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U.N.C.P.B.A
Facultad de Ciencias Humanas
Licenciatura en Trabajo Social
Las políticas públicas desde una perspectiva de género. El
Plan Más Vida y la acción de Manzaneras en Tandil, 1994-2007.
Autora
Roldán, Mariela
Directora
De Paz Trueba, Yolanda
2
Agradecimientos:
Gracias...
A mi mamá y a mi papá por apoyarme siempre, sin ellos, nada hubiera sido
posible.
A mi compañero de la vida, y a mi hijo, que me bancaron y me alentaron durante
todo este proceso.
A mis amigas, por darme el apoyo incondicional y la motivación constante en
este largo camino.
A mi directora de tesis, Yolanda, por su acompañamiento y por sus aportes, que
fueron una guía fundamental para concretar esta investigación.
A la Universidad Nacional del Centro por darme la posibilidad de formarme y
estudiar esta carrera.
Y, por último, dedico mis agradecimientos a las manzaneras de la localidad de
Tandil, por compartir su tiempo, su espacio y sus experiencias.
¡Gracias a todos!
3
Índice
Agradecimientos………..…2
Introducción………..…4
Metodología………14
Capítulo I……….…19
El rol de la mujer en la sociedad, en los inicios del siglo XX………...………...20
La mujer y su participación en el mundo laboral………...22
Mujer, maternidad y eugenesia en Argentina……….…………...25
La mujer, “el camino maternal y la educación” ……….31
El rol de la mujer en las Asociaciones de Beneficencia………...…..34
Capítulo II………43
Neoliberalismo y Política Social………..44
Cuestión alimentaria y Programas de asistencia alimentaria……… 47
Plan Más Vida y Manzaneras en Tandil……….50
Reformulaciones y modificaciones del Plan………..56
Capítulo III………...…58
Análisis de Información……….59
Características del Plan y de la mujer Manzanera………...61
Entrevistas a Mujeres manzaneras……….63
Análisis de entrevistas a funcionarias locales………...75
Reflexiones finales………...….85
Bibliografía………..………...90
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INTRODUCCIÓN
La universalidad de la subordinación femenina en la mayoría de las
culturas y a lo largo de la historia ha significado que la mujer se encuentre en
desigualdad de condiciones, en relación de poder y de autonomía frente al
hombre, limitándose su capacidad de decisión en el campo social, en la
participación política y en la libertad de organización de su mundo particular.
Instituciones como el estado, la familia, la educación y distintas religiones han
ayudado a perpetuar la inferioridad de las mujeres en estos sentidos.
Los mandatos sociales, aquellos que se encuentran y se han encontrado
intrínsecamente arraigados en la sociedad, son interiorizados e incorporados en
el proceso de socialización del orden familiar, y repetidos acríticamente
reforzando los estereotipos dominantes, pilares del capitalismo y del patriarcado.
Es necesario plantear que cuando se habla de estereotipo se hace referencia a
un conjunto de prejuicios, actitudes, creencias y preconceptos impuestos por el
medio social y cultural que llegan al individuo a través del proceso de
socialización, que previamente se mencionaba. Los estereotipos de género son
una construcción cultural que asigna roles, funciones y responsabilidades
diferenciales a partir del sexo de las personas, llevando a la desigualdad social.
Se puede indicar que los modelos hegemónicos de masculinidad y
femineidad, se traducen en comportamientos y pensamientos para el hombre y
para la mujer que se reciben durante el proceso de educación y socialización (a
partir de cada sexo al nacer, socialmente se asigna un género y se enseña a ser
varón o mujer). Al polarizarse los roles femeninos y masculinos, el hombre ocupa
un rol preponderante, estableciéndose a lo largo de la historia la opresión de la
mujer, que, aun variando en el sistema social, persiste hasta nuestros días.
De esta manera, siguiendo aportes de Silvia Federici se puede agregar
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mismas se convirtieron en bienes comunes, ya que su trabajo fue definido como recurso natural, quedando fuera de las relaciones de mercado. (S. Federici 2004: 148)
La desvaloración del trabajo femenino, significó una derrota histórica para
la mujer, es decir la inminente subordinación femenina en esta nueva era de
organización del trabajo produjo la feminización de la pobreza y la dependencia
absoluta hacia los hombres. Tal como plantea Federici
El cuerpo es para las mujeres lo que la fábrica es para los trabajadores asalariados varones: el principal terreno de su explotación y resistencia, en la misma medida en que el cuerpo femenino ha sido apropiado por el Estado y los hombres, forzado a funcionar como un medio para la reproducción y la acumulación del trabajo. (Silvia Federici 2004: 29-30)
Según Federici (2004) a lo largo de los siglos XVI y XVII las mujeres
perdieron derechos en todas las áreas de la vida social; en Francia, por ejemplo,
el derecho a realizar o a contraer actividades económicas o a representarse a sí
mismas en las cortes, en Alemania perdieron el derecho a vivir solas o con otras
mujeres (ya que no estarían controladas como lo era debido, en ausencia de
hombres). En relación a lo anterior, se puede decir que durante estos siglos las
mujeres fueron acusadas de irrazonables, salvajes y vanidosas; las prostitutas
castigadas, azotadas y sometidas a los peores hostigamientos mientras se
instalaba en esa época la pena de muerte, para aquellas otras que cometieran
adulterios.
Entonces, para su reproducción y evolución el sistema capitalista requiere
que las relaciones sociales se organicen de una determinada manera, que
hombres y mujeres sirvan a la reproducción del capital, y lo hagan desde el
ámbito público y privado. Tal como señala Elizabeth Jelin
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expresan en salir a trabajar y en los tiempos del ámbito doméstico. (E. Jelin 2010: 45)
La realización de los quehaceres domésticos (lavar, cocinar, planchar,
coser, etc.), la responsabilidad del hogar, la crianza de los niños, y la maternidad
formaron parte históricamente de la vida de la mujer, ésta ha sido y es
reproductora de la fuerza de trabajo, aunque sus tareas sean invisibilizadas y no
exista un reconocimiento para ello. Tal como indica Nari (2004) así como la
maternidad estaba inscripta en la naturaleza femenina, también lo estaba el rol
de ama de casa, por lo que, las actividades que no guardaran relación directa
con las funciones maternales, se consideraban peligrosas ya que pondrían en
tela de juicio el desenvolvimiento natural de la mujer.
Se ha vinculado históricamente a la mujer al ámbito de lo privado y al
ámbito doméstico; hoy en día estos roles siguen permaneciendo ligados
definitivamente a las mujeres, aunque ésta haya alcanzado su desenvolvimiento
en el ámbito público. Es por esto, que se busca durante la investigación realizar
un recorrido histórico donde se pueda visualizar como han incidido los patrones,
las políticas, los mandatos sociales sobre las mujeres, y sobre la organización
de su mundo interno, problematizando desde la perspectiva de género la
naturalización de las desigualdades sociales, a partir del ejercicio de la
maternidad.
De esta manera, el análisis se focalizará en las mujeres manzaneras de
Tandil en el periodo que abarca los años 1994-2007, a los fines de indagar su
actividad pública/política y la vinculación con el espacio doméstico. A través del
acercamiento a la experiencia del colectivo femenino de manzaneras, se busca
analizar la importancia de su tarea pública para el Estado, así como la
producción/reproducción de roles maternales y de cuidado en ese contexto.
Esta unidad de análisis, ha sido elegida y recortada teniendo presente el
destacado rol de las manzaneras durante el gobierno de E. Duhalde,
considerándose que, fueron estas mujeres quienes llevaron a cabo la
materialización de la política social alimentaria, definida en un principio como “Plan Vida”. Este colectivo de mujeres, emerge en el año 1994 y se convierte en
7 El presente trabajo de investigación pretende abordar el rol de la mujer en
el espacio público desde un recorrido histórico que abarca las tempranas
décadas del siglo XX, con el fin de visibilizar la evolución y la trasformación del
mismo, en el plano social y político. Es fundamental este recorrido al tener en
cuenta que, cada contexto social conlleva múltiples determinaciones que afectan
y atraviesan la vida de todos los sujetos inmersos en ella, transmitiendo prácticas
sociales e ideológicas que contienen significados distintos en cada momento
histórico. Si a comienzos del siglo XX, el papel filantrópico y caritativo de las
mujeres en las Asociaciones de Beneficencia, fue central para el Estado en
construcción, a fines del mismo, ellas vuelven al centro de la escena como el
brazo ejecutor de políticas sociales, de un Estado que se encuentra en retirada.
Se busca a partir de este objetivo, analizar, si las acciones de las
manzaneras siguieron la línea tradicional, vinculada a los valores maternales y
hegemónicos impuestos a la mujer.
Para ello se plantean los siguientes objetivos específicos:
Identificar determinantes sociales que generen y hayan
generado desigualdad de género.
Reconocer y problematizar los diferentes estereotipos de
mujeres precedentes a la década del 90 y durante ella. Problematizar la perspectiva de género dentro del Plan Vida. Visualizar e identificar el posicionamiento del Estado y las
características que plantea el Plan Vida, respecto al papel
de la mujer.
De esta manera se parte de los siguientes interrogantes: ¿De qué manera
determinan y condicionan los mandatos, cánones y patrones sociales a la
mujer?, ¿Qué se puede decir de estos, en relación a las manzaneras? ¿En qué
medida la mujer a lo largo de la historia, ha estado ligada al plano de lo
doméstico (hogar)?,¿De qué manera la desigualdad de género impone una
jerarquización entre roles?, ¿Cómo afecta eso a las mujeres?, ¿Hasta qué punto
la mujer ha logrado emanciparse y librarse de los mandatos impuestos?, ¿Cómo
y de qué manera emerge el grupo de manzaneras en Tandil?, ¿Por qué este
8 manzaneras contribuyeron a reproducir el estereotipo de mujer asistencialista y
maternal o generaron herramientas de empoderamiento hacia la mujer?, ¿Hasta
qué punto, el rol que desempeñaron las manzaneras fue una extensión de las
tareas que llevaban a cabo en el plano de lo doméstico las mujeres?, ¿En qué medida las políticas sociales de la década de 90’, plantean una mirada
conservadora y tradicional respecto al rol de la mujer en la sociedad? Y, por
último, pero no por eso menos importante, ¿Las manzaneras representaron una
nueva forma de intervención política o despolitizaron la política social desde un
lugar solidario?
Estos interrogantes se convirtieron en el marco de la hipótesis que ha
guiado esta investigación, y se presenta de la siguiente manera: las manzaneras
supieron llevar a cabo una reproducción del rol tradicional de la mujer, en tanto,
las políticas sociales de los años ´90, generaron el lineamiento y el marco para
lograr esa reproducción; situando a la mujer en una posición desigual, respecto
al hombre, ligándola a aspectos vinculados a la subordinación y a la opresión.
En síntesis, esta tesis pretende problematizar la desigualdad de género
analizando las relaciones hombre-mujer, y sus reproducciones en la vida social,
centrando la atención en el lugar que ocuparon las mujeres manzaneras dentro
y fuera del Programa alimentario, en la década 1994-2007. En función de esto,
se busca conocer qué lugar ocuparon estas mujeres para el Estado, y para las
políticas sociales (que con su incidencia en el plano de lo doméstico buscan
organizar la reproducción cotidiana en todos los planos de la vida social) así
como comprender los valores promovidos y representados por las manzaneras
en ese rol. Es importante en este caso, visibilizar y reconocer que las mujeres
han participado de lo político a lo largo de la historia y han estado presentes en
la esfera pública, por ejemplo, desde el paraguas de la maternidad, y por ello no
siempre, han discutido sus roles históricamente construidos y asignados. No
obstante, la categoría género hace posible desnaturalizar esos roles y afirmar
que una vez más, algunos colectivos de mujeres han sido convocados desde el
Estado para desempeñar acciones con sentido público y/o político desde la
maternidad y los roles asociados a ella. Ese es el mayor aporte que se propone
9 Se tomarán referencias de distintos autores para conceptualizar
elementos claves que guiaran la investigación, a modo de comprender y
problematizar el lugar que ha ocupado la mujer en la sociedad, así como en el
proceso de producción y reproducción del trabajo.
Género y patriarcado, son dos, de otros tantos elementos necesarios,
para entender las relaciones sociales que se establecen y que como
construcciones históricas han ido cambiando y evolucionando con el dinamismo
del propio sistema social.
Rita Segato hace alusión al patriarcado como
Un sistema que oprime a las mujeres en forma individual y colectiva y se apropia de su fuerza productiva y reproductiva, de sus cuerpos y sus productos, ya sea con medios pacíficos o mediante el uso de la violencia. (Segato 2016: 91).
El sistema ubica a la mujer en un determinado lugar, imponiendo pautas
de comportamiento y de existencia, legitimando formas de relacionarse con otras
mujeres y con los hombres, determinando un modelo de mujer a seguir, que debe
cumplir con ciertas reglas, para reproducirse en el sistema. Se comprenderá la
historia del sistema patriarcal, al entender la relación entre la esfera pública y el
Estado; este último, con una estructura específica, está concebido y diseñado
para mantener la estructura binaria que ha establecido, conservar los roles
sexualmente jerarquizados y dar lugar a la reducción, minoración y
desvalorización de la mujer, a partir de la opresión y del sometimiento.
Alda Faccio y Lorena Fries (2005) hacen referencia al patriarcado como
una construcción social histórica que determina ciertos mandatos y ejerce una
dominación/opresión primero hacia al hombre, con mandatos de masculinidad y
luego hacia la mujer. El sistema patriarcal se complementa con el sistema de
dominación capitalista, en donde existen normas y valores que legitiman
simultáneamente a ambos sistemas.
Toda construcción socio cultural como tal, depende del momento histórico
y político de cada sociedad. El termino género comenzó a ser utilizado por
10 fundamentalmente social de las distinciones basadas en el sexo” (Scott, 1986: 266). El concepto comenzó a ser usado para rechazar el determinismo biológico
y en el empleo de términos como sexo o diferencia sexual. Siguiendo lo
planteado por Scott, desde esta perspectiva tanto hombres como mujeres eran definidos “(…) en términos el uno del otro”, y no podrían entenderse sino
mediante su separación. Así, el género quedaría acotado solo a lo masculino, por un lado, o a lo femenino por el otro perdiendo de vista la neutralidad del
concepto. Por ese entonces, académicas feministas abrían el debate, para
demostrar que esta categoría debía ser simbolizada y representada de otra
manera. Se puede hablar entonces de distintas teorías, interpretaciones y
representaciones de la categoría género y afirmar que este concepto pasa a ser una forma de demostrar las construcciones culturales.
De este modo, se puede definir y tomar al género como una construcción
socio-histórica que devela la valorización inferior que el patriarcado le asigna al
cuerpo de las mujeres, asumiendo que los vínculos entre varones y mujeres
sostenidos desde la cultura, son asimétricos, basados en una irreal
jerarquía/dominación masculina y en una desigual distribución de poder; y es en
estas asimetrías donde se puede encontrar la explicación de la violencia y la
subordinación contra las mujeres, niños/ as.
En este caso, la construcción de la figura femenina, se fue encontrando
con ciertos atributos, guiones y mandatos que se establecieron socialmente.
Desde el sentido común se fue afianzando el concepto de universalización y
naturalización de la maternidad y consecuentemente la función reproductora se
volcó sobre la mujer, como una meta natural. La función maternal se ha impuesto
de forma imperativa sobre la figura femenina, desde niña, y ha significado un
gran peso para ella.
¿Pero de qué se está hablando cuando se menciona a la maternidad?
Según Nari (2004) la maternidad incluye una serie de procesos biológicos
(concepción, embarazo, parto, puerperio, y en muchos casos lactancia) pero se
extiende mucho más allá de ellos, englobando a prácticas y relaciones sociales
que no se vinculan al cuerpo femenino (socialización, higiene, alimentación,
11 fenómeno social, biológico y cultural. Siguiendo esta línea se puede concebir
este proceso, como un camino impuesto y preparado para la mujer, que
representa y abarca todas las dimensiones de su vida, tal como plantea M. Lobato “Para las mujeres la maternidad se delineó como la meta y el fin de sus vidas y como un dato fundamental para la salud de la raza y de la nación” (M. lobato 2007:13)
En función de lo anterior, según aportes de José Luis Moreno (2009) se
puede indicar que el cuerpo de la mujer fue objeto de un pasaje de lo privado a
lo público, constituyéndose en objeto de políticas sociales, las cuales
imprimieron funciones y roles sobre la mujer, como la responsabilidad de cuidar
y preservar la futura generación de ciudadanos. Es decir, el Estado se apropió e
intervino sobre la maternidad, como una cuestión de orden público, generando
políticas de prevención, ginecológicas y obstétricas, situando a las madres como
objeto de intervención, bajo el discurso maternal de que las mujeres eran comprendidas como un “bien reproductivo” para la nación y su cuerpo ya no les
pertenecía, señalando que el camino a la maternidad era la prioridad de todas
ellas.
La mujer-madre fue el discurso preferido para los higienistas, pero también
lo fue para las Instituciones benéficas; la mujer trabajadora se presentaba como
una amenaza para la paz y para la estabilidad del orden familiar, por lo que la
incorporación de la mujer al trabajo, significaba en términos generales un hogar
abandonado. La función en la vida de la mujer, estaba definida y determinada
por la maternidad y sobre ello se delimitaron las funciones naturales: cuidar a
sus hijos, responsabilizarse del hogar y evitar la degeneración de la raza.
El trabajo de las mujeres fue visto como una actividad que afectada el cumplimiento de las labores hogareños y familiares, que recaían sobre la mujer, como una especie de patrón y orden natural, poniendo en peligro la paz familiar. (José Luis Moreno 2009:238)
Tal como plantea Marcela Nari (2004) solo algunas voces tomaron otros
caminos y consideraron a la maternidad como un derecho que debía ser ejercido
12 abría el paso a mayores derechos para la población femenina. Alrededor de
estas formas de pensar, se ubicaba la corriente feminista, que propugnaba y
luchaba por los derechos de las mujeres. Este movimiento heterogéneo sostenía
que, si la maternidad era un deber, también daba derechos y por ellos había que
reclamar, es decir la reivindicación de la identidad maternal, fue pública y política,
y sirvió para luchar por la conquista de nuevos derechos. Estos principios dieron
inicio a lo que se llamó maternalismo político o feminismo maternal.
En tanto, a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX la mujer hizo su
entrada laboral en distintos ámbitos, en el comercio, en la administración pública,
en el servicio doméstico y en el trabajo a domicilio. La incorporación era
justificada por necesidad, sin embargo, la paga del salario era subsidiaria a la
del hombre, aun compartiendo los mismos puestos de trabajo. Tal como plantea
José Luis Moreno (2009) desde una perspectiva de género, la mujer, se
encontraba bajo un doble sometimiento, primero por su esposo, por carecer de
derechos o por su condición de desigualdad de éstos y luego, por la explotación
que sufría económicamente en todos ámbitos que se insertaba a nivel laboral.
Como se mencionó en el párrafo anterior, el Estado y las políticas sociales
han objetivado la vida de la mujer e incidido sobre la organización de su mundo
interno y sobre todas las dimensiones de su vida cotidiana, algunas de éstas ya
fueron mencionadas: maternidad, trabajo, educación y salud.
Siguiendo a Agnes Heller (1987) en Gianna, S. (2011) entendemos que la
vida cotidiana contempla la vida del hombre entero, es decir el hombre participa
en la cotidianeidad con todos los aspectos individuales y personales y se
desenvuelve en ella con familiaridad y naturalidad. En términos generales
podemos plantear que las políticas sociales con su incidencia en el plano de lo
domestico buscan organizar la reproducción de la vida cotidiana, cumpliendo con
determinados objetivos funcionales al sistema hegemónico, en función de un
lineamiento político-ideológico que responde a intereses de un estado clasista y
patriarcal. El contenido y las características de las políticas sociales han variado
según los modelos de estado y los contextos sociopolíticos; tomando forma y
13 Tomando palabras de Sonia Fleury (1994) la política social se constituye
en un mecanismo de intervención que tiene la función de regular, propiciando las
condiciones de manutención y de reproducción de una parcela de la población,
volviéndose una función intrínseca del Estado moderno.
Siguiendo esta línea, entendemos al Estado, desde una mirada
gramsiana, como un Estado ampliado, es decir como un espacio de negociación,
de búsqueda de consensos. Para Mallardi y Coll (2013) abandonar la clásica
definición marxiana de Estado, entendido como un “comité ejecutivo de la burguesía”, implica dejar de identificarlo con el gobierno y con la sociedad
política. Este concepto de Estado ampliado se encuentra compuesto por la
Sociedad Civil más la Sociedad Política. Gramsci (1891-1937) fortalece el
concepto de Estado dentro de la teoría marxista, incorporando a la sociedad civil,
compuesta por aquellos organismos privados encargados de la producción de
hegemonía de la clase dominante; estas organizaciones que componen la
Sociedad Civil, actúan como mecanismos de transmisión de ideología y
enfrentan las distintas manifestaciones de la cuestión social.
“Esta ampliación del concepto de Estado (…) forma parte de uno de los aportes más significativos a la teoría del Estado contemporánea” (Thwites Rey, 2007:131)
Volviendo sobre las políticas sociales, se puede agregar que durante
años se ha convivido con el asistencialismo estatal, más allá del promovido por
las entidades religiosas, asumiendo que muchas asociaciones de la Sociedad
Civil no gubernamentales ocupan la función de la política social y de un Estado
por demás ausente. Tal como plantea José Luis Moreno (2009) hoy la sociedad,
se encuentra de alguna manera resolviendo problemas sociales en comedores
escolares o barriales y en organizaciones de apoyo escolar, convirtiendo en
destinatarios a aquellos más vulnerables; aunque es real que estas acciones no
alcanzan a resolver y a suplantar a un Estado demolido por el neoliberalismo,
que no deja de relegar sus funciones.
En Argentina, la constitución del Estado Neoliberal comienza durante la
14 produce una reestructuración de este Estado, adquiriendo las políticas sociales
nuevas estrategias de ajuste, tales como: procesos de privatización, focalización,
descentralización y una fuerte tercerización de los servicios sociales (delegación
a terceros de los servicios no rentables, acompañado de un fuerte resurgimiento
de la lógica filantrópica), entre otros procesos que profundizaremos durante la
investigación.
En relación a lo anterior, se puede afirmar que durante décadas se ha
enfrentado a un Estado que se reserva su participación activa y se desentiende
constantemente de sus funciones y de la responsabilidad de intervenir sobre las
diferentes refracciones de la cuestión social1, ejerciendo un corrimiento y una
retirada sobre cualquier área en la que hubiere desempeñado un papel activo y
situando al mercado como el elemento central para satisfacer las necesidades
de la población.
1 Retomando aportes de Mallardi (2012) se puede la pensar la cuestión social vinculada a los procesos y
particularidades que la relación capital-trabajo, generan de manera contradictoria en la sociedad capitalista. Es fundamental plantear que la misma, presenta 4 características fundamentales: por un lado es producto de la instauración del modo de producción capitalista, supone una tendencia total que afecta de manera particular y diferenciada a diferentes sectores de la población, implicando el
15
Metodología:
Luego de definir y delimitar el objeto de estudio, se procederá a establecer
la metodología. El objeto de investigación del presente trabajo, se abordará
predominantemente a partir de una metodología cualitativa, de carácter
descriptiva y explicativo. La elección de esta metodología de carácter cualitativo
responde a la intención de la presente tesis, donde el eje fundamental es analizar
principalmente el discurso de distintas mujeres manzaneras que se hayan
desempeñado durante el periodo 1994-2007 en la ciudad de Tandil. La base
principal de este tipo de diseño es el conocimiento que los sujetos pueden
aportar de su vida cotidiana, de su experiencia y de su propia realidad social,
siendo el objetivo principal de esta investigación. En el mismo sentido, se
intentará mostrar distintas voces, pertenecientes a actores públicoslocales,
quienes desempeñaron funciones en la década seleccionada para la
investigación, con el fin de conocer los discursos oficiales (Jefa-Coordinadora de
Manzaneras, ex Secretaria de Bienestar social y Salud y ex Directora de Acción
Social del Municipio de Tandil).
A partir de los aportes realizados por Taylor y Bogdan, se puede plantear
que la metodología cualitativa refiere a la investigación que produce datos
descriptivos, es decir, realiza una descripción de la vida social retomando las
palabras de los actores en primera persona, ya sean habladas o escritas, y,
además, se observa su conducta. En un estudio de estas características, son los
investigadores quienes deciden qué observar y en qué momento, de acuerdo
con lo que ellos consideren más relevante para su investigación. A partir de estas
decisiones se determinará lo que van a describir y el modo de llevarlo a cabo.
La metodología cualitativa es una manera de abordar el mundo empírico. Taylor
y Bogdan expresan que:
16
propias creencias, perspectivas y predisposiciones. (Taylor-Bogdan, 1987:20-21).
Es decir, desde este enfoque se pretende dar voz a los sujetos y captar
sus percepciones en torno al problema de investigación, se intenta reconocer los
significados que otorgan los mismos. Por ende, se elige este enfoque a modo de
contemplar la perspectiva del sujeto, pero también considerar las características
inherentes al contexto donde estos actores se desempeñaban y de esta forma
vincularlo con la bibliografía analizada para obtener conocimiento sobre esta
situación en particular. Como se mencionó previamente, el conocimiento del
contexto es importante, ya que propicia visualizar con mayor precisión las
interacciones entre el contexto, los actores y los discursos.
En cuanto a las investigaciones de carácter exploratorio, siguiendo los
aportes de Sampieri, Collado y Lucio (2010), posibilitan conocer fenómenos o
situaciones que no han sido estudiados o que no cuenten con demasiada
información, obtener material que permita realizar un análisis exhaustivo de una
problemática en particular, y de esta manera, establecer posibles líneas de
abordaje para futuras investigaciones. En lo que respecta a los estudios
explicativos, podemos hacer referencia a aquellos estudios que no se limitan a
hechos descriptivos, sino que se centran en explicar por qué ocurren los
fenómenos y en qué condiciones se dan. Las investigaciones explicativas son
más estructuradas que otras clases de estudios y proporcionan un sentido de
entendimiento del fenómeno al que hacen referencia.
Los tipos de investigación con antelación planteados no son categorías
cerradas y excluyentes, y son apenas una de las tantas formas de clasificarlos.
Acorde a los tipos de investigación mencionados, esta tesis es de tipo
exploratoria y explicativa.
Por un lado, es exploratoria porque estamos ante un tema poco indagado
17 de la mujer manzanera2, se desconocen estudios que hayan acontecido en la
ciudad de Tandil, por esto fue interesante realizar este recorte y conocer las
percepciones de las mujeres manzaneras en el marco de una política social
especifica3; por otro lado, esta investigación resultará explicativa porque se
indagará sobre las condiciones y las causales en las que se ha producido el
fenómeno.
En cuanto a la técnica de recolección de datos, se utilizarán diferentes
métodos; para los datos primarios se utilizará la entrevista semiestructurada, por
considerarla la más adecuada para acceder a las construcciones de carácter
simbólico con que los sujetos interpretan la realidad; ésta, se distingue de la
entrevista estructurada ya que los interrogantes actúan como disparadores de la
conversación y guía de la misma. Al no ser interrogantes definitivos y cerrados,
se posibilita la formulación de otras preguntas a partir de las respuestas
obtenidas, o puede suceder que se prescinda de otras, ya que es la realidad y el
sentido que adopte la entrevista, la que determinara de qué manera se
desarrolla. De este modo el instrumento en sí mismo no será un determinante,
sino una orientación.
En segundo lugar, para recabar los datos secundarios se procederá a la
lectura y registro del material oficial, conformado por certificados y diplomas de
menciones y reconocimientos, pertenecientes a las mujeres manzaneras.
Es importante aclarar que se utilizarán diferentes instrumentos de
entrevista, ya que no sólo se entrevistará a mujeres manzaneras, sino que, como
se mencionó anteriormente, también se efectuarán encuentros con funcionarias
públicas que hayan tenido vinculación con el Programa a estudiar.
Ahora bien, la presente investigación consta de tres capítulos. En el
apartado, se desarrollará un recorrido histórico del rol de la mujer, tomando como
punto de partida las tempranas décadas del siglo XX; se hará hincapié en
2 Ver en Szwarcberg Daby, Mariela (2016), Eguia, Amalia (2010), Paura, Vilma y Zibecchi Carla (2013) y
(2019), Dallorso, Nicolás (2011), Molinari, Bárbara (2008), Schuttenberg, Mauricio (2008) y Pagani, María Laura; Schuttenberg, Mauricio (2005).
3 En el marco de la investigación, se tuvo acceso a una tesis relacionada con el tema planteado, la misma
18 determinadas etapas, contemplando aspectos sociales y políticos relevantes. Un
abordaje que resulta imprescindible es poder vincular a la mujer con las políticas
sociales de épocas anteriores, con el fin de visibilizar el lugar que históricamente
el Estado le ha otorgado a la misma, en el plano cotidiano, público y social.
En el II capítulo se dará lugar al contexto social y político de surgimiento
del Plan Vida, y se desarrollará la cuestión alimentaria en Argentina, para dar
paso al estudio de la mujer manzanera.
En el capítulo III: se realizará el análisis correspondiente al trabajo de
campo (análisis de entrevistas y certificaciones obtenidos en los encuentros con
las entrevistadas).
Finalmente se plantearán las consideraciones finales. Las conclusiones
preliminares, no pretenden ser definitivas sino disparadores para nuevos
interrogantes, es decir, se procura que el proceso de investigación pueda servir
como apertura a posteriores trabajos de indagación, con el fin de seguir
profundizando sobre esta problemática.
20
El rol de la mujer en la sociedad en los inicios del siglo XX
Históricamente las familias fueron una unidad de reproducción y consumo,
así como un ámbito de producción. Las mismas, fluctuaron y se estructuraron a
lo largo del tiempo, asumiendo particularidades diferentes. Según indican
Barrancos, Guy y Valobra (2014) las sociedades industriales, a diferencia de las
preindustriales marcaron una divergencia en la organización del trabajo y en las
relaciones sociales, al interior de cada familia. Con el desarrollo de la
especialización laboral, el ámbito del trabajo y el doméstico tendieron a
diferenciarse. Así es, como a fines del siglo XIX y principios del XX, se reforzó
un orden en el que quedó más explícito y definido que cada sexo tenía su función,
su rol, y su lugar, tanto en la familia como en la sociedad. Dentro de este último
sistema, las relaciones se estructuraron de manera diferenciada, siendo el sector
social al que se pertenecía, un aspecto preponderante para determinar la
identificación.
Al interior del mundo del trabajo y específicamente en las clases bajas, las
diferencias entre hombres y mujeres no eran demasiado significativas, ya que
ambos participaban del proceso de reproducción, aunque asumiendo roles
diferentes. Las mujeres se constituían en responsables del hogar y la crianza de
los niños, algunas de ellas realizaban servicios domiciliarios para otras mujeres,
con el fin de producir más dinero y complementarlo al salario de su marido,
cuando tenían uno. Se puede plantear que en estas divisiones (donde además
se entendía que los quehaceres domésticos correspondían a la mujer, porque
eran propios del orden natural), domina la concepción del matrimonio
monogámico y la familia tradicional, presentándose como la unidad básica de
reproducción y la base sólida de estabilidad social. La familia entonces (en este
período) puede ser definida, como una unidad, fundida en la autoridad patriarcal
y en la sumisión de todos los miembros a la dominación masculina, sin importar
la clase social.
En lo que atañe a las mujeres pertenecientes a las clases más
acomodadas, cabe destacar que su participación era minoritaria en lo que
21 una educación que priorizaba el objetivo de construir buenas madres y esposas.
La educación promovía este tipo de formación y la asignatura definida bajo el
nombre de “economía doméstica” se constituía en una de las materias
fundamentales, a través de ella, aprendían a comportarse en matrimonio, y
atender a los esposos e hijos.
La naturalización de la mujer doméstica, implicó su universalización. Fue
fundamental durante este período, transmitir los hábitos de ama de casa a las
hijas mujeres, con el objetivo último de consolidarlas como buenas amas de casa
y esposas.
A partir de los aportes de J. Luis Moreno (2009) se puede hablar de un
estereotipo sexual que fijó a la mujer en su rol de madre y que instituyó la
intimidad del hogar como su ambiente natural. “(…) La mujer aparecía bajo el doble sometimiento: subordinada al hombre por carecer de derechos, y en algunos casos explotadas económicamente”. (Luis Moreno,2009:237) La función primordial de realización personal en las mujeres (sin importar a que sector social
perteneciera) estaba definida y determinada exclusivamente por la maternidad.
El matrimonio para las mujeres de las clases pobres, era percibido y representaba una forma de “salvación”, en el caso de que el hombre fuera rico o
tuviera un buen trabajo, ya que contaba con probabilidades para sacarla de la
miseria y mejorar su calidad de vida; en contraposición, el hombre veía en el
matrimonio a una mujer que podía dedicarse a las tareas del hogar, cuidar y criar
a los niños, ya que la mayoría de ellos, trabajaba y ocupaba a una mujer para
que realizase las tareas domésticas, en ese caso, se ahorraría los servicios . De
este modo, la tarea básica de la mujer, residía en el gobierno doméstico y en la
asistencia moral hacia su familia.
Se puede indicar que, en las uniones legítimas, el poder de decisión formal
era colocado en las manos del hombre quien se revestía de proveedor y protector
de su mujer e hijos, impulsado y respaldado por las costumbres, las tradiciones
y las legislaciones de la época en cuestión. En relación a lo anterior, se puede
plantear que una de las legislaciones que enarbolaba la dominación masculina
era el texto plasmado en el Código Civil Argentino de 1869, el cual posicionaba
22 proveedor principal del hogar, mientras que a la mujer ,se le negaba la posibilidad
de asumir cualquier acto jurídico, ejercer alguna profesión o dedicarse a la
administración de bienes, imponiéndose de forma incuestionable para ellas el
deber de madres y esposas.
La mujer y su participación en el mundo laboral
A fines del siglo XIX y principios del XX, comenzó a afianzarse la idea de
que el trabajo asalariado se constituía en un factor degenerador de la naturaleza
doméstica femenina, y en el responsable de la distorsión de la raza. Como señala
Nari (2004) el organismo y el cuerpo de la mujer se contaminaba, volviéndose
tóxico, impidiéndole de esta manera, cumplir con el rol prioritario de madre, se lo
consideraba, además, un factor disruptor de la familia y los hijos. Desde el punto
de vista social, se puede pensar al trabajo asalariado como una amenaza real,
al tener en cuenta que éste, puede desembocar en la construcción de un poder
libertario y emancipador de la mujer que supondría la independencia económica.
El trabajo asalariado fue percibido como fuente o camino de emancipación de las mujeres. Los proyectos de liberación de las mujeres obreras se iluminaban con la comprensión del origen de la opresión femenina (…) Por lo general se aceptaba una explicación biológica de la opresión: los embarazos, partos y lactancia en las mujeres habían determinado la especialización de los varones en la caza, la guerra, en el uso de la fuerza (…) De esta manera habían dominado a las mujeres. A partir de entonces la opresión femenina se mantuvo fundamentalmente por la dominación económica. La dominación política era su necesario corolario. (Nari 2004:98)
Es oportuno afirmar que la presencia de mujeres fuera del hogar no
gozaba de alta estima social, se consideraba (desde los discursos
conservadores y hegemónicos) que la mujer que abandonaba el seno de la
familia, y se desentendía de las responsabilidades hogareñas que le incumbían
23 Guy y Valobra (2014) producto de la extensión de los discursos que planteaban
cual era el lugar de la mujer en la sociedad, en las madres pobres, trabajar,
generaba la mayoría de las veces un sentimiento de culpa consciente por no
estar cumpliendo debidamente la función primordial de ser madre; en otros
casos, un hijo acarreaba la pérdida del trabajo, en ocasiones el único sostén
económico de la vivienda.
Entonces, el deseo o la necesidad de salir a trabajar para una mujer, iba
acompañado de una oscura sombra sobre su integridad moral, que
desvalorizaba su dignidad. El peso de la domesticidad y el deber maternal
recaían sobre la mujer, como responsabilidades centrales, limitando la mayoría
de las veces, las necesidades o deseos personales y laborales.
De esta manera, la presencia de mujeres asumiendo el rol de trabajadoras
asalariadas plantea diversas cuestiones vinculadas al proceso productivo y a los
cambios que se dieron en la estructura del hogar.
Si bien las mujeres pobres, como se señaló previamente, siempre trabajaron para el sustento del hogar, alrededor de los años ‘20 hubo una
progresiva incorporación femenina al mercado laboral formal, ampliándose las
oportunidades extradomésticas para las mujeres, especialmente para las de
sectores medios. Las más pobres, podían elegir trabajar en la intimidad de su
hogar como costureras, mientras otras se incorporaban al servicio doméstico; en
menor medida las de clase media ingresaban en la administración pública o
privada, en educación (maestras) o en profesiones sanitarias (enfermeras,
visitadoras sociales o secretariados).
El hecho de que la mujer se incorporara a trabajos que se presentaban
relacionados a sus condiciones naturales (maestras, enfermeras, visitadoras
sociales) provocaba la desvalorización de su capacidad y desempeño, como
bien indica Gavrila (2018) se producía una feminización del área en el que la
mujer estuviera inserta, además de la explotación y la precarización que sufrían
en sus puestos de trabajo.
Las jóvenes que se incorporaban al sector de los servicios domésticos,
24 mucamas o sirvientas, desarrollando los quehaceres domésticos en las casas de
las familias más pudientes. De la población asalariada las jóvenes mujeres
conformaban el grupo más vulnerable, ya que se encontraban expuestas a
enfrentar el acoso de sus patrones o de sus hijos, así como la percepción de
bajos salarios y la realización de tareas de alta inestabilidad. Estos hombres
pertenecientes a las clases altas o de la elite social, participaban de la esfera
pública, como figuras sociales con alto prestigio y poder. Tal como plantean
Barrancos, Guy y Valobra (2014) el acoso por parte de compañeros, capataces
y patrones, además de las condiciones laborales humillantes, motivaba a las
muchachas a buscar otras alternativas laborales y predisponerlas para nuevas
oportunidades.
Es oportuno mencionar, que las inequidades en las relaciones de género
se plasman en los vínculos de poder y de autoridad que detentaban los hombres
frente a las muchachas trabajadoras. Durante un vasto lapso de tiempo, las
mujeres sufrieron el acoso y el maltrato por parte de sus patrones o compañeros
de trabajo en todos los espacios de inserción laboral. En todos estos ámbitos, el
mercado de trabajo reproducía y creaba nuevas pautas para la división sexual
de tareas, creando y reforzando estereotipos de género. De tal manera, las
divisiones sexuales y las disparidades sociales, se comienzan a visualizar en
este momento en el trabajo formal.
En relación a lo que se viene mencionando Nari, (2004) plantea que las
tareas desempeñadas por las mujeres, entre las que se encontraba: elaboración
de alimentos, planchado, costura, limpieza, lavado, educación de niños, cuidado de enfermos y ancianos fueron definidas bajo el nombre de “Extensiones de las funciones naturales”, legitimándose las tareas domésticas como pertenecientes
de forma natural e incuestionable a la mujer y no consideradas como un trabajo
con valor de mercado. Por ello, las mujeres en todos los casos, percibían un
salario menor al de los hombres, aun cuando su trabajo era de igual
responsabilidad.
De esta forma, se puede hacer alusión a la desvalorización permanente
del trabajo femenino y a la devaluación de la capacidad de la mujer para ejercer
25 la naturalización de la “mujer doméstica”, el rol de la mujer en el hogar, la
responsabilidad de la reproducción familiar (crianza y asistencia hacia los niños
y hacia su esposo) y la poca o nula relación de la mujer con el espacio público,
(entendido éste, como el lugar donde se desempeñaban tareas relacionadas con
la política y el Estado). Todos estos aspectos, formaron parte del cotidiano de la
mujer y la maternidad se presentó como el único destino a alcanzar o como la
meta proyectada para la población femenina. Tal como lo plantea y expresa
Elizabeth Jelin (2010) la mujer se constituye en el actor principal de las tareas
reproductivas teniendo en primer lugar y a su cargo, la reproducción biológica
(procrear y tener hijos), en segundo lugar la responsabilidad de la reproducción
cotidiana, es decir la realización de las tareas domésticas con todo lo que ello
signifique para lograr la subsistencia del grupo familiar (cocinar, limpiar,
alimentar) y en tercer y último lugar la mujer desempeña un papel fundamental
en la reproducción social, es decir, en aquellas tareas dirigidas al mantenimiento
del sistema, por ejemplo en la socialización de los niños y especialmente de las
niñas, trasmitiendo normas, valores y pautas de conducta.
Mujer, maternidad y eugenesia en Argentina
Se entiende a la maternidad como un fenómeno social cultural, y político,
por el cual y a través del cual se han generado distintas percepciones e
interpretaciones. Siguiendo aportes de Nari (2004) se puede afirmar que la
maternidad se define como un proceso que incluye una serie de cuestiones
biológicas inherentes a la mujer (concepción, transcurso de la gestación,
embarazo); sin embargo lo que interesa mostrar es que existen un conjunto de
representaciones, prácticas y visiones construidas histórica y culturalmente que
se mantienen naturalizadas y ligadas con la mujer, entre ellas, se pueden
mencionar: la crianza del niño, el cuidado de su salud, la alimentación, y la
vestimenta. Según esta autora, la maternidad se muestra como el destino único
(justo en el momento en que se producen los indicios de separación entre
26 femineidad normal, en el momento en que la incipiente industrialización puso en
Argentina más oportunidades laborales fuera del hogar a disposición de las
mujeres.
Desde el siglo XIX se dió lugar al proceso de maternalización apoyado e
impulsado por el Estado argentino y por profesionales de la salud; este proceso
se encontró relacionado a la necesidad de poblar el suelo argentino, ya que, se
vinculaba la falta de capital humano con el atraso económico. Como indica
Lobato (1996) en Argentina, durante esta época se da una particularidad con
respecto al proceso de transición demográfica4, las tasas de natalidad y
mortalidad se redujeron casi paralelamente, provocando una ausencia de
crecimiento vegetativo; este declive del crecimiento no implicó de todas maneras
una disminución de la población, gracias al boom inmigratorio (dado
principalmente por 2.283.882 italianos y 1.472.579 españoles aproximadamente)
que si bien saldaba la preocupación por la despoblación, acarreaba con otras
inquietudes vinculadas a la cuestión de la calidad de la población. A partir de los
debates médicos del momento, se procedió a identificar a los inmigrantes con la delincuencia, la debilidad, la enfermedad y sobre todo con la degeneración, que,
junto a la despoblación, resultaron ser las amenazas sociales más temidas de la
época.
En función de lo anterior, se puede afirmar que la degeneración fue
combatida principal y primordialmente a través de la escuela pública, como
afirma Lionetti (2007) ésta Institución se convirtió en un instrumento para la
modernización y con su difusión se conseguía un orden político y la estabilidad
social tan deseada; los interesados de aquel tiempo, le otorgaron a la educación
un fin político, con el objetivo de homogeneizar a la población y desterrar
cualquier amenaza, que pusiera en peligro el orden social. Lo que se intenta
decir con esto es que, el arribo masivo de inmigrantes al país trajo costumbres e
ideologías nuevas y diferentes que, posiblemente pondrían en peligro el orden
social. La educación entonces, se convirtió en una herramienta fundamental para
4 Tal como plantea Redondo (1994), se entiende a la transición demográfica como el pasaje de altos
27 preservar la posible inestabilidad, combatiendo la ignorancia y educando a las
masas.
En tanto, en este periodo se percibió necesario construir un proyecto para
formar a las mujeres en el camino maternal, interviniendo primero con las
mujeres madres y luego con las niñas. Según señala Bracamonte (2015) se les
exigía a las mujeres ejercer una maternidad ejemplar y patriótica, ubicándolas
como únicas responsables de la reproducción de hijos sanos para lograr la
Misión Nacional. Estos ideales poblacionistas se basaban en el desarrollo del
binomio madre-hijo y traerían como resultado un destino exitoso para el país. Tal como sostiene Nari “El Estado politiza la maternidad al convertirla en un objeto de preocupación y debate público y político”. (2004:18)
En relación a lo anterior, se puede plantear que existió una necesidad
constante de intervenir en la vida cotidiana de las mujeres madres, pero
especialmente sobre aquellas pertenecientes a la clase trabajadora, es decir,
sobre las madres más pobres de las madres. Desde los discursos médicos, el
objetivo era incidir sobre estas mujeres y orientarlas en el camino de la
maternidad, a partir de un ideal de madre construido: maternal, higiénica,
dedicada, noble, amorosa y sacrificada. Como señala De Paz, Trueba (2007) el
discurso de la maternidad fue una herramienta útil, para reafirmar a las mujeres
en el lugar tradicional que, históricamente la sociedad les asignó, otorgándoles
ahora la responsabilidad de formar ciudadanos nobles para salvar y resguardar
a la patria.
Se asistió de esta manera, a un contexto donde la principal preocupación
fue educar a la madre y donde el Estado, participó del proceso de construcción
de una identidad femenina, basada en el rol materno. Desde la década de 1920
se dió paso a la profesionalización de la asistencia social guiada por médicos
higienistas, para que un personal especializado pueda llevar a cabo actividades
de prevención, cuidado y educación a las masas, formando en este caso,
visitadoras de higiene social, quienes, junto a otros profesionales participaron
activamente del proceso de maternalización; si bien las mujeres históricamente
han estado abocadas a las tareas del cuidado y la reproducción, ahora se abría
28 En este caso, siguiendo aportes de Bracamonte (2015) se puede indicar
que el proceso de maternalización fue de la mano de una concepción basada en
la universalidad de la maternidad que subestimó y restó importancia a la
particularidad y a la diversidad de las experiencias individuales de las mujeres.
En torno a la maternidad, giraron diversos debates y posturas; por un lado,
se encontraban las posturas de higienistas, y de profesionales de la salud,
quienes promovían y defendían el proceso de maternalización y por otro lado,
quienes veían en este camino, la oportunidad de conquistar nuevos derechos
para las mujeres. Como hace referencia Gavrila (2018) la politización de la
maternidad resultó estructurante del discurso médico y eugenésico (concepto
que ampliaremos) que se presentaba en ese momento histórico como modelo a
seguir, pero existieron además otros debates y planteos que tensionaron el
carácter normativo del género femenino, como aquellos encarnados por los
médicos anarquistas, vinculados al derecho de decidir sobre la elección o no de
la procreación.
En función de lo anterior y siguiendo a Nari (2004) se puede agregar que
la maternidad generó en algún punto, una situación privilegiada que dió lugar a
un espacio de lucha por otros derechos para las mujeres. Alrededor de este
posicionamiento se ubicaba el Movimiento feminista que defendía y se
propugnaba por los derechos de la mujer. Dentro de lo que fue el Movimiento
Feminista Argentino, no se puede dejar de mencionar, a una legendaria pionera
en la política social y una de las primeras sufragistas en Argentina; Julieta
Lanteri, que, junto a María Ramírez, y Alicia Moreau se constituyeron en
luchadoras incansables por los derechos y por la igualdad femenina. Lanteri
fundó el Partido Nacional Feminista, y se postuló a legisladora en varias
oportunidades.
Según Barrancos, Guy y Valobra (2014) estas mujeres, además de luchar
por el sufragio universal femenino5, solicitaban la reforma del Código Civil de
1869, donde se determinaba la inferioridad jurídica a la mujer.
5 Con respecto al sufragio universal femenino, Argentina se tornó unánime después de la Primera
29 De este modo, volviendo a la materialización de lo que fue el proceso de
maternalización, entre los años 1890 y 1940, se crearon y configuraron prácticas
y valores que dejaron grandes huellas en la maternidad. Mientras en estos años,
se comienzan a registrar los nacimientos inanimados, los nacimientos y los
partos (como una medida para calcular la mortalidad infantil) en la ciudad de
Buenos Aires se funda la Primera Maternidad y algunos partos comienzan a
institucionalizarse. Estos indicios daban cuenta de que la maternidad era un
asunto público y se encontraba en la agenda del Estado. La intervención estatal
sobre la maternidad y las cuestiones reproductivas fueron en aumento como una
forma de controlar y regular los nacimientos, tan necesarios en las tempranas
décadas del siglo XX. Para llevar a cabo estos objetivos, se limitaba la
incorporación de mujeres a ciertos puestos de trabajo para que puedan
conservar su capacidad reproductora y cumplir con el rol natural de madre. Este
proceso entonces, trajo una nueva redefinición del trabajo femenino.
Por otro lado, siguiendo a Nari (2004) en la década del ’20 ya se perfilaban
ciertas prácticas anticonceptivas y controles de natalidad por parte de la
población, a estos hechos le dieron el nombre de desnatalización; muchos
médicos y profesionales de la época consideraban a estas prácticas como parte
de la corrupción moral y de la degeneración. Ya entrada la década de 1930,
fueron ganando terreno y aceptación poco a poco. Según Nari (2004) la elección
de la disminución de los nacimientos de manera consciente, cualquiera sea la
práctica, otorgaba a la mujer la responsabilidad por la desnatalización; es decir,
se adjudicaba a la mujer la responsabilidad absoluta de la función reproductiva,
y con ello, se la hacía responsable de todos los cuidados preventivos que pudiera
tomar en el caso de decidir tener pocos hijos o no procrear. El único método que
la mujer tenía a su alcance para controlar la natalidad era el aborto, ya que, la
posibilidad de cualquier otro método quedaba en manos del hombre, dejando a
la mujer sin poder de negociación en la relación sexual. “El embarazo es una cadena más brutal, que la prisión”. (Lobato, 1996:163) Esta práctica resultaba
muy común en todos los estratos sociales, en mujeres de distintos estados civiles
30 (solteras, casadas, viudas) y en aquellas otras que elegían preservar un lugar en
su puesto de trabajo.
Sin lugar a dudas, la mayoría de los médicos de la época rechazaban el
aborto, por causas biologistas, religiosas y morales, aunque desde la perspectiva
eugenésica se consideraba necesario evitar el nacimiento cuando los niños por
nacer se encontraban débiles o destinados a heredar enfermedades como lepra
o imbecilidad.
Como se mencionó anteriormente, la maternidad como asunto y objeto de
Estado, permitió que éste implemente políticas de control de natalidad y
eugenésicas, se institucionalicen los partos, se registren, se construyan
instituciones que sostengan estos proyectos, afectando y organizando la vida
cotidiana de las mujeres.
El proceso de maternalización incluye entonces: el adoctrinamiento de las
mujeres en el camino de la maternidad (escuelas de madres), la creación de
políticas eugenésicas, el desarrollo de la puericultura, el reemplazo de prácticas
antiguas y/o tradicionales como el curanderismo, por otras en hospitales y por
último la implementación del proceso de medicalización de la reproducción. En
cuanto a las políticas eugenésicas en Argentina, se puede indicar, que se
focalizaron en mejorar, modificar, construir la nueva raza y en eliminar la
degeneración; según aportes de Gavrila (2018) esta ciencia surgida en Inglaterra
a fines del siglo XIX y consolidada en las primeras décadas del siglo XX, tuvo
como principal objetivo lograr el progreso de la raza; a través de la corrección de
hábitos en la vida cotidiana, buscaba normalizar ciertas conductas para generar
una raza fuerte. Desde esta perspectiva las mujeres ocuparon un lugar central,
ya que se consideraba que sus organismos debían estar sanos, puros y ser aptos
para procrear y reproducirse, evitando de esta manera, una futura degeneración
física y /o mental en la descendencia. El control de la reproducción, incluía el
cuidado del cuerpo y el organismo de la mujer, la elección de una pareja
apropiada, la concepción, el embarazo y el parto.
La responsabilidad de la implementación de las políticas eugenésicas
quedaba en manos de las visitadoras de higiene, médicos, puericultoras,
31 formar a la mujer en el camino maternal, eliminando todo tipo de conocimiento
no-científico como el curanderismo.
Desde la perspectiva eugenésica, las muchachas que ejercían la
prostitución, constituían el grupo de riesgo y el centro de atención, no sólo porque
esta práctica afectaba su integridad moral, sino también, porque corrían el riesgo
de contraer enfermedades de trasmisión sexual, o adicciones como el
alcoholismo, afectando de manera drástica su organismo y una futura
procreación; generalmente pertenecían al sector social más pobre y no contaban
con recursos suficientes para reproducirse.
La mujer, “el camino maternal y la educación”
Según Bracamonte (2015) se consideraba que la educación femenina
debía basarse en la diferencia sexual y tender a la preparación de los roles
domésticos y maternales. La educación para las mujeres, significó en estos años,
un proceso de adoctrinamiento, formación e incorporación de hábitos, normas y
valores. La necesidad de educar a las mujeres hizo viable la creación de
Escuelas, con el objetivo de poder construir y descubrir el instinto maternal que
existía en cada una de ellas. Según señala Nari (2004) la materia definida como “Economía Doméstica” era obligatoria en la educación formal y formaba parte de
la puericultura6; su finalidad giraba en torno a la transmisión de hábitos, y
conocimientos necesarios para la formación de buenas madres y esposas
respetables.
Si bien los ámbitos educativos estaban formados y dirigidos hacia los
hombres, durante las primeras décadas del siglo XX, comienza un proceso
aspiracional de la población femenina y se produce una inclusión importante de
mujeres a niveles superiores.
6 Tal como indica Nari (2004) la puericultura, como campo de saber autónomo, surgió hacia finales del
32 Desde la perspectiva de género, se puede señalar, que la mayoría de las
carreras terciarias o universitarias se encontraban totalmente ligadas a la figura
masculina (medicina, ingeniería y filosofía) vinculando a la mujer con profesiones
como la enfermería o la docencia. Ésta última, fue históricamente percibida como
una ocupación para la mujer, por la calidez innata, el amor al prójimo, la labor
emocional, maternal y la vocación que las mujeres portaban para ayudar a los
demás. Tal como plantea Lorenzo (2017) en algunos de sus niveles, la docencia
ha significado un proceso de feminización, debido a la cantidad de mujeres que
se incorporaban y se recibían de docentes.
En la carrera de medicina7, las mujeres luego de terminar sus estudios,
sólo podían desempeñarse en algunas especialidades, como en el área
obstétrica o en la atención infantil, es decir, tenían el acceso restringido sobre
algunas ramas de la profesión, a diferencia de los hombres, quienes podían
incursionar sobre todo el campo médico; en este caso, se deja en evidencia la
naturalización de la mujer con los niños y con la maternidad. Tal como señala
Gavrila (2018) las enfermeras, las visitadoras de higiene y las puericultoras
tenían establecido ocupar los puestos auxiliares, donde se mantenían alejadas
del monopolio del conocimiento médico masculino.
Asimismo, las disparidades y desigualdades entre los sexos, se
trasladaron a los ambientes institucionales, académicos y al campo de trabajo.
Estas desigualdades formaron parte del proceso de construcción de profesiones,
detentando en este caso los hombres más privilegios y derechos que las
mujeres. La diferencia sexual, dió lugar a una división patriarcal del trabajo,
imponiendo niveles de poder y autoridad desiguales, entre hombres y mujeres,
desprestigiando la labor de la mujer o justificando el hecho de que tuvieran que
cumplir con más responsabilidades y percibir la misma paga, por una causa
totalmente biologista.
Por otro lado, para el Estado continuaba siendo necesario persuadir e
incentivar a las mujeres en que la Nación las reclamaba mujeres madres antes
7 Cecilia Grierson se constituyó en la primera médica argentina y fue pionera en el campo de la
33 que intelectuales. El Estado las ubicaba en el lugar de responsables por el
porvenir de la Nación, y les encomendaba el deber de formar una raza fuerte y
sana para seguir creciendo como país, reforzando el estereotipo de madre y de
mujer doméstica. En tanto que la construcción del binomio madre- niño fue objeto
de todas las políticas materno-infantiles.
Una cuestión importante para resaltar, siguiendo aportes de Nari (2004)
es que en todos los proyectos estatales y emprendimientos el gran ausente era
el padre. Para el varón-padre la paternidad sólo representaba sostener
económicamente a la familia y ejercer cierta autoridad, esto se respaldaba,
además, de manera legal. En este período no existen proyectos para fomentar
el amor del padre, (como sí ocurría con la madre) o formar al padre en el camino
de la paternidad; con esto se intenta visibilizar la ausencia del rol paterno en todo
lo que fue el proceso de maternalización, naturalizando el rol de la mujer en la
maternidad, y situándola como única responsable en la crianza, y el
desenvolvimiento del niño.
La desigualdad entre hombres y mujeres, fue moneda corriente durante
estas décadas, y los deberes morales, así como el ejercicio de la paternidad, no
fue asunto de Estado ni de políticas sociales.
Como señala Nari (2004) en este clima maternalista y conservador
coexistían leyes y estatutos que regulaban directa e indirectamente la
procreación, y la maternidad; aunque era necesario un nuevo sistema legal que
contemplara y regulase el trabajo femenino, como forma de cuidar los cuerpos
de las mujeres y priorizar la maternidad natural. A partir del año 1920, tomó un
fuerte impulso a nivel nacional e internacional la idea de un subsidio maternal y
una licencia pre- y postparto; en una Conferencia realizada en Washington en
1921 se prohíbe el trabajo nocturno para las mujeres y se proclama la
indemnización o subvención por maternidad.
En relación a lo anterior, Nari (2004) sostiene que en 1924 se promulgó la
ley 11.317 en Argentina, la cual prohibía el trabajo femenino durante las seis
semanas posteriores al parto y autorizaba mediante certificado médico el cese
de actividad hasta seis semanas antes del mismo; ninguna mujer embarazada