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Pa[i]sajes

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Academic year: 2020

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Universidad de Los Andes Proyecto de grado

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Cuando pensamos en una puerta, no solo pensamos en ese objeto o elemento arquitectónico que se acondiciona a las necesidades del ser humano, sino en ese vano que se encuentra en el medio de dos muros y permite el paso de una persona de un espacio a otro. Sin ello, no se podría dividir en segmentos un lugar sin generar un aislamiento absoluto. Cada segmento es diferente y esa entrada, ese pasaje, enmarca lo conocido y lo que está por conocerse; transforma al caminante llevándolo a descubrir un nuevo espacio, un nuevo orden al otro lado del portal.

Ese vano que demarca el final y, al mismo tiempo, el inicio de un lugar, se convierte en un espacio de transición. Esto se debe al cambio de comportamiento de una persona cuando pasa de un lugar a otro y se enfrenta a un nuevo

orden.El portal es el espacio que alude a ese

cambio. Por ejemplo, el comportamiento de una persona respecto a una plaza o una iglesia es completamente diferente en el momento de habitar cada uno de estos espacios. Cuando una persona está en una plaza lo más probable es que exista un intercambio de risas, gritos y desorden; en el momento en el que la persona cruza la puerta que une la plaza con la iglesia, la persona se transforma. Dentro de la iglesia éste individuo respetará el nuevo orden que existe en el espacio, por ende, la persona permanecerá en silencio, hablará en susurros cuando sea necesario y caminará dentro de la iglesia lentamente. La transición de un lugar a otro es evidente no solo por las características del espacio, sino por el cambio de comportamiento en

cada individuo.1

1

Eliade, Mircea.

The Sacred and The Profane: The Nature of Religion.

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Las puertas no son los únicos elementos que marcan un espacio de transición. También existen otros elementos como las escaleras, los puentes, las ventanas, las calles, los corredores,

los ascensores, entre otros, que marcan una transición entre un lugar y otro. En algunos de ellos el trayecto de transición es más largo que en otros, lo cual genera una experiencia diferente en cada individuo. Lo importante es que siempre existe ese espacio que fomenta una nueva perspectiva, un nuevo descubrimiento y una adaptación a un nuevo orden.

Los estados de transición también pueden suceder en entornos que no están directamente relacionados a un espacio conciso como lo son aquellos

anteriormente mencionados. Existen estados de transición que ocurren a modo de rito en la vida de una persona. El momento en el que una persona termina un ciclo y comienza uno nuevo en su vida, se considera un rito de pasaje. Esos estados de transición pueden encontrarse en la religión al igual que en momentos de la vida cotidiana. Los bautizos, la primera comunión, la confirmación, el matrimonio, son ritos de pasaje dentro de la religión católica que marcan una pauta significativa en la orientación espiritual del ser. Por otro lado, existen ritos de pasaje como el grado del colegio, la universidad, el cambio de un hogar, un viaje, entre otros, que marcan una

pauta significativa en la vida de una persona.2

En ciertos casos los espacios de transición comparten una experiencia similar a los estados de transición: se trata del descubrimiento. El individuo explora nuevos lugares, visualiza nuevos

2

Eliade, Mircea.

The Sacred and The Profane: The Nature of Religion.

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horizontes, documenta nuevas experiencias en la vida y se adapta a nuevas situaciones que se le presentan. Todas, sin importar que tan cortas sean, son experiencias que están relacionadas al viaje.

Los viajes son expediciones que tienen un inicio y un final y, durante ellos, existe un impulso para documentar y recolectar imágenes de un paisaje que se extingue, ya que los viajes son efímeros y el mundo va cambiando continuamente. De manera que existe un sentimiento profundo de querer congelar, al menos en imágenes, ese lugar que probablemente nunca volverá a ser visitado ni volverá a ser como fue antes. El viaje no solo es una expedición de documentación, también puede ser considerado como una expedición de salvamento dado que es una experiencia que cambia al

individuo. Éste le ofrece una serie de instancias diferentes a su diario vivir, generando un cambio en la vida rutinaria y monótona de la persona, logrando así que la experiencia sea excepcional.

El viajero busca libertad, un futuro abierto; cada día es incierto, es un proceso de auto-descubrimiento dado a que el individuo debe habitar y enfrentarse a espacios desconocidos. Esa búsqueda y ese descubrimiento constante en el viaje, puede ser visto como un regreso a la infancia. La niñez es una etapa de la vida que se considera como el primer viaje de una persona. Es una etapa donde el descubrimiento es una constante y existe una sorpresa genuina ante las nuevas experiencias. La infancia es el reconocimiento de uno mismo y de otras personas, es la identificación de una imagen y

el reconocimiento de espacios.3 Cada una de estas

3

Auge, Marc.

Los no lugares: Espacios del anonimato: Antropologia sobre modernidad.

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etapas puede ser vista como un pequeño viaje. Son estados de transición que marcan pautas importantes en la vida de cada individuo y estos estados son semejantes de cierta forma a un viaje en cualquier ciclo de la vida.

Durante un viaje, el viajero se convierte en arquitecto. Éste construye paisajes continuamente; crea y produce soportes de viaje a partir de su mirada y percepción. El arte de componer y descomponer crea un nuevo orden en el espacio. El lugar se transforma a partir de su construcción y describe una realidad soñada. Los paisajes se consumen a medida que se van descubriendo, pero en su documentación, al igual que en las imágenes, los paisajes se forman a partir de una mirada filtrada en la que el espectador decide qué agregar y qué sacar dentro de lo que guarda. El paisaje se fragmenta, se descompone y más adelante se vuelve a construir en el imaginario del

caminante a partir de la interpretación que surge de sus recuerdos. La experiencia del viajero es ese pasaje entre lo desconocido y lo que ahora el individuo siente que le pertenece. Marcel Proust dice, “El verdadero viaje del descubrimiento se basa no solo en ver nuevos paisajes sino en tener

nuevos ojos.”4 Descubrir no solo se basa en ver

paisajes diferentes, sino apreciar cada lugar bajo una nueva mirada. De cierto modo los paisajes empiezan a ser vistos de maneras distintas y el lugar crea nuevos significados en cada persona.

El mundo debe romantizarse. De esa forma uno encuentra nuevamente el significado

4

Traducción hecha por el autor. Citado por Giuliana Bruno. “The true journey of

discovery lies not in seeing new landscapes but in having new eyes” Bruno,

Gi-uliana.

Atlas of Emotion: Journeys in Art, Architecture, and Film.

2nd ed. Nueva

York: Verso, 2002. 76

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original. Romantizar no es sino una cualidad del potencializar… Esta operación todavía es desconocida. Cuando yo confiero sobre el lugar común dándole un significado más elevado, sobre lo ordinario y la apariencia enigmática, yo lo romantizo.5

Lo importante es encontrar en cada lugar su potencial, la razón de su origen, para así

apreciar el paisaje en un nivel más alto y lograr en la construcción de éste nuevos significados que permanecerán en la memoria del viaje. Es ir más allá de lo cotidiano para así darle valor a la contemplación de lo que se ve durante el viaje. Romantizar el paisaje genera una reflexión sobre la distancia, la soledad en la que el viajero se encuentra y su necesidad de conectarse

con lo exterior.6 Esa necesidad de conexión hace

que el lugar adquiera un valor enigmático que será recorrido nuevamente en la memoria, creando un universo de recuerdos, un nuevo viaje a partir de la imaginación.

El viaje genera curiosidad en el viajero y esta curiosidad cambia con la ubicación geográfica. Los paisajes habituales para los habitantes del lugar se convierten en elementos llamativos para el viajero. Éste respeta lo que existe y se fija en acontecimientos insignificantes. Cada lugar contiene una belleza y el viajero mantiene un

5

Traducción hecha por el autor.

“The world must become romanticized. That way

one finds again the original meaning. Romanticizing is nothing but a qualitative

potentializing… This operation is still wholly unknown. When I confer upon the

common place a higher meaning, upon the ordinary an enigmatic ap-pearance, I

romanticize it.”

Leo Koerner, Joseph.

Caspar David Friedrich and the Subject of

Landscape.

2nd ed. London: Reaktion, 2009. 30

6

Veronica Uribe Hanabergh.

El pintor viajero: exploración y pintura en la creación

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impulso constante de encontrar bellos paisajes. Existe una necesidad de apropiarse de lo bello, de disfrutarlo, de darle energía al espíritu. El tiempo es necesario para poder observarlos detenidamente, consumirlos, adueñarse de ellos guardándolos en la memoria y darles un peso significativo en la vida. Pero la belleza es fugaz, no es una constante durante un viaje o en el diario vivir. Muchas veces se encuentra en lugares donde muy seguramente el viajero nunca regresará, logrando así una estancia efímera en la expedición de cada individuo. De manera que los viajes deben ser largos y calmados para así poder

profundizar esa búsqueda continua de belleza.7

Existen dos tipos de lugares durante un viaje, el lugar antropológico y el no lugar. El lugar antropológico es un lugar que contiene un principio de sentido para el que lo habita; la comunidad que reside en él tiene una razón para permanecer en ese espacio. Las personas tienen un gran conocimiento de las tierras, los bosques, los lugares de culto, y de origen. Logran así que el espacio donde se habita tenga una razón de ser. Cuando un lugar conserva y defiende su identidad del mundo global, el lugar logra que el habitante se identifique en ese entorno. Del mismo modo para el viajero, el lugar tiene un principio de inteligibilidad. Es decir que el espectador comprende el por qué el lugar se define de la forma en la que está establecido y entiende el

comportamiento de las personas que lo habitan.8

Existen tres rasgos comunes de un lugar: está el identificatorio, el racional y el histórico. Los

7

Botton, Alain.

The Art of Travel.

Nueva York: Vintage Books, 2004. 103-125.

8-9

Auge, Marc.

Los no lugares: Espacios del anonimato: Antropologia sobre

(8)

rasgos identificatorios son aquellos que hacen a una persona identificarse con un lugar, generan un sentimiento en el individuo, por lo que marcan una pauta importante en la vida de cada persona, por ejemplo el lugar de nacimiento. Los racionales son cuando una persona encuentra una relación con aquel lugar, en referencia a elementos específicos. Por ejemplo el casco histórico de Cartagena y el de Panamá. Los históricos son los que marcan el pasado de un lugar y mantienen la memoria de ese pasado. Estos captan una imagen de lo que ya no somos, en el sentido de que la forma de pensar y actuar a cambiado, pero de todos modos se continua permaneciendo y viviendo en esa

estructura del pasado del lugar.9

En cada expedición el viajero tiene una serie de itinerarios, los cuales son caminos que marcan el curso de su viaje. Dentro de esos itinerarios existen puntos de conexión que llevan al viajero a su próximo destino, estos son los puntos que demarcan el cruce entre dos caminos. Los puntos de conexión son indispensables para cada viajero, dado que estos son los que marcan la pauta para poder llegar al siguiente punto de interés. Lo interesante de ellos es que se manifiestan como un

testimonio y recuerdo dentro de la expedición.10

Esto se debe a que su identidad parte de la experiencia del individuo y no precisamente de la identidad que propicia el lugar. Son lugares de “un mundo prometido a la individualidad solitaria,

a lo provisional y a lo efímero, al pasaje.”11 Por

lo que podría decirse que estos puntos de conexión se consideran no lugares.

10

Auge, Marc.

Los no lugares: Espacios del anonimato: Antropologia sobre modernidad.

Barcelona: Editorial Gedisa, 1998. 62-64.

11-12

Auge, Marc.

Los no lugares: Espacios del anonimato: Antropologia sobre

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Los no lugares “existen al igual que un lugar: no existen nunca bajo una forma pura; allí los lugares se recomponen, las relaciones se

reconstituyen.”12 Esto se debe a que es la

experiencia de cada individuo la que genéra una identidad en el lugar. Por lo tanto las experiencias son distintas dependiendo del viajero, creando así una composición del espacio cambiante. Los no lugares no crean una identidad singular ni una relación como lo hace el lugar antropológico. Estos se manifiestan a partir de soledad y similitud en cada individuo. El no lugar es un punto de tránsito, cuya identidad es compartida y no dependiente de una cultura en

particular.13 Es un espacio que se recorre, se

vive en el presente y es un espacio atrapado por el tiempo. No hay otra historia más allá de la historia individual que se agota en sus palabras, motivos e imágenes. Los no lugares se convierten en los espacios de transición y el viaje es

el estado de un continuo descubrimiento.14 Lo

cual implica que el no lugar es ese espacio indispensable que el viajero debe recorrer para así poder descubrir nuevos lugares, culturas, paisajes y territorios.

Los no lugares sugieren un camino y éste se ve ligado a un lugar, creando un movimiento continuo en el espacio. Imaginarse un lugar que carezca de un camino que lo conduce, es igual que imaginar un camino que carezca de la presencia de un lugar de origen. No existiría un destino al cual dirigirse ni un punto de partida por el

cual empezar. De manera que la unión de dos

13

Auge, Marc.

Los no lugares: Espacios del anonimato: Antropologia sobre modernidad.

Barcelona: Editorial Gedisa, 1998. 83-84.

14

Auge, Marc.

Los no lugares: Espacios del anonimato: Antropologia sobre modernidad.

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lugares mediante un camino, crean la idea de

movimiento.15 Ese movimiento se manifiesta como

esa acción potencial por la cual cualquier cuerpo se traslada de un punto a otro. Es así como la acción potencial se convierte en un elemento narrativo dentro de la experiencia de cada individuo.

El espacio del no lugar tiene un doble desplazamiento. Esta el desplazamiento del viajero y está el desplazamiento del paisaje. El viajero debe desplazarse por los puntos de conexión para así descubrir los nuevos lugares que están estipulados en su viaje. Durante ese desplazamiento, el punto de conexión sugiere un movimiento y ese movimiento determina nuevos paisajes, nuevos horizontes. Los paisajes se aprecian parcialmente ya que están en constante movimiento dado al desplazamiento del individuo. Éstos se convierten en imágenes “instantáneas” ya que son apreciados por muy poco tiempo, convirtiéndose en parte del consumo de paisajes que un viajero guarda durante su expedición. Estas imágenes más adelante se suman y se mezclan en la memoria y vuelven a construirse más

adelante en el relato.16

La dirección es un atributo del movimiento y el movimiento solo se precisa a través del tiempo. Se requiere de tiempo para que cualquier espacio pueda ser recorrido y percibido de tal forma que se aprecie su esencia, su forma y el lugar que propone. Pero el paisaje que se muestra durante el trayecto de un no lugar es instantáneo, por lo

15

Ubach I Nuet, Antoni.

La escalera: Una perspectiva del siglo XX.

Barcelona: Gustavo Gili, 1994. 44.

16

Auge, Marc.

Los no lugares: Espacios del anonimato: Antropologia sobre modernidad.

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que el viajero acompaña ese recorrido a partir de pensamientos internos. La fragilidad del tiempo obliga al viajero a crear una conexión con el yo interno, generando pensamientos donde se medita, se reflexiona y se produce un monologo durante el camino. En el momento de recorrer un no lugar, el paso del tiempo se concibe de manera psicológica. Es decir, la forma en la que se desplaza el viajero y los pensamientos que surgen durante el trayecto dependen de cada individuo. El no lugar no cambia de forma, pero su percepción en el espacio puede hacer que el viajero sienta el paso del tiempo de una manera diferente a otra persona. De manera que el trayecto puede llegar a ser muy largo o corto dependiendo de la situación en la que se encuentre el individuo. Durante ese desplazamiento los pensamientos internos pueden ser imágenes fantasiosas de lo que puede llegar a ser el próximo destino, reflexiones sobre lo que se está observando en ese instante, recuerdos de lo conocido durante el viaje, de las múltiples experiencias que se han vivido y de los nuevos aprendizajes que ha traído la expedición que se está desarrollando. Entre más largo sea el camino, más tiempo existe para que esto surja y la forma del punto de conexión ayuda a fomentarlo.

En el momento en que el viajero llega al siguiente punto del viaje, el no lugar se disuelve completamente. El nuevo espacio ahora habitado, hace que la mente deje en el olvido todo ese tipo de sensaciones que marcaron una pauta en el instante de recorrer ese punto de conexión. El espacio de transición de un lugar a otro se acaba y eso marca el inicio de una nueva etapa en el viaje. Sin embargo, siempre existirá el recuerdo de ese desplazamiento. “Cuando el hombre cruza fronteras, marca inmediatamente dos instancias, dos espacios, dos tiempos. Puede

(12)

que regrese por el mismo sendero, pero el cruce original siempre quedara como huella de ese itinerario que desde un principio lo llevó a

asomarse al otro lado.”17

Cada viaje debe tener un fin, un regreso a ese punto de origen de donde el viajero partió, o una llegada al nuevo lugar donde el viajero se ha de adaptar. Si un viaje no culmina, la expedición dejaría de ser un estado de transición en el ser, por ende no marcaría un cambio con respecto a la situación en la que se encontraba el viajero ni con la realidad que lo espera después de su viaje. En el regreso, se analiza, se reflexiona, sobre la fugacidad del tiempo y la experiencia

obtenida.18 El viaje no solo se convierte en

un consumo de experiencias, es también un complemento espiritual, dado que el viajero no solo recorre lugares exóticos y diferentes, sino que también inicia un viaje interior donde paulatinamente el hombre va descubriendo aspectos de sí mismo que nunca imaginó tener. Para el viajero las experiencias son un salvamento en contra de la cotidianidad. Pero el viaje se consume, se desvanece con el transcurso del tiempo, generando una necesidad de vivir nuevas experiencias en un futuro. Esas experiencias vividas marcan un hito en la vida de una persona y sin ellas no existiría un cambio en el ser al igual que un crecimiento espiritual.

Un viaje a países extraños, y cuanto más extraños mejor, es un artificio espiritual por el cual se hace posible un renacimiento

17

Veronica Uribe Hanabergh.

El pintor viajero: exploración y pintura en la creación

moderna.

Barcelona: Erasmus Ediciones, 2013. 22.

18

Veronica Uribe Hanabergh.

El pintor viajero: exploración y pintura en la creación

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de nuestra personalidad; por tanto, una nueva niñez, una nueva juventud, una renovada madurez, una nueva vida con su ciclo completo. Allá donde nacimos, las cosas y los hombres han gastado sus fisionomías y sus rostros no hieren suficientemente nuestra sensibilidad. Lo habitual es siempre insignificante e imperceptible.19

Sin la aventura a lo extraño, sin una expedición a lo diferente, no existiría esa renovación del ser, por lo que mirar con nuevos ojos la realidad que se presenta no sucedería. El viaje, como lo dice Ortega y Gasset genera un renacimiento en nuestra personalidad. Renacimiento necesario para poder volver a la rutina. Pero el regreso no solo indica un nuevo comienzo y un enriquecimiento en la personalidad del viajero; también se

muestra como una pauta para crear soportes de esa experiencia que pronto quedará en el pasado y será solo revivida en la imaginación del viajero. El lenguaje, el relato, transforma el lugar que ha sido visitado. Los relatos de viajes tienen la necesidad de hacer ver en la imaginación. El lenguaje crea nombres y estos dan sentido a los lugares. Crean el no lugar en un lugar que se

transmuta en pasajes.20

19

Veronica Uribe Hanabergh.

El pintor viajero: exploración y pintura en la creación

moderna.

Barcelona: Erasmus Ediciones, 2013. 45-46.

20

Auge, Marc.

Los no lugares: Espacios del anonimato: Antropologia sobre modernidad.

(14)

Auge, Marc.

Los no lugares: Espacios del

anoni-mato: Antropologia sobre modernidad.

Barcelona: Editorial Gedisa, 1998. 125.

Botton, Alain.

The Art of Travel.

Nueva York:

Vintage Books, 2004. 255.

Bruno, Giuliana.

Atlas of Emotion: Journeys in

Art, Architecture, and Film.

2nd ed.

Nueva York: Verso, 2002. 496.

Buckley, Craig, and Pollyanna Rhee, eds.

Archi-tects’ Journeys. Building. Traveling. Thinking /

Los Viajes De Los Arquitectos. Construir. Viajar.

Pensar.

Nueva York: gspaa/Pamplona: t6

Ediciones, 2011. 256.

Eliade, Mircea. The Sacred and The Profane:

The Nature of Religion.

Orlando: Editorial Harcourt, Inc, 1987. 256.

Leo Koerner, Joseph.

Caspar David Friedrich

and the Subject of Landscape.

2nd ed.

Londres: Reaktion, 2009. 327.

Magris, Claudio.

El Danubio.

Barcelona: Editorial Anagrama, 1997. 384.

Ubach I Nuet, Antoni.

La escalera: Una

perspec-tiva del siglo xx.

Barcelona: Gustavo Gili, 1994. 192.

Uribe Hanabergh, Verónica.

El pintor viajero:

exploración y pintura en la creación moderna.

Barcelona: Erasmus Ediciones, 2013. 183.

(15)

Gloria Inés Ángel &

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