Sacramental oe 3fuan &e Simo-
neda,
representadoenSalamanca elDía9
De funío De1920, con ocasión De la so//
lemnfsima
Ssamblea lEucartstíca*
publícalo conunaintroducción, notas1 glo^
sario, el
Bí\
IB.Sntonío fSarcía Boíja,
Profesor De la Universidad De Salamanca, Correspondiente De la tteal Bcademia De la toistoria*w
1921
Sr, Dr. D. Julián de Diego
y Qarcía flkolea
DIGNÍSIMO OBISPO DE
SALAMANCA
alma
yorganizador
de
lasolemnísima Asamblea
Eucarística,con respetuoso
afectoEL flüTOR.
AL LECTOR
El
clamorosoéxitoque
obtuvolarepresentación delAuto sacramental de Timoneda,
tituladoLa
ovejaperdida, interpretado
por mis alumnos de
laFacultad
de Letras enla fiesta literariacelebradaen
elpatio delSeminario
Conciliarsalmantino
el dia9 deJunio
delaño pasado
con ocasiónde
lasolemnísima Asamblea
Eucarística,avivóenmu-
chos espectadores el deseo de volver
a
saborear, coneldeleitesosegadoy
repetidode
la lectura, la bellísimaproducciónde Timoneda.
Pensando
enellosy
accediendoa
requerimien- tosdemis
amigos,que me
lohan
aconsejadoinsis- tentemente,teofrezcoelAuto sacramental La
ove- japerdida,aplaudido por más de
cincomil
espec- tadores,enediciónquea
pesardel cariñoque
en ellahepuesto,huelga declareque
ni esnipodría
ser eruditay
crítica, sinoque
aspira lisay
llana-mente
aponer
entusmanos
laprimorosafarsa
eu-carlstica del
buen
librero valenciano.Me
incita principalmenteelfrutoespiritualque
conestalee-tura
puedes
granjear,ya que como
dijomuy
bienun hombre de
oraciónque
sabede
estas cosas, elAuto de Timoneda fué
elmejor sermón
predica-do durante
laAsamblea
Eucarlstica.Y para que además,
losque no
loconozcan,vean cuan
injus-tamente
seignorany
tienen enpoco los autos sa-cramentales,tan ricos
de
doctrina,piadosos, edi- ficantesy
bellos,que
tatitoagradaron
alpuebloespañol en lossiglos
de
esplendornacional.Antonio GARCÍA BOIZA.
Universidad de Salamanca, a 5 de Junio de 1921, día desufiesta alSacramento.
I. Los Autos sacramentales.—II. Juan de Timoneda: su vida ysu obra.
—
III. SentidoyenseñanzasdelAutoLa
ovejaperdida.—
\\
.Glosario de voces desusadas o dedifícilcomprensión.—V. Epílogobibliográfico.
uestra
ricaliteraturanacional añade un 1
1 quilatede muy subido valor con
latípi-ca manifestación
delteatro sagrado que se conoce con
elnombre de Autos sacramen-
tales.
La cultura de nuestros lectores nos
rele-va de
latarea
disquisitoriade analizar
las definicionesdadas; y basta
señalar,que,
como su
títuloindica,son piezas dramáticas
en un
acto, escritasen alabanza
del miste- riode
laEucaristía. Pues aunque
se inclu-yen entre
losAutos sacramentales algunos
cuyo asunto no
espropiamente
eucarístico, éste es elque
lesda carácter llamándose a
todos sacramentales en atención a que
serepresentaban
eldía delCorpus o aludían
alAdorabilísimo
Misterio.Si
setratase de contadas muestras de esta clase de composiciones de
literaturadramática, ya serían dignos de estudio
te-niendo en cuenta su carácter típicamente nacional; pero
siademás
seconsidera que a
lo
original y netamente español de
losAutos se une
locopioso, vario y exquisito de mu- chos, de
talmanera que han merecido
fer-vientes elogios de
críticosespañoles y ex- tranjeros,
secomprenderá bien
la eficaciade su estudio y
lo útily
deleitosode su
difu-sión entre
lasgentes.
Sin embargo, hay que lamentar
estéaún por hacer
esteestudio de manera que
satis-faga
lascada vez más apremiantes exigen-
ciasde
laerudición y de
la críticamoder- nas. Es
ciertoque
loseruditos Schack y Volf
seinclinaron ante
elloscomo ante una cumbre
estéticay Goethe y Wagner
seins-piraron en
lassublimes concepciones
teo- lógicas, filosóficasy místicas de nuestro
teatro
eucarístico;que en nuestra Patria
han
sidoloados por
laseruditas plumas de
Pedroso y
lamuy autorizada de Menéndez
Pelayo, amén de otros estudios apreciables.
Pero
restaaún, repetimos, ofrecer un aná-
lisis
completo de
losAutos sacramentales, estudiándolos en relación con
lavida
delpueblo español y a
la luzde nuestra genial
literaturaascética y
mística,insospechada- mente copiosa
e interesante.¿Pues no es bien presumible que
estasmanifestaciones
delgenio español, que, cronológicamente, no
sóloacompañan
sinoque preceden a
losAutos, influyeran en
ellosde modo notable?
La
precisión teológica, laerudición
bíblicay su popularización,
elmultiforme y
afortu-nado simbolismo de
lasfarsas eucarísticas junto con
laerudición profana a
lodivino
— valga
la frase— ¿no
lasaprenderían
lospoetas de Autos sacramentales en
lascopio- sas,emocionantes y
edificantísimaspáginas de nuestros
escritoresascetas y
místicos?Ojalá algún
díapueda contestar con hechos
positivos,comprobados, a esta pregunta.
Los Autos sacramentales fueron verda- deramente populares. El pueblo español
ca-laba hasta
elmeollo de
lafarsa
eucarística:una
trasfusiónmisteriosa de
lateología
alpueblo —
lasrealidades nacionales más va-
riasy opuestas de
lostiempos de
losAus-
trias
— y
delpueblo a
lascienciassagradas,
pasando por
lasintrincadas y laberínticas
regiones de
ladialéctica escolástica, seope- ró a
la luz del solespañol, de
estenuestro
sol
que reverbera en
lasespañolísimas
cus-todias que con su beso
brillancomo brasas de
oro.Aunque
elorigen de
losAutos se confunda con
elde nuestro
teatro, sinem- bargo no
se llegaa su concreción
artísticacomo
taleshasta
lostiemposde
losAustrias, principalmente durante
los Felipes,que
se-ñalan
elapogeo de esta
clasede produccio-
nes,prohibidas — y ya desusadas — a poco de venir
la dinastíafrancesa.
Es igualmente
ciertoque para
elpueblo se escribieron
losAutos, sermones en
re-presentable
idea,que llevaron
alcarro de
lafarsa,
entre
laalegría y
bulliciode
laPla- za
pública, los airesencendidos que
infla-maban
lasaulas de
lasUniversidades,
losClaustros y
lospulpitosde ardor
intelectualpor
laciencia teológica y
escrituraria,y
asíera nuestra España como una gran Univer- sidad y
asínuestro pueblo que hablaba y
es-cribía
como Teresa de
Jesús.Hay que
distinguir,no obstante, en
losdos
siglosde esplendor de
losAutos —
elxvi
y
elxvn — que en
elprimero
ladevoción po-
pular gustaba y comprendía mejor
lapa-
sióny muerte de Nuestro Señor Jesucristo
y aunque viven en
estaépoca Santa Tere- sa de Jesús y
elBeato Juan de Rivera, san-
tos
verdaderamente modelos en devoción
eucarística,no fué
éstaenteramente popu-
larcomo
lofué en
el sigloxvn con
elfavor regio de
losFelipes y
elaparato barroco de
las fiestas
y procesión
delCorpus,
especial-mente en Madrid,
lacorte española de
losAutos sacramentales. Hasta
losretablos de nuestras
iglesias setransforman en
el si-glo
xviien virtud de esta devoción — aparte
las
sabidas direcciones
delarte — supeditan-
do todo adorno
alostensorio solemne de su Divina Majestad, imitando paños y doseles y repartiendo profusamente hojosos
sar-mientos y abultados racimos, símbolo
ne-tamente
eucarístico,entre
elfulgor de
los fuertesdorados.
Esta evolución de
lapiedad española puede apreciarse en
elmismo Timoneda y concretamente en sus Autos en que
se re-cuerdan otros de diversos y
católicosauto- res que ya veremos cómo trabajaba
eleru-
dito librerovalenciano, que según recientes investigaciones de un estudioso paisano
delfamoso
escritor, el Sr. JuliáMartínez, per-
miten
llegara
laconclusión
siguiente: uTi-moneda marca
lacronología de
losAutos en una época en que
difícilmentepodía
se-ñalarse, pues todo Auto no recordado — para
no decir plagiado — en Timoneda
es poste-rior a
él„. Así,para referirme a un terna-
rioLa Oveja perdida, La Quinta Angustia y Los Desposorios de
Cristo, elque más
dentro está
delgusto
del sigloxvi es La
Quinta Angustia;
lesigue
elmás hermoso de
todos,La Oveja perdida y
eltercero, Los Desposorios de
Cristo,está ya dentro de lamodalidadydela factura
del sigloxvn.
Todos
ellosson
del sigloxvi y algún
origi- nal, anterior; sinembargo, hay en
losdos primeros un
ciertosabor de
ingerruidad,de primitivismo que
losacerca más a
losmis-
teriosmedioevales que a
losAutos de
laépoca calderoniana hasta en no ser
el pri-mero sacramental y
elsegundo en pequeña parte.
El favor popular de que gozaron
losAu-
tos,
hoy incomprendido,
esalgo que
está,como ya dijimos poco
ha,enteramente
li-gado a
lavida y preocupaciones de nuestra Patria en aquella época. Es indudable que
el
pueblo
teníainstrucción
religiosa,pues
hasta un analfabeto como
elconquistador
del
Perú Francisco Pizarro
1hacía siempre su sermón a
los indiosexhortándoles a
de- jarsus
falsos ídolosy abrazar
la religióncristiana,
de
laque exponía
losprincipales fundamentos y dogmas. Y
lasmujeres de
las
más bajas capas
sociales solíanmane-
jarla Biblia,
cosa que a Santa Teresa no agradaba ver en
lasque aspiraban a
lavida monástica; además de que
losmovi- mientos heterodoxos, derivados
delRenaci- miento, agitaban hondamente
lasconcien-
ciasy eran
lapreocupación no
sólode
lacultura y de
lavida española
sinode
lacul-tura y de
lavida europea. En
estascondi-
ciones, losAutos, henchidos de doctrina teológica y
bíblicaeran gustados y com- prendidos
sin lasviolencias de
loimpuesto con un
espírituapologético o de teatro de
tesis, lo
que rebajaría extraordinariamente su importancia
artísticay
social.No, no creo que
losespañoles tengamos que temer conclusiones pesimistas en
esteaspecto. La
emoción, un como fervor ungido de muy
realesy consoladoras esperanzas, surgenim- bado de halos de gloria de
lossabrosos,
de-1 Quintana, Vidasdelosespañolescélebres,1.1,p.328 (Biblioteca Clásica).
votísimos y españolísimos Autos sacramen-
tales. Allí
está Dios patente, en inmolación perpetua
laVíctima sagrada, de cuyo amo- roso costado abierto mana
elprodigioso hontanar de aguas vivas que
santificanues- tra dramática eucarística que
senutre de ese inextinguible manantial tan
bellísima-mente representado por
el pincelangélico de Van Eyck en su Retablo
delCordero también llamado
laFontana Eucarística.
Y no fueron solamente
losAutos sacra- mentales cátedra abierta
alpueblo para asentar
laTeología en
elhogar
delmenes-
tral,
como
dijocon galana frase
elinmortal polígrafo MenéndezPelayo;sino que
leofre-cieron bajo
lasmieles de un asequible sim- bolismo —
elpastoral
color,que
diríaTimo-
neda —
lomás sabroso y consolador de
ella, elDogma amoroso y aquietador de
las al-mas de
laPresencia Real de Jesucristo en
laHostia Consagrada. Y para escalar tan
altacumbre
estética,aquellos excelsos y cristianísimos poetas apuraron todas
lasga-
mas de
luzy de color y armonizaron
lasmás escondidas
sinfoníasy escogieron con alma enfebrecida de amores purísimos
losdechados de
laCiencia y
delArte con
lapompa barroca, tan española, de
laerudi-ción sagrada y profana, mas
losaderezos pintorescamente populares de
los vistososcarros,
lacomplicada máquina de
lasapa- riencias calderonianas,
laschocantes dan-
zas, lamúsica y
el baileingerido todo en
elabigarrado, sofocante y jocundo ambiente de
laprocesión
delCorpus en una mañana de primavera y bajo
el solespañol.
No era solamente regocijo y espectáculo
loque atraía a aquel público en torno de
lafarsa
eucarística:era algo mucho más
su-blime y devoto. Era confesár a Cristo Sa- cramentado a
lafaz delmundo, cuando
la herejíaluterana entenebrecía
lasconcien-
ciasde
lospueblos más
cultosde Europa, en
estaEspaña luminosa y
trágica,devota y picara pero profundamente
religiosa,que sabía dar
lasangre de sus misioneros y
en-cendía
elespíritude aventura de
loshéroes para
llevarlabuena nueva allende
losma-
res
nunca antes navegados; que confesaba a Cristo en
laplaza pública y
asistíacon piedad y tumulto a presenciar
elcastigo de
los
contumaces y renegados en
lospopula- rísimos Autos de fe que hasta esa
coinci-dencia curiosa de nombre tienen con
las re-presentaciones
eucarísticas.Réstanos
decir,para terminar
estelige-ro proemio, que hasta ahora, no obstante,
dábamos a
losAutos sacramentales un va-
lormeramente arqueológico. En
elmuseo de
laerudición
literariaeran una cosa
típi- ca,sabrosa a
lalectura de
losdoctos, pero muerta, un vistoso ejemplar más, disecado entre
losque forman
lacopiosa
colección.Pero hace menos de un año, en Madrid y en Salamanca
1— y dejádmelo
decir,pues ver- dad obliga — en Salamanca sobre todo, en esta ciudad universitaria donde hasta
laspiedras son de carne y
elpasado, como un pulso
potente,golpea nuestro corazón con fuerza
irresistible, esdonde ha resucitado en cuerpo y alma, levantándose de
lahuesa de
los libros,
cual nuevo Lázaro, palpitante y encendida en fervores eucarísticos
lafarsa sacramental, ante un público doctísimo, que
i
En
Madrid se representó en el teatro Real el 31 deMayo
últimoelAutoLas BodasdeEspañaconeladerezo de nuestroamigoVíctorEspinos «DelRetablo Eucarístico oun CorpusViejoenMadrid».En
Salamancay conocasión delasolemnísimaAsambleaEucarísticaserepresentóenel magnífico patio delaClerecíaeldía 9de junio últimoLa
Ovejaperdida, poralumnosdelaFacultad de Letras,dig- nos herederos de aquellos escolaresque merecieron se re- cordasecomounafecha notableladelaño1548en quere- presentaronlacomediaLocusta, de Mal-Lara; yenestafies- taescuchamos, además,elverboopulentodeleximio Aca- démico Ricardo León.
asombrado ante
las bellezasde
lanueva
re-sucitada lloraba de emoción y de
alegría.¡Qué prueba más convincente de
laboga y favor de que gozaron
losAutos! Después de escuchar a Ricardo León aquel discurso sublime, custodia de elegancias que su
plu-ma mañosa como dedos de Maestre Enrique de Arfe
ibalabrando para Joyel
delAmor
de
losAmores, pisaron
elhumilde tablado de
lafarsa unos
escolares, libresde toda preocupación
histriónica,que con
solassu cultura y emoción fueron presentando
aldoctísimo auditorio aquellas escenas
tierní-simas, fecundas en enseñanzas para rumia- das con todo vagar;
elencanto y donosura
del símil
tan llanamente sostenido en todo
elAuto y aquella emoción más que
religiosacon que
elsacerdote que representaba
lasa-grada persona
delBuen Pastor ofrecía a Pedro
lasmanos llagadas, con abandono de víctima y de amor, como manos que tienen a Dios cada
díay por eso son
santas,ungi-
das,
de
bendición...Y
larepresentación
era,por un milagro
delgenio, predicación y arte
en
fusióntan
íntima,tan sublime, que
elpú-
blicoembelesado y poseído de entusiasmo
pocas veces
sentido,hubiera querido aplau-
dircada verso, cada palabra
si elmiedo a
romper
el hilode perlas
delcristianísimo y galanodecir no
lehiciera permanecer mudo
vcomo fuera de
sí...Y
estono
lodigo
yo...lo
dicen y redicen
loscinco mil espectado- res que no olvidarán jamás aquella
fiesta.Y es que cuando
sesaben representar
losAutos, con toda propiedad en indumen-
to *,música y simplicidad escénica,
inte-resan y conmueven aun a públicos a
talesespectáculos desacostumbrados, pero no incapaces de gustar
loque por igual
pri- vilegioque
elfermentado zumo de
losvidu- ños, esmás regalado cuanto más
viejo.* * *
Fué Juan de Timoneda natural de Va-
lencia,
ciudad que
tienemuy prestigiosa
his- toriacultural y
artística.Alcanzó una
fe-cunda longevidad, pues aunque su biografía es mal conocida hay ya referencias de
Ti-moneda en Libro de
laTa sha Real de
1547,donde aparece
incluidoen esta forma: "Joan timoneda
librerolim assaonador (zurrador
* El erudito Profesor deIndumentariadel Conservato- rio,Sr.Comba,hizolos dibujos coloreados, que sirvieron aPeris,elmaestrosastredel TeatroReal, para hacerlos trajesque vistieron los intérpretesde
La
Oveja perdida.de
pieles.)VIII
s.„y murió en
elaño
15815.Noticia aquella curiosa que
insertaSerrano Morales
1que nos da a conocer
elprimer
ofi- ciode Timoneda que luego cambió,
siguien-do
sus aficiones literarias,por
laprofesión de
libreroque conservó durante toda su
vi- da,alternando con
laespeculación sobre
telasde
seda;y que revela además, como muy presumible, una autoformación
litera- ria,digna de tener en cuenta por
la crítica.Que fué
libreroconsta por multitud de
datos, escrituras,su testamento,
etc., etcé- tera,pero no que fuera impresor. Serrano Morales afirma que no hay documento que revele
talprofesión aunque varios
escritores loafirmen y
elmismo Cervantes
loconsig- ne en dos ocasiones. Una en
lacomedia
Z,¿>sBaños de Argel, jornada
3.ay otra en
elViaje del Parnaso, cap. VIII.
Si
no consta, documentalmente
alme- nos, que tuviese jamás prensas, y que en
tal sentidoalcanzara
elmérito de lanzar
alpú-
blico lascomedias de Lope de Rueda como
dice
elPríncipe de
losIngenios, en cambio
1 Diccionario de las Imprentas que han existido en Valenciadesdela introducción delArtetipográficohasta elaño 1868, por JoséEnrique Serranoy Morales.
como vendedor de
librosmerece bien nues-
troaprecio, pues no fué un mero
indus- trialo
traficante, sinoque
losamó
tanto,que
alentrar en su bien surtida
librería los leíacon
afán,cuando no
losaprovechaba lindamente para sus amenas
einteresantes producciones, salvando
delolvido unas
ve-ces y perfeccionando
otras,multitud de ho-
jasvolanderas y pliegos
sueltosque a su trastienda llegaban y que de
ella salían re-mozados y tan gentilmente ataviados, que no
losconociera
elmismo padre que
losen-gendró. Y
este es el delitode Timoneda,
elgran
delitoque nos haría
salirgritando
como
losavaros de comedia en busca de su dinero
¡ladrones,ladrones! Pero como dice
muy bien a
estepropósito
el P.Olmedo
1trayendo a cuento una oportuna
citade Ventura de
laVega,
sien Literatura
esmalo robar no
loesen cambio cuando va
se-guido de
asesinato.Y por
éste, sino muy
honroso, meritorio proceder, contribuyó
Ti-moneda
aligual que otro
ilustrelibrerova- lenciano,
elfamoso Mariano Cabrerizo, a renovar
elestragado gusto
literario, aficio-1 P.Félix G.Olmedo.
Un
nuevo ternario sacramental de Timoneda.Razón yFe,p. 282, t.47, Enero-Abril, 1917.nando a
lasgentes a nuevos, sabrosos y honestos
libros,unos de puro
viejos olvi-dados y otros que como bienes valdíos an- daban rodando
sinpadre conocido.
Además, que por
losAutos de Timone- da puede establecerse
lacronología de
losAutos sacramentales, anónimos y
copio- sos del siglo xvi,como ya hemos manifes-
tado.He aquí cómo reconstruye
lamanera de trabajar Timoneda un
jesuítailustre, elPa- dre Olmedo, ya
citado,a quien
sedebe
eldescubrimiento de un nuevo ternario sacra- mental de Juan de Timoneda:
"Allí le ve-mos
(en latrastienda de su
librería) díay noche sentado delante de una gran mesa abarrotada de
librosy papeles
viejos,ma- nejando, ora
lapluma, ora
las tijeras;ano- tando, añadiendo, apostillando pliegos y
ho- jas sueltasde varios tamaños y
colores,con
los
cuales forma
finalmente,un
libro,en
elcual se contiene diversos y graciosos cuen-
toso afables dichos y muy sentenciosos —
El Sobremesa y
aliviode Caminantes —
;o
Comedias y Farpas muy elegantes, con muchos entremeses y passos apacibles —
las
Comedias y farsas contenidas en La Tn-
riana —
;o graciosas marañas y delicadas
invenciones para saber
lascontar al
dis-creto relatador—
Ji\Patrañuelo—
;o busca- ha entre sus papeles y lacería otros com- puestos y copilados de muchos y diversos y
católicos
autores—
losAutos sacramenta-
les,,.
Y un
críticoextranjero, Enrique Meri- mée, autor
delinteresantísimo
libroLArt
dramatique a Valentía, pág.
157,dice más.
Para Merimée, tanto
lasColecciones de Cuentos como Las
tresComedias y
losAu- tos sacramentales,
oscilanentre
elplagio y y
la originalidad.Pero esperemos que
la críticasabia dé su
fallo definitivoen
este pleito.Entre
tanto,y a fuer de bien pensados,
hemos de reconocer en Timoneda un gusta exquisito y un habilísimo refundidorque me- jora cuanto toca y rehace junto con
eltem-
plearmónico de su
estiloy
lafrescura y
lo-zanía de sus versos repartidos en hojas vo- landeras, en
losromances, en
lascuatro Ro- sas — Rosa de Amores, Rosa Española, Rosa
Gentil y Rosa Real— y
elSarao de Amor.
Además, fuese por instigación
delbeato
Juan de Rivera, Arzobispo de Valencia,
fundador
delColegio de Corpus
Christi, dis-cípulo de
laUniversidad de Salamanca,
casisu colaborador como quiere Merimée, o por
propio impulso,
es lo ciertoque Timoneda
purificó
con sus devotísimos Autos sacra- mentales
elambiente de sensualidad que
se
respiraba en
laciudad
delTuria, donde pocos años antes
sehabían publicado
losli-bros más obscenos de nuestra
literaturay reformó
elgusto de un público de
viciosaelegancia y no poco
hostila
Castilla,que tuvo providencial castigo en
lasturbulentas guerras de
lasgemianías.
Si
mereció Timoneda ser recordado va-
riasveces por
elPríncipe de
losIngenios españoles,
elinmortal Cervantes, no me- nos debemos nosotros recordarle, ya que
elbuen
librerosupo triunfar de leyes
durísi-mas y exigencias
delvivira que su
indus- tria le impelía,saliendo limpio en su honra y logrando después de una larga y fecunda vida morir cristianamente, y ser sepultado, por su expresa voluntad, en
lovas deis po- bres de
laparroquia
delglorioso San Juan
del
Mercado de
la ínclitaciudad
levantina.* & r*«
El asunto de La oveja perdida, como
este título lo
da a entender,
es laconocida
parábola evangélica, según
lanarra San
Lucas en
elcapítulo XV, versículo 4
*,una de
lasque mejor, sino
lamejor de
todas,que revela
elinmenso amor
deldulcísimo Jesús a
loshombres, y bajo
laalegoría
tier-na y
delicada, aelpastoral
color,,,que
di-ría
Timoneda,
seencubren, entre
otras, es- tashermosas enseñanzas
teológicas.Ante todo parece revelarnos
elplan admirable y amorosísimo de nuestra redención y repa- ración, ya que, como
diceTimoneda en
el Introito alpueblo
2esta
talmoralidad —
laparábola —
tienediversos
sentidos:prime-
ro, la
humanidad; después,
lagentilidad.
Por
lo tanto,puede entenderse
el celo delBuen Pastor
asípara
lahumanidad en ge- neral como para
lagentilidad o alma peca- dora en
particular.En
los relatosextensos
1 Quis ex vobishomo,quihabetcentumoues: etsiper- diderit
vnam
exillis,nónnedimittitnonagintanoueminde- serto, etvaditadillamquaeperierat, doñeeinveniateam?Et
cum
inveneriteam, imponit in humerossuosgaudens:etveniens
domum
convocatamicosetvicinos,dicensillis:Congratulaminí mihi, quia inveni ouem meam, quaepe- rierat?
2 Encarecemosallector laimportancia deesteIntroito parapenetrarelsentidodelAuto.Bienmeditadoybellísí-
mamente
expuesto,sería suficiente para su comprensión agentescultasy acostumbradasa estos estudios. Porque notodas tienen esa preparación,esporloqueampliamosj aclaramos algunosconceptos.de
Cristo,quiere aludir Timoneda a
laobra redentora
delgénero humano, y en
loque
es
propiamente
latrama y vida escénica
delauto
alpecador en
particular; asínos revela también que
elhombre
estádotado de
liber-tad para
decidirseen favor
delbien o
delmal; que Dios no oye
laoración
salida sólode
los labios, sino laque brota
delcorazón;
que
elpecador, oveja descarriada, puede voluntariamente volver
al redilamoroso
sillama a
Cristo, elamorosísimo Pastor, que enviará su gracia para
levantarle; los sa-cramentos para
purificarley especialmente
le
dará
elsabrosísimo Pan eucarístico para
fortalecerley que no desmaye en
elcamino de
lavirtud y de
laperfección
cristianas.Otras
sutilesy delicadísimas enseñanzas
sedesprenden de La oveja perdida, Auto
el
más
bellode Timoneda y
elque mejor conserva
lafragancia y dulzura y un a modo desabor de primitivismo
eingenuidad que nos hace pensar en un
original viejode
laépoca más serena y
bellade nuestros
escri- toresde
laprimera mitad
del sigloxvl Que
ellector
atento
lasvaya descubriendo y gus-
tando y no manchemos con nuestros dedos
toscos
elirisado eimpalpable
polvillolumino-
so de
lasvistosas alasde tan
linda crisálida.Apenas hay en
esteAuto complicación escénica,
es elparlamento,
laexposición plena de sentido y de emoción
laque subyu- gará a cada
estrofa,en cada verso, en cada
palabra...
Esta misma simplicidad dramáti- ca
lorealza y encumbra y
asíelsentido,no por asequible,
esmenos elevado y tamizado de
sutilesy discretísimas
glosas.Cinco son nada más
losinterlocutores
delAuto: Pedro,
pastor;Angel Miguel, pas-
tor;Cristóbal — alguna vez llamado expre- samente Cristo —
pastor;Angel Custodio^
pastor; El Apetito,
pastor...Veamos ahora cómo
sedesenvuelve
laacción. Comienza
elAuto entrando
elAn- gel Custodio con una oveja y mientras pace canta estas
rústicasy
bellas coplas:Pasceda vuestrosolaz lamiovejica,
puessoisbonica.
Pasceda vuestro solaz enlamajada;
Catad que nocomaz cosa vedada, cosanousada, grandenichica, puessoisbonica.
Pero
laoveja adivina bien pronto
losprados gustosos y vedados y
así laquiere sosacar
elApetito mostrándole
trocitosde pan
tiernoy sabroso:
¡Rita,rita! ¡Urricá!
¿Ado vas?¡oye,perdida!
¡Vuelve, concas! ¿Vaste ya?
notearriedresmásallá:
hazhaciamítumanida.
A
loque
replica elCustodio:
¿Sacáislaoveja delhato hijodetal,sosacón?
jYolobarruntaba harato!
juriamísios larebato que os lafrita,donladrón.
Queda entablada
laguerra entre
elApe-
tito
y
elCustodio y
al finlaoveja va
traselplacer vedado, presa de
losengaños y
fic-ciones
delperverso
apetitoy engolosinada con sus pozoñosos
deleites.Ocupa
elinteresante pugilato hasta
elverso
275.Y cuando
elCustodio está lamentando
la
desobediencia de
laoveja
llegaelmensa- jerodivino,
elAngel Miguel, quien pregunta:
Miguel. ¡AhCustodio,zagalejo!
¿Quéesdelaoveja?
Custodio ¡Perdida!
No me
muestressobrecejo, que,dándolebuenconsejo, nosépordonde es ida.Miguel. Dí,zagal, ¿pordohasandado a buscar aquestares?
¿Buscástelaenlovedado?
Custodio. Piensoqueallásehabráentrado.
Miguel.
Movamos
prestolospies.Pénense inmediatamente Miguel y Custo- dio a buscar por
losalrededores y recorren
el
primer prado, que
es lasoberbia.
Custodio. PrimoelMontealtivo es dohapisado yhechodaño.
Miguel. Míralo, Custodio,pues, que enélseperdiólares primera*,sino
me
engaño.De
éstepasan
alsegundo,
lacodicia de riqueza:
Llotro cobdiciosoprado que estáde espinassembrado, venidasdelgranPerú...
De aquí van
altercero,
los deleitescar-
nales:QuellamandelCarnicero, doregostadoelcordero se pierde, yelmassabihondo...
Llegan
alcuarto,
la ira:EsteeselEjidoAirado mirabiencontusmiradas.
1 Aludealarebelión angélica.
Recorren
el quinto, la gula:El quintopradoverás llamadodela Golosa;
miradelante yatrás, porque surastrohallarás entrelayerbasabrosa.
Visitan
elsexto prado,
la envidia:'Mirasihaentradoenla suerte queesPesardel bien ajeno, queporellaentrólamuerte enelmundo
Por
elpecado de envidia entró
efectiva-mente
lamuerte en
elmundo. Así
se leeen
el libro
de
laSabiduría, cap.
2versículo
24:inuidia antem diaboli mors
introiuit in or-bem tervaram, por envidia
deldiablo entró
lamuerte en
elmundo, puesto que por
élfueron inducidos a pecar nuestros padres y por
elpecado perdieron
elestado de gracia y merecieron
serexpulsados
delParaíso con
elanatema de'su
delito, delque había de participar todo
elhumano
linaje 1con
la solaexcepción de
laVirgen santísima, con-
1 Proptereasicutper
unum
hominempeccatuminhuncmundum
intrauit, etper peccatum mors, et ita in omnes nomines morspertransiit,inquoomnespeccauerunt.—San Pablo.A
losRomanos,c.V,vers.12.cebida
sinpecado
original,y corredentora con
elVerbo en
elRemedio de
lahumani- dad prevaricadora. Dogma
capitalde nues- tra
religión espor
lotanto
elde
lapreva- ricación primera o pecado original que no puede separarse de
esteotro no menos
tre-mendo de
laherencia de muerte que por aquél recibimos. Y
asía
lamuerte vencerá
la
muerte por
laobra redentora
delVerbo
sufriendo martirio de cruz y cargando
so-bre sus espaldas santísimas todos
lospeca- dos de
loshombres. Este
eselnúclo,
elner- vio y
la justificaciónde todos
losdesvelos
delamorosísimo Pastor de
lasalmas.
Y por
finllegan
alséptimo y último pra- do,
lapereza:
Finalmente, miraelsoto que llamande
Menga
Pérez.Después de otear por
estosprados, esca-
lasgraduadas que sigue
elalma en
elcami- no de perdición, desalentados
sedespiden diciendo:
Custodio. Tirapor esa cañada, yoporestequebrajal;
y, hallada onohallada, acude enestamajada.
Miguel.
Muy
bienhasdicho,zagal.Y en
laselva abandonada y
tristeapa- rece Cristo (verso
426),dicho Cristóbal Pas-
cual,en figura de
pastor.Sudoroso, jadean-
te,
cubierto de polvo de
loscaminos, rotos y
sucios los vestidos,heridos
los piesy ma- nos benditísimos,
llegaCristóbal Pascual buscando
sindescanso
la resperdida. La
llama con
lossilbosamorosos de
lacaridad, quiere enternecerla con
elrelatode sus
afa- nes,una y mil veces
larecuerda que ya
pasó
laanconía:
Vuelve,oveja, ya: ¿qué esperas?
notengas vueltas esquivas, porquetedigo de veras que yonoquieroquemueras sinoquevuelvas yvivas.
Entramos ya de
llenoen
eldesarrollo de
laacción
delAuto y después de
Cristó- bal, llegaPedro, que ha de representar
alPríncipe de
la Iglesia,que
sostienecon su Divino Fundador un diálogo
bellísimodu- rante
elcual
Cristóbal,en alegoría pasto-
ril,
expone toda
laobra de
laRedención y
nombra a Pedro mayoral de su ganado
(ver-so
635),símbolo clarísimo de
la instituciónde
la Iglesiay
del Pontificado,dándole po-
der de atar y desatar— absolver o conde-
nar— y haciéndole dispensador de todos sus
tesoros,que son
losSacramentos (versos
656-665).Se habrá preguntado
ellector:¿cuándo y cómo
elpastor Cristóbal deja entender que
viste ladivina persona de Cristo?
Bellí-sima y de honda emoción
es laescena en que como
tal se revela.El mayoral
Cristó-bal acaba de
fiara Pedro
laguarda
delga- nado. Pedro pregunta cuántas veces busca- rá a
lares que
seperdiere y Cristóbal
re- plicaque cuantas veces sea necesario, a
loque contesta Pedro:
Hastasieteperdonalla
me
parece porentero;sisevadespués, buscalla yalcabo, alcabo, entregalla o vendellaalcarnicero.
No
queriendoandar conmigo,¡Miafee,andeelgañibete!
Y es entonces cuando
elmayoral garri- do pronuncia
estaspalabras que hacen caer de
rodillasa Pedro:
Cristóbal. Quelaperdones, te digo, siquieres sermiamigo, lassetenta vecessiete.
¡Oh, sitú,Pedro, oteases cuantolaovejacostó,
soncas,quetalnohablases;
antestúlaperdonases, comolaperdonoyo!
No
seasdesamorado conlasovejasmalinas, pues,por quitar su cuidado,me
entrépor zarzas yespinas, dosalíbienrascuñado.Mira, Pedro,lasseñales.
Y
elbuen Pedro,
almostrarle Cristóbal sus
llagas,cae de
rodillasreconociendo a Cristo y exclama:
¡Cuánvivasestán yfinas!
¡Oh,quérascuños mortales!
¡Oh,quécrueleszarzales/
¡Qué penetrantesespinas!
Después
eldivino mayoral sigue
expli-cando su doctrina acerca de
lamisericordia que ha de usar con
elpecador.
Así,replica Cristóbal a Pedro dándole una lección
so-berana sobre
ellibrealbedríodeque
elhom- bre
estádotado (versos
893-907).A
laterminación de
estediálogo
seha-
llanya presentes
elCustodio y Miguel, y
todos,
presididos por
Cristo, sededican a buscar
laoveja perdida.
Y
esMiguel,
elArcángel de
estenom-
bre,
que simboliza
lavoz de
laIglesiapor
ser elque
llevó lavoz
delPadre a
lospeca-
dores Adam y Eva
alexpulsarlos
delPa-
raíso, elque ahora oye
elbalido de
laoveja deseada,
diciendo:Yo
laoigodesdeaquí.Por
fin elCustodio
halla laoveja y
grita llenode
alegría:Custodio. ¡Ohmioveja!¿quéesdetí?
¡Veislaaquí,doestámetida!
Pedro. ¡Oh,quéfuertecenagal!
Sácala, Custodio,fuera.
Custodio. LlegueCristóbal Pascual, quesegúntienede mal, su potenciaesvaledera.
Y
llegaCristóbal Pascual con
eldivino remedio. El pecador, con voz
salida del co-razón, no de
los labios,llama a Cristo y Cristo
leenvía su gracia para que
selevan-
te delcieno de
laculpa;
elSacramento de
laPenitencia para lavar su alma y
elde
laEucaristía para fortalecerla en
la virtud, viáticopara
loscaminos de
laeternidad.
Guste
el lector lasmieles de
laalegoría tierna y delicada, plena de enseñanzas
teo-lógicas (versos
938-962).Y
alver
elBuen Pastor tan limpia a su
oveja, ¡quétransportesde
júbilopor haberla
hallado y qué amorosamente
larecibe! (ver-sos 968
al 987).Y con esta
bellísimay muy expresiva canción
delCustodio
finaliza elAuto:
Quedebajodelsayal pascual Quedebajodelsayalhayal.
Hay,zagales,sihabéis mientes, Bajodestos accidentes, El Viático de gentes
Y
lagloriacelestial.Quedebajodelsayal pascual, Quedebajodelsayalhayal.
Hay
elque siempreconvida,Y
élmesmo
sedaencomida, Pordarnos,demuerte, vidaEn
su reinocelestial.Quedebajodelsayal pascual, Quedebajodelsayalhayal.
Advirtamos, finalmente, un
detalledeli-cado. Cristóbal Pascual y
Cristo,que son una misma persona, que representa
la sa-cratísima de Nuestro Señor
Jesucristo, llá-mase Cristóbal Pascual siempre que actúa de mayoral
delganado, y
esnombrado, en cambio,
Cristo,en dos ocasiones;
laprime- ra cuando
dice:Vamos
a buscar, zagales, sindemostrar ningúnodio.O
sea,cuando hace de inspirador de
lagracia y
significa elcelo y
lacaridad
delSeñor por
lasalvación de
lasalmas; y
la se-gunda cuando alude
alSantísimo Sacra- mento de
laEucaristía:
Porqueestáalgodesmayada Dále,Pedro, demipan.
* # *
Las notas precedentes han tenido
la fina- lidadde despertar en
ellectorcuriosidadpor
leeríntegramente
el bellísimoAuto de
Ti-moneda. Para
facilitarlealgo
elcamino
he-mos hecho algunas aclaraciones referentes
alsentido evangélico-teológico, necesarias para su comprensión a gran número de
lec- tores.Por
lamisma causa insertamos a con- tinuación un Glosario de voces arcáicas o de
difícilcomprensión para
lageneralidad de
los lectores,para que desentrañado
elsimbolismo y explicadas
laspalabras hoy desusadas puedan gustarse
lasbellezasde
laproducción eucarística de Timoneda.
Teniendo
estecomentario un carácter
de elemental vulgarización no vamos a
en-trar en
elestudio
filológico delAuto, que
exigiría un tiempo y una preparación de que
hoy no disponemos. No obstante, bueno será
advertir — refrendado con
ladocta opinión
del Sr.
Menéndez Pidal — que
ellenguaje
pastoril
de
losAutos no responde siempre a una realidad
lingüística dialectal, sinoque como obra de
eruditos,constituye una ma- nera de expresión usada por
lospoetas de modo convencional. De aquí
resultaque no podamos aceptar muchas palabras como muestra viva de lenguaje hablado por
elpueblo, porque para no
citarmás que un ejemplo,
lapalabra
llotroy
quillotroque
fi-lológicamente son pronombres compuestos, tienen en
laproducción de Timoneda, como en
lageneralidad de
losAutos Sacramenta-
les
y profanos, variados y opuestos
sentidos,prueba de
lainconsciencia de su empleo.
Así,
en La oveja perdida, encontramos todos
estosvarios sentidos de
lapalabra
llo- tro.En su verdadera acepción pronominal,
el otro:
llotrocobdiciosoprado(v.373).
En sentido
calificativo, adjetival,proba- blemente
significandobañado, iluminado:
Porquesielhuerco cerquita semuestralioiradoenluz(v.337).
Y aun
esteotro de más
difícilcompren-
sión:
No
seasientaenlamajada, nise llotradebuenpie(v. 150).Lo mismo pudiéramos decir de
quillotro,quillotrado y enquillotrar, que en fuerza de
significartantas cosas no
significannada y
los
usaban
losautores de
rellenoy por an- helo de dar rusticidad
aldiálogo.
Ahotas y soncas que suenan muy a me- nudo en
losAutos
pastoriles,son
interjec-ciones y como
talescorroboran y refuerzan
laexpresión: su sentido general
es,en ver- dad, a buen seguro.
Otras palabras arcáicas, pero explica-
bles, son:Aballar, verso
279, bajar,marchar,
ir, re- tirarse.abarrisco,
v. 224,espanto, desgracia, ha- cer una cosa atropelladamente.
chotuno,
v. 720,adjetivo con que llaman
lospastores a
loscorderos
flacos,enfermi- zos y desmedrados. Por extensión
signi- ficahedor a mugre que parece semejan-
te al del
cordero o choto enfermo.
Lostushatos auna
mano
son demuchomal chotuno
lomerino ylocabruno y peorlocastellano.
Mingo Revulgo. Copla22.(Diccionariode Autoridades).
desmarrido,
v. 799, desfallecido,mustio,
tristey
sin fuerzas.enalmagrar,
v. 615, teñircon almagre, que era una
tierracolorada para
teñir laslanas y marcar
lasovejas.
entrujas y entruchar, engañar,
esvoz de germanía.
esquero,
v.588,bolsa de cuero asida
alcinto.envedijado,
vs. 312, 426,revuelo, enzarza- do en
lucha.gañibete,
v. 777, cuchillo.grumado,
v. 426,abrumado, molido por trabajo o
lucha.huerco,
vs. 312,336, 347, 613, 971,cultismo, derivado de orco,
el infierno.mesta,
v. 745,junta de
losdueños, ganade- ros mayores y menores, que cuidan de
lacrianza, pasto y venta
delganado para
el
común abastecimiento. Se llama tam- bién
laJunta que
lospastores y dueños de ganados tienen anualmente para
tra- tarlosnegocios concernientes a sus ga- nados y gobierno de
losmismos y para
distinguir
y separar
losmostrencos que
se
hubieran mezclado con
lossuyos,
loscuales marcaban con alguna señal para
distinguirlos (Dic.
Autoridades).
miera,
v. 668, el aceitede enebro, de que
se
sirven regularmente
lospastores para
curar
laroña
delganado: Esta voz
laautoriza
elprimer Diccionario de
laAca- demia con esta
cita:O
mate malaponzoña a pastor detalmanera, quetienecuerno conmiera, y nolesuntalaroña.Mingo Revulgo. CoplaVIII.
perllotrado,
v.888,penetrado, intentado.
recuesto
ya
y v. 742,descanso, holgura.
revellada,
v. 641, rebeldía, indocilidad.sosacón,
v. 162,por sonsacón, sacar con engaño.
A veces
la dificultad delsimbolismo
secomplica con
laverbal y entonces
elpasaje es más enigmático. Así no he logrado enten- der esta parte
del relatode
lalucha
delAn- gel San Miguel con
elángel malo:
¿Notemiembrasde aqueldía quetuveconélquistión, porquela lobrizdecía que enloalto sepornía enladeras de Aquilón?
Confieso mi ignorancia de
estepasaje que quizá
seesclarezca por
losversados en exégesis
bíblicay místicas alegorías. Tam- poco conozco
el significado deladjetivo Ur cero:
El vedadoticevo que llamandelcarnicero.
Por relacionarse con
elcomentario
lexi-cográfico que venimos haciendo, diremos ahora que
el dialectovalenciano en
laépo- ca de Timoneda
ibacediendo su puesto
al castellano 1y
asínos explicamos que Timo- neda, a pesar de modificar
los viejosAutos y misterios en un sentido puramente
local,y componer obras que a valencianos
seha- bían de
ofrecer, utilizasefrecuentemente
elcastellano para
losAutos sacramentales y un castellano bastante limpio de
influencia dialectalvalenciana.
Para
larepresentación de La oveja per- dida dimos un texto
ecléctico,en
elque se
ingirieron lasvariantes mejores — muy po- cas — de
laediciónde
1558,cotejada con
lade
1575,que
eslautilizadapor Pedroso.Las coplas y canciones
delAuto
secantaron con música de Lope de Baena,
delCancionero de Palacio, bellísimamente adaptada por
elM.
I. Sr.D. José Artero, Prefecto de Músi- ca de
estaSanta
Basílica.1 MartínViciana.Alabanza de las lenguas, obra es- critaen1574,dice: «TodoslosValencianoslaentienden[la lenguacastellana]ymuchoslahablan, olvidados de supro- pialengua». Sinembargo,dieciseisañosantesyasehabía publicadoen castellanounternarioespiritualdeTimoneda segúnpruebaelcuriosohallazgohecho por el P. Olmedo enCarrión delosCondes.
Lascombinaciones métricas de esteAuto son
lasacostumbradas por Timoneda. Una
métrica un poco arbitraria y rara para
lascoplas y canciones y
quintillasde
tipoaba
a
b,que es
elmás frecuente, aunque tam- bién
seofrecen a b b a b y alguna en este orden ababa, para todo
lodemás.
* * *
Insertamos a continuación
lasobras que hemos consultado para nuestro
estudio,que ofrecemos
sin clasificar:Schack, Historia de
lapoesía dramática en España.
Pedroso, tomo 58 de
laBiblioteca de Auto- res Españoles.
Menéndez Pelayo, Discurso pronunciado con motivo
delXXII Congreso Eucarís-
ticointernacional de Madrid,
1911.Crónica
delXXII Congreso Eucarístico
in-ternacional de Madrid,
1911.Mariscal de Gante, Los Autos sacramen-
tales,
Madrid,
1911.Rouanet, Colección de Autos, farsas y
co-loquios
del siglo xvi, 1909.Cañete, Farsas y églogas
almodo y
estilo pastorily
castellano,fechas por Lucas
Fernández, salmantino. Edición de
laReal Academia,
1867.Concretamente acerca de Timoneda he manejado
las siguientes:Serrano y Morales
(JoséEnrique). Diccio- nario de
lasImprentas que han
existidoen Valencia desde
laintroducción
delArte
tipográficoen España hasta
elaño
1868.
Libro hasta hoy
elmás
ricoen no-
ticiasbiográficas de Timoneda.
Mérimée
(Henri).L'Art dramatique a Va-
lentía,
Toulouse,
1913.Obra muy
erudi-ta
pero de
críticaun poco exagerada en
lo relativo
a
laoriginalidad de Timone- da y a
lapretendida colaboración
delPa- triarca sus Autos sacramentales.
Olmedo
(P. Félix, S. J.)Un nuevo ternaria de Juan de Timoneda. Razón y Fe, pá- ginas 277-296 y
423-497,año
1917.Ensa- yo muy interesante y bellamente escrita que acompaña
altexto
del interesantísi-mo ternario hallado por
elilustrejesuítaen Carrión de
losCondes.
Como texto de La oveja perdida, y
te-niendo en cuenta
laíndolevulgarizadora de
esta edición,
hemos
utilizadolareimpresión
de
laBiblioteca de Autores españoles. Sin
embargo,
esde lamentar que Pedroso
tu-viera que
limitarsea
lostraslados de
losTernarios hechos por D. Agustín Durán, en copia que aquel erudito
calificade
fidelí-sima, pero copia
alfin.En
laBiblioteca Na- cional
existeactualmente un Temario Sa- cramental de Timoneda que perteneció a
laCondesa de Campo Alanje. Fué impreso en Valencia en
1575, letra gótica.Tamaño 155
+ 105 mms M signatura ~z R
.Contiene La
oveja perdida. El
Castillode Emaus y
elde La
Iglesia.Mi buen amigo y compañero
elSr.Huar-
te
y Echenique,
bibliotecariode
laNacio-
nal,ha tenido
labondad de revisar esta
edición,a ruego mío, y me ha comunicado algunos
datos.Una de
lascosas que me ma-
nifiestaes
que, prescindiendo de
laortogra-
fía,
donde hay
infinidadde variantes,
sepueden añadir muchas más en
lapuntuación, de que
esmuy parca
elTemario. En su fisonomía
separece mucho
estetexto
alque reimprime en Razón y Fe
elP. Olmedo, por
loque, y atento
lamayor antigüedad
delTemario descubierto en Carrión de
losCondes, a
élnos referiremos en
lasnotas de variantes.
Antonio GARCÍA BOIZA.
Miguel); D.AngelAlonsoManzanera(presbítero,represen- tó la sagrada persona de Cristo); señorita María Luisa González (AngelCustodio) y D. SinforianoAlonsoG.Cue-
llo(ElApetito).
Consignosusnombres conelmásfervienteelogioporla artísticarepresentación de
La
ovejaperdida, que en gran parte tocaal directorde escenaelabogadoD.Manuel Rey- mundo, inteligenteaficionadoy conocedordel teatro,que con tantacompetenciacomoentusiasmo,me
ayudó en los trabajosdeensayoy adaptación.DE
JOAN TIMONEO A
INTERLOCUTORES
SAN
PEDRO,pastor. CRISTO,pastorANGEL
MIGUEL,pastor.ANGEL
CUSTODIO, pastor.EL APETITO,pastor.
INTROITO
1AlIlustrísimoy Reverendísimo Señor
Don
Juan de Ribe- ra2,Patriarca de Antioquía,y Arzobispode Valencia, Joan Timoneda.Ilustrísimo señor,
Vaso
degranelcuencia.Cuidadoso y buenpastor,
1 Era costumbre que los Autoscomenzasenporestos Introitos, uno dedicado a la persona, generalmenteuna dignidadeclesiástica,quepresidía larepresentación, y otro dirigido alpuebloexplicandoelsentidodelAuto.
2 ParalarepresentacióndeSalamancaseprescindióde este Introito y se sustituyóporelqueescribióy dedicóal
Guía
ynortede Valencia,De
lafeaposentador; 5Ante
vosséqueel callarEs
demayor
excelencia,Excmo.Preladosalmantino,quepresidió lafiesta, elculto poetayconocidoescritor D. Mariano Arenillas.Elmejor elogio de estabellísima poesíaloharáellectoren cuanto laconozca. Nosotros,alpublicarlo,nopodemosdecirnada mejor ensuhonor quereconocernodesentonaallado dela producción deTimoneda.
INTROITO
alUnto,yRvmo.Sr., el SeñorDr. D. JuliándeDiegoy García Alcolea,Obispo de Salamanca.
IlustrísimoSeñor:
sinovos parece mal,
me
encarga tenga elhonor dehacerlaofrendafilial,Juan Timoneda,elautor delAuto Sacramental.
Esta costumbreloada delbuenentretenimiento delos autos,renovada, portugran entendimiento, esparatugreyamada
solazy mantenimiento.
Delpeligrodelvedado, quebien nos sabes guardar, traídoportucayado, enesteamenolugar, seapacientatuganado
sinmiedode abarrancar.