LA MEDICINA EN AL-ANDALUS
LA A SIST E N C IA A L E N FE R M O EN AL -AN D A L U S.
LOS HOSPITALES H ISPAN O M U SU LM AN E S
Francisco F R A N C O S Á N C H E Z Estudios Árabes e Islámicos - U niversidad de Alicante
com prender las m últiples facetas del enferm ar en al-Andalus.
1.2. Concepto de enfermedad y tipos ،اء،اا/ ؛س آ a la lu z del derecho musulmán
La enferm edad era entendida co m o u n estado esencialm ente transitorio, de paso ha- cia: una cercana o lejana curación, o a la m uer- te. Lo m ostram os en el Gráfico ١°. Los gran- des tratados m édicos contem plan la en ferm e- dad, sus peculiaridades y sus diversos trata- m ientos (curativos, ه en su defecto, paliati- vos), pero a la hora de observar las causas, en cuanto a sus etiologías, todavía predom inaban los c o n c e p to s h e re d a d o s de la m e d ic in a galénica; las enferm edades son clasificadas y ordenadas con arreglo a dos criterios no siem - pre coincidentes entre sí:fisiopatológico y clí- nico.^ N osotros añadirnos que hay un tercer criterio: elju ríd ico , que tendrá una gran rele- vancia e n la v id a social d e las ciu d a d e s islámicas.
El saber de la época helenística fue tradu- cido, estudiado y am pliado con el precedente de los persas e indios; la ciencia árabe m edie- val añadió la e ^ e rim e n ta c ió n , incluso con disecciones anatóm icas.أ Gracias a ello reco- piló y llevó cosiderablem ente más lejos el sa- b e r m édico, pero aún era insuficiente para definir etiologías y orígenes para gran part،‘
de las enferm edades. P or ello cuando se trata de definir grupos de enferm edades hay e n te - rios poco definidos.
Puesto que la enferm edad es u n estado tem poral, la prim era p reg u n ta a hacerse es acerca de la “ cronicidad” ,4 entendida no ya com o u n estado de enferm edad tem poral más o m enos dilatado, sino com o u n estadio defi- nitivo, que pued e llegar a cam biar las pecu)؛a- ridades físicas de la persona, que cam bia su esencia y le lleva irrem isiblem ente a convivir con una enferm edad de p o r vida. Este estad©
m ente ayuda a com prender el funcionam ien
to de la asistencia al enferm o y desvalido en el Islam, y la historia la que nos aporta la clave general para com prender el funcionam iento de este apartado específico del funcionam iento de la sociedad andalusí.
1. La asistencia al en ferm o y la enfer
m edad en A l-A ndalus
1.1. La enfermedad y el enfermo en el contexto del Islam
D ios desde el principio de los días ha m ar
cado el destino de cada u n o de los seres m o r
tales. A unque pued e entenderse esto com o determ inism o divino (y así fue p o r parte de c o r r ie n te s re lig io sas lu e g o c o n sid e ra d a s heterodoxas), este designio presenta amplios huecos p o r los cuales la voluntad y la religio
sidad hum ana se introducen cual cuñas para cam biar su propio destino final individual.' C o n esta consideración, es lógica la concep
ción que podem os hallar en m ultitud de obras, médicas o no, sobre la enferm edad com o un estado consecuencia de la voluntad divina.
A nte ello, el m argen de actuación del m édico siempre fue en apariencia escaso: su tratam ien
to será u n éxito o n o según el designio divi
no: «F.l médico trata, Dios cura» es u n adagio asumido p o r todos, médicos y enfermos. Desde fuera podem os considerar injusta esta pers
pectiva religiosa para con el m édico: com o es sabido, a lo largo de los seis siglos de gobierno directo del Islam en al-Andalus la preparación de los m édicos y el avance de la ciencia m édi
ca fue creciente con los años y de ello se b e neficiaron indudablem ente sus pacientes.
E n el islam, cristianism o o judaism o la en ferm edad, com o una realidad más de la vida, es contemplada desde una perspectiva religiosa.
La regulación jurídico-religiosa de los estados posibles del enferm o nos dará las pautas para
E
n u na obra sobre la m edicina en al- Andalus es indispensable explicar los logros científicos, técnicos y farm acológicos y el avance, en suma, de la m edici
na com o ciencia. Pero de similar relevancia es conocer cóm o y en qué m edida se beneficia
ron los hispanom usulm anes enferm os de es
tos avances. Es lo que se ha dado en llamar la vertiente “social” de la asistencia médica: la que contem pla la percepción real de la cien
cia p o r parte de los pacientes necesitados de cuidados; y no solo de los pacientes p u d ien tes, sino de todas las gentes en general, sean nobles, mercaderes o gente llana.
H em os estructurado el presente estudio de m odo progresivo y en dos partes esenciales, pues consideram os que la falta de datos explí
citos puede suplirse si se plantea globalm ente el carácter de la enferm edad y de la asistencia al enferm o en la sociedad islámica; la realidad es la que nos transm iten los diversos textos, no únicam ente m édicos, y es com plem entada por la visión general que nos transm ite el de
recho m usulm án. D e este m odo, la pregunta
¿hubo hospitales en al-Andalus?, a la que los textos árabes dan la callada p o r respuesta, se la hem os p lanteado al urbanism o m usulm án:
¿hubo u n espacio (urbano) específico para los enfermos?, q u ien enferm aba ¿era enviado a, o podía disponer de u n espacio específico?, y al derecho m usulm án: ¿cóm o se considera ju r í
dicam ente al enferm o? ¿qué tipo de enfer
mos considera el derecho?. Las complejas res
puestas a estas y a otras preguntas son las que, entrem ezcladas,responden al objetivo p rim o r
dial de este estudio, definido en su título.
Para llegar a com prender la específica p re
sencia de la asistencia h o sp italaria e n al- Andalus es necesario com prender antes cóm o funcionaba la asistencia al enferm o, en gene
ral, para luego en ten d er el p o rq u é de la esca
sez —que n o ausencia- general de hospitales en al-Andalus. La islamología es la que real
I CURACIÓN I
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"Desequilibrio de los humores”
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INCAPAC TACIÓN PARA EL TRABAJO físico
M uchas enferm edades ٥ in capacidades no im p lic a r d is n in u c ió n de la actividad in telectual. El ejem plo arquetípicc es ia ceguera: oficio de m ueclnes, m uchos sabios m usulm ane s fueron ciegos.
INCAPACITACIÔN SOCIAL I INFECCIONES
Tumores; cáncer;
epidemias (pestes);
úlceras; heridas;
fístulas;...
٦
.INTOXICACIONES Envenenamientos picaduras; ...
TRAUMATISMOS y heridas
A dquisición de una nueva realidad físico-corporal
ENFERMEDADES MENTALES
Asunción da un^tiueva realidad menl ENFERMEDAD
P o rوا m ism a
LEPRA
Gráfico ٦. La enferm edad en el m undo islámico mediev□!
p o r “leprosos” , aunque preferim os llamarlos enferm os de “ dolencias ؛!!!purificantes” , p o r ser ju ríd icam en te más am plio su significado.
Así a estos enferm os n o se les pued e expulsar de iure de ط ciudad (si es ءة1ه uno) [n° 1, p.
463], p orque en derecho no se contem pla la idea del contagio de ظ enfermedad;® pero por si acaso da op ció n de repudio a la esposa que se haya casado con u n o que luego dem uestre ser leproso [n° 1, p. 463]. Se les p r o h ^ e la venta y tratar con to d o tipo de líquidos, ah- m e n to s y q u eso s, p o r ser causa p a ra su im purificación;؟ p o r esto, es potestativo del com prador el com prarles drogas [n° 288, p.
176], Se les prohíbe el acceso a las m ezqu؛tas (por lo m ism o, éstas son espacios puros) [n° l,p .
. 463ا
C o m o son enferm os incapacitados, pero sobre todo, a los que se les im pide el trabajo, ظ sociedad tiene previsto una serie de ayudas sociales. Son los “bienes h a b le s ” (hubs oاس وم: rentas generadas p o r u na tierra, tienda, m oli- no, baño, etc., que se co nceden co n una fina- lidad piadosa m uy concreta. Los dineros de estos habices son centralizados y administra- dos p o r la m ezquita aljama (es el bayt ál-mal o
“ tesoro de la m ezquita”), y su adm inistrador los destina para los fines que su m andatario deseó y especificó en el contrato de funda- ción del habiz. D esde siem pre m uchos bue- nos m usulm anes han dejado rentas para ayu- dar a estos enferm os, tanto para los que la so- ciedad les im pide trabajar, com o para los que suelen estar im pedidos para el trabajo debido a sus m utilaciones.
Al-Wansarisi recoge m u ltitu d de senten- cias alusivas al sostén p o r m edio de habices de los enferm os de “dolencias im purificantes” o leprosos. E ntre ellas recoge dos alusivas a ظ C órd o b a del S .V /X I: según parece había ك otro lado del G uadalquivir un barrio para este tipo de enferm os (videء'ءأءه); consecuencia de ظ inestabilidad de ظ guerra civil ه م، » ه ،اءlos beréberes, debió haber una avalancha de enfer- mos de otras regiones que deseaban favore- cerse de los ríeos habices que am paraban hol- gadam ente a los cordobeses; m otivo de pleito entre cordobeses y foráneos, los alfaquíes sen- tenciaron que los foráneos podían quedarse y beneficiarse de estas “ayudas sociales” en C ór- doba sólo cuatro días.
E n estas sentencias se afirm a que los be- neficiarios son los leprosos y am putados, pero jo , p o r lo co m ú n vagaban p o r las ciudades
en g ro san d o el g ru p o de los in d ig e n te s o m endicantes. Sólo se les encerraba en el caso de q ue su presencia alterara el orden, o la m oralidad publica. Para estos furiosi (en dere
cho rom ano) se habilitaron en u n p rim e r m o m e n to celdas en las cárceles, y luego salas en los hospitales.
Incidim os en la cronicidad para hablar de u n g ru p o de enferm edades especiales, aque
llas que con la lepra, se manifiestan incurables.
E n el islam la “incurabilidad”6 no era u n p ro blem a, ni tan siquiera p o r su contagio (en el que no creían los juristas musulmanes). El pro
blem a de este tipo de enferm os es que sus dolencias son causa de problem as para el resto de musulmanes: son causa de “im puridad le
gal” para las personas y los objetos o alim en
tos que entren en contacto con ellos, son - p o r expresarlo así- “contam inantes” (no co n tagiosos, reiteramos).
Si analizamos los tratados de hisba (policía sanitaria, de mercados y m oral), así com o la com pilación de sentencias de al-W ansarísi7 podem os hacernos u na exacta idea acerca de estos mardel, enferm os, que algunos traducen sí es contem plado, tanto p o r los tratados m é
dicos com o de derecho m usulm án. La croni
cidad es u n estado incapacitante a m edio pla
zo aunque dependiente de cada enferm edad.
Es, p o r tanto una de las que aboca a la necesi
dad e im pide el trabajo físico.
Los traum atism os y otras dolencias más o m enos largas son susceptibles de curación en la m edida en que la respuesta corporal sea la adecuada, o de que el saber del m édico pueda atajarlas. La enferm edad, en el derecho es p o r tanto un estado tem poral, d ependiendo de su gravedad; así en al-Andalus, los enferm os es
taban exentos tem poralm ente de acudir a la llamada del ejército,por ello se les da u n tiem po para curar su mal, pasado el cual se les vuel
ve a llamar, so pena de ser castigados severa
m e n te.5
Los enferm os m entales siempre han sido p rofundam ente respetados en el islam. E n una tradición literaria en la que el m aynün lo mis
m o es im buido p o r el saber poético, o d epo
sitario de palabras divinas, siem pre se ha trans
m itido ese respeto hacia quienes estaban en estados transitorios de consciencia. A no ser que su estado les p erm itiera ejercer u n traba-
LA MEDICINA EN AL-ANDALUS
ءحء
ب ه Transporte de enfermos (en este caso la peste), según
aparece en las Cantigas de Alfonso X el Sabio. ٠/ traslado de los enfermos se realiza en carros y en los lechos de los enfermos, puesto que no van m uy lejos.
lepra(s), elefantiasis (en el M ágreb), vitÍligo y otras enferm edades decolorantes de la piel, h o ngos, sarna, tiña, d erm atitis, sarcoidosis, linfomas, así com o la sífilis y otras dolencias venéreas,etc.Todas ellas, reiteram os, en ferm e
dades que más que contagiosas, son conside
radas “ dolencias im purificantes” , causantes de
“ incapacitación social” .
1.3. La protección hacia el enfermo y el débil. Prin
cipios religiosos: C hantas e Ihsán
E n el cristianismo el principio de la chantas, caridad, es tan fundam ental que ha sido c o n siderado una de las tres virtudes teologales:
ju n to con la fe y la esperanza. El significado es m ucho más extenso que el propiam ente de com pasión, ayuda al necesitado, apoyo a quien lo necesite o al h erm ano m enos favorecido que uno. La caridad es un estado del ánim o, u n principio de acción espiritual que debe m otivar cualquier acción cristiana. Es p o r ello que la concreción en el significado de “ ayu
da” —entendida en sentido am plio— al enfer
m o y al necesitado, es u n o de los fundam en
tos básicos con que justificar la asistencia y el cobijo a los enferm os. D e la caridad surge el hospitium, que San Isidoro define com o «voca
blo griego que señala el edificio donde alguien dis- en estas aljamas o barrios extram uros de las
ciudades destinadas a este tipo de enferm os n o sólo vivían leprosos: se cuenta de unos sa- nos que se habían asentado en uno de estos barrios y que vivían de las rentas instituidas para sus enferm os, com o deseaban legar sus casas a sus herederos se em ite sentencia afir- m ando que p u ed en hacerlo, pero que siem - pre en estos barrios prevalecen los derechos de los enferm os sobre los de los sanos |n ° 1 ,p . 463]. Por ello evitarem os llamarlas “leprose- rías” , y preferim os la perífrasis de aljama de los “ enferm os im purificantes” .
?٥٢ otro lado la consideración jurídica de sus habitantes no sólo afecta a los leprosos, sino a to d o aquel que padece enferm edades de la piel (suele citarse el vitÍligo); además, la lepra es una dolencia que puede ser confundida en sus diversas m anifestaciones clínicas (hay ca- talogadas hasta siete tipos de lepra diferentes) con decenas de enferm edades.10 N o las cita- rem o s, p e ro p ro d u c e : lesio n es m aculosas hipopigm entadas, placas infiltradas, lesiones anulares, lesiones nodulares, infiltración difu- sa y diversas afectaciones neurológicas, con múltiples presentaciones clínicas, ? o r ello el térm ino en árabe tam bién es vago, y en los diccionarios ظ encontram os m ixtificada con la elefantiasis, una filariasis linfa tica hum ana transm itida p o r u n m osquito. E nferm os de
de subsidios que لا’ ayudarán a sobrellevar su estado. En cualquiera de los dos casos, la sadaqa m o m en tán ea, o los habices garantizarán la beneficencia en el e n to rn o islámico
1.4. L a protecciónملء،لءر'ه ءءenfermo y el débil. L a realidad en el Occidente m usulm án
E n el © ccidente m usulm án, com o en el resto del m undo islámico tenem os abundan
tes noticias de que era efectiva la protección social. N o sólo estaban previstos m ecanism os para casos excepcionales, com o los graneros estatales © alo rin es/a lfo rin s q ue en caso de ham b ru n a vendían barato el cereal y garanti
zaban la siguiente cosecha, sino que había una ayuda concreta y ordinaria proveniente de los habices para p o b re؟, necesitados ء im pedidos.
Las dos prim eras noticias que tenem os del b a r r i o d e lo s e n f e r m o s d e “ d o le n c ia s im purificantes” (marda) de la capital cordo
besa nos han pervivido en relación con esta ayuda. La prim era, relacionada con u n pleito prom ovido p o r ‘A bd al-R ah m an 111, quien deseaba u na finca que había sido instituida com o habiz a beneficio de los m arda de C ó r
doba “situados al otro lado del río, entre los huer
tos y la llanura” ■, aunque los alfaquíes le dieron su parecer negativo,llevólo a ضءلال!له m erced al inform e favorable de M uham m ad IbnYahya Ibn Lubaba, y el califa recom pensó a los “en
ferm o s de la A lm u n ia de ,A y a b ” m ultiplicando- les allí sus fincas.ئ
E n el s. X I, ya se ha referido C('»1K) al- Wansarísi recoge varias sentencias relativas a los habices instituidos en al-Andalus co n des
tino a estos m a r d a /cnferm os.17 Quizás com o detalle interesante a resaltar está el que son beneficiarios de estas ayudas sólo los enfer
m os locales, y aquellos otros que lleguen a la ciudad, siempre que aseguren que desean ave
cindarse en ella,com enzando a cobrarlos sub
sidios a partir del cuarto día.
E videntem ente, u na cosa es lo prescrito p o r la religión y otra lo que ظ realidad cotí- diana im pone. Los desórdenes políticos del período de las taifas acabaron con muchas pro
piedades, y destruyeron m uchos inm uebles, así com o registros notariales y contabilidades de estos bienes. Es p o r ello que apenas volvemos a poseer datos sobre este tipo de beneficencia hasta la época alm ohade, en que se im pone de nuevo u n estado centralizados
E ntre sus múltiples destinos sociales y religio
sos, destacamos que u n porcentaje im p o rtan te de los habices son los destinados a los e n ferm os y a los pobres. C o m o se refleja en el Gráfico 2°, los “enferm os” son en principio:
los que p o r su dolencia (por estar im pedidos, o tullidos) no p u ed en ganarse la vida ,los ena
jenados m entales, y aquéllos que son obliga
dos a vivir en sus aljamas p o r sufrir “ dolencias im purificantes” .
Para la cu estió n ¿quién es considerado pobre? nadie m ejor que u n ju rista para res
ponderla. Parece diáfana, pero ni tan siquiera u n exp erto com o el malikí ad-D aw udí (m.
4 0 2/1011) llegó a un a respuesta unívoca y concluyente.13 Y así se refleja en el Corán, 9:
60. Sigo la versión bilingüe de J. C O R T E S , E lm h u rst (N ueva York), ed. T ahrike Tarsile Q u r ’an Inc., 1992 (3a. ed.), p. 117.14El pro
blem a es diferenciar los campos semánticos de dos palabras tan próxim as en significado:
según los diccionarios fa q lr es: pobre, necesi
tado, indigente, y m iskín: pobre, indigente, m ís e r o , in s ig n if ic a n te , h u m ild e . A . B.
K A Z IM IR S K I afina algo más al señalar que fa q lr es: “pobre, quien no es rico, quien no posee más que lo ju sto para vivir (sinónim o m iskin , pero este últim o se dice más b ien de u n hom bre que se encuentra en la indigen
cia” , s. v., vol. II, p. 6 2 0 .15 Así, en su tratado sobre im puestos dedicó u n capítulo a la z a k á t
—o azaque—, la lim osna legal obligatoria, en cuyo inicio se considera com o tales pobres e indigentes a: quien posee escasos m edios de subsistencia, quien no posee nada, quien tie
ne za m a n a (entendida com o discapacidad fí
sica, o com o enferm edad crónica),quien pide limosna, los viajeros m usulm anes de paso sin recursos. A unque los juristas difieran acerca de la diferencia entre el “necesitado” y e l“p o - bre de solem nidad” y no haya una frontera definida en sus interpretaciones, el imperativo coránico indica que estos grupos de personas son los depositarios de la ayuda social, pero di
fieran en el grado a que son acreedores.
C o m o se ve, en diversas ocasiones halla
mos que el necesitado es acreedor de esta ayu
da social: p o r enferm o recibe ayuda eco n ó m ica proveniente de los habices que le co
rresponden, según estos hayan sido dispues
tos, o según su tipo de enferm edad. Si p o r su enferm edad pasa al estatus de pobre, indigen
te o necesitado, tam bién encontrará una serie fr u ta de hospitalidad o habitación temporal, y se
abandona en dirección a otra parte, de aquí que se le llame m etatum , ya que cambia de lugar». P or ello las ó rd e n e s m on ásticas a c o g ie ro n el hospitium com o una de las salas de sus m onas
terios, el hospital.
E n el islam n o existe el p rincipio m o to r de la chantas. Si acaso está el p rin cip io religio
so del ilisUn; estrictam ene n o se trata sólo de u na b uena acción com ún, tam poco, en gene
ral, de la beneficencia. E n el Corán está escrito que «D io s ordena la justicia y el ihsán» [XVI:
90], y éste consiste en responder con el bien al b ien esparcido p o r el m undo, sabiendo que viene de D ios. T odo hom bre es u n testim o
nio, aunque sólo sea p o r su existencia, de la b o n d ad divina que da sin cuento. E n nom bre de este valor que p o rta en él, el ihsán exige que se le trate con bondad y justicia; es decir, que se respete en él la huella (atar) divina que le marca, com o si, desde este p u n to de vista, se viese a D io s en él. H ay u n a tra d ic ió n profética según la cual el ihsán consiste en «ren
dir un culto a D io s como si se le viese, si tú no le ves, É l te ve a tí»." ■
Ibn Taymíya lo definió de m o d o más ge
nérico «La conducta virtuosa (‘amal salih) es el ihsan, que consiste en realizar las “buenas accio
n es’’, es decir, lo que D io s ordena. E n cuanto a lo que ordena D ios, es lo que E l ha instituido, lo que es conforme a la S u n n a de D ios y a la de S u Pro
fe t a » .12 D e este m odo, los diccionarios reco
gen los conceptos de ihsán com o beneficiencia, realización de los deseos divinos; hasana b u e
na acción, obra,lim osna, favor,y m u h sin b ien hechor, benefactor, caritativo. Todas éstas son palabras y conceptos de aplicación religiosa que encontrarem os abund an tem en te en las descripciones de la co n stru c c ió n de obras públicas p o r sus m ecenas; en especial en la lápida fundacional del m áristán de G ranada y en su descripción p o r Ibn al-Jatlb.
Este p rincipio m o to r de la beneficencia se sustancia en las m últiples facetas que adquiere la ayuda social en el islam: el gobernante debe velar p o r el bienestar de su súbditos, mientras que estos, deben garantizar el reequilibrio de las diferencias sociales. D e este m odo, está instituida la z a k á t o im puesto obligatorio, tra
ducido com o lim osna obligatoria, y la sadaqa la voluntaria. Esta la conform an además las rentas instituidas com o habices en beneficio de los m usulm anes, o “p o r la causa del Islam” .
LA M EDICINA EN AL-ANDALUS
sencia en C órdoba del médicoYahyá Ibn Ishaq (por entonces caíd de B adajoz),y éste a su vez se desplazará a u n m onasterio cristiano para consultar el rem edio más adecuado (por ser los m onjes depositarios del saber m édico en esta prim era época).24 C u an d o no, solicitan que se les envíe u n facultativo, com o el p ro pio an-N asir que, previa solicitud de unos aliados en el M ágreb, envía en 3 2 8 /9 4 0 a Ibn Bay el m édico «a quien perm itió llevarse de la farm acia las medicinas, jarabes y drogas apropiadas para curar la enfermedad descrita, y otras que p u diera necesitar. S u la y m m fu e , los curó y se quedó algún tiempo a su lado».25
E l enferm o acom odado, o con suficientes recursos se cura en su propia casa, a la que acude el m édico a visitarle. Sus sirvientes y /o familia son los que le atienden y le cuidan. Lo m ism o ocurre —sea rico o pobre—, si la grave
dad de su dolencia, o p o r accidente, le im p i
den m overse de su casa. C o m o vem os en las ilustraciones, es el facultativo quien in terv ie
ne directam ente, b ien para am putar, para ex
traer flechas, u n cuchillo clavado, etc..
C uando n o hay u n m édico cerca, cuando no lo hay en la alquería o en la población, o no hay u n especialista en el tipo de dolencia que padece el enferm o, éste se traslada p o r lo com ú n a su busca, en ocasiones durante lar
gos recorridos. C o m o lo ilustran magistral
m ente las C antigas, apreciam os tendidos los pacientes sobre los lom os de los mulos, arre
bujados y debidam ente cubiertos, conducidos p o r u n familiar a la busca de u n facultativo que les trate. Igualm ente, si su caso le p e rm i- m ación y crearán un a escuela andalusí de
m edicina de prestigio.؛'
E n cuanto a su diferenciación p o r clases sociales, hay que explicar p rim eram en te que los servicios del m édico se pagan. Es el pa- cíente, p o r tanto, quien acude en persona a los m édicos según sus posibilidades eco n ó - micas y quien paga sus rem edios. Estos m édi- eos form ados en O rie n te cobraban elevadas sumas de dinero p o r ofrecer sus electuarios y rem edios a las gentes, con lo que m uchos ha- rán fortunas.22 La nobleza y las clases p u d ien - tes serán quienes se beneficien de sus cuida- dos, tom ándolos en m uchos casos para su ser- vicio exclusivo y el de sus familiares y clien- tes. Ibn Y ulyul proporciona buena cantidad de anécdotas referidas a los médicos de las cía- ses pudientes cordobesas y de los gobern an - tes; de M u ham m ad Ibn Fath T am lü n afirm ó que «ni un sólo noble de la época podía prescindir de él».23 E n otras ocasiones estos médicos des- em peñaron im portantes cargos oficiales en el organigram a administrativo, además de ejer- cer la m edicina.
A la cabeza del estado, el em ir o califa, que siem pre tienen en su en to rn o a u n o o varios, m édicos principales, contando con los servi- cios y asistenia de los m ejores facultativos del m om ento, a quienes generalm ente se reco m - pensa espléndidam ente. Este m édico de corte les suele tratar en exclusiva, haciendo to d o lo posible p o r su salud, pidiendo ayuda a sus CO- legas, incluso, si desconoce el tratam iento; así, cuando ‘A bd al-R ah m an III padece una gra- ve otitis enviará u n correo reclam ando la pre
Así, Ib n A b l Z a r’ cu a n d o en u m era los m éritos del califa am ohadeA bü Y ü su f Ya‘qüb Ibn Yüsuf, al referir las consecuencias de la batalla de Alarcos (581/1195) afirma que «سء- ficó hospitales para los enfermos y los locos; señaló pensiones a los alfaquíes y letrados, a cada ««٠se- g ú n su grado; creó rentas para los enfermos de los hospitales, para los lisiados,y los ciegos en todas las provincias». N o deja de ser form ulario el elo- gio, sino fuera p orque confirm a la existencia de este tipo de habices, cuyo destino fueron los hospitales, sus enferm os, los lisiados y los ciegos.
Tam bién hay otras instituciones islámicas que se dedican a ظ asistencia a los necesitados.
Son las z á w iy a -s (residencias de santos varo- nes que se dedican a la oración y la piedad), y las rábita (lugares co n celdillas a los que acu- d en a orar los piadosos de la com arca o la ciu d ad ).19 Es frecuente que estos m odestos edificios sirvan com o lugares de acogida para viajeros y para los necesitados. D e igual niodo, con el tiem po a m uchos de ellos se les asigna bienes habices para el m antenim iento y desa- rrollo de sus fiinciones.Es en estos casos cuan- do p odem os hablar de un a labor asistencial al pobre, enferm o y necesitado de una m ayor repercusión. E n algunos ocasiones llegan a constituirse en verdaderos com plejos de edi- ficios, que ayudan y albergan a gran cantidad de fieles, com o en el M ágreb; en épocas pos- teriores (ss. X V -X V III) estas z á iv iy a -s serán m uy poderosas en lo económ ico, yاا؛لااا rele- vantes en lo asistencial. E n al-Andalus puede aducirse, aunque en m e n o r escala, el caso que hem os estudiado de la záwiya de los Síd B ona en G ranada.20
2. La realidad de la asistencia m éd ica en al-A ndalus. El espacio urbano del en - ferm o
La asistencia m édica file en al-Andalus di- ferente, según períodos y clases sociales. Se- gún las diversas épocas, p orque hasta el s. IV / X pervivió un a m edicina indígena, heredada de los visigodos, ejercida y enseñada en m u - chas ocasiones en los m onasterios. Será a par- tir del s. X cuando, com o resultado de los via- jes a © rien te de los m édicos andalusíes, se com enzará a form ar una serie de generacio- nes de m édicos que ya tienen una sólida ؛ه آ-
Una enferma afectada por una paralasis y encogimien
to de las piernas es transportada como era habitual en la época: en un costal sobre los lomos de un mulo.
ayuda m aterial para pago de los servicios m é
dicos, com o se ha explicado en el Gráfico 2.
A hora bien, en muchas ocasiones no es n ece
sario que el enferm o pobre solicite ayuda, pues es el propio m édico quien le presta desintere
sadamente su atención: Ibn Yulyul refiere que al-K ittání y A hm ad Ibn Y ünus seguían este proceder con los necesitados, y que la farm a
cia de M adlnat al-Z ahrá’ les proporcionaba gratis los rem edios, los mismos p o r los que se cobraba a los notables.28 Más tardío Ibn Z uhr, com o tantos otros, asistía gratuitam ente a los pobres que acudían a él, y les proporcionaba rem edios.29
E n otro o rden de cosas, tam bién puede afirmarse que existe una m edicina al servicio de los intereses de los propietarios, y del cadí.
D e este m odo la hisba funciona al servicio de los mercaderes, pero tam bién de la sanidad pública urbana: una serie de recom endacio
nes y de consejos m édicos sirven para identi
ficar los problem as con los esclavos, com o ya se apunta en el tratado deYahyá I b n ‘U m ar (s.
IX ),30 aunque esto es desarrollado en especial en el de al-Saqatl (s. X II); en éste se dictan unas norm as para que no se defraude en la co m p rav en ta de esclavos disim u lan d o sus enfermedades. Se pone especial cuidado en de
tía acudir p o r su propio pie, iba a la botica o a la casa del m édico, en donde había u n espacio habilitado para la asistencia directa a quienes acudían a requerírselo. Así, la fam a de los m é
dicos se conoce p o r el núm ero de pacientes que hay esperando a la p u erta de su casa. Ibn Y ulyul proporciona hasta la dirección de las casas de los m édicos de C órdoba, y del cris
tiano Ibn M alüka se dice que «en la puerta de su casa había treinta sillas, para que esperasen sus pacientes»■,26 de igual m odo, a com ienzos del s.
X IV afirm a malicioso Ibn al-Jatib en la b io grafía de M uham m ad al-Safra que, consecuen
cia de la fama obtenida al curar al sultán Nasr, la afluencia de enferm os que acudían a buscar sus rem edios fue tal, que en G uadix parecía haber llegado la peste.27
La población más hum ilde se esfuerza lo posible en acudir a los facultativos más próxi
mos o a especialistas en sus dolencias. C u an do se trata de gente pobre e indigente es más difícil el pago de estos servicios, p o r lo cual suelen ser las záwiya-s y rábitas quienes le ayu
dan asistencialmente y a veces económ icam en
te. Estas gentes, com o se ha apuntado ya, se benefician de los habices instituidos en su ayu
da, bien sea com o pobres y necesitados, o bien com o enferm os, tien en posibilidad de recibir
LA MEDICINA EN AL-ANDALUS
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C o m o se ha indicado, una serie de pato
logías relacionadas con la piel, entre las que tienen especial relevancia los diversos tipos de lepra, venéreas, cualquier otra co n carácter supurante, o que pudiera parecer “ contam i
n a n te” cuando u n alim ento o persona tuviera contacto con ella, es considerada com o una enferm edad im purificadora desde el pu n to de vista religioso para el resto de la com unidad (puesto que obliga a realizar la purificación ritual), además es peligosa sanitariam ente para cualquiera que entre en contacto con estos enferm os.33
Ya apuntam os que la sociedad islámica generó unos espacios urbanos diferenciados y extram uros alejados del contacto directo con las gentes; p o r lo co m ú n éstos estaban cerca
nos a cualquiera de las puertas de la ciudad, para p o d er recabar alim entos y para p o d er entrar en contacto con la urbe, o refugiarse dentro de ella si venía al caso. Es un espacio urbano definido para los enferm os de la propia ciudad, con rentas instituidas p o r los habitan
tes de la misma. Si atendem os a la estructura organizativa que dem uestra ten er este barrio extram uros de Pez (según J. León Africano, ver A péndice 2° B) pued e hacerse el paralelo ente estos barrios y las aljamas m usulmanas posteriores a la conquista: están organizados, con unos rectores propios y una adm inistra- tectar los maquillajes de la lepra, un problema
médico, social y religioso, causa de incapacita- ción social p o r su carácter “impurificante”, ade
más de los males femeninos de las esclavas.31 Ligado a esto encontram os el problema de los espacios propios de los enferm os en al- Andalus.Ya se ha referido que la casa del m édi
co, o el inm ueble en el que pasa consulta es el espacio al que acuden habitualmente sus pacien
tes, y que en caso de que las dolencias de estos fueran severas, son sus propias casas las que aco
gen su enfermedad. Esto fue la pauta más gene
ral en al-Andalus. C uando se enferm a durante un viaje suele acudirse a las záwiya-s, rábitas, o incluso a las naves anejas que poseen muchas mezquitas, cuando no se recibe ayuda de las gentes locales bien dispuestas a la caridad.
R e sp e c to a que en al-A ndalus hubiera unos espacios específicos para los leprosos, o leproserías, es tem a com plejo. C uan d o menos, n o co n o c em o s que los té rm in o s enferm o/
marda, ni leproso /m abrüd, aydam, etc. hayan ge
nerado un nom bre específico que califique un espacio a ellos destinado (si exceptuam os el de dimma en el M ágreb).32 Pero si buscamos en los tratados de derecho y en los de hisba sí que encontram os una serie de preceptivas que obligan a este tipo de enferm os a vivir extra
m uros y en un barrio específico, im pidiéndo
seles además entrar en la aljama de la ciudad.
Traslado de un tullido, también a lomos de mulo, aunque dispuesto longitudinalmente sobre él.
siglos de cristianismo. U n a prim era respuesta válida para el entorno del Islam es: u n lugar —o más genéricam ente espacio (funcional)— desti
nado para la estancia de los enferm os; con m ayor precisión: u n espacio en el cual, o se reúne a los enferm os para una m ejo r asisten
cia m édica, o se propicia ésta colegiadam ente, o se recluye a u n d eterm inado tipo de enfer
mos. En este caso sería el m édico q u ien se desplaza a ver los pacientes a estos centros asistenciales o casas de curas, siendo los enfer
m os quienes se quedan en estos espacios fun
dados para ellos. D esde b ien p ro n to a esta com binación de: lugar + asistencia m édica se le añadió u n plus conceptual de caridad/es
piritualidad.
C u an d o añadim os al espacio una organiza
ción asistencial, n o sólo de m édicos y espe
cialistas, sino de adm inistradores de las rentas a ellos destinados, le adjuntam os edificios es
pecíficos, farm acia y huertos dependientes, es cuando trasciende a una realidad asistencial superior y hablamos del hospital-institución.
C o n éste es con el que se identifica el maristan.
¿Por qué surgen estos espacios dedicados a los enferm os, cuando lo habitual era que el paciente acuda, incluso desde m uy lejos, a ver al facultativo? E n la m ultiplicidad de respues
tas a esta, en apariencia, simple p regunta ha
llaremos la variedad regional que del hospital islámico hallamos en los textos.
3.1. E l Bim áristán en O riente: Institución y plurifuncionalidad
El m áristán se origina y es en esencia una institución del O rie n te m usulm án. Ausentes en época om eya, son u n elem ento más que la dinastía ‘abbásí sucesora íntegra de la rica h e
rencia sasánida. La cultura y la adm inistración persas son asumidas co n interés p o r u n estado en construcción necesitado de soluciones u r
gentes. Por ello es lógico que, asum ido ya el pasado helenístico en el perío d o om eya, se busquen soluciones de corte persa para las nuevas necesidades. Así, es asum ido desde el nom bre (blmar, enferm o + st3n, 1 ugar de), hasta la propia estructura y peculiaridades com o institución. Es una consecuencia más del con
cepto de estado im plantado p o r los ‘abbásíes, que busca la centralización y el control ex
haustivo de los recursos y las personas, al esti
lo de la adm inistración persa.
m usulm án. E n O rie n te , desde b ien p ro n to h u b o hospitales específicos y especializados para enferm os mentales.
Finalm ente hay que resaltar la existencia de dos tipos de m edicina en cierto m o d o pa
ralelos y com plem entarios a la oficial o aca
dém ica. P or un lado la que hem os llamado
“ m edicina em pírica” o popular; aludiría a esos m últiples rem edios tradicionales que se sabe de siem pre que funcionan y que, p o r lo co
m ú n , m ediante la adición de una explicación más o m enos lograda suelen acabar integrán
dose en la m edicina académica. C o m o ejem plo ya explicamos algunas recetas que M uhammad al-Safra incluye en su obra farm a-cológica.36 N o hay que confundir estos rem edios p o p u lares con el curanderism o. C o n tra los desma
nes que curanderos y charlatanes am bulantes producían en los pacientes que les prestaban oídos clama Ibn ‘A bdün (s. X II) en su tratado de hisba; debían ser plaga en el cam po y en determ inadas regiones andalusíes.37
O tro tipo de terapéutica es la “m edicina del Profeta” . Se trata de una serie de prescrip
ciones m édicas que, emanadas del C o rán y de los hadices o tradiciones proféticas, buscan convertir la m edicina de una ciencia p erten e
ciente al gru p o de las “ ciencias de los anti
guos” , en u n a “ciencia de la religión” . E n suma, buscan sacralizar un ejercicio tan noble com o el de la m edicina. Los prim eros tratados de este tipo son b ien tem pranos, y es u na litera
tura filom édica más propia de gentes cultas y beatas, que en ocasiones está más cerca de nuestro concepto de superstición que propia
m en te del de cien cia.38 U n claro ejem plo de este tipo de explicaciones médicas es el que recogem os en el A péndice I o en que Ibn M arzü q recoge una explicación que busca justificar la ortodoxia de la institución hospi
talaria, rem ontándose para ello a una circuns
tancia prom ovida p o r el Profeta.
3. Los hospitales hispanom usulm anes
Tras definir el carácter de la asistencia a los enferm os en el en to rn o del Islam, el paso si
guiente es preguntarse ¿qué entendem os p o r hospital?. La sem ántica del térm in o en el ám b ito c ristia n o v ie n e c o n ta m in a d a p o r el hospitium del derecho rom ano, pasando p o r la evolución que le adjudicaron los posteriores ción propia de sus recursos; ellos controlan
además el estado sanitario de su población, y que en la ciudad no aparezcan más casos de enferm edades “im purificantes” .
Llegado a este p u n to nos p reguntam os
¿cabe la consideración de hospital para estos barrios extram uros?. Pensamos que sí. C ree
m os que es más acertado considerarlos com o hospitales, que com o “ leproserías” . N o son lugares en los que se m argina obligadam ente a los leprosos. En ellos se aparta a m uchos otros enferm os, e incluso algún sano vive al socaire de las abundantes rentas que la com unidad instituye para que n o tengan que trabajar, o para los que ya no p ueden trabajar; aún así, sabemos que trabajan en el cam po y que co
m ercian entre ellos con los productos de su esfuerzo. E n estos barrios además están bajo vigilancia m édica y llevan una vida corriente;
llegado el caso de curación, si u n m édico lo certifica, p odrían incluso abandonarlo. P u e d en viajar librem ente a otros lugares (com o lo dem uestra la fatwá de al-WansarisI sobre la avalancha de estos enferm os a C órdoba en el s. X I). Por todos estos m otivos creem os que com o tales espacios para enferm os, han de recibir el calificativo de centros asistenciales u hospitalarios. E videntem ente no es el o rie n tal hospital-institución, ni el hospital-casa de beneficencia privada, sino el hospital-barrio, no u n edificio, sino u n espacio urbano.
E n al-Andalus, co m o en el resto del m u n do islámico, los enferm os m entales son pro
fundam ente respetados, y nadie les im p o rtu na, si ellos a su vez no m olestan a nadie. Tam bién en las Cantigas vemos varios ejem plos de estos enferm os vagando p o r las ciudades, con la cabeza rapada,34 solicitando lim osna y am paro. P o r esta circunstancia serían considera
dos dentro del g ru p o de los indigentes y n e cesitados, no p o r su dolencia, sino p orque ésta les abocaba generalm ente a la m endicidad. E n caso de que fueran violentos, peligrosos o que violaran las leyes, se hacía necesario su reclu
sión, para el bien de los vecinos. Estos casos de furiosi en u n principio tenían u n lugar en las celdas de las cárceles, aunque el muhtasib sabía que era su mal el que le impedía ser cons
ciente de sus actos.35 Por ello a estos, o se les echa de las ciudades, o se les confina en los hospitales. Según parece, estos edificios a par
tir del s. X IV acabarán dedicándose p rio ri
tariam ente a estos pacientes en el O ccidente
LA MEDICINA EN AL-ANDALUS
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la de G undisapur; se tiende a pensar en una poligénesis de sus orígenes, a pesar de lo que afirm en las fuentes árabes. En concreto, se hace derivar del xenodochion sirio, el eco más cerca
no del hospital bizantino. El p rim er hospi
tal del Islam parece ser el fundado p o r el cali
fa Walld I (86-91 /7 0 5 -7 1 0 ); citado p o r todos los autores, desconocem os cuál serían sus pe
culiaridades y funcionam iento, hay quien afir
m a sería una leprosería, y quien piensa que era u n servicio de guías para los enferm os, de criados para los inválidos, de asistencia m o n e taria para los leprosos, y quien piensa que ya poseía la estructura de los hospitales poste
riores.40
A partir del s. IX estos hospitales-institu
ción se expanden p o r todo el orbe islámico;41 así en poco más de cien años se crean cinco en Bagdad. H árün al-R asíd (786-809) será quien ordena edificar el p rim er hospital de Bagdad, m ientras que el erigido p o r el visir b u y i'A d u d ad-D aw la (949-983) tam bién go
zará de gran renom bre. Inaugurado en 3 7 2 / 982, sabemos que tenía 24 m édicos, entre los que se contaban especialistas en oftalm ología, cirugía y traum atología; además todos ellos desem peñaban una im portante labor de d o cencia de la m edicina; poseía abundantes re- E1 m áristJn surge com o m edio para el con
trol de: la adm inistración de la m edicina, de la form ación de los m édicos, de los enorm es recursos en form a de habices instituidos con destino a los enferm os en O rien te, y final
m ente, de la sanidad y del gran núm ero de enferm os de las grandes ciudades orientales, que convenía centralizar. Es una inteligente solución a m últiples problemas de salud p ú blica, de calidad en el ejercicio de la m edici
na, de control de los enferm os, y de las rentas a ellos destinadas. U n a m edida de centraliza
ción com prensible si se considera que los p ro blemas de las ciudades orientales son p ro p o r
cionales a su tam año. A hora bien, la m ultipli
cación de los hospitales p o r O rie n te se debió, más que al aum ento de las necesidades m édi
cas, a la m ultiplicación de las dinastías a lo largo del m undo islámico desde fines del s.
III/IX : cada soberano quiso dotar de estos tim
bres de gloria a sus reinos, para asociar así su nom bre a unas obras públicas/de caridad que les reportaran fama p o r todo el islam.
Se ha afirm ado que el hospital sasánida de G undisapur (Yunday-Sabür) fue el m odelo original, pero recientem ente se ha planteado si no se ha exagerado el papel en la historia de la m edicina árabe de la influencia de la escue
Imagen de un hospital de fundación privada en el s. X III. Un médico, o su fundador, y varios ayudantes atienden a un gran número de enfermos en sus lechos.
Escena de la España cristiana que podría también ser de al-Andalus.
rios para sus remedios, sus comidas y muchas otras cosas. Los médicos vienen allí cada día por la ma
ñana, examinan a los enfermos y ordenan la pre
paración de los remedios y los alimentos que les sean buenos, según lo que convenga a cada indivi
duo de entre ellos. E l otro hospital funciona confor
me a esta descripción, pero la organización es mejor en el moderno. E l antiguo está en la parte occiden
tal de la venerada aljama. A los locos de atar se les da también un tratamiento y están fuertemente su
jetos con cadenas».
E n Persia el hopital fue una realidad coti
diana. C item os sólo el antiguo hospital de Rayy, dirigido p o r al-R azí antes de su partida para Bagdad. C o n posterioridad surgieron otro buen núm ero de ellos. T am bién en Turquía florecieron los hospitales en el s.V II/X III.
D e estas descripciones puede extraerse una idea bastante precisa sobre sus peculiaridades y heterogeneidad. A ú n así, todos están sujetos a una organización m édica y a u na vida coti
diana bastante similares. Éstas y otras descrip
ciones posteriores de los renom brados hospi
tales orientales, así com o las noticias de p ri
m era m ano que trajeron los médicos andalusíes que estudiaron allí, son las que conform aron la inform ación que los andalusíes y magrebíes disponían de ellos. P or ello, cuando leem os la descripción que Ibn al-Jatlb hace del m aristán de Granada, n o deja de evocarnos estas otras de los hospitales orientales.
Los hospitales orientales desde su construc
ción aparecen com o grandes y com plejos edi
ficios, con en o rm e núm ero de salas: m ezqui
ta, biblioteca, farmacia, habitaciones, lugares de residencia del personal, cocinas, etc. E n ellos había u na gran especialización, de m o d o que hay una diferenciación entre las zonas de h o m bres y de m ujeres, así com o pabellones dedi
cados a secciones específicas; sabemos que en Bagdad había salas dirigidas p o r em im entes especialistas en oftalm ología, dedicadas a la cura de las frecuentes y variadas afecciones oculares,43 dolores gastro-intestinales, u n lu
gar especial para los casos quirúrgicos, así com o una sala especial para los enferm os mentales.
El equipo hum an o asistencia؛ se com ponía de m édicos pagados para hacer las guardias, visi
tar a los enferm os y prescribirles sus terapias, había farm acólogos, y enferm eros, criados, hom bres y m ujeres, que daban los cuidados básicos al enferm o. A la cabeza se hallaba el adm inistrador, que p o r lo com ún, n o era u n losjeques de esta ciudad si había en ella un hospi-
tal, según el uso،اءlas ciudades de estas regiones».
D escribe algunos de ellos co n m inuciosi- dad. D el mSristan de El Cairo, tras loar a su fundador y alabar el palacio en que se cons- tru y ó dice que «Ha nombrado a un director (qayylm), hombre de saber,هءque ha confiado los armarios de los remedios y al que ha encargado la preparación de las pociones y el administrarlas se- gún las variedades de sus géneros. E n los cuartos de ese palacio han sido colocados /ءءمل؛مكpara que se sirvan de ellos los enfermos, ««٠٠٢ءءءاي)ل.؟perfecta- mente cubiertos de ropa. Ese director tiene bajo sus órdenes a unos subordinados que tíenenpor misión, mañana y tarde, comprobarءاestado de ¡os enfer- mos y presentarles las comidas y bebidas que les son adecuadas. A l lado de este establecimiento hay un edificio separado para las mujeres enfermas, y ellas también tienen quien las cuide. Contiguo a los dos establecimientos susodichos hay otro edificio de vasta amplitud en que los cuartos tienen venta- ñas con rejas،اءhierro. Están destinados a servir de celdas para ¡os locos. También ellos tienen quien com- pruebe todos los días su estado y ¡es Heve lo que ¡es convenga. E l sultán inspecciona todas estas institu-
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ء،'م mediante investigaciones٠indagaciones, con- solidándolas firm em ente con su cuidado y celo por ellas. E n M isr hay otro hospital según ese mismo modelo».
D e Alejandría dijo que había: «un hospital para ءا cuidado de quien entre ellos esté enfermo.
Les ha procurado médicos que examinen su estado de salud, y bajo sus órdenes, criados a los que encar- gan la inspección del tratamiento y del alimento que por el hiende aquéllos prescriben. También han sido designadas gentes para visitarه los enfermos que se abstienen،اءvenir al citado hospital, particu- larmente entre los extranjeros, y esas gentes expli- can a los médicos sus casos para que se encarguen de su tratamiento».
N ü r ad -D in (540-569/1146-1174) tam - b ién se hizo famoso p o r la construcción de los hospitales de Alepo, R ak k a y de Damasco, al igual que num erosas madras as. El conocido hospital N ü ñ de Dam asco fue u n o de los más grandes y relevantes en la época de su funda- ción; D escribiólo Ibn ^ u b a y r <<لث« esta ciudad hay unas veinte madrasas y dos hospitales, antiguo y moderno. E l moderno es el más importante y el más grande de los dos. Su asignación diaria es de unos quince dinares. Tiene unos intendentes en cu- yas manos están ¡os registros donde se recogen los nombres de los enfermos, los gastos que son necesa
cursos, que aseguraron su gran longevidad. E n 5 8 0 /1 1 8 4 el viajero andalusí Ib n Y ubayr es- cribió de este hospital de B agdad:«ءاbarrio،اء la Puerta de Basora está ءاZoco del Hospital (Süq al-M aristán), que es una pequeña ciudad en la que se halla el célebre hospital de Bagdad, que está al lado del Tigris, la s médicos ¡o visitan cada lunes y jueves y allí examinan el estado،اءlos enfermos Y prescriben el tratamiento que ¡es es necesario. A su disposición están unos asistentes que se حمءدا'ءسa preparar los remedios y las comidas. E s un gran palacio con salas, cuartos y ؛م،امم las comodidades
،اءlas viviendas reales. E l agua entra allí d esdeءا Tigris».
D u ran te el s. II I /I X y el IV /X se expan- d en a la práctica totalidad de las ciudades orientales. D e este m odo, en E gipto el p rim er hospital file construido p o r al-Q ata’i en Fustat, hoy u n b arrio de El Cairo, p o r su gobernador A ^m ad Ibn T ü lü n ; es el más antiguo en el que se sabe que tam bién recibían tratam iento los enferm os mentales. Antes del 900 dos hos- pitales más se construyeron en Fustat. E n el s.
V I/X II Saladino funda el hospital N a siñ en el nuevo El Cairo, pero b ien p ro n to éste fue sobrepasado p o r el hospital M ansüñ; fundado p o r el soberano m am eluco al-M ansür Ib n Q a l a ^ n fue finalizado en 6 8 3 /1 2 8 5 y pasará a ser el principal centro asistencial de El Cairo hasta el s.V II/X V ; éste ya es, en realidad, un com plejo religioso y de servicios que agrupa m ezquita, hospital, madrasa, fuente pública y m ausoleo. Su fundación es inscrita en el m ar- co del yihád, del com bate em prendido para hacer triu n far la religión y curiosam ente, en esta m ism a lógica del yihad inscribe Ibn al- Jatib la fundación del m aristán de Granada.
El viajero setabense Ibn Y ubayr se ل؟ه؛لل- bra en 5 8 0 -1 /1 1 8 4 -5 de la proliferación de hospitales, y no deja de citarlos al hablar de cada ciudad. E n su relato de viaje hacc una descripción de los hospitales de las ciudades de Alejandría, El Cairo, Bagdad, H arran, hos- pitales y m anicom io de D am asco,y alude a su e x iste n cia o n ú m e ro en: B agdad, M o su l, N islbín, A lepo, H am at, H im s, habla del hos- picio y colegio de huérfanos de Damasco, y se asom bra en Sicilia co n las iglesias destina- das a sus enferm os (afirm ando que ocurría en A cre y T iro ).^ E l hospital era una realidad urbana y poseía u n espacio definido en las gran- des ciudades; Ib n Y ubayr lo confirm a, pues afirm a al llegar a H im s «Preguntamos a ««٠،اء
LA MEDICINA EN AL-ANDALUS
Cuidado y vendado de las heridas de un enfermo.
m edicam entos que necesitaran.45 C o nsecuen
cia de la actividad de estas farmacias hospita
larias orientales, surge allí un género m en o r dentro de la literatura médica: los llamados form ularios de los hospitales, aqrabá¿m, o dustür al-blm aristanl. C o m o su nom bre indica, son un género de obras farm acológicas e m in en te
m ente prácticas destinadas a su uso hospitala
rio. Elaboradas p o r los especialistas en co n fección de m edicam entos, sean farm acéuti
cos o m édicos, poseem os notables ejemplos del mismo, com o las obras de al-K indi (ca.
178-261/c a . 79 4 -8 7 4 ),46 al-Q alanisi (s.V I/
X II),47 Ibn A bl 1-Bayan (1161-1240),48 etc.
Precisam ente p o r su uso en hospitales halla
m o s, e n tre o tras m u c h a s , in d ic a c io n e s farm acológicas para el tratam iento de algunas enferm edades mentales; de no ser a sí quizás no hubieran sido incluidas.
La nóm ina de los m édicos famosos que desarrollaron su labor en los hospitales de O rie n te es larga, sólo hay' que consultar los diccionarios biográficos y obras de “ fabaqat”
(o “ escalafones”) orientales. E ntre los más co
nocidos, se dice que el propio M uham m ad Ibn Zakariyya’ al-R azi (2 5 1 -3 1 3 / 865-925), director del hospital persa de Rayy, fue en
cargado p o r el e m ir‘A d u d ad-D aw la de cons
tru ir u n hospital de Bagdad, adjudicándosele una jugosa anécdota; así para buscar la situa- profesional de la m edicina, sino un cargo p o
lítico. El jefe del equipo m édico sí que era un facultativo.
B ien pro n to se diferencian los hospitales asistenciales para los enferm os de los hospita
les para enferm os mentales; éstos están datados desde fines del s. III/IX , y sus pacientes p u lu lan p o r los relatos literarios de los ss. X y XI.
Su desarrollo fue paralelo al de una terapéuti
ca cada vez más hum ana para con los enfer
mos, más paliativa de sus sufrim ientos, que represora de su sinrazón.44
Entre las secciones del m5rist3n adquiere especial relevancia la farmacia propia del hos
pital, que gozó de gran im portancia y presti
gio, siendo su actividad indispensable para el resto del engranaje m édico hospitalario. Con huertos anejos de plantas medicinales, emplea
das p o r los m édicos para sus fórmulas magis
trales, tenía farmacólogos cualificados a su car
go y espacios propios. D e este m odo se evita
ba la adulteración de los m edicam entos y se garantizaba su provisión cuando fueran reque
ridos. A falta de hospitales con farmacias, que proporcionaran a las gentes electuarios y jara
bes, la farm acia (sin hospital), en al-Andalus existió ya en la época califal, com o una de
pendencia del alcázar de C órdoba; sus p ro ductos eran vendidos al público pudiente, m ientras que a los pobres se les facilitaban los
cas en su centro, una de ellas de m árm ol blanco.
Luego m andó darle preciosa ropa de cama de diversas clases de lana, algodón, seda, p ie l y demás, en fo r m a que excede a toda descripción y sobrepasa a todo epíteto. L e señaló treinta dinares diarios con destino a la alimentación y a lo que se gastaba en ella exclusivam ente, ade
más de lo que se le llevaba en medicinas, y puso en ella farm acéuticos (al-sayyádala) para hacer las pócimas, los ungüentos y los colirios, y para los enfermos (li-l-m ardá) preparó en él ropas de día y de noche para dormir, de lo necesario en verano y en el invierno.
S i se curaba el enfermo (al-maríd) y sí era p o bre (faqíran), m andaba que, al salir se le diese dinero para vivir hasta que se independizase, y si era rico, le entregaba su dinero y lo que había dejado de sus efectos y no lo limitaba a los p o bres con exclusión de los ricos, sino que todo forastero que enfermaba en M arrakus era lleva
do a él y curado hasta reponerse o morir. Todos los viernes, después de la oración, m ontaba a caballo y entraba en él a visitar a los enfermos y les preguntaba uno p o r uno dicíéndoles: “¿C óm o estáis? y, ¿C óm o os tratan?, con otras pregun
tas además de éstas. Luego salía y no cesó de seguir así hasta que murió»56
R ealm en te esta descripción da un a idea m uy precisa de lo que debió ser el edificio, sus partes y funcionam iento cotidiano. Más general es la noticia que refiere Ibn A bl Z a r’
cuando enum era los m éritos del referido ca
lifa alm ohade, en noticia referida al año 5 8 1 / 1195:
«H iz o célebre el año de Alarcos,fortificó el im perio, aseguró las fronteras y construyó m e z q u i
tas y escuelas en Ifriqiyya, el M ágreb y en al- A n d a lu s; edificó el hospital para los enfermos y los dem entes (al-m3rist3n li-l-m ardá wa-1- m uyanín); señaló pensiones a los alfaquíes y letrados, a cada uno según su grado; creó rentas para los enfermos del hospital (ahí al-maristan), para los leprosos (wa-l-yadm á) y los ciegos en
todas las provincias. .. »57
Es aclaradora la explicación de la doble funcionalidad del hospital: se funda para enfer
mos y m a y m ln “locos, enajenados, dementes, lunáticos” , de lo que se colige la existencia de dos clases diferentes de salas y de pacientes. N o lo es m enos la im portancia aparte que se con
cede a la asignación de habices para estas fiinda- tas habices. Estos hospitales gozaron de m u -
cho dinero gracias a las continuas dotaciones económ icas de ricos generosos y de quienes deseaban saltarse la com pleja ley de herencias islámica para considerar indiviso su p atrim o - nio. M erced a esta abundancia de recursos p u - dieron ejercer su labor asistencial a tanta gen- te y perduraron tantos siglos. La adm inistra- ción de estos recursos tam bién requería de personal administrativo cualificado.
3.2. E l M aristan en el occidente m usulm án: H a - cía la especíalízación asistencial
El M ágreb no conoció el hospital-institu- ción hasta ا1؛بأر, f،'،:lia de ظ fundación del hospital de M arrakus, ؟ bien parece que ha- ١ bía unos espacios destinados a los enferm os,
* dinm a. 1.a prim era se rem onta al 830, época de esplendor de Q ayraw an (T ú - nez), p o r entonces capital de ظ provincia de Ifñqiya. Existían en Sfax, en Susa, y de la obra de al-WansarisI se desprende que en el s. X había una en Q ayraw an (conocida p o r al- A tib as, los H a b ic e s) y o tra e n tre Susa y Q ayraw an54 El significado de este térm in o beréb er en árabe es “barrio, co njunto de casas (extram uros)” que se ha interpretado com o u n eufem ism o de “leprosería” , pero tam bién es “campo, tierra de labor” .55 D el estudio de su sem ántica evolutiva se podrían extraer ؛ - ٢١ teresantes conclusiones.
E n contraste con lo expuesto para el im - p e rio ‘abbásl, en el O ccid en te m usulm án no se c o n o c e la in s titu c ió n h asta la é p o c a alm ohade. El califa Ya‘qüb al-M ati؟u r (580- 59 5 /1 184-1199), hacia el 5 87/1191 sabemos que funda el magnífico maristan de M arrakus, del que nos ha legado una excelente descrip- ción al-M arr5kuíí:
«Edificó en la ciudad de M arrSkuü un hospital (blm áristan), como «٠creo que haya en el m undo otro ig u a l.ظ’//،ر/ »ة que eligió una am - pita ءعور/هس،اء»ءاsitio más llano de la ciu- dad y m andó a los albañiles que lo hiciesen de la manera m ás perfecta. ئمllevaron a cabo con dibujos admirables y adornos bien hechos, que aum entaron su mérito. M a n d ó pla n ta r en él, tam bién toda clase de árboles aromáticos y fr u - tales yاءcondujo muchas aguas que corrían p o r todas lasةمبمءمم،'،رءا.،لآ', además de cuatro alber- ción más idónea sembró de trozos de carne los
lugares que creyó más idóneos de la ciudad y allí donde la descom posición de la carne se m ostró más lenta decidió que era el lugar más sano para la fundación del nuevo hospital. Pero com o revelara IbnA b؛ ‘Usaybi‘a, hay problemas con la cronología del evento, puesto que ‘A ^ud ad-Dawla fue em ir de 949-982, la construcción del célebre hospital se siráa en 980 y la vida de
a l - R a z 9 2 5 - 313/ 865- 251) آ) com o m ucho se puede estirar haste el 935. R ealm ente este m é-
dico e n tró en el te rre n o del m ito, adjudi- cándosele una de las pruebas que Hipocrátes definiera para buscar el lugar más salubre de una ciudad.45 Según una antigua tradición, una vi- sita al hospital de Bagdad le convenció de ط eficacia de la medicina; allí desempeñaría con posterioridad una vasta labor, llegando a diri- girlo durante largo tiem po.50
Al a n terio r hay que unir u n larguísimo ]؛s- tado de m édicos que desarrollaron su ejerci- ció presente en los hospitales. E ntre ellos, des- taca la figura de Ibn an-N afis (ha. 6 0 7 -6 8 7 / ha. 1210. 1- 1288), participó en la construc- ción del Bim aristan al-M ansüri51, en él traba- jó com o director, y a él lego su casa y su b i- blioteca. G ran observador y científico de cri- terio independiente, describió p o r prinier؛؛ vez ظ circulación m en o r o pulm onar, y co n trib u - yó a acrecentar la autoridad científica de Ibn Sina con un resum en del C a n o n, de gran di- fusión.52
Estos hospitales fueron, p o r tanto, lugares privilegiados de observación m édica, de ed u - cación y de expansión de las ciencias de la m edicina. Sobre este últim o aspecto n o hay m u ch o s datos. Todos los grandes m édicos aconsejaron a sus discípulos que frecuentaran los hospitales, a fin de com pletar las lecciones con la observación de los enferm os. Sabemos que h u b o m uchos m édicos andalusíes que acudieron a estudiar a estos hospitales o rien - tales, pero no se conoce b ien el sistema de aprendizaje. Podem os suponer que, com o en la actualidad, el estar con el enferm o y ver la m ultiplicidad de dolencias allí reunidas era una experiencia valiosísima. El hospital N ü rl de D am asco tenía una im p o rtan te biblioteca, y en el hospital M a n sü ñ de El C airo «había un lugar en el que el m édico jefe se sentaba para im partir sus cursos de m edicina».“
Estos hospitales n o h u bieran p o d id o desa- rrollarse sin una abundante dotación de ren