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ÁNCORA DE SALVACIÓN ORACIONES DIARIAS

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ÁNCORA DE SALVACIÓN

ORACIONES DIARIAS

COLEGIO SAN NICOLÁS DE BARI

RANCAGUA

(2)

CONTENIDOS

Introducción………... 5

Oraciones Fundamentales

Señal de la Cruz………...

El Credo………...

Padre Nuestro………...

Ave María………...

Gloria al Padre………...

Acto de Fe………...

Acto de Esperanza………..

Acto de Caridad………..

Acto de Contrición……….

Acto de Communión Espiritual………

Ofrecimiento del Día………..

Oración para la Mañana………

Oración para la Tarde………

Oraciones para la Noche………..

Te Deum………...

Alabanzas de Desgravio………

Benedición de la comida………..

Acción de gracias después de la comida……….……….

7 7 7 7 8 8 8 8 8 8 9 9 9 10 10 11 11 11

Devociones a la Santísima Virgen

El Ángelus………...

Regina Coeli………...

Salve Regina………...

Magníficat………...

Madre de Misericordia………...

Oración a la Santísima Virgen de Guadalupe ………

Oración a la Inmaculada Virgen María………

Acordaos………...

El Santo Rosario………...

13 13 14 14 14 14 15 15 15

(3)

Devociones Eucarística

Oh Sagrado Banquete………...

Oración para antes de la Comunión………...

Oración para después de la Comunión………

Alma de Cristo………...

Oración al Santísimo Sacramento………

22 22 23 23 23 Oraciones Diversas

Oración ante el Crucifijo………...

Ven, Espíritu Santo………..

Oración de las tres de la tarde………

Oración de entrega………

Oración para obtener Vocaciones……….

Oración por el Papa………

Oración por la santificación de los Sacerdotes………

Oración Buenos Pastores………..

Oración por nuestra familia y parientes………

Oración para vivir en Paz a la Familia………

Oración de los Esposos……….

Oración por los Difuntos………...

Oraciones Vocales………..

El Víacrucis………...

Adoración a las cinco llagas de Jesús crucificado………

25 25 25 25 26 26 26 27 27 28 28 28 29 29 40

Oraciones a los Ángeles y los Santos

Ángel de Dios………..

Santo Ángel de la Guarda……….

San Miguel Arcángel………..

Oración a san Joaquín y santa Ana..………...

San Antonio de Padua………

San Roque………

San Judas Tadeo……….

San José………...

San Nicolás de Bari……….

Al santo de Nuestro Nombre………

42 42 42 42 43 43 44 44 45 45

(4)

Doctrina Católica

El Doble Mandamiento del amor……….

Regla de Oro………...

Diez Mandamientos………...

Los Sacramentos……….

Las Bienaventuranzas……….

Las obras de Misericordia……….

Las Siete Obras de Misericordia Corporales……….

Las Siete Obras de Misericordia Espirituales……….

La Virtud………...

Las Tres Virtudes Teologales………

Las Cuarto Virtudes Cardinales………

Los Siete Dones del Espíritu Santo………..

Los Doce Frutos del Espíritu Santo……….

Los Siete Pecados Capitales……….

Los pecados contra el Espíritu Santo………..

Los Novísimos……….

Los Cinco Mandamientos de la Iglesia………...

Prescripciones para el ayuno eucarístico………...

Ayuno y Abstinencia………...

46 46 46 46 47 49 49 49 49 50 50 50 51 52 52 52 53 53 53 La Confesión

Sacramento de la Confesión………

Examen de conciencia………..

Oración para examinarse bien………

Examen general de conciencia: mandamientos de la Ley de Dios….

En el sacramento………

El acto de contrición………..

55 56 56 57 59 59

EL BIEN MORIR

Preparación práctica para la muerte………..

Aceptación de la muerte………..

Súplicas a Jesús Crucificado………

Modo práctico para ayudar a bien morir………..

60 60 61 63

(5)

Áncora de Salvación

P. Carlos Cepeda Montalva Antiguamente, las familias católicas, siempre se encontraban al termino del día recitando las oraciones de un desgastado devocionario, reunidos entorno a un altar en su hogar. Realmente dudo, que no haya habido una sola página de ese pequeño libro, que parte de la familia no la supiese de memoria. Ese, es el testimonio silencioso de años de oración diaria y de una amistad cada vez más profunda, de una familia cristiana con Dios.

Es una realidad que hace bastante años atras, estos devocionarios dejaron de estar de moda y casi fueron completamente eliminados. Se decía que no debíamos depender de oraciones compuestas por otros, y menos aun recitar de memoria; más bien debíamos rezar con el corazón. Indudablemete que debemos orar con el corazón. Pero al mismo tiempo, no nos debe sorprender que, al momento de orar, nuestro corazón y nuestra mente necesiten el aliento y la guía de los santos y santas que nos han dejado oraciones que expresan de la manera más hermosa, el amor misericordioso de Dios e impulsan con sus escritos nuestra devoción. Además, es de una real importancia que aun en nuestra oración más privada, usemos el vocabulario de la fe y de la devoción que ha sido el de todos los católicos de todas las épocas.

Por ventura, se vuelven a imprimir los devocionarios como ésta pequeña Ancora de Salvación. Nuevamente volvemos a redescubrir cómo las oraciones que tienen sus raices en las Escrituras, en la Liturgia, que nacen del corazón de los santos, los sabios y los eruditos, nos ayudan en nuestro trancito hacia Dios. No es exajerado exclamar ¡Con cuánta facilidad promueve un devocionario la plegaria de corazón con simples actos de fe, de esperanza y de amor! Y pensemos en cómo nos ayudan a participar en la Misa las oraciones de preparación y agradecimiento por el don y el misterio de la Eucaristía!

El Momento de la Oración, es un maravilloso compendio que acompañará a los miembros de nuestro colegio y a sus familias. Como Colegio Católico, nunca nos hemos cansados de insistir en la importancia de una buena vida en familia, y para eso es necesario que las familias recen juntas, ya que “Familia que reza unida, permanece unida” (Padre Patrick Peyton). Qué maravilloso sería que, todos los días, nuestros alumnos pasaran un rato reunidos con sus familias ofreciendo las oraciones que se encuentran en este pequeño devocionario. No esta demás,

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volver a repetir que el Momento de la Oración, es un compañero extraordinario para quien desee realmente crecer en santidad.

Al introducir este devocionario, tengo la esperanza de que muchas personas lo adopten como un compañero de su oración diaria y un testigo de su crecimiento en amistad con el Señor. Que Dios los bendiga y los conserve en su amor hasta la vida eterna.

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ORACIONES FUNDAMENTALES

SEÑAL DE LA CRUZ

En el nombre del Padre, X y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

EL CREDO

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo su único Hijo, Nuestro Señor,

que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen,

padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos,

al tercer día resucitó de entre los muertos,

subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.

Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica,

la comumión de los santos, en el perdón de los pecados la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

PADRE NUESTRO

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

AVE MARÍA

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén.

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GLORIA AL PADRE

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

ACTO DE FE

Señor Dios, creo firmemente y confieso todas y cada una de las verdades que la Santa Iglesia Católica propone, porque tú las revelaste, oh Dios, que eres la eterna Verdad y Sabiduría, que ni se engaña ni nos puede engañar. Quiero vivir y morir en esta fe. Amén.

ACTO DE ESPERANZA

Señor Dios mío, espero por tu gracia la remisión de todos mis pecados; y después de esta vida, alcanzar la eterna felicidad, porque tú lo prometiste que eres infinitamente poderoso, fiel, benigno y lleno de misericordia. Quiero vivir y morir en esta esperanza. Amén.

ACTO DE CARIDAD

Dios mío, te amo sobre todas las cosas y al prójimo por ti, porque Tú eres el infinito, sumo y perfecto Bien, digno de todo amor. Quiero vivir y morir en este amor. Amén.

ACTO DE CONTRICIÓN

Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todos mis pecados y los aborrezco, porque al pecar, no sólo merezco las penas establecidas por ti justamente, sino principalmente porque te ofendí, a ti sumo Bien y digno de amor por encima de todas las cosas. Por eso propongo firmemente, con ayuda de tu gracia, no pecar más en adelante y huir de toda ocasión de pecado. Amén.

ACTO DE COMUNIÓN ESPIRITUAL

Creo, Señor Jesús, que estás presente en el Santísimo Sacramento. Me pesa de verdad haberte ofendido. Te amo sobre todas las cosas, y deseo con ardor recibirte, pero ya que no puedo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos

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espiritualmente a mi corazón. Quédate conmigo y no permitas que jamás me aparte de ti. Amén.

OFRECIMIENTO DEL DÍA

Señor Jesús, por el Corazón Inmaculado de María, Madre nuestra, me consagro a tu Corazón y contigo al Padre, mediante el Espíritu Santo, en tu Santo Sacrificio del Altar, con mi oración y mi trabajo, sufrimientos y alegrías de hoy, en reparación por nuestros pecados.

Y para que venga a nosotros tu reino. Te pido en especial por el Papa y las intenciones que ha confiado este mes al Apostolado de la Oración. Amén.

ORACIÓN PARA LA MAÑANA

Bendito sea el Señor, X Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos Profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, paraguiar nuestros pasos por el camino de la paz. Amén (Lucas1,68-79)

ORACIÓN PARA LA TARDE

Mi alma glorifica al Señor X y mi espíritu se llena de gozo en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava.

Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí cosas grandes el que todo lo puede.

Santo es su nombre y su misericordia llega de generación en generación a los que le temen.

Ha hecho sentir el poder de brazo: dispersó a los de corazón altanero, destronó a los potentados y exaltó a los humildes.

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A los hambrientos colmó de bienes y a los ricos despidió sin nada.

Acordándose de su misericordia, auxilió a Israel, su siervo, como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia para siempre.

Amén (Lucas 1,46-55)

ORACIONES PARA LA NOCHE

Oh buen Dios, haced que mientras yo duerma, mi corazón esté velando: que sea yo preservado de todo mal por vuestros ángeles, a los cuales ordenasteis que me guarden en todos mis caminos. Protesto que mientras estaré entregado al sueño, quisiera adoraros del modo que os adoran vuestros ángeles en el cielo, y ya que la naturaleza exige el reposo de mi frágil y miserable cuerpo, os ofrezco las adoraciones que os tributan los espíritus celestiales, así como las oraciones, las lágrimas, las mortificaciones y penitencias de todos vuestros siervos que pasan una gran parte de la noche entregados a estos piadosos ejercicios.

Aceptad, Dios mío, estos ofrecimientos y deseos de mi corazón, para que de día y de noche no cese de alabar vuestro santo nombre. Os pido, Señor, esta gracia por los méritos del Sagrado Corazón de vuestro santísimo Hijo mi Redentor y Salvador mío.

(Haz, durante dos o tres minutos y antes de retirarte a descansar, un breve examen de conciencia y reza el Cántico de Simeón que sigue.)

Antífona: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

Ahora, Señor, X según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel. (Lucas 2,29-32) Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

TE DEUM

A Ti, oh Dios, te alabamos, a Ti, Señor, te reconocemos.

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A Ti, eterno Padre, te venera toda la creación.

Los ángeles todos, los cielos y todas las potestades te honran.

Los querubines y serafines te cantan sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios de los ejercitos.

Los cielos y la tierra están llenos de la majestad de tu gloria.

A Ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles, A Ti te ensalza la multitud admirable de los Profetas, A Ti te ensalza el blanco ejército de los Mártires.

A Ti la Iglesia santa, extendida por toda la tierra, te proclama:

Padre de inmensa majestad,

Hijo único y verdadero, digno de adoración, Espíritu Santo, Paráclito.

Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.

Tú eres el Hijo único del Padre.

Tú, para liberar al hombre, aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.

Tú, rotas las cadenas de la muerte, abriste a los creyentes el reino del cielo.

Tú te sientas a la derecha de Dios en la gloria del Padre.

Creemos que un día has de venir como Juez.

Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos, a quienes redimiste con tu preciosa sangre.

Haz que en la gloria eterna nos asociemos a tus Santos.

Salva a tu pueblo, Señor, y bendice tu heredad.

Sé su pastor y ensálzalo eternamente.

Día tras día te bendecimos y alabamos tu nombre para siempre, por eternidad de eternidades.

Dígnate, Señor, en este día guardarnos del pecado.

Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de Tí.

En Tí, Señor, confié, no me veré defraudado para siempre.

ALABANZAS DE DESAGRAVIO Bendito sea Dios.

Bendito sea su santo Nombre.

Bendito sea Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.

Bendito sea el Nombre de Jesús.

Bendito sea su Sacratísimo Corazón.

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Bendita sea su Preciosísima Sangre.

Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.

Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.

Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.

Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.

Bendita sea su gloriosa Asunción.

Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre.

Bendito sea San José, su castísimo Esposo.

Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.

BENEDICIÓN DE LA COMIDA

Bendícenos, Señor, X y bendice estos alimentos que por tu bondad vamos a tomar. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA COMIDA Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios.

Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

V. El Señor nos dé su paz.

R. Y la vida eternal. Amén.

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DEVOCIONES A LA SANTÍSIMA VIRGEN

EL ÁNGELUS

V. El Ángel del Señor anunció a María.

R. Y concibió por obra del Espíritu Santo. (Avemaría) V. He aquí la esclava del Señor.

R. Hágase en mí según tu palabra. (Avemaría) V. Y el Verbo se hizo carne.

R. Y habitó entre nosotros. (Avemaría)

V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,

R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oremos: Te suplicamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestras almas para que los que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y Cruz seamos llevados a la gloria de su Resurrección.

Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amen.

REGINA CŒLI (Durante en el tiempo pascual) V. Alégrate, Reina del cielo, aleluya.

R. Porque el que mereciste llevar en tu seno, aleluya.

V. Ha resucitado según predijo, aleluya.

R. Ruega por nosotros a Dios, aleluya.

V. Gózate y alégrate, Virgen María, aleluya.

R. Porque ha resucitado Dios verdaderamente, aleluya.

Oremos: Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, te has dignado dar la alegría al mundo, concédenos que por su Madre, la Virgen María, alcancemos el goce de la vida eterna. Por el mismo Cristo Nuestro Señor.

Amen.

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SALVE REGINA

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra;

Dios te salve. A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh, clementie, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!

MAGNÍFICAT

Mi alma glorifica al Señor X y mi espíritu se llena de gozo en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava.

Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí cosas grandes el que todo lo puede.

Santo es su nombre y su misericordia llega de generación en generación a los que le temen.

Ha hecho sentir el poder de su brazo: dispersó a los de corazón altanero, destronó a los potentados y exaltó a los humildes.

A los hambrientos colmó de bienes y a los ricos despidió sin nada.

Acordándose de su misericordia, auxilió a Israel, su siervo, como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia para siempre.

MADRE DE MISERICORDIA

María, Madre de misericordia, cuida de todos para que no se haga inútil la cruz de Cristo, para que el hombre no pierda el camino del bien, no pierda la conciencia del pecado y crezca en la esperanza en Dios, “rico en misericordia”, para que haga libremente las buenas obras que él le asignó y, de esta manera, toda su vida sea “un himno a su Gloria”.

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN DE GUADALUPE

Amorosísima y tierna Madre mía, en quien he puesto toda mi confianza, no sé con qué voces pedirte, me alcances del Sagrado Corazón las gracias que solicito.

Yo apuro mi mente y en ella no encuentro frases que interrumpan mi dolor.

He llorado Señora, pero mis lágrimas carecen de elocuencia, he suplicado mucho, mucho, pero mi aliento corrompido en la maldad, tal vez no llegará a tus pies.

María dulce Madre, tú que conoces el lenguaje de tus hijos, traduce el mío

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balbuciente y torpe; aclara mi humilde petición y sé tú quien me interprete para con Jesús: Dile que no se hablar, que mi lengua de mortal sólo vierte frases en el idioma de los hombres.

Haz Señora que fije sus divinos ojos en esta alma pobre que expira en el dolor.

Pídele y ruégale que corone mis deseos, que favorezca mis peticiones y que escuche esta oración en memoria de sus agonías. Y aunque él nada me conceda

¿Tú me desampararás Madre mía?, ¿Quedarán sin ser escuchadas las súplicas que hoy te hago? En fin Señora, si no encuentro remedio a mis congojas, tú pediste y no me conviene, que se haga tu santísima voluntad. Son las amarguras, que por mis culpas merezco. Amén.

Madre de Dios y Madre mía, ruega por mí y por el mundo entero. (3 veces) ORACIÓN A LA INMACULADA VIRGEN MARÍA

Santísima Virgen, yo creo y confieso vuestra Santa e Inmaculada Concepción pura y sin mancha.

¡Oh Purísima Virgen!, por vuestra pureza virginal, vuestra Inmaculada Concepción y vuestra gloriosa cualidad de Madre de Dios, alcanzadme de vuestro amado Hijo la humildad, la caridad, una gran pureza de corazón, de cuerpo y de espíritu, una santa perseverancia en el bien, el don de oración, una buena vida y una santa muerte. Amén.

ACORDAOS (Memorare)

Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Vos acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos. Oh Madre de Dios, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.

EL SANTO ROSARIO

X Por la señal de la santa Cruz, X de nuestros enemigos X líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén

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SE EMPIEZA A REZAR TOMANDO LA CRUZ DEL ROSARIO

Señor mio, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido. Propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocaciones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados. Y, así como os lo suplico, así confío en vuestra divina bondad y misericordia infinita, me los perdonaréis, por los méritos de vuestra preciosísima sangre, pasión y muerte, y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en vuestro santo servicio, hasta el fin de mi vida.

Amén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

- Se anuncia uno de los quince misterios, gozosos, dolorosos o gloriosos, según sea el día de la semana en que se recé el Rosario.

- Se reza un Padre Nuestro y diez Ave Marías, que forman lo que se llama una casa del Rosario.

- Se dice el Gloria, la Jaculatoria y se anuncia el segundo misterio del día.

Padre Nuestro

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Dános hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación; más líbranos del mal.

Amén.

Ave María

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tu eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

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Jaculatoria

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las más necesitadas de tu Divina Misericordia. Amén.

V. Sagrados Corazones de Jesús y de María.

R. Salvad a Chile.

LOS MISTERIOS DEL SANTO ROSARIO Misterios Gozosos (lunes y jueves)

1. La encarnación del Hijo de Dios en las purisimas entrañas de María Santísima.

2. La visitación de María Santísima a su prima Santa Isabel.

3. EL Nacimiento del Niño Jesús en el portal de Belén.

4. La Presentación del Niño Jesús en el Templo y la Purificación de Nuestra Señora.

5. El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo.

Misterios Dolorosos (martes y viernes)

1.La Agonía de Nuestro Señor Jesucristo en el huerto de Getsemaní.

2. La Flagelación de Nuestro Soberano Redentor, atado a la columna.

3. La Coronación de espinas.

4. La Cruz acuesta que llevó Nuestro Señor Jesucristo.

5. La Crucifixión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo.

Misterios Gloriosos (miércoles, sábado y domingo) 1. La Resurrección en gloria de Nuestro Señor Jesucristo.

2. La Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo a los cielos.

3. La Venida del Espíritu Santo sobre el colegio apostólico.

4. La Asunción de María Santísima en cuerpo y alma a los cielos.


5. La coronación de Nuestra Señora como Reina del Cielo y de la Tierra.

Se concluye con:

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OFRECIMIENTO

¡Oh, Virgen Santísima, María, Madre de Dios y Señora Nuestra! Os ofrecemos humildemente esta tercera parte del Rosario, que hemos rezado, en memoria y reverencia de estos cinco misterios, suplicándoos por ellos nos alcanceís de vuestro Santísimo Hijo la exaltación de nuestra santa fe católica; la paz y concordia entre todos los gobiernos cristianos, extirpación de las herejías, victoria contra los infieles y herejes, la conversión de todos ellos al gremio de nuestra santa religión, y de todos los pecadores a la verdadera penitencia; descanso de las benditas almas del Purgatorio; salud espiritual y corporal de todos los vivos y en particular,

¡oh Virgen Santísima! de los presentes que estamos juntos y congregados a la devoción de vuestro Santísimo Rosario. Multiplicad, Señora, vuestros devotos;

haced que sintamos en nuestros corazones los maravillosos efectos de esta sagrada devoción. ¡Ea! favorecednos, Reina del cielo, amparadnos, Soberana Señora en nuestras necesidades y peligros; alcanzadnos el perdón de nuestros pecados, gracia y perseverancia en esta sagrada devoción, para que, sirviendo a Dios en esta vida, merezcamos verle y gozarle en la eterna gloria. Amén.

LETANÍAS DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

℣: Señor, ten misericordia de nosotros.

℣: Cristo, ten misericordia de nosotros.

℣: Señor, ten misericordia de nosotros.

℣: Cristo óyenos.

℣: Cristo. escúchanos.

℣: Dios Padre Celestial

℣: Dios Hijo Redentor del Mundo

℣: Dios, Espíritu Santo.

℣: Santa Trinidad un solo Dios.

℣: Santa María,

℣: Santa Madre de Dios,

℣: Santa Virgen de las vírgenes,

℣: Madre de Cristo,

℣: Madre de la Divina Gracia,

℣: Madre Purísima,

℣: Madre Castísima,

℣: Madre virginal,

℣: Madre incorrupta,

℟: Señor, ten misericordia...

℟: Cristo, ten misericordia...

℟: Señor, ten misericordia...

℟: Cristo óyenos.

℟: Cristo escúchanos.

℟: Ten misericordia de nosotros.

℟: Ten misericordia...

℟: Ten misericordia...

℟: Ten misericordia...

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

(19)

℣: Madre inmaculada,

℣: Madre amable,

℣: Madre admirable,

℣: Madre del buen consejo,

℣: Madre del Creador,

℣: Madre del Salvador,

℣: Virgen prudentísima,

℣: Virgen digna de veneración,

℣: Virgen digna de alabanza,

℣: Virgen poderosa,

℣: Virgen clemente,

℣: Virgen fiel,

℣: Espejo de justicia,

℣: Trono de sabiduría,

℣: Causa de nuestra alegría,

℣: Vaso espiritual,

℣: Vaso digno de honor,

℣: Vaso insigne de devoción,

℣: Rosa Mística,

℣: Torre de David,

℣: Torre de Marfil,

℣: Casa de oro,

℣: Arca de la Alianza,

℣: Puerta del Cielo,

℣: Estrella de la mañana,

℣: Salud de los enfermos,

℣: Refugio de los pecadores,

℣: Consuelo de los Afligidos,

℣: Auxilio de los cristianos,

℣: Reina de los Angeles,

℣: Reina de los Patriarcas,

℣: Reina de los Profetas,

℣: Reina de los Apóstoles,

℣: Reina de los Mártires,

℣: Reina de los Confesores,

℣: Reina de las Vírgenes,

℣: Reina de todos los santos,

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

(20)

℣: Reina concebida sin pecado original,

℣: Reina elevada al cielo,

℣: Reina del Santisimo Rosario,

℣: Reina de la paz.

℣: Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.

℣: Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.

℣: Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Ruega por nosotros.

℟: Perdonanos Señor.

℟: Escuchanos Señor.

℟: Ten misericordia de nosotros Antífona: Bajo Tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios: no desprecieis las súplicas que os dirigimos en nuestra necesidad, antes bien, líbradnos siempre de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita.

V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.


R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Amén

Oremos: Oh Dios, cuyo unigénito Hijo nos adquirio con su vida, muerte y resurrección el premio de la vida eterna, otorgadnos a todos los que recordamos con veneración los misterios del Santo Rosario, el que imitemos las virtudes que contienen, y logremos los premios que prometen. Por Jesucristo, Nuestro Señor.

Amén

LA SALVE

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra.

Dios te salve. A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. ¡Ea!, pues, Señora Abogada Nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.

V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. 


R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Amén

(21)

EL BENDITO

Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar y la Purísima Concepción de María Santísima, Señora Nuestra, concebida sin mancha de pecado original, desde el primer instante de su ser natural. Amén.

ORACIÓN A SAN JOSÉ


A Vos recurrimos en nuestra tribulación, bienaventurado San José, y después de implorar el auxilio de vuestra Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente vuestro Patrocinio. Por el afecto que os unió la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, por el amor paternal que profesasteis al Niño Jesús, humildemente os suplicamos que volváis benigno los ojos a la herencia que con su que, Jesucristo conquistó con su Sangre y que nos socorráis con vuestro poder en nuestras necesidades.

Proteged, oh prudentísimo Custodio de la Sagrada Familia, el linaje escogido de Jesucristo; preservadnos, Padre amantísimo, de todo contagio de error y corrupción, sednos propicio y asistidnos desde el Cielo, poderosísimo Protector nuestro, en el combate que al presente libramos contra el poder de las tinieblas.

Y del mismo modo que, en otra ocasión, librasteis del peligro de la muerte al Niño Jesús, defended ahora a la Iglesia Santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y contra toda adversidad. Amparad a cada uno de nosotros con vuestro perpetuo patrocinio; a fin de que, siguiendo vuestros ejemplos y sostenidos por vuestro auxilio, podamos vivir santamente, morir piadosamente y obtener la felicidad eterna del Cielo. Amén.

En el Nombre del Padre X y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

(22)

DEVOCIONES EUCARÍSTICAS OH SAGRADO BANQUETE

Oh Sagrado Banquete, en el cual recibimos a Cristo, se renueva la Memoria de su Pasión, el alma se llena de gracia y nos es dada en prenda la vida futura.

V. Les has dado pan del cielo R. Que contiene en sí todo deleite.

Oremos: Oh Dios, Tú nos has dejado el memorial vivo de tu Pasión bajo los velos de este sacramento. Concédenos, te suplicamos, venerar los sagrados misterios de tu Cuerpo y Sangre de manera que podamos siempre gozar de los frutos de tu Redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

ORACIÓN PARA ANTES DE LA COMUNIÓN (Santo Tomás de Aquino)

Aquí me llego, todopoderoso y eterno Dios, al sacramento de vuestro unigénito Hijo mi Señor Jesucristo, como enfermo al médico de la vida, como manchado a la fuente de misericordias, como ciego a la luz de la claridad eterna, como pobre y desvalido al Señor de los cielos y tierra.

Ruego, pues, a vuestra infinita bondad y misericordia, tengáis por bien sanar mi enfermedad, limpiar mi suciedad, alumbrar mi ceguedad, enriquecer mi pobreza y vestir mi desnudez, para que así pueda yo recibir el Pan de los Angeles, al Rey de los Reyes, al Señor de los señores, con tanta reverencia y humildad, con tanta contrición y devoción, con tal fe y tal pureza, y con tal propósito e intención, cual conviene para la salud de mi alma.

Dame, Señor, que reciba yo, no sólo el sacramento del Sacratísimo Cuerpo y Sangre, sino también la virtud y gracia del sacramento ¡Oh benignísimo Dios!, concededme que albergue yo en mi corazón de tal modo el Cuerpo de vuestro unigénito Hijo, nuestro Señor Jesucristo, Cuerpo adorable que tomó de la Virgen María, que merezca incorporarme a su Cuerpo místico, y contarme como a uno de sus miembros.

¡Oh piadosísimo Padre!, otorgadme que este unigénito Hijo vuestro, al cual deseo ahora recibir encubierto y debajo del velo en esta vida, merezca yo verle para siempre, descubierto y sin velo, en la otra. El cual con Vos vive y reina en unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

(23)

ORACIÓN PARA DESPUÉS DE LA COMUNIÓN (Santo Tomás de Aquino)

Gracias de doy, Señor Santo, Padre todopoderoso, Dios eterno, porque a mí, pecador, indigno siervo tuyo, sin mérito alguno de mi parte, sino por pura concesión de tu misericordia, te has dignado alimentarme con el precioso Cuerpo y Sangre de tu Unigénito Hijo mi Señor Jesucristo.

Suplícote, que esta Sagrada Comunión no me sea ocasión de castigo, sino intercesión saludable para el perdón; sea armadura de mi fe, escudo de mi voluntad, muerte de todos mis vicios, exterminio de todos mis carnales apetitos, y aumento de caridad, paciencia y verdadera humildad, y de todas las virtudes:

sea perfecto sosiego de mi cuerpo y de mi espíritu, firme defensa contra todos mis enemigos visibles e invisibles, perpetua unión contigo, único y verdadero Dios, y sello de mi muerte dichosa.

Ruégote, que tengas por bien llevar a este pecador a aquel convite inefable, donde Tú, con tu Hijo y el Espíritu Santo, eres para tus santos luz verdadera, satisfacción cumplida, gozo perdurable, dicha consumada y felicidad perfecta.

Por el mismo Cristo Nuestro Señor. Amén.

ALMA DE CRISTO

Alma de Cristo, santifícame.

Cuerpo de Cristo, sálvame.

Sangre de Cristo, embriágame.

Agua del costado de Cristo, lávame.

Pasión de Cristo, confórtame.

¡Oh, buen Jesús!, óyeme.

Dentro de tus llagas, escóndeme.

No permitas que me aparte de Ti.

Del maligno enemigo, defiéndeme.

En la hora de mi muerte, llámame.

Y mándame ir a Ti. Para que con tus santos te alabe.

Por los siglos de los siglos. Amén.

ORACIÓN AL SANTÍSIMO SACRAMENTO (San Alfonso Ligorio)

Señor mío Jesucristo, que por amor a los hombre estás noche y día en este sacramento, lleno de piedad y de amor, esperando, llamando y recibiendo a cuantos vienen a visitarte: creo que estás presente en el sacramento del altar. Te adoro desde el abismo de mi nada y te doy gracias por todas las mercedes que

(24)

me has hecho, y especialmente por haberte dado tú mismo en este sacramento, por haberme concedido por mi abogada a tu amantísima Madre y haberme llamado a visitarte en esta iglesia.

Adoro ahora a tu Santísimo corazón y deseo adorarlo por tres fines: el primero, en acción de gracias por este insigne beneficio; en segundo lugar, para resarcirte de todas las injurias que recibes de tus enemigos en este sacramento; y finalmente, deseando adorarte con esta visita en todos los lugares de la tierra donde estás sacramentado con menos culto y abandono. Amén

(25)

ORACIONES DIVERSAS ORACIÓN ANTE EL CRUCIFIJO

Mírame, ¡oh, mi amado y buen Jesús!, postrado en tu presencia; te ruego con el mayor fervor imprimas en mi corazón

vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad, verdadero dolor de mis pecados y firmísimo propósito de jamás ofenderte; mientras que yo,

con el mayor afecto y compasión de que soy capaz, voy considerando y contemplando tus cinco llagas, teniendo presente lo que de Ti, oh buen Jesús, dijo el Profeta David:

“Han taladrado mis manos y mis pies y se pueden contra todos mis huesos”.

VEN, ESPÍRITU SANTO

V. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, R. y enciende en ellos el fuego de tu amor.

V. Envía tu Espíritu y serán creadas todas las cosas.

R. Y renovarás la faz de la tierra.

Oremos: ¡Oh, Dios, que has instruido los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo!, concédenos que sintamos rectamente con el mismo Espíritu y gocemos siempre de su divino consuelo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

ORACIÓN DE LAS TRES DE LA TARDE

Oh Jesús, que en tu cruz has demostrado tu gran amor, tu gran misericordia; y tu fuerza nos das para seguirte por el mismo camino hacia la gloria. Que fielmente cumplamos en tu Iglesia nuestra parte en tu obra salvadora, y, al llegar a la tarde de la vida, en gozo eterno el Padre nos acoja. Gracias Padre, a ti porque nos llamas, a Jesús, que en su sangre nos redime, y al Espíritu Santo, luz y guía de este pueblo que al cielo se dirige. Amén.

ORACIÓN DE ENTREGA (San Ignacio de Loyola)

Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad; todo mi haber y mi poseer. Vos me los disteis, y a Vos, Señor, los torno.

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Todo es Vuestro: disponed de ello según Vuestra Voluntad. Dadme Vuestro Amor y Gracia, que éstas me bastan.

ORACIÓN PARA OBTENER VOCACIONES (Papa Juan Pablo, II)

Padre de la mies: manda a tu Iglesia santos sacerdotes que colaboren con los obispos a la santificación de los hombres. Manda diáconos que en communion con los obispos y presbíteros anuncien tu palabra de vida.

Llama a servirte en su vida religiosa a muchas almas generosas que ofrezcan su vida al servicio del Evangelio y lo hagan credible con una vida santa.

Despierta en los laicos y en los consagrados en los institutos seculars, su empeño de vida por contribuir a la obra de la evangelización.

Acrecienta el número de misioneros, para que todos los hombres te conozcan y te amen.

ORACIÓN POR EL PAPA

Oh Dios, que en tu providencia quisiste edificar tu Iglesia sobre la roca de Pedro, príncipe de tus apóstoles, mira con amor a nuestro papa N., y tú que lo has constituido sucesor de san Pedro, concédele la gracia de ser principio y fundamento visible de la unidad de fe y de comunión de tu pueblo. Por nuestro Señor Jesucristo.

V. Oremos por el Soberano Pontífice N.

R. El Señor le conserve y le llene de vida, y le haga bienaventurado en la tierra, y no le deje caer en manos de sus enemigos. Amén.

ORACIÓN POR LA SANTIFICACIÓN DE LOS SACERDOTES (Papa Pío XII) Oh Jesús, Pontífice Eterno, Buen Pastor, Fuente de vida, que por singular generosidad de tu dulcísimo Corazón nos has dado nuestros sacerdotes para que podamos cumplir plenamente los designios de santificación que tu gracia inspira en nuestras almas; te suplicamos: ven y ayúdalos con tu asistencia misericordiosa.

Sé en ellos, oh Jesús, fe viva en sus obras, esperanza inquebrantable en las pruebas, caridad ardiente en sus propósitos. Que tu palabra, rayo de la eterna Sabiduría, sea, por la constante meditación, el alimento diario de su vida interior.

Que el ejemplo de tu vida y Pasión se renueve en su conducta y en sus sufrimientos para enseñanza nuestra, y alivio y sostén en nuestras penas.

(27)

Concédeles, oh Señor, desprendimiento de todo interés terreno y que sólo busquen tu mayor gloria. Concédeles ser fieles a sus obligaciones con pura conciencia hasta el postrer aliento. Y cuando con la muerte del cuerpo entreguen en tus manos la tarea bien cumplida, dales, Jesús, Tú que fuiste su Maestro en la tierra, la recompensa eterna: la corona de justicia en el esplendor de los santos.

Amén.

ORACIÓN BUENOS PASTORES

Jesús que sientes compasión al ver la multitud que está como ovejas sin pastor, suscita, en nuestra Iglesia, una nueva primavera de vocaciones.

Te pedimos que envíes: Sacerdotes según tu corazón que nos alimenten con el Pan de Tu Palabra y en la mesa de Tu Cuerpo y de Tu Sangre; Consagrados que, por su santidad, sean testigos de Tu Reino; Laicos que, en medio del mundo, den testimonio de ti con su vida y su palabra.

Buen Pastor, fortalece a los que elegiste; y ayúdalos a crecer en el amor y santidad para que respondan plenamente a tu llamada.

María, Madre de las vocaciones, ruega por nosotros. Amén.

ORACIÓN POR NUESTRA FAMILIA Y PARIENTES

Te suplicamos, Jesús, por todos nuestros parientes y seres queridos y te pedimos estar siempre dispuestos a rogar por ellos. Condúcelos a la luz de la verdad, consérvalos siempre en esa verdad, si por dicha y concédeles el don de la perseverancia.

Te pedimos por nuestros parientes, padres y madre; por nuestros hermanos y hermanas, por cada uno de ellos en particular; por nuestros primos y toda nuestra parentela; por nuestros amigos más íntimos; por nuestros maestros y alumnos, por nuestros jefes y patrones, por nuestros servidores y trabajadores; por nuestros socios y compañeros de trabajo; por nuestros vecinos y por nuestros superiores; por todos aquellos que nos quieren bien y por los que no nos quieren;

por nuestros enemigos; por nuestros competidores y rivales; por los que nos insultan y calumnian.

Te pedimos por ellos, no sólo en esta vida, sino también en su muerte, para que tengan la dicha de morir en gracia de Dios, para que Dios se digne reducir el tiempo de su expiación y admitirlos a su presencia. Amén.

(28)

ORACIÓN PARA VIVIR EN PAZ EN LA FAMILIA

Señor, Dios Nuestro, tú nos has elegido para ser tus santos, tus predilectos.

Revístenos de sentimientos de misericordia, de bondad, de humildad, de dulzura, de paciencia.

Ayúdanos a sobrellevar los unos a los otros cuando tenemos algún motivo de queja, lo mismo que tú, Señor, nos has perdonado. Sobre todo, danos la caridad, que es vínculo de perfección.

Que la paz de Cristo brille en nuestros corazones.

Esa paz que debe reinar en la unidad de tu Cuerpo Místico.

Que todo cuanto hagamos, en palabras o en obras, sea en Nombre del Señor Jesús, por quien sean dadas gracias a ti, Dios Padre y Señor Nuestro. Amén.

ORACIÓN DE LOS ESPOSOS

Señor, Jesús, tú nos has unido por el sacramento del Matrimonio. Te damos gracias.

Gracias por todas las alegrías que nacen de la recíproca comunión; gracias por nuestros hijos y por la paz de nuestro hogar. Te pedimos: que mantengas vivo cada día, nuestro amor; no permitas que se pierda a causa de la monotonía o de la actividad de la vida. No permitas que jamás nos falte algo que comunicarnos y que vivamos el uno junto al otro como extraños.

Enséñanos como podemos cada día avivar nuestra vida en común y haz que siempre sepamos perdonarnos y que podamos siempre ayudarnos en nuestras decisiones.

Danos fuerza para poder enfrentarnos juntos a todas las penas, como a todas las pruebas. Señor, te pedimos que renueves en cada uno de nosotros, cada día, tu amor. Amén.

ORACIÓN POR LOS DIFUNTOS

Dios de los espíritus y de toda carne, que sepultaste la muerte, venciste al demonio y diste la vida al mundo. Tú, Señor, concede al alma de tu difunto siervo N., el descanso en un lugar luminoso, en un oasis, en un lugar de frescura, lejos de todo sufrimiento, dolor o lamento. Perdona las culpas por él cometidas de pensamiento, palabra y obra, Dios de bondad y misericordia; puesto que no hay hombre que viva y no peque, ya que Tú sólo eres Perfecto y tu Justicia es justicia eterna y tu Palabra es la Verdad. Tú eres la Resurrección, la Vida y el descanso del difunto, tu siervo N.

(29)

Oh Cristo Dios nuestro. Te glorificamos junto con el Padre no engendrado y con tu santísimo, bueno y vivificante Espíritu.

ORACIONES VOCALES (Santo Tomás Moro, antes de su martirio) Jesús, en Ti confío.

Crea en mí, ¡oh Dios!, un corazón puro.

Para Dios toda la Gloria.

Aquí me tienes, porque me has llamado.

Creo, Señor, pero ayuda mi incredulidad.

En Ti, ¡oh Dios!, confío; no sea yo nunca confundido.

Santa María, Madre del amor Hermosa, ayuda a tus hijos.

¡ Señor mío y Dios mío!

Corazón sacratísimo de Jesús, danos la paz.

Muestra que eres Madre.

Corazón dulcísimo de María, prepárame un camino seguro.

Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros.

Oh María, sin pecado concebida.

Rogad por nosotros que recurrimos a Vos.

Nada puede pasarme que Dios no quiera.

Y todo lo que el quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor.

EL VIA CRUCIS

EJERCICIO PREPARATORIO

V. Te adoramos o Cristo y te bendecimos.

R. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Oremos: Vuelve tus ojos, Señor, sobre esta tu familia, por la cual Nuestro Señor Jesucristo no dudo en ser entregado en manos de los malechores, y sufrir el tormento de la Cruz. Quien Contigo vive y reina en launidad del Espíritu Santo, Dios, por los seglo de los siglos. Amén.

ACTO DE CONTRICIÓN

¡Oh Dios y Redentor mío! Vedme a vuestros pies arrepentido de todo corazón de mis pecados, porque con ellos he ofendido a vuestra infinita bondad. Quiero morir antes que volver a ofenderos, porque os amo sobre todas las cosas.

(30)

V. Ten, Señor, piedad de nosotros.

R. Piedad, Señor, piedad.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

Madre llena de aflicción, de Jesucristo las llagas grabad en mi corazón.

ORACIÓN PREPARATORIA

X Por la señal de la santa Cruz, X de nuestros enemigos X líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador y Redentor mío; por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; propongo firmemente de nunca más pecar, de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, de confesarme y de cumplir la penitencia que me fuere impuesta; os ofrezco mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados; y así como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis, por los merecimientos de vuestra preciosa sangre, pasión y muerte, y me daréis gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.

Oh amabilísimo Jesús mío, heme aquí postrado ante tu acatamiento divino, implorando tu misericordia en favor de tantos pecadores infelices, de las benditas Ánimas del Purgatorio y de la Iglesia universal. Aplícame, te ruego, los merecimientos infinitos de tu sagrada Pasión, y concédeme los tesoros de indulgencias con que tus Vicarios en la tierra enriquecieron la devoción del Vía Crucis. Acéptalos en satisfacción de mis pecados y en sufragio de los difuntos a quienes tengo más obligación. Y tú, afligidísima Madre mía, por aquella amargura que inundó tu corazón cuando acompañaste a tu santísimo Hijo al Calvario, haz se penetre mi alma de los sentimientos de que estabas entonces animada.

Alcánzame del Señor vivo dolor y detestación del pecado, y valor para que, abrazando la cruz, siga las huellas de tu amable Jesús. No me niegues esta gracia, oh Madre mía: haz que tomando ¡ahora parte en tu dolor logre un día acompañar a tu Hijo en el triunfo de la gloria. Amén.

(31)

PRIMERA ESTACIÓN: Jesús condenado a muerte.

V. Te adoramos, Señor, y bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

¿Lo ves, alma cristiana? Está el inicuo juez sentado en el tribunal, y a sus pies el Hijo de Dios, Juez de vivos y muertos, lleno de confusión, las manos atadas como un facineroso, oyendo la más ignominiosa sentencia. ¡Oh Jesús mío amantísimo!

¡Vos, Autor de la vida condenado a muerte! ¡Vos, la inocencia y santidad infinitas, condenado a morir en un infame patíbulo, como el más insigne malhechor! ¡Ay!

¡qué amor tan grande el vuestro, y qué ingratitud tan monstruosa la mía, pues os condeno de nuevo a la muerte cada día. ¿Y por qué? ¡Por un sucio deleite... por un mezquino interés... por un qué dirán!

Perdonadme, dulcísimo Jesús mío; y por esa inicua sentencia, no permitáis que sea yo un día condenado a la muerte eterna, que merecerían mis pecados.

Padre nuestro, Ave María y Gloria al Padre.

V. Ten, Señor, piedad de nosotros.

R. Piedad, Señor, piedad.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

SEGUNDA ESTACIÓN: Jesús cargado con la Cruz V. Te adoramos, Señor, y bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

¡Y queréis, inocentísimo Jesús mío, llevar Vos mismo cual otro Isaac, el instrumento del suplicio! ¡Estáis exhausto de fuerzas! ¡Vuestras espaldas y hombros están doloridos y rasgados por los azotes! ¡La cruz es larga y pesada! ¡Y cuánto no acrecientan todavía su peso mis iniquidades y las de todo el mundo!...

Sin embargo, la aceptáis, y besándola la abrazáis y lleváis con inefable ternura por mi amor.

¿Y aborrecerás, tú, pecador, la ligera cruz que Dios te envía? ¿Querrás tú ir al cielo por los deleites y regalos, yendo allá el inocentísimo Jesús por el dolorosísimo camino de la cruz?...

(32)

Reconozco mi engaño, Salvador mío; enviadme penas y tribulaciones, que resuelto estoy a sufrirlas con resignación y alegría, por amor de un Dios que tanto padeció por mí.

Padre nuestro, Ave María y Gloria al Padre.

V. Ten, Señor, piedad de nosotros.

R. Piedad, Señor, piedad.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

TERCERA ESTACIÓN: Jesús cae la primera vez.

V. Te adoramos, Señor, y bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

No extraño, dulce Jesús mío, que sucumbáis rendido al enorme peso de la cruz.

Lo que me pasma y hace llorar a los Ángeles de paz es la bárbara fiereza con que o^ tratan esos sayones inhumanos. Si cae un vil jumento se le tiene compasión, lo ayudan a levantarse. Pero cae el Rey de los cielos y tierra, el que sostiene la admirable fábrica del universo, y lejos de moverse a compasión, le insultan con horribles blasfemias, le maltratan y acocean con diabólico furor...

¿Y qué hacíais, en qué pensabais entonces, dulce Jesús mío?... En ti pensaba, pecador, por ti sufría con infinita paciencia y alegría. Tú habías merecido los oprobios y tormentos más horribles; y yo para librarte de ellos he querido pasar por este espantoso suplicio. ¿No estás todavía satisfecho?... ¿Quieres aún maltratarme con nuevas ofensas? Aquí me tienes; descarga tú también fieros golpes sobre mí.

No, Jesús mío, no; antes morir que volver a ofenderos.

Padre nuestro, Ave María y Gloria al Padre.

V. Ten, Señor, piedad de nosotros.

R. Piedad, Señor, piedad.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

(33)

CUARTA ESTACIÓN: Jesús encuentra a su Sma. Madre V. Te adoramos, Señor, y bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

¡Qué sentiste, oh angustiada Señora, a ver aquel trágico espectáculo! ¡El pregonero publicando con lúgubre trompeta la sentencia fatal! ¡Una multitud inmensa que se agrupa, profiriendo injurias y blasfemias contra Jesús! ¡Los soldados y sayones en dos filas, y en medio de dos malhechores!... ¡ay! ¿Le conoces, oh Madre amantísima? ¿Es ése tu Hijo benditísimo? ¿Es ése el más hermoso de los hijos de los hombres, la beldad de los cielos y la alegría de los Ángeles? ¿Aquel Hijo de Dios que con tanto regocijo nació en Belén? ¡Ay! ¿dónde están ahora los Reyes y Pastores que entonces le adoraban? ¿Qué se han hecho los Espíritus ce- lestiales que entonaban entonces himnos de alabanza? ¡Ay! ¡qué trocado está! ¡Sus ojos inundados de lágrimas y sangre, coronada de espinas su cabeza; todo Él hecho una llaga! ¡Oh María, afligida entre todas las mujeres! ¡Oh Madre, la más desolada de todas las madres! ¡Oh Hijo, maltratado sobre todos los hijos de Adán! ¡Oh Jesús! ¡Oh María! perdonad a este ingrato, a este pecador, a este monstruo, causa de tanta amargura.

Padre nuestro, Ave María y Gloria al Padre.

V. Ten, Señor, piedad de nosotros.

R. Piedad, Señor, piedad.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

QUINTA ESTACIÓN: Jesús ayudado por el Cireneo V. Te adoramos, Señor, y bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Temiendo los judíos no se les muera Jesús antes de llegar al Calvario, no por aliviarle, sino por el deseo que tienen de crucificarle, buscan quien le ayuda a llevar la cruz, y no la encuentran. Había entonces en Jerusalén tantos millares de hombres, y sólo Simón Cireneo acepta este favor, y aun por fuerza.

¡Y así te desamparan, oh Jesús mío! ¿No fueron cinco mil los hombres que alimentaste por cinco panes en el desierto? ¿No son innumerables los ciegos,

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paralíticos, y enfermos que sanaste? ¡Y nadie quiere llevar tu cruz! ¡Y ella, no obstante, nos predica la latitud de tu mise- ricordia, la longitud de tu justicia, la sublimidad de tu poder y lo profundo de tu sabiduría infinita! ¡Oh misterio incomprensible! Muchos admiran tus prodigios y tu doctrina; mas pocos gustan de padecer contigo.

Teman, pues, los enemigos de la cruz, oyendo a Cristo que dice: El que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.

Padre nuestro, Ave María y Gloria al Padre.

V. Ten, Señor, piedad de nosotros.

R. Piedad, Señor, piedad.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

SEXTA ESTACIÓN: La Verónica limpia el rostro de Jesús.

V. Te adoramos, Señor, y bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

¡Qué valor el de esta piadosa mujer! Ve aquel rostro divino a quien desean contemplar los Ángeles, cubierto de polvo, afeado con salivas, denegrido con sangre; y movida de compasión, quítase la toca, atropella por todo, y acercándose al Salvador, le enjuga su rostro desfigurado.

¡Ay! ¡cómo confunde esta mujer fuerte la cobardía de tantos cristianos,' que por vano temor del qué dirán, no se atreven a obrar bien! ¡Oh, dichosa Verónica, y cómo premia el Señor tu denuedo, dejando su rostro Santísimo estampado en tres pliegues de esa afortunada toca!

¿Quieres tú, cristiano, que Dios imprima en tu alma una perfecta imagen de sus virtudes? Huella, pues, generoso el respeto humano, como la Verónica; haz con fervor, haz a menudo el Vía Cruz; y no dudes que Jesús grabará en tu alma un fiel traslado de sus virtudes y viéndote el Eterno Padre semejante al divino Modelo de predestinados, te admitirá en el cielo.

Padre nuestro, Ave María y Gloria al Padre.

V. Ten, Señor, piedad de nosotros.

R. Piedad, Señor, piedad.

(35)

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

SÉPTIMA ESTACIÓN: Jesús cae por segunda vez V. Te adoramos, Señor, y bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Sí; Jesús cae por segunda vez con la cruz; nuevas injurias y golpes, nueva crueldad de parte de los judíos; nuevos dolores y tormentos, nuevos rasgos de amor de parte de Jesús. Parece que el infierno desahogara contra Él todo su furor; mas

¿qué hará el Señor? ¿Dejará la empresa comenzada? ¿Hará como nosotros, que a una ligera contradicción abandonamos el camino de la virtud? No, no; bien podrán decirle: Si eres Hijo de Dios, baja de la Cruz; por lo mismo que lo es, allí permanecerá hasta morir.

¿Y cuándo, Señor, imitaré vuestra heroica constancia? ¡Ah! no siendo coronado, si no el que peleando legítimamente persevere hasta el fin, ¿de qué me serviría abrazar la virtud y llevar la cruz solamente algún día? Cueste, pues, lo que cueste, quiero, con vuestra gracia divina, amaros y serviros hasta morir.

Padre nuestro, Ave María y Gloria al Padre.

V. Ten, Señor, piedad de nosotros.

R. Piedad, Señor, piedad.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

OCTAVA ESTACIÓN: Jesús consuela a las mujeres V. Te adoramos, Señor, y bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

¡Qué caridad tan ardiente! ¡Olvidando sus atrocísimos dolores, sólo se acuerda de nuestras penas el amante Jesús! Hijas de Jerusalén, dice a las piadosas mujeres que le seguían llorando: no lloréis mi suerte; llorad más bien sobre vosotras y sobre vuestros hijos.

(36)

Pero, ¿puede haber objeto más digno de llanto que la pasión y muerte del Hijo de Dios?... Sí, cristiano; hay cosa más digna de lágrimas, y de lágrimas eternas; y es el pecado. Pues el pecado es la única causa de la pasión y muerte tan ignominiosa; él es el origen y el colmo de todos los males; mal terrible, el único mal, mal infinito de Dios y de la criatura. ¡Y no obstante tú pecas con tanta facilidad! ¡Y te confiesas con tanta frialdad! ¡Y recaes tan a menudo en el pecado!

¡Y pasas tranquilo días, meses y hasta la vida entera en el pecado!

Padre nuestro, Ave María y Gloria al Padre.

V. Ten, Señor, piedad de nosotros.

R. Piedad, Señor, piedad.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

NOVENA ESTACIÓN: Jesús cae por tercera vez V. Te adoramos, Señor, y bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

¿Qué es esto, Jesús mío? ¡Vos, resplandor de la gloria del Padre, consuelo de los Mártires, hermosura y alegría del cielo, Vos, caído en tierra, primera, segunda y tercera vez! ¿No sois Vos la fortaleza de Dios?...

“¿Y qué, hijo mío, no has pecado tú más de dos o tres veces? ¿No recaes cada día, innumerables veces en el pecado? ¿Por qué esa perpetua inconstancia en mi servicio? Hoy formas generosos propósitos, y mañana están ya olvidados; ahora me entregas el corazón, y un instante después ya no suspiras sino por pasatiempos y liviandades. ¡Ay! yo caigo por segunda y tercera vez para expiar tus continuas recaídas; caigo para alzarte a ti de la tibieza; caigo, para que, temerario, no te expongas de nuevo al peligro de recaer en pecado; caigo, en fin, para que no caigas tú jamás en el abismo del infierno”.

Gracias, Dios mío, por tan inefable bondad; y por esta tan dolorosa caída, dadme fuerza, os suplico, para que me levante por fin del pecado, y camine firme y constante en vuestro sano servicio.

Padre nuestro, Ave María y Gloria al Padre.

V. Ten, Señor, piedad de nosotros.

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R. Piedad, Señor, piedad.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

DÉCIMA ESTACIÓN: Jesús despojado de sus vestiduras.

V. Te adoramos, Señor, y bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Cuando te curan una herida, por fino que sea el lienzo que la envuelve, y por cuidado que tenga la más cariñosa madre, ¿qué dolor no sientes al despegarse la tela de la carne viva? ¿Cuál sería, pues, el tormento de Jesús al quitarle las vestiduras? Como había derramado tanta sangre, estaban pegadas a un cuerpo llagado; vienen los verdugos y las arrancan con tanta fiereza, que llevan tras sí la corona, y hasta pedazos de carne que se le habían pegado... ¿Y en qué pensabais, oh purísimo Jesús, al veros desnudo delante de tanta muchedumbre? “En ti pensaba, pecador; en los pecados impuros que sin escrúpulos cometes; por ello ofrecía yo al Eterno Padre esta confusión y suplicio tan atroz. Sabía cuánto te costaría deshacerte de aquel mal hábito, privarte de aquel placer, romper con aquella amistad criminal; por eso permití en mi cuerpo inocentísimo tan horrible carnicería”.

¡Oh inmensa caridad la tuya! ¡Oh negra ingratitud la mía! Nunca más, Señor, renovar esas llagas con desenfrenada licencia; nunca más pecar.

Padre nuestro, Ave María y Gloria al Padre.

V. Ten, Señor, piedad de nosotros.

R. Piedad, Señor, piedad.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

UNDÉCIMA ESTACIÓN: Jesús clavado en la cruz V. Te adoramos, Señor, y bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

(38)

¿Quién de nosotros tendría valor para sufrir que le atravesasen pies y manos con gruesos clavos? ¿Quién tendría ánimo para ver así atormentado a su mayor enemigo? Pues este atroz tormento padece Jesús por nuestro amor. Ya le tienden sobre el lecho del dolor, ya enclavan aquella mano omnipotente que había formado los cielos y la tierra; ya brota un raudal de sangre; mas esto es poco.

Encogido el cuerpo con el frío y los tormentos, no llegaban la otra mano ni los pies a los agujeros hechos de antemano en la cruz; los atan, pues, con cordeles, y tiran con inhumana crueldad, desencajando de su lugar aquellos huesos santísimos. ¡Qué dolor! ¡Qué tormento!

Todo lo contempla su Madre amantísima; ningún alivio, ni una gota de agua puede dar a su Hijo; ¿y vive todavía?

¿Y no muero yo de dolor, siendo mis pecados la causa de tanto tormento?

Padre nuestro, Ave María y Gloria al Padre.

V. Ten, Señor, piedad de nosotros.

R. Piedad, Señor, piedad.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

DUODÉCIMA ESTACIÓN: Jesús muere en la Cruz.

V. Te adoramos, Señor, y bendecimos.

R. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Contempla, cristiano, a esos dos malhechores crucificados con el Señor. ¡Qué maldades no habría hecho el buen ladrón! Sin embargo, dice a Jesús: Acuérdate de mí cuando estuvieres en tu reino; y al instante oye: Hoy estarás conmigo en el Paraíso. ¡Qué bondad la de Dios! ¡Cuán pronto, pecador, recobrarías la gracia y amistad divina, si quisieses arrepentirte de veras!

Pero si dejas tu conversión para la muerte, ¡ay! teme no te suceda lo que al mal ladrón. ¿Qué hombre tuvo jamás mejor ocasión para convertirse? Dios derramaba su Sangre por él; tenía a sus pies a la abogada de pecados, María Santísima; a su lado estaba Jesucristo, el sacerdote más celoso del mundo, para ayudarle a bien morir; oye la exhortación de su compañero; ve toda la naturaleza estremecida;

y.in embargo, muere como ha vivido; continúa blasfemando, y se condena eternamente.

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