Voluntariado en Uruguay
Enero 2003
Instituto de Comunicación y Desarrollo Montevideo-Uruguay [email protected] www.icd.org.uy www.lasociedadcivil.org
Voluntariado en Uruguay
Tres encuestas realizadas entre 1998 y 2002 revelan que el voluntariado ha crecido y la tendencia parece mantenerse
Hasta el momento sólo existen en Uruguay intentos aislados y parciales de cuantificación del trabajo voluntario. Encuestas de opinión pública e investigaciones que se han realizado en el ámbito de las organizaciones de la sociedad civil, sólo permiten realizar estimaciones generales e ilustrar sobre sus características más salientes.
En apenas cinco años, tres encuestas representativas de la población de todo el país mayor de 15 años muestran un importante cambio cuantitativo en el involucramiento voluntario. En 1998 la empresa CIFRA1 llevó adelante una encuesta de opinión que determinó un bajo grado de involucramiento en el trabajo voluntario, por el cual apenas siete de cada cien personas se desempeñaban como voluntarios y un 18% aspiraría a serlo.
Esta fuerza de trabajo potencial parece haberse vuelto real en los últimos años, ya que una encuesta realizada por la empresa FACTUM2 en mayo de 2001, concluyó que la labor voluntaria se habría duplicado y el 14% de la población estaría realizando labores voluntarias de distinto tipo. La encuesta más reciente, realizada por INTERCONSULT3 en diciembre de 2002, revela un crecimiento de la participación en actividades voluntarias, alcanzando un 16% de la población total adulta (250 mil personas).
Si bien resulta evidente esta tendencia al crecimiento, la conclusión debe relativizarse porque las encuestas han sido realizadas por empresas distintas. Aunque las preguntas no fueron idénticas, cabe destacar que las encuestas aplicaron una metodología similar y coincidieron en consultar sobre la realización de trabajo voluntario en un universo amplio de instituciones: parroquias, hospitales, sindicatos, escuelas, comisiones de fomento, comisiones vecinales, grupos de ayuda a necesitados, grupos políticos, instituciones religiosas, etc.
Otros estudios, como los realizados por el Instituto de Comunicación y Desarrollo (ICD) en el ámbito específico de las organizaciones no gubernamentales, muestran que en este sector se registra también un crecimiento importante del número de voluntarios. Mientras que en el año 1994 el promedio era de 14 voluntarios por organización, seis años después, en el 2000, este promedio ascendió a 26 voluntarios por organización.
Cabe agregar que en 2002 surgieron, debido a la grave crisis que afecta al país, infinidad de iniciativas públicas y privadas tendientes a aminorar, de manera prioritaria, el déficit alimentario de gran parte de la población. Son más de 250 mil personas la que se benefician de los más de 1000 comedores y merenderos públicos y privados que han surgido en todo el país, donde cada vez más personas ofrecen desinteresadamente su tiempo, sus conocimientos y su experiencia4.
1
Publicada en diario El País, 26 de abril de 1998
2
Publicada en diario El Observador, 30 de junio de 2001
3
Publicada en diario Ultimas Noticias, 24 de enero de 2003
4
Perfil de los voluntarios
Además de la medición y cuantificación de la acción voluntaria, no menos importante es conocer cuál es el perfil de las personas que donan su tiempo y su trabajo sin buscar nada a cambio.
Las tres encuestas realizadas en 1998, 2001 y 2002 presentan coincidencias en cuanto a definir que el trabajo voluntario es más común entre la gente de mayores recursos, que tiene una estrecha relación con la religiosidad, que los voluntarios son en su mayoría personas mayores de 30 años y que no existen diferencias sustanciales en cuanto al número de hombres y mujeres que los llevan adelante.
El perfil de estos voluntarios no se corresponde estrictamente con los resultados de las investigaciones realizadas en el ámbito más específico de las organizaciones no gubernamentales. En la primera aproximación realizada por ICD en 1997 (Características del voluntariado en Uruguay), se observó la predominancia de voluntarios jóvenes adultos, de alto nivel educativo, provenientes de sectores medios urbanos, donde eran mayoría las mujeres.
En el relevamiento de organizaciones sociales y solidarias más recientemente realizado por ICD (Con-fin Solidario, 2000), se confirmó esta mayor presencia femenina entre los trabajadores voluntarios integrados a las organizaciones de la sociedad civil. En un universo de 261 organizaciones que fueron estudiadas en profundidad, trabajan de forma voluntaria 80% más de mujeres (4500) que de hombres (2500). Esta relación se observa también entre el personal remunerado de las instituciones, donde se contabilizaron cerca 2.100 mujeres y sólo 1.050 hombres. A pesar de representar un universo mayoritariamente femenino en la base, cabe mencionar que los cargos de dirección de las organizaciones son compartidos en partes iguales entre hombres y mujeres.
Las diferencias en el grado de participación masculina y femenina que encontramos según nos basemos en las encuestas de opinión pública o en las investigaciones realizadas entre las organizaciones sociales y solidarias, se deben a que se observa una mayor participación de hombres en los ámbitos gremiales, sindicales y políticos, mientras que las mujeres se inclinarían a participar más en actividades de servicio y atención en áreas consideradas más “sensibles”.
“La feminización detectada confirmaría un rasgo que se considera "natural" en las mujeres y que es específico de la "femineidad": la abnegación que predispone al servicio, a la entrega a los demás en áreas que tradicionalmente han sido asignadas al cuidado y responsabilidad de las mujeres: infancia, salud, preservación de la vida en todos sus aspectos que van desde la defensa de la calidad de vida a la de los Derechos Humanos” (Aguñín y Sapriza, 1997)
El voluntariado y las organizaciones
Las Organizaciones de la sociedad civil (OSC) han sido desde siempre el ámbito por excelencia para el desarrollo del trabajo voluntario, no sólo brindando oportunidades de participación, sino también a través de su promoción y capacitación. Por esta razón, es de fundamental importancia investigar a fondo cuál es el grado de formalidad o informalidad del relacionamiento con los voluntarios, cuáles son sus debilidades y sus desafíos.
Las siguientes preguntas surgen como de necesaria respuesta: ¿Cuál es la metodología de trabajo con los voluntarios? ¿Cómo se realiza el reclutamiento? ¿Existen acuerdos de permanencia? ¿Cuáles son los requisitos para el ingreso? ¿La organización ofrece algún tipo de capacitación? ¿Cuáles son las áreas o servicios donde se desarrolla mayoritariamente la labor voluntaria? ¿Qué
garantías existen para los voluntarios y para las organizaciones?
En el relevamiento realizado por ICD en 2000, se consultó a las instituciones sobre estos aspectos. De las 261 organizaciones relevadas y analizadas en profundidad, el 73% (192 organizaciones) cuenta con personal voluntario, cuyo número total asciende a cerca de 7000 personas. El grado de formalidad con que se realiza la inserción de estos voluntarios en las instituciones es muy bajo. Sólo un 36% manifiesta tener algún tipo de acuerdo previo al ingreso de los voluntarios. En la mayoría de los casos el tiempo de permanencia, los horarios y otros criterios no están establecidos, sino que se manejan con flexibilidad.
Consultadas sobre si existen preferencias o requisitos para el ingreso, más del 60% de las organizaciones manifiestan tenerlos, pero los mismos no tienen directa relación con la edad o formación de los voluntarios, sino que se refieren en su mayoría a cuestiones éticas y de valores. Los requisitos más frecuentemente mencionados son “estar de acuerdo con la misión de la institución”, “estar acorde con el espíritu”, “compartir la mística”, “tener iniciativa y responsabilidad”, “estar de acuerdo con el perfil del proyecto”. En pocos casos hay una referencia a factores más “duros” como edad, sexo o formación.
¿Qué ofrece a cambio la organización a estos voluntarios? La capacitación interna es un denominador común, y se lleva adelante en un 70% de las organizaciones. La modalidad preferente es a través de seminarios y talleres y es la misma que para el personal remunerado. Son escasas las instancias de capacitación especial para los voluntarios.
Estos resultados indican una frágil relación entre los voluntarios y las organizaciones que los acogen, donde no se establecen deberes y obligaciones claras de una y otra parte. Se observa que aunque la participación voluntaria en las organizaciones es importante, todavía no se han establecido en la mayoría de los casos políticas institucionales en cuanto a la convocatoria, a la inserción de los voluntarios en la institución y en la toma de decisiones, a la firma de acuerdos previos, ni en cuanto a los requisitos o la capacitación a medida. Estos factores aparecen como claves y merecerían una revisión por parte de las instituciones para alcanzar un desarrollo sano de la acción voluntaria, donde se beneficien a ambas partes.
En este sentido las instituciones Tercer Sector enfrentan un dilema crucial: la regulación de la actividad del voluntariado puede traer beneficios pero puede al mismo tiempo llegar a burocratizar una tarea que es por esencia y definición no burocrática.
Cuánto vale
La dimensión económica de esta fenómeno social es un dato muy importante. La encuesta realizada por INTERCONSULT concluye que los voluntarios dedican un promedio de 3,7 horas semanales a la actividad, lo que supone aproximadamente más de 900 mil horas por semana, o sea, 50 millones de horas al año, si tomamos en cuenta las 250.000 personas que desarrollan trabajos voluntarios. Según la misma investigación, si el Estado tuviera que cubrir con sus funcionarios estas actividades sociales, tendría un costo de unos 100 millones de dólares.
¿Un futuro más solidario?
Los estudios realizados hasta el momento, aunque aún escasos, muestran una tendencia al aumento del trabajo voluntario, que debe necesariamente inscribirse en un contexto de falta de trabajo de trabajo remunerado, especialmente entre los jóvenes que buscan una primera experiencia laboral.
Por otro lado, los datos recogidos en los últimos años parecen estar en contradicción con la percepción que la sociedad uruguaya tiene sobre el tema. Si bien los uruguayos se autoperciben como muy solidarios, un 69% de los entrevistados por INTERCONSULT en diciembre de 2002 entiende que, en general, estamos más preocupados por ayudar al prójimo que por nuestras propias necesidades, contra un 29% que opina lo contrario. Asimismo, un 78% entiende que evolucionamos hacia una sociedad individualista y sólo un 18% opina que Uruguay tiene un futuro más solidario.
Documentos relacionados
Características del voluntariado en Uruguay, 1997