E L E S T U D IO H I S T Ó R I C O D E L O S M A R C A D O R E S D E L D IS C U R S O : ¿U N P R O B L E M A D E PERSPECTIVA?*
Sa n t i a g o d e l Re y Qu e s a d a
Universidad de Sevilla Re su m e n
Con la presente contribución pretendo revisar algunos aspectos teóricos y metodoló
gicos referentes a la definición, a la clasificación y al estudio histórico de las unidades que gran parte de los analistas del discurso denom ina “marcadores”. Menciono la dificultad que existe en delimitar las características de estas unidades como “clase de palabras”, difi
cultad que el análisis histórico del discurso avala. Considero que la perspectiva semasioló
gica frecuentemente aplicada al estudio de los marcadores, aunque rentable, debe ser ampliada de manera que estas unidades puedan ser descritas desde un enfoque onoma- siológico más abarcador. Aplico el modelo funcional propuesto por López Serena y Borreguero (2010) (Borreguero y López Serena 2011; López Serena 2011) para estudiar distintas características discursivas de un corpus basado en las traducciones castellanas de algunos de los Coloquios de Erasmo de entre 1527 y 1529 e intento demostrar que la pers
pectiva funcional produce interesantes resultados en lo que atañe al análisis histórico del discurso.
Pa l a b r a s c l a v e: análisis histórico del discurso, semasiología, onomasiología, marcador, conector, operador.
Ab s t r a c t
In this work I intend to review some theoretical and methodological issues concerning the definition, classification and historical study of the units that much of the discourse analysts call “discourse markers”. I mention the difficulty in delimiting the characteristics of these units as “kind of words”. This problem is also endorsed by historical discourse analysis. I consider that the semasiological perspective often applied to the study of the dis
course markers, though worthwhile, should be extended so that these units can be described from a more comprehensive approach, preferably onomasiological. I apply the functional model proposed by López Serena and Borreguero (2010, Borreguero and López Serena 2011, López Serena 2011) to study different discursive characteristics in a
* A gradezco a los profesores Rafael C an o Aguilar, Lola Pons Rodríguez y Araceli López S e ren a y a mis c o m p añ ero s Elena C a rm o n a Yanes, E len a Diez del C o rral A reta y Rodrigo Verano L iaño los sabios co m entarios y o p o rtu n a s observaciones q u e h icieron al b o rra d o r de este artículo.
RHLE, 3/2010, pp. 105-128.
corpus based on the Spanish translations of some of Erasmus’s Colloquies (1527-1529) and I try to show that the functional perspective produces interesting results in regard to his
torical discourse analysis.
Ke yw o r d s: h i s t o r i c a l d i s c o u r s e a n a l y s i s , s e m a s i o l o g y , o n o m a s i o l o g y , m a r k e r , c o n n e c to r , o p e r a t o r .
1. In t r o d u c c ió n
Sería inútil a la vez qu e r e d u n d a n te hacer u n a revisión crítica de los trabajos escritos en el ám bito de la lingüística hispánica acerca de los m ar
cadores del discurso en la historia del español. Tal labor ya ha sido abo r
d ad a p o r nuestra com p añera Lola Pons Rodríguez (2010a) y no será n ece
sario reincidir en ello. C om o la p ro p ia profesora Pons indica (2010a: 538- 555), la cuestión del nacim iento y desarrollo de los llamados conectores (así h an sido denom inadas m ayoritariam ente las unidades a las q u e nos referirem os a q u í1, fu n d a m en talm en te po rq ue, en la mayoría de los casos, se h an estudiado en concreto com o elem entos lingüísticos que p ro p orcio nan cohesión al texto) h a sido u n o de los temas predilectos de la investi
gación lingüística en las últimas décadas, sobre todo enfocado a p artir de los presupuestos de la teoría de la gramaticalización (cf. Traugott, 1997).
Sin adentrarse en los tortuosos d erro te ro s p o r los que estas unidades van en camino o term inan de gram aticalizarse a lo largo de la historia, otros autores h an destacado el a u m e n to cuantitativo de m arcadores en los textos en diferentes épocas del idiom a, p o r ejemplo a p artir del siglo xv.
Rolf Eberenz (1994: 2) p o n e en relación este hecho con la renovación de la prosa castellana de la época. Bustos (2000: 78) habla de u n a “mayor riqueza modalizadora del discurso” característica de u n a co n creta tradi
ción discursiva2, la de los textos doctrinales3, d u rante la prim era m itad del
1 Pons Rodríguez (2010a: 532) estu d ia la frecu en cia de uso de los térm in o s corrector/ marcador en diferen tes autores q u e h an d edicado a lg u n a p á g in a a estos elem en to s y ex trae algunas conclusiones interesantes: “el mayor volum en de e m p le o d e la fo rm a conectaren la bibliografía d e fe ch a m ás anti
gua, y el h echo de q u e b u e n a parte de lo q u e se estu d ia bajo el térm in o de marcador p e rte n ez c a tam bién a la subespecie de los conectores revela n o solo la prelació n tem poral del té rm in o conectar con res
p ecto al de marcador, sino, a ú n más im p o rta n te , la especialización de la investigación diacrò n ica en e lem en to s destinados a la ilación (incluso re co n o c ié n d o se q u e tal ilación se daba en ocasiones no e n tre p artes del discurso sino e n tre lo e x p res o y lo presu p u esto , p o r ejem plo) y la p o stergación de las u n id ad e s que trabajan en niveles discursivos d e m ás carga e n cuan to a m odalización, a rg u m e n tac ió n o m ás sujetos a la negociación com unicativa e n la in te ra cc ió n ”. Para los diferentes m atices q u e a d q u ie
re la definición de co n ecto r y m arc ad o r e n la bibliografía e u ro p ea y am ericana, cf. Pons B ordería (1998: 22).
2 S obre el concep to d e tradición discursiva p u e d e n verse los trabajos d e Schlieben-Lange (1983), Koch (1993, 1997), O esterreich er (1997, 1998), Stoll (1998), Ja c o b y Kabatek (2001, sobre todo Kabatek 2001), Kabatek (2003, 2004, 2005), A sch en b erg (2003) y, com o perspectiva p anorám ica, López S erena (2007b).
3 La difusión d e m arcadores en u n a d e te r m in a d a é p o c a a partir de tradiciones discursivas cerca-
siglo, lo que lleva aparejado “un uso más frecuente d e estru ctu rado res de la inform ación, de marcas de evidencia, volición, obligación, posibilidad, probabilidad, etc., adem ás de nuevos m arcadores con valor confirmativo, explicativo, digresivo, etc.”. En lo q u e respecta al siglo XVI, tam bién Rafael Cano (2007: 6-7) destaca la p ertin en cia de estudio de los conectores p or diversas razones (entre ellas, la “m o d e rn id a d ” de la p rosa o la presencia de estilos literarios, individuales o de grupo, propios)4.
La relevancia, pues, del estudio de los marcadores en el estudio históri
co de la lengua se hace cada vez más evidente, ya que se ve en ellos uno de los elementos clave de la organización del discurso, así com o de la estructu
ra interaccional y argum entativa de los textos. Sin em bargo, sigue habiendo preguntas sin resolver que no solo afectan a los analistas del discurso con
tem poráneo, sino que tam bién preocupan a los historiadores de la lengua.
Con la presente contribución, quiero volver sobre dichas preguntas e inten
tar acercar posibles soluciones que ayuden al investigador a ad o ptar una perspectiva menos restringida en el estudio histórico de los marcadores, estudio que, también en su dim ensión diacrònica, h a dejado ver un sesgo lexicocentristaD que, en muchos casos, dificulta la obtención de u n panora
ma vasto capaz de d ar cuenta, si no de todos, al m enos de gran parte de los movimientos discursivos6 que pu ed en encontrarse en diferentes textos de distintas épocas y perten ecien tes a tradiciones discursivas diversas. Antes de ab o rd a r el p ro b le m a de la perspectiva que q u ie ro a d o p ta r en el estu
dio de los marcadores del discurso, ofreceré algunas im presiones sobre la cuestión previa que preocupa a no pocos lingüistas: ¿son los marcadores u n a clase de palabras?
2. Los MD: u n p r o b l e m a d e t a x o n o m í a
Desde el prim er estudio global sobre m arcadores del discurso de
ñas a la distancia com unicativa (cf. Koch y O e ste rre ich e r 2007[1990]), ricas e n esta clase de partícu las, desde d o n d e se trasvasarían d espués y se generalizarían en tipos d e textos diferentes, es u n a de las vías p o r las que el idio m a ad q u ie re nuevos m ecanism os de organización textual, c o n cre ta m en te m ed ian te procesos de elaboración (sobre este concepto, cf., de nuevo, Koch y O e ste rre ich e r 2007[1990]: 117 y Pons R odríguez 2010a: 555). Por supuesto el peso d e la R etórica clásica, que abo
gaba p o r la variatio tam b ién en lo que se refiere a los elem entos de c o h esió n e n tre las p a rte s del dis
curso, contribuyó asimismo a la proliferación de conectores textuales (C ano A guilar 2004: 139), espe
cialm ente a p artir de los Siglos d e O ro.
4 M en o r atención h an recibido los m arcadores, y en general “la sintaxis histórica d el discurso”
(G irón 2003b: 332), surgidos o q u e cu m p le n su evolución en el XVIII y el X IX , lo q u e tien e q u e ver con el “prejuicio de perio d izació n ” q u e critica la profesora Pons Rodríguez (2010b).
5 Me refiero al análisis lingüístico basado en el estudio de d e te rm in a d as u n id ad e s léxicas delimi- tables y no de las fu nciones q u e distintas unid ad es y estructuras lingüísticas p u e d e n asumir. D ebo advertir q u e utilizo el adjetivo lexicocentrista co m o sinónim o de semasiológico/a, sin a trib u ir al térm in o n ingún matiz peyorativo.
6 E n tien d o p o r m ovim ientos discursivos el c o n ju n to de los procesos cohesivos, argum entativos, informativos, cognitivos, etc., q u e c o n c u rre n e n el texto.
Schiffrin (1987) se discute el estatuto gram atical de estas unidades7. Por com enzar con u n a definición tradicional ya en la bibliografía en español, M artín Z orraquino y Portolés (1999: 4057) dicen qu e son “unidades lin
güísticas invariables, no ejercen u n a función sintáctica en el m arco de la predicación oracional -so n, pues, elem entos m arginales— y poseen un com etido coincidente en el discurso: el de guiar, de acu erd o con sus dis
tintas propiedades morfosintácticas, semánticas y pragm áticas, las inferen
cias que se realizan en la co m u n icació n ”. Se refieren los autores a u n con
cepto pragm ático y enunciativo q u e la tradición gram atical po n e en rela
ción con un constituyente co m ú n a diversos elem entos lingüísticos: la m odalidad8. C iertam ente, la descripción d e los m ecanism os lingüísticos que ya no solo vertebran9, sino q u e tam bién condicion an la interpretación del discurso, que se abre “hacia otros elem entos que señalan la implica
ción del enu n ciad o r en el e n u n c ia d o 10, y q u e están, p o r tanto, más incli
nados hacia la modalización, co m o los evidenciales, topicalizadores, ope
radores argumentativos, etc.” (Pons Rodríguez 2010a: 531), ha sido más frecu en tem ente realizada en trabajos cuyo interés radica en la lengua con
tem poránea, a u n q u e cada vez más está siendo objeto de dedicación por parte de los analistas del discurso histórico y p o r algunos lingüistas que estudian la configuración discursiva en u n a lengua tradicionalm ente con
siderada “m u e rta ” com o es el latín (cf. K roon 1995, 1998, 2009; Risselada 1994, 1998).
A pesar de los num erosos in ten to s de definición y clasificación de estas unidades, lo cierto es que no hay consenso sobre cuál es su naturaleza gra
matical, cómo actúan sintácticam ente, qué funciones concretas adquieren en el discurso, etc. En este sentido, n o fo rm an en absoluto un g ru p o deli
m itado de unidades. Según C ano Aguilar (2003: 110), “[l]o único que parece unirl[a]s es la función q u e d esem p eñan , de fo rm a exclusiva o en com pañía de otra u otras, en el discurso: engarzar las secuencias del e n u n
7 Para u n a clasificación y com en tario crítico d e las d iferen tes d efin iciones dadas a los m arcad o res, cf. Pons B ordería (1998: 40-47).
8 Cf. tam bién M artín Z o rraq u in o (1998: 26-27).
9 La naturaleza cohesiva de los m arcad o res h a sido d estacada p o r n u m ero s o s estudiosos: “En la actualidad es frecu en te q u e los m arcadores discursivos sean ubicados d e n tr o d e los elem entos q ue tra
bajan d e n tro del texto al servicio de la deixis discursiva” (P ons R odríguez 2010a: 536); “constituyen u n o de los m edios de cohesión, es decir, de ligazón e n tre los m iem b ro s del texto. Estamos, pues, ante relacionantes, nexos, conectores, p ero q u e n o c o in cid en con las co n ju n cio n es tradicionales” (Fuentes 1993: 71); etc. Efectivam ente, su origen co m o form as d e co n ex ió n se basa co n frecuencia en proce
d im ientos de foricidad, co m o indica C ano A guilar (1996-1997: 301) a p ro p ó sito d e los conectores ila
tivos que estudia en las obras alfonsíes. El c rite rio de conectividad h a sido ten id o en cuenta, asimis
m o, con relativa n o rm alid ad en la lingüística an glosajona d e sd e Schiffrin (1987). P or ejem plo, para Fraser (1990), la u n id ad interactiva y ’know, q u e Schiffrin (1987: 267 y ss.) inclu ía en tre sus m arcado
res, no tiene cabida d e n tro de la clase q u e él d e n o m in a discourse markers (pp. 386-387), sino q u e se cita e n tre los q u e llama paralelípragmatic markers, e le m en to s q u e expresan la solid arid ad del h ab lan te pero q u e n o tien en n atu raleza relacional o conectiva.
10 Bustos (2000: 79) tam b ién alude a esta característica p ro p ia de los m arcadores.
ciado, y en algún caso de la enunciación, añ ad ir argum entos, en ocasiones indicando su fuerza m utua respectiva, in tro d u cir objeciones, justificar la vinculación lógica y secuencial de hechos o argum entos, o rd e n a r las p ar
tes del discurso, o volver sobre lo ya dicho...”.
No obstante, la im posibilidad de acuerd o en to rn o a su estatus gram a
tical y el ap are n te caos del g ru p o en el q u e suelen estudiarse unidades de naturaleza muy diversa no han im pedido qu e autores com o Fraser (1988:
32) o T raugott (1997: 5) afirm en con seguridad q u e los m arcadores for
m an parte de la gram ática nuclear de las lenguas11. Si esto es así, habría que analizar y describir el funcionam iento de estas unidades al lado de otros elem entos tradicionalm ente incluidos en las gramáticas, elem entos que p u e d e n te n er u n a función prim o rd ialm ente pragm ática o no (por ejemplo, adverbios -y no solo de m o d alid ad -, enlaces conjuntivos, etc.) e integrarlos en el estudio global de la construcción del texto (ya funcionen com o conectores o com o o p erad ores12). Por supuesto, la acuciante nece
sidad sentida p o r la mayoría de los lingüistas de in c o rp o ra r el estudio de los m arcadores a la descripción13 de la len g ua no significa que dichos ele
m entos constituyan u n a clase de palabras, al m enos n o com o la clase “sus
tantivos”, “p ro n o m b re s” o “d eterm in an tes”, y sí más bien cercana a la de los “adverbios”, en el sentido de que, si, com o ha sido percibido p o r n u m e
11 N o q u iero decir con esto que los m arcadores sean con sid erad o s a ctu alm en te elem entos extra- gramaticales, p e ro sí que, p a ra su inclusión en el análisis p ro p ia m e n te gram atical, ha deb id o am pliar
se la noció n de gram ática tradicional, incluyendo en ella la consid eració n de funciones pragm áticas y discursivas. Así, C om pany (2004: 64) critica la e tiqueta d e p ragm atización aplicada a la evolución de d e te rm in a d o s m arcad o res discursivos alegando su escasa o p o rtu n id a d “p o rq u e parece sugerir q u e en la gram ática n o hay pragm ática, y sí la hay”. Por su parte, Octavio de T oled o (2001-2002: 62-63) c o n sidera tam bién q u e “[1]os m arcadores [...] son parte de la m ism a g ram ática q u e los auxiliares, los cuandficadores o el artículo, y su evolución cae p o r lo ta n to d e n tro del ám bito de la gramaticaliza- ción, a u n q u e, siendo su fun cio n am ien to gramatical distinto del de otras piezas funcionales, n o es de esperar q u e su evolución p resen te los mismos síntomas fo rm ale s”; es decir, se hace necesaria u n a c o n cepción más ab arc ad o ra de la gramática, ya que, en o p in ió n del autor, “en la a rq u itectu ra funcional de u n a len g u a particip an u n a gram ática básica, u n a c o n figuración sintáctica y u n a in terp retació n dis
cursiva" (n. 31), de m an e ra q u e “la GB [gramática básica] n o equivale a la gram ática de la lengua, sino q u e esta la integ ra el c o n ju n to de relaciones y restricciones q u e se d a n en la GB y e n la sintaxis, y q u e las o p eracio n es q u e se d a n en la sintaxis están sujetas a in te rp re ta ció n discursiva, de tal m an e ra que la g ram ática o rien ta la in terpretación discursiva y esta, a su vez, p u e d e m o d elar la gram ática”
(ibid.).
12 Para la distinción conectar/operador, nos basam os en la separación que establece Catalina Fuentes (2009: 12-13).
13 En este sentido, es sintom ático q u e la Gramática D escriptiva de la Lengua E spañola d e Bosque y D em o n te (1999) d e d iq u e u n capítulo específico (cf. M artín Z o rraq u in o y Portolés 1999) a los m a r
cadores del discurso, m ien tras que la N ueva Gramática de la Lengua E spañola (N G L E 2 0 0 9 ), en la n e ce sidad de ofrecer u n p a n o ram a más rígido en lo que se refiere a las categorías gramaticales dada su o rien tació n prescriptiva, no incluye un a p artad o c o n creto e n el q u e e stu d ie estas unidades; sin e m b a r
go, los redactores, conscientes de que sería un e rro r n o in co rp o ra rla s a la gram ática, se ven obligados a estudiarlas a u n q u e sea de m an era poco sistemática e n diferen tes clases de palabras y funciones q u e con tem p lan , y así se p u e d e n rastrear en el capítulo d e d ic a d o a los adverbios (2285-2394), las funcio
nes informativas (2963-3036, d o n d e tam bién se habla de adverbios) o la negación (3631-3715, idem ), adem ás de, p u n tu alm en te , en otras funciones en las q u e se re fie ren a pro ced im ien to s propios de la enunciación.
rosos autores, la clase de los adverbios se ha convertido en u n verdadero
“cajón de sastre” d o n d e m e ter m uchas unidades sintácticas que, sin ser p ro piam en te adverbiales e n el sentido etimológico, n o cuad ran bien d en tro de cualquier o tra categoría gram atical pero tienen en co m ú n el fu ncio nar en el nivel sintagmático u oracional, la clase de los m arcadores, cada vez más, se está especializando com o u n albergue lingüístico d o n d e acoger a la mayoría de las unidades discursivas con funciones muy diversas en el universo textual pero que tien en e n com ún el fu n cio n ar en el nivel del enunciado, p ero sin función sintáctica específica d en tro de él, o en el nivel d e la enunciación.
En mi opinión, el debate sobre si los m arcadores del discurso son o no u n a clase de palabras carece p o r el m o m en to de sentido fu n dam ental
m en te p or dos razones: prim ero, p o rq u e n o está muy claro aún q u é son los marcadores discursivos14 y, sobre todo, qué funciones d esem p eñ an en el texto; y, segundo, y quizá más im p ortan te, p o rq u e tam poco hay u n acuer
do absoluto sobre qué es u n a clase de palabras y sobre cóm o establecer las clases sin deslindar, en la m ed id a d e lo posible, los rasgos form ales y fun
cionales que las caracterizan. En este sentido, hasta que n o se establezca la delimitación definitiva de los conectores y o perad o res del discurso (si es que es posible) y se sistematicen sus funciones, parece claro que, com o ya intuyó Schiffrin (1987), los m arcad ores no constituyen un co n jun to cerra
do de unidades15. Es más, si ten em o s en cuenta la perspectiva diacrònica, que aquí nos interesa especialm ente, nos darem os c u en ta de q u e p re te n d er la hom ogeneidad en este cam po es prácticam ente imposible, pues, tal com o afirma Cano Aguilar (2003: 310), “el análisis histórico, ap arte de sum inistrar datos im prescindibles p ara co n o ce r la fo rm ac ió n e historia de tales unidades, proporciona adem ás argum entos que refuerzan la idea de que estas unidades son irreductibles a una categoría”. C on todo, el pro
blem a de la taxonom ía no d e b e ría obsesionar a los lingüistas hasta el p u n to de que se vean cegados p o r la imposibilidad de red u cir a u n a cate
goría un grupo más o m enos h e te ro g é n e o de elem entos. La proliferación de estudios sobre las u nidades q u e establecen relación e n tre las partes del discurso o pro d ucen inferencias d e n tro del en un ciad o m ism o h a h echo que, en gran parte de los casos, el interés se haya cen trad o sobre determ i-
14 A fo rtunadam ente, com o indican B o rre g u e ro y López S erena (2011), sí p u e d e d ecirse ya lo que n o son, pues se ha s u p erad o “la c onsid eració n inicial de estas unid ad es c o m o e le m en to s asistemáticos o extrasistemáticos —llamados, d e a c u e rd o con esto, muletillas, expletivos o palab ras vacías—”. Cf. al respecto Cortés (1991).
15 S chroup (1999: 236) dice q u e “[i]f d e fin e d grammatically, thè DM [discourse markers] class m ust be re g ard e d as m ore o r less o p e n ”, y F u en tes (2001: 346) se p ro n u n c ia tam b ién en este sentido: “Para h ab lar d e m arcador discursivo h a b ría q u e ju stific ar q u e ese inventario tan a m p lio y h e te ro g é n e o de u n id ad es tiene u na fu nción única, cosa q u e n o c ree m o s que haya aclarado n in g u n o d e los au to re s que lo h a n defendido. Lo único q u e tie n e n e n c o m ú n es su ‘especial estatus’ o su ‘á m b ito e x tra o rac io n al’.
P ero cu b ren m uchas funciones, diversas y delim itadas, y hay otros elem en to s ex trao racionales, com o los parentéticos, que n o están a h í”.
nadas partículas y en su evolución, sobre todo en lo que se refiere al estu
dio histórico. Por eso, en el siguiente apartad o voy a d efen d e r u n a pers
pectiva más abarcadora de dicho estudio que se cen tre en la consideración de las funciones discursivas, tam bién m utables a te n o r de la diacronía, que podem os en co n trar en los textos y cóm o esas funciones están rep resen ta
das p o r conectores, o p erad ores y otras unidades enunciativas q u e p u e d e n ser estudiadas siguiendo un mismo criterio metodológico.
3. Los MD: u n p r o b l e m a d e p e r s p e c t i v a
Por supuesto, el p ro blem a de la taxonom ía al que nos acabam os de referir es im portante en el sentido d e que los diferentes lingüistas que se han ocupado de los m arcadores se h an visto obligados a delim itar su cam po de estudio m ediante la inclusión de determ in ado s elem entos y la exclusión de otros. Por ejem plo, en la clasificación de Fraser (1990, 1999), unidades com o francamente, obviamente, incluso, solo, etc., no serían m arca
dores sino sim plem ente partículas modales, pues el autor, siguiendo la línea de los estudios sobre m arcadores desde los 80, en tien d e qu e los m ar
cadores son integrantes de la función tradicionalm ente d e n o m in a d a dis- course coherence. En este sentido, h abría que preguntarse p o r la ren tab ilid ad del esfuerzo en averiguar qu é es un m arcador, y más bien tend ríam os que llegar a la conclusión de que es más im p o rtante in ten tar d escu brir qué funciones desem peña u n m a rcad o r/c o n ecto r, com o se q uiera llamar, en u n determ inad o texto.
Claro que el establecim iento de funciones p ara los m arcadores en las diferentes clasificaciones hechas hasta el m o m ento no ha sido obviado p o r los lingüistas. Sin em bargo, la mayoría de ellos se h a centrado “en u n apa
rato form al y funcional constituido ad hoc para d ar cuenta exclusivam ente de la actuación de los m arcad o res” (López Serena 2011), de m a n e ra que u n a clasificación más general de las funciones discursivas q u e po dem o s hallar en los textos h a po d id o verse resentida. P or eso, recien tem en te, algunos autores (Pons Bordería 2006; Fischer 2006; López Serena y B orreguero 2010) han defend id o la necesidad de contem plar el estudio de los m arcadores desde u n a perspectiva funcional más abarcadora, “fu n d am en tad a en u n a concepción global de la com unicación lingüística”, de m an era que sea “posible proceder, posteriorm ente, desde las funciones hacia las formas que d esem p eñ en dichas funciones, para cuya realización los m arcadores no suelen actuar, sobre todo p o r lo que respecta a la len gua hablada, en exclusiva, sino de m a n e ra conjunta y solidaria con m eca
nismos no necesariam ente m orfoléxicos” (López Serena 2011). C om o se ded uce de las palabras que acabo d e citar, la adopción de u n a perspectiva onomasiológica tiene un gran interés para estudiar las manifestaciones lin
güísticas orales, pero, igualm ente, este en fo q u e funcional p u ede ap o rtar num erosas ventajas al análisis histórico del discurso, com o inten taré dem o strar en las siguientes páginas.
La perspectiva semasiológica q u e se aplica frecu en tem ente en el estu
dio de los m arcadores16, en p arte, com o o c u rre en lingüística histórica, favorecida p or la existencia de co rp us electrónicos17, no es, claro está, des
deñ able ni inútil. P robablem ente, el estudio d e las unidades que aquí nos ocu pan desde dicha perspectiva su p o n e u n a tarea previa y casi siem pre com p lem en taria18. Tal vez en la óptica global de las funciones que se dan en el texto p o r la que aquí abogo sería muy difícil tratar de determ in ado s m arcadores si con anterioridad estos n o h an sido analizados en concreto en lo que respecta a su significado, sus posibilidades de distribución en el discurso, su frecuencia de uso, etc. Pero si el objetivo que persigue el lin
güista (y, cómo no, el filólogo) es el de analizar los textos, el estudio de los m arcadores tiene sentido en últim a instancia considerado desde u n a pers
pectiva onomasiològica más incluyente, puesto qu e es desde esta perspec
tiva desde la que se debe e n te n d e r la construcción global del texto.
A m enudo, la predilección (inevitable sin d u d a desde el m o m ento en que se convierte en u n a m oda de los estudios filológicos) que en época reciente ha sentido la lingüística histórica p o r el descubrim iento, evolu
ción y análisis discursivo de los llam ados conectores (cf. supra, “In tro d u c
ción ”) ha hecho p e rd e r de vista otros m uchos elem entos que tam bién fun
cionan en el discurso com o cohesionadores del texto. Es más, si nos cen
tráram os solo en los conectores com o elem entos de cohesión, podríam os llegar a la falsa conclusión de que en d eterm in ad as épocas de nuestra len
gua los procedim ientos cohesivos e n tre las distintas partes del discurso eran escasos19. Sin em bargo, com o indica Rafael Cano:
16 Así tam bién lo cree Pons R odríguez (2010b: n. 3): “N o p o d e m o s estudiar los m arcadores de m a n e ra in m an en te, lineal y sin anclarlos en h e c h o s pragm áticos c o m o el desarrollo o la reconfigura
ción d e direcciones discursivas, el espacio co m unicativo de los hablantes, etc. Además, la perspectiva lexicista q u e solemos aplicar p ara c o n stru ir la investigación d e los m arcadores en diacro n ia [...] no nos p u e d e h a ce r olvidar el estudio de los textos e n q u e se e m p le a u n a form a y los elem en to s q u e ro
d e an c o n textualm ente a tales textos”.
17 Cf. al respecto el “prejuicio de c o rp u s ” d el q u e h ab la la p rofesora Pons Rodríguez (2010b) en su artículo.
18 En este sentido, es in d u d ab le la u tilidad d e re p e rto rio s lexicográficos cen trad o s en m arcad o res, c o m o los de Santos Río (2003); Briz, Pons y Po rto lés (2008), o Fuentes (2009).
19 En referencia a la len g u a española c o n te m p o rá n e a , C atalina Fuentes (2001: 335) tam bién p arece abo g ar p o r la adop ció n de u n a perspectiva onom asiològica: “Si el objetivo es crear u n a clase de e lem en to s supraoracionales, creo q u e [la de MD] n o los a b arca todos. Hay estructuras q u e tam bién h a b ría q u e ten e r en cuenta, c o m o las paren téticas, el discurso directo, la relación deíctica y las isoto
pías e n todos los planos, que son m edios d e co h es ió n p e ro n o utilizan unos elem en to s específicos, sino u n a recu rren cia a lo largo del texto, sea fónica, sintáctica, o sem ántica. Si la o bjeción es q u e están gramaticalizados y especializados en esa fu n ció n , tam b ién lo están todos los “adverbios d e m o d alid ad ” y ellos [Portolés y Z o rraq u in o 1999] solo h a n esco g id o algunos c o m o m arcadores. Y tam bién algunos enfatizadores de la inform ación. P or tanto, n o veo rig o r en la term in o lo g ía ni necesidad de hiperó- nim o. Es p referible ver los distintos planos su p rao racio n ales y describ ir las in terrelaciones e n tre ellos”.
El empleo de conectores es uno más de los mecanismos de la conexión, pero ni siquie
ra parece seguro que sea el central. Aquí, lo central es la función como tal20; los ins
trumentos empleados son importantes, sí, pero secundarios, y no se ha de partir de ellos para hablar de la cohesión discursiva, sino al revés. Esto es mucho más visible en el análisis histórico: si nos atuviéramos a los conectores solamente, sería muy difícil hablar de la conexión, de la cohesión y de la coherencia en los primidvos documentos notariales o en los textos alfonsíes. Y, sin embargo, se trata de textos con una obsesión perm anente por la ilación discursiva: pero en ellos la ilación, la trabazón, se lograba por medios muy diversos, entre los que los conectores ocupaban un lugar muy poco destacado, frente a, por ejemplo, la anáfora pronominal o el uso de conjunciones
(Cano Aguilar 2003: 310-311).
A la vez que u n a perspectiva semasiológica cen trad a en los elem entos cohesivos de u n texto m erm aría cuantitativam ente el análisis de los p ro cedim ientos lingüísticos (y extralingüísticos, a u n q u e esto es más difícil de com probar en el estudio histórico) que dan cohesión al discurso, tal pers
pectiva tam bién es susceptible de pasar p o r alto recursos lingüísticos dife
rentes que resp o n d en a semejantes o idénticas funciones relacionadas con la argum entación, la m odalidad, la enunciación o la inform ación que se dan en u n texto. Así, p o r ejem plo, enunciados en los que la negación adquiere u n papel discursivo fundam ental com o en las construcciones de no solo... sino o de ¿Quién sino él... tn , en las que la m odalidad enunciativa tam bién p ro d u ce un efecto interpretativo relevante, solo p o d ría n ser bien descritos en sus valores discursivos si se integran en u n m odelo de análisis abarcador qu e sea capaz de con tem p lar diferentes funciones que se sub- suman a su vez en unas pocas m acrofunciones que podam os, en principio, sistematizar.
20 En esta fo rm u lació n vem os có m o tam b ién el profesor C an o ab o g a p o r la perspectiva onom a- siológica en el estu d io de los m arcadores. Con an terioridad, A n to n io N a rb o n a (1989: 119-120) ya había subrayado la n ecesidad d e u n análisis funcionalista e n el estu d io d e las relaciones sintácticas q u e se dan en los e n u n ciad o s, al quejarse de que “el análisis se re d u ce p rá ctica m e n te a las conjunciones o locuciones conjuntivas, a las q u e parece asignárseles el papel de significante del com plejo significado relacionante d e los m iem bros del p e rio d o ”, de m an e ra q u e m uchos tratadistas, prosigue, h acen “caso omiso (o casi) de otro s hech o s igualm ente decisivos, [..] ig n o ran d o q u e tal c o n ex ió n n o es aislable d e la vinculación q u e se establece e n tre las dos p artes y la totalidad, relació n p ro p ia m e n te fu n cio n ah q u e es, en definitiva, lo q u e im p o rta d escubrir y ex p licar”. Y más adelante: “N o so rp re n d e, p o r ello, q u e, u n a vez que se co nstata que la presencia de u n a d e te rm in a d a co n ju n c ió n n o tien e p o r qué co rres
p o n d erse n e cesariam en te con u n con creto significado y que, p o r o tra p arte, la ‘c o n d ic ió n ’ o la ‘con- cesividad’, p o r ejem plo, son sentidos q u e p u e d e n o btenerse sin el c o n cu rso de n in g u n a e n particular, el exam en pasa a ser a b ie rtam en te onomasiológico, es decir, se e n c a m in a a averiguar las m aneras d e expresarlos, con in d e p e n d e n c ia del esq uem a constitutivo y funcional q u e las secuencias ofrezcan”.
21 En efecto, u n en u n cia d o com o N o solo quiero u n coche sino que lo necesito p o d ría ponerse fácil
m en te en relación co n o tro de este tipo: Quiero u n coche. E s más, lo necesito. Igualm en te, es lícito anali
zar desde u n m ism o e n cu a d re funcional los siguientes ejemplos: ¿Q uién sino A lvaro ha podido hacer
lo !/ Solo A lvaro ha podido hacerlo. Por supuesto hay diferencias en el uso d e un as u otras estructuras, m uchas veces inducidas p o r el contexto, el tipo textual, el registro, etc. C reo q u e la perspectiva ono- masiológica q u e d e fie n d o aquí p o d ría c o n trib u ir a explicar más satisfactoriam ente esas diferencias, que solventarían p o r lo dem ás el “prejuicio de la variación” del q u e h a b la Lola Pons (2010b), y a d e más sería capaz d e establecer d istinciones p e rtin e n te s d e n tro de u n c u a d ro más o m en o s h o m o g én e o de m acrofunciones.
Dicho m odelo de análisis, que q uerem os aplicar en el presente estudio a textos del pasado, es el que recien tem en te h an fo rm u lad o las profesoras López Serena y B orreguero (2010; B orreguero y López Serena 2011; cf.
tam bién López Serena 2011), b asando su p rop u esta en los trabajos de Bazzannella (1994, 1995, 2005 y 2006), a u n q u e con notables diferencias;
en la clasificación funcional de M artín Z orraquino y Portolés (1999); en la organización de funciones que p ro p o n e Pons B ordería (2006), y, más con
cretam ente, en la distribución de conectores que establece Briz (1998). La clasificación d e funciones que elabo ran estas autoras n o p reten d e diluci
d ar solamente, com o apu n té más arriba, los m ecanism os discursivos que en tran en ju e g o en la conversación coloquial, sino que p u e d e aplicarse a cualquier manifestación lingüística que se dé en la totalidad del espectro variacional. Así pues, su p ro p u esta nos servirá p ara describir y analizar dichos mecanismos en textos escritos y, lo que interesa más en esta contri
bución, en textos escritos en otras épocas. Las m acrofunciones que distin
guen López S erena y B orreguero son la interaccional, la metadiscursiva y la cognitiva:
La función interaccional (relacionada, con el carácter dialógico de la comunicación colo
quial) tiene como principal objetivo señalar los movimientos conversacionales de los interlocutores: toma, mantenimiento o cesión del turno de palabra, control de la recepción tanto colaborativo y corroborativo de lo afirmado por el hablante, como si es reactivo (manifestación de desacuerdo o petición de aclaración).
La función metadiscursiva concierne al proceso mismo de expresión lingüística de los contenidos que configuran el discurso. En este proceso se pueden distinguir dos tipos de mecanismos cohesivos: a) los que tienen como objetivo la estructuración y ordena
ción del discurso con el fin de facilitar al receptor su procesamiento, y b) los que se refieren a la formulación misma de los elementos que materializan lingüísticamente el contenido textual y que manifiestan la relación entre el hablante y su propio discurso (soporte en la planificación sobre la marcha del discurso, cambios en la planificación, reformulaciones, etc.).
La fundón cognitiva, que es la macrofunción más compleja, engloba todas aquellas fun
ciones adoptadas por los marcadores y otros mecanismos formales como las figuras de sintaxis o la entonación para poner de relieve las relaciones que se establecen a) entre los contenidos preposicionales de los diversos elementos oracionales e interoraciona
les del texto, es decir, el tipo de relación lógica que existe entre ellos y su papel en la construcción argumentativa del discurso (función lógico-argumentativa); b) entre los contenidos expresados lingüísticamente en el discurso y los conocimientos comparti
dos o presupuestos por los participantes en la comunicación, que le permiten al desti
natario poner en marcha distintos mecanismos cognitivos de deducción e inducción (función inferencial); c) entre el contenido textual y la actitud del hablante, que expresa desde su grado de compromiso con la veracidad de cuanto afirma hasta su dis
posición afectiva o emotiva respecto d e lo dicho (función modalizadora de la enun
ciación) (apud López Serena 201122, nn. 9, 10 y 11).
22 La form ulación prim era de esta clasificación prop u esta p o r las autoras se e n c u e n tra en López Serena y B orreguero (2010: 440-442). T om am os esta versión de López S erena 2011 p o r su carácter más sintético y a d ecu ad o a los p resu puestos y lím ites de este trabajo.
Hay que te n er en cuenta que estas funciones, com o hem os advertido previam ente, son en realidad m acrofunciones discursivas que se p u e d e n subdividir en otras funciones más concretas. P o r otro lado, elem entos sin
tácticos q u e funcionan en el nivel oracional, pero que tam bién cu m p len u n papel im p o rtan te en el universo textual, quizá no p u ed an incluirse en n in g u n a de esas macrofunciones, p ero sí se p u e d e n estudiar al lado de otros elem entos que sí encajan d e n tro de ese esquema, pues, a u n q u e no rep resen tan u n a manifestación co n creta de alguna m acrofunción, sí cu m plen funciones específicas que d e b e n ser explicadas si querem os aplicar con b u en criterio la perspectiva onom asiológica p o r la que estamos abo
gando. De igual m odo, a la vez q u e las funciones, en ocasiones será útil describir q u é alcance (predicativo, interoracional, discursivo) y q u é valo
res semánticos tienen los elem entos a los que nos estemos refiriendo (cf.
B o rreguero y López Serena 2011).
4. La. A P L IC A C IÓ N DEL E N F O Q U E O N O M A S IO L Ó G IC O E N T E X T O S D EL PASA DO: EL C A SO D E LAS T R A D U C C IO N E S C A STE LL A N A S D E L O S C O L O Q U I O S DE E R A S M O EN EL SIG L O XVI
Com o q u ed a dicho, el estudio de carácter lexicocentrista que mayori- tariam ente h a venido haciéndose en lingüística histórica ha propiciado u n gran n ú m e ro de trabajos (cf. Pons Rodríguez 2010a: 578-597), sin d u d a de gran valor, que han dedicado u n a especial atención a la evolución sem án
tica y discursiva de ciertos conectores ya sea a lo largo de la Edad M edia o en los Siglos de O ro del español23. U n estudio del surgimiento, evolución y especialización de las unidades, oracionales o supraoracionales, q u e fu n cionan com o mecanismos discursivos en el seno de los textos que nos h an llegado d e las distintas épocas del español req u eriría el análisis de n u m e rosísimas manifestaciones lingüísticas desde la Edad M edia hasta nuestros días, así com o de muy distintas tradiciones discursivas. A fortunadam ente, esta tarea em pieza a ser cada vez más usual en los analistas del discurso, que tam bién se d ecantan por la descripción e interpretación lingüística de textos de otras épocas. Si tenem os en cu en ta la visión saussureana de la diacronía com o u n a sucesión de sincronías24, esperam os que los análisis de textos de diferentes épocas, u n a vez que contem os con un n ú m e ro co n
23 Cf. n. 4.
24 Tal visión d e la diacronía solo sirve, sin em b a rg o , al lingüista c o m o m e to d o lo g ía para el análi
sis y n o refleja e n realidad la d im e n sió n histórica d e u n a le n g u a , pues, c o m o cree el pro feso r C a n o A guilar (c o m u n ic a c ió n p erso na l), “una le n g u a histórica es sie m p re u n c o m p le jo entrecruzar d e p e r m a ne nc ia s y cam b ios y variaciones. N o hay e n la realidad lingüística nada c o m o p e r ío d o s en tre los cuales oc u r r e n cosas; siem p re están o c u r r ie n d o c o sa s”. En e ste se ntid o, lo s cortes c r o n o ló g ic o s q u e se su ele n establecer para describir la historia d e las len gu as so n casi siem pre artificiosos y a m e n u d o dis
cutibles.
siderable de ellos, p u ed an o frece rn o s datos valiosos para rastrear la evolu
ción de los elem entos que e n tra n en ju e g o en la configuración discursiva de los textos a lo largo de to d o ese gran intervalo tem poral q u e cubre la presencia del castellano en la historia de nuestra cultura.
La atención cada vez más r e c u r r e n te q u e los lingüistas dedican al estu
dio histórico de los m arcadores del discurso no h a hech o olvidar, sin em bargo, los problem as q u e conlleva su análisis sobre textos del pasado.
E n tre ellos, podem os m e n cio n ar la dificultad de delimitación entre los niveles oracional y supraoracional en la consideración concreta de d eter
m inadas unidades25, la im posibilidad de conocer la interpretación que hacen los propios hablantes de su len g u a26, el olvido relativam ente fre
cu en te de las peculiaridades diatópicas, diastráticas y diafásicas q u e a veces se dejan traslucir en los textos27 o la escasa fiabilidad que p ro p o rcio n an los manuscritos o impresos d e siglos an terio res en lo que respecta a la plas- m ación gráfica de las mayúsculas y minúsculas, las pausas, etc.28.
A parte de estos escollos difíciles de vencer, nos en contram os con el p ro b lem a de la perspectiva y la necesidad de superar el en fo q u e semasio
lógico que ha p red o m in ad o en el estudio histórico de los marcadores. Por supuesto, el carácter p roblem ático q u e he atribuido al lexicocentrismo im p eran te en el análisis de estas u n id ad es me sirve solo com o criterio expositivo para el presente artículo, pues en tien d o que es conveniente a d o p tar una visión más ab arcad o ra d e las funciones discursivas q u e se dan en u n texto; pero, a fuerza d e resu ltar red u n d an te, quiero insistir en la legitimidad, utilidad y necesidad d e estudiar los m arcadores com o unid a
des en sí: solo d e esta m a n e ra es posible saber cuál es el valor pragm ático y discursivo de un m arcad o r concreto, de m an era que, posteriorm ente, este p ueda ser caracterizado co m o rep resen tan te o integrante de u n a d eterm in ad a función. En esta co n trib u ción , no obstante, y a propósito de algunos ejemplos de un corpus basado en diferentes traducciones caste
llanas de los Coloquios de Erasm o d e R oterdam hechas entre 1527 y 1529, p re te n d o reflejar la rentabilidad d e la adopción de la clasificación funcio
nal de López Serena y B o rreguero p a ra explicar ciertos aspectos de la con
figuración discursiva de las tradu ccio n es de los Coloquios, co n cretam en te en lo que respecta a la presencia d e d eterm in ad o s m arcadores en ellas, ya
25 Cf. Eberenz (1994: 17), C ano Aguilar (2004: 144) y F ernández A lcaide (2009: 131).
26 E xcep ción h e c h a de los ju ic io s q u e n o s h a n lle g a d o d e a lgu n os gram áticos y lexicógrafos.
S o b re esta dificultad e n el latín ya advierte K roon (1998: 220-221).
27 Cf. a este resp ecto el “prejuicio d e la v a r ia c ió n ” d e l q u e habla Lola P ons (2 0 1 0 b ).
2fi Si hubiera u n criterio h o m o g é n e o e n el e m p le o d e la p u n tu a ció n e n los tex to s antiguos, p o d r ía m o s suponer la existencia d e u n a c o n c ie n c ia lingüística sobre la representación d e las pausas q u e p udiera llevarnos a postular h ip ó tesis m ás c o n siste n te s relacionadas c o n los criterios fo n o ló g ic o s q u e tan im portantes so n para la d e lim ita ció n d e lo s m arcadores (cf. P ons Bordería 1998: 4 8 ). Por d es
gracia, la h o m o g e n e id a d ortográfica e n tex to s p r e c e d e n te s a la actividad norm ativa d e la A cadem ia, n o so lo e n escritores e impresores d e d ife r e n te é p o c a y lugar, sino tam bién e n distintas partes d e u n m ism o d o c u m e n to , es e n m uc ho s casos in e x iste n te .
sea com o añadidos debidos a los propios intérpretes o com o traducción directa de las partículas latinas29.
1. Para en ten d er m uchos de los rasgos discursivos propios d e las tra
ducciones de los Coloquios de Erasmo habría que te n e r en c u en ta n u m e rosas características textuales frecuentes en las obras literarias de la época, y más concretam ente en las p ertenecientes al género dialógico. E n tre ellas cabría hablar de la presencia de los interlocutores, que d an lugar a u n tipo de discurso ab u n d an te en vocativos, inserción del o tro dialogante en la producción comunicativa, utilización de marcas fóricas referentes al e n to r
no extralingüístico y a los propios turnos conversacionales, etc. Tales ras
gos han sido definidos p o r num erosos estudiosos com o aspectos revelado
res de la oralidad en la escritura, aspectos que, según cabe esperar, son im portantes para recre ar la ficción conversacional que se construye en el diálogo literario30. Ello es debido, com o decimos, a que el diálogo presu
p one la presencia de al m enos dos interlocutores que in teractúan a través de turnos conversacionales, en los que ab undan, en tre otras u n id ad es pro- totípicas, los m arcadores que com entan la enunciación del otro con dife
rentes propósitos comunicativos. Estos m arcadores p u e d e n considerarse, en efecto, un elem en to e n o rm e m e n te productivo al servicio de la ficción conversacional, y de h ech o solo los encontrarem os en el ám bito interac- cional o en el m onologal que simula ese ám bito31.
Sobre los m a rc a d o re s de m o d a lid a d d eó n tica, d ic en M artín Z orraquino y Portolés (1999: 4161) que “indican si el h ab lan te acepta, adm ite (consiente e n ), etc. - o n o - lo que se infiere del frag m en to de dis
curso al que rem ite n ”. Como vemos en el siguiente ejemplo, tal es la fu n ción que cum plen bien y sí, que, en el contexto, son coincidentes en el alcance enunciativo y en el com etido discursivo:
(1) E. (...) Nos satis cultae sumus, si placeamus vni marito.
X. Sed interim Ule bonus vir (...) strenueprodigit dotem [Um, lín.25-27, p.302].
E. (...) mas nosotras harto estamos atauiadas, si agradamos a solos nuestros mari
dos.
X. Bien; mas aquel mi buen hom bre (...) gasta muy largamente el dote [Bat.479, lín. 16-20, p.GVIr].
E. (...) mas entre nosotras harto es cada vna hermosa si agrada a su marido.
Si; mas (...) ha desperdiciado muy buena haz i eral a [Bat.478, lín.7-11, p.g3r].
29 Las diferentes so lu c io n e s q u e e n las traducciones a d op tan las tra d icio n a lm en te llam adas p a rtí
culas e n latín podrían ser b ie n rastreadas y analizadas utilizando el co rp u s digital d e Biblia M edieval sobre el q ue trabajan A n d r é s Enrique-Arias (2008a) y su e q u ip o y q u e ya h a d a d o p ie a in te resan tes trabajos basados en la trad uc ción d e d eterm in a d a s u n idad es del latín (cf., por e jem p lo , Enrique-Arias 2 008b).
30 En referencia a la oralidad e n lo escrito y la ficción conversacional e n la literatura, cf., en tr e otros, Gil (1 9 8 7 ), Vian H e r r e r o (1 9 8 8 ), N arb on a (1993, 2001, 2 0 0 5 ), O este r r e ic h e r (1 9 9 6 , 2 0 0 4 ), Bustos (1996, 2001a, 2 0 0 1 b ), G auger ( 1 9 9 6 ), Iglesias R ecu er o ( 1 9 9 8 ), Ariza V iguera ( 2 0 0 4 ), L ó p ez Serena (2 0 0 7 a ), Pons R o d ríg u ez ( 2 0 0 7 ), Leal (2008) y D el Rev (2 0 1 1 ).
31 Cf. Kroon (1998: 212-213).
A continuación reproducim os otros ejem plos con los que intentam os reflejar que los segmentos señalados en negrita cu m p len exactam ente la mism a función que los m arcadores señalados en el ejem plo (1):
(2) Ai quo pacto attemperares te ei, qui domi non esset, aut essel ebrius? [Um, lín. 139-40, p.305].
Todo e ss o esta bien; pero como pudieras tu conformarte con marido que o nunca esta en casa, o siempre esta beodo? [Bat.479, lín. 1-3, p.g6r].
(3) Sed tamen vbi res in eum statum deuenit (...) [Um, lín.61, p.303].
Muy b ien m e p aresce. Mas quando la cosa viene en tal estado (...)32 [Bat.474, lín.25-26, p.a3v].
Bien es e sso ; pero qwando viene en sazón (...) [Bat.478, lín.22-23, p.g3v].
(4) PA. (...) Ad id máxime videbatur apposita negociatio. Quibus ex rebus nascitur et pru- dentia.
PO. Sed misera videlicet quaeplerunque magnis malis sit illis emenda [Sen, lín.253-255.
p.382].
PA. (...) porque con estas cosas se haze el hom bre prudente y esperimerctado, y parecíame la mercadería vn grandissimo aparejo para todo esto.
PO. U erd ad es que alguna esp erien cia alcanzan, pero es miserable pues la com
pran con tantos trabajos y males [Bat.478, lín.6-11, p.ylr].
(5) G. Nec mirum, si parcus sum reí, vt multo preáosissimae, ita irrecuperabilis E. At Hesiodus docet (...) [Pp, lín.1605-07, p. 174].
G. No te marauilles si soy escasso de cosa tan preciosa y que despues de perdida no se puede recobrar.
E. Assi es; mas Hesiodo poeta griego enseña (...) [Bat.478, lín.24-26, p.e4v], (6) P. Qiium agerem Lutetiae, quam non abhorruerim ab Epicuro nostis ipsi.
E. Sane meminimus, sed arbitrabamur te mores eos vna cum adolescentia Lutetiae relictu- rum [Sen, lín.192-195, p.381],
P. Quanto a lo primero, no es menester deziros qiton dado era yo a los vicios y deleytes, quando estauamos en París, pues os lo sabeys muy bien.
E. Assi e s verdad, y no estamos de ello oluidados, pero pensauamos que como dexas en parís la edad de mangebo, assi auias de dexar las costumbres [Bat.478, lín.3-9, p.x7v].
En estos ejemplos no podem os h ab lar p ro p ia m en te de m arcadores dis
cursivos, pues todos ellos constituyen u n a estru ctura predicativa notable, au n q u e con ciertas limitaciones distribucionales en algunos casos33. Sin em bargo, si nos fijamos, todos los en u n ciad o s cum plen el mismo papel dis
cursivo: el de evitar un conflicto dialéctico con el interlocutor, ya que a partir de ellos son aceptadas las prem isas q u e este p resenta com o eviden
tes pero, posteriorm ente, tam bién se in troduce, m edian te un nexo adver
sativo, u n a nueva perspectiva que se c o rresp o n d e con la verdadera opi
nión del enunciador; la réplica, así pues, q u e d a cortésm ente disfrazada.
32 Aquí la forma de cohesión con la secuencia previa está sustentada en la elipsis.
33 por ejeiripío, en (5) y ( 6 ) el adverbio de modo ocupa la primera posición y su función discur
siva como elemento de aceptación del enunciado previo desaparecería si se intercambiaran las uni
dades predicativas en (5): Es assi, mientras que en (6) una distribución diferente produciría un enun
ciado agramatical: *Verdad es assi. Esta fijación en el enunciado es una de las características típicas de la subjetivización que lleva a la creación de marcadores del discurso (cf. Company 2004).
Dada esta característica discursiva com p artid a p o r todos los ejemplos, sería poco recom endable m etodológicam ente separarlos en diferentes niveles de análisis, e incluso podríam os c o rre r el riesgo de pasar p o r alto la mayoría de ellos si nuestro único propósito fu era el de estudiar los m a r
cadores del texto. De acuerdo con la perspectiva funcional que quiero ad o p tar en este trabajo, sería más ren tab le y descriptivam ente co h ere n te organizar dichos ejemplos d en tro de u n a mism a m acrofunción, la inte- raccional, y analizarlos de acuerdo con las funciones concretas que cu m plen en su contexto, todas ellas relacionadas con estrategias colaborativas au n q u e n o corroborativas en últim a instancia (debido a los segm entos contraargum entativos que siguen en todos los ejemplos a los nexos adver
sativos) , en u n a form a de expresión de cortesía verbal hacia el interlocu
tor. C om o se com probará, tales funciones no solo están desem peñadas p o r m arcadores (1), sino tam bién p o r en u n ciad os valorativos que incluyen p ro n o m b res de referencia anafórica reveladores de la cohesión discursiva (2, 3), unidades denotadoras de recu rren cia léxica (434) o adverbios con valor deíctico (5, 6). La variedad de u nidades no im pide, sin em bargo, que la función que las relaciona sea hom ogénea.
2. La traducción de determ inados m arcadores discursivos que en co n tramos en el texto latino también ofrece soluciones diferentes según los tra
ductores, soluciones que, aun no p roduciendo otros marcadores directa
m ente vertidos al castellano, cum plen similar o idéntica función discursiva en el contexto enunciativo. Fijémonos, p or ejemplo, en las soluciones dadas p or los diferentes intérpretes del Uxor mempsigamos a la partícula modal for- tas.se.
(7) Fortasse noua vestís commendat formam. [Um, lín8, p.301 ].
P or ventura el nueuo vestido haze parescer mas herm oso el gesto [Bat.474, lín.7-
8, p.a3r; Bat.479, lín. 13-15, p. CVv].
La nueua ropa creo quem e ha hecho parecerte mejor [Bat.478, lín.12-13, p.g2v].
El adverbio fortasse ‘quizá(s)’ es traducido p o r u n o p erad o r m odal q u e recoge el valor semántico y discursivo de la partícula latina en [Bat.474] y [Bat.479]. Por el contrario, la solución de Virués h a sido la de conservar el significado epistémico que ap ortab a al en u n ciad o el adverbio latino p ero in tro d u cien d o en lugar de este el verbo creer más el subjuntor que, expresión de idéntico valor, y m odificando así la estructura sintáctica del texto pero no su función en el discurso, q u e no es o tra que la de expresar la actitud del hablante respecto del grado de com prom iso con la verdad de lo dicho, u n a de las subfunciones q u e López Serena y B orregu ero incluyen d en tro de la m acrofunción cognitiva del lenguaje.
34 Cf. la figura e tim o ló g ica a partir d e la raíz léxica experir.
3. En el siguiente fragm ento q u e reproducim os, las soluciones q u e dan los traductores al adverbio latino deinde, que, au n q u e en el texto fuente podríam os en ten d er com o u n id a d q u e funciona en el nivel oracional, es in terp retad o com o elem ento de prog resió n en el discurso35, tam bién son discrepantes:
(8) Deinde quum mihi temukntus ad multam noctem redit domum, diu expectatus, destertit noctem totam, nonnunquam et lectum conuomens, vt ne quid addam [Um. lín.31-33, p.302].
D em as d esto, despues que viene a casa borracho, passada gran parte de la noche.
Sobre auerle estado esperando tanto tiempo esta toda la noche roncando, y aun no quiero dezir adelante [Bat.474, lín.32-1, pp.a3r-a3v].
D em as d esto, quando viene a casa borracho, passada gran parte de la noche.
Sobre auerle estado esperando tanto tiempo esta toda la noche roncando, y aun no quiero dezir adelante [Bat.479, lín.24-2, pp.CVIr-CVIv].
y no le basta esto sin o que muchas vezes harto de vino viene a m edianoche y ni duerme ni vela lo que della queda, y aun a las vezes lança en la cama lo que ha beuido [Bat.478, lín.15-18, p.g3r].
Las versiones de M orejón y su co rre c to r ([Bat.474] y [Bat.479]) trad u cen el adverbio deinde p o r el co n ec to r aditivo demas, a u n q u e n o solo (como es de esperar d ada la escasa vitalidad de este conector ya en el siglo xvi) sino acom pañado36 de u n c o m p le m e n to preposicional que incluye u n pro n o m b re demostrativo de carácter anafórico. Sin em bargo, Virués o p ta p or u n a traducción con más fuerza argum entativa, pues em plea u n a estructu
ra de valor contrastivo en la que in terv ien e la conjunción adversativa sino p reced id a de la negación. En los tres casos, las traducciones de deinde representan un papel específico d e n tr o de la m acrofunción metadiscursi- va que definimos más arriba, en el sentido de que las unidades o el e n u n ciado em pleados contribuyen a estru c tu ra r el discurso que afecta al m o n ó logo del personaje, pero la solución d e Virués potencia el peso arg u m en tativo que suele aco m p añ ar a la ad ición en este tipo de m ovim ientos dis
cursivos37, potenciación a la que, sin duda, tam bién contribuye la fuerza
35 En el ejem plo latino, el adverbio deindep a rece indicar solo posterioridad tem p oral e n la a cció n , es decir, pod ríam os traducirlo p o r ‘l u e g o ’. D e cualquier form a, ya se sabe c o n q u é facilidad los adverbios temporales p u ed en especializarse c o m o m arcadores q u e aseguran la p rogresión del dis
curso {luego, entonces, después,etc.).
36 En principio los m arcadores n o p u e d e n a su m ir c o m p le m e n to s. Sin e m b a r g o , “los m arcadores además, encimay apartep u e d e n recibir c o m p le m e n t o s c o n dey, a la vez, p e r m a n e c e r c o n el m ism o sig
nificado y la misma p o sició n de inciso" (Martín Z o r ra q uin o y P ortolés 1999: 4 0 6 6 ). Ademásc o n tie n e los valores d e l más a n tigu o demás,m arcad ores q u e em p ie z a n a com p etir ya a partir d e l siglo XV: “la progresiva rareza en e l uso d e demásc o m o c o n e c t o r presen ta graves problem as, al m e n o s d e n tr o de los lím ites del siglo xv: el actual c o n e c to r además,cuya c o in c id e n c ia d e valores c o n demáslleva a p en
sar q u e se trata de dos variantes fo rm a les d ia c r ó n ic a m e n te sucesivas, muestra u n carácter gen era l en su uso (e n niveles sociolingüísticos y d e registro) q u e contrasta c o n la restricción e n el tipo d e textos observable e n demás(casi exclu sivam en te lim ita d o a los d e carácter ju r íd ico e n la se g u n d a m itad de e se sig lo ) ” (Cano Aguilar 2001: 183).
37 Cf. C ano Aguilar (1996-1997: 3 0 6 ).