Revista de Feria
AÑO 2006EDITADA POR EL EXCMO. AYTO. DE CASTRO DEL RÍO COORDINADOR: Blas Criado Jiménez
COLABORADORES:
Manuel Carrilero Millán, Mª Juana López Medina, Francisco Morales Basurte, José Navajas Moreno, Francisco del Valle, Francisco Cañasveras Garrido, Juan Luis
Navajas Carvajal, A.T. Pineda, Bernabé Escobar, A. Cabrera, P. Ramírez, A. Salido,
Juan Millán Rincón, Carmen Jurado Gómez, Antonio Sánchez Millán, Miguel
Millán, E. Jiménez, Rafael Vera Cívico, Jesús Navarro Gallardo, Felipe Gómez Isa, Pedro Criado Elías, Pedro Muñoz Romero,
Javier López, María–Félix, Francisca Castro Yépez, Mª Salud Urbano Ávila, Pedro Javier Granados Millán, Antonio Pérez García, Diego Urbano Mármol, “Estripaterrones”, Antonio Pérez García,
J. A. Salido, F. Merino Cañasveras, Antonio Salido Bravo, Juan José Lorenzo Gallardo, José Aranda Alcántara, Ricardo
Jiménez, Salud Merino Cañasveras, C.F. Scala Coeli S.C. And., Ángel Cazorla, J.A.U., Manuel Camargo Valle,
M.C., Salud María Tapia Pérez, Pedro Cañasveras, J. Pulido, Pepe Bracero, Ana
Martínez Berral, Francisco Torres, José Bretones Salinas, Juana López Martínez,
J. López, Diego Muñoz Navajas, Rafael Millán, Antoñi Serrano Jiménez
FOTOGRAFÍAS: Blas Criado – Pedro Moreno J. Pulido – J. Jiménez – Recio
PORTADA: Antonio Morales
PUBLICIDAD: Julio Aranda Urbano Cristóbal Reyes Rodríguez
DEPÓSITO LEGAL: CO–1327/2003
DISEÑO, CONFECCIÓN E IMPRESIÓN: Gráficas Cañete, S.L. Pol. Ind. Quiebracostillas. Avda. de Alemania, 7 14850 Baena (Córdoba). Telf./fax: 957 67 09 66
Correo–e: grafi[email protected]
Saluda del Alcalde ... 5
Saluda del Delegado de Festejos ... 9
La organización de la sociedad en el municipio romano de Castro del Río ... 12
Algunas notas sobre el folclore provincial cordobés en su relación con la aceituna .. 21
A la búsqueda de la historia y huellas templarias en Castro del Río ... 28
Torreparedones, Bien de Interés Cultural ... 35
Reproducción facsímil de un trozo de historia de Castro del Río y su entorno, contada por el médico y literato cordobés Bartolomé Sánchez de Feria ... 37
La doncella deshonrada ... 41
Pedro Cañasveras, in memorian ... 44
Soledad y “la senserrá” ... 47
‘In the pastoral village of Castro del Río’ ... 49
Fernán Caballero y ‘La maldición paterna’ ... 53
Cuestión de luces ... 61
Memorias de un loco, sexta parte ... 62
Antonio Pulido ... 65
La injusticia de la justicia con Lola Navajas Reinoso ... 72
Sobre robos urbanísticos ... 76
Depresión postcurso ... 79
Concienciación + represión, no es suficiente: la lacra de los accidentes de tráfico . 81 “Eppur si mueve” (y sin embargo se mueve) ... 85
La crisis de los 30 ... 88
Al maestro jubilado ... 89
Para muestra valga un botón ... 92
Todos los derechos para todas las personas ... 97
La alimentación actual ... 99
¿Y E.S.O.? ... 101
Otro año de generosidad y solidaridad ... 102
... hablemos de educación, familia y sociedad ... 104
Segunda Adolescencia. Otra oportunidad ... 108
El Ayuntamiento apuesta por el Desarrollo Local ... 111
Estudios realizados por la Utedlt del Guadajoz y Campiña Este en el 2005 ... 113
Nueva etapa en la Escuela Municipal de Música ... 115
La teoría de la involución ... 117
Adolescencia peligrosa ... 118
El quinto pino ... 120
El futuro es lo que cuenta y el pasado está para enseñarnos… ... 125
¡¡Malaya la hora!! ... 127
Un amor imposible ... 129
El acoso de los jefes y jefecillos ... 130
Esos castreños. ¡Encuentros insólitos! ... 132
Del progreso, no todo es bueno ... 135
El ayer y el hoy ... 136
El Club Deportivo y su nuevo proyecto ... 139
Gracias paisano ... 141
Israel y EE.UU.: Herodes del siglo XXI ... 142
Historia de Gregoria (V) ... 144
Observatorio de la Educación ... 148
Jueves forever ... 151
¿Por qué la juventud se droga? ¿Para divertirse o... para ser otros? ... 153
Hermandad de la Vera Cruz. Sus pasos y su procesión ... 161
Preposiciones ... 163
Un laberinto de pensamientos ... 165
Día de los Santos ... 165
El abismo / Interplanetary Music ... 166
Haikus tristes de verano ... 169
A mi madre ... 173
A mi madre ... 173
El tiempo se pasa volando / Amigo mío / ¿Quién será? ... 175
A mi sobrina Salud / Recordar es vivir dos veces ... 177
Una baraja ... 178
Este mundo loco / ¡Para ti abuela! / Recuerdos de aquella tarde ... 181
Expresiones de un vagabundo ... 183
No estás solo / Desde tu cuna ... 185
Viejo olivo ... 187
El aceite de oliva ... 189
De Juani a su Castro ... 190
Lluvia / Allá donde yo vaya ... 193
Metrosexual ... 197
Volver a Granada ... 201
Entre silos y olivares / Lunaclara ... 205
El extranjero / Búsqueda ... 209
Dedicado a mi prima Mª Dolores Serrano Ávila ... 211
Para mis padres ... 213
Para Francisco Luque (Minuto) ... 214
Las Carlotas ... 217
PROGRAMA DE FERIA 2006 ... 219
Programas Casetas de Feria ... 221
Romance del Puente Viejo ... 223
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Saluda del Alcalde
Q
ueridos castreños y queridas castreñas:Ante el pórtico de nuestra Feria Real es, para mí y para la corpora-ción que represento, todo un honor dirigirme a vosotros a través de de nuestro Libro de Feria, así con mayúsculas. Porque esta publicación es eso, un libro, una colección de trabajos impresos con las fi bras de la sabiduría y la investigación pero también con las fi bras del alma y de la intuición, de los saberes escritos y de los no escritos. Gracias, pues, a todos los colaboradores por sus obras.
Castro del Río es un pueblo alegre, lleno de color y de luz, con gente amable y hospitalaria que se prepara con ilusión para celebrar su Feria Real, durante los días 13 al 16 de septiembre, y a la que deseo siga siendo la cita festiva más importante del año y el referente de nuestra comarca en armonía y concordia.
Nuestro pueblo, con el apoyo decidido y la participación de sus ciudadanos y ciudadanas, ha conseguido consolidar esta feria de septiembre como la fi esta más importante del verano, en la que la tradición y la innovación se dan la mano para compartir los buenos momentos de estos días.
Estamos en la fase fi nal de una etapa y qué duda cabe que es el momento de que los ciudadanos repasen lo hecho y lo no hecho y hasta lo por hacer. Quizás este no sea el lugar adecuado para dichas valoraciones. Mientras estamos de Feria, Castro nos muestra los cambios de los últimos años y se prepara para afrontar los que en breve cambiarán su fi sonomía e incluso las pautas y rutinas de los castreños, sobre todo en lo referente al urbanismo, con el nuevo Plan General de Ordenación Urbana.
Si a esto añadimos la reciente entrada del Puente Nuevo y las mejoras que han supuesto las nuevas instalaciones deportivas, sumadas a una fructífera actividad cultural, todos ellos nos presentan un pueblo amante del deporte y de la cultura. Concluye el año con la V Escuela Taller. Durante dos años cuarenta alumnos se formaran en distintas familias profesionales.
Han sido los últimos años importantes para Castro del Río, para su avance y promoción en todos los sentidos. Un esfuerzo compartido por todos y todas que nos hacen cada día más orgullosos de ser castreños.
Ahora que nuestro pueblo se ilumina con su Feria, ¡Viva Castro¡ Salud y buena feria.
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Avda. Diputación, s/n. – CASTRO DEL RÍO
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Les desea a todos los castreños que pasen una
Feliz Feria Real 2006
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9
P
aisanas y paisanos, es el momento de volver a disfrutar de nuestra Feria Real. Un año más los farolillos, el alumbrado, este mismo libro de feria, nos anuncian, dentro de ese ciclo festivo anual, que es el momento de nuestra Feria, la de todos. Que hay que aparcar por un momento el trajín diario y dedicarle un ratito al ocio, al encuentro lúdico. Que es el momento de ocupar la calle y el recinto ferial y alzar nuestras copas y brindar por la feria, por un Castro mejor. Estos momentos, aunque efímeros a veces, pueden llegar a fi jarse en la retina y, dada su intensidad, perdurar en el tiempo, ser eternos. Así es nuestra feria, así somos los castreños, intensos y profundos.Si el año pasado fue año de grandes fastos, del tetracentenario del Quijote o de los campeonatos de doma, este año, desde las delegaciones que presido, no hemos querido bajar la guardia para poder seguir ofreciendo una oferta cultural y festiva de calidad. Para muestra ahí están la semana cultural del Día de Andalucía, los conciertos de primavera y verano o el I Encuentro de Músicas del Mundo con Ángel Corpa, Al Tarab y Dilema, un auténtico lujo para nuestro pueblo. No podemos olvidar que la oferta de ocio durante estos últimos veranos se ha completado con una apuesta arriesgada, la zona joven y los conciertos extraordinarios por los que han pasado extraordinarios músicos y espectáculos. A los de este año: Las Carlotas, La Fiesta Top Star y Los Centellas, les podríamos sumar los de años anteriores: Hombre Gancho, Los Aslándticos, Rakel Winchester, Future Dance, Fussion, Los Rebujitos, Miguel Sáez… A todas las personas que han hecho posible y han participado en estas actividades, mi más sincero agradecimiento. Y no podíamos cerrar mejor este ciclo que con Medina Azahara. La cita es el próximo día nueve de septiembre. Un concierto que nos va a servir a la vez como pórtico de nuestra Feria Real 2006.
Y no puedo dejar en el tintero, en esa apuesta por la cultura de calidad, nuestra Muestra de Teatro en su sexta edición, un verdadero referente en toda la campiña. Nuestra felicitación a los técnicos y, cómo no, a las compañías locales por su esfuerzo y dedicación. Como no podemos dejar atrás tampoco a CastroEcuestre y sus primeros pasos con la organización del espectáculo Pasión y Duende del caballo andaluz el próximo 10 de septiembre.
Espero que todo este esfuerzo haya merecido la pena.
También hemos mantenido el pulso en el tema de las infraestructuras con la fi rma de un convenio para la construcción de un nuevo teatro, un espacio escénico multiuso, y la entrega del proyecto de la nueva biblioteca. Hemos conseguido, pues, sentar las bases de unas nuevas instalaciones para uso y disfrute de la sociedad castreña del siglo XXI.
Y ahora toca el turno a los agradecimientos en primer lugar a nuestros colaboradores, a su generosa colaboración. Gracias, de verdad. Y en este punto recordar a nuestro amigo Pedro Cañasveras. Ya no está con nosotros pero el aroma de sus poemas y relatos sigue fl uyendo por estas páginas y entre todos los seguidores de este libro de feria.
Seguidamente quiero agradecer y reconocer también el esfuerzo de todas las personas que colaboran en el esplendor de nuestra feria, a los empleados municipales, a la policía local, a protección civil; y como no, a las entidades que montan su caseta en el Real, la Peña Flamenca, la del Caballo, Izquierda Unida y Circulo Liceo. Sabemos que estos días son días de ajetreo, de organizar las actividades, concertar orquestas y grupos, de buscar los patrocinios, de preparar y adornar la caseta, de atender la barra… Tareas arduas que merecen el reconocimiento y aplauso de todos.
Nuestra esperanza en estos días también está puesta en el reencuentro con los paisanos ausentes, con los amigos que visitan Castro para compartir estos días de diversión con nosotros, para ellos nuestro abrazo de hospitalidad.
Por último, desearos una Feliz Feria y lo que recomendaba el pasado año, moderación a la hora de tomar copas, sobre todo a los más jóvenes, y coger el coche o la moto, la gasolina y el alcohol no hacen buena mezcla.
Espero que todos aportemos ese granito de arena necesario para que nuestra Feria Real discurra en amistad y armonía.
Salud y a disfrutar
JOSÉ LUIS CARAVACA CRESPO
Saluda del Delegado de Festejos
Promociones
Inmobiliarias
Construcciones
LA UNIÓN
12
MANUEL CARRILERO MILLÁNY Mª JUANA LÓPEZ MEDINA
1
IntroducciónCon este trabajo queremos dar a conocer determi-nados datos recuperados y elaborados en los últimos años en relación al estudio del poblamiento y la circulación monetaria en la Campiña de Córdoba desde la conquista romana hasta la desintegración del Imperio, aunque aquí nos vamos a centrar en el municipio romano del núcleo urbano de Castro del Río y su territorio entre los siglos I y II d.C. A partir de esos datos vamos a acercarnos a la organización de la sociedad en un municipio de la campiña y sus conexiones más próximas en ciudades romanas vecinas.
El espacio donde se sitúa nuestro pueblo forma parte de la Baja Campiña cordobesa, vertebrado por el valle medio del río Guadajoz y su afluente el arroyo Salado al norte. Sus suelos son fértiles, lo que unido a las lluvias (400–500 ml. anuales) permiten practicar una agricultura de secano, carac-terizada por el policultivo mediterráneo (vid, olivo y cereales), al que hay que sumar los cultivos de regadío y huertas en las márgenes del río Guadajoz. Castro del Río ocupa una posición central dentro del espacio que analizamos y aparte de sus fértiles tierras para cultivos, cuenta con la existencia de recursos variados (piedra caliza, arcillas, sal y agua) así como con el río convertido en la vía de comunicación hacia el Guadalquivir.
Por otro lado, en la zona la distribución del poblamiento hacia el comienzo de los primeros años de nuestra era, está marcado por la presencia de cinco núcleos urbanos:
• Iptuci (Torreparedones), cuya dispersión de materiales
alcanza las treinta hectáreas, y que tras la contienda militar entre César y Pompeyo, y su apoyo al primero, obtiene el estatuto de colonia, con los apelativos de
Virtus Iulia (Plinio, N.H. III, 3, 12) 1. En este sentido, desde el punto de vista administrativo vemos como
Iptuci a finales del siglo I a.C. funciona ya con una
organización típicamente romana, como demuestra la epigrafía. Esta fuente nos ha permitido constatar la existencia del primer duoviro de la familia Pompeia de esta localidad, Marcus Pompeius Q.f. Ictnis (CIL II²/5, 409), de la misma forma que está constatada la
edilidad en un sucesor suyo Cnaeus Pompeius Cn.f.
Afer (CIL II²/5, 420) también duovir.
• La también procesariana Ucubi (Espejo) con ocho hectáreas y media, que recibió el estatuto de colonia tras este apoyo, con los títulos de Claritas Iulia (Plinio,
N.H. III, 3, 12).
• Ategua (Teba la Vieja), con aproximadamente doce
hectáreas y media, posible municipio flavio2.
• Ipsca (Cortijo de Izcar) con siete hectáreas y media,
que obtiene su promoción a municipio flavio tal y como nos lo indica la epigrafía (CIL II²/5, 387, 388, 389, 391) como Municipium Contributum Ipscense. • Y, por último, el mismo Castro del Río con seis
hectá-reas y media, y en el que nos vamos a centrar a partir de ahora.
La ocupación de estas ciudades del valle medio del Guadajoz en la época del Alto Imperio romano llegó a con-tar entre 12.000 y 20.000 habitantes, una población algo mayor que en la actualidad concentrada en cinco ciudades, que contrasta con los dos únicos pueblos en la actualidad: Espejo y Castro del Río (Figura 1).
2. La civitas de Castro del Río: distribución del poblamiento
Según el recorrido del Bellum Hispaniense este núcleo urbano podría vincularse al topónimo Soricaria (B.H. 24, 1 y 27, 1). En cuanto a la ubicación de este topónimo, existen
La organización de la sociedad en el
municipio romano de Castro del Río
1 En relación con la política de municipalidad de César en esta zona: M.A. Marín Díaz, Emigración, colonización y municipalización en la
Hispania republicana, Granada, 1988, pp. 209, 211. M.L. Cortijo Cerezo, La administración territorial de la Bética romana, Córdoba,
1993, pp. 186–201.
2 No sabemos el status que recibió Ategua tras la guerra civil. En las excavaciones de los años 1980 y 1981 realizadas por un equipo de la
Universidad de Córdoba dirigido por M. Martín Bueno (“Primeros resultados de las excavaciones de Ategua (Córdoba)”, en Homenaje al
Profesor Martín Almagro Basch, vol. III, Madrid 1983, p. 229), tras los trabajos de campo de la década de los 60 de A. Blanco (“Ategua”, Noticiario Arqueológico Hispánico 15, Madrid 1983, pp. 93–135) se han podido documentar niveles altoimperiales que indican su
mante-nimiento como núcleo urbano, a lo que hay que sumar el hallazgo de un gran número de inscripciones. Si bien, en ninguno de estos epígrafes se ha podido documentar por ahora la existencia de familias adscritas a la tribu Quirina, ni de instituciones ni magistraturas, la constatación de la origo ateguense en el ciudadano C. Appius M(…) (CIL II²/5, 474) nos pone de manifiesto su condición de ciudad privilegiada ya en el siglo II d.C. (A. Ventura Villanueva, “Ategua: ¿municipio flavio?”, Anales de Arqueología Cordobesa, 5, 1994, pp. 305–311).
13
numerosas dudas. Por ahora siguiendo el recorrido de esta obra, se sabe que tras la caída de Ategua, Gneo Pompeyo con su ejército se retira a Ucubi donde ordena matar a los seguidores de César, el cual continúa con su ejército aguas arriba del río Salsum (Guadajoz) e inicia operaciones en torno a Soricaria. El lugar más apropiado por sus restos arqueológicos es Castro del Río.
En torno a este asentamiento urbano realizamos en el año 1988 una prospección intensiva para localizar los asentamientos rurales en un área aproximada de 30 km2, cuyos resultados sobre la distribución del poblamiento de época altoimperial son los siguientes:
A) Construcciones rurales de gran tamaño denominadas
villae. Se han localizado siete de esos asentamientos y su
proporción es inversamente proporcional a la extensión de tierras que explotaban con respecto a otras construcciones localizadas que son mucho más pequeñas. Entre los ma-teriales que se han constatado, a parte de los cerámicos, quisiéramos destacar algunos otros como el conjunto de denarios localizados en el paraje de La Polonia (al norte), que ya presentamos en Madrid en el XIII Congreso
Interna-cional de Numismática.
Se trata de treinta monedas que van desde Augusto a Antonio Pío, la mayor parte de éstas pertenecen a época antonina, sobre todo a los emperadores Trajano y Adriano (fig. 2). El primero de ellos con 15 piezas y el segundo con 9. De entre el primero están bastante representadas las monedas de sus primeras acuñaciones donde hace referencia en el nombre a Nerva del 98–99 d.C. (3 en total)3, las acu-ñadas en el período comprendido entre el 103–111 con la leyenda en el reverso OPTIMO PRINC(eps) (4 en total)4 y las del período comprendido entre el 114–117 con la leyenda en el anverso de IMP CAES NER TRAIANO OPTIMO AVG
GER DAC o IMP CAES NER TRAIAN OPTIM AVG GER DAC PARTHICO (3 en total)5.
Por último también hay que destacar las emisiones de Adriano (en total 7), comprendidas entre los períodos 119–122 (un total de 4)6 y 134–138 (un total de 3)7. El hallazgo de este conjunto de denarios provoca que en el aprovisionamiento de numerario durante las dinastías fla-via y antonina los denarios sean el valor principal, pues la plata supone un 32% frente al bronce. Aunque también se pueden observar ciertos paralelismos con el resto del sur peninsular, como es que las unidades de bronce dominadas
por el valor “as” hasta Trajano empiezan a ser sustituidas por el sestercio.
Entre otros materiales localizados también destacamos una representación femenina de mármol, bastante dete-riorada, y algunas inscripciones como el epígrafe funerario analizado por J.F. Rodríguez Neila que procede del Cjo. “El Molinillo Alto”8.
B) Pequeñas construcciones rurales. Se trata de una mayoría, en total 24, todas de nueva planta, dispersas por todo el territorio y donde suelen aparecer conjuntos cerámicos, dominados por la presencia de cerámica común de tradición local, aunque con algunas producciones finas, principalmente terra sigillata hispánica y clara A, además de elementos de construcción (tégulas, ímbrices, ladrillos) y muelas de molino entre otros. No superan la media hectá-rea, y debieron de pertenecer a familias que probablemente residían en la ciudad y poseían pequeños cobertizos junto a sus tierras de trabajo. Están relacionadas con la existencia de una pequeña o mediana explotación agrícola. En la mayoría de los casos no sobrepasan el final del siglo II d.C.
C) El núcleo central de todo este territorio es Castro del Río, como ya hemos indicado. Actualmente en su plano destaca la muralla medieval, que tiene especial relevancia para nuestro estudio pues se levanta sobre sillares que nos
3 1 denario de Trajano: RIC II, pp. 245 núm. 9.
1 denario de Trajano: RIC II, pp. 245 núm. 11. 1 denario de Trajano: RIC II, pp. 246 núm. 22.
4 1 denario de Trajano: RIC II, pp. 252 núm. 113.
1 denario de Trajano: RIC II, pp. 252 núm. 118. 1 denario de Trajano: RIC II, pp. 253 núm. 128
1 denario de Trajano: sin precisar debido a su alto grado de desgaste y mala conservación.
5 1 denario de Trajano: RIC II, pp. 267 núm. 318.
1 denario de Trajano: RIC II, pp. 268 núm. 337. 1 denario de Trajano: RIC II, pp. 268 núm. 349.
6 1 denario de Adriano: RIC II, pp. 349 núm. 69.
1 denario de Adriano: RIC II, pp. 351 núm. 94. 2 denarios de Adriano: RIC II, pp. 357 núm. 141.
7 1 denario de Adriano: RIC II, pp. 368 núm. 241a.
1 denario de Adriano: RIC II, pp. 371 núm. 267. 1 denario de Adriano: RIC II, pp. 378 núm. 327.
8 J.F. Rodríguez Neila, “Aportaciones epigráficas I”, Habis 14, 1983, V. Este epígrafe por sus características, posición y texto pertenece a
SÁNCHEZ
15
indican la presencia de otra fortificación anterior, concreta-mente de época ibérica y romana.
En cuanto a la primera de estas fases, se documenta un
oppidum ibérico en el barrio de la Villa, que actualmente
presenta un urbanismo de raiz medieval a base de calles estrechas y de espacios abiertos constituidos por el Llano de San Rafael y Llano de la Iglesia. Los materiales arqueológicos procedentes de distintos solares y calles de la Villa nos dan al menos un marco temporal de lo que debía ser el asenta-miento en los siglos VI–V a.C. Dichos materiales proceden concretamente de: Calle Rincón, Llano de la Iglesia, Calle Estrella, Mirador. Estos lugares, lo bastante diseminados por el casco antiguo de Castro, nos dan la idea de que toda la Villa constituía un núcleo de habitación importante9.
Se trata de un oppidum ibérico amurallado que se alza sobre el Guadajoz unos 60 metros y que ocupa una extensión de seis hectáreas y media. Ejemplos de este tipo de asentamientos podemos encontrar en su entorno, como son Teba la Vieja, Torreparedones y Cortijo de Izcar10. La necrópolis de este asentamiento se encuentra en la ladera oeste del cerro, donde actualmente se levanta el cementerio de Castro del Río. Aquí se han localizado fragmentos de cerámicas ibéricas, una placa de bronce y un toro realizado en caliza que se encuentra en el patio del Ayuntamiento. También de Castro procede un león ibérico depositado en el Museo Arqueológico Provincial de Córdoba, del que no se sabe su procedencia.
Por consiguiente, este núcleo se mantiene hasta épo-ca romana, cuando alépo-canza otra de sus etapas de mayor desarrollo, concretamente a partir de mediados del siglo I d.C. y durante el siglo II d.C. A parte de las cerámicas comunes destacan en estos conjuntos la terra sigillata hispánica y clara A. La necrópolis de estos momentos se localiza en la parte más baja del cerro junto a la ibérica, como demuestran las concentraciones de material y las inscripciones halladas.
A nivel de la distribución del poblamiento en los alrede-dores de Castro del Río, se puede destacar en primer lugar la continuidad del núcleo urbano organizador del territorio, y en segundo una reorganización de su ager. Es decir, se
ha producido un importante cambio en el poblamiento, pues se ha constatado un gran número de asentamientos de nueva planta, en concreto 26 (de los 31 con ocupación de esta época), y como hemos dicho en su mayoría se trata de pequeñas construcciones rurales. Frente al hábitat nuclearizado de los últimos siglos anteriores al cambio de era, se pasa a un hábitat disperso, donde se ocupan áreas más alejadas del núcleo urbano. Estamos, pues, ante una completa reestructuración del territorio, ligada a la plena integración de esta civitas en el mundo romano. Esto mismo ocurre en zonas como la Depresión Natural de Ronda, la Campiña de Jaén o el Sureste peninsular11.
Por lo tanto, hemos documentado un sistema de ex-plotación de la tierra vinculado a la pequeña construcción rural que hemos caracterizado por la explotación por parte de familias campesinas (ya sea en régimen de propiedad o de arrendamiento12) de pequeñas parcelas cuya producción hemos supuesto destinada al policultivo13. En este sentido en las orillas del río Guadajoz hasta hace poco se trabajaban abundantes huertas de regadío con cultivo de hortalizas, frutales y verduras. Además también está constatada la producción de cereales propios de una zona eminentemente cerealística como ésta. Así pues en el territorio han quedado numerosas evidencias arqueológicas, desde las muelas de molino halladas en los yacimientos a determinadas estruc-turas rurales vinculadas con el almacenamiento de esta producción. Entre ellas podemos destacar las construcciones romanas del paraje de Carchena (Castro del Río) realizadas en mortero romano, cuya construcción se debió de llevar a cabo entre finales del siglo I a.C. y la primera mitad del s. I d.C., y el campo de silos del Caserío de Gramalejo (Castro del Río), con cuarenta putei usados desde época prerromana hasta posiblemente época medieval14.
3. Su estatuto jurídico a través de los nuevos datos epigráficos
Ahora bien, en cuanto a su estatuto jurídico, la primera evidencia de éste que debemos comentar es el epígrafe CIL II 1570 = II²/5, 401, y sus distintas interpretaciones. En la revisión del CIL II en dicha inscripción se puede leer:
9 M. Carrilero Millán, “El oppidum ibérico del casco urbano de Castro del Río (Córdoba)”, en A. Escobedo Rodríguez (coord.), Homenaje a la
Profesora Elena Pezzi, Granada 1992, pp. 299–315. Un análisis detallado de los materiales se puede ver en las páginas 303 a 305.
10 Sobre Teba la Vieja: A. Blanco, op. cit. nota 3. Sobre Torreparedones: J.A. Morena López, El santuario ibérico de Torreparedones. Castro
del Río–Baena, Córdoba, Córdoba 1989). Sobre Cortijo de Izcar: M. Carrilero, op. cit. nota 10, pp. 312–314.
11 Sobre la Depresión Natural de Ronda: M. Carrilero Millán y B. Nieto González, “La Depresión Natural de Ronda en la Bética romana:
Paisaje agrario y estructura social en el Alto Imperio”, en C. González Román (ed.), La sociedad de la Bética. Contribuciones para su
estudio, Granada 1994, pp. 51–73. Sobre la Campiña de Jaén: M. Castro y C. Choclán, “El poblamiento rural de la Campiña de Jaén
en época imperial”, Dédalo 26, S. Paulo 1988, pp. 119–137; C. Choclán y M. Castro, “La Campiña del Alto Guadalquivir en los s. I–II d.C. Asentamientos, estructura agraria y mercado”, Arqueología Espacial 12, Teruel 1988, pp. 205–221. Sobre el Sureste peninsular: M.J. López Medina, Espacio y territorio en el sureste peninsular: la presencia romana, Tesis microfichada, Almería 1997.
12 En relación con el arrendamiento hay que poner la figura de los colonos (Columela I, 7, 6), se trata de personas que cultivaban parcelas
de tierra mediante el pago de una renta (J. Kolendo, “El campesino”, en A. Giardina (ed.), El hombre romano, Madrid 1991 (Roma–Bari 1989), pp. 248–251).
13 En este sentido se pronuncian entre otros: J. Kolendo (op. cit. nota 13, p. 247) y D. Vera (“Dalla «villa perfecta» alla villa di Palladio: sulle
transformazioni del sistema agrario in Italia fra Principato e Dominato (2ª parte)”, Estratto da ATHENAEUM, Nuova Serie, Vol. LXXXIII, Fasciolo II, 1995, p. 341).
14 Sobre las construcciones del paraje de Carchena y el campo de silos del Caserío de Gramalejo: P. Lacort, “Cereales en Hispania Ulterior:
silos de época ibero–romana en la campiña de de Córdoba”, Habis 16, 1985, pp. 361–365; “Colonia Claritas Iulia Ucubi, actual Espejo (Córdoba)”, Dialoghi di Archeologia 10, 1–2, 1992, pp. 204–206. En este último trabajo el autor tras la descripción detallada de estas construcciones plantea que pese a su primera hipótesis de trabajo por la cual se suponía que era un gran centro de almacenamiento de carácter público (posiblemente de cereal), esta hipótesis le planteaba dudas, y por la analogía con cisternas del norte de África como Malge o Bord Djedid las relaciona con construcciones hidráulicas.
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SACRATA DOMVS AVGVSTO / M(arcus) CLODIVS [–] / PONT(ifex) DESIG(natus) CVM ANNIA [–] / ET M(arco) CLODIO RVSTICO ET / [–] CLODIO MARCELLO F(iliis) / IMP(eratori) CAES(ari) VESPASIANO AVG(usto) / D(e) S(ua) P(ecunia) D(edit) D(edicauit).
Aquí por lo tanto, se hacía alusión a un pontifex, M.
Clo-dius y su familia, relacionado con el emperador Vespasiano.
Esta inscripción se encuentra en paradero desconocido y ya Hübner la describió a partir de los textos de eruditos loca-les. Posteriormente se ha realizado una nueva revisión por parte de A.U. Stylow15 en el año 2000 a partir del hallazgo de un dibujo anónimo de un manuscrito desconocido del coleccionista P.L. de Villacevallos del siglo XVIII, donde se desarrollaba ésta. A partir de este documento y mediante su comparación con textos de Igabrum, Cisimbrium y Montur-que– la nueva lectura que ofrece es la siguiente:
SACRVM DOMVS AVG(ustae) / M(arcus) CLODIVS GAL(eria) PROCVLVS II VIR PONT(ifex) AVG(usti) / [PE]R HONOREM C(iuitatem) R(omanam) [C]O[NS(ecutus)] CVM ANNIA [VX]OR[E] / ET M(arco) CLODIO RVSTICO ET [M(arco)] CLODIO MAR/CELLO FILI(i)S [BENEFI]CIO / IMP(eratoris) CAESARIS VESPASIANI AVG(usti) D(e) S(ua) P(ecunia) D(edit) D(edicauit).
Por consiguiente, A.U. Stylow plantea una nueva lectura donde propone la existencia de un municipio flavio a partir de la restitución de la fórmula “per honorem civitatem
Romanam consecutus”, fórmula usual en los otros
muni-cipios anteriormente mencionados, y su vinculación a los emperadores flavios, pese a la adscripción a la tribu Galeria de esta familia.
Por otra parte su condición de municipio está confirmada por la nueva inscripción que presentamos en su día en este congreso en una primera aproximación. Se trata de una inscripción funeraria hallada en Castro del Río y realizada sobre una placa de un tipo de caliza nodulosa de la Campiña, de color grisáceo. Las dimensiones medias son de 19 cm. de alto, 18’5 cm. de ancho y 8 cm. de grueso. Las letras miden 5–4,9 cm. (l. 1) y 4,5–4 (l. 2–3). Presenta hedera al final de la tercera línea (Figura 2). El texto es:
[–] P_(ubli) F(ilio) GAL(eria) [–]X˘V __VIR(o) [–]AN(norum) L
–
Las letras son elegantes. El texto no conserva la parte izquierda y no guarda el margen derecho.
En ésta, por lo tanto, se hace referencia a un duumvir, lo que viene a confirmar el estatuto municipal de Castro del Río, como antes dijimos posible Soricaria. Se trataría además de la carrera de una persona que pertenece al ordo ecuestre si X y V de la l. 2 formaran parte del número de una
legión. Este individuo de nuevo pertenece a la tribu Galeria, lo que nos lleva a proponer dos hipótesis que tendrán que ser contrastadas con nuevos datos:
1) Por un lado, si mantenemos como cierta la restitución de A. Stylow ya comentada estaríamos ante un municipio Flavio, y la pertenencia a la tribu Galeria de estas familias se explicaría con motivo de la contienda civil entre César y Pompeyo, cuando la ciudadanía también se pudo obtener a título individual (como pasa en otras poblaciones estudiadas por nosotros que son municipios flavios, con individuos ads-critos a tribu Quirina, pero donde algunas familias aparecen adscritas a la Galeria, como por ejemplo Tagili16).
2) Por otro, si se data la inscripción en la primera mitad del siglo I d.C. no cabe duda que su promoción municipal, fue anterior a la flavia, por lo tanto con Augusto como justifican que las únicas dos familias adscritas a una tribu sea a la
Galeria, hasta ahora documentadas, y su categoría pudo ser
la de municipio, como lo fue en el caso de la próxima Iulia
Fi-dentia17, lo que también explicaría la implantación temprana del culto imperial, como analizaremos más adelante.
4. Sociedad del municipium de Castro del Río (o Soricaria)
En el presente trabajo además presentamos otras dos inscripciones inéditas y de reciente hallazgo en el territorio de la civitas.
a) La primera de ellas pertenece al territorio de Castro del Río. Está realizada sobre una placa de mármol blanco (Figura 3); muy deteriorada, pues está cortada por tres de sus lados, sólo conserva el inferior, por lo que se pueden leer parte de las dos últimas líneas. Sus dimensiones medias son de 13,5 cm. de alto, 14 cm. de ancho y 3,5 cm. de grueso. Las letras tienen 4 cm. (l. 2). El texto es:
–
A__ A_N_(norum) [–] [–] T_EST_[–]
15 A. U. STYLOW, “Castro del Río, municipio flavio. A propósito de una nueva versión de CIL II 1570 = II²/5, 401”, Habis, 31, 2000, págs.
167–175.
16 Mª Juana López Medina, op. cit. nota 12, pp. 228, 244–245.
17 M.L. Cortijo Cerezo, op. cit. nota 2, pp. 189–193. Aquí hace un estudio de las distintas poblaciones que pudieron ser promocionadas a
17
Las letras son muy cuidadas y elegantes. Su datación se puede establecer entre finales del siglo I o principios del s. II donde se utilizaría la fórmula ex testamento a la que pueden pertenecer las letras de la l. 2. Estamos ante una inscripción funeraria, dentro de un fundus de una villa, o bien ante una inscripción honorífica, puesto que esta fór-mula aparece en ambos tipos de inscripciones; si bien nos decantamos más por la primera hipótesis debido al contexto de su hallazgo.
b) La segunda se documentó en Castro del Río, está realizada sobre una placa de creta, una roca local de color rojizo que se asemeja a la cerámica por su poco peso (Fi-gura 4). Está deteriorada en sus ángulos superior e inferior izquierdo, por lo que deben faltar la primera línea y parte de la segunda. Las medidas son 21 cm. de alto, 14 cm. de ancho y 6 cm. de grueso. Las letras presentan un tamaño de 3 cm. (l. 1–3) y 2,5 cm. (l. 4). Las interpunciones son circulares. Las líneas están separadas por dos trazos hori-zontales. El texto es:
– [–]N_C
A_IVS AN(orum) ___
H_(ic) S_(itus) E_(st) S_(it) T_(ibi) T_(erra) L_(euis) En la l. 4 destacan los trazos de la T, muy alargados hacia la derecha en su parte superior con un claro intento de prolongación. Se trata de una inscripción funeraria dedicada a un niño de tres años. Por la grafía y el trazado de las líneas horizontales, que se convierten en elementos decorativos en épocas tardías, su datación puede establecerse en el siglo III d.C. por lo que quedaría fuera del periodo cronológico en el que se centra este estudio.
Por consiguiente, según la epigrafía, en el municipio de Castro del Rio (Tabla I) se documentan una serie de familias que pertenecen a la elite; entre ellos queremos destacar la de M. Clodius Proculus, que según la restitución de A.U. Stylow obtuvo la ciudadanía romana gracias al desempeño del cargo de duovir en el recién promocionado municipium de Castro del Río, pese a portar la tribu Galeria. Por otro lado, un hecho significativo que también se documenta en la inscripción es su vinculación a la gens Annia, su mujer pertenece a ella. Este gentilicio típico de la elite del sur pe-ninsular18, se constata también en el entorno, concretamente en una familia de senadores de la cercana Ucubi19, de la
tribu Galeria, aunque no podemos afirmar que hubiera entre
ellos alguna relación de parentesco. Además, M. Clodius
Proculus es uno de los encargados del culto imperial, pues
detenta el cardo de pontifex augusti. Éste junto a su familia dedica un pedestal y una estatua al emperador Vespasiano y probablemente a su hijo y sucesor Tito.
Esta familia, junto con la del nuevo duovir documenta-do, también de la tribu Galeria, así como la Fulcinia (CIL II²/5, 397), la Iulia (en clara alusión a César)20 –y que se documenta como una de las familias más relevantes de la cercana Iptuci (CIL II²/5, 421)21– y la Aticia, y probable-mente la de la primera inscripción comentada al inicio de este apartado, pertenecían a la clase dirigente. Y dentro de ella la mayoría al ordo decurional del municipio, en menor frecuencia al ecuestre, como ocurre en el caso de un eques (CIL II²/5, 395) que fue procurador augustorum alpium y
comes, aunque no está clara su datación.
Pese a que la mayor parte de estas familias eran de origen autóctono, también hay representantes de gentes venidas de fuera, como está documentado a través de la presencia de cognomina con clara alusión geográfica. Con-cretamente nos referimos a Fulcinia Campana (CIL II²/5, 397). Pero como hemos dicho la mayor parte son familias de origen autóctono, sin duda pertenecen a una aristocracia local que ofreció poca resistencia al avance romano y que vio en la integración una forma de seguir manteniendo su poder y control sobre el resto de la población a la que sometía a una explotación en menor o mayor grado, generalmente mediante el pago de tributos. Este hecho también es potenciado por Roma, puesto que éstas son utilizadas como un medio de control y administración por parte del Estado. Se consolida así una clase dirigente, la elite local, de origen ibérico,
ge-18 Sobre esta gens se pueden consultar: A. Prieto Arciniega (“Estructura social del Conventus Gaditanus”, H.A. 1, 1971, pp. 147–168), C.
Castillo (Prosopographia Baetica, Pamplona 1965, pp. 384–385), M.L. Albertos Firmat (La onomástica personal primitiva de Hispania.
Tarraconense y Bética, Salamanca 1966), J. Diez Asensio (“El conjunto antroponímico de base prelatina dentro de la onomástica antigua
en tierras meridionales del Duero (I)”, H.A. XVII, 1993, pp. 51–94).
19 La única familia que perteneció al ordo senatorial documentada en esta zona, se trata de la de Annius Verus (Hª Augusta, u. Marci 1, 4) y
su hijo M. Annius Verus (Hª Augusta, u. Marci 1, 1 y ss.) de Ucubi, bisabuelo y abuelo respectivamente del emperador Marco Aurelio.
20 Según C. Castillo (op. cit. nota 19, p. 400) la penetración de este nomen se debe a la presencia de César en Hispania.
21 En el epígrafe CIL II²/5, 394 se documenta a Iulia Laeta, que ocupa el cargo de sacerdos divae augustae. En este caso además estamos
18
neralmente propietaria, constituida por una minoría de la sociedad, que controla los medios de producción.
Por consiguiente, los integrantes de las elites locales son personas que contaban con la posesión de alguna propiedad, lo suficientemente grande para vivir sin trabajar, con lo cual se podían dedicar a tareas tales como las administrativas (ellos ocuparon las magistraturas), religiosas (ostentaron los cargos religiosos, entre ellos los del culto imperial) (Figura 5), o los altos cargos militares. De esta forma, la tierra sigue siendo fuente de prestigio y de poder político. Así la tenencia de la tierra se constituye como la expresión geográfica de la estratificación social. Generalmente éstos no eran grandes latifundios, sino la acumulación de medianas propiedades más fáciles para sacar la producción, procedentes principal-mente de la herencia familiar22. Por lo tanto, se puede decir en líneas generales que la riqueza, en el mundo romano y en concreto en la zona que nos ocupa, consistía sobre todo en la posesión de tierra.
La epigrafía también documenta la presencia de esclavos y libertos dentro de esta ciudad (tabla II). Se trata de sólo dos esclavos23, Graeca e Iacchuus, por lo que la mayor parte de los constatados son libertos. Éstos son indicativos de otras tantas cuestiones sociales.
Por un lado, la relación de estos libertos en su mayoría con el culto imperial, a través del desempeño del cargo de
sevir. En el caso de Optatus, quien probablemente dedica
una estatua al emperador Claudio (CIL II²/5, 394)24 además nos indica una presencia temprana del culto imperial en la zona estudiada, lo que evidencia que aunque el estatuto municipal lo obtuviera con Vespasiano, su integración en el sistema administrativo romano era ya previo a dicha promoción jurídica.
Por otro lado, pese a su condición social de libertos, se trata de personas de una gran relevancia, desde el punto de vista económico, dentro de sus lugares de residencia, en concreto en Castro del Río, puesto que ésta fue una
institu-22 Tal y como V.I. Kuziscin (“L’espansione del latifondo in Italia alla fine della Repubblica”, en L. Capogrossi Colognesi, L’agricoltura
roma-na. Guida storica e critica, Roma 1982, pp. 56–63; La grande proprietà agraria nell’Italia romana, Roma 1984 –1ª ed. 1976–, pp.
37–44) analiza para la Italia del siglo I a.C. Así, Plotino en el siglo III d.C. (Enn., II, 3, 14) destaca como la principal causa de la riqueza la herencia; y cuando pasa a ocuparse de la riqueza obtenida por el trabajo, su único ejemplo es “la derivada de la agricultura”; el único medio de adquirirla que señala además de éste no es el comercio o la industria, sino “encontrar un tesoro”. Una causa de este hecho es la escasa movilidad social entre las clases superiores, debido a que los extraños solamente podían acceder a estos recursos en aquellos casos donde no hubiera herederos (directos o adoptivos). Dentro de este grupo, paradójicamente los más beneficiados son los esclavos y los libertos, la clase más explotada, pues éstos tenían más oportunidades de ascender que la plebe al formar parte de los beneficiarios en algunos testamentos de sus correspondientes amos (P. Garnsey y R. Saller, El Imperio Romano. Economía, sociedad y cultura, Barcelona 1990 –London 1987–, p. 132; P. Veyne, La sociedad romana, Madrid 1990, p. 25)
23 La mayor parte de los esclavos y esclavas que se documentan en la epigrafía romana están relacionados con las actividades
domésticas.
24 Para A.U. Stylow (“Las estatuas honoríficas como medio de autorrepresentación de las elites locales de Hispania”, M. Navarro Caballero
Construcciones
Rafael Recio
20
ción desempeñada generalmente por libertos “ricos”, incluso tenían que hacer frente al acceder al cargo a una summa
honoraria así como a otras liberalidades25. Su relación con las familias de la elite además está probada puesto que estos cargos son nombrados directamente por los decuriones en el senado local26.
Por último, nos testimonian la existencia de otras fami-lias pertenecientes a la elite. Ejemplos son la Valeria, como lo indica Valerius Flavius (CIL II²/5, 393) probablemente también sevir; y de nuevo la familia Annia (CIL II²/5, 396) por lo que podemos apuntar que ésta debió de ser una de las familias más influyentes de este municipio.
En cuanto a las inscripciones, por lo tanto, la mayor parte de los documentadas pertenecen a los siglos I y II d.C., lo que junto con la distribución del poblamiento nos indican, como ya hemos comentado previamente, que el mayor desarrollo de esta civitas se produjo desde la primera mitad del siglo I d.C. y sobre todo durante el siglo II, que es cuando se documenta el cambio en la distribución del poblamiento.
La epigrafía, por lo tanto, nos confirma la presencia de dos clases sociales, la elite, propietaria de la mayor parte de las tierras, y sus esclavos y libertos.
Pero ¿qué pasa con la otra gran clase social del Imperio, aquella que está formada por la inmensa mayoría de hom-bres y mujeres lihom-bres, sobre todo agricultores, es decir, las familias de campesinos? Tal y como manifestaba J. Cascajero en su investigación, los documentos escritos, entre ellos los epígrafes, son muestra de una minoría de la sociedad romana, y por lo tanto, la mayor parte de los individuos no dejaron nunca constatación escrita de su presencia. Por ello es relevante para nuestra investigación la documentación arqueológica, ésta evidencia la presencia de una proporción importante, aproximadamente un 77%, de pequeñas cons-trucciones rurales que no llegan a superar la media hectárea, relacionadas con la presencia de pequeñas explotaciones. Mientras que el resto, siete asentamientos, son villae que se pueden vincular a grandes construcciones y medianas y grandes propiedades, como hemos visto. Los primeros se pueden tomar como indicadores de la presencia de estas familias de campesinos, de los que podemos concluir que pese a vivir en el núcleo urbano, tendrían en sus tierras de
trabajo, próximas a éste, pequeños cobertizos (es decir, estas construcciones rurales de dimensiones escasas) para almacenar el utillaje, etc.
5. Conclusiones
En la sociedad altoimperial del municipio romano de Castro del Río están presentes las tres clases sociales del Imperio. Si los vinculamos a la existencia de los distintos tipos de asentamientos (ciudad, villa y pequeña construc-ción rural), podemos articular dos modelos o formas de producción distintos.
Por un lado, el caracterizado por la presencia de grandes y medianas propiedades que pertenecen a la elite y que son trabajadas mayoritariamente por mano de obra esclava, cuya producción, en este caso un monocultivo27, está destinada al mercado regional y/o imperial que rebasa ampliamente los límites locales, y es la que mantiene a la elite en el control del Estado romano, y aquí del municipio o ciudad.
Por otro lado hay otro modelo28relacionado con las pe-queñas construcciones rurales, caracterizado por la presencia de pequeñas explotaciones (ya sean de propiedad o parcelas arrendadas) cuya producción (un policultivo) está dedicada principalmente a la subsistencia de la familia campesina y en menor volumen a un mercado local29. Estas familias (peque-ños propietarios y colonos) contribuyen al mantenimiento y reproducción del Imperio a través del pago de tributos, rentas, prestaciones forzosas, etc. En este sentido podemos interpre-tar la presencia de las grandes construcciones de Carchena como lugares de almacenamiento de los tributos pagados en trigo o cereal. De hecho J.F. Rodríguez Neila30 ha relacionado la presencia de estas estructuras con la política fiscal del Es-tado romano, para él éstos eran lugares de almacenamiento del trigo recaudado para la Annona, para ello se basa en su factura en mortero romano, sus grandes dimensiones que apuntan a una utilización pública y la presencia de una es-tructura semejante a una galería que podía formar parte de las dependencias administrativas del conjunto.
Ambos modelos analizados se articulan en ésta y otras zonas del Imperio y contribuyen al mantenimiento económico y social del mismo, aún cuando no debemos olvidar que gran parte de los logros del mundo clásico se debió a la explotación indiscriminada de poblaciones sometidas a esclavitud.
25 G. Fabre, “Les affranchis et la vie municipale dans la Peninsule Iberique sous le Haut–Empire romain: quelques marques”, Actes du
col-loque 1973 sur l’esclavage, Paris 1976, p. 430. J.M. Serrano Delgado, Status y promoción social de los libertos en Hispania Romana,
Sevilla 1988. P. Garsney y R. Saller, op. cit. nota 23, pp. 144–145.
26 J. Rodríguez Cortés, “Los seviros augustales y las divinidades romanas en la Bética”, Florentia Iliberritana 2, 1991, pp. 435–436. 27 En esta zona se han localizado campos de silos, en concreto en el Camino de los Silos, de época romana, que demuestran la importancia
que debió tener la producción de cereal. Sería interesante realizar una excavación en esta área que nos permitiera establecer las conexiones con las estructuras rurales documentadas.
28 La relación entre esta organización del territorio y el sistema tributario ha sido también establecido en otras zonas de la Península Ibérica
como el Sureste (M.J. López Medina, “Algunas cuestiones sobre la familia campesina en el Alto Imperio: El ejemplo del sureste peninsu-lar”, Gerión 18, 2000, pp. 357–393). En cuanto a este sistema a nivel teórico se puede consultar: J. Haldon (“El modo de producción tributario: concepto, alcance y explicación”, Hispania LVIII/3, nº 200, 1998, pp. 802–803). Sobre la viabilidad para aplicar el concepto de “modo de producción tributario” a este tipo de análisis: I. Sastre Prats (“El modo de producción como estructura de explotación: esclavismo y tributación”, Hispania LVIII/2, nº 199, 1998, p. 711).
29 Sobre este aspecto y el aprovisionamiento de nuevo numerario en la zona estudiada: M. Carrilero Millán y M.J. López Medina, “Poblamiento
y circulación monetaria hacia el cambio de era en el Valle Medio del Río Guadajoz (Córdoba): La contribución de las fuentes”, Actas del
I Congreso Internacional de Historia Antigua. La Península Ibérica hace 2000 años, Valladolid 23–25 de noviembre 2000, Valladolid
2001, pp. 553–560, y en concreto sobre época imperial la comunicación titulada “La circulación monetaria en la campiña de Córdoba durante el periodo imperial romano” presentada al XII Congreso Nacional de Numismática celebrado en Madri–Segovia durante los días 25 al 27 de octubre de 2004.
21
Algunas notas sobre el folclore provincial
cordobés en su relación con la aceituna
FRANCISCO MORALES BASURTE
S
abemos de varios cantesfolclóricos aflamencados de origen andaluz, que eran acompañantes de distintas faenas agrícolas, como arar, trillar o segar, en sus modalidades de temporeras, pajaronas, trilleras y cantes de siega, que ya hemos tratado en anteriores estudios sobre el tema.
Hoy, dentro de la misma temática, traemos a colación otra variedad del folclore laboral campesino: el relacio-nado con la aceituna y su recolección, del que nuestro pueblo, enclavado en zona eminentemente olivarera, tuvo en tiempos buena muestra.
El olivar, la aceituna y el aceite, siempre fueron motivo de atención en distintos tipos de manifestaciones artísticas y, de forma especial, en las coplas populares. Como en el pregón. Según Cristina Cruces, en Flamenco y Trabajo, un pregón no es un cante individualizado, sino una
construc-ción exhortativa. La costumbre de pregonar, aún no totalmente desapa-recida, cumplía clarísimas funciones en la Andalucía anterior a los años 1950–60. Relacionado con la venta, exponía las excelencias de los pro-ductos ofrecidos al público.
Ni por experiencia personal, ni por la bibliografía y discografía que hasta hace poco tiempo había llegado a mis manos, conocía la existencia de las
aceituneras. Más recientemente, con
los medios modernos de consulta que nos ofrece navegar por Internet, pude conocerlas en una Guía Telemática del Flamenco. En dicha guía se defi-ne como cante campero procedente
del folclore andaluz, que se hacía durante la época de la recogida de la aceituna. Se cree que no es un cante exclusivamente andaluz, aunque su similitud con la toná contradice esta teoría. Es un cante propio que guarda gran parecido con la trillera y la arriera. Es ilustrada por
el Niño de Olivares, que la canta con
la siguiente letra, muy breve, que es
como un aviso para el comienzo de la campaña:
Al gañán:
En el pago del Umbral me ha dicho el del cortijo que mañana “pué empezá”.
El cantaor cordobés Antonio Lu-que Espejo, Antonio de Patrocinio,
realizó también una creación personal con el nombre de aceituneras, con
una estructura musical más elabora-da, en una línea parecida a los tangos flamencos, muy distinta a la de los cantes laborales de la campiña. Sus letras, de marcado sabor olivarero, las transcribo de una grabación de un recital suyo en la Peña Flamenca Castreña el día 27 de Febrero de 2001:
Aceitunera, mi aceitunera, recogiendo la aceituna eras tú mi compañera. Vareando los olivos en las horitas del día tú recoges la aceituna tú recoges la aceituna con las manos ´arrecías´. Y al calor de la candela yo te di un beso en la cara te dije, chiquilla mía, que contigo me casaba porque tú eras mi alegría.
Otro extendido ejemplo son las que se ejecutaban con las distintas danzas que procedentes del fandan-go prodigaron por Andalucía, como verdiales y jotas:
Del hueso de una aceituna
tengo que ‘jasé’ un navío, para que vayan y vengan tus suspiros y los míos. De la uva sale el vino, de la aceituna el aceite y de mi corazón, niña, cariño para quererte.
24
Los verdiales son prototipo de fandango campesino, o al menos de pueblo rural y agrícola. Su nombre alude a la comarca olivarera malague-ña de Los Verdiales, donde se cultiva una variedad de aceituna denomina-da verdial por conservarse verde aun madura. Fue el más difundido en una amplia región, que se extiende desde Vélez–Málaga por buena parte de la provincia malagueña, introduciéndo-se en la de Córdoba por Lucena.
“La Campiña cordobesa y la Sub–bética, desde CASTRO DEL RÍO a Priego, constituye la zona de
verdiales más notable de nuestra provincia. Sin duda, si hubiera que hacer un mapa folclórico de la provincia correspondería el dominio a los verdiales, fuente de donde nacieron el fandango de Lucena, el zángano y el fandango de Puente Genil, las mudanzas de Cabra o el chacarrá de Rute”, dicen Francisco
Luque–Romero Albornoz y José Co-bos Ruiz de Adana en Las Danzas de Córdoba. Aspectos etnográficos y sociales.
Con motivo de la recolección de la aceituna, se ejecutaban en nues-tra provincia unas danzas, con su correspondiente acompañamiento de coplas, citándose por los aludidos autores las Jotas de Villanueva de
Córdoba, con tres letras distintas: “A la sombra de un verde naranjo”, “Corre que te pillo” y “La Aceituna en el olivo”. Dichas danzas pasaron a los
cortijos de dicha localidad, recibiendo el nombre de jotillas aceituneras, que solían cantarse en la víspera del Día de San Sebastián, en que se reunían los trabajadores en las cocinas de los cortijos. Toda la noche la pasaban los aceituneros en vela, bebiendo, cantando y danzando estas jotillas aceituneras, visitando igualmente los cortijos lindantes. En este ir y venir, de un cortijo a otro, la noche se iluminaba con los pabellones o restos de capachos que encendían a modo de antorchas. Al término de la recolección, los hombres y mujeres que había en los cortijos se reunían para rematar o celebrar el día del
alboroque, jornada en que también se
ejecutaban estas jotillas aceituneras. Asimismo recogen que en Adamuz, en época de recolección de aceitunas se bailaban jotillas, y ya en el Valle del Guadalquivir encuentran las
cortije-ras en Almodóvar del Río.
Si bien los mencionados autores enclavan a Castro del Río, como pueblo eminentemente olivarero, en la zona de verdiales más notable de la geografía cordobesa, en el grupo de lo-calidades con danzas de recolección,
y Ricardo Molina en Mundo y formas del Flamenco también habla de esta
comarca como zona de verdiales, ac-tualmente, ni por transmisión oral ni escrita, hay noticia alguna de la exis-tencia de un verdial castreño. Pero sí ha llegado hasta nosotros referencias de la llamada jota castreña. El verdial,
al igual que la jota, es una danza en la que predominó el baile sobre el cante, que es mero acompañante, aunque éste se haya popularizado más últi-mamente en su versión flamenca. En mi opinión, al hablar de jota o verdial castreño, nos estamos refiriendo a la misma cosa, aunque con distinta denominación. Su procedencia es la misma –el fandango morisco– e inclu-so su métrica es similar en la mayoría de los casos.
Hay una curiosa coincidencia en-tre las jotillas aceituneras atribuidas a Villanueva de Córdoba con las que se cantaban y bailaban en Castro del Río, aunque las hemos podido cons-tatar incluso en el folclore castellano. Algunas de las antes citadas jotillas aceituneras, como ésta:
La aceituna en el olivo si no se coge se pasa; lo mismo te pasa a ti mocita, si no te casas
estuvieron presentes, en las veladas de las frías noches de la recolección de la aceituna y en los lluviosos días de paro obligatorio, en las caserías (denominación de los cortijos oliva-reros en nuestro término). Y también estas otras, descriptivas de algunos ‘aspectos’ de la faena:
Desde que apuntaba el sol
hasta que ‘a oración’ tocaban iban cogiendo aceitunas cuadrillas por ‘toa’ La Mata. Los hombres con el ‘varillo’ las mujeres agachadas aguantando viento y frío en esas crudas mañanas. Niñas: id ligeritas, el manijero reclama que el señorito vigila hasta desde la cama. Y sus manos ateridas en el fuego calentaban
25
para sacar de la tierra las aceitunas clavadas...
Y, por supuesto, se cantaban y bailaban estas jotas en la fiesta que por estos pagos se conoce como
“la buñolá”, a la finalización de la
campaña (plena similitud con el
alboroque de Villanueva): Venimos de la aceituna de la aceituna del campo, venimos todos alegres pero ninguno borracho.
En Castro hubo otras coplas relati-vas a la recogida de la aceituna.
Aceituneras de pío pío ¿cuántas fanegas has recogío? Fanega y media porque ha llovío.
que Pedro Navajas Linares recogió en su Romance de Invierno (Revista
Feria Real 1959):
Aceituneras de pío pío... Y dejaba el niño en la cama y el corazón en la casa; mi hombre varea aceitunas, yo las verdes apartaba y con sus viejos calzones mis nalgas frías tapaba. Aceituneras de pío, pío... A mi madre dejé muerta;
al camposanto llevaban. Las negras van al molino las verdes se echan en agua las picudas son mejores las manzanillas más malas. Aceituneras de pío, pío... Y si hacía frío o nevaba si rocío o escarcha caía si oscura o dulce era el alba yo aceitunas cogía
verdes, negras y blancas... y mi abuelo vareaba... Aceituneras de pío, pío...
La sensibilidad poética del pueblo andaluz también creó estas coplillas
populares, que fueron incluidas por F. Rodríguez Marín en El Alma de Andalucía (1929):
Los ojos de mi morena ni son chicos ni son grandes son como ‘asitunas’ negras de olivaritos gordales. Tú eres ‘asitunera’ yo ‘asitunero’ por una ‘asitunerita’ madre, me muero. Tú cogiendo ‘asitunas’ yo vareando
de ramito en ramo te voy mirando. Yo cojo las bajeras tú las de arriba por entre rama y rama te miro y miras.
En otro ámbito folclórico –el villancico– habría que destacar la aportación que en los pueblos aceituneros, como Castro del Río, tuvieron los operarios de los moli-nos de aceite –cagarraches– que, junto a los zagales y gañanes de los cortijos, fueron los promotores, disfrazados de antiguas y viejas vestimentas, de los grupos de
“Mochileros”, que con sus ba-rajas o coplas de letras jocosas,
irónicas, críticas y satíricas, ale-graban la Nochebuena de nuestros pueblos.
28
A la búsqueda de la historia y huellas
templarias en Castro del Río
JOSÉ NAVAJAS MORENO*
E
n la revista Andalucía en la Historia de Abril de 2004, apareció un artículo de 5 páginas firmado por Juan Eslava Galán con el título Los Templariosen Andalucía.
En ese artículo se cita Castro del Río como uno de los lugares donde esta Orden estuvo establecida.
Hace años descubrí que la Orden del Temple era mucho más de lo que los libros de texto y la historia oficial nos cuentan, y que su repercusión e importancia en la Historia de la Hu-manidad había sido enorme. Pero era la primera vez que me presentaban una relación directa Templarios–Cas-tro del Río.
A lo que en el artículo se dice solo puedo añadir que en la iglesia de la Asunción quedan símbolos Templa-rios, y la respuesta que me llegó de la asociación Enclaves Templarios de
España, a mi pregunta sobre la
infor-mación que pudieran darme sobre el Temple y Castro del Río.
La respuesta desde Enclaves
Templarios fue: “Sí, se cita Castro
del Río (Córdoba) en un documento, para ser mas concreto, una citación o censo, ordenada por el obispo de Toledo, Gonzalo Díaz Palomeque, donde se citó a comparecencia a los Templarios del Reino de Castilla, en Medina del Campo, en abril del año 1310. Este documento se encuentra archivado en el Archivo Histórico Nacional, en la sección de Ordenes Militares, 567–15.”
En mi búsqueda he tropezado con un documento del médico y literato cordobés Bartolomé Sánchez de Fe-ria, (1719–1783), que ejerció como médico en Castro del Río hasta el año 1767, y del que de uno de sus libros copio un trozo muy interesante en otro artículo.
Y lo hasta aquí expuesto motiva una pregunta: ¿Para qué un artículo sobre la Orden del Temple en Castro del Río, si apenas se aportan datos? Dos son los puntos de respuesta.
1. Hacer una resumidísima ex-posición sobre la Orden del Temple.
2. Sobre esa exposición, tomán-dola como referente y bus-cando coincidencias, ver si logramos descubrir las huellas y construir el puzzle de la his-toria del Temple en Castro del Río.
SOBRE LA ORDEN DEL TEMPLE
Imposible es trasladar tanta his-toria a tres o cuatro folios. En unos párrafos trato de exponer lo que consi-dero más definitorio, que fue mucho, en los poco más de 200 años de vida pública de la Orden del Temple. Téngalo en cuenta el lector.
El principio
La aparición pública de la Orden del Temple fue en el año 1118, pero la íntima relación con la cofradía se-creta del Priorato de Sión nos permite fijar su nacimiento en 1099, cuando Godofredo de Bouillon dirigiendo la I Cruzada conquista Jerusalén. En ese momento es creado el Priorato, y en
paralelo, el embrión de una estructura armada y pública que sería la Orden del Temple.
El papa Urbano II, –que fue el responsable del nombramiento de Godofredo, dando así cobertura legal y oficial a sus acciones–, había nacido en el condado del poderoso noble Hugo de Champaña, quien había aglutinado un grupo de Caballeros, de los que nueve se sumaron a Go-dofredo en Jerusalén.
También había creado Hugo de Champaña el archivo, biblioteca y centro de documentación, –oral a ve-ces–, conseguida en las expediciones a Tierra Santa y territorios cercanos, en contactos con grupos cristianos no controlados por la iglesia católica, que le aportaron datos sobre Jesús de Nazareth, sobre el arranque del cris-tianismo, la Kabbala, y otros cultos mistéricos, ocultados y condenados ya en aquel momento.
Godofredo de Bouillon muere un año después, (1100), y su hermano es nombrado rey de Jerusalén con el nombre de Balduino I, partícipe de los mismos conocimientos y proyectos, por lo que su palacio lo construye en el solar donde antaño estuvo el Templo de Salomón, y cede a 9 caballeros las caballerizas, situadas sobre lo que creían que había sido el Sancta Sanctorum, el Tabernáculo y el Arca de la Alianza, en cuyo subsuelo suponían que se ocultaban, además, información y objetos que ampliarían sus conocimientos .
Ese reducido núcleo compartía el saber, objetivos y convencimiento para iniciar una enorme empresa, –como se demostró después–, al que habría que añadir como figuras muy destacadas a Esteban Harding, y Bernardo de Claraval.
Esteban Harding, abad del Cister y maestro de Bernardo de Claraval, (fue quien le ordenó fundar su primer monasterio, el de Claraval), era un