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La Mesa. Sé Conocido. Sé Amado. Semana 1 La Mesa de Dios. Autor Lisa Scheffler

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Academic year: 2021

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La Mesa

Sé Conocido. Sé Amado.

Semana 1 | La Mesa de Dios

Autor Lisa Scheffler

Ya sea que esté hecha de fuerte pino, fina caoba o elegante vidrio y cromo, una mesa logra convertirse en el corazón de un hogar. Puede ser el lugar donde la gente se reúne para tomar café en la mañana, comidas rápidas, largas cenas o celebrar días festivos. Consigue ser un lugar donde se hacen nuevos amigos y los de antaño se ponen al día. Sobre ella se pueden escuchar estruendosas carcajadas o los silenciosos murmullos de una seria discusión. En un hogar donde todos son bienvenidos y la conversación fluye libremente, lo que sucede en la mesa puede dar forma a la vida de quienes están sentados a su alrededor.

Sin embargo, para muchos de nosotros la mesa está subutilizada, al menos con el propósito de reuniones. Nuestras mesas están cubiertas con una serie de cosas de la vida cotidiana y

moderna, sus superficies llenas de correo, documentos, proyectos escolares e incluso, ropa por doblar. Nadie limpia la mesa porque elegimos reunirnos frente a una pantalla, es decir, si es que nos reunimos.

¿Y qué hay de reunirnos con personas más allá de nuestras propias familias? Incluso antes de que COVID-19 se convirtiera en una preocupación, solo algunos de nosotros recibíamos a personas con regularidad y era raro que invitáramos a alguien nuevo; tampoco nos reuníamos alrededor de mesas de restaurantes o cafeterías. Antes de la pandemia, ¿cuándo fue la última vez que cenaste o tomaste un café con alguien que no conocías bien y que los negocios no estuvieron involucrados?

Por supuesto, no se trata realmente de una mesa física, sino de lo que representa el tiempo alrededor de una mesa. Demasiadas personas en nuestra comunidad viven vidas aisladas, están abrumadas por la vida, pero tienen muy pocas conversaciones significativas sobre cosas verdaderamente importantes, les falta un sentido de conexión y pertenencia. Muchas son como islas en un archipiélago, solas y separadas por el mar, pero Dios nos diseñó para ser como ramas de un árbol, conectadas entre sí por el tronco y alimentadas por las raíces para que podamos prosperar.

La mesa es un símbolo de familia, comunidad y presencia fiel. Es un símbolo de nuestro profundo deseo de ser conocidos y amados, la vemos en las Escrituras como un lugar donde Dios habita y provee a su pueblo. Dios pone una mesa para nosotros y nos une a su alrededor.

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Durante las próximas semanas, discutiremos La Mesa de Dios a medida que desvelemos la nueva visión de Christ Fellowship. Nuestro enfoque es reducir la soledad, ansiedad y adicción logrando conversaciones significativas donde las personas experimenten a Cristo a través de nosotros. Les pedimos a todos los que llaman hogar a esta iglesia, que acepten la invitación de Dios para unirse a él como anfitrión de la mesa, convocando a otros a experimentar la

presencia de Cristo a través de la comunidad de su pueblo, compartir una mesa y tener una conversación significativa.

Día 1

El tema de la mesa se puede rastrear a través de la Biblia desde Génesis hasta Apocalipsis. A partir de la próxima semana, consideraremos la Última Cena, la Cena del Señor y la fiesta de bodas del Cordero en el libro de Apocalipsis. Esta semana, haremos una breve encuesta de

"mesas" desde Génesis hasta Éxodo y hacia los Evangelios.

En la Biblia, la mesa siempre ha sido un lugar de presencia donde Dios está con su pueblo y su pueblo se encuentra uno con el otro. También es un lugar de paz donde hay armonía, amor y buena voluntad entre quienes se reúnen a su alrededor. Y debido a que Dios es tan generoso, es un lugar de provisión abundante donde todos están llenos y satisfechos. Las "mesas" que veremos esta semana demuestran las tres cosas.

Comencemos con partes de Génesis 1 y 2. Si bien no se menciona ninguna mesa, todo lo que simboliza una mesa (presencia, paz y provisión) estuvo allí desde el principio.

Lee

Génesis 1:26–31 (NVI)

26 y dijo: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza.

Que tenga dominio sobre los peces del mar, y sobre las aves del cielo;

sobre los animales domésticos, sobre los animales salvajes, y sobre todos los reptiles

que se arrastran por el suelo».

27 Y Dios creó al ser humano a su imagen;

lo creó a imagen de Dios.

Hombre y mujer los creó,

28 y los bendijo con estas palabras:

«Sean fructíferos y multiplíquense;

llenen la tierra y sométanla;

dominen a los peces del mar y a las aves del cielo, y a todos los reptiles que se arrastran por el suelo».

29 También les dijo: «Yo les doy de la tierra

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todas las plantas que producen semilla y todos los árboles que dan fruto con semilla;

todo esto les servirá de alimento.

30 Y doy la hierba verde como alimento a todas las fieras de la tierra,

a todas las aves del cielo y a todos los seres vivientes que se arrastran por la tierra».

Y así sucedió. 31 Dios miró todo lo que había hecho, y consideró que era muy bueno.

Y vino la noche, y llegó la mañana:

ese fue el sexto día.

Génesis 2:8–18 (NVI)

8 Dios el SEÑOR plantó un jardín al oriente del Edén, y allí puso al hombre que había formado. 9 Dios el SEÑOR hizo que creciera toda clase de árboles

hermosos, los cuales daban frutos buenos y apetecibles. En medio del jardín hizo crecer el árbol de la vida y también el árbol del conocimiento del bien y del mal.

10 Del Edén nacía un río que regaba el jardín, y que desde allí se dividía en cuatro ríos menores. 11 El primero se llamaba Pisón, y recorría toda la región de Javilá, donde había oro. 12 El oro de esa región era fino, y también había allí resina muy buena y piedra de ónice. 13 El segundo se llamaba Guijón, que recorría toda la región de Cus. 14 El tercero se llamaba Tigris, que corría al este de Asiria. El cuarto era el Éufrates

15 Dios el SEÑOR tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara, 16 y le dio este mandato: «Puedes comer de todos los árboles del jardín, 17 pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer. El día que de él comas, ciertamente morirás».

18 Luego Dios el SEÑOR dijo: «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada».

• ¿Dónde ves evidencia de la presencia, paz y provisión de una mesa?

Medita

Al principio, Dios creó los cielos y la tierra como el lugar donde moraría. La humanidad fue creada para vivir en la presencia de Dios en el jardín que hizo para ellos, el Edén. Aquí, Dios proveyó todo lo que las primeras personas necesitaban. Un río traía agua fresca a través del jardín, y sus árboles ofrecían abundante comida. Lo mejor de todo es que Dios estaba allí ofreciendo su amor y guía mientras la humanidad aceptaba su tarea de gobernar y cultivar la creación.

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En el mundo que Dios diseñó debía haber una armonía gloriosa, no solo entre Dios y la humanidad, sino entre las personas. Todos se habrían sentido conocidos y completamente amados. No existía egoísmo, por lo que no habría necesidad de autoconservación. No había envidia, por lo que solo habría cooperación. No había miedo a la escasez, por lo que todo se podía compartir voluntariamente. No había odio ni amargura, por lo que no habría nada que proteger u ocultar. Adán y Eva y todos sus descendientes, solo habrían conocido paz, alegría y abundancia alrededor de la mesa del Señor.

Por supuesto, la rebelión y el rechazo de la primera pareja a la presencia y provisión de Dios, afectaron su relación con el Señor. Tenían que abandonar la presencia inmediata de Dios y mantenerse por sí mismos. Ahora ellos y sus descendientes lucharían con el orgullo, egoísmo, celos, odio y miedo, y eso haría imposible la paz del jardín.

Sin embargo, Dios no iba a renunciar a su pueblo. Inmediatamente comenzó a trabajar en una forma de asegurarse que su mayor necesidad de ser plenamente conocidos y amados, se

cumpliera. Pondría más mesas delante de ellos y los invitaría a disfrutar de la comunión con él y entre ellos. Mañana revisaremos algunas de las "mesas" en el resto de las Escrituras hebreas.

Responde

• ¿Qué significa una mesa para ti? ¿Tienes buenos recuerdos al alrededor de "una mesa"

(ya sea una mesa literal o no) con personas que te conocen y se preocupan por ti?

¿Cómo es eso? ¿Desearías haber experimentado eso más a menudo? ¿Qué impide esa experiencia?

• ¿Te sientes conocido y amado por Dios? ¿Por qué o por qué no?

Tómate un momento y alaba a Dios por su increíble diseño para la humanidad. Pídele un sentido más profundo de su presencia y una mayor paz con los que te rodean.

Día 2

Autor Lisa Scheffler

Uno de mis festivos favoritos es el Día de Acción de Gracias. Cada año viajamos a Houston para visitar a mi familia extendida. Mi tío tiene una mesa larga de madera con capacidad para diez personas, pero nunca es suficiente. Entonces, coloca mesas de plástico y sillas plegables.

Algunos se sientan en la sala de estar o en el porche trasero a comer. No importa cuántos se presenten, siempre hay suficiente comida y una amena conversación.

No todos son parientes, a lo largo de los años hemos recibido algunos amigos; el viernes, después del Día de Acción de Gracias, la mayoría nos reunimos nuevamente, calentamos los sobrantes, jugamos dominó y disfrutamos poniéndonos al día con aquellos que no vemos con frecuencia. Revivimos historias del pasado y recordamos a los seres queridos que extrañamos, abuelos, padres, tías, tíos y primos que ya no están presentes y hablamos de nuestras

esperanzas para el futuro.

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Estas reuniones no son perfectas, pero todos intentan comportarse de la mejor manera, algunos momentos son incómodos y en otros, los temas se extienden demasiado, pero estoy increíblemente agradecida por estos momentos juntos. No hay nada como sentarse alrededor de una mesa con personas que amas para solidificar tus relaciones y fortalecer tus lazos. Para recordarte, especialmente en Acción de Gracias, las cosas por las que se debe estar agradecido.

Este siempre ha sido el caso. Dios instituyó festivales y fiestas en el calendario judío para conmemorar el pasado y esperar el cumplimiento de sus promesas en el futuro. También en los días del Antiguo Testamento, comer y beber en la mesa de alguien creaba un vínculo de lealtad mutua, y podría ser el evento culminante en la realización de un pacto. Hoy, vamos a considerar el pacto que Dios hizo con Israel en Éxodo. Busca presencia, paz y provisión en la realización de este pacto.

Lee

Éxodo 24:1–12 (NVI)

24 También le dijo el SEÑOR a Moisés: «Sube al monte a verme, junto con Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel. Ellos podrán

arrodillarse a cierta distancia, 2 pero solo tú, Moisés, podrás acercarte a mí. El resto del pueblo no deberá acercarse ni subir contigo».

3 Moisés fue y refirió al pueblo todas las palabras y disposiciones del SEÑOR, y ellos respondieron a una voz: «Haremos todo lo que el SEÑOR ha dicho».

4 Moisés puso entonces por escrito lo que el SEÑOR había dicho.

A la mañana siguiente, madrugó y levantó un altar al pie del monte, y en

representación de las doce tribus de Israel consagró doce piedras. 5 Luego envió a unos jóvenes israelitas para que ofrecieran al SEÑOR novillos como

holocaustos y sacrificios de comunión. 6 La mitad de la sangre la echó Moisés en unos tazones, y la otra mitad la roció sobre el altar. 7 Después tomó el libro del pacto y lo leyó ante el pueblo, y ellos respondieron:

—Haremos todo lo que el SEÑOR ha dicho, y le obedeceremos.

8 Moisés tomó la sangre, roció al pueblo con ella y dijo:

—Esta es la sangre del pacto que, con base en estas palabras, el SEÑOR ha hecho con ustedes.

9 Moisés y Aarón, Nadab y Abiú, y los setenta ancianos de Israel subieron 10 y vieron al Dios de Israel. Bajo sus pies había una especie de pavimento de zafiro, tan claro como el cielo mismo. 11 Y a pesar de que estos jefes de los israelitas vieron a Dios, siguieron con vida,pues Dios no alzó su mano contra ellos.

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12 El SEÑOR le dijo a Moisés: «Sube a encontrarte conmigo en el monte, y quédate allí. Voy a darte las tablas con la ley y los mandamientos que he escrito para guiarlos en la vida».

• ¿Dónde ves presencia, paz y provisión?

Medita

En Éxodo, antes de llegar a la escena que acabamos de leer, Dios había estado demostrando tanto su provisión como su presencia. Mientras se movían por el desierto, el Señor guio a los israelitas por una columna de nube durante el día, y de fuego en la noche. Los alimentó con maná y codornices y calmó su sed con agua de una roca. Dios estuvo presente y sostuvo a su pueblo con abundante provisión tal como lo había prometido.

Para conmemorar su salida de Egipto, Dios llamó a los israelitas a observar la Pascua. Debían cocinar la comida que habían preparado la noche en que los liberó de Egipto, cuando el ángel de la muerte pasó sobre ellos (Éxodo 12). También debían comer pan sin levadura durante siete días más, para recordar que, en su prisa por salir de Egipto, no tuvieron tiempo de agregar levadura a su pan. Todos los años, durante la Pascua y la Fiesta de los Panes sin Levadura, debían recordar el gran rescate del Señor a su pueblo y su firme y fiel amor y compromiso.

La escena que leemos de Éxodo 24 llega durante el tiempo en que Moisés y la gente

acamparon alrededor del Monte Sinaí para recibir la palabra del pacto de Dios con su pueblo.

Las leyes dadas a Moisés fueron para enseñar la manera de relacionarse con Dios y entre sí.

Seguir estos mandamientos traería paz a sus relaciones, pondría a Israel aparte, y les permitiría ser una luz para las naciones vecinas, guiándolos a la adoración del único Dios verdadero.

Al entrar en este pacto, la gente tuvo que aceptar los términos de Dios. Tenían que obedecer.

Los doce pilares mostraron que cada tribu estaba presente. La sangre de los sacrificios significaba tanto limpieza como compromiso. Moisés y los ancianos representaron al pueblo ante Dios y se pararon en su presencia. La descripción que se nos da en el versículo 1o es asombrosa, “y vieron al Dios de Israel. Bajo sus pies había una especie de pavimento de zafiro, tan claro como el cielo mismo. Sin embargo, a pesar de que eran humanos

pecaminosos en la presencia inmediata de Dios santo, se les permitió vivir. No solo eso,

"vieron a Dios, y comieron y bebieron". ¡Asombroso!

En cierto sentido Dios, el Creador del universo, preparó una mesa para los líderes de Israel, y se unió a estas personas aun sabiendo que en poco tiempo su gente elaboraría y adoraría a un becerro de oro, rompiendo el pacto que acababan de acordar. Al igual que Jesús, que un día celebraría la Pascua con alguien que lo traicionaría, uno que lo negaría y otros que lo

abandonarían, Dios preparó una mesa que ofrecía su presencia, su paz y su provisión.

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Dios ofrece misericordia y gracia a pesar de la rebelión de la humanidad contra su voluntad y el rechazo de su paz y provisión. Hoy, Él hace lo mismo por ti y por mí. Dios te invita a venir a él, ser bienvenido en su mesa y tener comunión con él. Aprovecha hoy esa invitación.

Responde

• ¿Qué significa para ti hoy el compromiso fiel e inquebrantable de Dios? ¿Cómo puedes alegrarte ahora? Pasa un tiempo alabando a Dios.

• La Pascua les recordó a los israelitas los poderosos actos de Dios en el pasado y sus promesas para el futuro. ¿Cuáles son algunos de los poderosos actos que Dios ha hecho en tu vida? ¿Cómo te dan esperanza en tu compromiso continuo contigo en el futuro?

Día 3

Autor Lisa Scheffler

En su libro, Esta es la mesa de Dios, Anna Woodenden describe su experiencia en Garden Church. Anna sintió un llamado a alimentar a quienes viven al margen de la sociedad tanto física como espiritualmente. Entonces, reunió a un grupo de creyentes que compartieron su visión y juntos, alquilaron un lote abandonado en San Pedro, California, donde una gran población de personas sin hogar vivía al pie de una colina y los propietarios adinerados, en la cima; todos oraron por una oportunidad para unir a esta comunidad desunida.

Fiel a su nombre, Garden Church comenzó con un jardín. Una vez que limpiaron el lote y prepararon áreas para cultivar alimentos para los hambrientos, los fundadores decidieron poner una mesa en el centro, pero no era una mesa cualquiera, seleccionaron un gran tronco de cedro para representar un lugar donde la comunidad podría trabajar para alimentar a otros y a la vez ser alimentado. Tendrían servicios de adoración alrededor de esta mesa seguidos de comidas donde las personas contribuirían con lo que pudieran y tomarían lo que necesitaran.

Todos serían bienvenidos en esta mesa. El primer acto de esta comunidad de creyentes fue dedicar esta mesa a Dios derramando aceite sobre ella.

Como Anna explica "No ungí el tronco de cedro, nuestra mesa, con aceite de incienso esa mañana en el lote vacío en la calle 6, porque pensé que algo mágico sucedería, lo ungí porque los humanos necesitamos cosas físicas para recordarnos lo que es profundamente cierto ... la mesa sería un lugar en el que seguiríamos reuniéndonos. Profetizaría la profunda verdad de que todos son bienvenidos alrededor de la mesa de Dios "1

Anna se dedicó a una idea que Jesús mismo practicó durante su tiempo en la tierra: todos son bienvenidos a unirse a él en la mesa. Veamos dos historias de los Evangelios que muestran esto.

1 Anna Woodenden, This is God’s Table (Harrisonburg, VA: Herald Press, 2020) 27.

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Lee

Lucas 19:1–10 (NVI)

19 Jesús llegó a Jericó y comenzó a cruzar la ciudad. 2 Resulta que había allí un hombre llamado Zaqueo, jefe de los recaudadores de impuestos, que era muy rico. 3 Estaba tratando de ver quién era Jesús, pero la multitud se lo impedía, pues era de baja estatura. 4 Por eso se adelantó corriendo y se subió a un árbol sicómoro para poder verlo, ya que Jesús iba a pasar por allí.

5 Llegando al lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo:

—Zaqueo, baja en seguida. Tengo que quedarme hoy en tu casa.

6 Así que se apresuró a bajar y, muy contento, recibió a Jesús en su casa.

7 Al ver esto, todos empezaron a murmurar: «Ha ido a hospedarse con un pecador»

8 Pero Zaqueo dijo resueltamente:

—Mira, Señor: Ahora mismo voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes y, si en algo he defraudado a alguien, le devolveré cuatro veces la cantidad que sea.

9 —Hoy ha llegado la salvación a esta casa —le dijo Jesús—, ya que este también es hijo de Abraham. 10 Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

Lucas 7:36–50 (NVI)

36 Uno de los fariseos invitó a Jesús a comer, así que fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. 37 Ahora bien, vivía en aquel pueblo una mujer que tenía fama de pecadora. Cuando ella se enteró de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de alabastro lleno de perfume. 38 Llorando, se arrojó a los pies de Jesús, de manera que se los bañaba en lágrimas. Luego se los secó con los cabellos; también se los besaba y se los ungía con el perfume

39 Al ver esto, el fariseo que lo había invitado dijo para sí: «Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la que lo está tocando, y qué clase de mujer es: una pecadora».

40 Entonces Jesús le dijo a manera de respuesta:

—Simón, tengo algo que decirte.

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—Dime, Maestro —respondió.

41 —Dos hombres le debían dinero a cierto prestamista. Uno le debía quinientas monedas de plata, y el otro cincuenta. 42 Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. Ahora bien, ¿cuál de los dos lo amará más?

43 —Supongo que aquel a quien más le perdonó —contestó Simón.

—Has juzgado bien —le dijo Jesús.

44 Luego se volvió hacia la mujer y le dijo a Simón:

—¿Ves a esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me diste agua para los pies, pero ella me ha bañado los pies en lágrimas y me los ha secado con sus cabellos.

45 Tú no me besaste, pero ella, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies.

46 Tú no me ungiste la cabeza con aceite, pero ella me ungió los pies con

perfume. 47 Por esto te digo: si ella ha amado mucho, es que sus muchos pecados le han sido perdonados. Pero a quien poco se le perdona, poco ama.

48 Entonces le dijo Jesús a ella:

—Tus pecados quedan perdonados.

49 Los otros invitados comenzaron a decir entre sí: «¿Quién es este, que hasta perdona pecados?»

50 —Tu fe te ha salvado —le dijo Jesús a la mujer—; vete en paz.

• ¿Ves la paz, provisión y presencia de Dios en estas historias?

Medita

Aquellos que no estaban acostumbrados a recibir hospitalidad, en el primer siglo, eran

personas con las que Jesús parecía deleitarse pasando el tiempo, eran aquellos marginados de la sociedad como pobres, enfermos y discapacitados. También eran los que habían sido

desterrados de la sociedad, educada, porque sus pecados se consideraban peores que los de los demás. Zaqueo y la mujer que unge a Jesús pertenecen a esta categoría.

Por su propia admisión, Jesús tenía una reputación entre el establecimiento religioso por ser

"un glotón y un borracho" (Mateo 11: 18-19). Una de las cosas más distintivas de él era que comía y bebía con "pecadores notorios". Estas eran personas que los fariseos habían descartado como inútiles e irremediables. Jesús los reconocía de otra forma.

Jesús le ofrece a Zaqueo, y a esta mujer sin nombre, algo que otras personas no hicieron: su presencia. Zaqueo era rico, pero despreciado por su profesión. Los recaudadores de impuestos fueron vistos como traidores porque se alinearon con los opresores romanos de Judea.

También eran notoriamente deshonestos y dudosos. Cuando conoce a Jesús, Zaqueo estaba

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siendo excluido de su comunidad. No quisieron darle la bienvenida, pero Jesús invitó al hombre a su presencia y a la mesa.

Zaqueo solo esperaba echar un vistazo a Jesús, pero lo que consiguió, fue un encuentro con el Hijo de Dios. Sus esfuerzos para trepar árboles dieron sus frutos a lo grande. A veces eso sucede en nuestras propias vidas. Tímidamente damos un paso, atreviéndonos a esperar solo un pequeño vistazo a Jesús, y él nos abruma con la generosidad de su acogedora aceptación.

Zaqueo responde a la aceptación de Jesús con un cambio inmediato de corazón, y ofrece renunciar a la mitad de su riqueza y pagar, cuatro veces, a todos los que ha engañado. Jesús proporciona exactamente lo que Zaqueo necesita, la gracia que conduce al arrepentimiento y finalmente a la paz.

La mujer sin nombre en Lucas 7, probablemente anhelaba lo mismo. Ella se entera de que Jesús está cerca y se aparece en la cena a la que asiste en la casa de Simón, el fariseo; herida, rota y necesitada, busca a Jesús y se abruma con su presencia; le demuestra su amor y

devoción de una manera que conmociona a los demás invitados, pero el efecto de la presencia de Jesús en el mundo, sacude, incluso, las convenciones sociales más arraigadas.

El Reino había llegado y con él, los estándares de amor y perdón del Rey. Jesús expone la visión defectuosa de la sociedad sobre las personas y nos invita a ver a nuestros compañeros portadores de imágenes como él los ve, le muestra a Simón su falta de hospitalidad, luego, le ofrece a la mujer lo que realmente necesitaba, el perdón. Al igual que con Zaqueo, el perdón trae aceptación, paz y un lugar en la mesa.

Los fariseos estaban sentados frente a Jesús, pero su orgullo y rebelión les impedía ver lo que les estaba ofreciendo. Aquellos en los márgenes, como Zaqueo y la mujer sin nombre, sabían lo que necesitaban y respondieron.

Parte de la nueva visión de Christ Fellowship es llegar a las personas con el amor de Cristo y reunirse con ellos alrededor de las mesas. Esto incluye aquellos a quienes la sociedad rechaza o ve con poco valor; también a las personas como Zaqueo, quienes aparentemente lo "tienen todo", pero cuyas necesidades no son tan obvias a menos que podamos mirar a fondo.

Aquellos que han experimentado la magnitud del amor y el perdón de Dios, y su provisión y paz, pueden iluminar el camino para que otros lo descubran.

Responde

• Imagina que eres Zaqueo o la mujer que unge a Jesús con aceite. ¿Qué te habría obligado a buscarlo? ¿Qué hubiera significado ser aceptado por Jesús? Ora por tu respuesta y alábalo por su gran amor.

• ¿Qué significaría para ti extenderte más allá de tu grupo social actual y conocer a otros?

¿Qué pasos podrías dar para tener conversaciones más significativas?

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Día 4

Autor Lisa Scheffler

Estábamos haciendo tamales, y los míos no se veían bien. Estuve en Guatemala con un grupo de mujeres de Christ Fellowship. Nuestros maravillosos anfitriones habían hecho todo el trabajo duro preparando la comida que llevaríamos al centro de ancianos en la ciudad cercana. Todo lo que teníamos que hacer era armar los tamales, envolverlos en hojas de plátano y atarlos. Suena simple, pero para mí, no lo fue.

Por supuesto, no importaba cómo se veían los tamales cuando todo estaba dicho y hecho. Fue una experiencia increíble poder pasar el tiempo en las mesas con personas que de otra manera nunca habría tenido el privilegio de conocer. Comimos juntos, cantamos y escuchamos

testimonios de la bondad de Dios. Nunca se sabe lo que puede pasar con una comida, cualquier comida, incluso los tamales mal envueltos.

Esta semana hemos estado leyendo historias de toda la Biblia que hablan de la mesa de Dios.

En las próximas semanas discutiremos algunos de los principales ejemplos que estamos omitiendo por ahora: la Última Cena, la Cena del Señor y la Fiesta de la Boda del Cordero.

Pero hoy, quiero centrarme en una de mis comidas favoritas que se describe en la Biblia. Es el momento en que Jesús cocinó para sus discípulos después de su resurrección. Una vez más, busque cómo se ofrece la paz, la provisión y la presencia de Dios en esta escena.

Lee

Juan 21:4–17 (NVI)

4 Al despuntar el alba Jesús se hizo presente en la orilla, pero los discípulos no se dieron cuenta de que era él.

5 —Muchachos, ¿no tienen algo de comer? —les preguntó Jesús.

—No —respondieron ellos.

6 —Tiren la red a la derecha de la barca, y pescarán algo.

Así lo hicieron, y era tal la cantidad de pescados que ya no podían sacar la red.

7 —¡Es el Señor! —dijo a Pedro el discípulo a quien Jesús amaba.

Tan pronto como Simón Pedro le oyó decir: «Es el Señor», se puso la ropa, pues estaba semidesnudo, y se tiró al agua. 8 Los otros discípulos lo siguieron en la barca, arrastrando la red llena de pescados, pues estaban a escasos cien metros de la orilla. 9 Al desembarcar, vieron unas brasas con un pescado encima, y un pan.

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10 —Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar —les dijo Jesús.

11 Simón Pedro subió a bordo y arrastró hasta la orilla la red, la cual estaba llena de pescados de buen tamaño. Eran ciento cincuenta y tres, pero a pesar de ser tantos la red no se rompió.

12 —Vengan a desayunar —les dijo Jesús.

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», porque sabían que era el Señor. 13 Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio a ellos, e hizo lo mismo con el pescado. 14 Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de haber resucitado.

15 Cuando terminaron de desayunar, Jesús le preguntó a Simón Pedro:

—Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?

—Sí, Señor, tú sabes que te quiero —contestó Pedro.

—Apacienta mis corderos —le dijo Jesús.

16 Y volvió a preguntarle:

—Simón, hijo de Juan, ¿me amas?

—Sí, Señor, tú sabes que te quiero.

—Cuida de mis ovejas.

17 Por tercera vez Jesús le preguntó:

—Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?

A Pedro le dolió que por tercera vez Jesús le hubiera preguntado: «¿Me quieres?» Así que le dijo:

—Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.

—Apacienta mis ovejas —le dijo Jesús—.

• ¿Dónde ves la paz, provisión y presencia de Jesús?

Medita

Jesús había muerto en la cruz para quitar los pecados del mundo y el Padre lo había

resucitado de entre los muertos. Ahora aparece ante sus discípulos, una vez más, como el Hijo

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de Dios resucitado. ¿Y qué hace él? Los ayuda a pescar y les prepara el desayuno. ¡Me encanta eso de Jesús!

Por supuesto, si sabes algo sobre la relación de Pedro con Jesús, deberás saber que hay más cosas en esta escena. En los Evangelios, Pedro es audaz y descarado y a menudo, habla y actúa antes de pensar. Vemos este rasgo nuevamente en esta historia. Pedro está tan emocionado cuando se da cuenta de que Jesús está allí parado en la orilla, que salta impulsivamente en el agua para llegar a Jesús, dejando atrás a sus compañeros de pesca y su enorme captura (gracias a Jesús).

Juan nos dice que Jesús había hecho un fuego en la orilla. La palabra que selecciona para

"fuego" solo se usa una vez más en las Escrituras, y es al principio del libro de Juan. Después de que Jesús fue arrestado, Pedro lo siguió, pero termina negándolo tres veces, tal como lo había predicho Jesús. “Allí se usa la palabra del fuego en el que Pedro y los demás se

calentaron la noche del arresto y juicio de Jesús. El fuego de carbón de Juan 18:18 fue el lugar de la negación de Pedro. Para Pedro, la vergüenza olía a carbón quemado.2

Pero este fuego y esta comida es el lugar de reconciliación y restauración. La invitación de Jesús es simple: "Ven y desayuna". Una vez más, está invitando a la gente a su mesa a cenar en su presencia y a encontrar la paz. Entonces, Jesús insiste en que, si Pedro lo ama, alimentará las ovejas del Señor.

Cuando experimentamos con Dios la paz que trae el perdón y la restauración, a través de Jesús, también podemos demostrar nuestro amor atendiendo a su rebaño, a los reunidos y los perdidos que necesitan volver a casa. No tenemos que ser pastores o clérigos profesionales para amar a las personas, atender sus necesidades e invitarlas a cenar con nosotros en la mesa de Jesús.

Podríamos pensar en el mandato de Jesús de "alimentar a mis ovejas" en términos puramente metafóricos, pero no tenemos que serlo. Sabemos que las buenas conversaciones ocurren alrededor de las comidas. Este es un truco que mi abuela siempre usaba, alimentar a las personas y hacer que hablen. Podemos llegar a comprender las necesidades espirituales de alguien cuando atendemos sus necesidades físicas y emocionales. Podemos tener

conversaciones significativas que ayuden a las personas a llegar a Jesús cuando los invitamos a unirse a nosotros alrededor de una mesa. Podemos ayudarlos a sentirse conocidos y amados.

Responde

• ¿De qué manera, como Pedro, has experimentado la restauración de Jesús?

• ¿De qué manera, como Pedro, puedes mostrar tu amor por Jesús alimentando a sus ovejas?

2 Barry Jones, “The Dinner Table as a Place of Connection, Brokenness, and Blessing,” DTS Magazine, October 26, 2015, https://voice.dts.edu/article/a-place-at-the-table-jones-barry/

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Día 5

Autor Lisa Scheffler

Llegamos al final de la primera semana de nuestra serie La Mesa. No querrás perderte el sermón del domingo, donde se desempacará más de la nueva visión de Christ Fellowship. Pero por hoy, reflexiona sobre lo que hemos visto esta semana al considerar las historias de la mesa de Dios.

Medita

Vuelve a leer nuestras historias de esta semana y observa los hilos en común entre ellas.

¿Cómo muestran la mesa de Dios: su provisión, paz y presencia?

Génesis 1:26-31 Génesis 2:8-18 Éxodo 24:1-12 Lucas 19:1-10 Lucas 7:36-50 Juan 21:4-17

Conecta

Toda persona anhela ser conocida y amada. Podemos intentar llenarnos de todo tipo de cosas:

dinero, popularidad, éxito, posesiones, comodidades, experiencias, pero sin una conexión real y amor, nunca estaremos satisfechos. En el fondo, todos anhelamos un lugar en la mesa. No importa quién eres, de dónde vienes o lo que otras personas piensen de ti. Todavía quieres ser bienvenido, aceptado, provisto y amado.

Dios ofrece todo eso en su mesa. Tu lugar está establecido y hay un lugar reservado para ti.

Pero siempre hay algunos asientos abiertos. ¿A quién puedes invitar a unirse? Muchas

personas, aquí mismo en nuestra comunidad, luchan con la soledad, la ansiedad y la adicción.

Necesitan experimentar la paz que proviene de una relación correcta con Dios y con los demás, y la provisión abundante de un Creador generoso. Necesitan saber que son aceptados en su presencia con el abrazo de un Padre.

No necesitas tener todas las respuestas a las enfermedades del mundo. No puedes resolver los problemas de otra persona. Pero cada uno de nosotros puede ser una presencia fiel que ora, escucha, se preocupa y camina al lado. Podemos compartir el amor de Cristo a través de

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nuestras palabras y acciones, y al hacerlo, acercamos la silla de la mesa de Dios e invitamos a alguien a sentarse a nuestro lado.

Responde

Mientras reflexionas sobre la mesa de Dios, pasa un tiempo prolongado en oración. Alabado sea Dios por su acogedora aceptación de ti. Alábale por su provisión, paz y presencia.

Pídele al Espíritu Santo que te recuerde a algunas personas en tu vida que te gustaría conocer mejor, personas con las que podrías tener conversaciones significativas. ¿Qué pasos podrías dar esta semana?

Referencias

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