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Academic year: 2021

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La bendición de una madre

Introducción

Ser una madre es una bendición de parte de Dios. El poder participar de Su poder creativo,

concibiendo un hijo, es una de las experiencias más maravillosas para una mujer. Desde el primero momento de saber que está embarazada, hay una relación asombrosa que comienza a formarse entre la madre y su bebé. Aunque el papá también participa del gozo del embarazo y también puede disfrutar a su bebé en el vientre, la mamá tiene un papel en la vida de sus hijos que los papás jamás podremos conocer.

Dios ha dado una gracia especial a la mamás, y podemos celebrarlas, ya que son el instrumento que Dios utilizó para traernos al mundo.

I. Ser madre es una bendición de parte de Dios.

Todas las mamás entenderán que ser madre es una bendición. La esterilidad o la incapacidad de tener hijos siempre se ha visto en las Escrituras como una maldición. Por el lado contrario, el tener hijos siempre es visto en las Escrituras como una grande bendición.

A. Algunas mujeres de la Biblia que anhelaron ser madres

1. Sarai

Génesis 16:1: Sarai mujer de Abram no le daba hijos; y ella tenía una sierva egipcia, que se llamaba Agar.

Sarai significa “princesa”. La princesa de Abram no podía concebir hijos, pues era estéril. Pasaron por varias situaciones difíciles, pero eventualmente Dios le habló a Abram y Sarai, les cambió sus nombres, los apartó para sí mismo, y les prometió un hijo propio, no sólo adoptivo (Ismael). El nombre de Sarai fue cambiado a Sara, lo cual significa “madre de naciones”.

Génesis 17:18-19: 18 Y dijo Abraham a Dios: Ojalá Ismael viva delante de ti. 19 Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él.

2. Rebeca

Génesis 25:21: Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer.

Seguramente Rebeca había esuchado de Isaac, su esposo, como su suegra, Sara, anheló tener un hijo y esperó mucho tiempo hasta que Dios hizo un milagro y le dio el hijo que anhelaba, el hijo de la promesa, Isaac.

Ahora Rebeca e Isaac están casados. Su relación y matrimonio fueron divinamente planeados. Los dos sabían que el unir sus vidas fue por la voluntad de Dios. Están enamorados profundamente, y sin embargo, ella tampoco puede concebir un hijo.

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3. Raquel

Raquel también era estéril. A pesar de que era la esposa que Jacob había amado, su hermana tuvo varios hijos, pero ella no.

Génesis 30:1-2: 1 Viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana, y decía a Jacob: Dame hijos, o si no, me muero. 2 Y Jacob se enojó contra Raquel, y dijo: ¿Soy yo acaso Dios, que te impidió el fruto de tu vientre?

Finalmente Dios contestó sus oraciones y le dio la bendición de ser madre.

Génesis 30:22-24: 22 Y se acordó Dios de Raquel, y la oyó Dios, y le concedió hijos. 23 Y concibió, y dio a luz un hijo, y dijo: Dios ha quitado mi afrenta; 24 y llamó su nombre José, diciendo: Añádame Jehová otro hijo.

4. Ana

Anna fue una mujer piadosa, quien servía fielmente al Señor. Anhelaba tener hijos, pero no podía, a pesar de que su esposo la amaba y la trataba con mucho cuidado. Un día, cuando fue con su esposo al Tabernáculo para llevar sacrificios a Dios, ella entró para orar.

1 Samuel 1:8-17: 8 Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos? 9 Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo de Jehová, 10 ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. 11 E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza. 12 Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí estaba observando la boca de ella. 13 Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria. 14 Entonces le dijo Elí: ¿Hasta cuándo estarás ebria? Digiere tu vino. 15 Y Ana le respondió diciendo: No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová. 16 No tengas a tu sierva por una mujer impía; porque por la magnitud de mis congojas y de mi

aflicción he hablado hasta ahora. 17 Elí respondió y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho.

B. Ser madre trae realización al corazón de una mujer.

Hoy en día, muchos menosprecian el papel de una madre, exaltando otras ocupaciones en la vida. Se ha enseñado que el estudiar una carrera y desenvolverse en el mundo de los negocios es el verdadero éxito de una mujer. Si logra ser “alguien” importante delante de los ojos del mundo, entonces puede sentirse realizada.

Una mujer SÍ puede estudiar, puede tener éxito en los negocios y el lugar de trabajo, pero no es el único propósito de Dios para la mujer. Es igualmente admirable que una mujer se dedique a su hogar y a sus hijos, que les de tiempo, que les escuche y les eduque en los caminos de Dios.

Debemos reconsiderar el papel de la mujer y la importancia que ella tiene como madre de sus hijos.

1. Hombres y mujeres son diferentes.

Una de las grandes diferencias entre los hombres y las mujeres es que los hombres tienden a ser orientados hacia metas y el conquistar retos, mientras la mujer es más orientada hacia las relaciones

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personales, la comunicación, y el formar un hogar agradable. La mujer tiende a ser más tierna; el hombre más áspero.

Cuando una mujer busca su realización fuera del hogar, puede encontrar cierto grado de

satisfacción; sin embargo, por causa de su lugar particular adentro de la creación de Dios, una parte de su propósito definido por Dios se encuentra en el hogar y con sus hijos.

2. Dios reconoció estas diferencias al pronunciar las maldiciones después de la caída.

La maldición que vino por causa del pecado se enfoca en dos aspectos que hacen a hombres y mujeres diferentes:

Al hombre:

Para el hombre, la maldición está sobre su trabajo y su habilidad de prosperar en el trabajo para ser un buen proveedor para su hogar.

Génesis 3:17-19: 17 Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. 18 Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. 19 Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.

A la mujer:

Para la mujer, la maldición está pronunciada sobre el embarazo y el parto, sobre su habilidad como madre, y sobre su relación con el hombre.

Génesis 3:16: A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.

¡En Cristo Jesús quedan anuladas las maldiciones! Hemos sido redimidos de la maldición de la

ley, y podemos ser excelentes padres, madres, esposos, esposas y trabajadores. Dios nos quiere bendecir en todos los aspectos de nuestras vidas.

II. Las luchas de una madre.

A. La lucha al ver un hijo fracasar

Desde que su hijo es bebé, tú como madre lo quieres cuidar y proteger. Quieres que salga adelante con bien. Cuando empieza a caminar, quieres ayudarle, tomándole de la mano. Cuando va a la escuela, le ayudas con sus tareas y le animas a “echarle ganas” y tener éxito.

Una de las luchas más fuertes de una madre es ver a su hijo en una situación vergonzosa de fracaso. Todo lo que ella anhelaba que él llegara a ser se desintegra. Se identifica con su hijo y siente la misma vergüenza y pena por el fracaso que él siente (a veces aún más).

B. La lucha por ser equitativa con sus hijos.

Si tienes a más de un hijo, siempre existirá la tentación de preferir a uno sobre los otros. Esto es incorrecto y hace daño al corazón de todos los hijos. Sin embargo, es una lucha que las madres (y padres) tienen que enfrentar.

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Génesis 25:28: Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob.

Esta situación crea celos y envidias entre los hijos. Sabemos que al poco tiempo, Jacob tuvo que salir huyendo de su casa por tomar el consejo equivocado de su madre, engañar a su padre y robar la bendición que le pertenecía a su hermano.

Otra situación parecida la vivió Jacob más adelante en su propia vida, cuando tuvo preferencia por su hijo José.

Génesis 37:3-4: 3 Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; y le hizo una túnica de diversos colores. 4 Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, le aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente.

C. La lucha por los hijos rebeldes.

1. Caín y Abel

Génesis 4:1-2: 1 Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón. 2 Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra.

Es curioso notar que Adán y Eva jamás tuvieron hijos en el Huerto del Edén. Si los hubiesen tenido, hubieran sido hijos perfectos. Per fue hasta después de la entrada del pecado al mundo que nació que primer bebé, Caín. ¡Imagínate el dolor en el corazón de Eva cuando Caín, su primogénito, mata a su hermano Abel. El pecado definitivamente trajo consecuencias graves a la tierra, la cual Dios había hecho con gran perfección.

Sentimientos de una madre cuyos hijos se rebelan: • Enojo

• Tristeza • Impotencia • Frustración • Desesperanza

La gran bendición que sus hijos fueron para ella ahora se convierte en amargura de espíritu y una lucha constante en su interior.

2. Luchas entre los hijos – Jacob y Esaú

Génesis 25:21-23: 21 Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer. 22 Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová; 23 y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, Y el mayor servirá al menor.

La Biblia dice que luchaban entre sí desde adentro del vientre. Era su primer embarazo, y ya estaba desesperada por la situación.

Ella consultó con Dios y le respondió, explicándole lo que iba a suceder. ¡Que hermosa una palabra de parte de Dios en momentos de inseguridad!

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¿Cómo habrá consultado a Dios? No había un sacerdocio definido por Dios en ese tiempo. ¿Será que ella habló directamente con Dios? ¿Será que Isaac, su esposo, buscó a Dios juntamente con ella y le dio palabra profética? No lo sabemos, pero sí sabemos que ella buscó a Dios y Dios le contestó.

3. El hijo pródigo

El fracaso generalmente esto sucede por falta de sabiduría o desobediencia. Por ejemplo, el hijo pródigo se fue y desperdició su herencia por cuanto tuvo un corazón duro y rebelde en contra de sus padres.

Lucas 15:11-24: 11 También dijo: Un hombre tenía dos hijos; 12 y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. 13 No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. 14 Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. 15 Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. 16 Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. 17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos

jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! 18 Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. 19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. 20 Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. 21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. 22 Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. 23 Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; 24 porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.

Hay gran gozo cuando el hijo pródigo vuelve a casa arrepentido. Si tú tienes un hijo que está en una situación así, Dios puede alcanzarlo con su gran amor y misericordia. Puede hacerle recapacitar y volver a casa, así como nosotros también fuimos hijos pródigos del Padre Celestial, y aún así, nos hizo recapacitar y volver a la Casa del Padre.

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