Un modelo de gestión del conocimiento que permita a las PyMEs insertarse de manera exitosa en la EBC deberá considerar tres par- ticularidades de dicha gestión. La primera es que la tarea directi- va es prácticamente individual por lo que sus responsables deben comprender a cabalidad la importancia de crear y desarrollar co- nocimientos en sus dos vertientes: conocimientos C-T que mejoren sus productos y procesos, y conocimientos entre los individuos que crean, desarrollan y aplican los conocimientos C-T. La segunda parti- cularidad es que la generación de conocimientos C-T exige alianzas entre PyMEs y de éstas con las instituciones prestadoras de servicios del conocimiento. En el entendido de que dichas alianzas deben tras- cender la asociación formal y generar una interacción permanente que vigile la pertinencia de la innovación buscada. La tercera y úl- tima es la (casi) auto-detección de necesidades de conocimientos teórico-prácticos de los individuos que laboran en las PyMEs a fin de incorporar y, de ser posible, enriquecer el nuevo conocimiento C-T al producto o proceso en cuestión.
Alcanzar los conocimientos necesarios para impulsar la EBC y po- ner en práctica un principio esencial de la misma como es la innova- ción parece difícil, en el caso de las PyMEs agroalimentarias del medio rural, sin la intervención de agentes externos. Al menos en el corto
plazo. Ahora, la intervención del agente externo deberá detonar el proceso de incorporación a la EBC considerando dos tipos de diligen- cias. Una de ellas, dirigida a estimular la aplicación consciente y re- flexiva de los conocimientos de los actores de la unidad económica. Y la otra encaminada a promover la creación de nuevos conocimientos que puedan ser objetivados en productos y procesos innovadores. De ahí que se pueda considerar a estos agentes externos como gestores de los conocimientos y de las innovaciones.
Para lograr lo anterior resulta fundamental una práctica sistemáti- ca y permanente de reunificación de la teoría y la práctica tanto entre colectivos interinstitucionales como en el plano individual. El saber propio de la gestión del conocimiento C-T y en la innovación misma debe ir de la mano de su aplicación consciente y reflexiva. Retomar ese vínculo abre nuevas posibilidades para las organizaciones empre- sariales de pequeña escala.
Los pequeños productores y empresarios del sector agroalimen- tario rural, que deseen incorporarse de manera sostenible a la EBC, requieren principalmente gestionar sus propios conocimientos de tal manera que siempre estén en posibilidades de comprender el proce- so en el que están inmersos y los factores que inciden en el mismo. La incorporación a la EBC exige no sólo la incorporación de conoci- mientos C-T a los productos y procesos de trabajo, sino también la incorporación de procesos analíticos rigurosos en el desempeño de nuestro trabajo; es decir que el nuevo modelo exige individuos con conocimientos teóricos y prácticos que habrán de ser objetivados en el proceso mismo de trabajo.
Por otra parte, para impulsar procesos de trabajo que propicien la innovación y la creatividad resulta necesario estrechar el vínculo entre el descubridor, el gestor y el instrumentador de la innovación. Situación que también obliga a revalorar el vínculo entre los cono- cimientos teóricos y su aplicación práctica. Se trata esencialmente de promover el desarrollo autónomo de las capacidades propias a través de la reflexión sobre lo que hacemos y cómo lo hacemos13. El
dominio del vínculo entre teoría y práctica permite al poseedor del
13 Sobre el método Trabajo-Aprendizaje véase Caetano, et al., 2010; Duch, 2007; Financiera Rural 2006; Malagón, 2011.
mismo incrementar constantemente sus conocimientos y hacer co- sas que deberán reflejarse en el dominio de su quehacer. De ahí que consideramos fundamental, primero, rescatar la idea de que pensar con rigurosidad acerca de su trabajo es propio de la especie huma- na (Flores y Vera, 2010; Klamroth, 1987). Y, segundo, que retomar esa práctica mediante una sistematización viable y pertinente al contexto impactará decisivamente en la transformación de las prácticas de una organización empresarial (Garza, 2010).
Las particularidades de las PyMEs agroalimentarias marcan impor- tantes diferencias a la hora de gestionar el conocimiento que les per- mite incorporarse a la EBC. La primera de ellas es el punto de partida, el cual consiste en la comprensión de la importancia de incorporar conocimientos C-T en la actividad económica; repetimos, sólo a partir de una correcta conceptualización los responsables de pequeñas em- presas rurales podrán emprender acciones que constituyan un mane- jo consciente de los flujos de conocimiento.
La segunda es la manera de gestionar y apropiarse de la innova- ción. La innovación (entendida, como ya fue explicado, en la objeti- vación material del conocimiento C-T) exige, en el caso de las PyMEs agroalimentarias, la interacción de colectivos -de fuera y dentro de la empresa- con motivaciones y objetivos institucionales diferencia- dos pero que deben asumir una meta común. A su vez, la instru- mentación de la innovación como objetivación en trabajo vivo exige la reflexión teórico-práctica, como iniciativa inicialmente individual antes que colectiva.
En consecuencia, los individuos que estén a cargo de una unidad económica de pequeña escala deberán promover, por una parte, la conformación de un sistema de innovación basado en la interacción de quienes crean los conocimientos C-T y quienes lo incorporan a sus productos y procesos. Un sistema en el que todos los componentes deberán operar como un todo en el que la interacción propicie el ascenso de los conocimientos teórico-prácticos de los individuos que conforman los dos colectivos. Por otra parte, deberán promover nue- vos aprendizajes a partir de la diseminación y puesta en marcha de los conocimientos que permiten instrumentar las innovaciones.
La gestión de los flujos de conocimiento en unidades económicas de pequeña escala sólo es posible si los que las dirigen le asignan a su
trabajo una doble intencionalidad; la de generar los productos del tra- bajo en sí mismo y la de aprender del trabajo, a partir de una reflexión consciente y sistemática.
Somos conscientes que puede no ser fácil para la pequeña empresa agroalimentaria rural gestionar los conocimientos que conduzcan a la innovación y sustenten su correcta aplicación, pero es factible hacerlo. El asunto es que, en su papel de gestora de los nuevos conocimientos, no pierda de vista el mercado y los principios esenciales de la EBC.
Actividades
1. Revise la conexión entre los proveedores de conocimiento y el mercado de una determinada actividad económica (consideran- do por ejemplo, el sector terciario o de servicios). Haga una búsqueda de casos de vinculación de centros de investigación y universidades con empresas. Identifique el propósito, la forma de alianza y los resultados alcanzados.
2. Identifique los programas gubernamentales de apoyo a las uni- dades económicas de pequeña escala. Revise en qué consisten y haga un análisis crítico.
3. Competencia laboral es un concepto de gran utilidad para apli- car un modelo de GC. Haga una búsqueda por Internet para averiguar en qué consiste. Trate de identificar las competen- cias laborales de un Consultor de GC para empresas rurales de pequeña escala.