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a l l s B4R MUSEO UNIVERSAL D E C I E N C IA S, A R T E S, L I T E R A T U R A, I N D U S T R I A Y C O N O C IM IE N T O S Ü T 1 L E S.

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Academic year: 2021

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a l l s B4R

M U S E O U N I V E R S A L

p e r i ó d i c o

D E C I E N C I A S , A R T E S , L I T E R A T U R A , I N D U S T R I A Y C O N O C I M I E N T O S Ü T 1 L E S .

N L M X V E d i t o r y rlir e u to r , P , A b e l a r d o d o C iliiu B . J U L I O 2 8 D E 1 8 7 0 .

S I ' MAULO.

TEXTO.— Ci'ónira, por Julio Nombelu.—f.ilas, tontos, muletilla.^, alusio­

nes, rofr;i neíros, sfinlrrui.'is y otras zarandajas, portion A. M. Segovia.

—U esm prion do Ornnada por los autores árabes, por don K. 4. SimmioL

—K1 obispo de Vizou.— Estálua do don Pedro IV.—La plaza del Comercio en Lisboa.— Dos cuadros de la esposicion de ludias artes de IJarroloiw.— Don Domingo Sarmiento, presidente de la Confederación argentina, por el Hr. Lopez de la Vega.—Trabajos tic esploinrion en el puei to de Vigo.— Kl jardín del Unen ltetiro.—Agricultuia é industria: Itamsoines. Sims y Head, ingenieros agrónomos.— La Tí: ma. AMOR, por don Manuel Fernandez y (•únzale.*.— Varas inglesas.— At.m;m refaic.«: Cam ion tie una enamorada y A A. L. en sos (lias, por don A. Cánovas del Castillo.— líev'sla eientffira r industrial, por don Emilio llnelin.—Advertencias.— Problem i 'le ajedrez.

—Anuncios.

CHA HADOS.— Don Antonio Alves Martins, obispo de Vi/eu (Portugal).—Ks- I itna de don Pe li o IV en Lisboa.— Plaza del Comercio ó T rrrriro dn I ’iizzn, en Lisboa.—Es posición de Helias arles en Harcelona: Efecto de niebla en Monserrat. cuadro y dibujodel señor Kigali.—Esposicion de Helia - arles en Harcelouu: El último viaje, cuadro y dibujo del señor l'rgell. — Don Domingo Sarmiento.— Conciertos de Mr. A iban en el jardín del Unen He Uro.— lia- bajos de (‘splor.tr■ion en el puerto de Vigo para cslraer los restos de los ga­

leones sumergidos en 1702.— Establecimiento de los señores Ransomes.

Sims y Head, en Ipswich.— Locomotora porlálil perfeccionada para econo­

mizar combustible.—Máquina elevadora para minas, túneles y declives, movida por locomotoras portátiles de l'uciza de cebo á diez caballos.—Va­

cas inglesas, premiadas en el último concurso celebrado por la sociedad de labradores en l.ómlres.— L.v i K ó EL amor: El Pintado fijó una miradade ti­

gre en el Caballero.

C R Ó N IC A .

La bola de nievo.—L i química y la política.—Fenómeno español puro.— La guerra por dentro.— 1.a paz.— 1.a ciencia y sus efectos.—El equilibrio euro­

peo.— ¿Quién será la victima?— Lo principal y lo accesorio.— Vamos vi­

viendo.—Sánete.

¡E ra natural! El calor debia obligar á los hombres que rigen los deslinos del país ¡i buscar algo que mi ligase la presión del ter­

mómetro; pensaron en la nieve, y jugando con ella formaron una bola.

Una bomba debia decir, pero no me atrevo á lanío.

Sin embargo, la bola lia rodado y la bomba estalló en el mis­

mo corazón de Europa.

La química ha logrado hacer hielo ron el fuego: el hielo lia buscado, como lodo en el mundo físico, la reacción, y se lia con­

vertido en fuego.

Este precipitado químico es obra de la política.

I-a chispa lia partido de España, lia encendido la sangre en Francia y ha sacado de sus casillas ñ los flemáticos alemanes.

Seguro es que todos los políticos y diplomáticos reunidos, no hubieran podido augurar el dia 3 0 de junio lo que ha pasado po­

cos dias después. V erdad es que el combustible estaba preparado;

pero no era de esperar que la lucha temida y esperada en España cambiase de teatro y abandonase los Pirineos para buscar las o ri­

llas del lUiin.

Para nadie era un secreto que Francia y P ru sia, aspirando cada cual por su parte á mover á su antojo el balancín que sostiene

r " i)!i 11 i H s s

i v a s g R # ; üt 1 ‘ *> i t o i w ; \ F* •

DON ANTONIO ALVES MARTIL'S, OBISPO DE VIZEL

(Portugal).

(2)

L A IL U S T R A C IO N E S P A Ñ O L A V AM E R IC AN A

en nuestra época el equilibrio europeo, se prepara- ( l»an á la guerra.

E l emperador hacia política tradicional: la familia Bonaparte necesitaba vengar la derrota de W aterloo, precipitada por los prusianos al uiando de Blucjier, y al mismo tiempo quería, para reivindicar una de sus glo­

rias, restablecer el tratado de Praga.

Aun había m ás; el pueblo francés, acostumbrado á las victorias de Malakofl y de Solferino, aspiraba á consolarse del descalabro de Méjico.

La guerra podía consolidar la dinastía napoleónica, v aunque la Francia productora quería la paz, el im ­ perio consideraba la guerra como cuestión de vida ó

muerte.

Vean ustedes ahora la parte novelesca de este asunto.

• •

t'u diputado se pone de acuerdo con el general Priin, negocia la candidatura al trono de España del príncipe Hohmzollern, des« óbrese esta negociación, circula la noticia, y el gobierno español, para no ma­

lograrla, precipita los sucesos.

El general Prim necesita las aguas de Vicliy y re­

nuncia á ellas, propone la can hilatura del príncipe Leopoldo, la aprueba el Consejo de m inistros, se con­

voca á los diputados para el ‘2<> á lio de que coronen la obra revolucionaria, la Francia sorprendida declara su oposición, nuestro ministro de Estado pide su voz al león de España y habla con ella á Europa; el emba­

jador de España desplega todas m i s dotes diplomáti­

cas y resuelve el conllicto una carta del padre del candidato.

E l gobierno suspende la reunión de las Fortes; los entusiastas partidarios del principe prusiano, de que en sus circulares hace mención el presidente del Con­

sejo de ministros, se eclipsan, y España, la puntillosa y caballeresca España, se olvida de que juegan con ella; apenas liare caso del nuevo desaire que recibe;

parece que no le importa nada ved ver á dormir el sue­

ño de los justo» en los brazos de la interinidad, y fija toda su atención en el drama franco-prusiano que lia inaugurado, preocupándole más que su situación les preparativos de la guerra.

En el espacio de odio dias lia habido profundas os­

cilaciones en la Bolsa: los fondos lian demostrado que pueden tom ir parte en las funciones del circo de Bri­

ce, dando saltos mortales: unos pocos se lian enrique­

cido; ¡muchos se lian arruinado!... Esto no importa nada: lo que importa es saber si ganará Prusiu ó si

triunfará Francia.

La cosecha no lia sido buena; los pairanjoros, ante la eventualidad de la guerra, vienen á España, com­

pran los granos; dentro de poco, "i liios no lo rem e­

dia, el pan podrá clasificarse entro los artículos de lujo. ¡Qué importa! Mientras asistimos á la tragedia estamos distraídos: después... ¡Dios dirá!

Este es un fenómeno que explicará las desventuras que la guerra franco-prusiana desencadene sobre nuestro país.

¡Si al menos los que con tanta avidez observan las fronteras alemanas viesen la realidad do las cosas!

• •

Cierto es que en Francia, mejor dicho, en Parí», lian recorrido las calles numeroso? grupos aclamando la guerra y pidiendo al emperador que lleve al Khin y más allá á lo? soldados del imperio; no lo es menos que en Prusia el entusiasmo belicoso raya en delirio.

Pero contad los que gritan y los que callan: exami­

nad la condición de aquellos y la de éstos, y veréis que los que quieren la guerra son los que poco ó na­

da tienen que perder. En cambio las clases producto­

ras. los habitantes de las provincias, los labradores, lo s que tienen que dar sus hijos y el fruto de su tra­

bajo para alcanzar una gloria inconcebible en nuestro siglo... esos callan, pern lamentan la guerra. porque ven detrás de los laureles la desolación y la ruina.

Preguntad á las madres de esos soldados, á los que cada minuto ha de amenazar cuarenta y cuatro ve­

ces con la muerte; decidles que admiren el patriotis­

mo de los soldados; «pie glorifiquen á los sabios que tan destructoras máquinas de guerra lian inventado, y sus lágrimas y sus gemidos os darán una idea del en­

tusiasmo bélico q u e. según los periódicos. hay en Francia y en Prusiu.

Hoy no son posibles más guerras que las que se en­

tablen en defensa de la independencia de los pueblos, v siempre triunfarán en e-le cas«» los oprimidos de los opresores; boy no deben, lio pueden comprometer el amor propio ó la ambición de un soberano, ó las cú­

balas de la diplom aría. los altos intereses que el tra­

bajo ha creado en los pueblos modernos.

Por e>o es de presumir que después de ostentar sus costosos ejércitos, sus asombiows proyectiles bis dos naciones, ó no rompan las hostilidades, ó, si las rom­

pen, intervengan las potencias europeas en la cuestión v so arregle todo en un Congreso general que iuuli—

íice el actual mapa de Europa, reemplazándole con otro al gusto de los soberanos que tengan más caño­

nes rayados.

i.o que yo no comprendo, lo que difícilmente se esplica, es el lujo de crueldad que lia desarrollado la ciencia moderna al ponerse al servicio del arte mi­

litar.

Todos los que leen periódicos saben que los nue­

vos fusiles hacen imposibles las cargas á la bayoneta;

que cada soldado puede disparar cuarenta y cuatro vece» por minuto; que los cañones, que han de des­

empeñar uno de los papeles más importantes, son monstruosos; que las cañoneras lian de llevar la des­

trucción á uno y otro campo. Mentira parece que el ingenio humano baya ido tan lejos; pero este mis­

mo progreso pone de manifiesto una ley eterna que arraiga más y más el sentimiento religioso. S i; la so­

berbia del hombre le alcanza triunfos maravillosos, pero solo crea para destruir.

No sé s i mis lectores habrán lijado m i atención en una noticia que la prensa europea lia publicado.

Es la afrenta del siglo X IX .

En este siglo ha habido un hombre que lia consa­

grado «u talento y su aplicación al descubrimiento de un proyectil que es una epidemia.

¡Aludo á la b o m b o a s f i x i a n t e !

¡Y los periódicos, al describirle, tienen valor de de­

cir que ofrece la ventaja!... ¡la e e u t a j a ! de arrojar ar­

diendo un gas deletéreo que produce instantáneamen­

te la asfixia.

Pero recréese el siglo XIX en su» progresos. Al hablar de este invento, añaden los periódicos;

M.X'e batí becbo especimento» en davre y Lorient con cofres, en cada uno de los cuales se liahiu encer­

rado uu animal.

Cuando después de haber disparado el cañón, se iba á ver el resultado, se encontraba siempre muerto al animal sin señales aparentes de contusión ninguna.

L o s gases desprendidos durante la combustión, tie­

nen una influencia tan eficaz y persistente, que era im­

posible permanecer en ninguno de los cofres de los especimento» más de veinte minutos después de dis­

parado el tiro.

Bastaban muy pocos para sentir el efecto de la asfi­

xia. \ el hecho es tanto mas notable, « ¡notable!) cuan­

to que por el agujero hecho por el proyectil poriia re­

novarse el aire.

Este proyectil destructor ha sido inventado por un farmacéutico de Lorient, los buques franceses que lo llevan tienen orden de no usarlo sino i n e x h ' e i a i s . »

El farmacéutico de Lorient eternizará su nombre y unirá su ignominia á la nación que en pleno siglo XIX sea capaz de asfixiar á sus enemigos.

E s de esperar que esta profusión de horrores no pasará de sor una exposición más de la ciencia y la in­

dustria: de lo contrarío, podia asegurarse que nos acercábamos al jupio final.

• •

Pero no, tranquil Ícense los tímidos, confien en que i,i civilización, que á pesar »le lodo sigue su marcha niagestuosa. impedirá esa espantosa tragedia que nos llena de pavor. Dentro de poco comprenderán las na­

ciones que les conviene discutir con la elocuencia de la diplomacia más que con la elocuencia de los caño­

nes; y la Ilustración Excusóla que prepara á r e ­ producir todos los acontecimientos más notables de la guerra con la pluma y el lápiz, ofrecerá á sus lectores los retratos de los diplomáticos encargados de nego­

ciar la paz universal, y las escenas más interesantes de esta comedia política.

Del Congreso resultará sin duda alguna la paz: pero habrá alguna victima.

Convendría á los políticos españolo? ir estudiando esta cuestión para que en el festín diplomático no les

toque el garbanzo negro.

Piensen que asi no podemos vivir, y que si al reunir­

se los representantes de Europa nos sorprenden en los brazos de la interinidad, tendrán piedad de nos­

otros y aspirarán á constituim os.

Santo y bueno que observemos lo que pasa en el R h in ; pero que los preludios de la paz no nos cojan desprevenidos. Esta seria una falta que nos costaría cara.

No parecen tener esta sorpresa los madrileños á juzgar por la situación de su espíritu.

La afición á las diversiones se lia desarrollado este año »le una manera sorprendente; los viajes de recreo constituyen una verdadera epidemia; y á juzgar por el aspecto que presentan Madrid y los ¡tuertos de mar del Océano, m alquiera diría que éramos ricos y di­

choso». *

Bien e» verdad que en las capitales de provincia y en los pueblos se ve el reverso de la medalla. Allí son los bínenlos; pero corno apenas hay caminos vecina­

les, lardan en llegar á nosotros.

Durante la última quincena se lian inaugurado so­

lemnemente las obras del importante canal «le Finco Villas.

En la calle de Alcalá ha abierto m i s puertas un nuevo café, que de seguro por su magnificencia no.

tiene rival en Europa.

En el ('.icen «le Madrid ha reemplazado á la compa­

ñía de ópera cómica francesa , una de zarzuela espa­

ñola, en la que figura Elisa Xamuenis.

Los conciertos del jardín del Buen Betiro reúnen los sábados en aquel ameno paraje á lo más escogido

<!«• Madrid, y Mr. Arban ha tenido la feliz idea «I«*

consagrar cada sábado á un compositor de Ion más célebres.

En los circuios políticos se espera que en agosto se reunirán las (¡órtes con el fin «le prepararse á las eventualidades.

Fu gran acontecimiento lia tenido lugar; pero el interés que inspira la guerra le lia quitado, si n«« la importancia, al menos el «Teeto que debía producir.

Aludo á la votación «le la infalibilidad «leí Papa aprobada en el Concilio Ecuménico por una gran ma- , y orla de padres.

El mundo en nuestra época, no marcha, corre, vuela... ¿á dónde irá á parar?

• •

Poro consolémonos: todavía hay quien anda á paso

«le carreta al lado «l«,l ferro-carril y del telégrafo.

En joven, primogénito de una familia rica, hablaba noches pasadas Con uno de los primeros novelistas de España.

— ¿Le admiro á usted? decía.

— Es usted muy amable.

— N<> señor, soy ju sto; que un hombre que lia e s­

tudiado una carrera haga algo de provecho... na«la más natural: pero que el que no sabe nada baga no­

velas... ¡eso es asombros«»!

— En efecto, añadió sonriéndose el novelista; pero créame usted, hacer una novela es un poco difícil.

Ya lo eren... dificilísimo. T*enen ustedes que te­

ner presentes tantas cosas... En primer lugar necesi­

tan saber colocar los puntos v las comas; después viení la ortografía, que. es un arco de iglesia, y luego...

La elocuencia del jóven no bailó más frases, v

«•alió.

Contando yo esta anécdota á un amigo, que también hace novelas:

-E s o no es nada, exclamó, comparado con lo que un lugareño me dijo un «lia. Hablábamos «le novelas, y formuló la admiración que le inspiraban con esta frase: ¡Debe ser muy difícil hacer lina novela, porque solo leerla cuesta trabajo, con que figúrese u sted !...

Hasta... Con el permiso del director, y creo que contando con la benevolencia de los lectores, voy á emprender un viaje por las Provincias Vascongadas y los pintorescos pueblos de la frontera francesa.

Desde alli e scrib iré... ¡quiera el cielo que en paz!

J r u o Nomuela.

(3)

L A ILU STR A C IO N E S P A Ñ O L A Y AM ERICANA. 227

CITAS, TEXTOS, M ULETILLAS, ALUSIONES, I HKHIANT.ICOS. SKNTKNCIAS Y OTRAS ZAIUNMAJAS 1).

II.

Con gran desaliento ven go hoy á c u m p lir el e m ­ peño’ eon traido d e s egu ir dando noticias eru ditas á los lectores de La I U.-STRACION Es p aSo ra y Am e r i­

c a n a. l 'n m i a m ig o , de carácter ad u sto, lia entrado á v e rm e esta mañana cuando había em pezado mi ta­

ren. y con la autoridjid y el atrevim ien to qu e le dan sus añ os, su vasta instrucción, el afecto que nos une y su g e n io riada tím id o , m e ha afearlo m i propósito, no sólo con re fle x io n e s , sino hasta ron denuestos, qu e serian largos d e contar: hasta d e c ir une lia aca­

llado p or llam arm e el l)o n Q u ijo te de la crítica! V para más am argar su censura, después de tratarme de c ó c o r a . con d o b le sentido y alusión p ica n te, ha lom ado en su fraterna el fono y estilo qu e tanto ag ra ­ daban ni h idalgo m an ch ego, serm on eán d om e de esta manera:

«Venid acá. señor desfacedor de entuertos, y ha­

blemos en puridad: /.qué provecho habéis sacado hasta aquí de vuestras pasadas y tenaces empresas, do vuestras em bestidasá ios malandrines literarios?—

/.Qué mochadlo Andrés ha sido por vuestra interven­

ción satisfecho de sus soldadas? -/.Qué princesa Mi-

• oinicona habéis asentado en sil trono?—¿Qué escua­

drón dueñesco habéis rasurado?- Quiero decir, ¿qué pecador contra la sintaxis y la ortografía so lia en­

mendado por vuestras tercas filípica»? ¿Qué periodista do los de la jerga gálica se lia convertido por vos al halda de Castilla, ni lia dejado sus latinajos macarróni­

cos, ni sus citas traillas por los cabellos, ni sus tex­

tos franceses incomprensibles? ¿En qué imprenta se le lia quitado la bárbara 10 al r e i n a l o e r . ni la in­

congruente .«• á lo e . r p m d d n e o , ni la increíble h á lo e. e - h - o r b i h i . n l e i /.No estarnos oyendo y leyendo lo- ilos los ti ¡as ( e l e t j r u n t ü por r ñ l n j a por ni- léga, o p i m o por opimo, y óírbs esdrújulos tan ridicu­

los i onio m é n d i y o , p e r i t o \ rd/inr? Por mi té. her­

mano, qué va ha llovido desde que por la voz prime­

ra salisteis á los campos de M entid, y que me vienen ganas de convertirme en caballero de la Blanca Luna por ver si se me lograd embestiros, y el desarzona­

ros, y asi haceros caer, no ya de vuestro Bocinante, sino de vuestro asno, y que os recojáis á vivir en paz.

Que á fé que se necesita tener de sobra la íiláucia, ó varios los aposentos de la cabeza . [rara imaginaros que vais á ser el Calón censorino de la República de

las letras..)

- ;L)ios m e lib re d e lal presunción! contesté son - rién d om e; ya d ije en mi p rim e r artícu lo, inserto en La Ii.rg T Ra c ió n d el 10 de m arzo, qu e d e las faltas que ahora repren d o lie sido yo reo muchas veces.

V en vez (continuó mi amigo* de que aquel nr-

•iculo primero hubiera sido el ultimo, ya me os en­

cuentro borrajeando otro. Veamos, pues, cómo em ­ prende su segunda salida el moderno aventurero.

V diciendo y haciendo, me arrebató las primeras cuartillas de mi pobre articulo, y empezó con voz fin- gidamente gangosa, y cómica entonación. á leer de esta manera:

«Tan fatal es la inania de desfigurar la historia, v Um olvidada tenemos la clásica antigüedad, que. ahora un partido político llamante se lia bautizado á si pro­

pio, ó á lo menos ha aceptado para sus individuos el cognomento eslraño y estropeado de los c i m b r i a s , sin que pueda atinarse por dónde se les lia entrometido esa i extravagante, cuando toda la vida se ha dicho

c i m b r o s en Kspaña, como que c i m b r i , c i m U r a r a m

les llamaron los Romanos, haciendo el acusativo c i m ­ b r o s v no cim brias, porque para esto era necesario que en nominativo se hubiera dicho c i m b r i i con dos

i i . como se »lijo h e l e c t i i á los que llamamos h e l.e e -

c i o s.— Por razón análoga denominamos godos v no

•jo d ia s á los g o t h i, y no f r a n q u í a s sitio francos á los f r a n c i...»

— P o r vu estra vid a , h erm ano (d ijo m i a m igo in te r­

rum piendo la lectu ra y arrojando los papeles sobre la m esai qu e n o prosigáis en tan inútil contienda.

— In ú til, ¿p o r qu é?

— Por varias razones: la primera y principal, por- ' H Yóase el núm. G.\ pág. 91. al fin de la 3.1 columna.

que va más docta pluma ha tomado á >n cargo la em ­ presa i *2); la segunda, porque á vos no os va un ardite en «pie lo digan de esa manera ó de la otra; la tercera, en liu. porque es tan buena la mano que tenéis para echar lluecas, que bastará vuestra censura para que se ponga en moda el decir ( j o d i o s , v i s i - y o d i o s , o s - I r o y o d i o r , s u c c i ó n , a b l u i o s ; y si me apuran, aposta­

ré á que liemos de oir llamar r u s i o s á los moscovitas.

t u r q u i o s á lo« osrnanlies del Bosforo. \ tal vez dentro de nuestra propia casa se oirán los neo-gentilicios 1

c a s t e lla n ía s , n a c á c r i o s y g o l l é g u i o * .

Bien se me alcanza (le contesté yo humildemen- , te) que es empresa aventurada la de querer traer á la obediencia del código del buen lenguaje á la turba procaz de los descreídos é ignorantes: pero no todos los que manejan la pluma, hoy que todo el mundo es­

cribe, pertenecen á ese vulgo de prevaricadores: dis- erelos hay. aunque pocos, que tienen á patriótica gala el bien decir, v saben cuán cerca están de perder su independencia y de romper los lazos de su unión poli­

tica los pueblos que dejan allojar el mido de la santa unidad del idioma, sin dado el más perfecto de la na­

cionalidad. como lo fuó Babel de la dispersión de las i gentes. Periodistas hay en Madrid vías provincias que saben distinguir el progreso natural de las lenguas y su verdadero y necesario enriquecimiento, del neolo­

gismo bárbaro y absurdo. Pero cuando \o emprendo tales criticas, no es mi ánimo el acometer molinos, ni rebaños de carneros, sino meramente dejar asentada una protesta, y hacer ver que, aun cuando sean mu­

chos y muy vocingleros los ga liéis tas, y por mil mane­

ras corruptores de nuestra hermosa y rica lengua, no todo» los españoles, escritores ó no escritores, ha­

bladores ó taciturnos, estamos contaminados del con­

tagio.- -Cuanto más, amigo y señor, que este comien­

zo de articulo que tan impropiamente me habéis mor­

dido, no iba enderezado tan especial mentí* á la in­

corrección del mal sonante apodo adoptado por los modernos c i m b r o s, cuanto á la impropiedad de la cita histórica. Dejadme, pues, cumplir el empeño contraí­

do con los lectores de La Ii.is iración, que en lo de­

más yo os prometo la enmienda.

Con esto se aquietó mi amigo, y sepultándose en una butaca para saborear .-un risa sardónica los afran­

cesados remilgos de un cronista de b u f f e t s , ruotit s y leal ricos caseros, me dejó en paz seguir escribiendo lo que verá quien, para seguir leyendo, tuviere curiosi­

dad y paciencia suficientes.

III.

Empiezo por el tan cacareado dicho de i/o no h a y P i r i n e o s .

Voltaire, que debiera ser más famoso lodavia por sos imposturas históricas que por las demás cuali­

dades de sus escritos, fué el primero que refirió esta anécdota en su S i e d e d e L o u i s A / l (cap. 2 8 :.—

»Cuando el duque de Anjou p i u e s t r o F e lip e . C partió para ir á reinar en Kspaña. el rey {su a b u e l o ' le dijo para encarecer los lazos con que de alli adelante ha­

bían de estar unidas ambas naciones : Ya no hay

Pirin eos. »•

Contra esta afirmación del desenfadado arreglador de la historia, se levanta un critico moderno invocan­

do el J o u r n a l d e I h t n g e a u , cuya veracidad es de mejor lianza.— «Después de contarnos (dice Fm im ier) con fecha t<» de noviembre de 1700. que el nuevo rey de España consintió en que le acompañaran á sus Es­

tados los cortesanos jó v en es...» Dangeau añade: «El embajador de España dijo á este propósito que el via­

je ora ya cosa de nada, porque lo s P i r i n e o s se I t a - b i a n d e r r e t i d o.» —Tras de esta lisonjero españolada, cree Fournier poco verosím il, y además no consta, que el rey añadiese un dicho que habria debido ya parecer insulso, porque hubiera sido repetir la mis­

ma idea cou otras palabras. Pero los franceses han I referido siempre á la santa verdad u n j o l i n i o t , u n m o t s p i r i t u a l ; \ por lal de f a i e e d e V e s p r i t son ca­

paces de faltar mil veces al octavo precepto del De­

cálogo: asi es. «pie el M e r c a r e y a i t í n t de aquel mis­

mo mes v año hizo una ensalada de la historia y de la fábula, y aunque pone el dicho en boca de nuestro em bajador, le da ya adulterado, refiriendo que el di-

(2) Esto so escribía el 22 do abril, cuando ya había 1 arruo­

lo, de la intención que un escritor ilustre tenia de recordar en uu periòdico de est » capital la historia d • los < imbros y su ver­

dadero nombre. Y. el periódico E l Tiempo.

plomático español bahía exclamado: Q u e l l e j o t e ! i l n ’ y a j i l a s d e P y r é n c - s ! Nosotros los españoles, si es verdad que somos tan sesudos corno nos jactamos de serlo, deberíamos dejar de atribuir á Luis XIV una ocurrencia que no le pasó por el magín.

Pero hay cita s, q u e . m u s« r precisamente falsas, empalagan de puro manoseada», traídas \ llevadas, y aplicadas á roso y velloso.

T o be, o r not lo be; l l m l is Ihe fp irslio n.

Esle primer verso del célebre monólogo de Hamlet en el tercer acto, verso tan repetido, aun por los qu»*

no son capuces de traducirle, se trae por los cabellos para cualquier cosa. Yo confieso que aun después de leer muchos comentadores ingleses entusiastas de

S h a k e s p e a r e , no encuentro nada de profundo en el tal monólogo que tío hayan dicho y repetido mil auto­

re s. y no sólo de España, sino autores de todos los tiempos y países: además, en el lal ponderado monó­

logo. lo que menos me admira es el primer verso, en el cual también queda suspenso el sentido, con d o s

p u n t o s , porque luego sigue diciendo lo que es ver­

daderamente l i t e q a e s l i o n :

W h c l h e r "l is o ñ b le r i o ih e m i n d lo suffer th c s lin g e a n d a r rotes o f o u tra yeou s f o r t u n e ; o r (o labe ítems a g a in s t a seo o f Iro v b lrs , a n d bij ojip o s iia j e n d I b a n .

Verdad es que no os tan fácil de almacenar en la memoria, sobre todo para quien no sabe el inglés, ese manojo de versos duros, como lo son los resbala­

dizos monosílabos T o be o r n oí t o b e , etc. \lgo más significativa \ no menos concisa es la frase que sigue á todas estas: T o (fie ... to s l e e p . . . S o m o r e (M orir...

dorm ir... nada más).— Sólo que oslo ya es más claro, y no tiene aquel encanto secreto de lo vago, indefinido y misterioso que permite el arquear las cejas y repul­

gar los hilóos, tanto más cuanto menos se entiende.

Esta mágin poderosa de las palabras no entendidas, la pinta muy bien Manzoni en su famosa novela:

ruando recibiendo á Lucía y á m i madre en la iglesia , del convento, á deshora do la noche, mandó il padre Cristoforo al lego cerrar la puerta, escandalizado el buen f i a F a c i ó , le decía al oido: «Ma padre, ja d íe ! di im ite... iu ebiesa... con donne!... cbiu dore!... la re­

gola... mu padre!»— El padre Cristoforo, para aquie­

tarle, le contesta con esta sentencia: ( h u m a m a n d a m a n d in (jiara los limpios todas las cosas son limpias), olvidando que el lego no sabia latin: m a u n a t a l e d i - m e d i v i n i z a (añade el autor), f u a p p a n t o q u r l l n c h e /'ere T e f f d l o : por lo misino que el lego no lo enten­

dió, se quedó convencido.

Pues no digo nada del bueno del Dante, á quien tampoco lia entendido nadie en muchos p asajes, y cuyos versos también se manosean, aun con citas que, vuelvo á mi tema, nada tienen de importantes.

U n c i a l i o y u i s p e ra n za c o i che 'n t r a l e,

reconozco que es una manera nueva y poética de in ­ culcar aquel terrible m i l l a est r e i l e m p t i o , y más cou la circunstancia de ver escritas las horripilantes pala­

bras a l * o m n m d ’u n a p a r l a , como dice el canto 3.«

del I n f e r n o de la 7U r i n a C o m m e d i a . : pero al cabo ile unos 508 años que han pasado desde que Dante Alighicri tuvo esa ocurrencia, ya me parece que de­

berían haberse cansado de citarla, aquellos sobre todo que no lian leído jam ás su poema.

A l e n j a e l a e s t . dicen que dijo César pasando el Rubicán: no lo extraño: en prim er lugar, porque des­

de que se inventó consultar á la suerte, práctica poco menos antigua que el m undo, están diciendo los hombres en casos semejantes expresiones análogas:

«Está echada la suerte.» A l e a es e l d a d o en latin, como en griego k y b w ó T u b o s : asi e s , que los grie­

gos tenían el mismo refrán que los romanos *erPph, s

» ¿ fes, F . r r i p h l e o k u b o s (echado está el dado), /« *-

l u est a l e a , que es como Suelonio (cap. 33) le pone en boca de Ju lio César, no cou la inversión que aho­

ra suele usarse, creyéndolo más elegante, sin duda.

De todas maneras, es gana de l a t i n e a r , podiendo de­

cirlo en castellano. \ no habiendo sido invención del ilustre guerrero, sino repetición de un proverbio ya lomado del griego citado, como opina De Hrieux.

No dire lo mismo del S i b i l s u b subí n o v i n n : aquí á lo menos parece que citando el Sagrado Texto,

(4)

228 L A IL U S T R A C IO N E S P A Ñ O L A Y A M E R IC A N A

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ESTÁTEA DE DON PEDIO» IV DE POIITEC.AL ERIGIDA EN LISBOA El. ‘¿ü DE ABRIL DE lS7l>. (De (o lo g ra fia .) quiere apoyarae p ii su autoridad està verdad, màs

trascendentul ile lo quo à priiriera vista parece, « N o I n n i confi l i n c e a d c h a j o d e l s o l .d A algunos he oido rlecir n o v i , celiandola» »le purista», y no les falla ru­

sso n ; pero elio es quo la Vulgata dice n o v u u i, Die,ha»

palabras son las primeras del vers. 1 0 , cap. 1 del

E c l c s i a s l c s : libro canónico que en hebreo so llama nSnp C o h é l c t l i , y se tradujo de aquella manera salte Dios por qué. También ignoro por qué la expre­

sión citada termina el vers. Den el texto hebreo, en voz do comenzar el 10.® como en el latino, diciendo allí: n t w n r n n “3 p x* «UVo» c o l - h b h a d d s h

t l n i h h h a t l i h k a s h d m e s h . « Pues no hav cumplida novedad debajo del sol ( I).

(1) Traiiurdon oxaclisiina del profundo liebraizante don An­

tonio Min ia barcia Illanco, quien hubiera estimado lanilncn p.»

más ajustada versión latina la de: uefuidem cui onm nw nnnim Mil) K0l‘!.

(5)

E P l’ O S iciO N i h: b e l i.a s a h ie s e n B A R C E LO N A .—Efecto <lc niebla on Monserwt, cuadro y dibujo del Sr. Hignll.

1.a traducción inglesa protestante signe en esto, como en otras muchas variantes, el texto liehreo: en olla acaba también el vers. 0 ." con estas palabras: a A n d t l i a r e ¡tt n o u n e I h i i v j m a l a r t h e son.»

Larga va siendo ya en demasía mi pedantesca criti­

ca , y voy á ponerle lili por esta vez, concluyendo con una pregunta que me lia ocurrido al bojear la Hildia por los antecedentes textos.

¿Sabrá decirme el lector de dónde lia solido el cuento ile que Cain se valió de u n o r / n ijo d a d e b u r r o

para cometer el nefando fratricidio? Mucho daño han causado, causan y causarán en este inundo las mandi-

bulas asnales : aunque no sea más que comiendo un pan que podrin empicarse m ejor, ó mordiendo en la honra y la lama de ilustres varones; pero de que una de I ellas fuese instrumento del homicidio de Alici, qnisie- j

ra yo que se me diesen pruebas.- El Sagrado Texto original dice lo siguiente:

v u r m Y7IN b n n - S s ] ' p o p^ — W o i i j i i t i a m Q m j i n e l - J I é b e l u h l i h i n , n ' a i y a h h u r y u é h n .— «Y se levantó C.ain contra Abel, su hermano, y le ñ u t i ó . » Kl verbo , significa, en efecto, que le mató de una manera par­

ticular, según dicen los inteligentes en la lengua hc-

¡ bráica; pero de quijada de b u rro, ¡ni una palabra! 1.a ¡

Y óigala tradujo: C u n s u r r e . e i t C a í n a d v e r s u s f r t t r e n i s m i n i A b r í , r i interferii f í m n . — « Y matóle fué la versión castellana del padre S cio ; quien tu buen cuidado de añadir por nota: uNo so sabe ni lugar donde lo mató, n i e l i n s t r u m e n t o d e u n e v a l i ó para ello.»— Pues entonces, S eñ o r, ¿de dón lia salido esa quijada?

Tal es mi pregunta, y una de las muchas ignora:

cías que ya anuncié tendría que confesar en el cui de estas indagaciones, las cuales concluirán en ol articulo.

A. M. Segovia.

(6)

230 1A ILU STR A C IO N LS P A N O L A Y AM E R IC AN A

DESCRIPCION DE GRANADA POR IXiS .VL'TORKS ÁR.VUES.

I.

En Granada realizó el pueblo árabe lo» sueños do sil poesía y las obras m is acalladas de sus arles. La lía- masco de Occidente, situada en uno de los parajes más alegres v deleitosos del mundo, rica en los encantos de la naturaleza, en aguas, arboledas y sombras, ofre­

ció una imagen del Paraíso á gente tan sensual como los árabes, que encontraba allí los goces por que Labia suspirado desde su antigua estancia en las estériles \ abrasadas regiones del desierto. Por eso los árabes gra­

nadinos quisieron desplegar cu aquella ciudad la ri­

queza v lujo de sus artes, fundando alcázares suntuo­

sos en medio de alamedas y jardines: alcázares donde hoy todavía se ve retratada la civilización materialista de los musulmanes, en que todo convidaba al placel* de los sentidos, donde todo era brillante al par que efí­

mero, y donde, en (Ln, la arquitectura sarracena des­

plegó una espontaneidad y gentileza que nunca había conocido hasta entonces.

Los escritores árabes nos han dejado varias descrip­

ciones de Granada sumamente curiosas para la histo­

ria y muy poéticas, como inspiradas á su ardiente ima­

ginación por las bellezas de este delicioso suelo.

La descripción más antigua que conocemos, escrita por un autor llamado el Secundi (que murió en 1211 , dice a s i:

«Granada es la Dainiscode España, la recreación de los ojos y la satisfacción de las almas. Tiene una alca­

zaba fuerte con ¡dios muros y jiganl.csoos torreones.

Distínguese por tener un rin cuyas aguas se reparten en sus casas, en sus baños, en m i s molinos di* adentro y de afuera, y en sus jardines. Embellecióla Dios po­

niéndola como nn trono sobre sil eslensa vega, donde se derrama la plata liquida de sus arroyos entre la es­

meralda de las arboledas. Gnu los céfiros de sus colla­

dos y el risueño aspecto de sus alamedas, inspira on los corazones y en los ojos un sentimiento de compla­

cencia que enternece los caracteres más lieros, y pro­

duce en ellos los mayores prodigios de bondad. Eli ella no lian fallado los héroes más ilu stres, ni los sabios más insignes, ni los poetas mas esceleules. V aun cuando Granada no tuviese más excelencias que aquella con que Dios la doló exclusivamente, como el haber producido las poetisas N a z h m i A l é a l a h j a , Z a i - n a b h e n t Z i i j u i l y l í a f s a h e n t A l l i a c l i i , bastaba para ennoblecerla en lo tocante al ingenio y la erudición.»

Pero las descripciones mas exactas y completas de Granada se deben á la pluma de su historiador, el ilus­

tre Ibn Aljathil». En las obras de este autor se bailan dos muy importantes, una de ellas ya traducida por un orientalista de lines del pasado siglo, aunque sin bastante fidelidad (1) v la otra desconocida completa­

mente hasta nuestros dias. La primera que se encuen­

tra en la historia de la dinastía Nasarita. titulada E l

e s p l e n d o r d e la l u á n l i n e e n , es corno sigue:

«Granada (nombre extranjero) es la capital de la co­

marca «le Elvira, y se llama también el Damasco" de|

Andalus. Trasladóse á ella la supremacía el año ion de la Hejira (1012 de J . G. t. Dista de Elvira una para- sanga y un tercio. E s célebre por si misma, y sus or­

namentos son de todos conocidos... Su clima se acer­

ca mucho á la templanza, y en la mayor parte de sus propiedades se asemeja á Damasco.

» P o rsu situación vecina de la costa. Granada está provista de pescado y de frutos tempranos; es un em­

porio de los comerciantes > un punto de apoyo para hacer la guerra santa en el mar, por lo accesible y fa­

vorable de su posición; está abastecida de frutas re­

cientes y continuas, aprovisionada para casos de pe­

nuria. henchida de mantenimientos en sus almacenes;

por s i asiento, á espaldas de la campiña (de Córdoba i y encima de las Alpujarras, es un mar de trigo y rica mina de granos esceleules, asi como «le seda v de azú­

car; por su situación ju nio al monte de la Nieve. S o - lair, celebrado entre los montes más famosos, son co­

piosas y deleitables sus aguas y puro su am biente. \ numerosas sus huertas y jardines, y espesas sus arbo-

( I ) Casiri publicó en su Bibl. Arab. JVrp. Es ur. una tra- luecion latina de esta descripción, llena de numerosas equivo- aciones. Esta traducción se lia vertido después al castellano

¡enselvando sus errores.

ledas y abundantes en ella las yerbas más escelentes y las plantas aromáticas medicinales. Mas por la misma causa (do la vecindad de Sierra-Nevada) en la estación del invierno el Irio es tan fuerte, que congela los lí­

quidos. \ algunos años se cubren sus espacios de nie­

ve. Por la pureza de su am biente, los cuerpos de sus habitantes son robustos y fornidos, y de fuerte estó­

mago. En fin, por la natural aspereza del sitio, los ánimos de sus habitantes son duros y esforzados.

»1 na de las excelencias de Granada‘es que su tier­

ra admite una siembra en pos de otra siem bra, v da unos pastos tras otros durante el año. En su jtirisdie_

rion hay minas de oro y de piala, de plomo y de hier­

ro, de tu ba, de marquesita y lápiz-lázuli. En sus mon­

tes v cañadas se cria el peucédano (ó ervaío), la spica rasdi v la genciana; en sus espesuras se baila el quer­

mes i ó cochinilla) para teñir la seda, cuyo comercio es el más considerable en esta comarca, y con él la teís­

ta ría , sin que en esto pueda llevarla ventaja ningún otro país, ni el mismo lia r ó ( ‘.aldea), cuyas sedas son harto inferiores en limpieza, finura y brillantez.

»Su vega dilatadísima, semejante á la de Damasco, es (por los infinitos elogios que de ella podrían hacer­

se) el cuento de los viajeros y la conversación de las veladas. Dios la tendió corno un tapiz sobre un llano que surcan los arroyos y los ríos, y donde se amonto­

nan las alquería» y los jardines, y en la situación más deleitosa y con la mayor copia de sembrados y plan­

tíos: un espacio de 4 0 millas que rodean las colinas y que circundan los montes formando la figura de dos tercios de circulo. Casi en su centro se asienta la ciu­

dad tendida en la falda de montes elevados y de coli­

nas altas y de atalayas eminentes. Ocupa la planta de estii gran ciudad y de los vergeles que la pertenecen, cinco montes y una llanura vastísima, extendida en lontananza, cultivada por do quiera, sin que aparezca espacio alguno desolado ni yermo basta el mismo li­

mite donde las abejas tienen sus colm enas: todo Hlo regalado por el soplo de los céfiros. El paisaje es luí rico en accidentes v detalles, que solo podrá abarrar­

le \ comprenderle bien el que esté acostumbrado á trazar las mociones (2 ¡. Todas las palabras serian po­

cas para enumerar los sólidos puentes y calzadas, las mezquitas venerables por su nnligñedari, y la ordena­

da serie de las plazas.

»Atraviesa la ciudad el famoso rio conocido por el Darí o, el cual viene de la parle de Oriente y se junta en sus afueras con el rio Sin gilis, que viene por su parle meridional surcando la dilatada vega. Este rio.

acrecentada de continuo su corriente con el sobrante de las acequias y con la afluencia de otros rios y a r­

royos en los términos de Granada, corre en dirección de Sevilla convertido ya en caudaloso Nilo.

»Domina la ciudad por su parte meridional la po­

blación de la Alham bra, M e d i n a A l h a m n i . córte del reino, coronándola con sus brillantes alm enas, sus eminentes torres, sus fortisimos baluartes, sus mag­

níficos alcázares y otros edificios suntuosos que con su brillantísimo aspecto arrebatan los ojos y el ánimo.

Hay allí tal abundancia de aguas q u e. desbordándose

¡i torrentes de los estanques y alboreas, forman en la pendiente arroyos y cascadas, cuyo sonoro murmullo se escucha á larga distancia. Rodean el muro de aque­

lla población dilatados jardines propios del sultán \ arboledas frondosísimas, brillando como astros, á tra­

vés de su verde espesura, las blancas almenas. No hay.

en fin, en torno de aquel recinto espacio alguno que no esté poblado de jard in es, de cármenes y de huer­

tas. Pues en cuanto al terreno que abarca la llanura que se extiende en lo bajo, todo son alnmriias de gran valia y de tan escesivos precios, que ninguna de ellas podría pagarla sino un principe, habiendo algunas que producen cada año una renta de 5 0 0 doblas á causa de lo recargado que está el precio de las verduras en la , ciudad. De ellas pertenecen al patrimonio particular del sultán cerca de 3 0 almunias. En derredor de estas heredades, y tocando á su» pié», se extiende una cam­

piña de gran precio, que nunca deja de producir ni de estar floreciente, no 1 tajando en nuestros «lias lo qu e rinde para el Erario de unas 2 5 .0 0 0 doblas. Allí tam­

bién posee el sultán propiedades que hacen rebosar las arcas de su» tesoros con sus plantíos y -prosperidad y buen orden, mirándose sembradas de casas relu -

(2) Alude á los signos vocales, llamados asi por los gramá­

ticos árabes, y cuyas figuras complican más y más el laberinto de la ven tu ra arábiga.

cientos, y de torres elevadas, y de era» espaciosas, y de casas para las palomas y los animales domésticos.

Solo en la cerca de la ciudad y en el recinto de sus#

muros bav más de 2(* almunias pertenecientes <:l real patrimonio, donde se ve gran muchedumbre de hom­

bres, y de animales briosos de gran precio para las la­

bores del cultivo, habiendo en muchas do ellas casti­

llos y molinos. \ mezquitas. Esta prosperidad y estado (lorecicute de la agricultura alcanza igualmente á to­

das las alearías v terrenos que poseen los súbditos, colindando con las propiedades del sultán; pues se ven por do (piiera campos dilatados y alquerías pobladas, entre ellas algunas muy es tensas y habitadas, donde tienen parte millares de personas y que ofrecen un espectáculo muy variado, asi como las hay también que pe rieren exclusivamente á un dueño ó dos. Los nom­

bres de todas ellas pasan de 300, y hay cerca de 53 con su mimliar (3) para los viernes, donde se extien­

den (durante la oración) las blancas manos y se levan­

tan á Dios las voces elocuentes. En el recinto de la ciudad y en sus extramuros hay más de 130 molinos que muelen con agua corriente.

»En cuanto á la religión, los granadinos son buenos creyentes y siguen la secta ortodoxa de M alic-ben- Anao. imán de los m uslim es, sin la menor mácula di heregía. En cuanto á las costumbres, son dóciles v obedientes para con sus emires, sufridos para el traba­

jo. espléndidos y liberales. En cnanto á sus personas, son hermosos de cara, de mediana nariz, tez blanca, cabello por lo común negro, y regular estatura. Ha­

blan con elegancia la lengua árabe, aunque por la di­

versidad de sus linajes se conocen entre ellos locucio­

nes propias de varios dialectos, y cometen con fre­

cuencia la figura llamada i m i d a (4). Son naturalmente obstinados en sus controversias y discusiones. En cuanto á sus linajes, son africanos y muchos de ellos berberiscos y extranjeros. En cuanto á su vestimenta, la principal que usan comunmente en invierno son al­

quiceles persianas, almalafas oslen losas y otros trajes de mucho precio de lana, lino, seda, algodón y pelo de cabra, mantos africanos y maethaas tunecinas que so hacen de seda gruesa con vistosas labores; en el es­

tío visten todos blancos alm aizares, de suerte q u e , al verlos reunidos en las mezquitas los viernes, parecen flores abiertas en un prado fértil bajo la templada at­

mósfera de la primavera.

»Sus soldados son de dos clases: andaluces v bere­

beres. Los andaluces tienen por arm o/ un principe de la familia real ú otro alto varón de la córte. Estos usa­

ban en lo antiguo las armas que estiban también en uso entre los rum ies, sus vecinos y adversarios, como anchis lorigas, escudos pendientes, cascos gruesos de hierro, lanzas de punta ancha y sillas de poca firme­

za. Dolante llevan sus abanderados, y en pos de ello»

los demás guerreros por el orden de las divisas con que se distinguían sus arm as, y según la graduación y mérito de cada uno. Pero más tarde dejaron dichas armas y empezaron á usar corazas cortas, cascos lige­

ros, sillas de montar árabes, escudos de cu e ro , l a m -

t h i e e y lanzas delgadas.

»Los soldados africanos pertenecen á varias kabilas, romo m erinitac. bayyanitac, acLisies y árabes mugri- Ilitas. Form an varias cohortes, capitaneadas cada cual por su arraez, y sujetos estos á un a rif (ó general) que lo suele ser algún magnate de las tribus merinitas v de la parentela del rey de Ainagrib. V aunque apenas se vean ¡mamas en el traje de los habitantes de esta córte (exceptuando solo algunos de sus xeques. alcal­

des y sáhios), el ejército africano las usa general­

mente. Las armas usadas por la muchedumbre de es­

tos magribies son astas largas, duplicadas con astas corlas, y que empujan con las puntas de los dedos al lanzarlas: á es Las armas nombran m a ra s a s , pero tam­

bién suelen llevar arcos europeos para sus ejercicios diarios.

»Las casas y edificios en que viven los granadinos son medianos. Los dias festivos son hermosos de vel­

en esta ciudad, dando motivo para la composición do versos y poesías, resonando el canto por todas partes v hasta en los d o r e n ¡tes (5 i, a donde concurre gran mu­

chedumbre de jóvenes. E l principal alimento de estos habitantes consiste comunmente en pan de trigo, que

(3) Pulpito.

( i ) Cierto accidente ó vicio en la pronunciación de la vo­

cal o.

( 5 ) T ie n d a s , e s p e c ie d e b a z a re s .

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