Fundamentos e Instrumentación de la
Economía Basada en el Conocimiento
Gestión de la Innovación y el Conocimiento en Empresas Rurales
Tan antigua como la humanidad misma, la imbricación entre conocimiento, innovación técnica y transformación (de los sistemas humanos y los entornos), constantemente genera intersecciones problemáticas para el análisis, el replan-teo y la actitud crítica. Con el advenimiento del canon científico occidental, y par-ticularmente con la Revolución Industrial en incontenible expansión desde los albores del siglo XIX, los destinos de nuestra civilización se hallan inexorable-mente unidos a la racionalidad científica y lo que ésta sea capaz de des-velarnos sobre el mundo y sus procesos. Desde las políticas de Estado y la administración de las naciones, hasta la factibilidad de toda visión empresarial, constituyen pers-pectivas que relativizan la viabilidad de sus destinos a la manera en que sean capaces de comprender los fenómenos específicos que afrontan; en buena medi-da, un reto de apropiación de las verdades que la ciencia ha creado. Frente al vér-tigo de la realidad, en su dinámica y sus contradicciones, la “ontología oficial” de la Edad Contemporánea –la Ciencia–, no sólo demanda una constante renovación de sus potentes representaciones. También –y he aquí un aporte capital de esta obra– demanda la re-humanización de esos saberes mediante una aplicación tec-nológica estrictamente concebida para servir a sus creadores y usuarios en su realización y sus necesidades más diversas y apremiantes, más legítimas y cons-cientes, más dignas y más justas, en fin, más humanas.
Laura Elena Garza Bueno
Es economista de la Escuela Superior de Economía del IPN. Sus estudios doctorales en la extinta Unión Soviética le valieron el Ph. D. en la Universidad Estatal de Moscú “M. V. Lomonosov”. Es profesora investigadora del Colegio de Postgraduados, y cate-drática en la Universidad Autónoma Chapingo. Tiene el nivel II dentro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI). Como par-te de su faceta en el servicio público nacional, especialmenpar-te en el rubro de la formación de recursos humanos, fue directora general del INCA Rural de 1996 a 2000. Desde entonces ha veni-do diseñanveni-do, promovienveni-do, coordinanveni-do y evaluanveni-do progra-mas de formación, incluidos algunos de postgrado y con alcan-ce nacional. Entre sus múltiples publicaciones destacan abor-dajes temáticos como son los de la evaluación de programas, el microfinanciamiento así como la capacitación y desarrollo de competencias profesionales. Efectuó una estancia sabática en el Centro de Investigaciones en Economía y Desarrollo Agroalimentario (CREDA) adscrito a la Universidad Politécnica de Cataluña, y en cuyo contexto se desarrollaría la investiga-ción plasmada en la presente obra.
Fundamentos e Instrumentación de la Economía Basada en el Conocimiento
Laura Elena Garza Bueno
OTROS TÍTULOS DE LA COLECCIÓN:
Herramientas sociales, políticas y culturales en torno al desarrollo rural sustentable
Homo Sapiens, Evolución y trabajo-aprendizaje
La comunicación como factor determinante en el éxito de los negocios de los productores rurales
Producción de tesinas: contribución a la metodología desde su análisis
El marco jurídico de la organización de productores y del crédito rural: procesos y perspectivas
Trabajo-aprendizaje en el financiamiento del desarrollo rural. Propuesta estratégica de aplicación
Diagnóstico regional con enfoque territorial
El concepto de riesgo y la administración del crédito en el sector rural
Conversión del trabajo en objeto de estudio Alfonso Barquín Cendejas
Jorge H. Flores José Luis Vera
Alberto Zuloaga Albarrán Nancy Contreras Moreno
Sergio Alejandro Martínez Vázquez
Sergio Reyes Osorio
Alierso Caetano de Oliveira Erick Quesnel Galván Silvia Valencia Abundiz
Oscar Figueroa Rodríguez (coordinador)
Leonel Ramírez Farías
Laura Elena Garza Bueno
con la colaboración de
José María Gil Roig - Catalina Pérez Gómez
Laura Elena Garza Bueno
FORMACIÓN PARA EL FINANCIAMIENTOFUNDAMENTOS E INSTRUMENTACIÓN
DE LA ECONOMÍA BASADA
EN EL CONOCIMIENTO
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DE LA ECONOMÍA BASADA
EN EL CONOCIMIENTO
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Fundamentos e Instrumentación de la Economía Basada en el Conocimiento
Gestión de la Innovación y el Conocimiento en Empresas Rurales © Laura Elena Garza Bueno
© Primera edición, 2013
Edición original publicada por:
Colegio de Postgraduados (CP), Campus Montecillo, México Financiera Rural (FR), México
Universidad Autónoma Chapingo (UACh), México
Centro de Investigación en Economía y Desarrollo Agroalimentario (CREDA), Cataluña, España
Colección: Formación para el Financiamiento del Desarrollo Rural Corrección de estilo: Alejandra Martínez Fernández
Dirección editorial: Codex+ / Judith Sandoval Romo Diseño y maquetación: Codex+
D.R. © Financiera Rural Agrarismo 227 Col. Escandón.
C.P. 11800 Del. Miguel Hidalgo, México, D.F. ISBN: 978-607-715-194-4
El contenido del presente libro es responsabilidad exclusiva de los autores. © Reservados todos los derechos. No se permite la reproducción, total o parcial de este libro ni el almacenamiento en un sistema informático, ni la transmisión de cualquier forma o cualquier medio, electrónico, mecánico, fotocopia, registro u otros medios sin el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright. Impreso en México
CONTENIDO
MENSAJE DEL DIRECTOR GENERAL DE FINANCIERA RURAL
MENSAJE DEL DIRECTOR GENERAL DEL COLEGIO DE POSTGRADUADOS PREFACIO
PRESENTACIÓN INTRODUCCIÓN
1. LA ECONOMÍA BASADA EN EL CONOCIMIENTO El Conocimiento Científico-Tecnológico
Características de la Economía Basada en el Conocimiento 2. LA INNOVACIÓN CREADORA DE CONOCIMIENTO
Evolución hacia el concepto innovación La búsqueda de la innovación generalizada La innovación y la estrategia empresarial El proceso innovador
Herramientas para innovar
La perspectiva de la OCDE: el Manual de Oslo Innovación de producto
Innovación de proceso Innovación de mercadotecnia Innovación de organización 3. LA GESTIÓN DEL CONOCIMIENTO
Conceptualización de la Gestión del Conocimiento Modelos de Gestión del Conocimiento
A. La visión oriental de Ikujiro Nonaka e Hirotaka Takeuchi B. El enfoque de Beatriz Muñoz Seca y Josep Riverola
C. La perspectiva interdisciplinaria del “Método Trabajo-Aprendizaje”
7 11 15 19 23 25 39 71
4. UNA MANERA DIFERENTE DE GESTIONAR EL CONOCIMIENTO Las unidades económicas de pequeña escala del sector
agroalimentario
Innovación y Gestión del Conocimiento en unidades económicas de pequeña escala
El punto de partida: la revaloración del conocimiento Fomento a la Innovación
La estrategia de Gestión del Conocimiento
La aplicación del conocimiento C-T mediante la interacción de la teoría y la práctica
A. Delimitación de la problemática a resolver como objeto de estudio
B. Apropiación del sustento teórico
C. Contextualización del fenómeno bajo estudio (El diagnóstico) D. Formulación de la hipótesis en que se fundamenta la proyección
de la realidad
E. Monitoreo y evaluación de la instrumentación del proyecto de transformación de la realidad
Los rasgos del nuevo modelo Reflexiones finales BIBLIOGRAFÍA GENERAL ANEXO 1 ANEXO 2 101 137 147 153
MENSAJE DEL DIRECTOR GENERAL
DE FINANCIERA RURAL
Financiera Rural es una institución del Gobierno Federal que en este 2013 está cumpliendo diez años de existencia. Una primera década de compromiso con la transformación y el desarrollo productivo del campo mexicano. Ahora se alinean todos los esfuerzos de la institu-ción para materializar la visión del Presidente de la República plas-mada en el Plan Nacional de Desarrollo, llevando el crédito a donde jamás ha llegado y contribuyendo a lograr un campo justo, productivo, rentable y sustentable.
Diez años en los que Financiera se ha convertido en un referente de financiamiento del campo. Nuestra misión es desarrollar a través del financiamiento, en el primero y segundo piso, cualquier acti-vidad económica lícita ya sea agropecuaria, turística, artesanal, de servicios, transporte o cualquier otra que se lleve a cabo en poblacio-nes menores a 50 mil habitantes. La Financiera Rural debe asumirse como un aliado de los productores y emprendedores para llevar sus proyectos al éxito y mejorar así la calidad de vida de la población y contribuir al desarrollo de México.
Celebramos nuestra primera década compartiendo algunos lo-gros. Se ha mantenido y hecho crecer el patrimonio institucional; se ha incrementado el otorgamiento de crédito, y al avanzar en el vo-lumen de colocación se ha podido mejorar gradualmente la tasa que se ofrece a los clientes y productores rurales. Todo ello obedeciendo el mandato de ley, al mantener la sustentabilidad y patrimonio de la institución, pero no debemos sentirnos tranquilos, antes bien, debe-mos elevar el compromiso para desarrollar el medio rural de México.
Para avanzar en esta dirección, estamos convencidos de que la capacitación y formación profesional son elementos fundamentales para el éxito. Sin embargo, el medio rural es un sector en donde se requieren no sólo conocimientos técnicos y sensibilidad para detectar
las necesidades de financiamiento para el desarrollo de proyectos, sino que requiere un gran amor por el campo mexicano, ya que en cada proyecto es indispensable poner pasión para su éxito.
Más aún, estamos convencidos de que una parte sustantiva de la solución a los problemas del campo está en manos de su gente; por ello, es indispensable acompañar al crédito con servicios de capaci-tación y asesoría: desde que cada proyecto es apenas una idea, hasta que está concretado, andando y en un punto estable.
Es por ello que durante la vida de la Financiera Rural, hemos hecho de la capacitación, del conocimiento y del desarrollo de competencias, componentes imprescindibles de nuestra estrategia institucional. Son estas condiciones necesarias para lograr la autosustentabilidad que conlleve al desarrollo rural de México.
Visto así, el aprendizaje constituye condición de autosustentabi-lidad; es pues un elemento de enriquecimiento de las personas. Por ello, en Financiera Rural vemos este aprendizaje como parte inhe-rente del desarrollo de cada individuo que participa en su actuar: empleados, clientes y sobre todo los prestadores de servicios de ase-soría. Estos últimos son sin duda una parte estratégica del equipo de Financiera Rural, ya que sin ellos, sin su entrega y profesionalismo, no hubiera sido posible desarrollar todos los sujetos de crédito y todos los proyectos que han recibido financiamiento en esta década de trabajo.
El programa de formación desarrollado entre el Colegio de Post-graduados y Financiera Rural, en sus vertientes de Maestría Tec-nológica en Prestación de Servicios Profesionales y la Maestría en Gestión Financiera para el Desarrollo Rural, constituye un gran ins-trumento para la formación de personas que brinden servicios de capacitación y asesoría. Estas maestrías han desarrollado tanto a personal de la Financiera Rural como a técnicos externos, haciendo una mancuerna de trabajo permanente en el desarrollo de proyectos productivos, negocios y empresas en medio rural. A través de ello Financiera Rural se pronuncia a favor del fortalecimiento de las ca-pacidades humanas y la formación de capital social.
Parte sustantiva en esta aventura tan importante se expresa en la producción editorial del que este libro forma parte y que tengo el gus-to de presentar: una sofisticada medida de inversión en el desarrollo
del capital humano, al estimular la producción intelectual del pensa-miento como contribución indispensable a los procesos de aprendizaje para el desarrollo regional sustentable.
La serie documental “Formación para el Financiamiento del Desa-rrollo Rural”, expresa el doble esfuerzo de renovación y continuidad ante complejos y desafiantes fenómenos a incidir: los del desarro-llo rural, el conocimiento y aprendizajes inherentes, la seguridad alimentaria y la sustentabilidad en sus dimensiones. Grandes exi-gencias, que obligan a conducir nuestras acciones y medidas desde los mejores conocimientos y modelos explicativos de la realidad, la cual nos plantea grandes cuestionamientos aún por responder, y que buscan ser afrontados por la presente elaboración documental. Para ello se ha recurrido a especialistas, académicos, investigadores y profesionales en áreas diversas del saber: ciencias sociales y de la cultura, humanas y cognitivas, ciencias económicas y agronómicas, entre otras, para hacerlas accesibles al estudio y el análisis tanto de los estudiantes en ambas maestrías, como de los cuerpos docentes responsables de la conducción de los procesos formativos (al enri-quecer el abordaje riguroso de los contenidos curriculares), incluidos también, empero, funcionarios y personal institucional comprometi-dos con su propia formación, así como todo profesional preocupado con el mejoramiento de nuestro campo.
Coincidimos plenamente con los especialistas cuando se afirma que la educación es la base del acceso y la generación del conocimien-to y la calidad de vida, así como sustenconocimien-to de una cultura innovadora y solidaria. Tengo la certeza de que los conocimientos y habilidades que obtengan en estas obras va a mejorar la calidad del servicio que ofrecemos, pues Financiera trabaja para que el campo de México sea más próspero, por lo que su compromiso no sólo es llegar a ser el principal colocador de crédito en el medio rural del país, sino también ser reconocida por su agilidad, por su pasión en el servicio y dedica-ción para que cada proyecto sea un caso de éxito que contar. Nos esforzamos porque “se corra el rumor”, más exactamente la certeza, de que la Financiera Rural ayuda –con voluntad, capacidad, estrategia y pasión– al éxito de las empresas rurales que financia, no sólo por nuestra efectividad en el otorgamiento de los créditos necesarios, sino a través de acciones educativas y de formación integral para el
éxito de los negocios de nuestros clientes; personas del medio rural que buscan ver cumplido su sueño de crear una empresa y, con ello, mejorar sus condiciones objetivas de vida.
Ing. Carlos Treviño Medina
MENSAJE DEL DIRECTOR GENERAL
DEL COLEGIO DE POSTGRADUADOS
Como institución de enseñanza superior e investigación científica, el Colegio de Postgraduados se complace en presentar esta serie de obras documentales, esfuerzo intelectual que emana del proceso for-mativo de las Maestrías en Prestación de Servicios Profesionales, y en Gestión Financiera para el Desarrollo Rural, postgrados concebidos e instrumentados conjuntamente con Financiera Rural, a fin de elevar el potencial de los consultores y capacitadores rurales, así como del personal institucional vinculado a la operación de crédito como palanca de desarrollo.
Quisiera aprovechar este contexto para unas breves reflexiones. Primeramente, me gustaría invitar al lector a pensar en los desafíos que tenemos como país, y empezaría con la siguiente consideración. Quizá uno de los mayores retos históricos que tenemos como socie-dad y como gobierno, es llegar a revalorar realmente nuestro medio rural; aplicando un enfoque integral a la agricultura, la alimenta-ción, las demandas del mercado, los recursos naturales, la pobreza como fenómenos que hay que entender para afrontar. Debemos de tener presente, y más vale que nunca se nos olvide, que la
agricultu-ra influye en la tagricultu-ranquilidad y en la paz social, algo de lo que estamos
muy necesitados en este momento.
Relacionar en forma sistemática e innovadora la educación con el desarrollo y el bienestar humano de nuestro campo, es un proyec-to que pide visionarios de gran realismo, debido a que ello implica crear y recrear modelos, posturas, valores y acciones clave dentro de una estrategia de combate a la desigualdad, aspecto inseparable al de la seguridad alimentaria; implica una postura explícita ante la necesaria inclusión, equidad y sustentabilidad en el campo; res-ponsabilidad de los productores, del gobierno, de la sociedad en su conjunto. Empieza por reconocer que el sector rural debe cambiar,
principalmente, desde dentro, a fin de mitigar la pobreza, proteger el medio ambiente y contribuir a la soberanía nacional. La evolución de la agricultura favorece a toda la sociedad, dada su efectividad como motor de desarrollo. La innovación –no sólo tecnológica– así como el desarrollo participativo, son estrategias efectivas para au-mentar la productividad. Se requieren, consecuentemente, cambios e innovaciones en comercialización, en mercadeo y financiamiento, en crédito e infraestructura de apoyo, al menos. Se sabe por ejemplo que el factor más limitante de la agricultura no es el de la tecnolo-gía, sino el de la comercialización; evidencia que da lugar al primer mandamiento del productor, no plantar nada, no sembrar nada, has-ta no saber quién me va a comprar, bajo qué condiciones, y con qué flujo de pago.
El crédito constituye sin duda un insumo productivo, pero tam-bién lo es la infraestructura de apoyo y el mercadeo. Tecnología, in-novación, comercialización, representan componentes cruciales, sin embargo, la condición de realización de todos y cada uno radica en el factor humano. Necesitamos apoyar el desarrollo de capacidades, y la obra representada por este proyecto educativo compartido con la Financiera Rural es un ejemplo de convicción capacitadora desde el momento en que se reconoce la importancia de la organización y la capacidad autogestiva de los productores, pues necesitamos mejores productores pero, sin duda también, mejores servidores públicos, mejores prestadores de servicios; todo un reto de conoci-miento y aprendizaje.
Como es de suponer, el desafío es educativo, y desde este rubro se busca tomar postura y compromiso ante exigencias como la produc-ción y la productividad; agregar valor a productos primarios, esto es, que el productor reciba más por su esfuerzo y los riesgos que corre en el primer eslabón de la cadena productiva; la seguridad alimenta-ria, agua y energía; la realidad de la degradación ambiental; pérdida de biodiversidad y, también, el cambio climático. Educación, investi-gación, capacitación, organización, innovación, desarrollo participa-tivo, representan sin embargo nuestro mayor desafío, pero también nuestra mejor inversión como país y como sociedad.
Nuestras instituciones deben trascender el aislamiento de me-ros esfuerzos independientes en vías a proyectos interinstitucionales
como del que esta producción bibliográfica surge: con la participación del sector productivo y los componentes de apoyo a la innovación; con el desarrollo participativo y la integración económica de las ca-denas de valor que, sólo mediante la decisión y la capacidad de los propios productores, logren más y mejores empleos, generar y rete-ner riqueza en las regiones y elevar con ello la calidad de vida del medio rural.
Esperamos que, como parte del proyecto educativo emprendido conjuntamente entre la Financiera y el Colegio, las obras enmarca-das en la colección “Formación para el Financiamiento del Desarro-llo Rural” contribuyan al crecimiento, desarroDesarro-llo y fortalecimiento de los saberes, destrezas y actitudes de actores clave del gran com-promiso esbozado en esta breve reflexión: capacitadores y consulto-res del medio rural; funcionarios, servidoconsulto-res públicos y agentes de desarrollo que enfrentan un mundo cambiante, complejo y a menu-do contradictorio.
El trabajo plasmado en estos libros ha venido y seguirá materia-lizando muchas ideas, pronunciamientos y tomas de posición, así también, valores y convicciones; y aquí deseo enfatizar la parte de nuestra institución, a saber, seguir contribuyendo a la consolidación de un original proceso formativo, una vía prometedora para apoyar a nuestros productores rurales en la construcción de sus propios proyectos, modelos y rutas viables de desarrollo con sustentabilidad; horizonte de cambio que, sin duda, está determinado por las decisio-nes y capacidades de todos los que participan en ese entrañable uni-verso de complejidades, de riquezas múltiples, de contradicciones y desafíos que llamamos campo mexicano.
PREFACIO
¿Cuál es la relación entre el conocimiento y la economía?, ¿de qué manera se gestiona el conocimiento y qué efectos tiene la innova-ción en la economía contemporánea?, ¿cómo se realimentan estos procesos?, ¿qué es la economía del conocimiento, y en qué condi-ciones ocurren estos procesos en el medio rural? Tales son algunas inquietudes que se abordan en este libro.
La innovación es resultado de la capacidad inherente del pensa-miento humano; estrechamente vinculada con la capacidad de cono-cer y problematizar el entorno y, sobre todo, de encontrar soluciones y nuevas maneras de hacer las cosas, resolver problemas y aprove-char los recursos y oportunidades para satisfacer las necesidades de la vida humana. Por este motivo la historia de la innovación es la del desarrollo tecnológico y ha acompañado a la humanidad desde sus albores en la medida en que la subsistencia humana depende más de la capacidad de la especie de humanizar el medio que de adap-tarse a él. La especie humana no ha evolucionado –biológicamente hablando– para adaptarse a condiciones tan extremas como las del desierto del Sahara y las del Polo Norte; podemos subsistir en estos medios gracias a que las sociedades han generado los conocimien-tos aplicados suficientes para crear una tecnósfera que nos permite tales posibilidades.
Es la maravillosa capacidad de aprendizaje individual y la exten-sión social educativa que permite “amplificar” la potencia del co-nocimiento hacia todos los ámbitos de la vida humana, incluyendo desde luego la producción e intercambio de los bienes y servicios. La innovación como capacidad de implantar soluciones novedosas es condición de la competitividad empresarial, es por ello que las condiciones específicas en que ocurre, así como las estrategias e instrumentos para dirigirla hacia fines específicos, no pueden ser un asunto trivial.
La velocidad con que cambian y la manera misma en que se producen, comercializan y consumen los bienes y servicios de toda índole es algo que caracteriza al mundo contemporáneo y que de-pende directamente de la capacidad de generar nuevos conocimien-tos y disponerlos socialmente. Si bien el cambio es una constante a lo largo de la historia humana, la velocidad a la que ocurre imprime características distintivas en nuestra sociedad debido a los efectos económicos y sociales derivados de tales cambios y a la capacidad social de asimilarlos, modificando las estructuras sociales mismas.
El conocimiento como motor del cambio y la innovación tiene condiciones de realización y difusión específicas en cada sociedad, que dependen a su vez de la estructura institucional encargada de promover y fomentar la educación y la investigación científica y tec-nológica, así como de la estructura económica que realiza la produc-ción e intercambio de los bienes y servicios que demanda la sociedad. De la medida en que las estructuras económicas y empresas optan por modelos de monopolización o de innovación para su desarrollo, depende el valor del conocimiento en el desarrollo. Podemos suponer que a mayor dominio de la estrategia monopólica, menos dinámico será el proceso de cambio y más restrictivas las posibilidades sociales de realizar el valor intrínseco de los servicios del conocimiento.
Por este motivo es cada vez más importante comprender los fac-tores de cambio e innovación que ofrecen una explicación general sobre la manera en que nos conducimos frente al mercado como productores, trabajadores, vendedores y consumidores.
Esta comprensión es indispensable para apoyar la toma de decisio-nes en el nivel de diseño de política pública, tanto como en el de las empresas y unidades de producción particulares, si realmente se de-sea optimizar la inversión en la creación y gestión del conocimiento desde perspectivas novedosas que nos permitan atisbar el horizonte de cambios y transformaciones sociales complejas derivadas del avance científico y tecnológico. Esta inversión es necesaria para asegurar la capacidad de los países para generar conocimientos, adoptar e implan-tar innovaciones tecnológicas, asegurando niveles de productividad y competitividad en todos los sectores y ramas de actividad.
La mejor comprensión de la función e impacto del conocimiento en la economía y su transformación deberían conducir a una distinta
asignación de las prioridades presupuestales de manera que se ase-guren las inversiones en ciencia y tecnología y se garantice tanto el desarrollo científico como los procesos de adopción y apropiación de la tecnología disponible.
En este libro, Laura Elena Garza realiza una revisión sintética de las corrientes de pensamiento actuales sobre estos asuntos tan escabrosos como apasionantes. Ofrece una revisión de los conceptos básicos con que se piensa hoy la relación entre conocimiento y economía, y se aden-tra en los modelos de gestión de la economía del conocimiento. Propone distinciones pertinentes relacionadas con el tamaño de las empresas y unidades de producción y, por ende, de la medida en que las restriccio-nes presupuestales y estructurales requieren y derivan en estrategias diferenciales para la gestión de la innovación y la competitividad.
Adelanta algunas respuestas sobre formulaciones como el apren-dizaje de las organizaciones y sobre las maneras en que se organizan los procesos de aprendizaje en empresas y unidades de producción, colocando especial atención en torno a las empresas y unidades de producción rurales y sus condiciones especiales de acceso al conoci-miento y modelos de gestión.
Esta obra se enmarca en el contexto del Programa Integral de For-mación, Capacitación y Consultoría para Productores e Intermediarios Financieros Rurales, que opera la Financiera Rural, cuya vertiente for-mativa apoya el Colegio de Postgraduados mediante la operación de dos programas de estudio con opción terminal a Maestría Tecnológica en Prestación de Servicios de Conocimiento. El programa formativo está orientado a modificar la manera en que se piensan, operan y rea-lizan los servicios de capacitación y asesoría en el medio rural.
Estamos seguros de que este libro contribuirá a mejorar la com-prensión de las funciones clave de los involucrados en los proyectos de desarrollo en el medio rural y a alinear el esfuerzo colectivo de quienes estamos comprometidos con el desarrollo de las capacida-des de los agentes técnicos ligados a estos procesos.
Eduardo Ibarra Thennet
PRESENTACIÓN
El conocimiento científico-tecnológico es el ingrediente fundamen-tal que –aplicado dinámica y permanentemente– permite a las em-presas incrementar sus beneficios. No obstante, la incorporación del factor conocimiento científico-tecnológico (C-T) como recurso, ine-vitablemente obliga a la aplicación de nuevos esquemas de organiza-ción (de objetos y sujetos) y al desarrollo de nuevas capacidades de los sujetos que, en conjunto, aseguren la eficacia en el ciclo ciencia-
tecnología-producción-mercado.
Lo anterior ha propiciado la producción de nueva (y, a veces, al rescate de vieja) literatura con el tema del conocimiento y su in-cidencia en la actividad económica sea ésta a nivel macro, meso o microeconómico.
Parte de la literatura que aborda el vínculo mencionado está he-cha desde la perspectiva de las empresas, pues es en ellas donde se concreta el aporte del conocimiento científico-tecnológico a la activi-dad económica. De ahí que resulta cada vez más frecuente encontrar textos donde, desde la perspectiva organizacional, se plantean ideas para incidir en el conocimiento mediante su gestión, o lo que algunos autores prefieren llamar administración, dirección o “gerenciación”.
Otra forma frecuente de abordar el vínculo entre el conocimiento C-T y la actividad económica es en torno al concepto de innovación. Sea que se haga mención al concepto por separado, o bien mediante la expresión actividad de Investigación & Desarrollo & innovación (I&D&i)1.
En efecto, con la que se hace referencia al conjunto de iniciativas re-feridas a actividades de investigación (I), desarrollo tecnológico (D) e innovación (i). Si bien desde nuestro punto de vista la expresión no nos parece precisamente la más adecuada, no podemos negar su uso
1 Es frecuente encontrar la expresión recurriendo a guiones o al signo más. En lo particular nos parece más adecuado el uso del signo de origen latino “&”, monograma de et (equivalente a nuestra conjunción “y”), por lo que a lo largo del texto recurrimos a la expresión de esa manera.
ni su más frecuente interpretación: entre más investigación y desa-rrollo tecnológico, más inventos; y derivado de ello, más competiti-vidad y por tanto, más desarrollo. Relación sobre la que existe una amplia evidencia, por lo que, en numerosos países, se ha intensifica-do la difusión de incentivos en pro de su consolidación. No obstante, la conexión de aspectos a la que alude tiene un carácter más bien macroeconómico, que no representa necesariamente la conexión de eventos que acontece al emprender acciones de tipo microeconómi-co o a nivel de organización. En ambos casos, la finalidad es la mis-ma: elevar la competitividad a partir de la innovación, pero implica otras acciones de muy diverso orden. Asunto, este último, que está siendo de interés no sólo para los economistas, sino también para los estudiosos del campo de la psicología, la sociología, la antropología y las denominadas ciencias del aprendizaje.
A partir de los distintos enfoques disciplinarios desde los que se aborda el término conocimiento, adopta connotaciones diferentes, pero que en términos generales hacen referencia a conocimiento científico, tecnológico, técnico o, simplemente, a la información que se manifiesta de manera abstracta (en principios teóricos, fórmulas, métodos, etc.) o concreta (materializado en maquinaria, equipo, mate-rias primas, etc.) y se instrumenta a partir de los saberes (incluyendo el saber hacer) de los individuos. No obstante la gran diversidad de enfoques, en todas las propuestas siempre subyace la idea esencial de incorporar y consolidar (sea como empresa, sector o país) el uso y aplicación del conocimiento Científico-Tecnológico en la producción de bienes y servicios. Situación que deberá redundar en su competiti-vidad y, por ende, en sus beneficios de tipo monetario.
La diversidad de enfoques disciplinarios adoptados y los variados paradigmas2 desde los que se visualiza el fenómeno
conocimiento-com-petitividad así como las diferentes unidades de análisis (empresa, sec-tor, país) objeto de estudio del vínculo, han propiciado una maraña conceptual en torno al concepto conocimiento y las estrategias para su
2 Para el caso de la economía, destacan las visiones de las escuelas marxista, institucionalista y, por supuesto, la neoclásica. En el caso de la disciplina definida en inglés como Knowledge Management la situación no es diferente, lo que se observa, de entrada, en la terminología alternativa propuesta por diversos autores (por ejemplo Organizational Knowledge o Development Knowledge).
aplicación3. Situación que complejiza la comprensión de las
posibilida-des de instrumentación de los principios teóricos de la economía actual en el ámbito empresarial.
Al plano general antes descrito, se sumaron necesidades muy concretas derivadas de diversos compromisos interinstitucionales. Una de ellas se refiere a los procesos de formación en los que em-pezó a participar el Colegio de Postgraduados (CP) en el año 2006. A partir de ese año, el CP ha participado activamente en la formación de, aproximadamente, mil Prestadores de Servicios (PS) vinculados a la Financiera Rural4 (FR), quienes son profesionistas de diferentes
disciplinas y que en los hechos deben fungir como agentes de desa-rrollo de las capacidades de los individuos y de las unidades econó-micas donde éstos generan sus ingresos. La iniciativa trata por tanto de ofrecer elementos teóricos y prácticos a los PS para que impulsen prácticas innovadoras y de gestión de los diferentes tipos de conoci-miento que propicien la competitividad de las unidades económicas del medio rural (Financiera Rural, 2006).
A lo anterior, hay que agregar la necesidad de complementar la formación de los estudiantes regulares de las áreas de economía y administración en las instituciones académico-investigativas aus-piciantes; tanto del Colegio de Postgraduados y de la Universidad Autónoma Chapingo (UACh), así como del Centro de Investigaciones en Economía y Desarrollo Agroalimentario (CREDA) adscrito a la Uni-versidad Politécnica de Cataluña. Destacando asimismo que la vincu-lación entre las mismas para este proyecto ha sido posible gracias al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México (CONACYT), en el marco de su Programa de Apoyo para Estancias Sabáticas y Conso-lidación de Grupos de Investigación.
Es importante señalar que, además de las motivaciones derivadas de la práctica docente, el presente texto es también resultado de las acciones promovidas por el CP como parte de la línea prioritaria de investigación número 14, dedicada a la Educación, Desarrollo Huma-no y Gestión del CoHuma-nocimiento, la cual busca generar coHuma-nocimientos
3 Véanse las afirmaciones de Donate M., M., 2007; Del Moral, A., et al., 2007; Liebowitz, J. e I. Megbolugbe, 2003; por mencionar sólo algunos. Así como la sólida crítica desde la ciencia del conocimiento realizada por Eduardo Bueno C. (2004).
4 Una descripción detallada del contexto y las expectativas del proyecto puede consultarse en Garza L., 2006.
teóricos y metodológicos, y estrategias de acción en educación, para contribuir a la formación de personas comprometidas con el desa-rrollo de sus organizaciones o comunidades.
Las necesidades anteriormente señaladas condujeron, primera-mente, a la afanosa búsqueda de documentos que ayudaran a aten-derlas y, posteriormente, a la tarea de realizar uno más específico con la finalidad de proporcionar a los educandos de las instituciones mencionadas los elementos teóricos y prácticos necesarios para que sean capaces de impulsar prácticas innovadoras y de gestión de los di-ferentes tipos de conocimiento que propicien la competitividad de las unidades económicas –de pequeña y mediana escala– del medio rural.
Todo el esfuerzo que significó el diseño e instrumentación de este proyecto de apoyo a la formación de gestores de la innovación y el conocimiento hubiera sido imposible de realizar sin la dispo-sición, entusiasmo y, por supuesto, experiencia del Dr. José Ma. Gil Roig (CREDA) y la Dra. Catalina Pérez (del Instituto de Investigacio-nes y Tecnología Alimentaria) quieInvestigacio-nes apoyaron en la formulación e instrumentación del mismo en tierras catalanas así como en parte del texto final. A ello habría que agregar las valiosas sugerencias del Dr. José Miguel Omaña Silvestre y del Mtro. Bernardo Solís Sánchez, profesores del CP y la UACh respectivamente. Así como a las críticas y comentarios de los involucrados en el proyecto, por parte de la Financiera Rural; me refiero a Eduardo Malagón Mosqueda, Eduardo Ibarra Thennet, Erick Quesnel Galván y Jorge Flores Trejo.
Por último, queremos reiterar que la necesidad de apoyar las la-bores de docencia e investigación relacionadas con la comprensión y operacionalización de la Economía Basada en el Conocimiento para el caso del agro, dio pie al presente texto, pero que el mismo no se considera un ejercicio concluido. Al contrario, esperamos que sea una labor que resulte enriquecida con las experiencias de los profesores que recurran a él así como la de quienes diseñan e implantan planes de negocios basados en la innovación y la gestión del conocimiento.
INTRODUCCIÓN
El presente documento se elaboró con el afán de ayudar a los estudian-tes de las áreas de Economía y Administración vinculadas con el medio rural, en la adquisición de elementos teóricos y prácticos que les permi-tan impulsar prácticas innovadoras y de gestión de conocimientos que propicien la competitividad de sus unidades económicas. Para ello, el documento consta de una estructura conformada por cuatro apartados.
El primer apartado está dedicado a explicar las causas originales de la Economía Basada en el Conocimiento (EBC) así como las prin-cipales características de esta forma de organización de la economía. Dada la importancia del componente de conocimiento en la actividad económica se dedica un parágrafo de este apartado a analizar en qué consiste el conocimiento y el rasgo esencial del mismo: su construc-ción a partir del método científico. Esto con la finalidad de evitar la frecuente confusión existente en torno al término conocimiento y dejar en claro que, fundamentalmente, al menos desde la Revolución Industrial, son la ciencia y sus derivados tecnológicos los que permi-ten revalorar la actividad económica.
Después de abordar los orígenes de la EBC, el siguiente capítulo trata la manera en que ésta se instrumenta, cosa que ocurre a través de la innovación. Es decir mediante la incorporación del conocimiento científico-tecnológico en productos y procesos productivos que per-miten a los agentes económicos posicionarse mejor en los mercados. Este segundo capítulo consta de dos apartados. El primero de ellos, aunque dirigido a precisar el concepto EBC, hace una breve revisión de la evolución que ha tenido el mismo y a las frecuentes acepciones con que se utiliza. El segundo de los apartados tiene una finalidad eminentemente práctica ya que está orientado a una clasificación de las variantes de innovación y a proporcionar ejemplos de ello. De tal manera que los lectores comprendan rápidamente las formas en que se ha venido instrumentando la EBC.
El tercer capítulo está estructurado de forma similar al anterior. En el primer apartado se precisan las ideas que subyacen en lo que se ha dado por llamar la Gestión del Conocimiento (GC). Y el segundo, incluye un abordaje donde se describen dos importantes modelos que emergen dentro de dicha disciplina y un modelo que –fundado en las ciencias del aprendizaje– ha venido aplicándose por los prestadores de servicios adscritos a la Financiera Rural1.
Tomando en consideración que los modelos de GC han estado diri-gidos a las grandes organizaciones empresariales sin tomar en cuenta las unidades económicas de pequeña y mediana escala, particular-mente las del medio rural, se da inicio al cuarto capítulo rescatando sus rasgos esenciales. De tal manera que se sientan las bases para, posteriormente, proponer un modelo particular de GC para el caso de los productores y empresarios de pequeña escala que participan en las actividades económicas del medio rural.
Los cuatro capítulos descritos incluyen, al final, una lista de acti-vidades recomendadas para fortalecer el aprendizaje de los usuarios del presente texto. A manera de anexos, se presenta una lista de lec-turas organizadas por temas, que pueden ayudar a los interesados a profundizar en algún aspecto particular, y un segundo sobre “mapas de empresa”.
1 No sólo por la institución, pues las experiencias más cercanas durante el periodo que abarca el presente proyecto han sido las de este grupo.
1
LA ECONOMÍA BASADA EN EL CONOCIMIENTO
Aunque para la mayor parte de nosotros el vínculo economía-conoci-miento no pareciera un tema ligado a la cotidianeidad, la verdad es que está presente en numerosos momentos de nuestras vidas. En el super-mercado, por ejemplo, cuando seleccionamos el tipo de leche que más se adapta a nuestras necesidades sea deslactosada o semidescremada; cuando preferimos tomates con larga vida de anaquel o piñas peque-ñas; en el trabajo cuando encendemos la computadora o en el hogar cuando empleamos el microondas. En todos esos actos de nuestra vida está presente la actividad económica de alta densidad científica.
Esta forma de organización de la economía ha transformado nume-rosas prácticas cotidianas y, muy particularmente, la manera en que los países y las empresas se insertan en el mercado mundial. De ahí la importancia de comprender este fenómeno y los alcances del mismo.
El nuevo modelo de organización de la economía, conocido como economía basada en el conocimiento (EBC), no es otra cosa más que la aplicación cada vez más generalizada de las disponibilidades del progreso científico y técnico a la solución de las crecientes y nuevas necesidades de la sociedad. Esta nueva forma de organiza-ción de la economía, termina por consolidarse en los últimos lus-tros del siglo XX, con lo que se reafirma la cada vez más acelerada
producción de bienes con una alta densidad de valor intelectual científico y tecnológico. Es decir, la ciencia se transforma en fuerza productiva directa (Grobart, 1998).
O como afirma Sergio Ordoñez, el modelo económico actual se ca-racteriza por haber hecho de la valorización del conocimiento su prin-cipal fuerza productiva (Ordóñez, 2004:17).
El interés por la esencia y las características del nuevo modelo de organización de la economía no es exclusivo de los economistas. Es un interés compartido por los estudiosos de la administración;
del denominado Management y, por supuesto del Desarrollo. Esto sin contar el interés surgido en campos del conocimiento ajenos al de la economía pero abocados al estudio del individuo y su entorno. De tal manera que podemos encontrar diversas maneras de apreciar lo que, en estricto sentido, es economía basada en conocimiento.
Peter Drucker (2003: 21) –considerado por muchos padre del
Mana-gement como disciplina–, señala: “Entramos en un tercer periodo
de cambios: el giro desde la organización basada en la autoridad y el control, la organización dividida en departamentos y divisiones, hasta la organización basada en la información, la organización de los especialistas del conocimiento”.
La objetivación del conocimiento en productos no es un fenómeno nuevo. Revisando los fundamentos antropológicos del trabajo se tiene que “Por virtud del trabajo, praxis adecuada a fines, los humanos ven-cemos la resistencia de las materias y fuerzas naturales (cfr. Sánchez Vázquez, 1979); creando objetos útiles, realidades enteras que satisfa-cen las tan complejas y siempre crecientes necesidades humanas: del estómago y de la imaginación, en efecto, objetivas y subjetivas, indivi-duales y colectivas, inmediatas y trascendentes... humanas, e incluso, visto desde su perspectiva evolutiva, prehumanas” (Flores T., J. y J.L. Vera, 2010:73).
No obstante lo anterior, la objetivación del conocimiento en una producción masificada sí es un fenómeno relativamente reciente ya que despunta con la llamada Revolución Industrial y se dinamiza de manera espectacular como resultado de la revolución tecnológica de la informática y las comunicaciones, puesto que esta última ha posibilitado que el vínculo entre ciencia y conocimiento se vuelva más accesible y aplicable a la producción (Ordóñez, 2004).
Un interesante ejercicio realizado por Ander-Egg (2004), nos mues-tra cómo a partir del siglo XVIII la implicación ciencia-tecnología-téc-nica se manifiesta en periodos más cortos. Es decir, el tiempo trans-currido entre un descubrimiento científico y su aplicación práctica se acorta cada vez más. Al respecto, véase el Cuadro 1 donde se señalan las fechas de algunos descubrimientos y el tiempo que tardó su aplica-ción. En él se observa claramente cómo después del siglo XVIII, el lapso
Cuadro 1. Años transcurridos entre el descubrimiento o el invento científico y su aplicación
Invento Año del
descubrimiento
Año de aplicación
Año transcurrido
Fuerza expansiva del vapor 1665 1785 120 años
Fotografía 1727 1825 98 años
Motor eléctrico 1821 1886 65 años
Teléfono 1820 1876 56 años
Radio 1867 1902 35 años
Tubo de vacío 1884 1915 31 años
Tubo de rayos catódicos 1895 1913 18 años
Radar 1925 1939 14 años
Televisión 1922 1936 14 años
Reactor nuclear 1932 1942 10 años
Elementos semiconductores
y transistores 1948 1953 5 años
Circuito integrado 1958 1961 3 años
Rayo láser 1959 1960 < de 1 año
La ciencia propicia el desarrollo tecnológico pero, a su vez, ésta se apoya en el segundo “...se inventa –como dice Whitehead– el método
de inventar” (citado por Ander-Egg, 2004:31). Esta situación es
particu-larmente evidente en el siglo XX y, muy especialmente, en los últimos
lustros del mismo cuando se evidenció la posibilidad de la ciencia para “hacer cosas”. Situación que se vio exponencialmente desarro-llada por un régimen donde la expansión económica se basa en la productividad que éste alcance.
No obstante, antes de continuar con la caracterización de la EBC es necesario detenernos y abrir un paréntesis para definir el conoci-miento científico-tecnológico y así poder comprender la manera en que éstos agregan valor a los productos y servicios. En el entendido de que se trata de precisar el término considerando los aportes de la ciencia que estudia a la ciencia misma y la manera en que se construye
Tomado de: Ander-Egg, Ezequiel, Métodos y Técnicas de Investigación Social II. La ciencia: su método y la expresión del conocimiento científico, 2004, p. 32.
el conocimiento: la epistemología. Ya que si la ciencia se ha vuelto el motor de la tecnología resulta necesario conocer la manera en que opera y la naturaleza de sus productos.
Como es inherente al pensamiento filosófico, los principales repre-sentantes de la epistemología presentan diferencias importantes ante los problemas fundamentales de este quehacer intelectual. Para los efectos que buscamos, es factible rescatar algunas de las ideas esencia-les de “esa cosa” llamada ciencia, como la alude Chalmers (2000), para comprender lo que nos ofrece el trabajo científico, ya que desde nuestro punto de vista, eludir este punto y optar por caracterizaciones o sim-plificaciones reduccionistas no aproximará al lector al núcleo de la EBC.
EL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO-TECNOLÓGICO
El conocimiento científico es aquél que nos permite aproximarnos a la realidad con mayor certidumbre. Este conocimiento nos da una clari-dad funclari-dada sobre la naturaleza intrínseca de los fenómenos en tanto reales, y que poseen características específicas. Según sus grados de legi-timación social, se pueden identificar diferentes tipos de conocimiento:
• El conocimiento incipiente que es pre-teórico y comprende ex-plicaciones sencillas referentes a cómo se hacen las cosas (las respuestas dadas a los porqués).
• El conocimiento ordinario, o de sentido común, procura expli-caciones de la realidad haciendo referencia a esquemas prác-ticos de carácter inmediato y que se relacionan directamente con acciones y necesidades concretas.
• El conocimiento científico, socialmente producido, legitimado y establecido por la comunidad científica y en proceso perma-nente de validación. (Bonilla C., E., 2009:25).
En tanto nos explica cada vez mejor el funcionamiento de la rea-lidad, el conocimiento científico nos brinda los elementos necesarios para transformarla, situación que buscamos mediante nuestro esfuer-zo físico e intelectual. Un conocimiento científico explica la realidad bajo estudio y, con ello, da la posibilidad de incidir en ella más efi-cazmente. Los conocimientos sobre el funcionamiento de la energía nuclear o del ADN, por ejemplo, sirven para cambiar la realidad.
El principal producto de la ciencia es el conocimiento teórico-expli-cativo que nos brinda elementos para transformar la realidad. Dicho producto se alcanza a través de la manera en que procede la ciencia, o lo que suele llamarse el método científico. El nombre es ambiguo, sin embargo: “Por una parte es merecido porque tal método existe y es eficaz. Por otro lado la expresión ‘método científico’ es engañosa, pues puede inducir a creer que consiste en un conjunto de recetas exhaus-tivas e infalibles que cualquiera puede manejar para inventar ideas y ponerlas a prueba” (Bunge, 2006:48).
Aún cuando existen diferentes puntos de vista respecto a lo que es el método científico, esto no impide que haya un amplio recono-cimiento a sus éxitos en el campo de las ciencias naturales. Otra cosa es que se considere el más adecuado para otro tipo de ciencias. En particular para aquellas de carácter social. Es menester señalar que en este sentido existe un profundo e interesante debate. No obstan-te, el abordaje de los puntos de vista al respecto es algo que excede los fines del presente texto. Basta señalar que las prácticas genera-doras de conocimiento que se intensifican en las últimas décadas del siglo XX son aquéllas de carácter científico que son útiles para su
realización en el mercado1.
Buena parte de los éxitos científicos que sustentan la EBC se ubican en el campo de las ciencias naturales y se ha llegado a ellos mediante el uso de estrategias de investigación científica cuyo rasgo distintivo es la contrastabilidad. Dicho de otra manera, las ideas que han venido a transformar la forma en que se realiza la producción, la distribución y el consumo han sido ideas de carácter científico, que a manera de teoría o hipótesis se consideran objetivamente con-trastables con datos empíricos. Son avances científicos que ofrecen resultados, cuyo valor económico emerge cuando se aplican en los procesos de producción y consumo.
Comprender lo anterior resulta esencial en la definición de es-trategias encaminadas a incorporarse a la EBC. Son las prácticas ge-neradoras de conocimiento científico las que más han contribuido a
1 “Han aparecido prácticas epistémicas en cuya estructura axiológica se encuentran valores económicos (como la ganancia financiera), junto con valores que ahora son considerados positivos –si redundan en un beneficio económico– y que afectan directamente el dominio epistémico, como la apropiación privada del conocimiento…” (Olivé, 2008: 42).
generar bienes o servicios con alto valor de mercado; algo que, no ne-cesariamente, compromete por igual toda la investigación científica. Dicha actividad, en su amplio sentido, también es generadora de valo-res epistémicos sujetos a compromisos éticos y sociales. Y es gracias a la ciencia, en su más pura acepción, que puede existir también la prác-tica científica con fines mercadológicos. Por lo tanto, las estrategias de incorporación a la EBC deben formar parte de políticas mucho más amplias en materia de educación, ciencia y tecnología, que atiendan los diferentes problemas de la sociedad en su conjunto (Olivé, 2008).
Aun y cuando nuestro proceder como especie humana sea predo-minante –y vitalmente– racional (es decir, que en el proceso evolutivo de la misma destaca la capacidad de comprender y transformar cohe-rentemente la naturaleza en beneficio de la especie), el pensamiento humano no siempre ha necesitado alcanzar (ni en todas las épocas ni en todas las culturas) los atributos de rigor, tan característicos de la ciencia. La capacidad para serlo nace con la persona pero la posibilidad de concretar ese paso depende de esfuerzos concretos en ese sentido; el conocimiento científico “…no lo desarrolla espontánea o biológica-mente –determinado por su genética–, sino por medio de un esfuerzo mental deliberado y disciplinado” (Dieterich, H., 2007:25). Sólo el esfuer-zo interpretativo basado en un raesfuer-zonamiento riguroso o sea el trabajo intelectual, permite ir más allá de la mera apariencia. Permite captar la esencia de la realidad y, por tanto, da la posibilidad de incidir en ella.
Para Dieterich (2007:35) el conocimiento científico es el único me-dio disponible para conocer el mundo real tal como objetivamente existe y opera. De ahí que la utilidad del pensamiento objetivo no se limita al análisis de los temas de investigación académicos, sino que debe emplearse en situaciones de gran trascendencia, donde una decisión equivocada puede tener consecuencias irrevocables para las personas. De ahí que el autor concluye que la finalidad de la ciencia sea, por tanto, eminentemente práctica. Aspecto que se confirma plenamente bajo el modelo de organización de la econo-mía que prevalece en la actualidad.
El conocimiento científico tiende a ser ordenado y sistematizado en función a hechos y fenómenos de la misma naturaleza, lo que da pie a distintas especialidades de la ciencia. Ese conjunto de conocimientos
llamado ciencia nos proporciona los principios teóricos, mientras que la tecnología nos da la posibilidad de aplicarlos. La ciencia nos brinda los mapas de la estructura de los hechos. “Mapas” que sirven de base para la tecnología en tanto ésta se ocupa de la aplicación de tales conocimien-tos para transformar determinado aspecto de la realidad. Aspecto que puede estar relacionado con cualquier actividad de la vida humana y que asociamos más frecuentemente con los procesos industriales.
Las prácticas tecnológicas, a diferencia de las científicas, se orientan no hacia la generación de conocimientos, sino a la transformación de objetos que serían materiales o simbólicos, aunque muchas veces para ello generan nuevo conocimiento… pero, ciertamente, en las sociedades cuya economía se rige por el mercado, la tendencia dominante es que las prácticas tecno-lógicas generen productos con un valor de cambio que se reali-ce en el mercado (Olivé, 2008:40).
Tal vez una mejor manera de entender lo anterior sea recurriendo al término técnica, el cual corresponde a “el conjunto de procedimien-tos o métodos que permiten hacer los trabajos de forma más rápida, eficaz y repetible” (Viramontes B., R., 2009:54). Si revisamos la historia, podemos observar que la mayoría de las técnicas o procesos técnicos (que incluyen varias técnicas) se crearon a partir de la experiencia y conocimientos técnicos previos. Es decir que sólo cuando la cien-cia fue adquiriendo más importancien-cia y proporcionando más descu-brimientos, fue que éstos empezaron a utilizarse para la creación de nuevos procedimientos tecnológicos.
Distingo [dice Olivé] entre prácticas técnicas y tecnológicas, re-servando el término de tecnología para aquéllas prácticas cuyo objetivo central es la transformación de objetos mediante pro-cedimientos que se benefician del conocimiento científico. Las prácticas técnicas, en general, son aquéllas que transforman ob-jetos sin hacer uso, necesariamente, del conocimiento científico (Op. cit., p. 40).
La piedra angular de la economía basada en el conocimiento es el conocimiento C-T que da valor a procesos o productos. No obstante éste no se realizaría si no se atiende durante el ciclo completo que va
desde la producción hasta el consumo, lo que exige recurrir a otro tipo de conocimientos, más de carácter aplicado. Por ejemplo, información financiera, de mercados, canales de comercialización, etc., debidamente procesada e interpretada. O bien, conocimientos teórico-prácticos (de los individuos por separado o en conjunto) que se manifiesten en una ade-cuada comprensión del conocimiento C-T y la interacción con la reali-dad. Todo ello para innovar2 de manera sistemática y permanentemente.
Por lo tanto, la EBC se concreta mediante la combinación de: I) las innovaciones básicas, consistentes en conocimientos científico-tecno-lógicos que permiten comprender y transformar el producto o servicio en cuestión; II) las innovaciones complementarias, las cuales permiten
conocer y transformar la manera de operar y, III) una fuerza laboral
capaz de innovar, tanto a nivel individual como grupal. Evidentemente, esa combinación no surge de manera espontánea sino como resultado de un esfuerzo que la propicie. De ahí la importancia de manejar los flujos de los distintos tipos de conocimiento3 enunciados y alcanzar
la combinación óptima de los mismos. Entendiéndose de ahí, que el punto óptimo se plasma en el mercado bajo la idea de competitividad.
A lo anterior habría que agregar que bajo el nuevo modelo de or-ganización de la economía “...no basta ya con satisfacer de forma ge-neral la demanda solvente global; se hace imprescindible ahora «con-quistar» al consumidor concreto, en cualquier segmento o nicho de mercado que éste se encuentre” (Grobart, 1998:179).
CARACTERÍSTICAS DE LA ECONOMÍA BASADA EN EL
CONOCIMIENTO
El resultado de todo lo anterior es un vínculo más estrecho entre el in-novador y el inversionista, que se refleja en la rápida aplicación prác-tica de los conocimientos científico-tecnológicos para la reproducción de objetos de consumo, además de los medios y objetos de trabajo. Aparecen nuevas ramas de producción y modalidades de servicios con sólidas connotaciones científicas, las cuales habrán de asumir un rol decisivo en la creación de la nueva base tecnológica. Encabezan, por tanto, una nueva forma de “industrialización”.
2 El tema de la Innovación se aborda en el siguiente apartado. 3 Tema que se aborda en el apartado 3.
La reconversión industrial consiste, en la renovación parcial del aparato productivo y la comprobación comercial de los sistemas de producción flexibles bajo un régimen fundamentalmente capitalista. De esta manera se crean las condiciones para un nuevo tipo de in-dustria “...basada en la difusión masiva de la electronización a todas las esferas de la actividad económica e intelectual, la automatización integral de la producción y los servicios, la propagación generalizada de la informática y las comunicaciones, el empleo multifacético de materiales artificiales con propiedades prediseñadas, así como la di-versificación de los productos de la ingeniería genética y la biotecno-logía, ...” (Grobart, 1998:181).
Bajo el nuevo entorno ocurren cambios radicales que conforman un mundo diferente donde los seres humanos incrementamos nuestras capacidades a niveles que hace unas décadas correspondían a nuestra fantasía. En particular nos referimos a las llamadas “tecnologías con-vergentes”, las cuales forman parte de la dinámica contemporánea del desarrollo científico-técnico. Con este nombre se hace referencia a la combinación sinérgica de diferentes tecnologías transformadoras: (a) nanociencia y nanotecnología; (b) biotecnología y biomedicina, inclu-yendo la ingeniería genética; (c) tecnología de la información, incluyen-do comunicación y computación avanzada y (d) ciencias cognitivas, incluyendo la neurociencia cognitiva (nano–bio–info–cogno, NBIC). Todas ellas constituyen la combinación del conocimiento para la ma-nipulación de la materia viva con la inerte, teniendo como objetivo final impactar directamente a sectores estructurales de la economía, lo político, social y ambiental (Vessuri, H., et al, 2009).
NANOTECNOLOGÍA: LA NUEVA FRONTERA EN CIENCIAS DE LOS ALIMENTOS
Artículo original por Carmen I. Moraru, et al., Food Technology, vol. 57, (12):24-29a
Traducción y análisis del artículo de Mercedes Pedreño Navarro
"Entender las propiedades especiales de materiales de tamaño na-nométrico, permitirá a los científicos en el campo de la alimen-tación desarrollar nuevos productos que sean más saludables, sabrosos y seguros".
La nanotecnología es la ciencia que se basa en propiedades de aquellos materiales que tienen tamaño nanométrico, y ha aporta-do mejor entendimiento de la relación entre las propiedades ma-croscópicas y estructuras moleculares, grados de orden, y fuerzas intermoleculares tanto en materiales sintéticos como biológicos. Esta ciencia es definida por los autores de este artículo como la ventana que permitirá comprender, replicar o mejorar la comple-jidad y la funcionalidad de compuestos biológicos, consiguiendo así el control que la naturaleza tiene sobre dichos compuestos. Hasta el momento la mayor parte de las aplicaciones de la nanotec-nología se han desarrollado en los campos de electrónica, automa-tización, o farmacéutica y medicina. Sus aplicaciones en el campo de Tecnología Agroalimentaria se prevé que producirán una revo-lución en dicho campo. El desarrollo de nuevos ingredientes como nano-partículas, nano-emulsiones, nano-compuestos, y materiales con nano-estructuras tendrán un gran impacto en el desarrollo de nuevos productos y sus envases. Los procesos de producción tam-bién se verán afectados por nuevos métodos derivados de la na-no-biotecnología y de la ingeniería basada en nano-reacciones entre otros. Y, por último, se podrán utilizar nano-sensores y nano-dis-positivos que mejoren la seguridad y trazabilidad de los alimentos. Algunas de las aplicaciones que se están desarrollando son:
Nano-compuestos en el área de envasado de alimentos. Por
ejemplo, un nuevo tipo de goma espuma para el envasado de platos preparados con mejores propiedades térmicas y biodegra-dables. Otro ejemplo son los nano-materiales, que se están desa-rrollando para poder envasar cerveza en botellas de plástico, algo imposible hasta ahora.
Nano-tubos y membranas. Son el material más duro que se
co-noce, siendo de 10 a 100 veces más fuerte que el acero por uni-dad de peso. Estos materiales serán vitales en el futuro para la industria aeronáutica y automovilística, y serán igualmente importantes en el diseño de maquinaria industrial o en el diseño de sensores en empresas agroalimentarias.
Vehículos de transmisión. Nano-partículas y nano-esferas
permi-ten una mejor encapsulación y una emisión más eficiente que la de la encapsulación tradicional. Su efectividad es tal que incluso se podrían utilizar para tratamiento de alergias alimentarias.
Nano-herramientas para bioseguridad. Pueden permitir el
desa-rrollo de biosensores que permitan detectar agentes biológicos como ántrax o tuberculosis en la cadena alimentaria de una forma fiable y eficaz.
Caracterización y manipulación de biomoléculas. Desarrollo de
métodos que permitan la caracterización de materiales y políme-ros moleculares en nano escalas. Estas son algunas de las posibles aplicaciones de la nanotecnología en la industria agroalimentaria, dicha industria debe encontrar la forma de beneficiarse de esta nueva tecnología por el bien de la humanidad.
Tomado de: http://www.euroresidentes.com/futuro/nanotecnologia/articulos/na-notecnologia-alimentacion.htm
Destaca, muy en particular, por su impacto en la sociedad en su conjunto, la revolución tecnológica de la informática y las comunica-ciones que gracias a sus alcances en el envío y procesamiento de in-formación, imagen, texto y audio, vino a constituirse en la nueva base tecnológica de la economía y la sociedad. El paso de la computadora del uso institucional al uso personal transformó, especialmente en los años ochenta, tanto el producto social como el modo de vida de la so-ciedad. Y, para los noventa, la confluencia de las computadoras con las comunicaciones incide en la mayoría de las actividades económicas y en una enorme gama de actividades sociales.
Los nuevos rasgos que caracterizan la economía actual han sido ampliamente reconocido por los más diversos autores –independien-temente del paradigma en que se ubiquen– valorando, en especial, el papel del conocimiento C-T, el cual junto con las tecnologías de la informática y las comunicaciones son las fuerzas que dinamizan la actividad económica.
La OCDE (1996) define la economía basada en el conocimiento co-mo la economía basada en la producción, distribución y uso del conocimiento y de la información.
En la definición de la OCDE, señala Barceló (2001), queda implícita la atribución del conocimiento como factor de producción. Si en la economía agrícola el recurso central era la tierra y en la industrial el capital físico, en la actualidad el conocimiento –tanto en su categoría
de input como de output– se configura como el principal elemento de creación de riqueza. Y, aunque, como señala la misma autora, no existe un acuerdo generalizado de lo que significa la EBC, sí existe con-senso respecto al hecho de que este proceso ha derivado en:
• La aparición de nuevas actividades económicas y modificación de la estructura sectorial de las economías.
• Transformación de los patrones de inversión que implica un crecimiento de ésta en intangibles como I&D, reestructuración de las organizaciones, y tecnologías de la comunicación. • Mayor cualificación profesional generalizada en todos los sectores. • Incremento de las exportaciones de productos de alta tecnología. La expresión «economía basada en el conocimiento» fue acuñada para describir la tendencia de las economías avanzadas a ser cada vez más tributarias del conocimiento, la información y la forma-ción de alto nivel, así como de la necesidad creciente, de los secto-res públicos y privados, de poder acceder a todos estos elementos. Manual de Oslo, 2005.
Según la OCDE (1999), los cambios experimentados por las econo-mías que la componen muestran la creciente importancia de la produc-ción, difusión y uso del conocimiento para mejorar la competitividad de las empresas y el comportamiento de la economía en su conjunto.
De acuerdo a lo señalado en el documento de la OCDE (1999) y al resumen que hace Barceló (2001), el movimiento generalizado ha-cia la EBC se observa en un crecimiento significativo en los sectores intensivos en conocimiento (en particular de las tecnologías de la información y la comunicación), el gasto creciente de las economías de la OCDE en I&D y el impulso a la generación de recursos humanos altamente calificados. A partir de esas tendencias la OCDE estableció una serie de indicadores que se publican en sus anuarios y que tratan de dar cuenta de los avances de la EBC.
En relación al gasto cabe destacar que de acuerdo al Reporte de la OCDE 2010, los países que la componen gastan en promedio poco más del 2% de su PIB en I&D. Aunque, evidentemente, el promedio es resultado de las diferencias entre los países que la integran, en el caso de México la diferencia con respecto al promedio es mucha, ya que la inversión en I&D apenas representa el 0.4 del PIB.
La suma de los avances alcanzados por el progreso científico-téc-nico ha beneficiado a las organizaciones empresariales y, al mismo tiempo, ha permitido a los países desarrollados –que es donde se con-centran la mayoría de dichos avances4– enfrentar la saturación que
presentaba el mercado. Los nuevos conocimientos y sus aplicaciones permiten a las empresas de estos países confrontar la competencia con nuevas estrategias. De ahí la importancia creciente de las políticas dirigidas al fomento de la investigación y el desarrollo tecnológico.
ÍNDICE DE LA ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO (KEI) E ÍNDICE DE CONOCIMIENTO (KI) ELABORADOS POR EL BANCO MUNDIAL
El índice de la economía del conocimiento elaborado por el Banco Mundial sirve para comparar la posición de los países a través de un conjunto de variables relacionadas al conocimiento. Explica la relación entre el nivel de conocimiento asociado con el nivel de desarrollo de un país o región.
El Índice del Conocimiento (KI) mide la capacidad de un país para generar, adoptar y difundir el conocimiento. Es un indicador del po-tencial de desarrollo de los conocimientos en un país determinado metodológicamente. Constituye el promedio de los resultados de desempeño de un país o región en tres componentes de la econo-mía del conocimiento: 1) la educación y los recursos humanos; 2) el sistema de innovación, y 3) las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC).
El Índice de la Economía del Conocimiento (KEI) toma en cuenta si el entorno es propicio para el conocimiento y pueda ser usado eficazmente para el desarrollo económico. Se trata de un índice agregado que representa el nivel general de desarrollo de un país o región en relación con la economía del conocimiento. El KEI se calcula sobre la base de la media de las puntuaciones del rendi-miento de un país o región en los cuatro componentes relaciona-dos con la economía del conocimiento: a) régimen institucional e incentivo económico; b) la educación y los recursos humanos;
4 La concentración de los avances científico-técnicos en los países desarrollados está asociado al hecho de que el insumo fundamental para la producción de nuevo conocimiento es el ya preexistente y acumulado, lo que a su vez está asociado a un conjunto de recursos dirigidos a investigación, capital humano e infraestructura.
c) el sistema de innovación y d) las tecnologías de la información y las comunicaciones.
A su vez, para los propósitos del índice, cada componente en sí está representado por tres variables clave:
a] Régimen institucional e incentivo económico • Tarifa y barreras no arancelarias
• Calidad en la regulación • Estado de derecho
b] Educación y recursos humanos
• Tasa de alfabetización de los adultos • Cobertura en secundaria
• Cobertura en bachillerato y universidad c] Innovación
Pagos de royalties por derechos de propiedad intelectual (licen-cias de patentes, software, etc.); solicitudes de patentes concedidas por la oficina de patentes y marcas de Estados Unidos; artículos de revistas científicas y técnicas
d] Tecnologías de la información y las comunicaciones • Teléfonos por cada 1 000 habitantes
• Computadoras por cada 1 000 habitantes
• Usuarios de Internet por cada 10 000 habitantes Fuente: World Bank, 2008. Tomado de: Aboites y Soria (2008:50).
Actividades
1. Buscar cinco definiciones de la Economía del conocimiento. Identificar el campo del conocimiento desde el que se aborda y la unidad económica que enfoca.
2. Desarrollar un breve texto sobre la biotecnología, señalando en qué consiste, y describiendo alguno de sus aportes donde se observe el descubrimiento del principio científico y la manera en que su aplicación está transformando la realidad.
3. Investigar el gasto en C-T en México (tanto gubernamental y privado) y compararlo con el de países como EU o Japón.