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Academic year: 2021

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sustantivos

abstractos

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abstractos

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Título original: ​Sustantivos Abstractos | DISTANCIA 

Autor@s: Tomas Balmaceda, Daniel Brailovsky, José Heinz, Gisela Di Marco, Rodrigo        Rojas, Florencia Gauna, Belen Pretto, Sandra Ruiz Diaz, Leonardo Paez, Julieta Ludueña,        Jimena Blanco, Francisco Rivera, Tomás Elizalde, Pablo Blanco, Ana Sol Gigena Lirusso.   Compilador: ​Luca Miani 

ISBN​ 978-987-47718-9-6   

Editado por Instituto Cultura Contemporánea 

Un proyecto de En Vivo Producciones, Escuela Paritaria Dante Alighieri,   220 Cultura Contemporánea y Escuela Ítalo Argentina Castelfranco.   

91 páginas  

1.a edición:​ Noviembre 2020  

Dirección del proyecto:​ Luca Miani 

Comité Editorial:​ Andrea Morello y Franco Rizzi   Diseño e Ilustraciones:​ Lucila Escalante 

   

 

Esta obra está bajo una ​Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional​.   

Instituto Cultura Contemporánea   @iculturacontemporanea 

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Playlist

Prólogo

Tiempo de aprender y desaprender

Virtual está de moda, pero me gustás analógico

El amor en la cultura: breve elogio a lo común

Nudes y beboteo:la conquista política de las multitudes Queer

El Kilómetro Burlado

A life-art e identidades Patchwork

Preguntas para tiempos de experiencias vicarias

8 9 10 12 15 22 31 37 50

índice

Tomás Balmaceda Florencia Gauna Francisco Rivera Belén Pretto Leonardo Paez

Ana Sol Gigena Lirusso

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El futuro es hardcore

La paradoja del tiempo libre en Dinamarca

Ahora solo mirame

Distancia, música y comunicación pública

Formas escolares de salvar la distancia

DistAnsia

La distancia de las palabras José Heinz

Julieta Ludueña

Jimena Blanco

Tomás Elizalde

Daniel Brailovsky

Sandra Ruiz Diaz

Rodrigo Rojas 57 62 67 71 80 85 87

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playlist

Música para leer, cortesía de los amigos

de No Me Grites Producciones.

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Sustantivos Abstractos es un espacio concebido por Instituto Cultura Contemporánea,        en el que su comunidad de docentes y alumnos se encuentran para poner en común        lecturas sobre nuestra cultura en un contexto enrarecido.  

 

En las notas finales de un año difícil para el sector, nos hemos propuesto gestar un        proyecto que ponga en valor la creatividad y el compromiso con este tiempo que        transitamos. 

 

Para esta oportunidad, paradójicamente, nos reúne la ​Distancia​, eje central de        nuestras reflexiones. La publicación cuenta con textos premiados y textos        seleccionados, escogidos por un Comité Editorial en el marco de una convocatoria        extendida a todos los miembros de nuestra comunidad. Lo hacemos con la profunda        convicción de que aquello que se co-crea en nuestros espacios académicos tiene el        potencial para realizar un diagnóstico acerca del tiempo que vivimos y el capital crítico        para analizar y sistematizar estos fenómenos. 

 

   

Un virus nos aísla y separa de aquello que somos. Porque nadie es                          sin otros. Tal vez, a la distancia descubriremos que este era el                        momento para cambiarlo todo. 

 

       

El equipo de Instituto Cultura Contemporánea   

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Tiempo de aprender y desaprender 

 

 

 

por ​Tomás Balmaceda​* 

 

 

 

Escribo estas líneas a tres centímetros y medio de donde estás vos leyéndolas. Eso, al        menos, es lo que me dice el mapa del tomo de la enciclopedia que tengo delante mío,        aunque en sus páginas afirma que estamos a varios kilómetros de distancia. Si te busco        en un globo terráqueo como el que había en la escuela en donde estudié en mi niñez,        descubro que sólo nos separan unos pocos milímetros, casi que vos y yo estamos        pegaditos en un mismo punto. Y si le pido a mi teléfono que te localice y me dé        indicaciones de cómo ir a verte, me dará muchas opciones ya sea que lo haga        caminando, en bicicleta o en automóvil... ¿cuál es la distancia que nos separa? Tal vez        sólo sea el espacio entre la punta de tu nariz y la superficie en la que estés leyendo esto.   

Pensar sobre la distancia nos deja perplejos porque nos parece que no debería existir        nada más objetivo y claro mientras que, a la vez, nos damos cuenta que la manera en        que la pensamos es totalmente caprichosa y acomodaticia. El desarrollo de medidas y        la creación de instrumentos para medir, tanto conceptuales como herramientas, jugó        un papel central en el desenvolvimiento de lo que hoy llamamos civilización. La        introducción de la medición en las antiguas comunidades constituyó los primeros        pasos hacia las matemáticas ya que creó el lazo que vincula números con objetos        físicos. Establecida esta ligazón, fue posible comparar diferentes objetos a partir de sus        números. Se trató de un enlace antojadizo pero muy útil que, con el paso de los siglos,        nos empezó a parecer natural, olvidándonos de su carácter cultural y artefactual.  

 

Al igual que con la distancia, el tiempo también se mide de una forma caprichosa pero        ya establecida de antemano y enraizada en la manera en la que vivimos lo cotidiano. El        año 2020 comenzó para todas las personas como el inicio de una década, la apertura        de un ciclo más amplio en el que se nos invitaba a mostrar cambios y ser mejores. Y si        bien cada día que comienza siempre es inédito e histórico, porque nunca antes sucedió        y porque es un eslabón más en la cadena del calendario, este 2020 nos demostró ser        inédito e histórico en un sentido mucho más profundo: estamos atravesando        momentos que cambiaron la manera en la que vivimos y que parecen que dejarán una        huella única. Es temprano aún para saberlo pero no sería inusual pensar que nuestra        generación será recordada por la manera en la que atravesamos la pandemia del Covid        19. 

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En estos meses aprendimos muchas cosas y desaprendimos otras. Este volumen es un        ejemplo de que aprendimos a seguir generando conversaciones y cultura incluso en        tiempos inéditos pero también será un testimonio de lo que desaprendimos: la        distancia ya no es una medida expresada en un número y aceptada sin chistar por        todos, sino la manera personal, subjetiva y válida de entender lo que nos separa pero        también lo que nos use.  

 

Les doy la bienvenida a este espacio para pensar la distancia…   

   

Tomás Balmaceda (Buenos Aires 1980)​. Doctor en filosofía (UBA),                  especializado en el cruce entre la filosofía de la mente y la filosofía                          de la tecnología. Curioso, trabaja como periodista desde hace más                    de una década en diferentes medios, analizando la relación de la                      cultura popular con los dispositivos tecnológicos. Acaba de lanzar                  la antología de podcasts "Me lo llevo a la tumba", su próximo libro                          es "Cultura de la Influencia", co-escrito con Juan Marenco y Miriam                      De Paoli y su nuevo proyecto es #FinDis, un portal educativo de                        conocimientos en finanzas para disidencias 

 

 

 

 

 

 

 

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Virtual está de moda, pero me gustás analógico 

Piel, extrañamiento y significantes 

 

 

por ​Flor Gauna​*     Docente en Comunicación y Gestión Cultural   de Instituto Cultura Contemporánea    

 

Querido vos,    

Ésta puede parecer una carta de amor, pero no lo es ( a lo mejor sobre el final

       

puedas tomar vos mismo esa decisión). Éstas líneas son una reflexión sobre la piel, el        poder y el querer. Sobre la poética y la falta triste y lavada de la misma.  

 

Te extraño. Pero no desde la idea romántica del extrañar o el sufrimiento de los        amantes que en un contexto pandémico cargan con el “prohibido tocar” que un niño        sufre ( o ignora) en una juguetería. Extraño especialmente tu poética analógica y la de        todo lo demás.  

 

He pensado mucho en este tiempo sobre el poder de habitar ciertos espacios y sobre el        poder que ciertos espacios tienen cuando los decidimos habitar. Me pregunto si el        habitar analógico tiene el mismo poder que el habitar virtual. Estoy segura que no. Me        pregunto si el habitar analógico requiere el mismo compromiso que el habitar virtual.        Estoy segura que no.  

Mientras tanto, se construyen plataformas para experimentar movilizaciones        populares, mates con amigos, e incluso habitamos el Festival de Rock más esperado        junto a otros pogueros, no sólo del país si no de naciones hermanas ( y no tan        hermanas). Mientras tanto, corremos y nos devanamos los sesos como gestoras        culturales para construir respuestas alternativas online, remotas, para habitar        experiencias de arte, espacios de intercambios, formación a distancia, contenidos, más        y más contenidos. Sobrevivir. ¿Habitamos esos lugares? ¿o estamos de paso?, un paso        cada vez más veloz, más efímero.  

Hace poco, acá en la ​era pandemial, Bárbara BIlbao​                1​, planteó magistralmente, la idea          del habitar nuestras casas y la “politización de la casa” que eso conlleva. El habitar        poderoso , el gesto tan simbólico y a la vez concreto de cada una de nosotras creando,        produciendo, ejercitando, engordando en nuestros hogares sin dudas ha cargado a ese        espacio de nuevos significados y a esas cuatro o muchas paredes de un poder        inusitado como el de la libertad de película que sentimos en alguna salida semanal        mínima, así sea al supermercado. 

1 Bilbao, Barbara (2020) ​Nuevo Hábitat, “​ La Fiebre” - ASPO 

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De repente nuestro maravilloso mundo analógico - ya sé estoy diciendo de repente        como si todos estos procesos no hubiesen comenzado mucho antes del enemigo        Corona, pero permítanme un poquito de exageración, un poquito de poética. Al menos        por acá-. Decía, el maravilloso mundo que compartimos, mi querido, en donde ​casa        era esa idea de casa, ​bar ​era ésa idea de bar, ​vos eras esa idea de vos y ​yo era esa idea              de yo que tanto nos gustaba, quintuplicó sus capas de significados a la vez que se        volvió simple y utilitarista, y ahí están todos encimados, solapados y mezclados. Casa es        muchas otras cosas, todas que ​sirven para algo; bar casi no existe y se mezcla con                casa, vasos aburridos y tragos mal preparados, sobre todo a fin de mes.  

Yo soy sólo la parte productiva de la que era, una máquina sin tiempo ni espacio para        otra cosa que no sea generar y vos, ya no sé que sos, pero no sos el ​vos con el aura        maravilloso que te envolvía porque eso sólo se ve en un encuentro con piel        entrometiendose, sin tiempos ni prisas por una videollamada con mala conexión, ni        atravesados por la urgencia de sobrevivir a pesar de todo. No te extraño a vos. Extraño        tu poética y la de todo lo demás.  

 

Piel, poética, poder. Conjunción. 

Desde mi primer clase de danza se sembró en mí la semilla de la obsesión por los        cuerpos. Intuyo que viene de esa capacidad que tienen de transmitir no sólo una idea o        una historia - a eso lo comparten todas las disciplinas, también los publicistas y los        maestros-, sino especialmente la de transmitir sin que medien las palabras, una        sensación, sin ni siquiera llegar a tocarse, sólo por compartir el mismo hábitat, el mismo        tiempo y espacio: la sensación de tensión y relajación, la sensación de humedad, de        frenetismo, la sensación de excitación que cada parte de las pieles del cuerpo        experimentan de forma diferente. En algunas zonas se eriza la piel y los pelitos, por        debajo la piel de gallina, en otras se ruboriza y suda frío. Es que la piel es el reflejo de        todos los procesos internos y a la vez el vehículo que los conecta con los procesos de        esos otros cuerpos con los que nos vamos encontrando, creando, construyendo,        amando. Pienso en las performances, las danzas, el teatro, también en los equipos        gestando juntos, creativamente. Pienso en vos.  

Hace noches que no puedo dormir, despues de complejos desvaríos sobre temas        relacionados a la productividad siempre y al que será de todo, vengo cerrando mi        insomnio con ​Bifo​    2   a la cabeza: Ya somos como esos fractales de tiempo en el                     

ciberespacio que Berardi advertía, conectados sí, pero sin conjugarse. Nuestros cuerpos        ya no se rozan, no comparten espacio y tiempo. Sin sensibilidad, no hay afectividad, sin        afectividad, no hay solidaridad.  

 

No quiero desviarme del tema, es que todo esto habla de esa poética que extraño. ¿No        te parece que todas nuestras interacciones están tan unívocas y lavadas, tan efectivas        que a veces querés gritar? Mark Fisher​            3 sostuvo, antes del final, que el capitalismo             

había extirpado el aburrimiento        ( no derrotado) con sus mecanismos de       

2Berardi, Franco “Bifo” (2017). Fenomenología del fin. Sensibilidad y mutación conectiva. Buenos Aires: Caja Negra. 

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participación nonstop y la carrera en la generación brutal, diaria y “ libre” de creación        de contenido. Mark querido, ¡tenías razón! lo habrá extirpado por un tiempo pero        definitivamente no ha sido derrotado y hoy viene a golpearnos la puerta, no como el        aburrimiento desafiante de otros tiempos que impulsaba la búsqueda de nuevas        respuestas, sino como la anomia total y la falta de esas aristas jugosas, juguetonas, y        rizomáticas del habitar juntos, de descifrar significados piel con piel, de perdernos en        razonamientos que llegan a ningún lado, ser comunidad desde el deseo y no sólo        desde la necesidad.  

Quiero, necesito, no, corrijo: deseo tener que rastrear el significado de los signos que        me envías, hacer ese esfuerzo adrenalínico por entender la sombra de que lo me has        dicho, la intención oculta, tu doble sentido, interpretar erróneamente los signos que        me envías y las implicancias      conscientes e inconscientes de tus gestos, de tu        argumento.  

¡Oh por favor! divaguemos juntos hasta el fin del día, sin toque de queda ni        restricciones, sin la necesidad de producir algo potable o idear una solución urgente.        Abracemos la conjunción y nos desconectemos por unos minutos, sólo unos minutos,        cerca.             

*Flor Gauna (Córdoba, 1988) es docente, productora y gestora cultural.                    Socia Fundadora de Capital Creativo | Estudio de gestión cultural.                    Licenciada en comunicación institucional. Miembro del equipo de                Instituto Cultura Contemporánea. Dirige el espacio cultural 220 Cultura                  Contemporánea, colabora en la gestión y producción de múltiples                  proyectos culturales independientes y como asesora de políticas                culturales de organismos públicos y privados.  

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El amor en la cultura: breve elogio a lo común  

    por ​Francisco Rivera​*    Alumno de Comunicación y Gestión Cultural   en Instituto Cultura Contemporánea   

 

 

“El supremo bien de los que siguen la virtud  es común a todos, y todos pueden gozar de él igualmente”  Baruch Spinoza, Ética, Parte cuarta, Proposición XXXVI.   

 

 

I. Anhelo 

 

Desde los confines de la historia, el ya clásico tema del amor ha sido blanco de una        fecunda y abultada indagación. Tanto la filosofía, como la ciencia, la mitología y el arte        -entre otras formas de la discursividad humana- han buscado dar cuenta acerca de este        complejo fenómeno. No es casualidad, por cierto, que tan afamado tópico esté presente        como ​leitmotiv en una variada e interminable gama de producciones culturales a lo largo        del tiempo. Desde la antigüedad clásica, pasando por el barroco y la literatura romántica        del dieciocho europeo, el psicoanálisis y las neurociencias, hasta, el sinnúmero de signos        que en nuestra cotidianeidad inundan las pantallas y redes de comunicación masiva, este        aspecto de la realidad que incansablemente ha sido objeto de distintos procesos de        significación, parece ser “inmune” ante cualquier intento de delimitación definitiva, en        tanto que, remite a una entidad sumamente enigmática y de difícil comprensión.  

 

Quizás, se vuelva oportuno entonces, mostrarnos cautelosos ante tan vasto itinerario, para        transitar así nuestro recorrido con cierto estupor. Aquí, ofreceremos algunas maneras de        pensar al amor, sin por ello, caer en la simpleza de reducirlo a polvo, tratando de captar su        potencial para transformar realidades y crear mundos diferentes. Ante los desafíos        impuestos por las presentes mutaciones en las formas de relacionamiento humano,        íntimamente asociadas a las maneras de producir, transmitir y consumir objetos        culturales, es que se vuelve necesaria una reflexión sobre los alcances de un amor que       

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trascienda las fronteras de la ignominia, el cinismo y el desinterés por el otro que se        encuentran ubicados en la adyacencia de la vida reducida a ​espectáculo​, para de este        modo, poder indagar la metamorfosis del mundo emocional contemporáneo desde una        lógica del cultivo y el cuidado en clave a resignificar ciertos aspectos de un amor        romántico “bien entendido”. ¿Y si pensamos al amor desde su impersonalidad? En tal        caso ¿Qué significa amar lo inasible? ¿Es posible un amor fundado en la desposesión? Por        el Sócrates de Platón​      4 conocemos la célebre doctrina sobre ​Eros​          5 que insistentemente ha     

circulado como inspiración de diversas tematizaciones filosóficas, esto es, la explicitación        de una consideración general del amor representado tradicionalmente como un ​deseo       

acompañado de ​falta​, dicho en otros términos, el amor entendido como deseo de algo        que no poseemos. Así, el amor como apetito –​appetitus- ​siempre se encuentra ligado a              un objeto determinado que se busca como un bien que nos hará felices una vez poseído        y que a la vez deseamos no perder. Esta versión del amor como deseo de un bien,        involucra también el temor asociado a la pérdida, el cual, surge con posterioridad a la        obtención del objeto deseado​      6​. A su vez, al tratarse de un objeto temporal del que no                         

tenemos ninguna certeza sobre los límites de su duración, el movimiento apetitivo que se        dirige hacia el objeto amado coloca al amante en un estado de constante incertidumbre,        ya que este último, desconoce la concatenación de causas que determinan al objeto a ser        y actuar de cierta manera. En efecto, la condición del ser deseante en tanto característica        esencial de lo humano, es como afirma Spinoza, la fluctuación anímica -fluctuatio animi-​,            vale decir, un estado o disposición de la mente que brota de dos afectos contrarios​                            7​; por   

un lado, la conciencia de que apetecemos o amamos un bien que no poseemos pero que        deseamos en la medida que su obtención nos hará felices –lo bueno por sí-, y por otro, el        miedo que surge con posterioridad a la alegría que brotó de la obtención de dicho bien        como una inseguridad ante su posible pérdida.  

 

Ahora bien, si tomamos por caso la clase de bienes temporales que los seres humanos        desean con habitualidad, podemos dilucidar la manera en cómo ciertas estructuras        sociales producen determinados deseos. En este sentido, según afirma la socióloga israelí        Eva Illouz en uno de sus estudios recientes​              8​, el amor -como el resto de las emociones- no                   

se encuentra asociado exclusivamente a características fisiológicas o psicológicas de los        individuos, sino que, también involucra un proceso de construcción cultural que surge del       

4Quien según se cuenta en el ​Banquete recibió de labios de una sacerdotisa Mantinea llamada Diotima las enseñanzas                                    sobre el amor. La mujer en palabras de Sócrates, era sabia en “estas y muchas otras cosas”. ​Cfr​. Platón. ​Banquete. ​201d.   5Un semidiós nacido de Poros -Dios de la oportunidad y la utilidad- y Penia -Diosa de la pobreza- en una fiesta en honor                                              a Afrodita -Diosa de la belleza-; el amor según narra la historia, se encuentra por allí vagando “descalzo y sin casa” por la        naturaleza indigente de su madre y “ávido de sabiduría y rico en recursos” gracias a la estirpe de su padre, siempre en        pos de la belleza y la bondad, pues es un defensor de Afrodita. Al ser un semidiós -ni mortal ni inmortal- Eros –o el amor-        se encuentra en un plano intermedio entre lo divino que es depositario de una absoluta belleza, bondad y verdad, y lo        terreno o humano, que por su finitud e imperfección carece de una belleza, bondad y sabiduría completas. Pl. Banq.        202d. ​Eros ​es entonces, lo que comunica el ámbito de lo divino y lo humano. Pl. Banq. 203d.  

6Hannah, Arendt, “​El concepto de Amor en San Agustín​”, Ediciones Encuentro, Madrid, 2001, pp. 25-26. 

7Spinoza, Baruch, “​Ética demostrada según el orden geométrico”​, Editorial Nacional, Madrid, Parte tercera, Proposición                           

XVII, Escolio, p. 159. 

8Cfr. ​Illouz, E. “​El consumo de la utopía romántica. El amor y las contradicciones culturales del capitalismo​”, Katz,                                   

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contexto en el que este mismo se presenta. Por lo tanto, cabe afirmar -siguiendo a Illouz-,        que las distintas narrativas configuradas en los imaginarios de deseabilidad se        encuentran determinadas por las estructuras de reproducción del conjunto de        afectividades asociadas a la comercialización, el intercambio y la obtención de ciertos        bienes de consumo​    9​. Por lo que, el carácter de las afinidades electivas puede rastrearse a                         

partir del vínculo que mantiene el sistema económico basado en el mercado y la        experiencia del romance tal y como la cultura del amor romántico la promueve​                        10​. Para la     

autora entonces, al apropiarse del romance, el mercado determina las vivencias        románticas de los sujetos en la vida cotidiana a través de imágenes y mensajes que se        difunden en revistas, escenas cinematográficas y canciones populares​              11​, las cuales, al ser         

difundidas masivamente a través de diversos medios de comunicación, efectivizan la        reproducción y el afianzamiento de determinados parámetros de deseabilidad        estructurados y estructurantes. Esta relación fetichizante con los objetos de consumo, va        acompañada de una “mercantilización del romance” en donde las prácticas amorosas se        van asimilando y entrelazando cada vez más con el consumo de las tecnologías y los        artículos dedicados al ocio que ofrece el mercado. Así, el deseo de ciertos bienes        temporales se encuentra heterodeterminado por un conjunto de principios y valores        culturales que definen las características de lo deseable como forma de ver el mundo y de        actuar en él, sobre la base de una reproducción sistemática de códigos sociales        gobernados por la mercadotecnia, la publicidad y la promoción del consumo de ciertos        bienes materiales e inmateriales. En definitiva, y siguiendo a la doctrina clásica del amor,        parece evidente que la producción y reproducción de los deseos socialmente        estructurados que versan sobre los objetos finitos, ocasionan en el sujeto de deseo una        serie de movimientos apetitivos de apropiación, dirigidos hacia bienes perecederos, que        motivan una inevitable fluctuación anímica, la cual, puede ser descripta como una alegría        inconstante que brota del afán por la obtención de ciertos bienes que se renuevan        permanentemente en el consumo, pero además, como una tristeza producida por la        competencia que se genera entre los individuos que anhelan -románticamente- disponer        de los medios necesarios para la obtención y la conservación de dichos bienes.  

 

Así y todo, todavía cabe preguntarnos: ¿es posible pensar en otro sentido al amor        romántico? Si así fuera ¿Cómo problematizar esta dimensión de revestimiento trágico        que toda vida humana aloja en sí misma por el hecho de ser una finitud deseante? Quizás        existan algunas figuras literarias pertenecientes al acervo universal de la cultura que nos        permitan reflexionar sobre las posibles formas de abjurar de la mercantilización del        romance actual, en tanto que este último, circunscribe al amor a ciertas prácticas        estructuradas que efectivizan la estabilización de determinados principios y valores de        deseabilidad dominantes. Sin ir más lejos, tal vez una remisión a nuestro pasado ibérico e        hispanoamericano nos ayude a ilustrar el enfoque autoreflexivo que aquí queremos       

9Ibid.,​ p. 50. 

10Ibid​.,​ ​p. 71-70. 

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proponer como insumo para abordar críticamente nuestro presente: en su ​Ingenioso        Hidalgo Don Quijote de la Mancha de 1605​, Miguel de Cervantes nos ofrece una imagen                caricaturesca pero verídica del espectáculo amoroso de su tiempo: la pasión por los        cuentos de caballería en Don Quijote, la avidez por las aventuras, la persecución del honor        como paradigma del reconocimiento social, entre otros elementos del relato, describen        un subterfugio imaginario a partir del cual Cervantes pudo elaborar críticamente su visión        de una España oprimida por la moral de la honra heredada de las formas de vida        medievales​12​. De este modo y a través de una emblemática figura satírica, es que                           

Cervantes pudo configurar una narrativa poderosa que permitió entrelazar el fuerte        cuestionamiento al orden social vigente con una vindicación del acuciante deseo de        remendar un mundo defectuoso. En este sentido es que el escritor ruso Iván Turguénev,        afirma que, en la noble idea de total abnegación​                13 representada por Don Quijote, puede         

vislumbrarse una “fe en algo eterno e inmutable”, vale decir, el amor por una “verdad        superior situada fuera del individuo”, que es accesible pero que “exige trabajos y        sacrificios”​14​; pues según Turguénev, el egoísmo se diluye en la medida en que Don                           

Quijote vive fuera de sí y para los demás, luchando contra el mal, combatiendo        románticamente las fuerzas enemigas del hombre, sin atisbo por un cuidado de sí, con        pura abnegación​  15   y entrega desinteresada. En definitiva, al recuperar ciertos elementos               

altruistas del personaje, el lector crítico de la obra nos ofrece la idea de un amor        romántico entendido desde una total desposesión, al tiempo que, la narrativa literaria        opera como registro simbólico sobre el cual se trastocan las expresiones significativas de        ciertos discursos sociales sobre el amor operantes en una época y en un contexto        determinado. Estas intervenciones en el plano simbólico, encuentran en la prosa de        Cervantes un admirable vehículo polemizador que permite abordar de una manera        significativa la inversión del juego de verdad que afianza la estructuración del deseo en el        sentido común. En efecto, a través de una genealogía poética que corre el velo y permite        vislumbrar el tipo de amor romántico que ha sido negado por el vigente, es que se da        lugar a la importancia de un amor que otorga prioridad a los sentimientos por encima de        los intereses sociales hegemónicos, el privilegio de la gratuidad por sobre el beneficio, y        que proclama en última instancia, la supremacía de las relaciones humanas gobernadas        por la entrega desinteresada del propio ser, abriendo camino a un orden social        alternativo, que en un aura de transgresión, promete la exigencia de un mundo común        más justo. 

 

II. Lógica del cultivo 

 

Por lo visto, en la configuración del mundo emocional contemporáneo el amor se        presenta como un deseo socialmente estructurado, esto es, existen un conjunto de        mediaciones simbólicas afianzadas y sostenidas por ciertas reglas de juego y valores       

12Miguel de Cervantes, “​Don Quijote de la Mancha​”, Gredos, Madrid, 2015, estudio introductorio, XXIV.  13Turguénev, Iván, “​Hamlet y Don Quijote​”, sequitur, Madrid, 2008, p. 14. 

14 ​Ibid., ​p. 16.  15 ​Ibid., ​p. 17. 

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hegemónicos en distintos campos de la cultura que se actualizan en prácticas diversas        como formas de mercantilización del romance. En este sentido, la producción de ciertas        disposiciones a actuar, pensar y comportarse de cierta manera mediatizadas por la tiranía        de la imagen, la información y la propaganda, inscriben al amor en lo Erich Fromm        denomino el “mercado de la personalidad”, vale decir, la difusión de un conjunto de        características específicas que hacen deseable a ciertas personas dependiendo de la        moda de una época​      16​, haciendo del objeto amoroso una mercadería humana y                 

convirtiendo al acto de enamorarse en un cálculo costo beneficio gobernado por los        valores mercantiles del intercambio y el interés maximizador. Este escenario de        deshumanización del amor y de la vida que restringe el relacionamiento humano al        conjunto de signos que mediatizan el movimiento autónomo de lo no-viviente, es lo que        Guy Debord denominó ​espectáculo​      17​, vale decir, la transformación del mundo vivido en                 

representación, y por lo tanto, el autorretrato del poder de la época que en su gestión        totalitaria de las condiciones de existencia, genera la apariencia fetichista de pura        objetividad en las relaciones espectaculares, escondiendo el carácter de relación entre        seres humanos y clases sociales​        18​. Es por esto que, pensar en otro sentido al amor,                     

requiere de un trabajo reflexivo sobre estas condiciones de vida, en donde la explicitación        intensiva de la génesis del sentido común, tiene un rol clave en la dilucidación de las        condiciones en que se generan determinadas disposiciones duraderas y transferibles que        producen ciertas prácticas individuales y colectivas deshumanizantes. En este sentido, la        pregunta por un afuera radical que posibilite el establecimiento de un periplo crítico del        intelecto hacia el conjunto de determinaciones históricas naturalizadas en la acción y en        el pensamiento, requiere de un trabajo sacrificado y abnegado que permita romper las        amarras de la interacción inauténtica con la existencia cotidiana de los mundos vividos en        soledad. Este fuera de sí, no es más que un deseo de construcción de comunidad como        espacio de interacción liberadora en el que la vida en sociedad puede realizarse al tiempo        que los individuos se realizan en la virtud y la utilidad mutua, esto es, la búsqueda de una        razón afectiva común que suprima el estado de servidumbre en el que se encuentran los        seres humanos sin auxilio mutuo, habilitando así la posibilidad de descentrar el juego        ilusorio de la representación automática, construyendo trayectorias de autonomías        reflexionantes y emotivas. Aquí, nuestro humilde pretensión es arrojar luz sobre la        necesidad de construir una sociedad que nos vuelva depositarios de una responsabilidad        en la elaboración de esos vínculos de liberación comunes, los cuales, exigen una laboriosa        tarea de cuidado y cultivo de las capacidades y las potencialidades humanas bajo una        lógica concordante y articuladora de las diferencias, que en un convite generoso y        solidario, facilite la de-construcción individual y colectiva de nuestras prácticas amorosas.   

El término “cultura” –al igual que el resto de los conceptos-, no posee un significado        unívoco, en la medida en que, su contenido semántico ha sufrido una serie de variaciones        como parte de un largo proceso de transformación histórica, que implica a su vez, la       

16 Erich, Fromm, “​El Arte de Amar​”, Paidós, Buenos Aires, 2011, p. 15. 

17 Guy, Debord, “​La sociedad del espectáculo​”, Naufragio, Santiago de Chile, 1995.  18 ​Ibid.,​ p. 24.  

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existencia difícilmente abarcable de un conjunto de definiciones cuyo abordaje no        emprenderemos aquí. Por lo pronto, partiremos arbitrariamente de una acepción clásica        dada por la filósofa brasileña Marilena Chauí en su ensayo ​Cultura y democracia​:  

“Proveniente del verbo latino colere, en su origen cultura significa cultivo,                      cuidado. Era el cultivo y el cuidado de la tierra (agricultura); de los niños                            (puericultura); y de los dioses y lo sagrado (culto). Como cultivo, la cultura                          era una acción que conduce a la realización de las potencialidades de                        algo o de alguien, era hacer brotar, florecer y beneficiar.”​19 

 

En esta definición la autora intenta conservar un sentido extraviado de la noción de        cultura que durante el siglo XVIII fue pasible de una serie de desplazamiento semánticos        operados por la Filosofía de la Ilustración​            20​. Para Chauí, la asimilación iluminista que             

entendió a la cultura como sinónimo de civilización, elaboró un concepto asociado a la        idea de un tiempo lineal y teleológico, esto es, una visión de la cultura identificable con la        perspectiva del progreso. Así entendida, la cultura se nos muestra a través de acotados        límites que marcan una frontera medible entre lo civilizado y aquello que se encuentra en        el plano de la barbarie o de la incultura, siendo el conjunto de prácticas que permiten        valorizar y jerarquizar los regímenes políticos según su estado de evolución, la clave para        el análisis del desarrollo alcanzado por determinadas sociedades. La distinción entre        civilización y barbarie -como así también entre cultura y naturaleza- funcionan en la        filosofía ilustrada como categorías dicotómicas que permiten evaluar el nivel de        desarrollo de una sociedad con respecto a otra dependiendo de si se acerca o se aleja a        tales polos del proceso histórico-evolutivo, aunque también, estas categorías aplican a        aquellos individuos que por su educación o nivel de instrucción se acercan o se alejan de        dichos parámetros según su grado de civilidad. En este sentido, estableciendo un paralelo        con el mundo contemporáneo, Chauí sostiene que el modo de producción capitalista que        da origen a la sociedad tiene como marca característica las relaciones culturales que se        instituyen entre los individuos que producen y reproducen su existencia en función de        una división social de clases. Por lo tanto, existe una cultura formal, letrada, dominante, y        una cultura popular, que corre espontáneamente en las vetas de la sociedad​                      21​. Así, la     

marca distintiva de la comunidad como indivisión interna bajo la idea del bien común o el        sentimiento de un destino compartido entre sus integrantes, en el mundo del primado        de la mercancía y el individualismo posesivo, se encuentra bloqueada por el conjunto de        representaciones automáticas que transforman el mundo vivido en un terreno        fragmentario en el que los bienes culturales aparecen no como productos espirituales de        una comunidad, sino como objetos a ser consumidos y apreciados por su valor en el        mercado. En efecto, el hecho de poder disfrutar de estos bienes –tener el ​capital        simbólico, económico y cultural para hacerlo- otorga la garantía de acceso y pertenencia        a cierto estatus social de clase, en la medida en que, existen obras caras y raras que        pueden ser gozadas por ciertos individuos privilegiados y obras baratas y comunes       

19 Chauí, Marilena, “​Cultura y Democracia​”, Cuadernos de Pensamiento Crítico Latinoamericano, no. 8. Buenos Aires,                           

Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Mayo 2008. 

20 ​Idem. 

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destinadas a las masas, siendo las industrias culturales, aquellas ramas de la producción        que sobredeterminan la división social del trabajo cultural, orientando el consumo de        ciertos bienes, ya sea hacia una elite “culta” o hacia una masa “inculta”, negando la        posibilidad de que todos por igual puedan tener el mismo derecho a producir y disfrutar        de los objetos culturales. 

 

En oposición al mero consumo de objetos destinados al ocio y el entretenimiento, los        circuitos subalternos de la cultura, sustraídos de “la degradación del ser en tener y del        tener en parecer” como fases de la dominación de la economía sobre la vida social,        ofrecen frondosos espacios de creación y transformación de la vida comunitaria. Así        como, el amor romántico liberado de su determinación fetichizante abre camino a la        de-construcción de las relaciones humanas dominadas por la cosificación; la cultura        comunitaria deslindada de los intereses del mercado y la publicidad, renueva y actualiza        el mundo de sentido construido colectivamente en su permanente experimentación de        lo nuevo, ya sea por su trabajo comprometido con la transformación de la materia social,        o, el rechazo a los parámetros evolutivos impuestos por los procesos civilizatorios del        capitalismo y la sociedad de consumo. Este desplazamiento, involucra una subversión de        la lógica alienante propia de la reproducción mecánica del mundo de lo no-viviente        sometida a la pasividad de la representación, en la medida en que, su lógica alternativa        requiere de la ejecución de procesos de reflexión y acción en común en los que todos los        individuos son parte de la construcción del saber sobre las prácticas. Dicho movimiento        de razón cooperativa lleva aparejado en su ejercicio, la      exigencia de un derecho        ciudadano de acceso a los bienes y las obras culturales, pero también, el correlato activo        de la lucha por los recursos para hacer cultura y participar en las decisiones sobre la        política cultural. Pues, como dijo Hegel con admirable elocuencia en su célebre       

Fenomenología del espíritu​: “Esta comunidad no está todavía acabada y completa en          esta autoconciencia suya; su contenido en general esta para ella en forma de representar,        y esta escisión también la tiene aún en ella la ​espiritualidad efectiv​a de la comunidad, su              retorno a partir de su representar, igual que el elemento del pensar puro (…) la comunidad        no tienen tampoco conciencia de lo que ella es; ella es la autoconciencia espiritual que no        se es así como este objeto, o que no se abre y desvela como conciencia de sí misma, sino        que, en la medida en que es conciencia, tiene representaciones que ya hemos        examinado”​22​.  

   

*Francisco Rivera ​(Córdoba, 1994) trabaja como productor de                contenidos en un medio de comunicación comunitario de la Ciudad                    de Córdoba.    Se encuentra transitando el quinto año de la                Licenciatura en Filosofía (UNC) además de formarse como Auxiliar                  Docente. 

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Nudes y beboteo:  

la conquista política de las multitudes Queer 

 

    por ​Belén Pretto​*  

  Alumna de Periodismo Cultural   en Instituto Cultura Contemporánea    

      ¿Cuándo vamos a volver a coger? Nos preguntamos al mismo tiempo, cuando        enfrentamos el súbito anuncio presidencial de Aislamiento Social, Preventivo y        Obligatorio en la penúltima tarde de verano del 19 de marzo del 2020, mientras el sol se        escondía en el horizonte del hemisferio sur. Posta, ¿cuándo vamos a volver a coger?        Nos preocupamos al mismo tiempo, aunque tal vez hacía rato que ya no cogíamos. No        importa, nos preocupamos igual. Por las dudas. Quizás porque ahora tampoco nos        quedaba la posibilidad de rechazar un posible encuentro sexual. No teníamos siquiera        la chance de tener una cita espontánea, ni generar falsas expectativas sobre un poco        factible romance momentáneo y fugaz. Básicamente, el corte abrupto de la        sociabilidad subió al palo los niveles de ansiedad individual en el medio de una intensa        incertidumbre por el futuro y de una inmensa incapacidad de controlar el presente. A        pesar de eso, no rompimos las normas porque entendimos al instante los riesgos que        implicaba, así que simplemente no nos juntamos.  

 

No importa, porque en la virtualidad tenemos alternativas y con un smartphone en la        mano le encontramos la vuelta. La infraestructura del capitalismo de plataformas​                    23 

aprovechó para potenciarse al extremo y desplegarse en todos los ámbitos de nuestra        vida, en un intento desesperado de reemplazar la tan necesaria sociabilidad. Nos sirvió        como un auxilio esperanzador en un mundo colapsado y confundido: listados y        recomendaciones de contenido en Netflix, rutinas de ejercitación física, libros en pdf,        coreografías en TikTok, compras online innecesarias, el crecimiento exponencial del        servicio de delivery, a costa de trabajo precarizado sin seguridad social. Memes, memes        y más memes. Una insoportable bruma informativa signada por paranoia con tintes        apocalípticos no fue para nada fácil de controlar, pero por suerte algunas personas        encontramos salidas entre humo de marihuana y masturbación.  

 

Los medios no tardaron demasiado en difundir los datos económicos, encuestas        privadas y anuncios públicos con particular tono de sorpresa y sensación. Se        incrementó en un 70 por ciento las ventas de porongas de goma y succionadores de       

23 Srnicek, N. (2018). ​Capitalismo de plataformas​. Buenos Aires: Caja Negra. 

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clítoris​24​. PornHub liberó contenido pago. Tinder habilitó videollamadas. Zoom triplicó                   

su valor en Wall Street, ahora el CEO de la empresa domina el mundo y se masturba        con la reproducción de nuestros orgasmos grabados, que nos robó sin pedirnos        autorización para acceder a la información de nuestros dispositivos. El Gobierno        nacional recomendó la paja y el sexting para garantizar el aislamiento social​                      25​. Esto   

último quizás sirvió para darle más cabida y legitimidad a la práctica al menos en        materia discursiva, durante aquellos primeros meses en que la confianza en el Estado        parecía irrevocable. 

 

El sexting no se inventó ni surgió en la cuarentena, eso está claro. Es una tendencia que        viene en ascenso desde hace tiempo, y que se está amoldando cada vez más a las        nuevas coyunturas y transformaciones culturales latentes. De a poco, se adapta a la        contemporaneidad de los movimientos sociales atravesados por una mayor conciencia        en las relaciones sociales con perspectiva de género. El feminismo de esta nueva era,        una corriente con efervescencia y relevancia irrefrenable, se apropió simbólicamente        de la sexualidad e impuso formas diversas e igualitarias de vincularse. Sin ir más lejos,        recuerdo que hace unos cinco años atrás, la entrecomillada filtración de contenido        erótico particularmente con mujeres en primer plano era bastante “común”. Pero esas        imágenes que circulaban clandestinamente a través de grupos de WhatsApp u otras        redes, tenían la clara intención de estigmatizar a su protagonista y se tendía más a        prestar atención a la “integridad moral” de la mujer expuesta, que a quien        malintencionadamente lo ponía a circular. 

 

Al mismo tiempo, las mujeres éramos también quienes lanzábamos opiniones,        aludiendo a una supuesta “promiscuidad” de esas chicas, aún sabiendo que las        protagonistas de los videos o fotos podríamos ser nosotras mismas. Las mujeres        también operamos como agentes de reproducción de discursos señaladores,        sedimentados en la cultura heterocentrada: el ​deber ser de la imagen y el              comportamiento de la ​mujer de bien​. Los materiales circulaban como una pequeña                dosis de porno casero pero con más adrenalina, porque el carácter de “no        consensuado” lo volvía más morboso. Excitante. Intrigante. Pero de a poco empezamos        a incomodarnos cada vez más con ese tipo de situaciones. Y aunque es probable que        esto siga pasando, las que empezamos a cambiar las reglas del juego fuimos nosotras.    

Hubo un click.   

El tráfico de imágenes eróticas no consensuadas, sextorsión o ​pornovenganza​                  26​, como   

lo define la Justicia en Argentina, está contemplado desde hace muy poco tiempo        como delito informático dentro del Código Penal, con una condena de entre seis       

24 Rocío Magnani, “Aislamiento sin tabúes: creció la venta de juguetes sexuales en la cuarentena”, disponible online en                                 

Clarín, 31 de julio de 2020. 

 

25 “Covid-19. Recomendaciones para sexo seguro”. Archivo del Ministerio de Salud de la Nación, disponible online en                               

msal.gob.ar, 16 de abril de 2020. 

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meses y dos años, con resarcimientos económicos. La pena puede agravarse ante la        existencia de vínculos entre las partes implicadas, si la víctima es menor de edad o si el        contenido se utilizó con fines de lucro. El motivo por el cual el tráfico ilegal de        contenido erótico se enfocó siempre en la exposición de las mujeres, a mí parecer,        tiene estrecha relación -entre otras cosas- con la circulación y producción de        pornografía: una industria conformada por y para los hombres, que circula entre        hombres y con mujeres en el centro de la escenificación, por lo general acompañada        de comentarios degradantes o con violencia verbal ejercida sobre sus cuerpos. El porno        siempre se caracterizó por su efectivo potencial para imponer la heteronormatividad y        funciona también como material “educativo” para los jóvenes que se inician en la        sexualidad, ante la deficiencia de educación sexual desde el placer en las escuelas o en        las familias. La pornografía tiene el poder de representar de forma explícita mediante        imágenes literales la asimetría entre los géneros y sus roles asignados de manera        performática.  

 

El concepto de ​género performativo fue gestado por la reconocida filósofa              estadounidense Judith Butler​    27​: lo femenino implica cumplir con ciertas normativas,               

como un ritual de convenciones impuestas socialmente desde la perspectiva        heterosexual. Lo mismo ocurre con “lo masculino”. El género que construimos es una        manera de representarnos ante el mundo, actuamos de cierta manera, asumimos        responsabilidades, y al mismo tiempo producimos una serie de efectos ante la        sociedad, de acuerdo a lo que somos, a nuestro género. Crecimos con la palabra de        nuestros padres y maestros imponiéndonos la manera en que debíamos vestirnos,        separando las actividades propias para cada género: esto es de nenes y esto es de        nenas. El color rosa versus el color azul. Las muñecas versus los autitos. Juegos de        cocina contra armas bélicas. Entonces, siguiendo los conceptos de Butler, en el ámbito        sexual a las mujeres históricamente se les atribuyó la capacidad reproductiva por        encima del placer y del deseo. Nacimos para ser madres, según las instituciones        formales e informales. 

 

Por otra parte, la autora italiana Silvia Federici​              28​, en su libro ​Revolución en Punto Cero​,               

señaló al carácter reproductivo de las mujeres como la base sobre la que se sostiene el        capitalismo. De esta manera, uniéndose con las ideas de género performativo de        Butler, existe una presión y represión ejercida sobre la libertad sexual de la mujer,        porque se considera que ésto atenta contra la supuesta ​naturaleza reproductiva de su        ontología, perjudica su razón de ser, su misión en este mundo. Entonces, aunque        parece una comparación retrógrada y simplista, el origen de esta conducta represiva        que tiende a estigmatizar y señalar a mujeres que protagonizan estos videos filtrados        está, según Federici, en el proceso de adoctrinamiento en la cual se implantan ciertas        normativas que tienden a hacer cumplir su papel como aparato reproductor y       

27Butler, Judith. (2007). El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. Barcelona: Paidós. 

28 Federici,Silvia (2013): Revolución en punto cero. Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas, Traficantes de                            Sueños, Madrid. Reseñado por Maria Medina-Vicent, Universitat Jaume I. 

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quitándole la posibilidad de practicar una sexualidad para otro fin que no fuera éste        (Federici, 2004). Qué atrocidad caer en la cuenta de que las mujeres puedan coger        libremente y que encima les guste. ​Mirala cómo disfruta,​ ​eso es de puta​.  

 

Por eso el tráfico de imágenes eróticas no consensuadas es punitivo y estigmatizante        para la propia víctima, porque esa imagen exhibidora e ​in fraganti​, revela el              quebrantamiento de una normativa heterosexual y expone también el deseo y la        libertad sexual del sujeto femenino con fines no reproductivos. Más aún si la mujer es        captada manifestando placer extremo. Incomoda, desconcierta. Al mismo tiempo, esa        condena social tiene un profundo vínculo con lo que Paul B. Preciado​                      29 definió como la     

sexopolítica. Este término implica la idea de que las prácticas en la sexualidad forman        parte de los cálculos de poder mediante discursos que buscan normalizar conductas y        prácticas sexuales, operando como agentes de control sobre la vida (Preciado, 2004).    

Es por eso que el sexting ha sido abordado por la academia en los últimos años como        una práctica riesgosa ligada a la cosificación y a la violencia, y particularmente utilizada        como herramienta extorsión o descrédito ético contra las mujeres. Existen una        inmensidad de estudios de investigación que apuntan al sexting como sinónimo de        peligro para las jóvenes. Algo parecido se puede ver en el ámbito periodístico también.        Muchos medios masivos y reconocidos de todo el mundo lanzaron alguna nota de        opinión que tiende a estigmatizar la práctica y alertar sobre el peligro para el desarrollo        sexual de los adolescentes.  

 

Sin embargo, en estos últimos años muchos también empezaron a hablar de los        beneficios del sexo virtual, recomendando tips y aplicaciones para incitarnos a hacerlo.        Hablamos del sexting entendido como una práctica dialógica, recíproca, consensuada        e intencional. Lentamente (¿o fue de golpe?) esas discusiones de carácter científico y        social, enfocados en el quebrantamiento de las intimidades, empiezan a quedar un        poco viejas. Hoy, el sexo virtual se tiende a ver más por las nuevas generaciones como        una ​oportunidad para mantener vivo el deseo, que es el combustible del erotismo de        esta nueva era.  

 

Las mujeres estamos dejando de tenerle miedo a la filtración de contenido. Lo que        antes era una herramienta de extorsión o de estigmatización hoy carece de efecto        concreto. Antes había peligro, corríamos el riesgo de que desestabilice nuestra vida        social, podíamos hasta perder empleos, ser echadas de colegios, sometidas a terapias        psicológicas y quedar marcadas por recuerdos dolorosos e injustos. Pero de a poco,        revertimos esa vulneración y la convertimos en un orgullo personal. Transformamos los        riesgos en placer extremo, deseo vibrante y amor propio.  

 

29  Preciado,  Beatriz.  ​Multitudes  Queer​.  21  de  mayo  de  2004.  Recuperado  de: 

(27)

No solo dejamos de tener miedo, sino que producimos nuestro propio contenido y a        veces lo hacemos público sin que nadie nos lo pida. Nos gusta ser miradas y mirar, pero        también nos gusta mirarnos a nosotras mismas: autoerotismo a flor de piel. Nos gusta        mirarnos entre nosotras. Cada vez más, las nuevas generaciones vamos dejando de        concebir las imágenes eróticas como riesgosas ante una posible circulación indeseada,        porque estamos orgullosos y orgullosas de disfrutar de nuestra sexualidad y poder        expresarla libremente. El deseo está instalado. El goce personal se impuso como        prioridad, como un derecho político.  

 

Esto provocó que, progresivamente, carezca de sentido poner a circular imágenes sin        consentimiento. La difusión malintencionada de esas imágenes pasaron a ser        absurdas, cuestionables, delictivas y de mal gusto. Hoy somos testigo de un cambio de        paradigma, la transformación de la idea de lo erótico pensado púramente para        embeberse bajo fogocidad del placer. Suave. Húmedo. Duro. Vivo. Instalamos la idea        del goce mutuo y plural en la sexualidad, en la percepción de nuestros propios cuerpos        que fueron moldeados por un sistema punitivo, que excluía a quienes no se ajustaban        a los parámetros hegemónicos. El goce es definitivamente uno de los síntomas del        feminismo contemporáneo. La periodista Luciana Peker definió de una manera muy        precisa este cambio sensitivo impulsado por las chicas: “L​as mujeres estamos más              encendidas porque somos parte de un movimiento político vibrante que tiene la                        intención de cambiar el mundo y eso nos pone más empáticas, por eso tenemos más                              deseo”​.  

 

Somos una subversión unificada que viene derribando estructuras forjadas en        discursos que hoy vuelan como polvo invisible, se disipan y desaparecen. Ya no tienen        lugar ni efecto en estas nuevas generaciones. Discursos que hacen eco en un terreno        desolado, y se pierden en un abismo para no volver jamás (ojalá). Un movimiento con        plena autonomía política, intelectual y cultural, la gran revolución del siglo XXI. Una        manera explícita y literal de ​reconocer que queremos ser libres, pero no liberales -                        aclara Peker - ​por eso no se puede pensar en una autonomía absoluta, sino en una                                autonomía cooperativa. Una fuerza unificada que está cambiando el curso de la        historia, dejando una huella que modifica las concepciones culturales, estéticas y        sociales de las relaciones entre géneros, pero principalmente entre personas.  

 

El movimiento feminista contemporáneo, a través de un cambio de actitud, tomó las        riendas en esta transformación cultural y epistémica. Peker reivindica al sujeto mujer y        al feminismo como la fuerza política que impulsó una revolución de empoderamiento:        la actitud de ir al frente, de no pedir perdón ni sentir pudor. Sin embargo, esta        revolución sexual que tiene como eje la manifestación del deseo despojado de        estructuras y normativas de género a través de imágenes y expresión de libertades, no        sólo está liderada por mujeres. Este cambio de paradigma debe leerse en clave Queer:        multitudes diversas que también quieren mostrarse, aparecen en el centro de la        escena y exponen su propia eroticidad imponiéndose ante la estética hegemónica y la       

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ética heterosexual. Las multitudes Queer se abren paso como agentes impulsores de        esta nueva percepción diversa y deseante. 

 

El feminismo sirvió como punto de partida para poner en jaque conservadurismos y        para criticar los moldes que producen sujetos, restringiendo deseos y reprimiendo        identidades. El movimiento Queer tomó esa postura crítica y amplió la visibilización de        sujetos que también se alzaron contra las instituciones represivas manifestando deseos        y exhibiéndose ante el mundo. Esta revolución sexual es diversa, disidente y muy crítica        respecto a discursos heterocentristas. ​No se trata sólo de un cambio de conducta en las        mujeres, de una nueva manera de encarar las relaciones y de la exhibición estética        pública de cuerpos femeninos en contra de la represión masculina a través de redes        sociales. Este nuevo paradigma sexual incluye también a las multitudes Queer que no        implican simplemente sumar homosexualidad y excluir heterosexualidad, sino        destronar heteronormatividad e incluir dentro de los parámetros de lo erótico a una        diversidad de cuerpos que no se enmarquen sólo en las concepciones hegemónicas de        lo erotizante. Se trata de desarmar la identidad propia de los sujetos como seres        sociales y dejar de clasificarnos o dividirnos en lógicas binarias de géneros excluyentes,        como si ciertas características nos permitieran ser parte de algún club de eroticidad.    

Lo Queer representa el desafío de las normas heterocentradas, normas que implican el        ejercicio de la sexopolítica desde prácticas discursivas que estigmatizan. Paul Preciado        explica que las multitudes Queer “no son post-feministas porque quieran o deseen        actuar sin el feminismo” sino al contrario: parten desde esa confrontación reflexiva del        feminismo, pero se diferencian en que éste centraba su análisis en la revalorización de        un sujeto político “mujer” y de esta manera seguía reproduciendo la norma        hegemónica binaria y heterocentrada.  

 

En cambio, lo Queer exige apropiarse de saberes/poderes sobre sexos, de rearticular y        reconvertir la sexopolítica de producción de cuerpos “normales” o “anormales”. Y va        más allá de las políticas “feministas” y “homosexuales”, porque la política de las        multitudes Queer deconstruye las identidades heteronormados y se alza contra los        regímenes que imponen “normalidad” o “anormalidad”. Lo que está en juego acá es        cómo resistir a estas normas o cómo reconvertir las formas de sexopolítica (Preciado,        2004). 

 

Hoy las manifestaciones expositivas son conscientes, intencionadas y con una        producción premeditada de la imagen cargada de filtros, glitter y expresiones de deseo        latente. El ​beboteo se impuso como concepto de bandera de las nuevas identidades        diversas y disidentes. A través de una presencia más erótica en redes sociales, las        multitudes Queer se manifiestan y exhiben públicamente sus cuerpos, muestran con        orgullo parte de su sexualidad con fotos ardientes que no tienen otra intención más        que expresar amor propio en plena libertad. Bebotear explícitamente, sin rodeos:        nuestro derecho político. 

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