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Título original: Sustantivos Abstractos | DISTANCIA
Autor@s: Tomas Balmaceda, Daniel Brailovsky, José Heinz, Gisela Di Marco, Rodrigo Rojas, Florencia Gauna, Belen Pretto, Sandra Ruiz Diaz, Leonardo Paez, Julieta Ludueña, Jimena Blanco, Francisco Rivera, Tomás Elizalde, Pablo Blanco, Ana Sol Gigena Lirusso. Compilador: Luca Miani
ISBN 978-987-47718-9-6
Editado por Instituto Cultura Contemporánea
Un proyecto de En Vivo Producciones, Escuela Paritaria Dante Alighieri, 220 Cultura Contemporánea y Escuela Ítalo Argentina Castelfranco.
91 páginas
1.a edición: Noviembre 2020
Dirección del proyecto: Luca Miani
Comité Editorial: Andrea Morello y Franco Rizzi Diseño e Ilustraciones: Lucila Escalante
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional.
Instituto Cultura Contemporánea @iculturacontemporanea
Playlist
Prólogo
Tiempo de aprender y desaprender
Virtual está de moda, pero me gustás analógico
El amor en la cultura: breve elogio a lo común
Nudes y beboteo:la conquista política de las multitudes Queer
El Kilómetro Burlado
A life-art e identidades Patchwork
Preguntas para tiempos de experiencias vicarias
8 9 10 12 15 22 31 37 50
índice
Tomás Balmaceda Florencia Gauna Francisco Rivera Belén Pretto Leonardo PaezAna Sol Gigena Lirusso
El futuro es hardcore
La paradoja del tiempo libre en Dinamarca
Ahora solo mirame
Distancia, música y comunicación pública
Formas escolares de salvar la distancia
DistAnsia
La distancia de las palabras José Heinz
Julieta Ludueña
Jimena Blanco
Tomás Elizalde
Daniel Brailovsky
Sandra Ruiz Diaz
Rodrigo Rojas 57 62 67 71 80 85 87
playlist
Música para leer, cortesía de los amigos
de No Me Grites Producciones.
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Sustantivos Abstractos es un espacio concebido por Instituto Cultura Contemporánea, en el que su comunidad de docentes y alumnos se encuentran para poner en común lecturas sobre nuestra cultura en un contexto enrarecido.
En las notas finales de un año difícil para el sector, nos hemos propuesto gestar un proyecto que ponga en valor la creatividad y el compromiso con este tiempo que transitamos.
Para esta oportunidad, paradójicamente, nos reúne la Distancia, eje central de nuestras reflexiones. La publicación cuenta con textos premiados y textos seleccionados, escogidos por un Comité Editorial en el marco de una convocatoria extendida a todos los miembros de nuestra comunidad. Lo hacemos con la profunda convicción de que aquello que se co-crea en nuestros espacios académicos tiene el potencial para realizar un diagnóstico acerca del tiempo que vivimos y el capital crítico para analizar y sistematizar estos fenómenos.
Un virus nos aísla y separa de aquello que somos. Porque nadie es sin otros. Tal vez, a la distancia descubriremos que este era el momento para cambiarlo todo.
El equipo de Instituto Cultura Contemporánea
Tiempo de aprender y desaprender
por Tomás Balmaceda*
Escribo estas líneas a tres centímetros y medio de donde estás vos leyéndolas. Eso, al menos, es lo que me dice el mapa del tomo de la enciclopedia que tengo delante mío, aunque en sus páginas afirma que estamos a varios kilómetros de distancia. Si te busco en un globo terráqueo como el que había en la escuela en donde estudié en mi niñez, descubro que sólo nos separan unos pocos milímetros, casi que vos y yo estamos pegaditos en un mismo punto. Y si le pido a mi teléfono que te localice y me dé indicaciones de cómo ir a verte, me dará muchas opciones ya sea que lo haga caminando, en bicicleta o en automóvil... ¿cuál es la distancia que nos separa? Tal vez sólo sea el espacio entre la punta de tu nariz y la superficie en la que estés leyendo esto.
Pensar sobre la distancia nos deja perplejos porque nos parece que no debería existir nada más objetivo y claro mientras que, a la vez, nos damos cuenta que la manera en que la pensamos es totalmente caprichosa y acomodaticia. El desarrollo de medidas y la creación de instrumentos para medir, tanto conceptuales como herramientas, jugó un papel central en el desenvolvimiento de lo que hoy llamamos civilización. La introducción de la medición en las antiguas comunidades constituyó los primeros pasos hacia las matemáticas ya que creó el lazo que vincula números con objetos físicos. Establecida esta ligazón, fue posible comparar diferentes objetos a partir de sus números. Se trató de un enlace antojadizo pero muy útil que, con el paso de los siglos, nos empezó a parecer natural, olvidándonos de su carácter cultural y artefactual.
Al igual que con la distancia, el tiempo también se mide de una forma caprichosa pero ya establecida de antemano y enraizada en la manera en la que vivimos lo cotidiano. El año 2020 comenzó para todas las personas como el inicio de una década, la apertura de un ciclo más amplio en el que se nos invitaba a mostrar cambios y ser mejores. Y si bien cada día que comienza siempre es inédito e histórico, porque nunca antes sucedió y porque es un eslabón más en la cadena del calendario, este 2020 nos demostró ser inédito e histórico en un sentido mucho más profundo: estamos atravesando momentos que cambiaron la manera en la que vivimos y que parecen que dejarán una huella única. Es temprano aún para saberlo pero no sería inusual pensar que nuestra generación será recordada por la manera en la que atravesamos la pandemia del Covid 19.
En estos meses aprendimos muchas cosas y desaprendimos otras. Este volumen es un ejemplo de que aprendimos a seguir generando conversaciones y cultura incluso en tiempos inéditos pero también será un testimonio de lo que desaprendimos: la distancia ya no es una medida expresada en un número y aceptada sin chistar por todos, sino la manera personal, subjetiva y válida de entender lo que nos separa pero también lo que nos use.
Les doy la bienvenida a este espacio para pensar la distancia…
Tomás Balmaceda (Buenos Aires 1980). Doctor en filosofía (UBA), especializado en el cruce entre la filosofía de la mente y la filosofía de la tecnología. Curioso, trabaja como periodista desde hace más de una década en diferentes medios, analizando la relación de la cultura popular con los dispositivos tecnológicos. Acaba de lanzar la antología de podcasts "Me lo llevo a la tumba", su próximo libro es "Cultura de la Influencia", co-escrito con Juan Marenco y Miriam De Paoli y su nuevo proyecto es #FinDis, un portal educativo de conocimientos en finanzas para disidencias
Virtual está de moda, pero me gustás analógico
Piel, extrañamiento y significantes
por Flor Gauna* Docente en Comunicación y Gestión Cultural de Instituto Cultura Contemporánea
Querido vos,
Ésta puede parecer una carta de amor, pero no lo es ( a lo mejor sobre el final
puedas tomar vos mismo esa decisión). Éstas líneas son una reflexión sobre la piel, el poder y el querer. Sobre la poética y la falta triste y lavada de la misma.
Te extraño. Pero no desde la idea romántica del extrañar o el sufrimiento de los amantes que en un contexto pandémico cargan con el “prohibido tocar” que un niño sufre ( o ignora) en una juguetería. Extraño especialmente tu poética analógica y la de todo lo demás.
He pensado mucho en este tiempo sobre el poder de habitar ciertos espacios y sobre el poder que ciertos espacios tienen cuando los decidimos habitar. Me pregunto si el habitar analógico tiene el mismo poder que el habitar virtual. Estoy segura que no. Me pregunto si el habitar analógico requiere el mismo compromiso que el habitar virtual. Estoy segura que no.
Mientras tanto, se construyen plataformas para experimentar movilizaciones populares, mates con amigos, e incluso habitamos el Festival de Rock más esperado junto a otros pogueros, no sólo del país si no de naciones hermanas ( y no tan hermanas). Mientras tanto, corremos y nos devanamos los sesos como gestoras culturales para construir respuestas alternativas online, remotas, para habitar experiencias de arte, espacios de intercambios, formación a distancia, contenidos, más y más contenidos. Sobrevivir. ¿Habitamos esos lugares? ¿o estamos de paso?, un paso cada vez más veloz, más efímero.
Hace poco, acá en la era pandemial, Bárbara BIlbao 1, planteó magistralmente, la idea del habitar nuestras casas y la “politización de la casa” que eso conlleva. El habitar poderoso , el gesto tan simbólico y a la vez concreto de cada una de nosotras creando, produciendo, ejercitando, engordando en nuestros hogares sin dudas ha cargado a ese espacio de nuevos significados y a esas cuatro o muchas paredes de un poder inusitado como el de la libertad de película que sentimos en alguna salida semanal mínima, así sea al supermercado.
1 Bilbao, Barbara (2020) Nuevo Hábitat, “ La Fiebre” - ASPO
De repente nuestro maravilloso mundo analógico - ya sé estoy diciendo de repente como si todos estos procesos no hubiesen comenzado mucho antes del enemigo Corona, pero permítanme un poquito de exageración, un poquito de poética. Al menos por acá-. Decía, el maravilloso mundo que compartimos, mi querido, en donde casa era esa idea de casa, bar era ésa idea de bar, vos eras esa idea de vos y yo era esa idea de yo que tanto nos gustaba, quintuplicó sus capas de significados a la vez que se volvió simple y utilitarista, y ahí están todos encimados, solapados y mezclados. Casa es muchas otras cosas, todas que sirven para algo; bar casi no existe y se mezcla con casa, vasos aburridos y tragos mal preparados, sobre todo a fin de mes.
Yo soy sólo la parte productiva de la que era, una máquina sin tiempo ni espacio para otra cosa que no sea generar y vos, ya no sé que sos, pero no sos el vos con el aura maravilloso que te envolvía porque eso sólo se ve en un encuentro con piel entrometiendose, sin tiempos ni prisas por una videollamada con mala conexión, ni atravesados por la urgencia de sobrevivir a pesar de todo. No te extraño a vos. Extraño tu poética y la de todo lo demás.
Piel, poética, poder. Conjunción.
Desde mi primer clase de danza se sembró en mí la semilla de la obsesión por los cuerpos. Intuyo que viene de esa capacidad que tienen de transmitir no sólo una idea o una historia - a eso lo comparten todas las disciplinas, también los publicistas y los maestros-, sino especialmente la de transmitir sin que medien las palabras, una sensación, sin ni siquiera llegar a tocarse, sólo por compartir el mismo hábitat, el mismo tiempo y espacio: la sensación de tensión y relajación, la sensación de humedad, de frenetismo, la sensación de excitación que cada parte de las pieles del cuerpo experimentan de forma diferente. En algunas zonas se eriza la piel y los pelitos, por debajo la piel de gallina, en otras se ruboriza y suda frío. Es que la piel es el reflejo de todos los procesos internos y a la vez el vehículo que los conecta con los procesos de esos otros cuerpos con los que nos vamos encontrando, creando, construyendo, amando. Pienso en las performances, las danzas, el teatro, también en los equipos gestando juntos, creativamente. Pienso en vos.
Hace noches que no puedo dormir, despues de complejos desvaríos sobre temas relacionados a la productividad siempre y al que será de todo, vengo cerrando mi insomnio con Bifo 2 a la cabeza: Ya somos como esos fractales de tiempo en el
ciberespacio que Berardi advertía, conectados sí, pero sin conjugarse. Nuestros cuerpos ya no se rozan, no comparten espacio y tiempo. Sin sensibilidad, no hay afectividad, sin afectividad, no hay solidaridad.
No quiero desviarme del tema, es que todo esto habla de esa poética que extraño. ¿No te parece que todas nuestras interacciones están tan unívocas y lavadas, tan efectivas que a veces querés gritar? Mark Fisher 3 sostuvo, antes del final, que el capitalismo
había extirpado el aburrimiento ( no derrotado) con sus mecanismos de
2 Berardi, Franco “Bifo” (2017). Fenomenología del fin. Sensibilidad y mutación conectiva. Buenos Aires: Caja Negra.
participación nonstop y la carrera en la generación brutal, diaria y “ libre” de creación de contenido. Mark querido, ¡tenías razón! lo habrá extirpado por un tiempo pero definitivamente no ha sido derrotado y hoy viene a golpearnos la puerta, no como el aburrimiento desafiante de otros tiempos que impulsaba la búsqueda de nuevas respuestas, sino como la anomia total y la falta de esas aristas jugosas, juguetonas, y rizomáticas del habitar juntos, de descifrar significados piel con piel, de perdernos en razonamientos que llegan a ningún lado, ser comunidad desde el deseo y no sólo desde la necesidad.
Quiero, necesito, no, corrijo: deseo tener que rastrear el significado de los signos que me envías, hacer ese esfuerzo adrenalínico por entender la sombra de que lo me has dicho, la intención oculta, tu doble sentido, interpretar erróneamente los signos que me envías y las implicancias conscientes e inconscientes de tus gestos, de tu argumento.
¡Oh por favor! divaguemos juntos hasta el fin del día, sin toque de queda ni restricciones, sin la necesidad de producir algo potable o idear una solución urgente. Abracemos la conjunción y nos desconectemos por unos minutos, sólo unos minutos, cerca.
*Flor Gauna (Córdoba, 1988) es docente, productora y gestora cultural. Socia Fundadora de Capital Creativo | Estudio de gestión cultural. Licenciada en comunicación institucional. Miembro del equipo de Instituto Cultura Contemporánea. Dirige el espacio cultural 220 Cultura Contemporánea, colabora en la gestión y producción de múltiples proyectos culturales independientes y como asesora de políticas culturales de organismos públicos y privados.
El amor en la cultura: breve elogio a lo común
por Francisco Rivera* Alumno de Comunicación y Gestión Cultural en Instituto Cultura Contemporánea
“El supremo bien de los que siguen la virtud es común a todos, y todos pueden gozar de él igualmente” Baruch Spinoza, Ética, Parte cuarta, Proposición XXXVI.
I. Anhelo
Desde los confines de la historia, el ya clásico tema del amor ha sido blanco de una fecunda y abultada indagación. Tanto la filosofía, como la ciencia, la mitología y el arte -entre otras formas de la discursividad humana- han buscado dar cuenta acerca de este complejo fenómeno. No es casualidad, por cierto, que tan afamado tópico esté presente como leitmotiv en una variada e interminable gama de producciones culturales a lo largo del tiempo. Desde la antigüedad clásica, pasando por el barroco y la literatura romántica del dieciocho europeo, el psicoanálisis y las neurociencias, hasta, el sinnúmero de signos que en nuestra cotidianeidad inundan las pantallas y redes de comunicación masiva, este aspecto de la realidad que incansablemente ha sido objeto de distintos procesos de significación, parece ser “inmune” ante cualquier intento de delimitación definitiva, en tanto que, remite a una entidad sumamente enigmática y de difícil comprensión.
Quizás, se vuelva oportuno entonces, mostrarnos cautelosos ante tan vasto itinerario, para transitar así nuestro recorrido con cierto estupor. Aquí, ofreceremos algunas maneras de pensar al amor, sin por ello, caer en la simpleza de reducirlo a polvo, tratando de captar su potencial para transformar realidades y crear mundos diferentes. Ante los desafíos impuestos por las presentes mutaciones en las formas de relacionamiento humano, íntimamente asociadas a las maneras de producir, transmitir y consumir objetos culturales, es que se vuelve necesaria una reflexión sobre los alcances de un amor que
trascienda las fronteras de la ignominia, el cinismo y el desinterés por el otro que se encuentran ubicados en la adyacencia de la vida reducida a espectáculo, para de este modo, poder indagar la metamorfosis del mundo emocional contemporáneo desde una lógica del cultivo y el cuidado en clave a resignificar ciertos aspectos de un amor romántico “bien entendido”. ¿Y si pensamos al amor desde su impersonalidad? En tal caso ¿Qué significa amar lo inasible? ¿Es posible un amor fundado en la desposesión? Por el Sócrates de Platón 4 conocemos la célebre doctrina sobre Eros 5 que insistentemente ha
circulado como inspiración de diversas tematizaciones filosóficas, esto es, la explicitación de una consideración general del amor representado tradicionalmente como un deseo
acompañado de falta, dicho en otros términos, el amor entendido como deseo de algo que no poseemos. Así, el amor como apetito –appetitus- siempre se encuentra ligado a un objeto determinado que se busca como un bien que nos hará felices una vez poseído y que a la vez deseamos no perder. Esta versión del amor como deseo de un bien, involucra también el temor asociado a la pérdida, el cual, surge con posterioridad a la obtención del objeto deseado 6. A su vez, al tratarse de un objeto temporal del que no
tenemos ninguna certeza sobre los límites de su duración, el movimiento apetitivo que se dirige hacia el objeto amado coloca al amante en un estado de constante incertidumbre, ya que este último, desconoce la concatenación de causas que determinan al objeto a ser y actuar de cierta manera. En efecto, la condición del ser deseante en tanto característica esencial de lo humano, es como afirma Spinoza, la fluctuación anímica -fluctuatio animi-, vale decir, un estado o disposición de la mente que brota de dos afectos contrarios 7; por
un lado, la conciencia de que apetecemos o amamos un bien que no poseemos pero que deseamos en la medida que su obtención nos hará felices –lo bueno por sí-, y por otro, el miedo que surge con posterioridad a la alegría que brotó de la obtención de dicho bien como una inseguridad ante su posible pérdida.
Ahora bien, si tomamos por caso la clase de bienes temporales que los seres humanos desean con habitualidad, podemos dilucidar la manera en cómo ciertas estructuras sociales producen determinados deseos. En este sentido, según afirma la socióloga israelí Eva Illouz en uno de sus estudios recientes 8, el amor -como el resto de las emociones- no
se encuentra asociado exclusivamente a características fisiológicas o psicológicas de los individuos, sino que, también involucra un proceso de construcción cultural que surge del
4Quien según se cuenta en el Banquete recibió de labios de una sacerdotisa Mantinea llamada Diotima las enseñanzas sobre el amor. La mujer en palabras de Sócrates, era sabia en “estas y muchas otras cosas”. Cfr. Platón. Banquete. 201d. 5Un semidiós nacido de Poros -Dios de la oportunidad y la utilidad- y Penia -Diosa de la pobreza- en una fiesta en honor a Afrodita -Diosa de la belleza-; el amor según narra la historia, se encuentra por allí vagando “descalzo y sin casa” por la naturaleza indigente de su madre y “ávido de sabiduría y rico en recursos” gracias a la estirpe de su padre, siempre en pos de la belleza y la bondad, pues es un defensor de Afrodita. Al ser un semidiós -ni mortal ni inmortal- Eros –o el amor- se encuentra en un plano intermedio entre lo divino que es depositario de una absoluta belleza, bondad y verdad, y lo terreno o humano, que por su finitud e imperfección carece de una belleza, bondad y sabiduría completas. Pl. Banq. 202d. Eros es entonces, lo que comunica el ámbito de lo divino y lo humano. Pl. Banq. 203d.
6Hannah, Arendt, “El concepto de Amor en San Agustín”, Ediciones Encuentro, Madrid, 2001, pp. 25-26.
7Spinoza, Baruch, “Ética demostrada según el orden geométrico”, Editorial Nacional, Madrid, Parte tercera, Proposición
XVII, Escolio, p. 159.
8Cfr. Illouz, E. “El consumo de la utopía romántica. El amor y las contradicciones culturales del capitalismo”, Katz,
contexto en el que este mismo se presenta. Por lo tanto, cabe afirmar -siguiendo a Illouz-, que las distintas narrativas configuradas en los imaginarios de deseabilidad se encuentran determinadas por las estructuras de reproducción del conjunto de afectividades asociadas a la comercialización, el intercambio y la obtención de ciertos bienes de consumo 9. Por lo que, el carácter de las afinidades electivas puede rastrearse a
partir del vínculo que mantiene el sistema económico basado en el mercado y la experiencia del romance tal y como la cultura del amor romántico la promueve 10. Para la
autora entonces, al apropiarse del romance, el mercado determina las vivencias románticas de los sujetos en la vida cotidiana a través de imágenes y mensajes que se difunden en revistas, escenas cinematográficas y canciones populares 11, las cuales, al ser
difundidas masivamente a través de diversos medios de comunicación, efectivizan la reproducción y el afianzamiento de determinados parámetros de deseabilidad estructurados y estructurantes. Esta relación fetichizante con los objetos de consumo, va acompañada de una “mercantilización del romance” en donde las prácticas amorosas se van asimilando y entrelazando cada vez más con el consumo de las tecnologías y los artículos dedicados al ocio que ofrece el mercado. Así, el deseo de ciertos bienes temporales se encuentra heterodeterminado por un conjunto de principios y valores culturales que definen las características de lo deseable como forma de ver el mundo y de actuar en él, sobre la base de una reproducción sistemática de códigos sociales gobernados por la mercadotecnia, la publicidad y la promoción del consumo de ciertos bienes materiales e inmateriales. En definitiva, y siguiendo a la doctrina clásica del amor, parece evidente que la producción y reproducción de los deseos socialmente estructurados que versan sobre los objetos finitos, ocasionan en el sujeto de deseo una serie de movimientos apetitivos de apropiación, dirigidos hacia bienes perecederos, que motivan una inevitable fluctuación anímica, la cual, puede ser descripta como una alegría inconstante que brota del afán por la obtención de ciertos bienes que se renuevan permanentemente en el consumo, pero además, como una tristeza producida por la competencia que se genera entre los individuos que anhelan -románticamente- disponer de los medios necesarios para la obtención y la conservación de dichos bienes.
Así y todo, todavía cabe preguntarnos: ¿es posible pensar en otro sentido al amor romántico? Si así fuera ¿Cómo problematizar esta dimensión de revestimiento trágico que toda vida humana aloja en sí misma por el hecho de ser una finitud deseante? Quizás existan algunas figuras literarias pertenecientes al acervo universal de la cultura que nos permitan reflexionar sobre las posibles formas de abjurar de la mercantilización del romance actual, en tanto que este último, circunscribe al amor a ciertas prácticas estructuradas que efectivizan la estabilización de determinados principios y valores de deseabilidad dominantes. Sin ir más lejos, tal vez una remisión a nuestro pasado ibérico e hispanoamericano nos ayude a ilustrar el enfoque autoreflexivo que aquí queremos
9Ibid., p. 50.
10Ibid., p. 71-70.
proponer como insumo para abordar críticamente nuestro presente: en su Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha de 1605, Miguel de Cervantes nos ofrece una imagen caricaturesca pero verídica del espectáculo amoroso de su tiempo: la pasión por los cuentos de caballería en Don Quijote, la avidez por las aventuras, la persecución del honor como paradigma del reconocimiento social, entre otros elementos del relato, describen un subterfugio imaginario a partir del cual Cervantes pudo elaborar críticamente su visión de una España oprimida por la moral de la honra heredada de las formas de vida medievales12. De este modo y a través de una emblemática figura satírica, es que
Cervantes pudo configurar una narrativa poderosa que permitió entrelazar el fuerte cuestionamiento al orden social vigente con una vindicación del acuciante deseo de remendar un mundo defectuoso. En este sentido es que el escritor ruso Iván Turguénev, afirma que, en la noble idea de total abnegación 13 representada por Don Quijote, puede
vislumbrarse una “fe en algo eterno e inmutable”, vale decir, el amor por una “verdad superior situada fuera del individuo”, que es accesible pero que “exige trabajos y sacrificios”14; pues según Turguénev, el egoísmo se diluye en la medida en que Don
Quijote vive fuera de sí y para los demás, luchando contra el mal, combatiendo románticamente las fuerzas enemigas del hombre, sin atisbo por un cuidado de sí, con pura abnegación 15 y entrega desinteresada. En definitiva, al recuperar ciertos elementos
altruistas del personaje, el lector crítico de la obra nos ofrece la idea de un amor romántico entendido desde una total desposesión, al tiempo que, la narrativa literaria opera como registro simbólico sobre el cual se trastocan las expresiones significativas de ciertos discursos sociales sobre el amor operantes en una época y en un contexto determinado. Estas intervenciones en el plano simbólico, encuentran en la prosa de Cervantes un admirable vehículo polemizador que permite abordar de una manera significativa la inversión del juego de verdad que afianza la estructuración del deseo en el sentido común. En efecto, a través de una genealogía poética que corre el velo y permite vislumbrar el tipo de amor romántico que ha sido negado por el vigente, es que se da lugar a la importancia de un amor que otorga prioridad a los sentimientos por encima de los intereses sociales hegemónicos, el privilegio de la gratuidad por sobre el beneficio, y que proclama en última instancia, la supremacía de las relaciones humanas gobernadas por la entrega desinteresada del propio ser, abriendo camino a un orden social alternativo, que en un aura de transgresión, promete la exigencia de un mundo común más justo.
II. Lógica del cultivo
Por lo visto, en la configuración del mundo emocional contemporáneo el amor se presenta como un deseo socialmente estructurado, esto es, existen un conjunto de mediaciones simbólicas afianzadas y sostenidas por ciertas reglas de juego y valores
12Miguel de Cervantes, “Don Quijote de la Mancha”, Gredos, Madrid, 2015, estudio introductorio, XXIV. 13Turguénev, Iván, “Hamlet y Don Quijote”, sequitur, Madrid, 2008, p. 14.
14 Ibid., p. 16. 15 Ibid., p. 17.
hegemónicos en distintos campos de la cultura que se actualizan en prácticas diversas como formas de mercantilización del romance. En este sentido, la producción de ciertas disposiciones a actuar, pensar y comportarse de cierta manera mediatizadas por la tiranía de la imagen, la información y la propaganda, inscriben al amor en lo Erich Fromm denomino el “mercado de la personalidad”, vale decir, la difusión de un conjunto de características específicas que hacen deseable a ciertas personas dependiendo de la moda de una época 16, haciendo del objeto amoroso una mercadería humana y
convirtiendo al acto de enamorarse en un cálculo costo beneficio gobernado por los valores mercantiles del intercambio y el interés maximizador. Este escenario de deshumanización del amor y de la vida que restringe el relacionamiento humano al conjunto de signos que mediatizan el movimiento autónomo de lo no-viviente, es lo que Guy Debord denominó espectáculo 17, vale decir, la transformación del mundo vivido en
representación, y por lo tanto, el autorretrato del poder de la época que en su gestión totalitaria de las condiciones de existencia, genera la apariencia fetichista de pura objetividad en las relaciones espectaculares, escondiendo el carácter de relación entre seres humanos y clases sociales 18. Es por esto que, pensar en otro sentido al amor,
requiere de un trabajo reflexivo sobre estas condiciones de vida, en donde la explicitación intensiva de la génesis del sentido común, tiene un rol clave en la dilucidación de las condiciones en que se generan determinadas disposiciones duraderas y transferibles que producen ciertas prácticas individuales y colectivas deshumanizantes. En este sentido, la pregunta por un afuera radical que posibilite el establecimiento de un periplo crítico del intelecto hacia el conjunto de determinaciones históricas naturalizadas en la acción y en el pensamiento, requiere de un trabajo sacrificado y abnegado que permita romper las amarras de la interacción inauténtica con la existencia cotidiana de los mundos vividos en soledad. Este fuera de sí, no es más que un deseo de construcción de comunidad como espacio de interacción liberadora en el que la vida en sociedad puede realizarse al tiempo que los individuos se realizan en la virtud y la utilidad mutua, esto es, la búsqueda de una razón afectiva común que suprima el estado de servidumbre en el que se encuentran los seres humanos sin auxilio mutuo, habilitando así la posibilidad de descentrar el juego ilusorio de la representación automática, construyendo trayectorias de autonomías reflexionantes y emotivas. Aquí, nuestro humilde pretensión es arrojar luz sobre la necesidad de construir una sociedad que nos vuelva depositarios de una responsabilidad en la elaboración de esos vínculos de liberación comunes, los cuales, exigen una laboriosa tarea de cuidado y cultivo de las capacidades y las potencialidades humanas bajo una lógica concordante y articuladora de las diferencias, que en un convite generoso y solidario, facilite la de-construcción individual y colectiva de nuestras prácticas amorosas.
El término “cultura” –al igual que el resto de los conceptos-, no posee un significado unívoco, en la medida en que, su contenido semántico ha sufrido una serie de variaciones como parte de un largo proceso de transformación histórica, que implica a su vez, la
16 Erich, Fromm, “El Arte de Amar”, Paidós, Buenos Aires, 2011, p. 15.
17 Guy, Debord, “La sociedad del espectáculo”, Naufragio, Santiago de Chile, 1995. 18 Ibid., p. 24.
existencia difícilmente abarcable de un conjunto de definiciones cuyo abordaje no emprenderemos aquí. Por lo pronto, partiremos arbitrariamente de una acepción clásica dada por la filósofa brasileña Marilena Chauí en su ensayo Cultura y democracia:
“Proveniente del verbo latino colere, en su origen cultura significa cultivo, cuidado. Era el cultivo y el cuidado de la tierra (agricultura); de los niños (puericultura); y de los dioses y lo sagrado (culto). Como cultivo, la cultura era una acción que conduce a la realización de las potencialidades de algo o de alguien, era hacer brotar, florecer y beneficiar.”19
En esta definición la autora intenta conservar un sentido extraviado de la noción de cultura que durante el siglo XVIII fue pasible de una serie de desplazamiento semánticos operados por la Filosofía de la Ilustración 20. Para Chauí, la asimilación iluminista que
entendió a la cultura como sinónimo de civilización, elaboró un concepto asociado a la idea de un tiempo lineal y teleológico, esto es, una visión de la cultura identificable con la perspectiva del progreso. Así entendida, la cultura se nos muestra a través de acotados límites que marcan una frontera medible entre lo civilizado y aquello que se encuentra en el plano de la barbarie o de la incultura, siendo el conjunto de prácticas que permiten valorizar y jerarquizar los regímenes políticos según su estado de evolución, la clave para el análisis del desarrollo alcanzado por determinadas sociedades. La distinción entre civilización y barbarie -como así también entre cultura y naturaleza- funcionan en la filosofía ilustrada como categorías dicotómicas que permiten evaluar el nivel de desarrollo de una sociedad con respecto a otra dependiendo de si se acerca o se aleja a tales polos del proceso histórico-evolutivo, aunque también, estas categorías aplican a aquellos individuos que por su educación o nivel de instrucción se acercan o se alejan de dichos parámetros según su grado de civilidad. En este sentido, estableciendo un paralelo con el mundo contemporáneo, Chauí sostiene que el modo de producción capitalista que da origen a la sociedad tiene como marca característica las relaciones culturales que se instituyen entre los individuos que producen y reproducen su existencia en función de una división social de clases. Por lo tanto, existe una cultura formal, letrada, dominante, y una cultura popular, que corre espontáneamente en las vetas de la sociedad 21. Así, la
marca distintiva de la comunidad como indivisión interna bajo la idea del bien común o el sentimiento de un destino compartido entre sus integrantes, en el mundo del primado de la mercancía y el individualismo posesivo, se encuentra bloqueada por el conjunto de representaciones automáticas que transforman el mundo vivido en un terreno fragmentario en el que los bienes culturales aparecen no como productos espirituales de una comunidad, sino como objetos a ser consumidos y apreciados por su valor en el mercado. En efecto, el hecho de poder disfrutar de estos bienes –tener el capital simbólico, económico y cultural para hacerlo- otorga la garantía de acceso y pertenencia a cierto estatus social de clase, en la medida en que, existen obras caras y raras que pueden ser gozadas por ciertos individuos privilegiados y obras baratas y comunes
19 Chauí, Marilena, “Cultura y Democracia”, Cuadernos de Pensamiento Crítico Latinoamericano, no. 8. Buenos Aires,
Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Mayo 2008.
20 Idem.
destinadas a las masas, siendo las industrias culturales, aquellas ramas de la producción que sobredeterminan la división social del trabajo cultural, orientando el consumo de ciertos bienes, ya sea hacia una elite “culta” o hacia una masa “inculta”, negando la posibilidad de que todos por igual puedan tener el mismo derecho a producir y disfrutar de los objetos culturales.
En oposición al mero consumo de objetos destinados al ocio y el entretenimiento, los circuitos subalternos de la cultura, sustraídos de “la degradación del ser en tener y del tener en parecer” como fases de la dominación de la economía sobre la vida social, ofrecen frondosos espacios de creación y transformación de la vida comunitaria. Así como, el amor romántico liberado de su determinación fetichizante abre camino a la de-construcción de las relaciones humanas dominadas por la cosificación; la cultura comunitaria deslindada de los intereses del mercado y la publicidad, renueva y actualiza el mundo de sentido construido colectivamente en su permanente experimentación de lo nuevo, ya sea por su trabajo comprometido con la transformación de la materia social, o, el rechazo a los parámetros evolutivos impuestos por los procesos civilizatorios del capitalismo y la sociedad de consumo. Este desplazamiento, involucra una subversión de la lógica alienante propia de la reproducción mecánica del mundo de lo no-viviente sometida a la pasividad de la representación, en la medida en que, su lógica alternativa requiere de la ejecución de procesos de reflexión y acción en común en los que todos los individuos son parte de la construcción del saber sobre las prácticas. Dicho movimiento de razón cooperativa lleva aparejado en su ejercicio, la exigencia de un derecho ciudadano de acceso a los bienes y las obras culturales, pero también, el correlato activo de la lucha por los recursos para hacer cultura y participar en las decisiones sobre la política cultural. Pues, como dijo Hegel con admirable elocuencia en su célebre
Fenomenología del espíritu: “Esta comunidad no está todavía acabada y completa en esta autoconciencia suya; su contenido en general esta para ella en forma de representar, y esta escisión también la tiene aún en ella la espiritualidad efectiva de la comunidad, su retorno a partir de su representar, igual que el elemento del pensar puro (…) la comunidad no tienen tampoco conciencia de lo que ella es; ella es la autoconciencia espiritual que no se es así como este objeto, o que no se abre y desvela como conciencia de sí misma, sino que, en la medida en que es conciencia, tiene representaciones que ya hemos examinado”22.
*Francisco Rivera (Córdoba, 1994) trabaja como productor de contenidos en un medio de comunicación comunitario de la Ciudad de Córdoba. Se encuentra transitando el quinto año de la Licenciatura en Filosofía (UNC) además de formarse como Auxiliar Docente.
Nudes y beboteo:
la conquista política de las multitudes Queer
por Belén Pretto*
Alumna de Periodismo Cultural en Instituto Cultura Contemporánea
¿Cuándo vamos a volver a coger? Nos preguntamos al mismo tiempo, cuando enfrentamos el súbito anuncio presidencial de Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio en la penúltima tarde de verano del 19 de marzo del 2020, mientras el sol se escondía en el horizonte del hemisferio sur. Posta, ¿cuándo vamos a volver a coger? Nos preocupamos al mismo tiempo, aunque tal vez hacía rato que ya no cogíamos. No importa, nos preocupamos igual. Por las dudas. Quizás porque ahora tampoco nos quedaba la posibilidad de rechazar un posible encuentro sexual. No teníamos siquiera la chance de tener una cita espontánea, ni generar falsas expectativas sobre un poco factible romance momentáneo y fugaz. Básicamente, el corte abrupto de la sociabilidad subió al palo los niveles de ansiedad individual en el medio de una intensa incertidumbre por el futuro y de una inmensa incapacidad de controlar el presente. A pesar de eso, no rompimos las normas porque entendimos al instante los riesgos que implicaba, así que simplemente no nos juntamos.
No importa, porque en la virtualidad tenemos alternativas y con un smartphone en la mano le encontramos la vuelta. La infraestructura del capitalismo de plataformas 23
aprovechó para potenciarse al extremo y desplegarse en todos los ámbitos de nuestra vida, en un intento desesperado de reemplazar la tan necesaria sociabilidad. Nos sirvió como un auxilio esperanzador en un mundo colapsado y confundido: listados y recomendaciones de contenido en Netflix, rutinas de ejercitación física, libros en pdf, coreografías en TikTok, compras online innecesarias, el crecimiento exponencial del servicio de delivery, a costa de trabajo precarizado sin seguridad social. Memes, memes y más memes. Una insoportable bruma informativa signada por paranoia con tintes apocalípticos no fue para nada fácil de controlar, pero por suerte algunas personas encontramos salidas entre humo de marihuana y masturbación.
Los medios no tardaron demasiado en difundir los datos económicos, encuestas privadas y anuncios públicos con particular tono de sorpresa y sensación. Se incrementó en un 70 por ciento las ventas de porongas de goma y succionadores de
23 Srnicek, N. (2018). Capitalismo de plataformas. Buenos Aires: Caja Negra.
clítoris24. PornHub liberó contenido pago. Tinder habilitó videollamadas. Zoom triplicó
su valor en Wall Street, ahora el CEO de la empresa domina el mundo y se masturba con la reproducción de nuestros orgasmos grabados, que nos robó sin pedirnos autorización para acceder a la información de nuestros dispositivos. El Gobierno nacional recomendó la paja y el sexting para garantizar el aislamiento social 25. Esto
último quizás sirvió para darle más cabida y legitimidad a la práctica al menos en materia discursiva, durante aquellos primeros meses en que la confianza en el Estado parecía irrevocable.
El sexting no se inventó ni surgió en la cuarentena, eso está claro. Es una tendencia que viene en ascenso desde hace tiempo, y que se está amoldando cada vez más a las nuevas coyunturas y transformaciones culturales latentes. De a poco, se adapta a la contemporaneidad de los movimientos sociales atravesados por una mayor conciencia en las relaciones sociales con perspectiva de género. El feminismo de esta nueva era, una corriente con efervescencia y relevancia irrefrenable, se apropió simbólicamente de la sexualidad e impuso formas diversas e igualitarias de vincularse. Sin ir más lejos, recuerdo que hace unos cinco años atrás, la entrecomillada filtración de contenido erótico particularmente con mujeres en primer plano era bastante “común”. Pero esas imágenes que circulaban clandestinamente a través de grupos de WhatsApp u otras redes, tenían la clara intención de estigmatizar a su protagonista y se tendía más a prestar atención a la “integridad moral” de la mujer expuesta, que a quien malintencionadamente lo ponía a circular.
Al mismo tiempo, las mujeres éramos también quienes lanzábamos opiniones, aludiendo a una supuesta “promiscuidad” de esas chicas, aún sabiendo que las protagonistas de los videos o fotos podríamos ser nosotras mismas. Las mujeres también operamos como agentes de reproducción de discursos señaladores, sedimentados en la cultura heterocentrada: el deber ser de la imagen y el comportamiento de la mujer de bien. Los materiales circulaban como una pequeña dosis de porno casero pero con más adrenalina, porque el carácter de “no consensuado” lo volvía más morboso. Excitante. Intrigante. Pero de a poco empezamos a incomodarnos cada vez más con ese tipo de situaciones. Y aunque es probable que esto siga pasando, las que empezamos a cambiar las reglas del juego fuimos nosotras.
Hubo un click.
El tráfico de imágenes eróticas no consensuadas, sextorsión o pornovenganza 26, como
lo define la Justicia en Argentina, está contemplado desde hace muy poco tiempo como delito informático dentro del Código Penal, con una condena de entre seis
24 Rocío Magnani, “Aislamiento sin tabúes: creció la venta de juguetes sexuales en la cuarentena”, disponible online en
Clarín, 31 de julio de 2020.
25 “Covid-19. Recomendaciones para sexo seguro”. Archivo del Ministerio de Salud de la Nación, disponible online en
msal.gob.ar, 16 de abril de 2020.
meses y dos años, con resarcimientos económicos. La pena puede agravarse ante la existencia de vínculos entre las partes implicadas, si la víctima es menor de edad o si el contenido se utilizó con fines de lucro. El motivo por el cual el tráfico ilegal de contenido erótico se enfocó siempre en la exposición de las mujeres, a mí parecer, tiene estrecha relación -entre otras cosas- con la circulación y producción de pornografía: una industria conformada por y para los hombres, que circula entre hombres y con mujeres en el centro de la escenificación, por lo general acompañada de comentarios degradantes o con violencia verbal ejercida sobre sus cuerpos. El porno siempre se caracterizó por su efectivo potencial para imponer la heteronormatividad y funciona también como material “educativo” para los jóvenes que se inician en la sexualidad, ante la deficiencia de educación sexual desde el placer en las escuelas o en las familias. La pornografía tiene el poder de representar de forma explícita mediante imágenes literales la asimetría entre los géneros y sus roles asignados de manera performática.
El concepto de género performativo fue gestado por la reconocida filósofa estadounidense Judith Butler 27: lo femenino implica cumplir con ciertas normativas,
como un ritual de convenciones impuestas socialmente desde la perspectiva heterosexual. Lo mismo ocurre con “lo masculino”. El género que construimos es una manera de representarnos ante el mundo, actuamos de cierta manera, asumimos responsabilidades, y al mismo tiempo producimos una serie de efectos ante la sociedad, de acuerdo a lo que somos, a nuestro género. Crecimos con la palabra de nuestros padres y maestros imponiéndonos la manera en que debíamos vestirnos, separando las actividades propias para cada género: esto es de nenes y esto es de nenas. El color rosa versus el color azul. Las muñecas versus los autitos. Juegos de cocina contra armas bélicas. Entonces, siguiendo los conceptos de Butler, en el ámbito sexual a las mujeres históricamente se les atribuyó la capacidad reproductiva por encima del placer y del deseo. Nacimos para ser madres, según las instituciones formales e informales.
Por otra parte, la autora italiana Silvia Federici 28, en su libro Revolución en Punto Cero,
señaló al carácter reproductivo de las mujeres como la base sobre la que se sostiene el capitalismo. De esta manera, uniéndose con las ideas de género performativo de Butler, existe una presión y represión ejercida sobre la libertad sexual de la mujer, porque se considera que ésto atenta contra la supuesta naturaleza reproductiva de su ontología, perjudica su razón de ser, su misión en este mundo. Entonces, aunque parece una comparación retrógrada y simplista, el origen de esta conducta represiva que tiende a estigmatizar y señalar a mujeres que protagonizan estos videos filtrados está, según Federici, en el proceso de adoctrinamiento en la cual se implantan ciertas normativas que tienden a hacer cumplir su papel como aparato reproductor y
27 Butler, Judith. (2007). El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. Barcelona: Paidós.
28 Federici,Silvia (2013): Revolución en punto cero. Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas, Traficantes de Sueños, Madrid. Reseñado por Maria Medina-Vicent, Universitat Jaume I.
quitándole la posibilidad de practicar una sexualidad para otro fin que no fuera éste (Federici, 2004). Qué atrocidad caer en la cuenta de que las mujeres puedan coger libremente y que encima les guste. Mirala cómo disfruta, eso es de puta.
Por eso el tráfico de imágenes eróticas no consensuadas es punitivo y estigmatizante para la propia víctima, porque esa imagen exhibidora e in fraganti, revela el quebrantamiento de una normativa heterosexual y expone también el deseo y la libertad sexual del sujeto femenino con fines no reproductivos. Más aún si la mujer es captada manifestando placer extremo. Incomoda, desconcierta. Al mismo tiempo, esa condena social tiene un profundo vínculo con lo que Paul B. Preciado 29 definió como la
sexopolítica. Este término implica la idea de que las prácticas en la sexualidad forman parte de los cálculos de poder mediante discursos que buscan normalizar conductas y prácticas sexuales, operando como agentes de control sobre la vida (Preciado, 2004).
Es por eso que el sexting ha sido abordado por la academia en los últimos años como una práctica riesgosa ligada a la cosificación y a la violencia, y particularmente utilizada como herramienta extorsión o descrédito ético contra las mujeres. Existen una inmensidad de estudios de investigación que apuntan al sexting como sinónimo de peligro para las jóvenes. Algo parecido se puede ver en el ámbito periodístico también. Muchos medios masivos y reconocidos de todo el mundo lanzaron alguna nota de opinión que tiende a estigmatizar la práctica y alertar sobre el peligro para el desarrollo sexual de los adolescentes.
Sin embargo, en estos últimos años muchos también empezaron a hablar de los beneficios del sexo virtual, recomendando tips y aplicaciones para incitarnos a hacerlo. Hablamos del sexting entendido como una práctica dialógica, recíproca, consensuada e intencional. Lentamente (¿o fue de golpe?) esas discusiones de carácter científico y social, enfocados en el quebrantamiento de las intimidades, empiezan a quedar un poco viejas. Hoy, el sexo virtual se tiende a ver más por las nuevas generaciones como una oportunidad para mantener vivo el deseo, que es el combustible del erotismo de esta nueva era.
Las mujeres estamos dejando de tenerle miedo a la filtración de contenido. Lo que antes era una herramienta de extorsión o de estigmatización hoy carece de efecto concreto. Antes había peligro, corríamos el riesgo de que desestabilice nuestra vida social, podíamos hasta perder empleos, ser echadas de colegios, sometidas a terapias psicológicas y quedar marcadas por recuerdos dolorosos e injustos. Pero de a poco, revertimos esa vulneración y la convertimos en un orgullo personal. Transformamos los riesgos en placer extremo, deseo vibrante y amor propio.
29 Preciado, Beatriz. Multitudes Queer. 21 de mayo de 2004. Recuperado de:
No solo dejamos de tener miedo, sino que producimos nuestro propio contenido y a veces lo hacemos público sin que nadie nos lo pida. Nos gusta ser miradas y mirar, pero también nos gusta mirarnos a nosotras mismas: autoerotismo a flor de piel. Nos gusta mirarnos entre nosotras. Cada vez más, las nuevas generaciones vamos dejando de concebir las imágenes eróticas como riesgosas ante una posible circulación indeseada, porque estamos orgullosos y orgullosas de disfrutar de nuestra sexualidad y poder expresarla libremente. El deseo está instalado. El goce personal se impuso como prioridad, como un derecho político.
Esto provocó que, progresivamente, carezca de sentido poner a circular imágenes sin consentimiento. La difusión malintencionada de esas imágenes pasaron a ser absurdas, cuestionables, delictivas y de mal gusto. Hoy somos testigo de un cambio de paradigma, la transformación de la idea de lo erótico pensado púramente para embeberse bajo fogocidad del placer. Suave. Húmedo. Duro. Vivo. Instalamos la idea del goce mutuo y plural en la sexualidad, en la percepción de nuestros propios cuerpos que fueron moldeados por un sistema punitivo, que excluía a quienes no se ajustaban a los parámetros hegemónicos. El goce es definitivamente uno de los síntomas del feminismo contemporáneo. La periodista Luciana Peker definió de una manera muy precisa este cambio sensitivo impulsado por las chicas: “Las mujeres estamos más encendidas porque somos parte de un movimiento político vibrante que tiene la intención de cambiar el mundo y eso nos pone más empáticas, por eso tenemos más deseo”.
Somos una subversión unificada que viene derribando estructuras forjadas en discursos que hoy vuelan como polvo invisible, se disipan y desaparecen. Ya no tienen lugar ni efecto en estas nuevas generaciones. Discursos que hacen eco en un terreno desolado, y se pierden en un abismo para no volver jamás (ojalá). Un movimiento con plena autonomía política, intelectual y cultural, la gran revolución del siglo XXI. Una manera explícita y literal de reconocer que queremos ser libres, pero no liberales - aclara Peker - por eso no se puede pensar en una autonomía absoluta, sino en una autonomía cooperativa. Una fuerza unificada que está cambiando el curso de la historia, dejando una huella que modifica las concepciones culturales, estéticas y sociales de las relaciones entre géneros, pero principalmente entre personas.
El movimiento feminista contemporáneo, a través de un cambio de actitud, tomó las riendas en esta transformación cultural y epistémica. Peker reivindica al sujeto mujer y al feminismo como la fuerza política que impulsó una revolución de empoderamiento: la actitud de ir al frente, de no pedir perdón ni sentir pudor. Sin embargo, esta revolución sexual que tiene como eje la manifestación del deseo despojado de estructuras y normativas de género a través de imágenes y expresión de libertades, no sólo está liderada por mujeres. Este cambio de paradigma debe leerse en clave Queer: multitudes diversas que también quieren mostrarse, aparecen en el centro de la escena y exponen su propia eroticidad imponiéndose ante la estética hegemónica y la
ética heterosexual. Las multitudes Queer se abren paso como agentes impulsores de esta nueva percepción diversa y deseante.
El feminismo sirvió como punto de partida para poner en jaque conservadurismos y para criticar los moldes que producen sujetos, restringiendo deseos y reprimiendo identidades. El movimiento Queer tomó esa postura crítica y amplió la visibilización de sujetos que también se alzaron contra las instituciones represivas manifestando deseos y exhibiéndose ante el mundo. Esta revolución sexual es diversa, disidente y muy crítica respecto a discursos heterocentristas. No se trata sólo de un cambio de conducta en las mujeres, de una nueva manera de encarar las relaciones y de la exhibición estética pública de cuerpos femeninos en contra de la represión masculina a través de redes sociales. Este nuevo paradigma sexual incluye también a las multitudes Queer que no implican simplemente sumar homosexualidad y excluir heterosexualidad, sino destronar heteronormatividad e incluir dentro de los parámetros de lo erótico a una diversidad de cuerpos que no se enmarquen sólo en las concepciones hegemónicas de lo erotizante. Se trata de desarmar la identidad propia de los sujetos como seres sociales y dejar de clasificarnos o dividirnos en lógicas binarias de géneros excluyentes, como si ciertas características nos permitieran ser parte de algún club de eroticidad.
Lo Queer representa el desafío de las normas heterocentradas, normas que implican el ejercicio de la sexopolítica desde prácticas discursivas que estigmatizan. Paul Preciado explica que las multitudes Queer “no son post-feministas porque quieran o deseen actuar sin el feminismo” sino al contrario: parten desde esa confrontación reflexiva del feminismo, pero se diferencian en que éste centraba su análisis en la revalorización de un sujeto político “mujer” y de esta manera seguía reproduciendo la norma hegemónica binaria y heterocentrada.
En cambio, lo Queer exige apropiarse de saberes/poderes sobre sexos, de rearticular y reconvertir la sexopolítica de producción de cuerpos “normales” o “anormales”. Y va más allá de las políticas “feministas” y “homosexuales”, porque la política de las multitudes Queer deconstruye las identidades heteronormados y se alza contra los regímenes que imponen “normalidad” o “anormalidad”. Lo que está en juego acá es cómo resistir a estas normas o cómo reconvertir las formas de sexopolítica (Preciado, 2004).
Hoy las manifestaciones expositivas son conscientes, intencionadas y con una producción premeditada de la imagen cargada de filtros, glitter y expresiones de deseo latente. El beboteo se impuso como concepto de bandera de las nuevas identidades diversas y disidentes. A través de una presencia más erótica en redes sociales, las multitudes Queer se manifiestan y exhiben públicamente sus cuerpos, muestran con orgullo parte de su sexualidad con fotos ardientes que no tienen otra intención más que expresar amor propio en plena libertad. Bebotear explícitamente, sin rodeos: nuestro derecho político.