¿Cómo se escribe una carta oficial en un correo electrónico? ¿Qué símbolos se pueden usar en Twitter? ¿Y en un sms? Respuestas a estas y otras muchas dudas se pueden encontrar en el libro Escribir en internet. Guía para los nuevos medios y las redes sociales, el primer manual práctico de uso del español en los medios digitales y los soportes electrónicos.
Pensado para todos los públicos, para aquellos que utilizan la red de manera cotidiana sin ser expertos, pero también para los profesionales que quieren profundizar y mejorar sus técnicas de redacción y comunicación digital, este libro le ayudará a escribir con corrección y estilo en internet.
Dirigido por el periodista Mario Tascón, Escribir en internet. Guía para los nuevos medios y las redes sociales es un trabajo de la Fundéu BBVA, que recoge recomendaciones y estudios de más de cuarenta expertos sobre cortesía en la red, correspondencia electrónica, reputación online, español global, escritura colectiva, redacción para blogs, mensajería instantánea, gestión de comentarios, redes sociales,
Índice
PRÓLOGO. José Manuel Blecua
1. ¿POR QUÉ UN MANUAL DE ESTILO DE LOS NUEVOS MEDIOS? Joaquín Müller-Thyssen Bergareche
Qué son los nuevos medios y los medios sociales. Marga Cabrera Méndez Recomendaciones, que no normas. Fundéu BBVA
2. USO COTIDIANO. Mario Tascón
Personas, internet y máquinas
Consejos para comunicarnos. Marga Cabrera Méndez La atención en los nuevos medios. Markus Steen Cómo leemos. Markus Steen
El lenguaje como marcador cultural. Fundéu BBVA
Empobrecimiento del lenguaje. Markus Steen Escribir para todos. Fundéu BBVA
Consejos para elegir palabras. Fundéu BBVA
La etiqueta en la red: la cortesía en la comunicación digital. M.ª Elena Gómez Sánchez y Luis
Guerra Salas
Registros según el público y el medio. Fundéu BBVA
Definir el estilo: imagen y reputación. Judith González Ferrán Textos en los nuevos medios. Marga Cabrera Méndez
Características generales. María Benito Llauradó La importancia del enlace. Anselmo Lucio
Usabilidad. Qué debo tener en cuenta al escribir para la web. Ana Pérez Vicente Composición y maquetación. Ana Pérez Vicente
Tratamiento de la información. Marga Cabrera Méndez La voz de la audiencia. Bárbara Yuste
Lectura en pantalla. Marga Cabrera Méndez
Las pantallas y las distancias de lectura. Fundéu BBVA
Modelos de lectura. Fundéu BBVA
Lenguaje internacional
Español neutro, global, general, estándar o internacional. Alberto Gómez Font El español global en la red. Mercedes Sánchez Sánchez
Extranjerismos. Mercedes Sánchez Sánchez
Emoticonos. Mercedes Sánchez Sánchez
El correo electrónico. Rebeca Díez Somavilla y Luis López Cuenca La escritura epistolar. Antes y ahora.
Por qué escribimos correos electrónicos El correo electrónico frente a otros medios El silencio
Elementos del correo electrónico Cuidar la escritura
Las emociones
Tiempos de respuesta El correo comercial
Boletines de noticias o newsletters El spam
Aspectos legales
El correo electrónico y los nuevos dispositivos móviles Mensajería instantánea: Chat, sms, WhatsApp. Xosé Castro Roig
El origen de la comunicación instantánea
La redacción en chats y sistemas de mensajería instantánea Extensión y tiempo de lectura
Normas de etiqueta tácitas o escritas Uso de un lenguaje simplificado Uso de emoticonos y emojis Ortografía adaptada
Redes sociales. Juan López Sobejano Tipologías
Lenguaje
Formalidad e informalidad en los textos Personalización de las cuentas
El perfil
Amigos, contactos, seguidores y suscriptores El estado: el muro, cronología o biografía Chat y correo interno
Horarios y tiempos de respuesta
Redes sociales y foros. Hilos de escritura Gestión de comentarios y respuestas
Imágenes, vídeos y otros archivos multimedia Estrategias de gestión de contenidos
Guía rápida de supervivencia. Mario Tascón y Mar Abad Anatomía de un tuit. Mario Tascón y Mar Abad
Vocabulario de Twitter. Mario Tascón Recomendaciones estilísticas. Markus Steen
Diez prácticas que deben evitarse en Twitter. Esther Vargas Cómo verificar la información. Fundéu BBVA
Twitter, los periodistas y las fuentes. Jordi Pérez Colomé Escritura colectiva: wikis. Tíscar Lara
Anatomía de un wiki
Interactividad y comentarios Plantillas, la cara del wiki Categorías y secciones
Organización de la información en los artículos Pautas de comportamiento en los wikis
Modelos
Blogs. Marga Cabrera Méndez
Estructura de un artículo de un blog. Jorge Serrano Categorías y etiquetas. Marilín Gonzalo
Escribir una entrada para un blog. Marilín Gonzalo Gestión de comentarios. Marilín Gonzalo
Cómo titular. Marilín Gonzalo
Maquetación: plantillas. Fundéu BBVA
Tipología de productos. Jorge Serrano Sitio web corporativo
Catálogo Escaparate Comercio electrónico Intranets y extranets Administración electrónica Medios de comunicación E-learning Libros electrónicos Videojuegos Aplicaciones
3. USO PROFESIONAL. Marga Cabrera Méndez
Profesionalización de los medios sociales Organización de la información digital
Arquitectura de la información. Jorge Serrano Usabilidad. Nuria Lloret
No amarguemos la experiencia lectora de nuestros usuarios. Fundéu BBVA
Etiquetas y metadatos. Daniel Monleón
Todo se enlaza, todo se «taggea», nada se pierde. Pablo Mancini Microformatos. Jorge Serrano
Buscadores y SERP. Jorge Serrano
Conceptos básicos de optimización para buscadores. Daniel Monleón Nombres de páginas y direcciones. Fundéu BBVA
Maquetación en los nuevos medios. Blas Hernández Planificar el proceso. Blas Hernández
Uso de estándares en dispositivos móviles
Composición en la visualización de datos. Moisés Mañas Proporciones, tamaños y retículas. Moisés Mañas
Tipografías para pantalla. Jorge de Buen
Extensión, formato de párrafo y separaciones. Markus Steen Colorimetría. Moisés Mañas
Arquitectura del contenido de una página web. Markus Steen Portada Elementos básicos Zona menú Zona titular Zona cuerpo Zona fin Página 404
Escritura en pantalla, criterios
La gramática multimedia. Judith González Ferrán Normas generales de estilo. Bárbara Yuste
Estilos de escritura. Fundéu BBVA
Nuevas estructuras para la red. Juan Carlos Camus Títulos y subtítulos. Silvia Cobo
Cómo escribir buenos titulares. Carlos Salas Escribir para buscadores. Daniel Torres Burriel La edición de texto. Luz Fernández Espinosa
Modificar un texto en internet: corregir, cambiar o actualizar. Fundéu BBVA
Sistemas de escritura en ordenador. Fundéu BBVA
Caracteres en pantalla. Javier Bezos
Signos de puntuación, signos y símbolos: nuevos usos. Fundéu BBVA
El uso de los números en el mundo digital. Markus Steen Cómo escribir sobre la red en papel. Federico Romero
Corrección automática. Concepción Polo y Laura Moreno Romero Hipertexto. Daniel Monleón y Alicia Sellés Carot
Elementos del hipertexto: nodos, enlaces y anclajes Estructuras hipertextuales
Los lenguajes de marcado La web semántica
Formatos multimedia. Moisés Mañas
Introducción a las nuevas formas de narrar Formatos y plataformas multimedia
Metáfora y recursos multimedia Diseño de la interacción
Interfaz gráfica de usuario (GUI)
Usabilidad en el diseño Agentes multimedia
Accesibilidad en los nuevos medios. Blas Hernández Principios fundamentales
¿Quién define las pautas de accesibilidad? Escritura accesible
Imágenes accesibles Audiovisual accesible Subtitulación
Audiodescripción
Aspectos jurídicos. Alejandro Touriño Responsabilidad jurídica en internet Gestión de la reputación en línea
Compartir contenidos en internet. Las licencias Creative Commons Enlazar en internet
Consejos jurídicos sobre términos y condiciones de un sitio web Consejos jurídicos para sobrevivir en las redes sociales
Consejos jurídicos para gestores de comunidades o community managers Consejos jurídicos para blogueros
4. ANEXOS
Vocabulario básico: términos imprescindibles Bibliografía
P
RÓLOGO
Con la obra Escribir en internet, la Fundéu BBVA plantea un conjunto de problemas teóricos y de
soluciones prácticas destinados a los usuarios de los nuevos medios y, también, a los profesionales que hoy ocupan sus trabajos en este novedoso campo.
Son múltiples las sugerencias que aparecen en la lectura de estas páginas, repletas de connotaciones y de asociaciones. En primer lugar, es necesario observar su extraordinaria oportunidad: en un momento inicial de las relaciones entre los medios nuevos, los canales novísimos y los dispositivos capaces de realizar tareas impensables solo hace unos meses, era indispensable disponer de un manual copioso que –como nueva brújula– permita la navegación inteligente por las nuevas aguas y sea, a la vez, una caja de herramientas adecuadas para el trabajo diario de los profesionales.
Este libro plantea en sus bases teóricas los viejos problemas de la antigua retórica clásica en su aplicación a un mundo tecnológico radicalmente original. La constante relación entre el autor y los destinatarios sigue siendo el eje central de los problemas, lo mismo que las circunstancias que los rodean y los condicionan. El uso de la lengua, ya estudiado en la filosofía analítica, debe plantearse ahora en los nuevos medios y con los recursos gráficos de reciente creación, como los emoticonos, por ejemplo. Antiguas virtudes estilísticas, como la brevedad o la claridad, quedan privilegiadas en esta nueva situación supeditada a factores muy distintos de carácter tecnológico, como el número de espacios disponibles o la legibilidad del texto.
Estas características citadas nos llevan al revolucionario cambio que han sufrido la lectura y la escritura. La lectura queda condicionada por el medio y se estructura sobre la denominada técnicamente lectura en F: la primera línea de un texto y la siguiente se leen longitudinalmente, mientras que el resto del texto se examina de arriba abajo, con los condicionamientos que los expertos aconsejan para la medida y estructura de los párrafos. La página y la pantalla recuperan parte de los problemas que habían aparecido en la época clásica entre la página del texto y el lienzo del pintor, y añaden la relación maravillosa de la hipertextualidad, posibilidad que hubiera hecho las delicias de los comentaristas de textos del Humanismo.
La escritura, que hoy ocupa espacios inimaginables tan solo hace diez años, registra, por una parte, un ambicioso deseo de perfección formal en alguno de sus empleos más característicos y, en otros géneros, sin embargo, aparece entreverada por la oralidad, presidida por lo coloquial, la informalidad, las abreviaturas o, simplemente, por la búsqueda de la eficacia más completa en la
comunicación.
Como en los manuales de cortesanía de la época clásica, se aconseja que los usos idiomáticos en los nuevos medios estén presididos por el respeto y la cortesía hacia el interlocutor, aunque a veces el anonimato permite los mayores desafueros sin que las personas aludidas puedan defenderse como sería de justicia.
El tono elegido por las recomendaciones es el tradicional en la Fundéu BBVA: no se trata de
promulgar normas rígidas, sino de formar en la mente de los lectores de la obra una preocupación constante por los usos idiomáticos en sus aspectos generales, por ejemplo, el empleo de las fórmulas de tratamiento (tú, usted, vos) o aspectos muy particulares de la variación lingüística destinados a eliminar los localismos.
Creo sinceramente que la obra cumple por completo con los objetivos señalados de servir a la actividad cotidiana de un amplio conjunto de usuarios y a las necesidades de los profesionales. Unos anexos (vocabulario, fuentes, bibliografía) completan la útil caja de herramientas. La obra se irá haciendo mayor a través de la página electrónica, cumpliendo así con el dinamismo, la velocidad y la participación de los usuarios que caracterizan a los nuevos medios. De esta manera se irá haciendo más útil a todos los lectores, que iremos aprendiendo novedades y recursos para nuestra formación técnica. A mí, su consulta me ha sido extraordinariamente placentera y me siento muy orgulloso de poder felicitar a los responsables, Joaquín Müller-Thyssen y Mario Tascón, a los redactores y a toda la Fundéu BBVA por este excelente trabajo.
¿P
OR QUÉ UN MANUAL DE ESTILO DE LOS
NUEVOS MEDIOS
?
«Desde el momento en que se escribe en la red, las palabras cobran una dimensión global».
Esta afirmación, contenida en este libro, explica por sí misma la necesidad de una guía que nos ayude a manejarnos con corrección en los nuevos medios.
Es precisamente la dimensión global y pública de las palabras e ideas que uno vuelca en la red la causa de la creciente preocupación de los usuarios por desenvolverse de forma adecuada en internet.
Una preocupación que ha generado multitud de documentos, consejos y listados de buenas prácticas sobre la mejor manera de actuar en las diferentes plataformas de comunicación que ofrece la red.
La Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) ha creído oportuno recoger en un solo libro
parte de ese conocimiento, pues, en su papel de institución al servicio del buen uso del español en los medios de comunicación, está convencida de que es en internet donde se juega el futuro de la lengua.
Algunos pensadores, como el desaparecido Tony Judt, se han mostrado preocupados por el peligro de que canales de comunicación como Twitter se conviertan en motores no de la «neolengua», sino de la «no-lengua».
Otros muchos, por el contrario, están convencidos de que la red potencia el texto, la escritura y el resurgir de un interés por la corrección lingüística. Y no solo eso, sino que, como señala el último
Informe Pisa de la OCDE, contribuye a que los estudiantes adquieran una mayor comprensión lectora.
Sea cual fuere el discurso que unos y otros defienden, de lo que no le cabe duda a la Fundéu
BBVA es de que el español es un idioma vivo y de que uno de los lugares en los que mejor se aprecia
su vitalidad es precisamente internet.
Por ello, la Fundéu BBVA, heredera del Departamento de Español Urgente de la Agencia Efe, que
fue creada en el año 2005, no podía dar la espalda a una realidad que en estos siete años ha ido creciendo de manera exponencial.
El español que se use en la red debe ser un buen español, el mismo que estamos obligados a utilizar en la redacción de una carta o un informe, ya sea en papel, en la computadora o en la tableta, o en un programa de radio, o en un discurso público o familiar, en definitiva, en cualquiera de las actividades que desarrollamos en nuestra vida diaria.
Las normas gramaticales son las mismas para todos los formatos, pero ello no implica que se deba renunciar a la creatividad, la imaginación y a cualquier otra actuación necesaria para adaptarse a las características de las nuevas plataformas de comunicación.
Lo que se pretende con este libro, y esperamos haber conseguido, es responder a esas dudas que aparecen a la hora de manejarse correctamente en la red y que no son estrictamente lingüísticas, sino también de urbanidad y de tipo técnico; es decir, todas aquellas que surgen cuando dos o más personas quieren comunicarse y compartir sus pensamientos, ideas, emociones y conocimientos en un nuevo medio, de manera fluida y ordenada.
Cada plataforma, ya sea Facebook, Twitter, Google+, los blogs, los chats, los foros o los medios digitales, tiene sus particularidades, reglas y características y con ellas hay que actuar, conjugando la corrección y la creatividad con el sentido común para sacar su mejor provecho.
Todo puede valer, siempre que no se trasvasen los usos propios de una a otra; en suma, que se tenga presente que las reglas de comunicación en un soporte no tienen por qué ser válidas en otro.
Este libro, en el que han participado cerca de cuarenta expertos en distintas materias, es un proyecto pensado no solo para especialistas en comunicación, sino también para todas aquellas personas que utilizan el español en los nuevos medios, desde el experto al recién iniciado.
Recoge un vocabulario propio de la red, maneras de proceder, hábitos y normas de cortesía, gramática adaptada y, en definitiva, costumbres que son propias de los nuevos medios.
Sirve para el que lleva años utilizando el correo electrónico, pero desconoce sus normas de cortesía, para aquel que tiene un blog personal, para el que no entiende los emoticonos que recibe por el móvil, para los que empiezan en Twitter y no deducen su vocabulario, para el principiante que no sabe cómo dirigirse a su público en una red social, para el político interesado por su reputación
online y para un larguísimo etcétera de internautas preocupados por dejar su huella en la red de una
manera correcta y educada.
Para poder diferenciar de alguna manera este amplio público, se ha dividido el libro en dos grandes bloques: el uso cotidiano y el uso profesional. Así, si solamente utilizamos los nuevos medios para comunicarnos de manera personal será suficiente la primera parte. Sin embargo, si nuestra labor es profesional, o semiprofesional, nos interesará profundizar en la segunda.
Además, existe un tercer bloque que incluye un amplio glosario con las palabras que hemos entendido que están relacionadas de alguna manera con el español en los nuevos medios, así como bibliografía y referencias donde ampliar información.
Q
UÉ SON LOS NUEVOS MEDIOS Y LOS MEDIOS
SOCIALES
Marga Cabrera Méndez
Según el Diccionario de la Real Academia Española, un medio de comunicación es un «órgano destinado a la información pública»; derivada de este término surge la expresión nuevos medios, que podría definirse como el servicio de acceso a la información a través de las nuevas tecnologías. Los nuevos medios tienen un lenguaje propio y unas características de comunicación y contenidos diferentes a los tradicionales (prensa, radio y televisión). En la actualidad estos nuevos medios, a los que también se podría llamar digitales, conviven con los medios de comunicación tradicionales, influyendo cada día más en ellos.
En realidad los nuevos medios ya no son tan nuevos. La prensa escrita empezó a ofrecer versiones digitales de sus diarios a finales del siglo XX, pocos años más tarde del nacimiento de
internet, tal y como la conocemos hoy en día. En un principio, era una copia de la versión en papel publicada en PDF, de ahí pasó a ser una edición de los mismos contenidos, en versión web, una vez al
día. Desde entonces, la versión digital de los periódicos ha evolucionado hacia la convivencia actual, en la que la prensa digital tiene sus propios ritmos y modelos, distanciándose cada vez más de la versión en papel. Esta convivencia de las versiones en papel y digital de un mismo periódico suele ser complementaria y exige una diferenciación en el tratamiento de los contenidos para un medio y otro, así como la adaptación de la prensa impresa a las características del medio digital.
Los medios sociales son un derivado de los nuevos medios, son el espacio de información que se genera y comparte a través de las redes sociales de internet. Los ciudadanos utilizan estos canales para convertirse en informadores, bien al margen de los medios de comunicación, bien a su sombra. Las redes sociales cada vez se integran más en la prensa digital, no hay diario que no incluya, en su edición de internet, la opción de compartir o comentar la noticia a través de Twitter o Facebook, por citar solo las más expandidas. La prensa en internet genera blogs para dar protagonismo y voz individual a sus profesionales o incluso a los lectores, y de esa forma compartir experiencias desde un punto de vista más cercano. Los medios sociales tampoco son tan nuevos, los primeros blogs datan de 1997 y Twitter nació en 2006.
Podemos destacar las siguientes diferencias entre los nuevos medios y los tradicionales: Favorecen la no intermediación de un medio para la publicación de información.
Aceleran los procesos de creación, publicación, distribución y discusión de los contenidos.
El tiempo real sustituye a la periodicidad de los medios tradicionales. Las ediciones ya no se basan en un horario prefijado, sino que se puede publicar cuando surge la información.
La autoría de los contenidos se ha democratizado, la publicación no es exclusiva de los especialistas de la información contratados por los medios, sino que el ciudadano se vuelve autor. Cualquiera puede generar información, comentarla y compartirla, la autoría se traslada a la sociedad en lo que viene a llamarse periodismo ciudadano. Todos los ciudadanos estamos invitados a aportar comentarios y debatir la información dando nuestro punto de vista o nuestra versión de los hechos.
Los nuevos medios permiten acceder a la información en cualquier momento y desde cualquier lugar, siempre que se tenga conexión a internet a través de cualquier dispositivo digital.
La creación puede producirse en tiempo real: las barreras espacio-temporales han desaparecido para la publicación de información.
La publicación y distribución se apoya en tecnologías digitales, pueden manipularse y permiten la interactividad.
La información está viva, los usuarios la amplían, corrigen y comparten.
Aunque está claro que los nuevos medios hacen referencia a los medios tradicionales en su versión digital, hay que tener en cuenta que no solo abarcan los diarios en internet y las redes sociales, sino que conviven con muchos otros formatos de productos digitales que son también contenedores de información. Algunos ejemplos de nuevos medios son las páginas web, las aplicaciones para teléfonos inteligentes o tabletas, los juegos en red, el CD-ROM, los DVD, la
televisión web, los libros electrónicos, los blogs, la radio digital, los wikis, y todo aquello que permita la interactividad digital.
Cada uno de estos medios tiene sus particularidades –su lenguaje, sus normas de conducta y entresijos– y se hace preciso utilizarlos en función de las necesidades reales, con medida y prudencia. A lo largo de los diferentes capítulos del libro veremos las principales características de la mayoría de ellos para aprender a movernos en el nuevo entorno digital. Porque, aunque nuevos, estos medios cuentan ya con un vocabulario propio de la red, una gramática adaptada, unas maneras y hábitos de proceder, unas normas de cortesía; en definitiva, unas costumbres que caracterizan nuestro idioma y su uso en los nuevos medios.
R
ECOMENDACIONES
,
QUE NO NORMAS
Fundéu
BBVALa Fundación del Español Urgente, Fundéu BBVA, no persigue ser una institución correctora cuyas
recomendaciones lingüísticas hayan de ser contempladas como norma; su objetivo es, más bien, proporcionar criterios de coherencia en el uso del idioma para evitar su empobrecimiento y hacer frente a la invasión indiscriminada de extranjerismos o neologismos innecesarios.
También quiere convertirse en un centro de análisis y un referente, desde el punto de vista idiomático, para los diferentes medios informativos que se sirven del español como herramienta de trabajo.
La Fundéu BBVA ha hecho suya la experiencia acumulada por el Departamento de Español
Urgente durante 25 años y ha formado un equipo de profesionales –filólogos, periodistas, correctores y ortotipógrafos– cuyos conocimientos en el buen uso del español constituyen un patrimonio al servicio de los medios de comunicación.
En el caso de este libro, se ofrece una recopilación de los conocimientos del buen uso del español y los criterios de coherencia de su uso en los nuevos medios, pensando en su difusión para todos los públicos, y no solo al servicio de los medios de comunicación.
U
SO COTIDIANO
P
ERSONAS
,
INTERNET Y MÁQUINAS
Los cambios en nuestra sociedad, y especialmente en la forma de comunicarnos y relacionarnos, que estamos viviendo desde el final del siglo XX no podían suceder sin dejar una profunda impronta en el
lenguaje.
Ordenadores, teléfonos móviles, televisiones interactivas y tabletas, por el lado de los dispositivos con los que escribimos y leemos; blogs, redes sociales y páginas web, como herramientas que utilizamos para comunicarnos, y redes de comunicaciones globales que permiten recibir y emitir en tiempo real mensajes que atraviesan el planeta a la velocidad de la luz constituyen un ecosistema que aporta muchas novedades y que ha generado cambios en nuestros hábitos, demasiados como para que la lengua, el vocabulario o incluso la gramática no se hayan visto afectados.
El aumento exponencial de la velocidad en las comunicaciones es una de las características más notables de este cambio. Los conceptos y palabras, la creación de neologismos y el consenso popular para aceptar un término de moda se generan con una rapidez nunca vista. Las redes sociales son el paradigma de esa escollera en la que se baten las olas de las novedades frente a las reglas clásicas. Antes, la Real Academia Española observaba la evolución de nuestra lengua en los libros, pero pronto se percató de que los medios de comunicación eran más importantes para ver cómo habla y escribe la gente, incluso más permeables y sensibles que los primeros. Una de las instituciones más prestigiosas del español, la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA), editora de este libro, fue
creada para atender esa necesidad de urgencia que ya aparecía en los profesionales de los medios de comunicación a finales del siglo XX. El idioma empezaba a evolucionar a una velocidad nunca vista y
ahora el lugar en el que nuestro idioma se bate cada segundo y en el que se anticipan las tendencias es internet.
La globalización es la segunda característica que hay que destacar. Ahora, cuando alguien escribe, no necesita preocuparse de cómo hacer que su mensaje llegue a una audiencia global porque, aunque no lo sepa, ya se encuentra inmerso en ella, pues las fronteras geográficas han desaparecido. La entremezcla de idiomas, con una serie de palabras universalizadas a golpe de clic, también es una característica de la escritura en determinados canales de comunicación.
españoles, etc., pueden ver cómo escriben los demás en tiempo real, por lo que la incorporación de neologismos y el intercambio de expresiones son continuos. La permeabilidad entre las variantes geográficas disuelve las diferencias como si fueran un azucarillo. Si la introducción de las palabras
ordenador y computadora se produjera ahora, posiblemente todos los que hablamos español
hubiéramos convenido de manera natural en una de ellas, en lugar de que el término ordenador prevalezca en España y computadora en América, al menos es posible imaginarlo así por la capacidad de interrelación entre los que hablamos la misma lengua a lo largo de todo el globo terráqueo.
El español neutro avanza también a medida que los fabricantes de software traducen o crean sus aplicaciones e intentan venderlas en un mercado determinado por el idioma, pero en realidad se desarrolla de una forma ajena a como se pensaba hace años: los lectores, la gente, forman en ocasiones grupos de voluntarios de todos los países que se dedican a traducir estos programas, así se producen consensos ricos en matices y con los que la mayoría está cómoda. Hay que resaltar esa labor de trabajo sobre el idioma que va más allá de los profesionales convencionales y que, en algunos casos, incluye a usuarios interesados conectados a través de las redes sociales. También, el hecho de que muchos de nuestros medios de comunicación participen ahora de esa presencia global está consiguiendo que cuiden más su vocabulario para evitar aquello que suena mal o ridículo en otros lugares.
No hay que olvidar las posibilidades de la escritura colectiva, de una forma revolucionaria, como nunca había podido imaginarse hasta la llegada de la informática y de internet, ya que ahora dos, tres o muchas más personas pueden escribir simultáneamente documentos sin necesidad de hacerlo secuencialmente. Quizás esto sean solo prácticas concretas que no influyen al conjunto de los hispanohablantes, pero hay que reseñarlas porque están ahí y tienen que ver con fenómenos como el contenido generado por usuarios (UGC, user genereted content) al que tanta atención se presta ahora.
Pero la globalización alcanza no solo a las palabras, sino también a la cada vez mayor proliferación de signos con una capacidad expresiva superior a la convencional. Hablamos, sin duda, de los emoticonos ( ), esas combinaciones de caracteres que intentan transmitir sentimientos cuando acompañan a los mensajes y que contribuyen a una mayor carga oral de los textos.
Los emoticonos han sido solo el principio de la utilización de toda una serie de elementos que intentan paliar las dificultades del texto para transmitir sentimientos y emociones, sobre todo en los mensajes más breves (conversaciones privadas y públicas en foros, redes sociales o a través de mensajería telefónica textual). Hay incluso colecciones de emoticonos multimedia que se van añadiendo a los más primitivos compuestos por signos y letras. El uso de onomatopeyas, estiramientos gráficos y otros recursos similares completarían este conjunto de mecanismos para aumentar la carga oral y emotiva en los mensajes. Todos estos recursos han mostrado, además, una importante labor en la comprensión de los mensajes, sobre todo cuando estos tienen, por ejemplo, una carga irónica que suele ser más difícil de transmitir en los textos breves.
En la misma línea estarían los iconos (☎ ☛ ♥), que, debido también a la llegada de estándares internacionales de unificación de caracteres y con el fin de facilitar el tratamiento informático de textos y su intercambio en múltiples idiomas, están al alcance de cualquier usuario, sin necesidad de
conocimientos de dibujo porque vienen incorporados en las herramientas, al igual que los emoticonos.
Aunque, quizás, el cambio más importante viene del paso que se da de una comunicación que en gran parte era privada y que se convierte en pública. Hasta la llegada de las redes sociales, incluso en los albores de la era de internet, la mayoría de los mensajes que circulaban entre los usuarios eran privados (correos electrónicos, mensajes entre teléfonos) y, aunque desde siempre ha existido una democratización de las herramientas de publicación, es claro que la llegada de las redes sociales ha disparado el número de textos y la cantidad de personas que publican, en el doble sentido de ese verbo: hacer patente algo al público y difundirlo.
El hecho de que cada vez haya más mensajes que circulan ante los ojos de millones de personas se puede considerar el más significativo, no solo por la cantidad de información a la que ahora se puede acceder, sino, sobre todo, por las diferencias entre lo público y lo privado, que no siempre son tenidas en cuenta a la hora de conversar o escribir. De hecho, muchas veces esta diferencia, que no era considerada, hacía poner el grito en el cielo a muchos académicos ante el supuesto deterioro de nuestra lengua, cuando se analizaban como si fueran artículos periodísticos las conversaciones entre dos amigos a través de mensajes enviados desde un teléfono, cuyo teclado tampoco ayudaba a escribir deprisa con todas las letras y menos con acentos y otros signos que no eran sencillos ni siquiera de encontrar.
Los lectores, al empezar a escribir delante de una audiencia y ser conscientes de ello, han comenzado a preocuparse más por cómo escriben, por expresarse mejor. La gente se esfuerza más para que se la entienda, cuidando la forma en que se comunica. Es cierto que muchas personas creen que ahora se escribe peor que antes, pero parece más bien que lo que sucede es que ahora la gente que escribe mal es más visible que nunca.
Hay incluso casos de protestas populares contra personajes famosos (periodistas, cantantes y actores) que han cometido una falta de ortografía en algún mensaje y no solo no han sido perdonados, sino que se les ha sometido al escarnio público en la plaza digital de las redes sociales. Es una muestra importante de una sensibilidad social hacia el buen uso del idioma.
La brevedad es también una característica de la comunicación contemporánea: sobran los circunloquios, proliferan las abreviaturas, las frases se llenan de esqueletos consonánticos en las que se sacrifican las vocales en aras de ahorrar un par de caracteres. Pantallas pequeñas, espacios minúsculos, cajas para introducir textos con restricciones en cuanto al número de caracteres condicionan la escritura. En esta línea nos encontramos con la tendencia a desaparecer del signo de apertura de la interrogación y la exclamación, que, sobre todo en las redes sociales y en los mensajes
SMS, es casi inexistente. Muchos de estos recursos no se utilizan de la misma manera en los distintos
canales, incluso tratándose de la misma persona, ya que el registro y la manera de escribir sufren importantes variaciones dependiendo del destino de los textos. A más espacio disponible y más público, más correctos y con menos «atajos».
Dentro de las estrategias para asegurar la brevedad destaca la proliferación de abreviaturas, que pone nervioso a quien no las conoce y que puede llegar a provocar una sensación de exclusión. Es cierto que las abreviaturas que se usan en internet y en las redes sociales provienen en su mayoría del
inglés, lo que hace algo más difícil su comprensión.
El hipertexto también es un factor muy notable por el cambio estético que ha producido en los textos. Los lectores han aprendido que las palabras subrayadas, o escritas en otro color, generalmente anuncian una ampliación del concepto reseñado, una alternativa de lectura que se desarrolla en otro lugar al que se accede desde el atajo que proporcionan los enlaces. Esas palabras, que cuando se pulsan abren nuevas ventanas, por ejemplo, un nombre que se transforma en una biografía o una frase entrecomillada en un vídeo musical, son la clave de la escritura en los nuevos medios. Todavía no hay un canon que muestre cuáles son las mejores prácticas para conseguir buenos hipertextos, incluso sigue la discusión sobre si no es demasiado distractora la presencia de subrayados o colores en medio de un párrafo, y algunos editores practican el alejamiento de los enlaces en relación a las palabras o frases de las que deberían partir, por ejemplo como si fueran las viejas notas al pie.
Los hipertextos son palabras que, además, tienen que ver con el funcionamiento de las aplicaciones, no solo poseen un significado, sino que desencadenan acciones, por lo que son mucho más «poderosas» que el resto. Un enlace puede lanzar una búsqueda, ejecutar algún tipo de acción del software, abrir un programa de correo o arrancar una canción.
Muy relacionado con las modificaciones que han traído los hiperenlaces estaría el imperativo de escribir palabras y frases de una forma determinada por motivos técnicos, contraviniendo las normas de la Real Academia Española. Un ejemplo actual serían las etiquetas de Twitter. Las etiquetas, en este caso, son palabras o conjuntos de palabras que se utilizan para facilitar el seguimiento de un tema «etiquetándolo» con esa cadena de caracteres. La diferencia es que aquí los grupos de palabras, para funcionar como una etiqueta, necesitan en muchos casos llevar colocado delante el signo almohadilla (#) y, además, ir juntas, ya que de no ser así no funcionan. Si en una conversación en Twitter se habla de los presupuestos generales del Estado, es bastante probable que lleve la etiqueta de #presupuestosgenerales. Incluso es posible que, ante la ausencia de espacios separadores, y para que se identifiquen mejor las palabras, los usuarios introduzcan un sistema de caja subibaja,
#PresupuestosGenerales, alternando mayúsculas y minúsculas para facilitar una comprensión mejor
de esa larga cadena de caracteres. Hay muchos casos en los que las necesidades del software hacen que se tenga que escribir de otra forma, como es el caso de los números. Según la Real Academia Española, para escribir correctamente los números con cifras se tendrá en cuenta lo siguiente:
Al escribir números de más de cuatro cifras, se agruparán estas de tres en tres, empezando por la derecha, y separando los grupos por espacios en blanco: 8 327 451 (y no por puntos o comas, como, dependiendo de las zonas, se hacía hasta ahora: 8.327.451; 8,327,451)…
Si seguimos estas instrucciones, la mayoría de los programas interpretarán nuestras cifras como contenidos textuales y se perderá la opción de realizar operaciones debido a que para las máquinas serán palabras y no números. Esta forma de escribir que la Real Academia recomienda choca con la lógica del software y hace que quien la emplee se encuentre luego con problemas para utilizar su material. Todo por motivos que van más allá de los argumentos clásicos y que tienen que ver
directamente con la tecnología que se emplea. Los responsables de nuestro idioma tendrán que tenerlo en cuenta a la hora de hacer las normas.
Pero el proceso de comunicación también ha experimentado otro profundo cambio: su introducción en las máquinas. Se sigue escribiendo para las personas, pero en muchas ocasiones hay que comunicarse con las máquinas. Algunas veces necesitamos darles instrucciones que introducimos a través del teclado o pulsando botones en la pantalla, en otras ocasiones es la máquina la que avisa de un problema o la que pide más información para poder efectuar una tarea. Esa comunicación y sus canales se están desarrollando y tienen un interés creciente. También está la necesidad de que los textos que escribimos sean «comprendidos» por las máquinas y sus algoritmos para que, a través de plataformas como son los buscadores, otras personas puedan encontrarnos. Google es uno de los representantes actuales de esas máquinas que determinan cuáles son los sitios a los que dirigir a un ciudadano cuando busca algo en la red, y el paradigma de esa nueva audiencia, conformada por algoritmos que intentan clasificar y entender de qué va una página web, un tuiteo o un documento digital. Comunicarse con las máquinas a través de las interfaces o preparar las páginas web para que las «comprenda» un buscador son trabajos que desarrollan algunas de las muchas profesiones nuevas en las que el lenguaje tiene gran importancia.
En los próximos años veremos aparecer modelos híbridos de escritura en los que será necesaria una combinación de la mente humana con determinados algoritmos para poder construir textos, en algunos casos en tiempo real o con un volumen de actualizaciones demasiado elevado como para poder permitírselo un solo periodista o especialista. Veremos también frases, incluso párrafos, en las que algunos verbos, adjetivos y sustantivos serán «escritos» por las máquinas a medida que las reglas que las manejan tengan determinadas entradas de datos. No vamos a esperar de momento calidad literaria, pero seguro que aumentará la eficacia de la comunicación, sobre todo en campos como la economía o el mundo de la información.
Como último elemento, cabría destacar la multiplicidad de versiones de los documentos, al existir muchos tipos de usos y múltiples soportes en los que pueden verse y leerse, de lo que esta misma guía es un ejemplo: se puede tener en las manos un ejemplar impreso mientras que en la red hay una versión que se actualiza de forma constante en www.manualdeestilo.com.
C
ONSEJOS PARA COMUNICARNOS
Marga Cabrera Méndez
Nos relacionamos a través del ordenador, con mensajes de texto, enviando fotografías o creando vídeos para ser «whatsapeados». Forma parte de nuestra rutina diaria gestionar toda la comunicación que nos llega y a la que accedemos de manera voluntaria.
Hemos llegado a un punto en el que debemos acotar el tiempo y el espacio para una correcta gestión de nuestra comunicación electrónica. Son demasiados los canales que debemos tener en cuenta: llamadas de atención en el móvil, en el ordenador, en la televisión, en pantallas en la calle, alertas de redes sociales, etc. Tenemos que ser capaces de seguir lo que realmente nos interesa, de saber discernir lo útil de lo accesorio, de movernos con fluidez y educación y de mostrar una imagen «digital» coherente con nosotros mismos.
Es necesario conocer y valorar al destinatario de nuestro mensaje, estamos expuestos a un público muy amplio al que hubiera sido imposible llegar en otra época. Un tuit puede correr por el mundo de Twitter con una rapidez de vértigo, una entrada en nuestro blog es capaz de mover montañas, nuestros correos electrónicos pueden llegar a personas a las que no deberían, la opinión en una noticia de prensa electrónica será compartida y leída por personas del otro lado del mundo. Tenemos, en resumen, un poder de comunicación como nunca antes lo habíamos tenido.
Debemos ser conscientes de la repercusión que puede tener nuestro mensaje y no olvidar algunos temas básicos, como la educación en la red, también llamada netiqueta. Es preciso cuidar nuestro lenguaje, que refleja lo que somos y nos define culturalmente. No es necesario ser unos eruditos a la hora de escribir, sino tener claro el contexto y el destinatario. Aunque el contenido sea el mismo, la forma de la comunicación no podrá ser igual con un cliente que con un familiar o con un desconocido en una red social.
La atención en los nuevos medios
Markus Steen
pronosticaba el fin de la web (http://goo.gl/CGzkq). Hablaba de una nueva fase en la revolución digital dominada por el uso de aplicaciones para acceder a contenidos sin necesidad de teclear la dirección web en el navegador de turno: el correo electrónico, los podcast, Facebook o la Xbox son, según él, los nuevos amos de la red.
Aunque el comentario de Anderson generó bastante polémica, parece evidente que la web ha dejado de ser, también para los lectores de nuevos medios, la única puerta de entrada a internet. En los tiempos de Facebook, los móviles inteligentes y las tabletas, existe una fragmentación de la audiencia, que ahora consume contenidos informativos a través de múltiples soportes y plataformas.
El avance de la tecnología nos descubre cada día nuevas formas de acceso a la información, ya sea desde casa, en el trabajo o mientras caminamos por la calle. Los usuarios que hasta hace unos años utilizaban únicamente el ordenador de mesa o el portátil para leer noticias, cuentan ahora con tabletas, libros electrónicos y móviles inteligentes cuyo asentamiento crece a pasos agigantados. Sin ir más lejos, la lectura de periódicos en internet a través de móviles inteligentes se duplicó en España entre 2010 y 2011, según apunta el Informe anual de los contenidos digitales en España
2011 (http://goo.gl/0XlSn).
No solo utilizamos diferentes pantallas, sino que también recurrimos a nuevas plataformas de contenidos para estar al tanto de la actualidad: en las redes sociales, la lectura de noticias es la actividad que desarrolla el 84 % de los usuarios (¡más que el consumo de fotografías!), los agregadores emplean algoritmos cada vez más sofisticados para ofrecer la mejor selección de noticias, Google aporta en torno al 30 % de las visitas a sus webs… Y todos y cada uno de ellos compiten por captar la atención de los usuarios.
En este escenario multiplataforma el futuro del periodismo pasa por entender las nuevas dinámicas de consumo y ofrecer los mismos estándares de calidad en cada soporte. Entre un lector que accede de forma habitual a una web de noticias tecleando la dirección en el navegador de su ordenador de casa, y otro que lo hace a través de un enlace que ha visto en su línea del tiempo en la aplicación de Twitter de su iPhone, hay distintas necesidades informativas que requieren nuevas puestas en escena.
Por lo tanto, la nueva realidad obliga a una revisión constante de la oferta informativa y supone una oportunidad para el desarrollo de nuevos contenidos que apuesten por la portabilidad, la personalización y las posibilidades sociales. La actual dieta del lector de nuevos medios cuenta con un menú de dispositivos de acceso a la información que influye decisivamente en cómo, dónde y cuándo consume contenidos, como señala ComScore en un informe sobre el uso de dispositivos móviles.
Al mismo tiempo que se produce esta fragmentación de la audiencia, las empresas informativas tienen un conocimiento preciso de los lectores como nunca antes. La analítica web es el gran aliado de los editores y la medición del tráfico en un escenario multiplataforma es imprescindible para obtener una fotografía exacta de los nuevos lectores.
Markus Steen
Cada vez es más común utilizar nuevos medios para leer noticias. En papel y en pantalla no se lee igual y es fundamental saber qué aspectos diferencian a ambos medios para poder optimizar los contenidos de forma adecuada a cada soporte.
En internet, la extensión y jerarquización de los contenidos es clave. Como indican los profesores Ramón Salaverría y Francisco Sancho (Del papel a la web. Evolución y claves del diseño
periodístico en internet, 2007), el lector de nuevos medios quiere que el profesional de la
información le ayude a «discernir lo esencial de lo secundario y hasta de lo desechable».
Patrón en F
Uno de los trabajos más relevantes sobre la manera en que leen los lectores es el realizado por Jakob Nielsen. El experto en usabilidad señala en sus estudios de eyetracking (http://goo.gl/mwm2q) que la mirada dibuja un patrón de lectura que tiene forma de F cuando se lee en internet. Es decir, no se lee linealmente, sino que primero se hace una lectura horizontal en la parte superior de la pantalla; a continuación, la mirada efectúa un segundo movimiento horizontal, más corto, en la zona inmediatamente inferior; y, por último, se visualiza la parte izquierda de la página.
Este patrón de lectura en F permite concluir que, delante de la pantalla, se escanea el texto en lugar de leerlo con detenimiento palabra por palabra. Trasladado a una noticia, cuando se carga una página web en la pantalla la mirada se dirige al titular y a la parte izquierda del cuerpo de la información: si las primeras palabras de cada línea de texto no resultan importantes o interesantes se continúa explorando el resto del texto informativo hasta dar con algo más atractivo.
Punto de entrada
El texto es el punto de entrada de la página web para los lectores. El bloque visual es lo que primero atrae la mirada del usuario, y no las fotografías, como ocurre en el caso de los medios impresos.
La información textual tiene también un componente navegacional muy importante. De acuerdo con los estudios de The Poynter Institute, los menús de navegación y los sumarios sirven de guía y orientan la lectura. Esto es lo que los autores del estudio denominan dispositivos direccionales, a partir de los cuales el usuario toma la decisión de ir de un bloque informativo a otro.
Profundidad
Sobre la extensión de los textos hay diferentes opiniones. Expertos como Mario R. García sostienen que, si el texto es bueno, los lectores lo devorarán párrafo tras párrafo hasta el final (http://goo.gl/mlWCN). Otros, como recoge Guillermo Franco en Cómo escribir para la web (Franco, 2008, http://goo.gl/3S5rN), sugieren limitar el número de palabras por pantallazo. Es el caso de Crawford Kilian, autor de Writing for the Web (2000), quien propone «segmentos de información» que no tengan más de 100 palabras.
Jakob Nielsen, cuyas investigaciones señalan que los lectores solo leen el 20 % del contenido expuesto en la pantalla, propone aplicar una regla: no escribir más del 50 % de lo que se hubiera
escrito en la versión en papel (http://goo.gl/b8oNl y http://goo.gl/Y0SU0).
Al margen de cálculos, parece claro que los lectores tienen un tiempo limitado para resolver sus necesidades informativas de forma eficaz. La presentación de la página debe permitir una navegación fluida en la que el lector pueda localizar la información de interés que está buscando en el menor tiempo posible. Titulares, palabras clave, ladillos y cualquier otro bloque de información que resuma el contenido del texto facilitan este cometido.
El lenguaje como marcador cultural
Fundéu BBVA
A la vez que se adoptan nuevas herramientas para la comunicación en internet, los usuarios dejan, sin darse cuenta, un rastro que configura de alguna manera su yo digital. Cada tuit, actualización de estado en Facebook o comentario en un blog configura un historial personal que a veces queda indexado por los buscadores y, por lo tanto, almacenado para siempre en la memoria de internet. Algo que, bien pensado, provoca vértigo.
Esta relevancia de la escritura pública en los nuevos medios lleva a la gente a preocuparse por su imagen en internet, es lo que se conoce como reputación digital. Ahora una conversación mantenida a través de Twitter puede tener una trascendencia inimaginable y hasta jugar una mala pasada tanto en el plano personal como en el profesional.
Es en este tipo de redes sociales y plataformas abiertas donde los comentarios tienen más eco. Debido a su componente social y a su configuración de uno a muchos, un mensaje queda amplificado rápidamente y puede tener un recorrido que obligue a ser cuidadoso con lo que se quiera decir.
También hay que cuidar las formas. Internet es un escaparate de opiniones de todo tipo, incluido el uso de un lenguaje más o menos adecuado. Sin ir más lejos, cualquiera se habrá llevado las manos a la cabeza al comprobar en Twitter la ortografía de un personaje popular.
Ya sea con amigos y familiares en una red cerrada como Facebook o al comentar la última entrada de un blog con una identidad real y no con un seudónimo, hay que prestar atención al lenguaje. Cada huella que se deja en la red dice algo sobre el autor, y por eso es importante saber emplear el lenguaje con propiedad en cada situación.
Dicho esto, tampoco hay que ser inflexibles en su aplicación: si el escenario cambia, el usuario se ha de adaptar a sus nuevas características. Como señala el experto Xosé Castro Roig, el mensaje está al servicio del destinatario y el usuario debe conocer el medio en el que se desenvuelve y adaptarse a él, ya se trate de Twitter o de un blog.
En la comunicación en internet a través de un dispositivo móvil, el usuario tiene una prioridad: transmitir algo rápido y fácilmente; pero también barreras, ya que el espacio del que se dispone en ocasiones es limitado. Por esa razón, a veces se emplean recursos que agilizan ese proceso: se abrevian las palabras, se usan emoticonos y se modifica la tipografía para reflejar el estado de ánimo en el mensaje.
en cada uno de ellos. Si, por ejemplo, se desea transmitir una imagen de seriedad en un correo electrónico pero se cometen faltas de ortografía, ¿cómo no va a resentirse la credibilidad?
Empobrecimiento del lenguaje
Markus Steen
La escritura es la forma más común de expresarse en internet. El correo electrónico es una herramienta imprescindible en el trabajo, redes sociales como Facebook están transformando la manera de relacionarse y los sistemas de mensajería instantánea comienzan a gozar de la misma popularidad que las llamadas por teléfono.
Todos estos canales de comunicación permiten una mayor inmediatez, y hacen, en definitiva, la vida más fácil, pero al mismo tiempo hay quienes creen que están arruinando la ortografía con el consiguiente deterioro de la propia lengua. En este nuevo ecosistema de medios los usuarios aceptan las reglas de estilo de cada canal.
Un ejemplo claro de la adaptación de la escritura a cada situación es la popularización de la comunicación instantánea en los teléfonos inteligentes. La brevedad casi telegráfica es la norma general cuando se chatea con amigos en este medio: se abusa de abreviaturas y contracciones, se emplea una gramática más despreocupada y hasta se olvidan las reglas de puntuación y acentuación.
En Twitter ocurre lo mismo. El límite físico de 140 caracteres obliga a emplear atajos gramaticales y estilísticos para transmitir un mensaje en el menor espacio posible. Es común encontrar fórmulas como «xq» en lugar de «porque» o prescindir del signo de apertura de las exclamaciones e interrogaciones. Sin embargo, esta economía del lenguaje en internet no se debe entender como ignorancia, sino como la adaptación de la escritura a estas nuevas realidades.
La proyección pública o privada de las interacciones en internet también influye sobremanera en la atención que se le dedica a la ortografía. Volviendo a los casos de Twitter y la mensajería instantánea, se puede apreciar un tono diferente en el uso del lenguaje en ambos canales: mientras que en los segundos se maltrata el lenguaje abiertamente, en Twitter triunfa la moderación a pesar de la mayor limitación de espacio. Al no existir el componente familiar con el destinatario y ser una plataforma abierta, el usuario presta más atención a las palabras que utiliza. Incluso en Facebook, una red social cerrada, se cuida más la ortografía que en los chats: la comunicación tiene un matiz social y, por lo tanto, las actualizaciones de estado tienen mayor trascendencia que un mensaje instantáneo.
Escribir para todos
Fundéu BBVA
Internet ha derribado las fronteras geográficas que podían existir en la comunicación pública. Ahora, desde el momento en que se escribe algo en la red, las palabras cobran una dimensión global. Existen
más de 150 millones de lectores potenciales que leen contenidos en español (http://goo.gl/7Jf7C). El éxito de la escritura en internet radica en la forma y la calidad del contenido que se quiere trasladar a la audiencia. Periodistas, blogueros o tuiteros hispanohablantes utilizan el español como lengua de referencia en sus respectivos medios, pero cada uno de ellos lo usa con un estilo diferente.
Al canal elegido y al receptor final de los escritos hay que añadir el lugar desde el que se escribe. No es lo mismo leer un texto escrito en el español de Argentina que en el de España, una palabra puede tener distintos significados o connotaciones en Buenos Aires y en Madrid.
Una realidad no se denomina con la misma palabra en todas partes o, al menos, no siempre. El español es un idioma global y cada una de sus realizaciones y actuaciones está repleta de localismos que a veces dificultan la compresión del artículo que se está leyendo.
Ante esta situación, cobra una especial importancia en la red la figura del profesional de la información, debido, sin duda, a su influencia social. El periodista tiene la tarea ejemplar de usar un español que se pueda entender a un lado y a otro del Atlántico. Con este fin, en el seminario «El español en los medios de comunicación de los Estados Unidos» celebrando en San Millán de la Cogolla (La Rioja, España), se puso la primera piedra para crear un documento sobre el buen uso del español en los medios hispanos de los Estados Unidos (http://goo.gl/wW0GR).
Además de hacer un buen uso de las palabras, los nuevos medios tienen la responsabilidad de ofrecer una imagen representativa de la sociedad. Escribir para todos requiere abarcar el espectro social y político de un país para que todos los lectores puedan identificarse con los temas finalmente seleccionados.
Sirva como ejemplo de este propósito el periódico gratuito editado en España 20 minutos. Su director, Arsenio Escolar, declaró en una entrada de su blog titulada «Cómo y por qué hacemos la portada de 20 minutos» (http://goo.gl/ibBbr) que «siempre hemos de preguntarnos si los campos de interés de todos los miembros de la familia están representados en nuestra portada».
Esta obligación con los lectores tiene una importancia mayor en la red. Estar en internet implica ser evaluado continuamente por los lectores a través de las redes sociales o de otros sistemas de participación, como los comentarios en las noticias, los foros o el correo electrónico. Ellos tienen la opción de interactuar con los responsables de una información para decirles si les ha parecido adecuado, o no, el tratamiento de una noticia determinada.
En este sentido, cobra una relevancia especial el tratamiento de la información que tiene como protagonistas a grupos minoritarios. En internet puede encontrarse desde un buen blog sobre comida tailandesa a comunidades enteras dedicadas al embarazo de la mujer. Como señala el profesor Ramón Salaverría, «existe un cambio de los medios de masas a las masas de medios» y la escritura en internet tiene la responsabilidad de reflejar este nuevo paradigma (http://goo.gl/o4xiv).
Escribir para todos también es crear contenidos accesibles independientemente de las capacidades físicas, intelectuales o técnicas de la audiencia. La evolución de la tecnología permite ahora que los lectores accedan desde soportes móviles como tabletas y móviles inteligentes. Cada uno de estos dispositivos requiere una presentación accesible de los contenidos para que la experiencia de usuario se produzca en igualdad de condiciones. Por ejemplo, una web que no tenga una versión para móviles estará dejando de lado a un sector de audiencia cada vez más relevante.
Esa audiencia global no es uniforme: la conexión a internet no es igual de rápida en todo el mundo, muchos usuarios disponen de dispositivos antiguos sin capacidad de actualizarse con el último
software del mercado, o simplemente sin el poder adquisitivo suficiente para hacerlo.
En el concepto de accesibilidad también hay que contemplar cuestiones como el tamaño del texto o la opción de añadir subtítulos en los contenidos multimedia. Si la página no ofrece la posibilidad de aumentar el tamaño del texto de un artículo se estará discriminando a los lectores con problemas de vista. Otros elementos que mejoran la accesibilidad de una web son, por ejemplo, el atributo alt de las imágenes, con el que se añade información sobre las mismas, o la utilización de una ortografía adecuada para ayudar a las pantallas braille a codificar el texto en sus caracteres.
Consejos para elegir palabras
Fundéu BBVA
En internet el usuario fragmenta el texto y elige lo que más le gusta. En lugar de leer un artículo de arriba abajo y palabra por palabra, se escanea la página y la vista se detiene solo en los comienzos de línea de texto o en los ladillos que llaman la atención. Este cambio en el hábito de lectura obliga a los editores de nuevos medios o al autor de un blog a repensar su escritura.
Para capturar la atención de los lectores y mantenerla durante el máximo tiempo posible es importante pensar bien las palabras que se van a emplear. Incluso si se trata de un artículo técnico o dirigido a una audiencia muy concreta, es recomendable emplear un lenguaje sencillo en las zonas de la web que constituyen un primer nivel de lectura.
La principal razón para escribir con las palabras justas es aligerar el volumen del texto para conseguir un estilo lo más directo posible. El libro de estilo de Yahoo! (http://goo.gl/gdtaH) propone evitar tres malas costumbres que a veces pueden obstaculizar una buena redacción: palabras o frases carentes de significado, pleonasmos y palabras irrelevantes al comienzo de la frase, que solo retrasan la información importante que viene después. Elegir las palabras adecuadas para contar una historia en internet puede resultar un poco engorroso, pero si se le dedica un poco de tiempo se acabará dando con las teclas idóneas.
Otro consejo muy eficaz para aligerar el volumen de un artículo es evitar la tendencia al archiverbalismo (alargamiento innecesario de las oraciones), por ejemplo: «De cara a la tarde se producirán precipitaciones en forma de nieve» en vez de «Esta tarde nevará»; y el archisilabismo (inclusión de palabras innecesariamente largas), como utilizar subalternizar por subordinar. El empleo inadvertido que se hace a veces de estas palabras y frases complejas termina por agotar la paciencia del lector o simplemente por aburrirle. La redacción en los nuevos medios exige escribir
decidir en lugar de tomar una decisión o clicar en lugar de hacer clic porque es más simple.
Una selección adecuada de los verbos también ayuda a mejorar la escritura en internet. Un verbo fuerte al principio de un párrafo para llamar la atención de los lectores es un buen comienzo. Como señala el experto Roy Peter Clark, el uso de los verbos fuertes ahorra palabras y dota de acción al artículo (http://goo.gl/BWRNU).
Por último, no hay que olvidar la importancia que tiene el posicionamiento web (SEO) en la
búsqueda de información en internet. Muchos lectores acceden a una web a través de una búsqueda y la mejor forma de llegar a esta audiencia es incluyendo palabras descriptivas en el titular y en los ladillos, que son los espacios en los que los lectores buscan la información.
La etiqueta en la red: la cortesía en la comunicación
digital
M.ª Elena Gómez Sánchez y Luis Guerra Salas
Netiqueta es una palabra formada a partir del francés étiquette (‘etiqueta’) y del inglés net (‘red’) y
hace referencia a una serie de consejos, adoptados a nivel mundial, que rigen la conducta correcta de nuestros actos virtuales, es decir: cómo comportarse educadamente en la red.
Como en cualquier otra comunicación, en la mediada por internet debemos tener en cuenta aspectos relacionados con la imagen tanto de los emisores como de los receptores de los mensajes, y ser conscientes de las normas de cortesía que deben observarse para que esta se mantenga dentro de unos cauces que permitan el progreso de la interacción.
Si cuando interactuamos con nuestros amigos es conveniente seguir las pautas de buenas maneras en la red, cuando lo hacemos con un destinatario abierto lo es mucho más. Si no seguimos estas sencillas normas, corremos el riesgo de ser considerados novatos, maleducados, provocadores o troles. Estas reglas no han sido impuestas por ninguna organización, sino que son reglas de facto que han ido surgiendo de la propia comunidad de internet.
Según el DRAE, la cortesía es «demostración o acto con que se manifiesta la atención, respeto o
afecto que tiene alguien a otra persona». Las personas somos corteses con los demás por dos razones fundamentales: por el deseo de ser aceptados por los otros (teniendo en cuenta las características propias del grupo social en el que nos encontremos; es lo que se entiende por normas de cortesía en un sentido amplio, como el saludo, la expresión de agradecimiento, etc.) y por el deseo de no dañar la imagen social que los demás –nuestros interlocutores– tengan de sí mismos (por ejemplo, se puede evitar una imposición o una orden, planteándola como una petición o una pregunta); recíprocamente, esperamos el mismo comportamiento hacia nosotros (por eso nos molesta que no nos devuelvan un saludo o que nos den una orden directa, salvo que el contexto lo justifique). En una gran parte, las demostraciones o actos corteses se llevan a cabo mediante el lenguaje. Como las comunicaciones en la red son fundamentalmente lingüísticas, tiene sentido hablar de cortesía en internet.
¿Qué hacer para ser un internauta cortés?
Ser conscientes de la audiencia. Tengamos presente en cada momento a quién hablamos o escribimos. En la red nuestro público puede ser individual o colectivo, mantener con nosotros una relación de simetría o asimetría social, etc. Todo ello implica el empleo de diferentes normas de cortesía, al igual que sucede en entornos no virtuales.
implica necesariamente que haya que comportarse de manera distinta a como lo haríamos en otros contextos escritos u orales.
Cuidar la forma de expresarnos. Dado que el contexto no es necesariamente compartido, el mensaje ha de ser lo más unívoco posible. Intentemos que nuestros lectores entiendan exactamente lo que hemos querido decir. Las normas (de ortografía, léxico, sintaxis) garantizan el empleo de unos estándares comunes. Ser cortés también significa facilitar la descodificación por parte de quien recibe el mensaje.
Ser claros. Más específicamente, seamos concisos, hagamos contribuciones relevantes y ciertas, ofrezcamos un texto bien estructurado.
Tener en cuenta las diferencias culturales. Incluso dentro de una misma lengua, estas pueden afectar a la interpretación que se haga de un texto cuando no haya elementos contextuales que permitan deshacer ambigüedades o incluso solventar malentendidos. Es un aspecto que hay que tener especialmente presente cuando el emisor no es hablante (o escritor) nativo de la lengua que emplea.
El anonimato no es razón para la descortesía. Llama la atención al respecto la alta frecuencia de expresiones descorteses que aparecen en las intervenciones que los lectores realizan en los comentarios que glosan algunas noticias de los periódicos digitales. Pensemos si diríamos lo mismo –y de la misma manera– en un intercambio verbal en el que nuestra identidad fuera manifiesta.
Normas básicas de conducta en la red
Existen numerosas recopilaciones en la red sobre las normas de conducta que se han de seguir para los distintos canales: foros, chats, correos electrónicos, redes sociales, etc., pero es el libro
NETiquette, de Virginia Shea, el que se toma como base y en el que se establecen las normas
elementales. Las reglas que define son las siguientes:
No olvidar nunca que quien lee el mensaje es una persona y tiene sentimientos que podemos ofender.
Seguir los mismos patrones de conducta en internet que en los demás contextos comunicativos. Comprobar el entorno para conocer los usos del sitio web.
Respetar el tiempo y ancho de banda de las otras personas.
Mostrar lo mejor de nosotros mismos mientras estemos en internet. Compartir nuestro conocimiento con la comunidad.
Ayudar a mantener los debates en un ambiente sano e instructivo. Respetar la privacidad de terceras personas.
No abusar del poder.
Perdonar los errores ajenos.
En la comunicación empresarial también se han de cuidar las normas de conducta, no solo de los interlocutores corporativos o encargados de la comunicación, sino también en las aportaciones en