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El león con alas de Águila

Parte II

1. El seguimiento histórico:

Dios había hecho una promesa a Israel, por medio de Abraham:

Génesis 12: 1, 2

“Pero Jehová había dicho a Abram: ‘Vete de tu tierra y de tu parentela y de la casa de tu padre a la tierra que te mostraré y haré de ti una gran nación y te bendeciré y engrandeceré tu nombre y serás bendición’.”

Pero, antes de que pudiera alcanzarse el cumplimiento de esta promesa, también Dios, había anticipado a Abraham, que su descendencia sería peregrina y cautiva en tierra extraña:

Génesis 15: 13, 14

“Entonces dijo Dios a Abraham: ‘Ten por cierto que tu descendencia será peregrina en tierra ajena y servirán a los de allí y serán por ellos afligidos cuatrocientos años. Pero también a la gente a quien servirán, yo juzgaré, y después de esto saldrán con mucha riqueza’. ”

Una vez que el pueblo de Israel sale de Egipto, cumpliéndose así la promesa dada por Dios a Abraham, de que Israel sería esclavo en tierra extraña por un periodo; y luego sería libertado, para volver a Canaan; en el monte Sinaí, Moisés recibe ordenanzas, derechos, estatutos y mandamientos de parte de Jehová Dios.

Estos estatutos, derechos y mandamientos, estaban acompañados, por las “Palabras del Pacto”:

Deuteronomio 29: 1

“Estas son las Palabras del Pacto que Jehová mandó a Moisés concertará con los hijos de Israel en la tierra de Moab, además del Pacto que concertó con ellos en Horeb (Sinaí)”

Estas “Palabras del Pacto”, contenían estatutos adicionales, con respecto a la ley de los Diez Mandamientos. Así mismo, se hablaba en estas “Palabras del Pacto”, acerca del servicio ritual a realizarse en el Santuario, como también, de las labores sacerdotales. Finalmente, estas “Palabras del Pacto”, contenían la experiencia del pueblo de Israel, en su travesía por el desierto; por tanto, las “Palabras del Pacto”, eran un resumen de la historia de Israel, desde su salida de Egipto y a través del

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éxodo por el desierto. Esta historia, era conocida, dentro del contexto israelita, como un “cántico”, como se puede ver demostrado en uno de los temas del Primer Ángel.

Dentro de los estatutos adicionales, que se dio, con respecto a los Diez Mandamientos, Dios había entregado a Moisés, una larga lista de “bendiciones”, que los israelitas alcanzarían, si vivían en obediencia; y “maldiciones”, si ellos desobedecían a los mandatos expresos de Dios.

a. Las Bendiciones:

Las “bendiciones”, que Dios había extendido a los israelitas, estaban directamente vinculadas, con el bienestar que ellos alcanzarían, de vivir conforme a la voluntad divina:

Deuteronomio 28: 1- 7

“Y será que si tu oyeres diligentemente la voz de Jehová tu Dios, para guardar, para poner por obra sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te pondrá en alto sobre todas las naciones de la tierra; y vendrán sobre ti todas estas bendiciones y te alcanzarán, cuando oyeres la voz de Jehová tu Dios. Bendito serás tú en la ciudad y bendito tú en el campo. Bendito el fruto de tu vientre y el fruto de tu bestia, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Bendito tu canastillo y tus sobras. Bendito serás en tu entrar y bendito en tu salir. Pondrá Jehová a tus enemigos que se levantaren contra ti de rota batida delante de ti. Por un camino saldrán a ti y por siete caminos huirán delante de ti.”

Las bendiciones no quedan allí, continúa una larga lista. Tal como se puede ver, la última parte de los textos citados, y más específicamente el versículo 7, muestra, que una de las “bendiciones” dadas por Dios, sería que: los israelitas “se enseñorearían de sus enemigos”. Es más, casi al final de las bendiciones dadas por Dios, les vuelve a recalcar esta posición prometida, diciéndoles:

Deuteronomio 28: 13

“Y te pondrá Jehová por cabeza y no por cola y estarás encima solamente y no estarás debajo; cuando obedecieres a los Mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas.”

Nótese, que Dios, una vez que les presenta el consejo por medio de Moisés, hace hincapié en que, recibir las “bendiciones”, eran el resultado de su obediencia. Para esto, no deberían por nada, apartarse ni a la derecha ni a la izquierda, de los Mandamientos de Dios, Él les dijo:

Deuteronomio 28: 14

“Y no te apartes de todas las palabras que yo te mando hoy ni a la derecha ni a la izquierda para ir tras dioses ajenos para servirles.”

Para el pueblo de Dios, hoy, se promete lo mismo. Si como Iglesia, fielmente permanecemos en esos principios, con toda seguridad, su promesa se cumplirá en nosotros. Esta promesa, no debemos confundirla, esperando alcanzar sólo y primeramente el aspecto material, ya que Jesús nos dice lo siguiente:

Mateo 6: 33

“No os preocupéis pues diciendo: ‘¿Qué comeremos o que beberemos o con que nos vestiremos?’ Porque los incrédulos buscan todas estas cosas; que vuestro Padre celestial sabe que de todas estas cosas tenéis necesidad. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y todas estas cosas os serán añadidas

Es necesario, buscar primeramente el aspecto espiritual, nuestra vida eterna. Al pedirnos la Palabra de Dios, que busquemos primero el reino de Dios, no se nos niega lo material, sino que deberemos esperarlo como una “añadidura”, a condición de buscar primero, nuestra edificación espiritual.

Nos preguntamos, ¿Israel fue fiel, a este acuerdo hecho con Dios? La historia posterior, nos mostrará la verdad de las cosas.

b. Las Maldiciones:

Así como Dios había extendido las bendiciones, bajo condición de obediencia, de igual manera había extendido las “maldiciones”, que vendrían sobre ellos, si es que Israel no obedecía a la voz de Dios:

Deuteronomio 28: 15- 20

“Y será que si tu no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para cuidar de poner por obra yodos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones y te alcanzarán. Maldito serás tú en la ciudad y maldito en el campo. Maldito tu canastillo y tus sobras.

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Maldito el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra y la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Maldito serás en tu entrar y maldito en tu salir. Y Jehová enviará contra ti la maldición quebranto y asombro en todo cuanto pusieres mano e hicieres hasta que seas destruido y perezcas pronto a causa de la maldad de tus obras por las cuales me habrás dejado.”

Estas “maldiciones”, no terminan aquí, la lista continúa hasta el versículo 68 del mismo capítulo. Cabe destacar, que una de las “maldiciones” presentadas por Dios y relacionada con nuestro tema, consistiría, en que el pueblo de Israel, quedaría a merced de sus enemigos.

Deuteronomio 28: 47, 48

“Por cuanto no serviste a Jehová tu Dios con alegría y con gozo de corazón, por la abundancia de todas las cosas; servirás por tanto a tus enemigos que enviare Jehová contra ti, con hambre, con sed, con desnudez y con falta de todas las cosas y el pondrá yugo de hierro sobre tu cuello hasta destruirte

Esta “maldición”, en relación a sus enemigos, es opuesta a la bendición, que Dios les otorga por su obediencia. Si ellos obedecían, sus enemigos serían puestos por Dios, en derrota batida delante de Israel. Pero, si su pueblo desobedecía, ellos más bien, serían puestos como esclavos de sus enemigos.

Lo interesante de esta profecía, es que cuando Dios presenta a estos enemigos, los presenta bajo una forma simbólica:

Deuteronomio 28: 49

“Jehová traerá sobre ti gente de lejos del extremo de la tierra, gente que vuele como águila, cuya lengua no entiendas.”

Nótese, que Dios presenta a los enemigos que vendrían contra Israel, como “... gente que vuela como águila...”. Si verdaderamente, su vuelo, se asemeja al del águila; entonces, tienen “alas de águila”. El seguimiento histórico, que haremos sobre Israel a través del tiempo, nos dará a conocer, quienes fueron estos enemigos a quienes se les simboliza con “alas de águila”.

Si el móvil, que empujaría el cumplimiento, de que Israel fuese o no esclavo de sus enemigos, era su desobediencia u obediencia, entonces, nuestro seguimiento, estará en relación a esa obediencia o desobediencia. Pero antes veamos, que significa el tener “alas” o “volar”.

c. Las alas o vuelo:

Consideremos nuevamente el texto anterior:

Deuteronomio 28: 49

“Jehová traerá sobre ti gente de lejos del extremo de la tierra, gente que vuele como águila, cuya lengua no entiendas.”

Encontramos en este texto, que el “vuelo como de águila”, es un símbolo, que esta unido a una nación o reino, ya que en este caso, se trata de los enemigos de Israel, quienes lo destruirían, sino andaba en los caminos de Dios. Por tanto, veremos la explicación desde este contexto, el contexto de considerar el “vuelo”, aplicado a una nación. Decimos además “alas o vuelo”, pues hay que recordar, qué el “vuelo” esta íntimamente vinculado, al hecho de tener “alas”. De acuerdo con la Sagrada Escritura, tenemos lo siguiente:

Salmos 55: 6

“Y dije: ‘¡Quien me diese alas como de paloma! Volaría yo y descansaría.”

Hecha esta aclaración, veamos el significado que provee la Palabra de Dios, volvamos a ver el texto anteriormente citado y los textos siguientes:

Deuteronomio 28: 49

“Jehová traerá sobre ti gente de lejos del extremo de la tierra, gente que vuele como águila, cuya lengua no entiendas.”

Una vez que se nos presenta a este pueblo, con características simbólicas, de tener “vuelo o alas de águila”, se nos brinda por parte de la Palabra de Dios, la explicación del mismo.

Deuteronomio 28: 50- 53

“Gente fiera de rostro, que no tendrá respeto al anciano ni perdonará al niño. Y comerá el fruto de tu bestia y el fruto de tu tierra, hasta que perezcas; y no te dejará grano, ni mosto, ni aceite, ni la cría de tus vacas, ni los rebaños de tus ovejas, hasta destruirte. Y te pondrá cerco en todas tus ciudades hasta

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que caigan tus muros altos y encastillados en que tú confías en toda tu tierra. Te cercará pues en todas tus ciudades y en toda tu tierra, que Jehová tu Dios te habrá dado. Y comerás el fruto de tu vientre, la carne de tus hijos y de tus hijas que Jehová tu Dios te dio, en el cerco y en el apuro con que te angustiará tu enemigo.”

Las características de este “vuelo”, están presentadas como: • La capacidad de destrucción.

• La capacidad de conquista. Por tanto tenemos:

Simbología:

Alas o vuelo = Capacidad de conquista y destrucción

2. Ningún Cambio, aparece el León:

Dios, al poco tiempo de haber dado las consecuencias que vendrían sobre su pueblo, ya sea por su fidelidad, o infidelidad para con Él, había anticipado a su pueblo, para que pudiese estar prevenido, y no equivocar el camino, Dios les dijo a través de Moisés:

Deuteronomio 31: 16

“Y Jehová dijo a Moisés: ‘He aquí tu vas a dormir con tus padres y este pueblo se levantará y fornicará tras los dioses ajenos de la tierra adonde va, y estando en medio de ella me dejará e invalidará mi Pacto

que he concertado con el’.”

Simbología:

Invalidar el Pacto = Desobedecer

Estas palabras, debieron ser para Israel un consejo admonitorio. Toda la generación, aquella que había conocido, las maravillas que Dios había hecho con su pueblo, murió; y se levantó otra generación, que no había visto la obra que hizo Dios por ellos. A esta nueva generación, poco y nada le importó, si existía o no, un Dios supremo.

Jueces 2: 10

“Y toda aquella generación fue también recogida con sus padres. Y se levantó después de ellos otra generación que no conocían a Jehová, ni la obra que el había hecho por Israel. ”

Por esta razón, a través del tiempo, Dios continúo haciendo invitaciones y llamados a su pueblo, para que hiciesen un cambio de su mal proceder. El pueblo de Israel, se entregó de lleno a sus placeres, más que a los principios de Dios.

Jueces 2: 11, 12

“Y los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová y sirvieron a los Baales; y dejaron a Jehová el Dios de sus padres que los había sacado de la tierra de Egipto y se fueron tras otros dioses, los dioses de los pueblos que estaban a sus alrededores a los cuales adoraron y provocaron a ira a Jehová.”

De esta manera, en una situación de apostasía, Israel ahora empezaba, a recibir las dosis de castigo correspondientes a su extravío. La maldición que sobrevendría, sobre la cual Dios los había prevenido, ahora se hacía realidad.

Jueces 2: 14

“Y el furor de Jehová se encendió contra Israel, el cual los entregó en manos de ladrones que los despojaban y los vendió en manos de sus enemigos de alrededor y no pudieron más soportar delante de sus enemigos.”

La profecía, de la maldición predicha por Dios a través de Moisés, se hacía tangible. Sus “enemigos, comenzaban a poner mano” sobre Israel. Estos enemigos, no son todavía los citados como la “gente que vuela como águila”. Los que aquí se citan, son los “enemigos cercanos de alrededor”. Pero en cambio, los enemigos que son la “gente que vuela como águila”, serían “gente de lejos, del extremo de la tierra”. Veamos el texto nuevamente:

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Deuteronomio 28: 49

“Jehová traerá sobre ti gente de lejos del extremo de la tierra, gente que vuele como águila, cuya lengua no entiendas.”

De esta manera, lo que estaba sucediendo, era un anticipo de lo que podría ser peor. Por esta razón, Dios levantó Jueces sobre Israel, para que pudiesen poner el debido orden sobre su pueblo:

Jueces 2: 16

“Pero Jehová suscitó jueces que los librasen de mano de los que los despojaban.”

Pero todo esto, fue hecho en vano. Israel, se apartaba cada vez más del camino de Jehová:

Jueces 2: 17

“Y tampoco oyeron a sus jueces sino que fornicaron tras dioses ajenos a los cuales adoraron; se apartaron bien pronto del camino en que anduvieron sus padres obedeciendo a los mandamientos de Jehová, pero ellos no hicieron así.”

Estos sucesos, se repitieron vez tras vez. Con la muerte de cada Juez de Israel, el pueblo volvía a su mal camino. Esto ocurrió, hasta que llegaron los días de los Reyes de Israel. Poco antes de esto, uno de los últimos Jueces de Israel, el cual fue Samuel, fue movido por Dios, para que ungiese al primer rey de Israel. Samuel, así ungió a Saúl, hijo de Cis, de la tribu de Benjamín. Este Saúl, se rebeló contra los designios de Dios, recibiendo por ello el pago correspondiente a sus obras. Su rebelión, trajo como consecuencia, el perder totalmente la autoridad. Dios mismo, se encargó de que fuese removido de su alta investidura. Su rebelión, había consistido en ceder a los gustos y caprichos del pueblo, por encima del mandato expreso de Dios.

1 Samuel 15: 19, 20

“¿Por qué pues no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al despojo, has hecho lo malo ante los ojos de Jehová? Y Saúl respondió a Samuel: ‘Antes he oído la voz de Jehová y fui a la jornada que Jehová me envío y he traído a Agag rey de Amalec y he destruido a los amalecitas. Pero el pueblo tomó del despojo ovejas y vacas las primicias del anatema, para sacrificarlas a Jehová tu Dios en Gilgal’.”

Esta historia de Israel, hace eco hasta el día de hoy, como una historia admonitoria, para aquellos que son dirigentes del pueblo de Dios, que como Saúl “siendo los ungidos prefieren ceder a los gustos de la feligresía”, antes que hacer cumplir el mandato expreso de Dios. Estos, como Saúl, hacen creer y se jactan de “estar obedeciendo a la voz de Dios”. Si Dios los ha colocado, en una posición de tan alta investidura, como lo es el ministerio, entonces, están llamados a cumplir y hacer cumplir los designios de Dios y no los suyos. A los tales, se les repite hoy las mismas palabras, que alguna vez dirigió Samuel a Saúl:

1 Samuel 15: 22

“Y Samuel dijo: ‘¿Tiene Jehová tanto contentamiento con los holocaustos y victimas como en obedecer a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios y el prestar atención mejor que el sebo de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría el infringir. Por cuanto tu desechaste la Palabra de Jehová, Él también te ha desechado para que no seas rey’.”

Dios no ha cambiado, “es el mismo ayer, hoy y por los siglos”. Ningún sacrificio, ni ningún pretexto, excusará la desobediencia. El pasar por alto, los malos actos del pueblo de Dios, a Saúl, le trajeron la ruina. Esta ruina, no vino de la noche a la mañana, fue paulatina. Dios también actuó en favor de su pueblo, anticipándose a sus extravíos. Los reyes, que siguieron al rey David, uno tras otro hicieron lo malo ante los ojos de Jehová, salvo raras excepciones. Dios extendió su misericordia a su pueblo, por muchos años, así como hoy también lo hace. Pero su pueblo, no discernía la bondad divina. ¿En que consistía esta bondad?, ¿tendría límite la misma?

1 Crónicas 36: 15, 16

“Y Jehová el Dios de sus padres envío a ellos por mano de sus mensajeros, levantándose de mañana y enviando, porque el tenía misericordia de su pueblo y de su habitación.”

La misericordia, de parte de Dios, como vemos, consistía en enviar mensajeros a su pueblo, mensajeros que pudiesen exhortar a su pueblo, con respecto a sus errores, e invitarlos, de parte de Dios, a abandonar el mal camino. Pero su pueblo, no hacía caso del consejo de Dios. Se acercaba el día, en que se agotaría por completo la misericordia divina.

De esta manera, llegamos a los días del rey Josías, rey de Judá. Israel no buscó a Dios, no se arrepintió de sus obras, y siguió en su apartamiento, el que cada vez era mayor.

Jeremías 3: 6

“Y me dijo Jehová en días del rey Josías: ‘¿Has visto lo que ha hecho la rebelde Israel? Ella se va sobre todo monte alto y debajo de todo árbol umbroso y allí fornica.”

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Dios, por medio del profeta Jeremías, hizo una invitación, a que Israel dejase el mal camino y buscase su conversión.

Jeremías 3: 14

Convertíos hijos rebeldes, dice Jehová, porque yo soy vuestro esposo y os tomaré uno de una ciudad y dos de una familia y os introduciré en Sión.”

Los días de Jeremías, y los días que le siguieron al profeta, tomando el reino los reyes que vinieron más adelante, indicarían a las claras que la bondad divina, tiene un límite. En los días del rey Josías, esta invitación de Dios, induciéndolos a un cambio fue repetida:

Jeremías 4: 1

Si te has de convertir oh Israel, dice Jehová, conviértete a mi; y si quitares de delante de mi tus abominaciones, no andarás de aquí para allá.”

Es justamente, en este momento, en el que Dios le recuerda a Israel, lo que muchísimos años atrás había anunciado a través de Moisés. Nuevamente, les trajo a memoria, que si ellos persistían en su impía terquedad, siguiendo sus propios caminos, sus enemigos harían presa de ellos.

Jeremías 4: 4

“Circuncidaos a Jehová y quitad los prepucios de vuestro corazón varones de Judá y moradores de Jerusalén; no sea que mi ira salga como fuego y se encienda y no haya quien apague por la maldad de vuestras obras.”

Antes de poder atraer sobre ellos la calamidad, Dios les dio la oportunidad, de que recibiesen una alerta. Dios propuso, que por última vez se los exhortase. Se dio la orden de predicar y pregonar. El mandato de Dios era:

Jeremías 4: 5

“Denunciad en Judá y haced oír en Jerusalén y decid: ‘Tocad trompeta en la tierra’. Pregonad, juntad y decid: ‘Reuníos y entrémonos en las ciudades fuertes’.”

La alerta que Dios proponía, tenía como propósito, no dejar a nadie con excusa. Todos deberían conocer, lo que se venía en el futuro. Todos deberían tener, la oportunidad de poder decidir. La predicación, tendría que cumplir esa tarea, decidir a los hombres para bien o para mal. El mal que vendría, como dijimos, dado en forma anticipada a Moisés, se repetía en esta oportunidad. Sólo, que en esta vez, se les daba el lugar geográfico del cual vendría.

Jeremías 4: 6

“Alzad bandera en Sión, juntaos no os detengáis; porque yo hago venir mal del Norte y quebrantamiento grande.”

¿Quién sería este enemigo, que “vendría del norte”? Unido a este dato, el que “vendría del norte”, Dios adjuntó un nuevo símbolo, para señalar a sus enemigos, de los cuales había hablado a través de Moisés. A través de Moisés dijo: “... gente que vuela como águila...”, ahora les dice:

Jeremías 4: 7

“El león sube de su guarida y el destruidor de gentes ha partido ha salido de su asiento para poner tu tierra en soledad; tus ciudades serán asoladas y sin morador.”

En esta oportunidad, a los enemigos del pueblo de Israel, que vendrían para aniquilarlo, Dios los denomina con otra figura simbólica. Esta nueva figura simbólica es el llamar a sus enemigos el “león”, ya que dice: “… el león sube de su guarida…”. Ahora que ya sabemos, que en los enemigos de Israel, aquellos que los destruirían, convergen ambos símbolos, por un lado el “león”, y por el otro, el de “... gente que vuela como águila...”, evidenciando que tienen “alas de águila”. Vamos a buscar saber, a quién representa este símbolo, o mejor dicho, quién es este enemigo de Israel, anunciado por Dios mismo. De esa manera, también sabremos, a quien representa el “León con alas de águila”. Continuemos con nuestro seguimiento:

Prácticamente, los días de Jeremías y el rey Josías, fueron los días, del ultimátum divino en relación al comportamiento de su pueblo. Si leemos, justamente lo que la palabra de Dios presenta, acerca de los días de Josías y su heredero Joacaz, 2 Crónicas 36: 1; y al contemplar la posición extrema, a la que había llegado Israel, nos sorprenderemos. El límite de la paciencia divina, había llegado a su punto álgido. No se podía hacer más. La Sagrada Escritura, hablando de estos días, nos presenta el grado de necedad, en el que había incurrido Israel. Comenzaron a burlarse, de aquellos que habían sido enviados por Dios, específicamente, de aquellos que traían el remedio de parte de Jehová. Además, los escarnecían y menospreciaban:

2 Crónicas 36: 14- 16

“Y también todos los príncipes de los sacerdotes y el pueblo aumentaron la prevaricación, siguiendo todas las abominaciones de las gentes y contaminando la casa de Jehová la cual el había santificado en Jerusalén. Y Jehová el Dios de sus padres envío a ellos por mano de sus mensajeros, levantándose

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de mañana y enviando, porque el tenía misericordia de su pueblo y de su habitación. Pero ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió el furor de Jehová contra su pueblo y ya no hubo remedio.”

El límite fue alcanzado, se acabó el remedio. A través del profeta Isaías, Dios había ilustrado este proceder:

Isaías 5: 1- 4

“Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en un recuesto lugar fértil. La había despedregado y la había plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre y también asentado un lagar en ella y esperaba que llevase uvas y llevó uvas silvestres. Ahora pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mi y mi viña. ¿Qué más se había de hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que llevase uvas, ha llevado uvas silvestres? Os mostraré pues ahora lo que haré yo a mi viña. Le quitaré su vallado y será para ser consumida, aportillaré su cerca y será para ser hollada; haré que quede desierta; no será podada ni cavada y crecerá el cardo y las espinas; y aun a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella.”

En estos últimos llamados, que Dios extendía a su pueblo, le daba una oportunidad más de renovación. Jeremías el profeta, de parte de Dios, todavía daba invitaciones de amonestación, llenas del amor y la misericordia de Dios:

Jeremías 11: 2

“Oíd las palabras de este Pacto y hablad a todo varón de Judá y a todo morador de Jerusalén. Y les dirás tu: Así dijo Jehová Dios de Israel: ‘Maldito el varón que no obedeciere las palabras el Pacto. El cual mandé a vuestros padres el día que los saqué de la tierra de Egipto del horno de hierro diciéndoles: ‘Oíd mi voz y ejecutad aquellas, conforme a todo lo que os mando y me seréis por pueblo y yo seré a vosotros por Dios’’. ”

Dios ofrecía considerarlos como su pueblo, si es que ellos obedecían. Pero, todo fue en vano, la dureza del corazón humano, frente a los designios de Dios pudo más. Resistieron a Dios, y a aquel ser que luchaba por ellos, lo afrentaron. Isaías el profeta, presenta exactamente este momento:

Isaías 63: 8

“Porque dijo: ‘Ciertamente mi pueblo son, hijos que no mienten y fue su Salvador’. En toda angustia de ellos Él fue angustiado y el ángel de su faz los salvó; en su amor y en su clemencia los redimió, los trajo y los levantó todos los días del siglo. Pero ellos fueron rebeldes e hicieron enojar su Espíritu Santo; por lo cual el Espíritu Santo se les volvió enemigo y el mismo Espíritu Santo peleó contra ellos.”

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