Desde los años ochenta se afianzó a escala mundial una nueva con- cepción del desarrollo económico-social y científico-técnico, condicio- nada por el incremento acelerado del rol que desempeña el progreso del conocimiento C-T (Grobart, 1998). Esta organización económica ampliamente denominada como la Economía Basada en el Conoci- miento se manifiesta, esencialmente, en los países desarrollados.
En su número de septiembre del año 2002, la revista inglesa
The Economist confirma la importancia de lo anterior al hacer
do que “la innovación es considerada actualmente como el in- grediente más importante de cualquier economía moderna y es causa de más de la mitad del crecimiento de América y del Reino Unido. En resumen, es la innovación, más que el capital y el trabajo, lo que hace que el mundo avance”.
Derivado de lo anterior, en los países de la OCDE se generaliza y perfecciona en estos años la institucionalización de la política cien- tífico-técnica, al asumir los órganos competentes, en primer lugar, la misión de trazar las prioridades estratégicas en esta esfera para el lar- go y el mediano plazo y, en consecuencia, determinar los principales volúmenes y proporciones del financiamiento. A partir de la sistema- tización, en los setenta y ochenta, de la labor de prospectiva tecno- lógica y evaluación de proyectos, se fundamentan planes nacionales de investigación y desarrollo tecnológico, momento en que empieza a popularizarse el signo I&D. Para los años ochenta es característico el crecimiento sostenido de los gastos en I&D, tanto en cifras absolutas como en indicadores relativos (aunque con oscilaciones anuales y es- tructurales, en cada país específico). Si bien como regla, en el campo de las investigaciones aplicadas y trabajos de desarrollo la mayor par- te de los recursos financieros son aportados y reabsorbidos con creces (a partir de las demás fuentes) por la empresa privada, no obstante, debe reconocerse la trascendencia que adquieren los fondos públicos para el desarrollo de la investigación fundamental y de los principales servicios científico-técnicos, en interés de todo el sistema social.
De tal manera que la capacidad de estos países de generar y apro- vechar con eficiencia los logros de la ciencia y la técnica es resultado de una política que se constituyó como esencial. Ya que desde las últimas décadas del siglo XX la política científico–tecnológica se con-
virtió en uno de los elementos centrales de la política de los Estados desarrollados, en especial en sus tres principales centros (Estados Unidos, Japón y la Unión Europea). La política C-T dejó de ser, defini- tivamente, un mero aditamento promotor de investigaciones y po- tenciales científicos con fines esencialmente “culturológicos”, para transformarse en el principal instrumento de la capacidad innova- dora a escala nacional, que sirve para crear condiciones sistemáticas que favorezcan la competitividad de sus productos y servicios en el mercado mundial (Grobart, 1998).
Al margen de los distintos enfoques que explican la creciente par- ticipación de la ciencia y la tecnología en el proceso económico, todos los autores coinciden en que su fomento ha ido adquiriendo cada vez más importancia en el ejercicio de la administración pública. De acuerdo a datos recogidos por la OCDE en Perspectivas de Ciencia, Tec-
nología e Industria de 2008 (documento donde se analizan las princi-
pales tendencias del tema en los países de la OCDE y otras economías importantes), el incremento en el gasto en I&D ha sido notable. La inversión de los países miembros de la OCDE en 2006 dirigido a I&D se elevó a 818 mil millones de dólares, en comparación con los 468 mil millones de dólares en 1996.
Casi todos los países –señala la OCDE (2008)– han experimentado un aumento en las patentes y las publicaciones científicas en los años recientes. Si bien Estados Unidos de América tiene aún la proporción más grande de familias de patentes trivalentes (patentes registradas en Estados Unidos de América, Japón y la Unión Europea para prote- ger el mismo invento), su proporción ha bajado, como lo ha hecho la de la UE3. Al mismo tiempo, la proporción de familias de patentes de
las economías asiáticas aumentó marcadamente entre 1995 y 2005, aunque a partir de un bajo nivel. La publicación de artículos científi- cos también ha aumentado, pero aún está altamente concentrada en unos cuantos países; la zona de la OCDE en general representa más de 81% de la producción global. No obstante, las capacidades científicas están creciendo con fuerza en algunas economías emergentes.
La transferencia de tecnología
Uno de los elementos a señalar relacionado directamente con la innovación es la transferencia tecnológica. La transferencia de tecnología es el proceso en el cual se comparten habilidades, conocimiento, experiencia, know-how, herramientas, métodos de fabricación e inclusive instalaciones entre compañías, universida- des, centros de investigación, entidades gubernamentales y otras
3 Se refiere a los países que conforman la Unión Europea actual: Alemania, Austria, Bélgica, Bulgaria, Chipre, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, República Checa, Rumanía y Suecia.
instituciones para asegurar que los desarrollos científicos y tecno- lógicos sean accesibles a la sociedad. Por tanto, la transferencia es otro medio de acceso al conocimiento y a la tecnología, recur- sos necesarios en el proceso innovador (European Commission, 2009). La transferencia tecnológica constituye un asunto de im- portancia capital en el mundo actual, por lo que, en el caso de la Unión Europea, está considerada en todos los objetivos plantea- dos para la universidad europea en el horizonte 2020 sobre una “Europa del Conocimiento”.
Si las empresas, y sobre todo las pequeñas y medianas (PyMEs), desean avanzar en innovaciones deben disponer de la tecnología y el conocimiento adecuado que pueden obtenerse a través de dos fuentes complementarias: fuentes internas como los depar- tamentos propios de I&D&i y las fuentes externas mediante la colaboración con proveedores y socios externos para la adquisi- ción del conocimiento o la tecnología disponible o en desarrollo (González, J., 2011).
Al respecto, la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnolo- gía (FECYT, 2005) remarca que la capacidad del país para generar o adoptar innovaciones tecnológicas y organizativas va a depen- der de la calidad y nivel de los recursos humanos (productividad), de la inversión en I&D (generación de nuevo conocimiento), de los mecanismos de financiamiento de la innovación (competiti- vidad), y de los incentivos, especialmente de la administración, para promover que las empresas transformen en innovación el nuevo conocimiento y la tecnología obtenidos mediante procesos de transferencia.