar una pasión”, parecen ideales que circulan asociados a la posibilidad de “garantizarse”

un camino deseante. Sin embargo, aunque algo de esto esté presente en alguien, hay un “cada vez” y un “otra vez” que requiere,

en diferentes momentos, de alguna estrategia para relanzar el deseo. En los analizantes que sostienen una vida en relación a alguna pasión, no se trata de un camino sin detenciones, desorientaciones o angustias.

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A veces escucho personas que encuentran algunos atajos que les permiten salir de algún encierro o vivencia

angustiosa: una joven trajo a las sesiones una serie de canciones que escribió a partir de una ruptura amorosa.

Una mujer testimonió sobre la posibilidad de restarse de un malestar físico cuando lograba participar de ciertas reuniones sociales. Un adolescente me decía que se había dado cuenta que lo que lo

“sacaba” era salir a andar en bicicleta. Una analizante se percató que cuando come siempre deja un resto, no lo puede evitar y le llama la atención. En estos casos se trata de estrategias, que, si bien son conscientes, no dejan de ser efecto del diálogo analítico. Son caminos singulares y no reproducibles como

recetas para uso general.

Como última vuelta

R e p a s a n d o e s t a s b r e v e s instantáneas -en las que intenté capturar el giro, la bisagra, en la que una vía deseante se abre- me surgió, a modo de punto de arribo, lo

siguiente:

¿La estrategia será, entonces, un procedimiento que, en cada ocasión, permite hacerle un lugar al hueco de cualquier totalización?

Si contestamos afirmativamente ¿podemos decir que ese hueco, singularizado en cada análisis, será el anclaje desde donde anuden deseo y goce?

NO-TODO PSI recomienda...

Apegos feroces (Libro) Vivian Gornick Volcán Azul Libros

Pocas veces en la literatura se ha retratado de manera tan humana, vital y honesta la relación entre una madre y su hija como en Apegos feroces, las memorias de la escritora y activista Vivian Gornick, publicadas ahora por primera vez en español desde que vieran la luz en inglés en 1987.

Gornick, una mujer madura, camina con su madre, ya anciana, por las calles de Manhattan, y en el transcurso de esos paseos llenos de reproches, de recuerdos y complicidades, va desgranando el relato de la lucha de una hija por encontrar su propio lugar en el mundo.

Desde muy temprano, Gornick se ve influenciada por dos modelos femeninos muy distintos: uno, el de su madre,

una mujer neurótica, terca e inteligente que dedica toda su energía al cuidado de su familia, que coloca el amor en el centro de su existencia y renuncia a cualquier otro ideal; el otro, el de Nettie, la joven vecina apasionada, inexperta y dependiente, viuda y madre de un bebé, que sólo se siente segura frente a los hombres, consciente de que es sensualidad en estado puro. Ambas, figuras protagónicas en el mundo plagado de mujeres que es su entorno, representan modelos que la joven Gornick ansía y detesta encarnar, y que determinarán su relación con los hombres, el trabajo y otras mujeres durante el resto de su vida.

Ésta es la historia de un vínculo delicado y fatigoso, de un nexo que define y limita al mismo tiempo, pero también es el retrato de una sociedad y una época, y una extensa meditación sobre la experiencia de ser mujer.

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María Cecilia Piscitelli

Psicoanalista, Escritora, Autora del libro "Des-Velo", Co-coordinadora de Caligrafías en Danza y de reverArte [email protected]

La irrupción de la pandemia en nuestras vidas reedita de particular manera un estado primario de desvalimiento, inherente a la indefensión del ser humano al nacer, que moviliza inexorablemente angustia frente a lo traumático, es decir a aquello que amenaza la integridad del sujeto. Un real se presentifica y conmociona lo velado, resquebraja aquello que es sostén del psiquismo. De acuerdo a cómo haya operado la función paterna en la constitución subjetiva, la fantasmática en juego y la posición frente al goce y al deseo en las estructuras psíquicas, se significará y se responderá en formas diversas, presentando un abanico de manifestaciones que suscita. El impacto de los miedos y el advenimiento de ansiedades y depresiones;

el despliegue de los rituales como vías de salvación; la soledad a la cual nos arroja el lazo con los otros devenidos semejantes capaces de enfermarnos; la virtualidad en su deficitaria suplencia de los cuerpos desencontrados en un abrazo imaginario; la introspección como deriva de cierto retiro inevitable de la libido de un exterior y un retorno al yo; los rostros de la desmentida, la negación y la huida;

las objetalizaciones y las manipulaciones; la tragedia y la violencia. Se instala entonces la necesidad de la indagación acerca de una subjetivación posible, la pregunta por el rescate del deseo.

En torno a ello, Freud nos ilumina en su escrito acerca del duelo y la melancolía, en el cual esclarece “[…] El objeto ya no existe más; y el yo, preguntado, por así decir, si quiere compartir ese destino, se deja llevar por la suma de las satisfacciones narcisistas que le da el estar con vida y desata su ligazón con el objeto aniquilado”. (S. Freud, 1915, pág. 252). Es decir que la habilitación del deseo como acotamiento del goce que compromete la pulsión de muerte y la compulsión de repetición frente a lo traumático, requiere necesariamente un trabajo psíquico de duelo y elaboración, entendida como la ligadura de las impresiones traumatizantes.

“[…] Solamente si has perdido tu pérdida cortaremos el hilo

para empezar de nuevo.”

Roberto Juarroz, “Si has perdido tu nombre”, 1958.

El poeta toca en su decir la arista posibilitadora que el

Un andamiaje como deriva en tiempos de pandemia

proceso de duelo conlleva y constituye. Algo del cuerpo a merced debe caer en su posicionamiento en relación a lo omnipresente, dique - ausencia en el cuerpo del tapaboca que habilite la palabra, la reescritura al modo del juego del fort-da.

Del goce del sometimiento a la posibilidad de crear otra escena, poiesis como función de hacer aparecer.

Dice Winnicott (1953), refiriéndose a una creación que él define como primaria, que el objeto viene del exterior pero el niño no lo concibe así; tampoco viene del interior, no es una alucinación. Y también enuncia, respecto del objeto transicional y del fenómeno transicional, que ambos proporcionan desde un principio a todo ser humano algo que seguirá siendo siempre importante para él, un campo neutro de experiencia que no será puesto en duda, ya que pertenecen al terreno de la ilusión.

La entidad de la palabra presentifica el deseo en el instante mismo en el que puede emerger como efecto de un vacío de sentido, de una caída. Y esa caída no es sin el otro. La creación requiere valentía y es el lazo lo que posibilita la trama que aloja y da cobijo en la intemperie.

Podemos pensar la función del análisis como el campo en el que se pone en juego la suspensión del sentido discursivo, como la entrada a un terreno en el que las palabras se tornan permeables a una otra lectura, dimensión que la escucha de su materialidad hace factible. Punto de encuentro entre el acto analítico y la poesía, que confluyen en una misma instancia, la de conmocionar el muro del lenguaje, ser partícipes de ese otro decir que anoticia de un desconocimiento e inaugura una distancia alusiva inherente a la lógica develadora de la metáfora.

Lo poético nos confronta con el advenimiento de un sentido en torno a una verdad subjetiva, precipita una dimensión creativa de novedad, propia de la poiesis como un saber hacer impulsado por el deseo.

En las sombras Podría haber acercado la mano que roza el pájaro herido Podría haber abrigado la espera

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Alerta que camina (Podcast)

Entrevista a Francisca "Pancha" Rodríguez (Chile) Francisca "Pancha" Rodríguez es feminista y referente de las luchas campesinas e indígenas. Es Directora de la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas de Chile (ANAMURI) y fundadora de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC) – Vía Campesina. Descubrió el feminismo durante la resistencia a la dictadura de Pinochet y más tarde impulsó la primera organización de mujeres campesinas en Chile.

“El reto era cómo una concepción feminista emergería desde un sector de mujeres que históricamente nos situábamos tan lejos de las posiciones feministas, pero al mismo tiempo tan interpretadas por ellas”, cuenta Francisca. ANAMURI participa de revuelta social y de la Coordinadora feminista 8M. Feminista y referente de las luchas campesinas e indígenas.

Un milagro inesperado (Penguin Bloom) (Film) Estados Unidos - Australia (2020)

Dirigida por: Glendyn Ivin

Protagonistas: Naomi Watts, Andrew Lincoln, Griffin Murray-Johnston, Jacki Weaver, Rachel House, Leeanna Walsman

Sam Bloom es una madre que vive feliz con su marido y sus tres hijos. Un día, un accidente la deja paralítica.

Mientras ella y su familia luchan por adaptarse a su nueva situación, un aliado improbable se presenta en sus vidas en forma de un pájaro herido al que llaman Penguin por el color de su plumaje. La llegada de este animal es una bienvenida distracción para la familia Bloom, que finalmente marca una gran diferencia en Sam, enseñándole a vivir de nuevo. Basada en hechos reales, adaptación del libro del mismo nombre escrito por Bradley Trevor Greive y Cameron Bloom.

en un recinto sagrado Podría digo podría pregunto podría círculos concéntricos aros hechos de arnés La altura del tiempo se cierne

como una lengua en las sombras El pájaro herido en el centro del aro la altura del tiempo en la mano que roza una espera en las sombras el recinto

y la lengua vacía.

María Cecilia Piscitelli, 2020

Acerco la pregunta de Lacan: “anuncio ahora lo que va a ser este año mi interrogación sobre el arte. -¿En qué el artificio puede tocar expresamente lo que se presenta en un primer momento como síntoma?

-¿En qué el arte, lo artesanal, puede desbaratar lo que se impone del síntoma, a saber, lo que yo he hecho figurar en mis tetraedros como la verdad?”. (J. Lacan, 1975, pág. 8).

La construcción de un andamiaje frente al evento traumático puede ser entonces pensado como deriva de ese corte en el decir anudado a la repetición, como un efecto por esta vía de tramitación del goce que lo dialectiza y permite, en ese movimiento de costura en la ruptura de

la significación, la aparición de una subjetivación posible.

O acaso también como un devenir en pandemia de lo que

"hace falta".

Este trabajo fue presentado en las Jornadas de la Escuela Freudiana de Buenos Aires: XVI Carteles y X Grupos de investigación, 2021 y publicado en la Revista Significantes, Año 3. Nro. 12, 2021.

Notas

Winnicott, D. W., “Objetos transicionales y fenómenos transicionales” (1953) en Revista de

Psicoanálisis, 11(3):394-395.

Winnicott, D. W., Realidad y juego (1971), Gedisa, Buenos Aires.

Lacan, J., El Seminario, Libro 23, Le Sinthome, Clase 1: “El síntoma y el padre”, 18 de noviembre de 1975, Paidós, Buenos Aires.

Piscitelli, M. C., “En las sombras”, poesía, 2020.

Piscitelli, M. C., Prólogo “Andamiajes”, escrito como colaboradora para la Antología Enhebradas. Una poiesis psicoanalítica en tiempos de pandemia, 2021.

Juarroz, R., “Si has perdido tu nombre” en Poesía vertical, Emecé, Buenos Aires, 1958.

Freud, S., “Duelo y melancolía” (1915) en Obras completas, t. XIV, Amorrortu.

Freud, S., “Más allá del principio del placer” (1920) en Obras completas, t. XVIII, Amorrortu.

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Hace ya un tiempo que vengo investigando el arte de la danza y del teatro desde una perspectiva psicoanalítica buscando lo que el artista nos pueda aportar, aquello dicho por Lacan de que el artista le desbroza el camino al psicoanalista.

El viaje de Lacan a Japón ha sido fundamental para producir un viraje en su enseñanza desconstruyéndose a sí mismo: salir de la hegemonía significante para pasar al síntoma como acontecimiento de cuerpo, salir del binarismo en el que la teoría se desplegaba entre los significantes y su articulación y lo pulsional o goce por el otro para concluir, en el seminario 23, en el modelo de los 3 registros como anillos enlazados, anudados, lo que ofrece una perspectiva diferente.

Los efectos de la pandemia, los síntomas actuales, las cuestiones de género y diversos fenómenos relacionados con el cuerpo nos obligan a los psicoanalistas a rever, repensar una vez más nuestra práctica. Práctica que se reduce aún hoy al misterio del cuerpo y la palabra. Lo real, afirma Miller, el misterio, el punto de real, es la unión de la palabra y el cuerpo”.

“La histeria fue la puerta de entrada al Psicoanálisis”

expresión habitual que señala el acontecimiento inaugural que posibilitó un hallazgo de carácter revolucionario: las palabras afectando el cuerpo y su reverso, las palabras teniendo efectos“ en los síntomas histéricos. Aún hoy el psicoanálisis sigue siendo esa “rara avis” que sobrevive ante el avance de la ciencia.

A partir de la invención del dispositivo analítico freudiano, todo síntoma será analítico si habla. El paso lacaniano, implica que el síntoma se limita a una pura escritura en el cuerpo. Se abre en el análisis una experiencia que no pasa por la palabra, pero no puede prescindir de la palabra. Se sirve de ella.

En esta línea también tenemos que ubicar la diferencia entre síntoma y sinthome. El síntoma como formación del inconsciente, estructurado como un lenguaje es una metáfora, un efecto de sentido, inducido por la sustitución de un significante por otro. Por el contrario el sinthome de un ser hablante es un acontecimiento de cuerpo, una emergencia de goce. El franqueamiento llevado a cabo por Lacan entre 1957 y 1974 consiste en situar el síntoma en la

Entre cuerpo y palabra

Entre arte (danza/teatro) y psicoanálisis

Silvia Weitzman

Psicoanalista, Docente UBA, Lic. en Psicología UBA. Actriz, integra el elenco de teatro de la facultad de Psicología UBA Miembro de AASM.

[email protected]

relación entre goce y sentido. El síntoma no le dice nada a nadie, es cifrado y es goce puro de 1 escritura.

El síntoma como acontecimiento de cuerpo es todo lo que ocurre, dimensión de sorpresa y de contingencia, antes de que se pueda establecer el sentido del encuentro.

Presentar así el síntoma es acentuar su dimensión fuera de sentido.

En el ultimísimo Lacan, Miller afirma: “estamos en una problemática del uso y del forzamiento del uso”. Se trata de lo metodológico. Se trata de “cómo hacer con las palabras, con el sentido, con lo real”. El campo de la invención.

En Lituratierra de 1975 Lacan introduce una referencia que toma de Barthes quien en ”El imperio de los signos”

dedica un capítulo al Bunraku.

Se trata de un arte japonés, un teatro que consiste en que el cuerpo y el texto están separados. A la izquierda del escenario una marioneta es manejada por 3 artistas que se ocupan de darle movimiento al personaje (títere) a la derecha del escenario está el texto escrito que es leído por una persona junto a la cual hay alguien que toca un instrumento. En la experiencia de lo real en la cura psicoanalítica Miller compara el teatro occidental con el teatro oriental Bunraku. En el Bunraku un dispositivo en el cual la letra y el cuerpo, las palabras y el cuerpo se enlazan de un modo exactamente opuesto al teatro occidental. En el teatro occidental el cuerpo del actor se desploma por recitar el texto o para subjetivarlo. Por el contrario, en el teatro oriental Bunraku tenemos por un lado el cuerpo que es movido, que se agita, por otro lado el texto y la voz de quien habla. Una sola persona le pone voz al texto de cada personaje. Está en el lugar del mediador. Todo sostenido a través del dispositivo mismo. En cambio, el teatro occidental consiste en hacer como si fuera posible reproducir la sagrada unión del texto y del cuerpo.

En el teatro oriental están la letra, la palabra, el cuerpo y, en medio, el recitador que se presenta como mediador que articula el texto que está leyendo y el cuerpo que es movido.

El modelo del Bunraku consiste en presentar el misterio del cuerpo hablante pero no a partir del significante: el modelo fundamental ya no es más la conversión histérica.

Antes del uso de la letra en psicoanálisis, el modo fundamental para comprender cómo el significante toca el

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