Guerra
Revolucionaria
en la Argentina
1959-1978
PRÓLOGO
DE LA PRIMERA EDICIÓN
Como la percepción es selectiva, me limitaré a una idea expuesta en el libro del General Díaz Bessone, para desarrollarla o desarrollár-mela a mí mismo. Y eso porque, como consecuencia de mi profesión, mi mente ha terminado por ser analítica y necesita pasar toda asevera-ción por el tamiz de la prueba.
Antes, una reflexión. El libro del General Díaz Bessone es una gran excepción en nuestro medio, una sorprendente excepción: por su estilo, que más parece digno del refinamiento inglés que de nuestro modo di-recto de abordar los problemas. El General Díaz Bessone no necesita ar-gumentos, ni tampoco tiene por qué abogar expresamente por una cau-sa: en el libro sus interlocutores son El Combatiente, Estrella Roja,
Montonerosy todos los periódicos de la subversión, confesiones de par-te que lo relevan del cargo de la prueba.
Recordaba que la percepción es selectiva, y entre ellas la mía. Me in-teresa ahora resolver –validar o no– la afirmación del autor, de que nin-gún otro grupo terrorista en el mundo tuvo tal grado de peligrosidad co-mo los nuestros, que atacaron a varias unidades militares. Así, los asal-tos a la guarnición de Azul, al Regimiento 17 de Catamarca, a la Fábrica Militar de Villa María, al Batallón de Arsenales 121, al Regimiento 29 de Infantería de Formosa, y al Batallón de Monte Chingolo. En efecto, nada similar intentaron el ETA, el IRA y las Brigadas Rojas italianas.
La aseveración del autor parece incontrovertible. Me falta infor-mación, pero tengo entendido que ni el M-19 ni Sendero Luminoso has-ta hoy, ahas-tacaron –a cara descubierhas-ta y en despliegue de bahas-talla– a uni-dades de combate. Así, la peligrosidad de nuestros terroristas habría si-do máxima. No me corresponde evaluar un tema bélico, materia de
pro-fesionales. Pero sí creo que la constatación de un tan avanzado grado de peligrosidad no nos permitiría colegir que su represión quedara li-beradas de responsabilidades éticas.
Quisiera aquí reflexionar sobre la supervivencia, la difusión y la ex-tensión del terrorismo en el mundo. Esta reflexión partirá de los “da-tos” y tendrá un solo objetivo: tratar de demostrar que el fenómeno
Montoneros/ERPno es repetible.
En líneas generales, se podría hablar de tres grandes racionaliza-ciones terroristas en el mundo. Están:
a) las agrupaciones revolucionarias que invocan un proyecto de cam-bio de sociedad;
b) las “irredentistas”;
e) las que se fundamentan en un absoluto irrenunciable. Después están las combinaciones de lo uno y de lo otro.
Pareciera que las agrupaciones terroristas que propiciaban en los países europeos un cambio de sistema social ya han hecho su ciclo com-pleto: las brigadas rojas, por ejemplo.
En cambio subsisten vigorosos los mismos grupos revolucionarios que operan en los países subdesarrollados, cargados de deudas, herede-ros de un correcto pasado institucional, y dotados de una muy desigual distribución del ingreso. Y también persisten las agrupaciones terro-ristas que combinan “irredentismo” con un proyecto de transformación social: el IRA y el ETA. El IRA y el ETA no se pueden imponer, pero su presunto irredentismo todavía les acuerda alguna cobertura social. En cambio, las agrupaciones terroristas más enhiestas en el mundo, son las que se identifican con un absoluto: el del Corán, y las que visualizan a todo enemigo como una encarnación demoníaca. Si este tercer tipo de terrorismo, además, combina irredentismo con el sentido de absoluto de los musulmanes sirios o los chiitas libaneses, su expansión y peligrosi-dad están garantizadas.
De ahí que no resulte cierta la aseveración de que el terrorismo sea la consecuencia inevitable de un gobierno militar. No lo fue con el
ERP –que trazó sus planes operativos tres años antes del gobierno del general Onganía– ni lo es tampoco en el mundo. Subsiste el terrorismo tras las elecciones de El Salvador, lo hubo en España con dictadura y lo hay con democracia. Pero también es cierto que hubo terrorismo bre-tón y terrorismo corso en Francia, y que ya no existen más. Y que hay terrorismo anti-NATO en Bélgica, y en Japón, y que existió la banda Baa-der-Mainhoff. Pero todos estos últimos fueron resueltos dentro de las nor-mas y procedimientos legales.
El grado de peligrosidad de los revolucionarios es la tercer varia-ble. El máximo grado de peligrosidad se vivió en América Latina. Por-que los suicidas musulmanes practican actos aislados, y atacan en flan-cos que no reconocen fronteras: están dispersos y no concentrados en el mundo. Pero ningún terrorista se atrevería a atacar a una unidad mi-litar dotada con los medios de detección de la NATO.
A veces, para reprimir a los terroristas, la peligrosidad suele ser re-versible: porque hubo atentados en Viena, en Roma, en Atenas, porque un súbdito norteamericano fue arrojado a las aguas del Mediterráneo, la administración Reagan colocó a todo el mundo en el filo de la navaja. Vayamos a la cuarta variable analítica: el contexto de justificación. Los musulmanes se autojustifican. Porque el Corán ya dijo toda la ver-dad, y la verdad no es negociable, máxime con el infiel. De ahí que Car-ter pueda aparecérseles como el demonio. Fuera del mundo musulmán, ninguna otra pretendida justificación que invocara principios religiosos es válida. Ya lo señaló Juan Pablo II en Dublín, cuando al pedirles a los jóvenes que depusieran la violencia les rogó que no adujeran como religioso lo que es un conflicto entre británicos e irlandeses. Y los mis-mos argumentos falaces se utilizaron en nuestro medio.
Creo que el terrorismo que conocimos en la Argentina no podrá re-producirse más. Y no sólo porque perdió la guerra –el ERP solicitó sin éxi-to en Ginebra el reconocimienéxi-to de un estatuéxi-to beligerante igual al del Viet Cong– sino porque la guerrilla se quedó sin países modelos. Cuba y China no le sirven más. Y Vietnam –que fue el modelo operativo del ERP– ahora que es independiente, exhibe, con sus 250 dólares per
cápi-tauno de los niveles de vida más bajos de todo el Oriente. Además, la ca-pacidad explicatoria del marxismo entró en crisis en todo el mundo.
Por último, hubo una coyuntura excepcional –estudiada con todo de-talle por el autor que comentamos– que no se volverá a reproducir. En efecto, entre hace 15 y 20 años, otros hombres jóvenes construidos tam-bién en términos de absoluto se descubrieron de golpe a la intemperie. Se había producido un relajamiento en los lazos de la autoridad eclesial, se pasó abruptamente del tradicional verticalismo a un nuevo horizon-talismo católico, muchos conceptos muy atrayentes carecieron de defi-niciones precisas, nos sentimos profetas en libertad los que hasta enton-ces habíamos sido guiados. De ahí que muchos, quebrado su deseo de absoluto trascendente, lo canalizaran en el orden temporal, confundién-dolo todo y creyendo que con medios perversos se pudiera llegar a bue-nos fines. Pero eso ya pasó, y esa tragedia histórica ocurrió en Bilbao y en Bogotá, en Córdoba y en Santa Fe.
La Iglesia universal, con su pastor a la cabeza, viene insistiendo en la Reconciliación. La Reconciliación, que comienza con un ajuste de cuentas con nosotros mismos –vale decir con nuestra conciencia– pasa por las relaciones interpersonales para elevarse a las colectivas. Se pro-yecta pues, hacia adelante.
Pero volvamos al libro que comentamos, que es historia, e historia objetiva. Porque la nueva historia argentina se está escribiendo desde Oxford y desde Washington, y desde los archivos de la cancillería ale-mana en Bonn. Vale decir la historia argentina se está escribiendo con los documentos producidos “por los otros”, no por nosotros. El General Díaz Bessone ha escrito historia con los documentos de los Montoneros y del ERP.
Dr. José Luis de Imaz Abril de 1986
PREFACIO
DE LA PRIMERA EDICIÓN
La República Argentina fue el teatro de una guerra revolucionaria que comenzó a gestarse a partir de 1956, mostró sus primeras eviden-cias en 1959, se desencadenó en 1970, y alcanzó la máxima intensidad durante los años 1973 a 1976. La derrota militar del agresor pudo apre-ciarse en 1978; digo la derrota militar porque la guerrilla fue aniquila-da, pero no vencida políticamente la subversión. Este libro se ocupa de los acontecimientos de esa guerra ocurridos entre 1959 y 1978. Queda fuera la continuación de la guerra por medio de la política y el terrorismo, uno de sus instrumentos más tremendos, a partir de 1978. La guerra revolucionaria que azotó a la Argentina, y continúa agre-diéndola con medios diferentes, formó y forma parte de la revolución mun-dial, instrumento del marxismo-leninismo para extender su control sobre el Tercer Mundo, que es parte de la estrategia para implantarse en todo el universo. Tuvo por objetivo, en la Argentina, alcanzar el poder del Es-tado para, desde allí, imponer un sistema político, económico y social, más aún, un sistema de vida ajeno a nuestras tradiciones, que por cierto inclu-yen pensamientos y sentimientos antagónicos, pero donde el marxismo-leninismo sólo logró captar a una verdadera minoría de la población.
La subversión, acompañada por determinados y nefastos intere-ses políticos, ha procurado y procurará deformar y falsear la verdad de esa guerra para alcanzar sus objetivos ruinosos, destructivos para la Na-ción. Repetir cien veces una mentira logra hacerla pasar por verdad, eso forma parte de la táctica del marxismo-leninismo.
Estas páginas escritas sobre la base de documentos que produjo la subversión, desconocidos por el gran público, procuran reconstruir fiel-mente una parte esencial de esa guerra, que ya constituyen un período
de nuestra historia. Especiales destinatarios son los que no conocieron los hechos en forma directa. También, los que fueron testigos, especial-mente los de memoria frágil, para que no olviden la tremenda experien-cia, y para que conozcan facetas a las que no tuvieron fácil acceso. Final-mente, y no por ello menos importante, estas páginas constituyen un homenaje a las víctimas de la subversión, civiles y militares, a los muer-tos, a los mutilados, los heridos y a las víctimas morales, objeto de la diatriba, de la dialéctica experta en destruir honras; son en suma, un ho-menaje a quienes derrotaron militarmente a la subversión: las Fuerzas Armadas, las Fuerzas de Seguridad, y las Fuerzas Policiales.
La guerra revolucionaria en la Argentina comenzó a gestarse poco después de la caída de Perón en 1955. Es falsa la afirmación, tan repe-tida, que la causa de la guerrilla fue la “Revolución Argentina” (1966-1973). La guerra revolucionaria se gestó tanto durante los gobiernos de jure de los Presidentes Frondizi e Illia, como bajo el gobierno de fac-to del Presidente Onganía, y si bien estalló durante la “Revolución Ar-gentina”, alcanzó su máximo desarrollo, carente de antecedentes, bajo los gobiernos de jure de Cámpora, Lastiri, Perón y señora de Perón. Los documentos de la subversión, y los diarios sesiones del Congreso lo de-muestran con toda claridad.
La guerrilla impuso las condiciones, el clima, el ambiente, el teatro operaciones y el campo de combate en que se desarrolló esa guerra. A par-tir del asesinato del General Aramburu, la subversión mantuvo la ini-ciativa in crescendo y sin dar tregua durante cinco años. Su poder se in-crementó en ese lustro en forma constante y cada vez más peligrosa ra la vida y la seguridad de las personas, para sus bienes y, en suma, pa-ra la Nación toda. Mientpa-ras ello ocurría, las Fuerzas Armadas, uno de los blancos principales de la agresión, eran mantenidas en los cuarteles, fuera de la lucha, tanto por los gobiernos de facto como de jure. El inten-to de contener a la guerrilla con la policía y la justicia fracasó, y ese in-tento sufrió su más rudo golpe el 25 y 26 de mayo de 1973, cuando Cám-pora dictó un indulto y el Congreso una ley de amnistía en favor de los guerrilleros, y cuando se disolvió la Cámara Federal en lo Penal y se de-rogó la legislación represiva, que muy poco después, y con el menor rui-do posible, se debió reimplantar por el mismo gobierno de jure.
Se falsea la verdad cuando se pretende mostrar a los miles de jó-venes guerilleros, en su mayoría de clase media y aun con apellidos tra-dicionales, como perseguidos por sus ideas políticas, o por su afán de lo-grar una sociedad más justa, según su particular apreciación. Una des-mesurada propaganda, muy costosa en dinero, oculta la mayoría de las veces que aquellos jóvenes usaron, como medio para sustentar sus ide-as y lograr sus fines, fusiles modelo NATO, “metralletide-as” y explosivos; y también el asesinato, el atentado mortal o mutilante, el robo y el se-cuestro. Oculta aquella propaganda, que esos jóvenes tenían como mo-delo a Lenin, a Mao, a Fidel Castro y a Guevara; oculta que la justicia que pretendían implantar empezaba por la justicia del paredón se-gún el modelo dictatorial y prosoviético de Cuba.
Se falsea totalmente la verdad cuando se pretende comparar la si-tuación que se vivió en nuestro país con la de algunos países europeos, en particular Italia, España, Francia y Alemania. En esos países las bandas terroristas siguen gozando de buena salud pero en ningún ca-so una organización ilegal ha tenido, hasta el presente, y durante lar-gos años, la capacidad mínima como para intentar la creación de una zona liberada, como se intentó en nuestro Tucumán. Ni siquiera tu-vieron la capacidad para asaltar y controlar poblaciones, ni para copar cuarteles y apoderarse de centenares de armas. Es válida, en cambio, la comparación con las guerras revolucionarias en Cuba y Nicaragua, donde ganó la subversión, o con las que se han venido llevando a cabo en casi todos los países de América Latina, donde la subversión fue mi-litarmente derrotada o continúa peleando.
Las Fuerzas Armadas fueron empeñadas primero en Tucumán, y luego en todo el territorio durante la presidencia de la señora de Pe-rón, quien ejerció el Comando en Jefe que constitucionalmente le co-rrespondía, asesorada por el Comité de Seguridad Interior, integrado por todos los ministros del Poder Ejecutivo, solidariamente responsables, y por el Comité de Defensa, presidido por el Ministro de Defensa. Estas fueron las autoridades que tuvieron bajo su mando, a nivel máximo, la guerra en Tucumán durante catorce meses, y en todo el territorio na-cional durante seis meses. Hay, por cuerda separada, una responsabi-lidad que les cupo a los gobiernos de jure entre 1973 y 1976 por no
in-vestigar los delitos de las “Tres A”, organización ilegal cuyo cabecilla fue señalado en el Congreso de la Nación: el Ministro de Bienestar So-cial José López Rega, también secretario privado de Perón y de la se-ñora de Perón. Los intereses políticos han cubierto con un manto de si-lencio estas verdades, y algunos de aquellos responsables del período 1973-76 se han lavado públicamente las manos.
A partir del momento en que las Fuerzas Armadas entraron en operaciones en todo el territorio del país, en poco más de dos años de-rrotaron militarmente al agresor. Desde el momento en que la subver-sión vislumbró esa derrota, pasó a continuar la guerra en el campo po-lítico, tanto interno como desde exterior, con la ayuda de poderosos alia-dos, especial y visiblemente instalados en Europa occidental. No son los europeos los responsables del ataque artero a nuestra Nación. Ellos cargan sobre sus espaldas dos guerras mundiales y la guerra civil es-pañola con millones de víctimas. Los genocidios nazis, las matanzas de Stalin, las venganzas tremendas contra los “colaboracionistas” del fas-cismo y el nazismo, las guerras de Argelia y de Indochina, para citar al-gunos hechos en los que hubo un solo juicio, Nürenberg, y nada más. Ellos carecen de autoridad moral para levantar un dedo acusador. Son los propios argentinos enrolados en la subversión o en los mezquinos cál-culos políticos los que pusieron a la Argentina en la picota. Porque es preciso ser claros y veraces, fue la Nación la que estuvo en la pico-ta, y no sólo un gobierno de facto, fue la Nación la perjudicada en su imagen, no sus gobernantes.
Abordamos también el marco legal y ético de la guerra. Expresa-mente he deseado ocuparme de él, independienteExpresa-mente de que no de-bía eludirlo, y no hay razón valedera para hacerlo. Le dedico un capí-tulo completo para concluir separando claramente tres situaciones que no deben ser mezcladas y confundidas, pero que lo han sido, en el me-jor de los casos por ignorancia, en el peor por cálculo político o como ar-ma de la subversión. Hubo hechos, crímenes abyectos, totalmente aje-nos a la guerra, antes y después del 24 de marzo de 1976. Aparte, hu-bo delitos que ocurrieron y ocurrirán en todas las guerras del mundo, que debieron ser sancionados, que fueron sancionados, y que en la me-dida que se prueben deben ser sancionados. Finalmente, la guerra, con
las características propias, muy especiales, de la guerra revoluciona-ria, y las comunes a toda guerra. Una sola bomba, Hiroshima o Naga-saki, produjo más víctimas que nuestra guerra revolucionaria, con el agra-vante de que todas esas víctimas eran inocentes, desde ancianos hasta recién nacidos. Y se lo justifica como precio para lograr un bien mayor. Un medio para un fin. El fin no justifica los medios, y esto no admite dis-cusión cuando se trata del desarrollo de la vida civilizada. Pero la gue-rra es un medio para alcanzar un fin; medio que en bien de la humani-dad debería haber desaparecido hace mucho tiempo. Pero existe. Si el fin no justifica los medios, y éste es un valor absoluto que está por en-cima de la Nación misma, no nos defendamos ante la agresión externa o interna, porque para vencer al agresor tendremos que matarlo, no po-dremos convencerlo con el abrazo fraterno (salvo que sea del abrazo del oso ruso). Si ante la agresión decimos que el fin no justifica los medios, preparémonos para ser santos o esclavos, pero no gastemos dinero en prepararnos para la guerra, y aceptemos que nos borren de entre las na-ciones libres de la tierra.
La humanidad ha aceptado el medio de la guerra, y ha tratado de mo-derarla con leyes y usos, formalmente suscriptos por la mayoría de las na-ciones, pero no respetadas por la guerrilla, que sólo las invoca cuando le conviene. Pero tampoco fueron respetadas esas leyes y esos usos, por los países más adelantados; el empleo de agentes tóxicos, químicos y bacte-riológicos; los bombardeos de ciudades y pueblos, el maltrato y la tortu-ra de prisioneros son hechos reales: Argelia, Indochina, Vietnam, Corea, las dos grandes guerras mundiales, el bombardeo israelí a una base de la OLP en Túnez, etc. Por último el terrorismo y la guerrilla se han mo-fado siempre de los prejuicios burgueses, y carecen de frenos morales.
En extrema síntesis, éste es el tema que vamos a desarrollar a lo largo de diez capítulos. Hablarán los documentos de la subversión, en particular de sus dos elementos principales: el Partido Revolucionario
de los Trabajadores (PRT) y su brazo armado el Ejército
Revoluciona-rio del Pueblo(ERP); el Peronismo Revolucionario que se confunde con su brazo armado, Montoneros. Hablarán también los miembros del Con-greso, diputados y senadores. Finalmente se utilizarán los testimonios de la prensa independiente.
Por último, no desconozco que fui un protagonista, modesto casi siempre, más importante algunas veces, en muchos hechos relevantes que han ocurrido en la Argentina durante los últimos cuarenta años. Na-turalmente, viví todo el proceso revolucionario. Esta es una de mis cir-cunstancias de las que no puedo prescindir. Es ilusorio exigir la ausen-cia de pasión que puede tener el investigador extranjero. Pero ni aun éste deja de impregnar a sus dichos con sus propios valores. Es una fa-lacia pretender que ante los fenómenos sociales se puede asumir la mis-ma actitud que adopta el investigador de un fenómeno de ciencia posi-tiva. Aclarado esto, quiero dejar constancia de todo mi empeño en pre-sentar los hechos de modo que la verdad sea respetada en toda su in-tegridad.
Deseo expresar mi sincero agradecimiento a todas aquellas perso-nas que me ayudaron a que esta obra fuera posible.
PRÓLOGO
DE LA TERCERA EDICIÓN
Dijimos en este libro que al concluir el año 1978 la victoria militar sobre la guerra revolucionaria en la Argentina era un hecho, pero la guerra seguiría en el plano político, y que, quizás como nunca, el agre-sor (la subversión) podía afirmar que la paz es la continuación de la guerra por medio de la política.
Han pasado casi veinte años desde que las operaciones militares con-tra el brazo armado de la subversión terminaran. Desde entonces hasta el presente, la presión política contra los vencedores de esa guerra ha si-do constante e intensa, con un objetivo claro, el mismo que tuvieron du-rante la guerra revolucionaria: el desmantelamiento de las Fuerzas Armadas de la Nación. A ella se sumaron determinados intereses po-líticos que, cuando no constituyeran las voces de los subversivos, quisie-ron asegurarse la no repetición de los golpes de Estado, olvidando que en esos golpes ninguno estuvo exento de participación y responsabilidad. Los vencedores de la guerra interna que se extinguió en 1978, no fueron exclusivamente las Fuerzas Armadas. Como lo dice el editorial de La Nación, que reproducimos en el epílogo de la primera edición, “la victoria frente a la subversión es producto también de la solidaridad activa de los más diferentes sectores sociales y políticos con la empre-sa resueltamente sostenida por las fuerzas de la legalidad. El cuerpo vi-vo de la Nación es el que en definitiva ordenó al brazo armado ante cu-ya acción cayeron las bandas que, de otro modo, hubieran terminado por disolver esta sociedad asesinando a los hombres que la representan y a los que se oponen a sus designios.”
Pero las voces de los vencedores –de los más diversos sectores so-ciales y políticos– se extinguieron casi por completo después de 1983.
Po-cos han sido los que pudieron o los que osaron alzar su voz en los me-dios de difusión para recordar cuales fueron verdaderamente los oríge-nes, las características y las responsabilidades de la cruenta violencia que fue creciendo desde 1955, hasta desembocar en la guerra declara-da por las organizaciones subversivas desde 1970, y ejecutadeclara-das por sus ejércitos.
En cambio, la ciudadanía fue saturada por las voces que execran a la sangrienta dictadura militar como caracterizan al gobierno de facto de los años 1976 a 1983. Es increíble el cinismo con que esas voces silencian la sangre que hicieron correr las bandas que de otro modo hubieran terminado por disolver la sociedad, tan-to después de 1976, como antes de esa fecha, desde 1958, bajo gobier-nos elegidos democráticamente (Frondizi, Illia, Cámpora, Perón y Sra. de Perón, sin olvidar La Tablada en 1989) como bajo los gobier-nos de facto, gobiergobier-nos éstos a los que no les alcanza aquel califica-tivo tremendista.
Los más prominentes críticos de “la sangrienta dictadura militar”, no tuvieron ningún inconveniente para desarrollar sus actividades bien rentadas monetariamente en ese tiempo, merodearon constantemente los despachos oficiales, y muchos de ellos desempeñaron tareas oficia-les de diversa naturaleza, en el Estado nacional, en los provinciaoficia-les o en los municipios. Salvo los miembros de la guerrilla, ninguno se exi-lió, levantó su voz para criticar ni condenar. Por el contrario, las voces más críticas provinieron de personas que siempre juzgaron con equili-brio la situación nacional, sin ahorrar juicios severos, entre ellos el inol-vidable y notable periodista Manfred Schönfeld.
En verdad, muy escasos son los actuales detractores adultos entre 1958 y 1983, a los que no les caben las palabras del Evangelio: “el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra”. Sin embargo, los me-nos indicados son los que con insistencia pertinaz han exigido mea
cul-paa hombres e instituciones, siguiendo una táctica destructiva y bien apoyada financieramente, inclusive desde el exterior, cuyo fin último es destruir a las Fuerzas Armadas, sin las cuales la Argentina quedaría iner-me ante sus enemigos de adentro y de afuera.
Este libro fue escrito sobre la base de documentos auténticos, pa-ra contribuir a que la historia que se escriba en el futuro no sea una his-toria deformada, como lo sería si recogiera únicamente la tremenda fal-sificación que abunda después de 1983.
Si mi empeño se vuelca en el combate de este tiempo, es porque así me obliga el cinismo y la hipocresía de los que mantienen encendi-dos los odios para destruir a una de las Instituciones fundadoras de la Nación, como son sus Fuerzas Armadas, esenciales para la superviven-cia de una Argentina libre y soberana. También para que los argenti-nos que no fueron protagonistas y testigos en aquel tiempo, no perciban tardíamente que sin las Fuerzas Armadas no existe la Nación. Ronald Reagan dijo en West Point: “Ninguna nación que basó su seguridad en acuerdos firmados y al mismo tiempo abandonó su capacidad material para la guerra, duró lo suficiente para contribuir a la historia de la hu-manidad”.
Pero mi anhelo también apunta a la construcción del futuro. No habrá futuro para nuestra Patria si no reconstruimos una sólida uni-dad nacional. Así como en el pasado fue “el cuerpo vivo de la Nación el que en definitiva ordenó a su brazo armado” que destruyera a las ban-das que de otro modo hubieran terminado por disolver a esta sociedad, es hora ya que el cuerpo vivo de la Nación termine con los sectores que atentan contra la cohesión nacional, y los aísle para que no sigan sem-brando odios y rencores.
Sólo así será posible construir un futuro de grandeza, sólo así se-rá posible materializar un proyecto sugestivo de vida en común.
Convenciones
Este libro se ha diseñado bajo las siguientes convenciones: 5 Comunicados de las Fuerzas Armadas.
p Citas referidas a Montoneros en Evita Montonera, Cristianismo y
Re-volución, El Descamisado, La Causa Peronista, Militancia, Estrella
Federal, etcétera, sus partes de guerra y comunicados.
g Citas de los diarios La Prensa, La Nación, Clarín, Pravda,
L’Osservatore Romano, Buenos Aires Herald, Convicción, Córdoba, Trud, (periódico sindical soviético) La Nueva Provincia, etcétera. ( Citas referidas al ERP y PRT, Estrella Roja, El Combatiente, etcétera,
sus partes de guerra y comunicados.
u Citas de lo publicado en las revistas Somos, Gente, Primera Plana,
Extra, Cambio 16, etcétera. ➤ Citas de Lenin, Stalin y Mao. e Citas del libro de Carlos Brocato. j Citas del libro de Giussani.
■ Citas referidas a declaraciones de personalidades de la política. s Citas referidas al General Perón.
8 Citas jurídicas.
: Citas de comunicados de la Asociación de Bancos Argentinos, Con-federación General Económica, Colegio de Abogados, Asociación Cris-tiana de Dirigentes de Empresas, Federación Universitaria, 62 Or-ganizaciones (Sindicales), Asociación de Industriales Metalúrgicos, Asociación de Rehabilitación del Niño Lisiado, Asociación Interna-cional del Club de Leones (Distrito Múltiple), Bolsa de Cereales de Buenos Aires, Bolsa de Comercio de Buenos Aires, Cámara Argen-tina de Anunciantes, Cámara ArgenArgen-tina de Comercio, Cámara Ar-gentina de Editores de Libros, Cámara ArAr-gentina de la Construcción, Cámara de Comercio Industria y Producción de la República, Cen-tro Argentino de Ingenieros, Consejo Empresario Argentino, Con-sejo Publicitario Argentino, Liga Argentina de Lucha contra el Cán-cer, Liga de Madres de Familia, Rotary Club de Buenos Aires,
Socie-PRIMERA PARTE
La Génesis
“No saben, no entienden, porque están cerrados sus ojos y no ven, están cerrados sus corazones y no entienden.”
Isaías XLIV - 18 “La intelligenza tiene que apoderarse de la educación,
de la cultura y de los medios de comunicación social, para desde allí apoderarse del poder político y con el poder político dominar a la socidad civil.” Antonio Gramsci “Nada está encubierto que no se haya de descubrir, ni oculto que no se haya de saber.” San Mateo X - 26
CAPÍTULO I EL TELÓN DE FONDO
1. ELPARTIDOREVOLUCIONARIO DE LOSTRABAJADORES Y ELEJÉRCITOREVOLUCIONARIO DELPUEBLO
Julio de 1970. Resolución del V Congreso del Partido
Revoluciona-rio de los Trabajadores (PRT): Fundación del Ejército Revolucionario
del Pueblo.(ERP):1 ( «Considerando:
Que en el proceso de guerra revolucionaria iniciado en nuestro país, nuestro partido ha comenzado a combatir con el objeto de desorgani-zar a las Fuerzas Armadas del régimen para hacer posible la insu-rrección del proletariado y del pueblo.
Que las Fuerzas Armadas del régimen sólo pueden ser derrotadas oponiéndoles un ejército revolucionario…
Que durante toda una larga etapa, nuestra guerra revolu-cionaria adquirirá formas guerrilleras, urbanas y rurales, exten-dida a distintas ciudades y zonas campesinas, sobre la base de cuya ampliación y extensión política y militar será posible pa-sar a la guerra de movimientos en el campo y a la constitución de importantes unidades estratégicas en las ciudades.
Que el otro principio fundamental de la guerra revolucionaria a apli-car por nuestra Fuerza militar es la ejecución de operaciones militares con 1 Del libro Resoluciones del V Congreso y del Comité Central y Comité Eje-cutivo posteriores,junio de 1973, con prólogo de Roberto Mario Santucho. Los subrayados me pertenecen.
una línea de masas, es decir, orientadas hacia la movilización de las ma-sas y su participación directa o indirecta en la guerra.
( El V Congreso del PRT resuelve:
1º) Fundar el Ejército Revolucionario del Pueblo y dotarlo de una ban-dera.
2º) Considerar al ERP y sus distintos destacamentos armados, como los instrumentos militares del Partido para su política en la presente eta-pa de la lucha de clases y el embrión del futuro ejército revoluciona-rio y popular.»
Desde aquel año 1970, y aun antes, y hasta que fue militarmente ani-quilado, la Nación tuvo un enemigo interno (apoyado desde el exterior) que le había declarado la guerra, como se lee en el texto del PRT transcripto, uno de los muchos documentos de la subversión. Esta verdad, y el carácter de la agresión puede ser desconocida, a mediados de la dé-cada del 80, por los niños que no la vivieron, y aun por los adolescentes que en aquel tiempo eran niños. Por supuesto, los agresores sobrevivien-tes y sus cómplices están empeñados en tergiversar los hechos, y presen-tarse como los agredidos. Muchos adultos fueron y son indiferentes… “la sangre de los otros”. Los que no son niños ni adolescentes, los que no son indiferentes a la suerte de la Nación, los que no fueron ni son cómplices de la subversión, recuerdan muy claramente que los facciosos abandera-dos del marxismo-leninismo, agredieron a la Nación con un tipo de vio-lencia desconocida en el país, por lo pérfida, alevosa y traidora.
Recuerdan también que los agresores tenían un objetivo que nunca ocultaron, cambiar la Patria Azul y Blanca, nuestra Argentina tradicio-nal, con sus virtudes y defectos, por la Patria Socialista, la de la es-trella roja, según el modelo cubano.
La bandera que el PRT creó para su Ejército subversivo, el ERP, te-nía dos colores, azul y blanco, en forma vertical, con una estrella roja de cinco puntas en el centro. Utilizaron los colores tradicionales, porque, según se afirmó en aquel Congreso, se pretendió enraizar la guerra revolucionaria en la historia nacional. No se atrevían a confesar que renegaban totalmente de una tradición, una cultura, una historia
centenaria, que nada tenía que ver con la estrella roja símbolo del mar-xismo-leninismo.2
Creado el ERP el Comité Central del PRT adoptó diversas resolucio-nes en octubre de 1970, precedidas por un análisis de la situación del país, el que concluye así:3
( «El proceso de desarrollo de la guerra revolucionaria continúa su actual etapa de ascenso sostenido: podemos afirmar que desde el principio de año (1970) esta característica no ha variado, lo cual es altamente promisorio; podemos también señalar un ritmo de una acción de importancia nacional por mes, y una serie de pequeñas acciones que se suceden en forma cotidiana. Todo esto, como es ló-gico, ha incidido en forma muy aguda sobre el conjunto del país, al punto que nadie es ya ajeno al hecho de la guerra esto no sig-nifica de manera alguna que el conjunto de la sociedad se siente parte activa del proceso, a favor o en contra, pero sí que los efectos de la guerra afectan cada día más la vida cotidiana de la población (!), en especial en los centros urbanos importantes y en bastantes ca-sos en poblaciones menores.»
A continuación, el Comité Central del PRT expone lo que denomi-na Primer Gran Operativo Militar. Prevé «acciones militares de gran repercusión, continuidad, y realizadas a escala nacional, ya que una acción aislada, por grande que sea, si no se da en un marco de ac-ciones similares, en tres o cuatro regiones del país y con un cierto rit-mo, carece de sentido, ya que la nuestra sería otra sigla más entre cinco o seis.»
Efectivamente, estaban operando, cada una haciendo su guerra, otras organizaciones subversivas, entre ellas Montoneros.
( Sigue el Plan Operativo Militar señalando prioridades: a) Obtener fondos y armamentos.
2 Ibid. 3 Ibid.
b) Foguear masivamente a las células militares y al conjunto del Par-tido en acciones militares y de resistencia. Destacamos la conve-niencia de realizar la mayor cantidad de desarmes de policías ais-lados,4acción ésta que permite, junto con la recuperación de ar-mas5necesarias, el entrenamiento de compañeros,6…»
( Pasa luego a detallar las acciones:
1) El conjunto de acciones militares que incluyen expropiaciones de di-nero,7 recuperación de armamentos, toma de pueblos,8 liberación
4 En el lenguaje de los subversivos desarme es la operación de asesinar a un policía y robarle el arma y el uniforme. Para ello, en el lugar y momento apropiado, en particular de noche, un jovencito o jovencita se aproximaba como un transeúnte común, y al llegar a la altura del agente público, desen-fundaba rápidamente un revólver o pistola y mataba al policía. Esa era una de las exigencias básicas para ser aceptado como soldado en el ejército sub-versivo. El Agente o Suboficial de baja graduación, de la policía, normalmen-te custodiaba una sede diplomática, un consulado, o estaba de servicio en una esquina; con su modesto sueldo este policía mantenía a su familia, te-nia hijos pequeños. Hasta 1977 se contaban 372 policías en todo el país víc-timas de estos “desarmes”. Sus camaradas, llegado el momento, combatieron sin cuartel y duramente a la subversión, cumliendo con su deber.
5 Recuperación de armamentos significa desde el asalto a una armería, hasta el ataque a una comisaria, a una columna de vehículos de las Fuer-zas Armadas, o a un cuartel militar, para apoderarse de armamento. Dicen
recuperar porque, según los subversivos, esa armas pertenecían al pueblo,
y como ellos se atribuyen la representación del pueblo, las “recuperan”. Ca-be consignar que la extrema izquierda en la Argentina, jamás logró supe-rar el 2% de los votos en las elecciones a las que les fue permitido presen-tarse. Carece totalmente de representatividad, pero se la atribuye igual. Es el fundamento de su propaganda: mentir siempre para hacer dudar, por lo menos, a la “opinión pública”, a la que desprecian cuando logran el poder. 6 Es decir, permite el entrenamiento de los subversivos.
7 Expropiaciones de dinero, significa asaltos a bancos y financieras, a ca-miones transportadores de caudales; obtención de pagos de rescates millo-narios (hermanos Born, funciomillo-narios de Bancos como el Shaw o Boston, o empresas como ESSO), y también el cobro de un impuesto a la seguri
de presos,9secuestros10a realizarse escalonadamente en distintos
puntos del país…
... 5c) …Ir dispuesto a matar o morir.»
... Luego pasa el documento a referirse a otros aspectos a tener en cuenta en el Plan Político Militar:
( «La orientación fundamental será avanzar correctamente en una di-rección. Ello se logrará acentuando los avances ya logrados en la pro-letarización: ubicando militantes y cuadros en la producción, incre-mentando la relación con las masas. En este sentido son ejemplos a se-guir tres regionales: en una de ellas, militantes estudiantiles, de la cultura y células militares se han ido a vivir o están por hacerlo en ba-rriadas obreras,11estableciendo relación política con la población. En
otra, la casi totalidad de los cuadros, incluida la dirección, está
ubica-dad, que numerosos empresarios pagaban a la guerrilla para que les
garan-tizara la propia seguridad y la de la empresa. Según la doctrina marxista-leninista, ese dinero lo tenía la clase explotadora, terrateniente y capitalis-ta por las relaciones de producción. En consecuencia, ese dinero, según ellos, pertenece al proletariado. Cuando los subversivos asaltan y roban,
es-tán recuperando el dinero del proletariado, que ellos representan.
Co-mo se ve, inversión total de normas y valores, que llevan al caos social. 8 Garín, La Calera.
9 Es decir el asalto a comisarías y cárceles (como la de Rawson), para poner en libertad a subversivos detenidos.
10 En algunos casos para pedir rescate, haya o no resultado (Sallustro, los hermanos Born, etc.), en otro para intentar canjes de “prisioneros”. (Coro-neles Larrabure e Ibarzábal).
11 Estos militantes y células militares, encubrían su acción y presencia de mu-chas maneras, entre ellas apareciendo como catequistas, vinculados con los sacerdotes tercermundistas y la Teología de la Liberación. Aparecían espe-cialmente en las “villas de emergencia” (o “miserias”). Este es un aspecto po-co percibido por la opinión pública del país. Fue una labor intensa que no po- co-sechó frutos en la pretensión de lograr apoyos. Los propios habitantes de las “villas de emergencia” no deseaban que fueran a vivir con ellos los subversi-vos, en particular guerilleros. Y los (denunciaban. En las zonas rurales como Tucumán, y ahora en Perú, la guerrilla tomó represalias con quienes los de-nunciaron. Los asesinaron.
da en la producción.12En la tercera se ha iniciado un proceso de sane-amiento y delimitación tajante, aplicándose estrictamente las exigen-cias estatutarias a los militantes.»13
( «Cada vez más nuestros militantes deben ser lo mejor de la van-guardia, y es necesario aumentar las exigencias… Se lo logrará in-crementando la actividad militar, haciendo que todas las células ac-túen, que las células militares aumenten su capacidad operativa14 y las células básicas se encarguen de acciones superiores a los ca-ños15, pasando a desarmes (ver nota 4), recuperación y distri-bución de alimentos,16etc.»
De entre los numerosos documentos del Partido Revolucionario
de los Trabajadores(PRT), que ponen en evidencia la naturaleza de la guerra revolucionaria en desarrollo, cabe mencionar la edición Nº 121, año VII (el primer número apareció en 1968), de su periódico El
Combatiente, con subtítulo Por la Revolución Obrera
Latinoameri-cana y Socialista, de fecha 12 de junio de 1974. En ese tiempo era Presidente de la Nación el Gral. Perón, lo que no constituía impedi-12 Esto significa que los miembros del ERP estaban actuando como emplea-dos o trabajadores en fábricas. Estas fábricas eran las que pagaban al ERP para no ser molestados. Cuando el Estado Nacional empleó sus medios (po-licías, Gendarmería, Fuerzas Armadas) algunas de estas situaciones fue-ron detectadas, y los subversivos atacados. La propaganda hábilmente ma-nejada por la subversión y sus aliados, presentó los hechos como ataques injustificados a indefensos trabajadores.
13 En el lenguaje característico de la subversión esto significó ajuste de cuen-tas con los que evidenciaban conducta desviada. Es decir, muertes y desapa-riciones de subversivos arrepentidos.
14 Es decir, que desarrollen operaciones militares, guerrilleras.
15 Nombre con el que los subversivos designan a los explosivos. Poner un ex-plosivo en la puerta de una casa, en el baño de un comercio, en una plaza, etc, y hacerlo detonar con sus consecuencias de muertos, heridos, mutila-dos, era como puede apreciarse, una acción elemental, menor.
16 Los subversivos se apoderaban de un camión con alimentos (lácteos, pan, pro-ductos de almacén, etc.), lo que no era difícil frente a un chofer y empleados indefensos, y lo llevaban a un barrio de gente pobre, en lo posible a una “vi-lla de emergencia”. Allí se repartía toda la mercadería y se abandonaba el ca-mión. Eran, como otras, acciones espectaculares con fines de propaganda.
mento para el desarrollo de la guerra revolucionaria por parte de los subversivos.
La edición de El Combatiente ataca muy duramente al gobierno pe-ronista, y da a conocer los logros que va alcanzando la subversión. Dice: ( «Las unidades guerrilleras han aumentado su poder de fuego en las ciudades, y han dado el paso trascendental de la constitución de una primera unidad de monte. La constitución de la organización revo-lucionaria principal, el Partido Marxista-Leninista proletario, avan-za exitosamente a través de su cauce principal, el Partido
Revolu-cionario de los Trabajadores… Todos estos avances, esta permanen-te acumulación y movilización de fuerzas revolucionarias, van colo-cando a la sociedad argentina a las puertas de una situación revo-lucionaria. La lucha de clases cobra nueva vida…»
Luego, antes de referirse a la apertura del frente rural (Tucumán) dice:
( «Desde hace ya más de tres años (desde 1970) el pueblo argentino ha iniciado un proceso de guerra revolucionaria,17cuyo objetivo final es la derrota del capitalismo, el fin del injusto régimen de explotación que nos agobia, el logro de la liberación nacional y social y la conquista de la Patria Socialista.» (Recordemos una vez más que en ese momento era presidente el Gral. Perón, y el justicialismo estaba en el gobierno). Con su habitual soberbia prosigue el PRT en El Combatiente: ( «Al iniciarse el gobierno peronista, nuestro partido (PRT), previen-17 Afirma rotundamente que es “el pueblo argentino” el que inició la guerra. Tal afirmación es una muestra del lenguaje marxista-leninista, cargado de deformaciones y falsedades, presentadas como verdades indiscutibles. La subversión llegó a enrolar aproximadamente 30 mil hombres en la gue-rrilla, que con sus simpatizantes y apoyos ideológicos no sobrepasaban las 150.000 personas. Menos del 0,5% de la población. Pero eran y son tremen-damente activos y contaban con importantes apoyos exteriores, desde Cu-ba, la URSS y los países comunistas ubicados detrás de la “Cortina de Hie-rro” y Europa occidental (Francia, Italia, Alemania, España, Holanda, Bél-gica y Suecia), para desarrollar una impresionante propagada convincen-te para quien no conoce los hechos y los “idiotas útiles”.
do con acierto el rápido fracaso de esta nueva experiencia burguesa, no cesó en la actividad militar, sino que la orientó fundamentalmen-te hacia el ataque a las Fuerzas Armadas contrarrevolucionarias18 y las grandes empresas imperialistas.»
Se refiere luego al contenido de las luchas populares19y dice: ( «Estas se encaminan a partir de este momento a tomar carácter de
abierto enfrentamiento al gobierno (peronista). Este renovado ímpe-tu de luchas obreras y populares abre ya una etapa de
generaliza-ción de la guerra. Es en esta nueva etapa –que requiere una am-pliación considerable de las operaciones militares– en la que se ins-cribe la apertura del frente rural, iniciado por la Compañía de
Mon-te Ramón Rosa Jiménez.»20
Señala a continuación el carácter estratégico de esa nueva etapa y dice:
( «La nueva etapa del desarrollo de la lucha revolucionaria indica que la tarea más importante en el terreno militar, la generaliza-ción de la guerra a todo el ámbito del país, incorporando así a la mis-ma regiones y sectores de la población que hasta el presente no han participado activamente. En efecto hasta este momento la guerra revolucionaria se ha desarrollado fundamentalmente en las gran-des ciudagran-des en su forma de guerrilla urbana. Generalizar así la gue-rra significa dar un salto, que amplíe el ámbito de su desarrollo a regiones que por sus características geográficas, brinden las
mejo-18 Se refiere a las Fuerzas Armadas de la Nación, que seguían soportando el asalto a sus cuarteles y el asesinato de sus hombres sin intervenir en la gue-rra en forma activa, porque el Poder, es decir, el Gobierno de la Nación, aún no había resuelto empeñarlas. Dicen bien los subversivos, son contra-rrevolucionarias, porque cuando sean lanzadas a la guerra, terminarán con el intento revolucionario del marxismo-leninismo, ideología espuria en nuestra Nación.
19 Es decir a la luchas de los subversivos.
20 Integrantes de esa compañía asesinaron en pleno centro de Tucumán, el 1º de diciembre de ese año (1974), al Capitán del Ejército Antonio Viola; jun-to con él cayó muerta su pequeña hija de 3 años y quedó herida de un ba-lazo en la cabeza la otra hija de 5 años.
res condiciones para la estructuración de una fuerza militar supe-rior, capaz de enfrentar y aniquilar a importantes contingentes del ejército enemigo21… ir destruyendo paulatinamente a la fuerza mi-litar enemiga … es el objetivo al que se dirige la iniciación de la guerrilla rural. La actividad de la misma debe asegurar la existen-cia de unidades militares que disputen el terreno y logren en deter-minado lapso la existencia de bases de apoyo y posteriormente de zonas liberadas.»22
Luego, el documento que estamos considerando expone el tema de la guerrilla rural. Toma como referencia la guerra de Vietnam y el libro
Guerra de Liberacióndel General Giap (Vietnam del Norte, comunista), uno de sus manuales de instrucción militar.
El 15 de diciembre de 1974, quince días después de asesinar al Ca-pitán Viola, otro documento del ERP que relata las acciones de gue-rra de la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez, consigna que fue-ron ascendidos a Jefes y Oficiales del ERP algunos hombres de esa Com-pañía, en una ceremonia presidida por un miembro del Buró Político del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).
Dejamos aquí, por ahora, a uno de los brazos armados más poderosos de la guerra subversiva, el PRT-ERP. Sus documentos no dejan ninguna duda. Habían declarado la guerra y estaban en guerra contra el Estado Argentino; estaban en guerra contra las Fuerzas Arma-das, y en particular contra el Ejército Argentino; estaban en gue-21 La subversión no tenía duda sobre el significado exacto del significado del término aniquilar. Desde dos Tenientes Generales muertos, pasando por to-da la escala jerárquica: Oficiales Superiores, Jefes, Oficiales Subalternos, Suboficiales y soldados.
22 Gran objetivo para pedir, exigir y obtener el reconocimiento internacional, tanto en Naciones Unidas, como en países comunistas, y ante gobiernos socialistas de distintas características. El ERP solicitó reconocimiento a Naciones Unidas, no lo obtuvo. El Presidente de Francia, Mitterrand, re-conoció a la guerrilla de El Salvador. Otro tanto hizo el gobierno de México. El ERP no logró ningún reconocimiento, tampoco otro grupo subversivo en la Argentina.
rra contra la sociedad civil, en particular contra las empresas privadas y contra todo lo que se opusiera a “la patria socialista”.
Vamos a ocuparnos del otro brazo poderoso de la subversión.
2. MONTONEROS
Esta organización armada hace su aparición pública el 29 de mayo de 1970 con el secuestro del ex Presidente de la Nación, Gral. Pedro Euge-nio Aramburu. Lo asesinan el 10 de juEuge-nio. El relato de los hechos, paso a paso, fue publicado en la revista La Causa Peronista, año 1, Nº 9, del 3 de septiembre de 1974, durante el gobierno justicialista, presidencia de la Sra. de Perón. Los relatores son Mario Firmenich y Norma Arrostito, y lograron amplia difusión en el país.
Eligieron aquel día para dar nacimiento a Montoneros, porque se cumplía un año del “Cordobazo”, y también porque el 29 de mayo es el día del Ejército Argentino: un desafío.
Poco después, el 1º de julio, Montoneros copó y mantuvo bajo su con-trol durante más de una hora la localidad de La Calera, ubicada en el límite NO. de la poderosa guarnición militar “Córdoba”, sede del Co-mando del Cuerpo III y de la Brigada Aerotransportada.
En la revista Cristianismo y Revolución de septiembre de 197123 aparece una sintética historia de Montoneros hasta esa fecha. Algunos de sus párrafos más significativos se transcriben:
p «De la resistencia del caño (explosivo) a la resistencia armada. Así nació la Resistencia (relata la violencia que desplegaron los subver-sivos salidos del peronismo después de septiembre de 1955 “Revo-23 Año VI, Nº 30, Pág, 14 y 15 . Director Fundador fue el ex seminarista Juan García Elorrio y Directora Responsable Casiana J. Ahumada. Registro Na-cional de Propiedad Intelectual Nº 1.110.238. Esta revista era un órgano de prensa de los movimientos subversivos que actuaban en el país, un me-dio de propaganda.
lución Libertadora”) con los medios con que se disponía en ese en-tonces, fue la época del caño heroico, de la acción espontánea y desorganizada… Luego fueron los Uturuncos en la lucha rural y el COR en la lucha urbana los que retomaron la senda de las armas… hasta que producida la Revolución Argentina (1966), se intentó en 1968, sin éxito, montar un foco rural en Taco Ralo a través del Des-tacamento 17 de Octubre de las Fuerzas Armadas Peronistas.
De la resistencia a la defensiva
p Llegado el año 1969, el Movimiento, aprovechando toda su expe-riencia de lucha, comienza a pasar a la ofensiva. Es el comienzo de la guerra por el poder:24las movilizaciones violentas masivas de Corrientes, Córdoba, Rosario, Tucumán, Catamarca, y los hechos armados de envergadura como la detención y ejecución de Arambu-ru, las ejecuciones de Vandor y Alonso (cabezas del sindicalismo pe-ronista ortodoxo), la toma de La Calera, de Garín, la Prefectura de Tigre, Radio Rivadavia, asestan al régimen los golpes duros en los últimos tiempos… hoy en 1971, la movilización violenta de las ba-ses y los golpes de las organizaciones armadas, han bajado gobier-nos provinciales, ministros y presidentes.
p … la lucha electoral entendida como un medio de movilización del pueblo en función de la lucha por el poder… (a la cual se va) con el Programa Nacional Revolucionario que asegure la nacionalización de la economía, el control obrero de la producción y la expropiación sin compensación de la oligarquía terrateniente, con la liberación de los presos políticos y gremiales, con la suspensión de las leyes re-presivas… (pero) sabemos que el enemigo no puede conceder todo es-to sin perder el poder, (por eso) es que creemos que la maniobra elec-toral montada (la que culminaría en 1973 con la elección de Cám-pora) se le va a volver en su contra, y lo vamos a fusilar con sus propias armas.»25
p La lucha por el poder: hacia el peronismo en armas
Las organizaciones armadas del Movimiento son las primeras uni-dades de ese ejército. Nuestra Organización (Montoneros), las
Fuer-zas Armadas Peronistas, las Fuerzas Armadas Revolucionarias y 24 El subrayado es nuestro.
otros grupos, marchan en ese camino hacia la formación del Ejérci-to Popular.
p Sólo la guerra del pueblo salvará al pueblo
Porque ésta es la guerra del Pueblo, que no se va a terminar de un día para el otro, sino que será de larga duración… Es el pueblo organiza-do en Unidades Básicas Revolucionarias el que realizará la tarea de información, comunicación y propaganda para facilitar la tarea de las Unidades Básicas de Combate.26Son los activistas y los militantes de base lo que darán la cara para encubrir a los combatientes clan-destinos.27De ellos deberá provenir la red de depósitos y refugios necesarios para el desarrollo de las tareas armadas28… Por último aquellos más preparados y decididos tomarán las armas y se incorpo-rarán a las unidades de combate. La Guerra Popular es una tarea gigantesca porque supone incorporar a todo el pueblo en la lucha. p Las etapas de la guerra
Esta guerra tiene sus distintas etapas, algunas ya se han cumplido… Ahora hay que corregir errores… La regla de la etapa actual es ata-car y protegerse, golpear y desaparecer, donde el enemigo es vulne-rable, golpearlo con fuerza; donde es fuerte, esperar… debemos ele-gir nosotros el momento, el lugar y el modo con que nos enfrentare-mos con él. Durante el transcurso de la lucha el pueblo de la misma manera que va formando su Ejército debe ir forján-dose su doctrina, su justicia, su moral, sus leyes.»
Pocas frases como la última traducen de manera tan clara el me-sianismo de los ideólogos revolucionarios, el antagonismo entre sus va-26 Esa tarea de “información, comunicación y propaganda”, fue efectivamen-te realizada por Unidades Básicas (comités) en manos de la Juventud Pe-ronista y aliados de Montoneros.
27 El encubrimiento consistía en alojarlos en sus domicilios transitoriamen-te y cada vez que fue necesario para el transitoriamen-terrorismo y la guerrilla.
28 Así ocurrió efectivamente. Las armas se guardaban en embutes, especie de cofre camuflado, que se preparaba en los lugares más insospechados de la casa (abajo de una heladera, en un jardín, etc…). En cuanto a los ex-plosivos, en algunas oportunidades hicieron volar a la casa o departamen-to que servía de depósidepartamen-to, como ocurrió en un departamendepartamen-to de la calle Posadas 1168 de la Capital Federal, el 21 de junio de 1964.
lores y los de la sociedad nacional, a la que han resuelto cambiarle su cultura, es decir, su moral, sus leyes, sus instituciones. Es una clara evidencia de la imposibilidad de que este grupo conviva en el seno de la sociedad nacional, la imperativa e inevitable necesidad que tiene la sociedad nacional de aislar al grupo, cuya radicalización total hace im-pensable absorberlo.
El texto que estamos analizando, bajo el título La hora actual, ter-mina así:
p «… todos tienen un lugar y una función en esta lucha, y todas las for-mas de lucha, desde las acciones insurreccionales como el Cordoba-zo hasta el asalto a un banco, participan de una estrategia de con-junto que es el desarrollo de la Guerra Revolucionaria29para la conquista del poder por el pueblo.
p Por eso hay que cubrir todos los terrenos: la fábrica, el barrio, la villa (de emergencia), el campo, la universidad. En cada uno hay que cons-truir y fortalecer los vínculos entre los combatientes y las bases, en-tre las unidades de combate y las unidades básicas del Movimiento.» En verdad, cubrieron muchas fábricas, barrios, villas y universida-des. El texto termina con el nombre de la organización subversiva:
Mon-toneros, y su símbolo, el fusil y la tacuara cruzados. Esta revista, don-de se expone prolijamente el programa don-de la guerra subversiva que tan-tos muertan-tos había costado y costaría, y donde escribían numerosos sa-cerdotes para el “Tercer Mundo”, jamás mereció una palabra de censu-ra de los gcensu-randes defensores de los derechos humanos y entre ellos de los actuales Obispos, Monseñores Hessayne Novak y de Nevares, pese al título de la revista y la citada colaboración de sacerdotes. Esta omi-sión fue tanto más grave por lo que exponemos a continuación.
La Revista Cristianismo y Revolución en sus páginas muestra un bra-zo en alto empuñando un fusil sobre una cruz. El brabra-zo con el fusil ha reemplazado a la imagen de Cristo. Es el símbolo que corresponde al nom-bre de la revista, utilizado en el Continente. Es el cristianismo abyec-to condenado por la Iglesia Católica en la voz de Juan Pablo II.
Así como harán otras publicaciones de la subversión, Cristianismo y
Revolucióntenía un rubro dedicado a la cronología de los hechos subver-sivos, día por día; bajo el título La justicia del pueblo, y con la imagen de un guerrillero sosteniendo con los dos brazos un fusil en lo alto. A modo de ejemplo vamos a tomar solamente algunos días, todos del año 1971. 4 de mayo
p Un comando expropió (robó) $ 24.000.000 en el Policlínico Dr. Fino-chietto en Avellaneda.
p Un comando de Acción Revolucionaria de Secundarios 8 de octubre (Colegio de enseñanza secundaria) atacó con bombas molotov una de-pendencia del Ministerio de Educación.
p Estalla una bomba en una empresa de Córdoba. p Es atacado un ómnibus de la Marina en Bahía Blanca. 10 de mayo
p Estalla una bomba en el Palacio de Tribunales. Se adjudicaron el hecho los Comandos Estudiantiles Socialistas.
p Estalla una bomba en el domicilio del Juez Romero Victorica. p Es arrojado un explosivo frente al Batallón 121 de Comunicaciones
en Rosario.
p Un comando del ERP atacó a un policía (muerto) en Córdoba, y se apodera de su arma y su uniforme. (Serán usados por la Guerrilla para sus operaciones, utilizando el uniforme como disfraz).
p Otro policía es atacado y herido en Córdoba.
p El Comando Emilio Jáuregui, del ERP, coloca bombas en cinco ins-talaciones de Segba, en Buenos Aires, en apoyo a los trabajadores de Luz y Fuerza.
8 de junio
p Un comando atentó contra el domicilio de un policía en San Jeróni-mo Sur, Santa Fe.
p Fue baleada la Guardia de la Fábrica Militar de armas “Domingo Ma-theu”, en Rosario.
p Un comando se apoderó de 3 autos de un garaje de esta Capital. (Se-rán usados para realizar atentados, asesinatos, asaltos, robos, etc.)
11 de junio
p El Comando Liliana Gelin de las FAR copó una oficina del Registro Automotor de esta Capital apoderándose de numerosa documenta-ción. (Serviría para preparar con las “Tarjetas de Identificación del Automotor” robadas –en blanco–, documentos falsos para circular con todo tipo de vehículo automotor robado).
p Un comando de las FAR ocupó el domicilio del Comodoro Ferrero en Córdoba, expropiando armas y otros elementos (robo).
p Es colocada una bomba en la fábrica Goodyear de Rosario.
p El Comando Lezcano, Polti y Taborda del ERP procedió a ocupar la cár-cel de mujeres en Córdoba, y liberar a las combatientes Diana Triay, Alicia Quinteros, Ana María Villarreal, Silvia Urdapilleta, todas del ERP; y a María C. Liprandi de Vélez, de los Montoneros.
p Un comando del ERP dinamitó la oficina de Prontuarios de la Jefa-tura de Policía de Tucumán, destruyéndola por completo.
p Dos comandos del ERP precedieron a repartir útiles escolares en dos escuelas humildes de Tucumán.
p Un comando del ERP expropió dinero de la firma Nestlé, de Tucumán. Así, día por día, mes tras mes. Cualquier persona puede apreciar la gravedad de la situación ante una violencia subversiva escapada al con-trol del Estado, el que no estaba en aptitud de dar la seguridad normal que requiere una sociedad nacional para su funcionamiento.
Esta revista Cristianismo y Revolución se vendía a dos pesos Ley 18.188 en el país. Mucha gente tuvo y pudo tener acceso a este mate-rial. Mucha gente estaba enterada de lo que estaba pasando. Pero aún faltaba lo peor, el caos tremendo que azotó al país entre 1973 y 1976. En los medios de difusión masiva se publicaban los hechos más salientes, y casi a diario fue habitual encontrar uno.
Miles de guerrilleros entraron en combate. Las Fuerzas Armadas de la Nación recibieron ataques constantes contra sus hombres y fami-lias en brutales atentados, y con secuelas de numerosos muertos y mu-tilados; también fueron asaltados cuarteles e instalaciones. Las Fuer-zas Armadas de la Nación fueron empeñadas en 1975: el monstruo subversivo había crecido y se había fortificado.
El abrumador catálogo de los hechos subversivos no era ignorado por la mayoría de la población, y en particular por los hombres que ejercían el liderazgo de diversos sectores de la sociedad nacional (po-lítico, religioso, empresario, sindical, docente, estudiantil, medios de di-fusión, etc.). Se sabía que los hombres y armas de la guerrilla eran ocultadas por simpatizantes y cómplices en las ciudades y poblaciones importantes, y aun en establecimientos de campo. Sin embargo, esca-sas fueron las voces que se levantaron para señalar y denunciar al te-rrorismo y la guerrilla, alertar sobre los días tremendos que nos aguar-daban a los argentinos. Los diarios de aquella época y de todo el país muestran claramente esa carencia. No fue indiferencia ni complicidad, fue el miedo a la represalia guerrillera lo que más pesó para pro-ducir el silencio.
Se puede tener una idea muy clara del incremento constante de la acción subversiva, si se comparan los hechos ocurridos en 1971 y que he-mos puntualizado, con otros documentos de los años 1974 y 1975, en-tre ellos el que sigue, un Parte de Guerra emitido por Montoneros el 17 de septiembre, de 1974,30que dice:
p «En los días 15 y 16 de septiembre, la organización Montoneros a tra-vés de sus unidades de combate y de sus unidades milicianas, pro-cedió a atacar objetivos pertenecientes al capitalismo monopolista, las FF.AA. y represivas y la burocracia traidora.»
p Da luego el detalle:
I Contra el imperialismo (55 hechos)
1. Diez concesionarios IKA- Renault. 2. Seis concesionarios FIAT.
3. Tres concesionarios Peugeot. 4. Tres concesionarios Dodge. 5. Tres concesionarios Ford. 6. Dos concesionarios Citroën 7. Dos concesionarios Goodyear.
30 Véase: Evita Montonera - Revista Oficial de Montoneros, Diciembre de 1974, pág. 42 y 43.
8. Dos concesionarios Chevrolet. 9. Dos concesionarios Mercedes Benz. 10. Dos sucursales del Banco Río.
11. Dos sucursales del Nuevo Banco Italiano. 12. Dos sucursales del Banco de Boston.
13. Dos sucursales del Banco Francés e Italiano. 14. Banco de Galicia, Mitre 2400, Avellaneda. 15. Concesionaria Olivetti, Adrogué (incendio).
16. Agencia Automotores Manrique, Libertador 2350, Capital. 17. Embotelladora Coca Cola, Tres Arroyos y H. Pueyrredón, Capital. 18. Planta Industrial Philco, Cañada de Gómez y Berón de Astrada,
Capital.
19. Banco Shaw, Las Heras y Scalabrini Ortiz, Capital. 20. Laboratorios Riker, Av. del Trabajo 5820, Capital. 21. Banco Argentino de Comercio, Artigas 2700, Capital. 22. Edificio Cinzano, Cangallo 2941, Capital.
23. Laboratorios Roux, Piedrabuena 3259, Capital.
24. Depósito de Robert Brown’s (whisky), Suárez 1100, Capital. 25. Empresa Bagley, Montes de Oca 100, Capital.
26. Droguería Suizo-Argentina, San Martín y Ardoíno, Morón. 27. Concesionaria Firestone, San Justo, Matanza. (incendio).
II Contra la oligarquía y el gorilaje
Detalla 17 hechos, entre ellos:
- Banco Rural Argentino, Corvalán y Directorio - Capital. - Banco Rural Argentino, Avda. Cruz 6698 - Capital. - Sociedad Rural Argentina - Plaza Italia - Capital. - Galería Alvear, Callao y Alvear - Capital.
- Golf Club San Antonio de Padua.
III Contra las Fuerzas Represivas
Detalla 10 hechos, ataques a edificios, y atentados contra el Almi-rante Imposti y el Capitán de Navío Urreta, y el asesinato del Oficial Bartos y del Suboficial Coronel.
IV Contra la burocracia traidora
V Operativos de Propaganda
Entre numerosas acciones puntualiza la ocupación de las siguientes estaciones ferroviarias: Villa Domínico, Bernal, Lomas de Zamora, Adro-gué, Hudson, Ing. Brian, Morón y Munro.
Esa misma revista, Evita Montonera, se encargó de publicar en cada número, y día por día, los hechos ejecutados por la citada orga-nización subversiva. Lo expresado para el 15 y 16 de septiembre de 1974 es una muestra.
Por otro lado, el 4 de octubre de 1975, Montoneros aprobó su Códi-go de Justicia Militar, que constaba de 6 capítulos y 52 artículos. Vamos a puntualizar algunos aspectos salientes de ese Código.
El Capítulo I se refiere al ámbito de aplicación y establece que las disposiciones son aplicables a “todos los integrantes de la organi-zación: oficiales, oficiales segundos, oficiales primeros, oficiales mayo-res, oficiales superiores y aspirantes a oficiales”. También, con algu-nas limitaciones, a soldados y milicianos. Como puede observarse, las jerarquías militares del ejército montonero están claramente es-tablecidas.
El Capítulo II se refiere a los delitos, los enuncia y los define: trai-ción, desertrai-ción, confesión, delatrai-ción, insubordinatrai-ción, conspiratrai-ción, acu-mulación de poder, defraudación, malversación, abuso de autoridad, negligencia en el mando, evasión, deslealtad, y otros. El delito de deser-ción distingue tres casos.
a) Incurren en este delito los integrantes de la organización que hayan abandonado la misma sin previa comunicación a su ámbito superior. b) Comenten también este delito los integrantes de la Organización que tuvieran más de un año de antigüedad como tales cuando hayan efectuado el pedido de retiro y no obstante el rechazo del mismo por la Organización hagan abandono de ésta.
En breve, el guerrillero no podía dejar el ejército revolucionario. Es-to explica la ejecución de guerrilleros por sus propios compinches, como
veremos al relatar casos concretos. c) Deserción en operación.
Alcanza a oficiales, aspirantes, soldados y milicianos, y se configu-ra delito:
lº por no presentarse a la ejecución de una operación; 2º por no combatir cuando se produce un enfrentamiento; 3º por abandonar el puesto o tarea asignada;
4º por abandonar una operación o negarse a participar en la mis-ma en el período de planificación.
En el Capítulo III se refiere a las penas, que son las siguientes: de-gradación, expulsión, confinamiento, destierro, prisión y fusilamiento. El fusilamiento no le cabía a los delitos de “acumulación” de “malver-sación”, y “negligencia en el mando”, entre otros. Como se ve, las jerar-quías superiores gozaban de ciertos privilegios, eran “más iguales que otros”, al decir de George Orwell.31
En mayo de 1978 la conducción nacional de Montoneros produce un documento por el que modifica la norma y elimina la obligación de sui-cidarse. Dice así:
p En cuanto al enfrentamiento con el enemigo.
«Se mantiene el principio de que no hay rendición. Todo compañero está obligado a escapar, esté o no armado. Para crear las mejores con-diciones para ello, las reuniones y citas se harán armadas.
p Se elimina la obligación al suicidio; consecuentemente queda aboli-do el uso de la pastilla no sólo porque para su efecto el enemigo tie-ne previstos los antídotos del caso, sino porque en última instancia, agotada la posibilidad de escape optamos por la vida del compañe-ro y sus posibilidades de lucha individual con el enemigo, dado que se abren cada vez más las posibilidades de sobrevivir y resistir en este enfrentamiento.»
Dejamos aquí, transitoriamente el análisis de otro de los brazos po-derosos de la guerra revolucionaria. Al Igual que en el caso del PRT-ERP, sus documentos no dejan lugar a ninguna duda, estaban en gue-31 En Rebelión en la Granja, Editorial Delmar, Bs. As.,1984, pág. 95.
rra contra el Estado nacional, contra sus instituciones, en particular sus Fuerzas Armadas, contra la sociedad civil, de cuyo seno se elevaban muy escasas voces para denunciar la agresión. El heroísmo en moneda rara, vale más pagar el rescate o el “impuesto” y callar. Esta es la ra-zón por la que 30.000 fanáticos, más sus ideólogos o simpatizantes, pu-dieron tener en jaque durante años a la Nación. No es un reproche, es un dato de la realidad. El hombre común no tiene pasta de héroe, los que se quedaron tienen otras virtudes que son fundamentales para el bien de la comunidad nacional. Otros prefirieron vender sus empresas o abandonar sus actividades, y emigraron a países más seguros.
3. VISIÓN DE LA GUERRA POR UN MARXISTA
Un autor marxista, y como tal nada complaciente con el “estado bur-gués” y sus fuerzas armadas, Carlos A. Brocato, dice cosas muy impor-tantes sobre los hechos ocurridos en la década del 70.32Expresa: e «Los foquistas,33habían declarado que se lanzarían a asaltar el poder,
que había guerra civil, que nos encontrábamos no en los prolegóme-nos de la guerra popular prolongada sino en su primera etapa en cur-so, que las fuerzas armadas constituían un “ejército de ocupación” exactamente igual que el de los yanquis en Vietnam… Eran “metafo-rizaciones” desopilantes, es cierto. Pero también habían dejado de asal-tar comisarías y habían pasado a traasal-tar de copar cuarteles. Cuarteles, vale decir, la garantía de la supervivencia de la “clase dominante”. En suma, los marxistas-leninistas, trotskistas y toda gama decrecien-te hasta los socialdemócratas saben que hubo una guerra.
Prosigue Brocato:
e «… La lucha por la toma del poder en serio… es la guerra civil
de-clarada34, ¿de qué consignas democráticas se habla? Es el enfrenta-32 En La Argentina que Quisieron, Edit. Sudamericana-Planeta, Bs. As.,
1985, pág. 134.
33 En el lenguaje de los subversivos, se trata de la guerrilla que nace en fo-cos subversivos urbanos o rurales.