LA
BIBLIA
RESPONDE.
LA BIBLIA RESPONDE
¿Cuántas veces quiso contestar una
pregunta que le· hizo la persona con
quien estaba estudiando la Biblia,
y
no
encontró la respuesta adecuada?
Aquí tiene su oportunidad. El pastor
Bonjour le proporciona respuestas a las 64
preguntas más frecuentes que hacen los.
estudiantes nuevos de las Escrituras.
El autor ha tenido mucha experiencia
como pastor e instructor bíblico. corno
profesor,
y
en los últimos 16 años, corno
consultor de la Escuela Radiopostal de La
Voz de la Esperanza.
Este es un libro de referencias que
po-drá usar en forma continuada mientras
da estudios bíblicos a sus interesados.
LA BIBLIA
KESPeN•E
Respuestas a las preguntas más frecuentes
que hacen los estudiantes nuevos de la Biblia
J.
Armando Bonjour
ASOCIACION CASA EDITORA SCDAMERICANA Av. San Martín 4555, 1602 Florida
UvlPRESO EN LA ARGENTINA Printed in Argentina
Es propiedad. Queda hecho el depósito que marca la ley 11. 723.
Segunda edició'n. 1995 (2.000 ejemplares)
ISBN 950-573-487-5
Se terminó de imprimir el 6 de abril de I 995. en talleres propios
220 Bonjour, J. Armando
BON La Biblia responde • 2' ed. • Florida (Buenos Aires):
-36428-Asociación Casa Editora Sudamericana, 1995. 125 p.; 20 x 14 cm.
ISBN 950-573-487·5 (tapa flexible) l. Titulo - 1. Estudios bíblicos
Prefacio
Es muy frecuente que los lectores de la Biblia, en particular los que
~ecién comienzan a estudiarla, se vean acosados por muchas preguntas. Algunas son producto de su desconocimiento de la Escritura: otras son el fruto del prejuicio, o de informaciones equi\·o-:adas que de alguna ma-nera recibieron.
Un número creciente de nuestros hermanos está dando estudios bíbli-cos a una cantidad cada vez mayor de personas interesadas en conocer la Palabra de Dios. Muchos de ellos, por no haber tenido una preparación teológica adecuada, se encuentran con dificultades para responder algu-nas de esas preguntas.
El pastor J. Armando Bonjour, que por muchos años ha sido pastor . profesor, y en los últimos 25 años, consultor de La Voz de la Esperanza. ;;rimero en la Argentina y luego en los Estados L"nidos, ha preparado
pa-~a su publicación algunas de las preguntas que con mayor frecuencia han hecho los alumnos de los cursos por correspondencia que ofrece el pro-grama radiofónico mencionado.
Confiamos que estas respuestas, bíblicamente bien documentadas, pue-dan ayudar al gran ejército de laicos que difunden la Palabra de Dios con su mensaje de salvación a las almas sedientas que anhelan encontrar paz para su vida y la esperanza cierta de la vida eterna.
Indice-Preguntas respecto a la Biblia ¿Hay varias clases de Biblias? ... . ' Biblias con c::rrores o agregados ... .
J. El Antiguo Testamento y su valor para los cristianos ... El Antiguo Testamento y 2 Corintios 3: 14. ... .
5. Salvación por obras y por la gracia .... Preguntas sobre la ley y la gracia 6. Bajo la gracia no es necesario observar el sábado 7. No somos justificados por las obras de la ley ... 8. Cris10 es el fin de la ley. Romanos 10: 4 .. 9. No es1amos bajo ayo. Gálatas 3: .::?5 ... .
O. La kv 1erminó con Juan. Lucas 16: 16 .
l. En G.:ncsis no se mencionan los Diez \-!andamientos . ' En d :-.Juc\O Teslamento hay sólo dos mandamiencos
Preguntas sobre el sábado r Lldos ILlS dias son iguales
, ~. Jesus transgredió el sábado
1
' No se menciona el sábado
16. ¿ Preanuncio de la abolición del sabado? 17. Guardáis los días . . . Gálatas 4: 10 18. Cambios del calendario y el sábado ... . 19. Cris10 es nuestro reposo, y no el sábado
:o.
La observancia del domingo segun Hechos 20: 7 2 l. Del sábado al domingo entre los siglos 11 y VI ,, Diferencia entre día y día. Romanos 14: 5, 6 . 23. La ley y la cruz en Colosenses 2: 14-17 .2J. El -;ábado es para los judíos .... 25. Guardar el sábado no nos salva
Preguntas sobre la alimentación
26. Todo lo que Dios creó es bueno. l Timoceo 4: J-5 27. Pedro, mara y come. Hechos 10 ..
28. Todo lo que se vende en la carnicería. 1 Corintios 10: 25 29. ¿Que comamina al hombre"! Mareo 15: 1-20 30. El reino de Dios no es comida. Romanos 14: 14-20 .
11 12 13 14 15 19 20 21 22 24 25 26 J 1 32 33 35 36 37 38 40 42 45 46 50 52 57 58 60 61 63
LA BIBLIA RESPONDE
31. ¿Permiso para comer carnes limpias e inmund:is? Deuteronomio 12: 15 65 Preguntas sobre la naturaleza del hombre en la muerte 32.. El ladrón arrepentido, ¿fue al paraíso desput!s de morir en la cruz? 69 33. "El alma no pueden matar". Mateo 10: 28 . . . 70 34. Deseo partir y estar con Cristo. Filipense~ 1: 20-25; 2 Corintios 5: 6-8 72 35. Significado de la palabra "alma" en la Bibli;i . . . 73 36. El cuerpo es mortal, pero el alma es inmortal . . . 74 37. El infierno . . . .. . . . . . .. .. . . 75 38. Fuego eterno. Fuego que nunca se apagará .. \tormentados por los siglos
de los siglos . . . 77
39. La pitonisa de Endor y el rey Saúl 79
40. Las almas debajo del altar. Apo..:alipsis 6: 9-11 80
41. Si el alma es inmortal . . . S2
42. Dios es Dios de vivos y no de muertos . . . 85 43. La prédica de Cristo a los espíritus antedilu\ianos. 1 Pedro 3: 18·20 86 44. La parábola del rico y de Lázaro. Lucas 16: 19-.31 . . . 88
Preguntas sobre el Espíritu Santo 45. Comienzo de la obra del Espíritu Santo 46. La divinidad del Espiritu Santo
47. El bautismo del Espiritu Santo y el don d.: k:-iguas 48. El pecado rnntra el Espíritu Santo
Preguntas sobre temas di•t!rsos 49. Los hermanos de Jesús ... . 50. El uso del velo por parte de las mujeres 51. La actuación de la mujer en público 52. El bautismo por los muertos .... . 53. La esposa de Caín ... . 54. Casamiento entre familiares ... . 55. \1iguel arcángel ... . 56. El rebautismo .. .
57. El uso de pantalones por parte de la mujer . 58. El ayuno ... . 59. El nombre Jehová ... . 60. Tres días y tres noches. Mateo 12: 40 .. . 61. El rapto secreto ... . 62. ¿Cuál es el séptimo día? ... . 63. Somos de otro marido. Romanos 7: 1-6 64. Explicación de Hebreos 6: 4-8 ... 93 ':}4 95 ':}9 103 103 105 106 109 110 111 112 113 115 116 117 120 121 122 124
PREGUNTAS RESPECTO A
l.
¿Hay varias clases de Biblia?
¿Es verdad que hay varias clases de Biblias?
La Santa Biblia es una sola, lo que sucede es que hay diversas versio-r;es o traducciones: las de los eruditos católicos, aprobadas por la Iglesia Católica, y las de los eruditos cristianos no católicos. Ambos grupos son ;;ruditos en el conocimiento del hebreo y griego, idiomas originales del An-:iguo y del Nuevo Testamento, respectivamente, y tuvieron a su disposi-dón los mismos manuscritos cristianos. De modo que aunque a veces usan palabras diferentes, el sentido siempre es el mismo en todas las versiones .:onocidas, excepro la "Versión del Nuevo Mundo" que no es aconsejable por ser tendenciosa.
Debemos, señalar sin embargo, una diferencia que surgió en el Conci-lio de Trenro (1546) cuando las autoridades católicas decretaron incluir siete libros en el Anriguo Testamenro: ToJ?ías, Judit, La s_abiduría, El Ecle-;;;ástico. Baruc y 1 y 2 \'lacabeos, además de algunos capítulos añadidos ai libro de Ester y al de Daniel. Se trata de libros históricos de autores
he-~~ws. pero no reconocidos por éstos como del canon sagrado. San Pablo
:if:~mó que "la palabra de Dios les fue confiada a los judíos" (Rom. 3: 2), ~;;~o aunque Jesús los reprendió por muchas cosas en las que habían falta-jo, nunca los recriminó por haber anulado o perdido alguno de los libros sagrados.
La lista de los 39 libros del Antiguo Testamento reconocidos como sagrados en los días de Jesús, fue reconocida por destacados cristianos como \!e!itón de Sardis, en el año 177; Orígenes, 230; Atanasio, 326; Cirilo, 348; Rufino y Jerónimo, 395, y otros.
La misma Iglesia Católica reconoce una diferencia entre estos agrega-dos y los 39 libros canónicos al llamar a aquéllos "deuterocanónicos", o sea de "segunda inspiración". Los cristianos no católicos los llaman "apó-crifos" o sea de autores inciertos.
12 LA BIBLIA RESPONDE
2. Biblias con errores o agregados
¿Es verdad que la Biblia actualmente tiene errores y agregados? Gracias al extremo cuidado de los copistas de la antigüedad, no se in-filtraron errores de concepto ni agregados. Cuando los antiguos escribas copiaban el texto sagrado de los libros de los profetas, respetaban regla-mentos muy rigurosos, y, debido a esto, prácticamente era imposible que se deslizaran errores. Además, los creyentes consideramos que la pro\i-dencia divina cuidó de su Palabra a través de los siglos.
Como si Dios deseara dar pruebas a sus hijos de que no hay errores ni agregados en la Biblia, en forma providencial preservó durante 1900 años antiquísimos manuscritos bíblicos en unas cuevas de las montañas que bordean la costa oeste del Mar Muerto, en Palestina. Habían pertene-cido a la biblioteca de una comunidad religiosa judía que los escondió allí para salvarlos de la posible destrucción a manos de los ejércitos romanos. contra quienes luchaban hacia el año 68 de nuestra era.
Esos numerosos manuscritos hebreos descubiertos en 1947 abarcan casi todos los libros del Antiguo Testamento. Se destacan dos rollos del libro de Isaías casi completos; todavía estaban dentro de los jarrones en que ha-bían sido guardados y depositados. Los eruditos que los examinaron, de-clararon que muchos de ellos fueron escritos entre cien y doscientos años ames de Cristo. Vale decir que eran aproximadamente 2.200 años más ar:-tiguo que los manuscritos hebreos que se tenían en 1947. Al compararlos. se comprobó que no había errores ni agregados que hayan modificado d texto sagrado.
Con todo el material manuscrito que ya se tenía, enriquecido con los valiosos hallazgos de 1947, podemos decir con seguridad que el texto bí-blico es auténtico y correcto, por lo tanto, debemos estudiar la Santa Bi-blia con confianza, sabiendo que sigue ofreciéndonos, en verdad, la Palabra de Dios.
LA BIBLIA 13
3. El Antiguo Testamento y su valor para los cristianos
¿Tiene aún valor el Antiguo Testamento para los cristianos?
Algunos cristianos han llegado a creer, por diversos motivos, que el .-\ntiguo Testamento ha perdido su importancia como fuente para enseñar la doctrina cristiana, y que, por lo tanto, no es necesario. Piensan que lo importante es el Nuevo Testamento.
Para responder, recordaremos algunos hechos fundamentales que se pasan por alto o quizá se desconocen:
1. El Nuevo Testamento es un conjunto de escritos basados en el An-tiguo Testamento. Los escritores del :\uevo Testamento lo citan constan-temente para confirmar la doctrina del Evangelio. Como término medio, un versículo de cada siete es una cita o una referencia al Antiguo Testa-mento. Para Jesús y los apóstoles era la Sagrada Escritura (2 Tim. 3: 15); era la Escritura inspirada por Dios (2 Tim. 3: 16); era la Palabra de Dios que habia que guardar (Luc. 11: 28); era el E,·angelio anunciado por los •·profetas en las Santas Escriruras" ( Rom. 1: 2, 3). En fin, era la da ve :=-ara indicar la personalidad de Cristo (Luc. 2.+: 25-27, -+4-47).
2. Antes que el Nuevo Testamento estuviera escrito. Jesús ordenó es-_.!Jriñar las Escrituras (Juan 5: 39); a,l\irtió del peligro de errar al igno-:-arlas (Mar. 22: 29); afirmó que eran bienaventurados los que "oyen la palabra de Dios, y la guardan" (Luc. 11: 28). Cuando el apóstol Pablo recomendó las Escrituras y afirmó que eran inspiradas, se refería única-mente al Antiguo Testamento (2 Tim. 3: 15-17); del mismo modo cuando decía que enseñaba "conforme a las Escrituras" (1 Cor. 15: 3, 4).
3. El Nuevo Testamento que fue escrito entre los años 40-96 OC. re-cién comenzó a ser citado por escritores cristianos después del segundo si-glo, es decir, a partir del año 200 OC. Vale decir, que durante dos siglos el Antiguo Testamento fue el único documento para defender la realidad y la verdad de Cristo y su Evangelio.
Atenidos a estas evidencias tan claras, es un error grave afirmar que el Antiguo Testamento hoy nada tiene que ver con la enseñanza del Evan-gelio. Desecharlo es abrir la puerta a interpretaciones equivocadas.
14 LA BIBLIA RESPONDE
4. El Antiguo Testamento
y2 Corintios 3: 14
Si se afirma que el Antiguo Testamento no está abolido, ¿qué signifi-ca lo expresado en 2 Corintios 3: 14?
En primer lugar, el apóstol Pablo no podría haberse referido a lo que nosotros hoy llamamos Antiguo Testamento, porque no se llamaba así la parte de la Biblia escrita antes de Cristo (véase la pregunta 3). Por otra parte, el Nuevo Testamento no se había escrito todavía, solamente se ha-bía comenzado a escribir alguna de sus partes. Por lo tanto, lo que en al-gunas versiones -no en todas- se llama el "antiguo testamento", en este versículo es sólo una expresión que se refiere al "pacto antiguo", que el apóstol presenta en contraste con el "nuevo pacto" mencionado en el ver-sículo 6 del mismo capítulo.
Obsérvese, además, que lo "quitado" por Cristo no es el "antiguo testamento" sino el "velo" que impedía a muchos aprender la lección ofre-cida en él (2 Cor. 3: 15, 16). Era el velo de las tradiciones y prejuicios que a muchos les impedía comprender que Jesús era el "verdadero Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo (Juan 1: 29); ese velo de prejui-cios y tradiciones no los dejaba aceptar a Cristo como el garante del nue-vo pacto en lugar del cordero que era sacrificado como garante del antiguo pacto.
- Así como Jesús necesitó valerse del Antiguo Testamento, o sea de "Moisés, los profetas y los Salmos" (Luc. 24: 27, 44), para demostrar su identidad y su obra, nosotros también lo necesitamos. Si anuláramos el Antiguo Testamento, ¿con qué probaríamos que Jesús es el Cristo?
El Nuevo Testamento es verdadero porque lo es también el Antiguo. Un Testamento no anula al otro, sino se complementan maravillosamen-te. Así pues, el Antiguo Testamento sigue siendo la Palabra de Dios.
LA BIBLIA 15
S. Salvación
por
obras
ypor la
gracia
¿Es verdad que el Antiguo Testamento enseña la salvación por las obras, y el Nuevo Testamento, por la gracia?
Cuando Adán y Eva pecaron, en su primer encuentro con Dios se les prometió la salvación por la gracia. Se les advirtió que habría una dura lucha entre los seres humanos y la serpiente, el diablo, pero también se les prometió una victoria terminante mediante la simiente de la mujer, con la que herirían mortalmente al engañador (Gén. 3: 15). El Nuevo Testa-mento explica que esa simiente "es Cristo" (Gál. 3: 16). Por lo tanto, ca-da vez que ellos, y luego sus descendientes, sacrificaban un cordero sobre el altar, manifestaban su fe en el Redentor prometido, cuya salvación se ofrecía por gracia. Solamente debían creer en la promesa de Dios y eran perdonados. El sacerdote hebreo ofrecía el sacrificio simbólico que por gracia daba el perdón al creyente. El sacerdote intercedía ante Dios en
fa-vor del pecador al ofrecer la sangre de la víctima inocente.
Cuando Jesús fue a Juan el Bautista para ser bautizado, éste lo pre-sentó diciendo: "He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mun-do" (Juan 1: 29). En la epístola a los hebreos, se explica en forma admirable
y clara ese hecho: Cristo, como el sacrificio en lugar del cordero, ofrenda-do una sola vez (Heb. 9: 23-26), y Cristo como el sumo sacerofrenda-dote que in-tercede por nosotros en virtud de su sacrificio (Heb. 7: 25; 8: 1-3).
Por otra parte, afirmar que el Antiguo Testamento ofrece la salva-ción por las obras de la ley, y que el Nuevo la ofrece por la gracia, sería acusar a Dios de cometer una equivocación y fracasar. Sería afirmar que ante el fracaso del sistema del Antiguo Testamento, Dios lo cambió por otro más fácil, el de la gracia. El apóstol Pedro no acepta tal equivoca-ción, pues afirma que somos rescatados "con la sangre preciosa de
Cris-to, como de un cordero sin mancha y sin contaminación; ya destinado desde
antes de Ja fundación del mundo, pero manifestado en los postrimeros
tiem-pos por amor a vosotros" (l Ped. l: 18-20).
*
Así pues, el Antiguo y el Nuevo Testamento ofrecen al pecador la salvación por la gracia de Dios manifestada en Cristo.PREGUNTAS SOBRE
6. Bajo la gracia no es necesario observar el sábado
¿Es verdad que ahora no es necesaria la observancia del sábado, pues ya no estamos bajo la ley sino bajo la gracia?
Si fuera verdad que la gracia nos exime de guardar el sábado, o sea de la obediencia al cuarto mandamiento, la misma gracia nos permitiría desobedecer cualquiera de los otros nueve mandamientos. Sin embargo, observamos que todas las congregaciones cristianas enseñan que aquéllos deben ser obedecidos, y reconocen el hecho de la obediencia como prueba de la salvación lograda por la gracia. De manera que concluimos que estar bajo la gracia no es vivir con autorización para desobedecer la ley de Dios, sino recibir el poder divino que nos habilita para obedecerla.
El que vive bajo la gracia es el que ha aceptado el perdón de sus peca-dos por la fe en el sacrificio de Jesús, y ha recibido ese perdón sin pagar algo o realizar alguna obra especial. El perdón es gratuito, o sea, de gra-cia. Viene al caso la pregunta del apóstol Pablo que él mismo contesta: ·'¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?" (Rom. 6: 1,12). Vale decir que el perdón recibido por gracia no :10s es dado para que sigamos pecando. Ya no vivimos para pecar, esta-mos muertos al pecado.
¿Qué acciones constituyen pecado? "Todo aquel que comete pecado, infringe la ley, pues el pecado es infracción de la ley" (1 Juan 3: 4). Y pa-ra que sepamos a qué ley se refiere, citamos Romanos 7: 7: "Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás". "No codiciarás" es el décimo manda-miento de la ley de Dios. De manera que si estamos muertos al pecado, significa que por la gracia de Dios ya no vivimos pecando voluntariamen-te. Así como el apóstol Pablo supo que la codicia es pecado, y la abando-nó, podemos saber que la idolatría es pecado, porque así lo indica el segundo mandamiento; también sabemos que matar es pecado, porque lo dice el sexto mandamiento; o que el no santificar el sábado es pecado, por-que lo indica el cuarto mandamiento. Lo mismo podríamos decir de cada uno de los Diez Mandamientos.
Concluimos que vivir bajo la gracia no solamente es recibir el perdón gratuito de nuestros pecados o desobediencias a la ley de Dios, sino que también es recibir el poder de su gracia para vivir una nueva vida. "Básta-'.e mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad" (2 Cor. 12: 9).
20 LA BIBLIA RESPONDE
7. No somos justificados por las obras de la ley
A causa de que somos justificados por la fe y no por las obras de la ley, ¿por qué es necesario guardar el sábado?
Es verdad que somos justificados por la fe y no por las obras de la ley, porque la ley de Dios no tiene recursos para justificar al transgresor. El único propósito de la ley de Dios, los Diez Mandamientos, es señalar lo que es pecado o es contrario a la voluntad de Dios. Por ejemplo: si bamos, pecamos, porque la ley de Dios dice: "No hurtarás". Nuestros ro-bos no se justifican porque dejemos de robar, o porque seamos generosos, o porque hagamos todo lo que la ley dice. El perdón, que es la justifica-ción, se recibe por la fe en el sacrificio expiatorio de Cristo, no en virtud de alguna obra.
Santiago compara la ley de Dios con un espejo (San t. 1: 22-25). Sa-bemos que un espejo solamente puede mostrarnos las manchas, nunca la-varlas. Se necesita agua y jabón para lala-varlas. ¿Qué diríamos de alguien que desechara o rompiera el espejo porque éste no puede limpiarlo? Del mismo modo, la ley de Dios es el "espejo" que muestra nuestros pecados pero, como el espejo, no puede lavarnos o justificarnos. Solamente nos hace entender que necesitamos lavarnos, y el único que podrá hacerlo es Cristo, quien por la fe en su sacrificio justifica nuestras transgresiones. Es decir, somos justificados sin las obras de la ley.
Lo dicho, nos hace entender que necesitamos de ambas: la ley, que nos muestra la verdadera condición de nuestra vida frente a Dios, y la fe en el sacrificio de Jesús, que nos perdona y otorga su justicia. Ese acto de misericordia inmerecida, el perdón por la fe en Jesús, despierta un amor profundo hacia El, y produce el resultado indicado por el Señor mismo cuando dijo: "Si me amáis, guardad mis mandamientos" (Juan 14: 15). De modo que sólo la obediencia es el fruto maravilloso de la fe verdadera (Rom. 3: 31).
LA LEY Y LA GRACIA 21
8. Cristo es el fin de la ley. Romanos 10: 4
En Romanos 10: 4 dice que el fin de la ley es Cristo, ¿quiere eso de-cir que Cristo abolió la ley de Dios?
La palabra "fin" que se traduce del término griego cellos, en ambos idiomas tiene dos significados: el de finalización de algo, o el de propósito u objetivo. Así decimos: "El accidente que dejó inválido a mi amigo puso fin a su carrera". Aquí el sentido es de terminación. Si decimos: "Viajé con el fin de solucionar aquel pleito", le damos a la misma palabra el sen-tido de propósito. En Romanos 10: 4, ¿cuál de los dos significados tiene la palabra fin?
Si dijéramos que tiene el sentido de terminación de la ley, nos encon-traríamos con que el apóstol se contradice a sí mismo, dado que a través de toda la epístola reconoce la vigencia de la ley de Dios.
En Romanos 7: 7, dice que no habría sabido que la codicia era peca-do "si la ley no dijera: No codiciarás". En Romanos 13: 9, 10 afirma que el amor al prójimo conduce a la obediencia de la ley de Dios, y cita cinco mandamientos: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio y no codiciarás; o sea, cita del sexto al décimo mandamiento. Y como para indicar que había otros que no mencionó, dijo: ''y cualquier otro mandamiento ... ".En efecto, hay otros cinco. En el capítulo 2: 17-23, del mismo libro, vuelve a reconocer la existencia de la ley al citar el peca-do del adulterio y la ipeca-dolatría, pecapeca-dos señalapeca-dos por el séptimo y el se-gundo mandamiento, respectivamente.
En otras declaraciones de esta misma epistola, el apóstol Pablo de-muestra que para él la ley de Dios seguía existiendo. En Romanos 3: 20 dice que "por la ley es el conocimiento del pecado''. También afirma, dos veces, que donde no hay ley no puede haber pecado (Rom. 4: 15; 5: 13). Por lo tanto, cada vez que usa en su epístola la palabra pecado, se refiere a la desobediencia de la ley de Dios. Así pues, para el apóstol la ley existía
Y la llamó "santa, y el mandamiento santo, justo y bueno" (Rom. 7: 12). Al notar con tanta claridad que Pablo reconoce definidamente la exis-tencia de la ley de Dios en ésta y en todas sus epístolas, no podríamos ad-mitir que en Romanos 10: 4 dijera que la ley había terminado con Cristo. Por lo tanto, concluimos que en este pasaje ta palabra "fin" tiene el senti-do de "objetivo o propósito". "Porque el fin (propósito) de la ley es Cris-to, para justicia a todo aquel que cree".
En efecto, advertidos por la ley de Dios, descubrimos que somos pe-cadores, o sea, desobedientes a los Diez Mandamientos. Al
comprender-22 LA BIBLIA RESPONDE
lo, encontramos que "la paga del pecado es la muerte" (Rom. 6: 23), por Jo cual sabemos que estamos perdidos. La ley nada puede hacer para per-donar esos pecados, pero cumple su propósito: hacernos entender que ne-cesitamos a Cristo, quien salvará a todo el que cree.
9. No estamos bajo ayo. Gálatas 3: 25
Yo creo que no es necesario guardar el sábado porque en Gálatas 3: 25 dice que "venida la fe, ya no estamos bajo ayo"; ¿qué opina usted?
Admitamos por un momento que al estar en la fe ya no tenemos nada que ver con la ley, y que por esa razón podemos desobedecer el manda-miento del sábado. Sería razonable preguntarse: ¿por qué no podríamos desobedecer los otros nueve por Ja misma razón? ¿Por qué no podríamos matar, robar, adorar dioses ajenos, ser idólatras, en fin, desobedecer cual-quiera de los Diez Mandamientos y no solamente el del sábado? Nadie ad-mitiría eso, porque todos consideramos que el ladrón, o el adúltero, o el idólatra es un mal para Ja sociedad. Los que hacen tales cosas no están en la fe. Así pues, sí el análisis del argumento lo refuta, algo debe estar equivocado en él. Veamos, entonces, dónde está la equivocación.
Las Escrituras dicen: "Por las obras de Ja ley ningún ser humano se-rá justificado delante de él: porque por medio de Ja ley es el conocimiento del pecado" (Rom. 3: 20). Aquí descubrimos la razón del error, o sea: afir-mar que la ley podría justificar, cuando su única misión es enseñar qué
es el pecado. La ilustración del apóstol es magnífica al decir que "la ley ha sido nuestro ayo -conductor-, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe" (Gál. 3: 24).
Un "ayo" es la persona encargada de criar y educar a niños y a jóve-nes. Del mismo modo, la ley de Dios cumple su única y verdadera misión cuando nos enseña la voluntad de Dios. "Y conoces su voluntad (la de Dios), e instruido por Ja ley apruebas lo mejor" (Rom. 2: 18). Cuando la ley ha cumplido su definido y único cometido, o sea, enseñarnos la vo-luntad de Dios, entonces, nos lleva a Cristo, el único que puede perdonar todos nuestros pecados o desobediencias a la ley de Dios (1 Juan 3: 4). "Mas venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús" (Gál. 3: 25, 26). Al no estar bajo ayo, ¿sig-nificaría que ahora podemos desobedecer la ley de Dios? De ninguna
ma-LA LEY Y ma-LA GRACIA 23 nera, porque la fe no invalida la ley, sino la confirma (Rom. 3: 31; 1 Juan· 3: 24; 5: 3).
Para hacerlo más claro, ejemplifiquemos la ilustración del apóstol. Tomemos a los jóvenes que asisten a una universidad con el fin de ser mé-dicos. Se en~uentran bajo ayos, sus profesores, quienes les enseñarán todo lo necesario para cumplir correctamente con esa profesión. Cuando los "ayos" comprueban, a través de años de rígidos exámenes y muchas prácticas, que el alumno aprendió medicina, lo gradúan. Este abandona aulas y ayos, porque ahora es doctor. Ya sabe lo que debe hacer y no ne-cesita de sus ayos. ¿Significa eso que ahora podrá hacer lo que se le ocu-rra en medicina? Algunos lo han hecho y por ello perdieron su derecho a ejercer la profesión. No son más doctores. La rebeldía a la enseñanza de sus ayos, les costó su título.
Algo semejante sucede en relación con la ley de Dios. En calidad de "ayo" nos enseñó qué debíamos hacer para ser hijos de Dios pues no lo éramos. Para que podamos serlo, nos llevó a Cristo y "venida la fe, no estarnos más bajo ayo". ¿Olvidaremos lo que nos enseñó el "ayo" por estar con Cristo? Porque recibimos el perdón de todos nuestros pecados, ¿nos sentiremos autorizados a desoír todo lo que nos enseñó el "ayo"? De ninguna manera, porque si estamos con Cristo somos nuevas criatu-ras, las cosas viejas, nuestra vida de pecados, o desobediencias pasaron y todas las cosas son hechas nuevas (2 Cor. 5: l 7). Se realizó el milagro del nuevo nacimiento: pasamos de desobedientes a obedientes. "Todo lo pue-do en Cristo que me fortalece" (Fil. 4: 13). El poder de Cristo en nosotros hace posible esa maravillosa realidad.
24 LA BIBLIA RESPONDE
10. La ley terminó con Juan
¿Quiere decir Locas 16: 16, que la ley terminó con Juan? El texto dice: "La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reíno de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él". En realidad, este texto no afirma que terminaron o dejaron de tener valor "la ley y los profetas". Quiere decir que esos escritos eran los únicos docu-mentos que contenían, hasta ese entonces, lo revelado por Dios respecto de su reino. Para anunciarlo y convencer a los hombres de su realidad, eran necesarias las enseñanzas y las profecías irrebatibles ofrecidas en "la ley y los profetas". ¿Qué fuerza podía tener esa prédica sin los profetas?
· Al recordar solamente algunas expresiones de Jesús, entendemos que
para él "la ley y los profetas", lo que hoy llamamos el Antiguo Testamen-to, no pudieron haber terminado. Indicó su permanencia cuando ordenó escudriñar las Escrituras, porque ellas daban testimonio de El (Juan 5: 39). Afirmó que la ignorancia de las Escrituras era la causa del error (Mat. 22: 29). Reiteró su importancia cuando dijo, citando a Deuteronomio 8: 3: "No de solo pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la bo-ca de Dios" (Mat. 4: 4). Para explibo-car el Evangelio a dos discípulos preo-cupados, y luégo a los once, "les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían" (Véase Luc. 24: 25-47).
Los apóstoles recomendaron el estudio delas~r~!Ir~s y declararon su utilidad (2 Tim. 3: 15-17); afirmaron que fueron escritas para nuestra enseñanza (Rom. 15: 4). Sostuvieron que la palabra profética era una an-torcha a la que había que estar atentos (2 Ped. 1: 16-21). En fin, "la ley
y los profetas" eran escrituras tan importantes que se las cita 280 veces en el Nuevo Testamento. Por lo dicho, queda claro que esa expresión de Jesús significaba que la "ley y los profetas" era todo lo que hasta enton-ces había sido revelado tocante al reino de Dios.
LA LEY Y LA GRACIA 25
11. En Génesis no se mencionan los Diez Mandamientos
En el Génesis nada se dice de los Diez .Mandamientos. ¿Fueron dados por Dios a los israelitas recién en el Sinaí?
Leyendo el Génesis descubrimos que los principios enunciados por los Diez Mandamientos eran conocidos, pues las acciones que constituían trans· gresión de ellos se consideraban pecado. Sabemos que "por la ley es el conocimiento del pecado" (Rom. 3: 20), y "que donde no hay ley tampo-co hay transgresión" (Rom. 4: 15). El mismo hecho de que existiera la muerte era demostración de que había transgresión de la ley (1 Juan 3: 4), pues "la paga del pecado es la muerte" (Rom. 6: 23). Además, la Biblia enseña que la ley de Dios es eterna (Sal. 119: 9S. 151, 152). El patriarca Abrahán, que vivió 500 años antes de darse la ley por escrito en el Sinaí, guardaba los mandamientos de Dios (Gén. 26: 5). Por otro lado, no es posible aceptar que un Dios santo y omnisapiente hubiera dado unos man-damientos para los que vivieron antes del Sinai. 0rros para quienes nacie-ron después del Sinaí, y luego otros para los que \ivienacie-ron después de Cristo. En Dios "no hay mudanza, ni sombra de varia..:ión" (Sant. 1: 16, 17). Observemos algunos incidentes, relatados en d Génesis, que demues-tran la existencia de los Diez Mandamienws desee ios orígenes del mundo.
l. No adorar dioses ajenos. En Génesis 6 se menciona el diluvio uni-\ ersal como consecuencia del abandono del Di.:~ verdadero. El relato de la torre de Babel (Gén. 11) es otra demostración de la condena que pesa sobre los adoradores de dioses falsos.
2. No tener ídolos. Si Jacob consideraba que era pecado tener los dio-ses que Raquel había hurtado a su padre, y los e=:terró, demuestra que ya se conocía el mandamiento que prohíbe vene~arlos (Gén. 31: 19, 30; 35: 1-4).
3. No blasfemar. La conducta de Esaú, reb::ida en Génesis 25: 27-34, fue blasfema, por cuya razón en el Nuevo Testamento se lo califica como "profano" (Heb. 12: 16).
4. Observar el sábado. El séptimo día fue be!'ldecido y santificado por Dios en la creación (Gén. 2: 1-3). También fue bendecido por Jesús; re-cordemos que en el Nuevo Tescamento se nos e:::seña que "sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho" (véase Juan 1: '.-3, 10; Heb. 1: 2, 3; Col. 1: 15-18). La Biblia llama al séptimo día "shabb:uh", término hebreo 4uc significa descanso; y luego pasó a nuestro idioma ~orno "sábado". En Exo. 16: 4-30 se ordena la observancia del sábado un :nes antes de llegar al
Si-26 LA BIBLIA RESPONDE
naí, lo que demuestra que el mandamiento era conocido. Transgredirlo, como lo hicieron algunos, significaba no respetar la ley de Dios (vers. 28). Nótese, además, que el mismo mandamiento da la razón de la observan-cia: "porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra ... "y porque "Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó" (Exo. 20: 11).
5. Honrar a los padres. En Génesis es notable el respeto que los hijos de Dios mostraban hacia sus padres. El caso de Cam, hijo de Noé (Gén. 9: 20-27), nos ayuda a comprender la alta estima en que se tenía al quinto mandamiento.
6. No matar. La condena del asesinato, como el cometido por Caín
y otros relatados en Génesis, demuestran la existencia del sexto manda-miento (Gén. 4: 8-15).
7. No cometer adulterio. El caso de Dina, hija de Jacob (Gén. 34: 1-7), y la conducta intachable de José frente a la tentación a cometer adulterio, indican el conocimiento del séptimo mandamiento.
8. No hurtar. Raquel robó a escondidas los dioses de su padre (Gén. 31: 19-37). La reacción de Jacob, cuando Labán lo acusó de hurto (vers. 30-32), demuestran el conocimiento del octavo mandamiento.
9. No levantar falso testimonio. El incidente entre Isaac y Abimelech (Gén. 26: 6-11) y el de Jacob y Esaú (27: 1-45) demuestran que la mentira era considerada una mala acción.
10. No codiciar. El resultado desastroso de la codicia de Eva (Gén. 3: 6), prueban que la codicia era pecado. La codicia de Lot (Gén. 13: 11, 12), manifestada en su elección, fue un pecado que trajo una maldición.
12. En el Nuevo Testamento hay sólo dos mandamientos
En el Nuevo Testamento, ¿no son sólo dos, y no diez, los manda-mientos?
Esos dos mandamientos que Jesús citó (~lat. 22: 35-40), están en el
Antiguo Testamento (Deut. 6: 5; Lev. 19: 18). El afirmó que de ellos "de-pende toda la ley y los profetas". El verbo "depender" quiere decir "es-tar bajo sujeción o subordinación" de algo. En efecto, los primeros cuatro
LA LEY Y LA GRACIA 27 mandamientos dependen del amor hacia Dios, y los últimos seis, del amor hacia el prójimo. Así pues, los Diez Mandamientos dependen o son conse-cuencia de los dos; no están abolidos, permanecen y, por esa razón, se ha-ce referencia a ellos en todo el Nuevo Testamento. Veámoslo:
l. No adorar dioses ajenos: Mat. 4: 10; 1 Cor. 8: 5, 6. 2. No tener ídolos: 1 Cor. 6: 9; 10: 7, 14; Rom. 2: 22. 3. No blasfemar: 1 Tim. 1: 13, 20; 6: l; Apoc. 13: 5, 6; 17: 3. 4. Observar el sábado: Mar. 2: 27, 28; Heb. 4: 4, 9, 10; Mat. 24: 20; Hech.
13: 14,' 42-44; 16: 13; 18: 3, 4.
5. Honrar a los padres: Mat. 19: 19; 15: 4, 9; Mar. 7: 10; 10: 19; Luc. 18: 20; Efe. 6: 2, 3.
6. No matar: Mat. 19: 18; Mar. 10: 19; Luc. 18: 20; Rom. 13: 9; Sant. 2: 11.
7. No cometer adulterio: Mat. 19: 18; Mar. 10: 19; Luc. 18: 20; Rom. 13: 9; l Cor. 6: 9; Sant. 2: 11.
8. No hurtar: Mat. 19: 18; Mar. 10: 19; Luc. 18: 20; Rom. 13: 9; 1 Cor. 6: 10.
9. No levantar falso testimonio: Mat. 19: 18; Mar. 10: 19; Luc. 18: 20; Rom. 13: 9; Apoc. 21: 27; 22: 15.
10. No codiciar: Rom. 7: 7; 13: 9; 1 Cor. 10: 6; l Tim. 6: 9. Como se notará, los últimos seis mandamientos son citados en forma casi completa, y a pesar de que con los primeros cuatro no sucede lo mis-mo, podemos creer en la vigencia de ellos porque una y otra vez se nos insta a obedecerlos.
PREGUNTAS SOBRE
EL SABADO
13. Todos los días son iguales
Para mí todos los días son iguales y, por lo tanto, da lo mismo ado-rar a Dios en un día o en otro.
En un sentido todos los días parecen iguales, constan de 24 horas, tie-nen día y noche, y uno sigue al otro. Y por supuesto que cada día debe-mos manifestar una conducta cristiana, puesto que sería absurdo adorar a Dios en un día y en los otros vivir incorrectamente.
Sin embargo, la Santa Biblia nos enseña que hay diferencia. Dios mis-mo la señaló al bendecir y santificar el séptimo día, cuando concluyó la creación (Gén. 2: 1-3). BENDECIR significa "alabar, celebrar, ensalzar, ser colmado de bienes por la Providencia, consagrar al culto".
SANTIFI-CAR, significa "hacer santo, dedicar algo a Dios, apartar algo para un uso sagrado". Por lo tanto, cuando Dios bendijo y santificó el séptimo día, lo hizo definidamente diferente de los demás días del ciclo semanal. Quienes tenemos fe en Dios, ¿podemos despreciar la bendición y santifi-cación dada a su dia? ¿Puede ser lo mismo observar cualquier día y no
el bendecido y santificado por Dios? Para los profetas y apóstoles existía esa diferencia, porque siempre llamaron al séptimo día shabbat, que quie-re decir día de quie-reposo. El mandamiento comienza pidiendo que nos acor-demos de santificarlo, o sea, apartarlo para un uso sagrado. Los otros seis días son para hacer todas nuestras tareas, "mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios ... Porque en seis días hizo Jehová . . . todas lasco-sas . . . y reposó el séptimo día; por tanto Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó (Exo. 20: 8-11). Nótense dos cosas definidas: el mandamiento se refiere a "e/ séptimo día", no a un séptimo día"; es decir, se refiere a un día definido. Además, señala la razón para recordarlo: "Porque Je-:hová bendijo el día de reposo y lo santificó".
En el Nuevo Testamento se respetan estas indicaciones. Lucas escri-bió su evangelio unos 32 años después de la ascensión de Jesús. En el capí-tulo 23: 54-56 y 24: 1-3 nos refiere la secuencia de los días. Señala el día de preparación, o sea el viernes, luego afirma que fue guardado el día de reposo, el sábado, conforme al mandamiento, y que luego, en "el primer día de la semana", ocurrió la resurrección. Toda la cristiandad rec;onoce que Jesús resucitó el primer día de la semana, y por ello se desea justificar la observancia del domingo. Pero ya observamos que la bendición y santi-ficación de Dios fue otorgada al séptimo día y no al primero.
El diccionario de la lengua española da el siguiente significado de es-tos dos días: domingo, primer día de la semana: sábado, séptimo día de
la semana. Así pues, según la Santa Biblia, la historia y nuestro propio idioma, el sábado es el séptimo día, y el domingo, el primero. La bendi-ción y santificación de Dios sobre el séptimo día, lo hacen claramente di-ferente de los demás.
14. Jesús transgredió el sábado
Si Jesús transgredió el sábado, ¿por qué yo he de observarlo? En los evangelios se hace referencia a ocho ocasiones en las que Jesús sanó a enfermos en sábado. En algún caso ordenó al enfermo que llevara su cama y se fuera a su casa, y en otro caso justificó a sus discípulos cuan-do trillaron en sus manos el trigo que comieron, porque "tuvieron ham-bre" (Mat. 12: l). ¿Eran esas acciones una transgresión del sábado? Según las tradiciones judías, sí lo eran. Sin embargo, los judíos no tenían razón, porque el que hizo esas cosas tenía mayor autoridad que ellos. Sin duda, Jesús sabía lo que era correcto hacer en sábado y lo que no correspondía. Por eso, explicó a sus acusadores que "lícito es hacer bien en el sábado" (Mat. 12: 12).
Cuando los judíos insistieron en acusarlo de transgresor del sábado, les indicó su autoridad divina, diciendoles: "El Hijo del hombre es Señor aun del sábado" (Mar. 2: 28). La expresión "Hijo del hombre" para los judíos era significativa: era lo mismo que decir Dios. En verdad, Jesús es el "Señor del sábado", su dueño, porque fue su creador. El bendijo y san-tificó el sábado en la creación (Gén. 2: 1-3). Así lo reconoce el Nuevo Tes-tamento al señalar a Cristo como el Creador de todo (véase Juan l: l-3, 10; Heb. 1: 2, 3; Col. l: 14-19).
Aunque los judíos pretendían ser los señores del sábado y tener auto-ridad para acusarlo, Jesús, siendo el único y verdadero Señor del sábado,
y habiéndolo hecho "por causa del hombre" (Mar. 2: 27), tenía absoluta autoridad para indicar lo que era correcto o incorrecto hacer en ese día. Por lo tanto, no podemos unirnos a los judíos acusando a Jesús de haber-lo transgredido.
Entonces, ¿qué fue lo que hizo Jesús? Enseñar con palabra y ejemplo
a santificar correctamente el sábado. Si nosotros usáramos las horas
mise-ricordia a los enfermos o necesitados, o prepariramos comidas sencillas para alimentarnos, no estaremos transgrediendo el sábado.
Hagamos lo que hizo Jesús en sábado y lo santificaremos. Practique-mos su costumbre de ir al lugar de culto en sábJdo (Luc. 4: 16). Atenda-mos a los enferAtenda-mos que necesitan de nosotros. o hagaAtenda-mos cualquier obra de.misericordia y amor en favor de los que sufren, sin buscar recompensa. Pero nunca intentemos justificar con la enseñ;:mza de Jesús, la atención yue damos a las tareas comunes de la semana. ~) a nuestros negocios dia-rios o a cualquier tarea realizada para favorece~ nuestros intereses mate-riales. (Véase lsaías 58: 13, 14.)
IS. No se menciona el sábado
Jesús no le dijo al joven rico que debía guardar el sábado (Mat. 19: 16-26); cuando se refirió a los grandes mandamientos, indicó sblo dos (:\-tat. 22: 35-40). Tampoco se mencionó el sábado en el concilio de Jeru-salén (Hech. 15: 1-35). ¿Eso no significa que ~I sábado había dejado de ser un día de observancia obligatoria?
A fin de ofrecer una respuesta clara, con' endrá analizar los tres ca-sos por separado.
El joven rico: Jesús fue explícito con él rec.)rdándole cinco de los Diez :Vtandamientos. No citó los cuatro primeros ni el décimo. Si por no men-cionar el sábado, que es el cuarto, estamos au:orizados a desobedecerlo, por lógica nos asiste el mismo derecho a desobedecer los otros no mencio-nados. En lógica se señala la falacia de este ar~umento diciendo que "el que prueba demasiado, no prueba nada".
Jesús no mencionó al joven rico muchas .;osas necesarias en la vida del creyente, como ser la fe, la gracia, el arre~entimiento, etc. No diría-mos por eso que no son necesarias. Aceptamo~. por otra parte, que Jesús .:orno Maestro de los maestros no se equivocó .::i su método de enseñanza. Hizo lo único y mejor que convenía hacerse. :\o hay duda que si alguna vez ese joven reflexionó, se dio cuenta que era .idorador de un dios ajeno: sus riquezas, pecado señalado por el primer ::-..andamiento. Y es
precisa-mente la fe, no mencionada al joven rico, la que a todos nos ayuda a ser obedientes (Rom. 3: 31; Heb. 11: 6). Por lo dicho, queda claro que no queda anulado el mandamiento del sábado porque Jesús no se lo mencio-nó; como tampoco quedan anulados los otros mandamientos por la sola razón de que no fueron mencionados en esa ocasión.
Dos mandamientos y no diez: Los dos mandamientos citados por Je-sús fueron tomados del Antiguo Testamento. El primero está en Deutero-nomio 6: 5 y el segundo en Levítico 19: 18. Vale decir que fueron dados por el mismo Dios que dio los Diez Mandamientos; por lo tanto, no se anulan, sino que se complementan. Los dos son la síntesis de las manifes-taciones de nuestro amor a Dios y al prójimo, y los diez son el análisis o la expresión detallada de cómo hacerlo.
"De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas", di-jo Jesús. "Depende" quiere decir, estar en sujeción o subordinación de uno, provenir, proceder, ser consecuencia. Y eso es justamente lo que su-cede, Los Diez Mandamientos son consecuencia o provienen de los dos principales. Los primeros cuatro nos enseñan cómo amar a Dios con todo nuestro corazón y nuestra fuerzas, y los últimos seis, cómo amar a nues-tro prójimo como a nosonues-tros mismos. Así es que los dos mandamientos no anulan los diez, ni los diez contradicen a los dos. Los diez dependen o provienen de los dos.
El concilio de Jerusalén: La carta apostólica dice: "Porque ha pare-cido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de san-gre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardáreis, bien haréis" (Hech. 15: 28, 29). En la carta se hace referencia directa al sépti-mo mandamiento. Si aceptasépti-mos que por no haberse mencionado el sába-do, eso significa que no hay que guardarlo, ¿qué de los otros ocho mandamientos no mencionados? ¿Quedaron anulados? ¿Y qué de la fe, la gracia, el arrepentimiento, el bautismo, que tampoco fueron menciona-dos en la carta? ¿Eso nos autoriza a descartar tales verdades?
¿Qué cosas se estudian en un concilio? Los problemas que causan dis-puta o inseguridad, para encontrar la forma de resolverlos. Las doctrinas o mandamientos aceptados no se discuten en los concilios. Por eso nada dice la carta respecto al robo, al sábado, al bautismo, a la gracia, etc. En esas cosas no había desacuerdo. Para la iglesia cristiana de ese entonces no había duda si debían guardar el sábado o el domingo. Todos guarda-ban el sábado, y por esa sencilla razón nada se dijo respecto al día de reposo. De haber habido cambio en cuanto al día de reposo, sin duda se hu-biera levantado un~ seria polémica. Grandes fueron las reclamaciones de
EL SABADO 35 los judíos y serias las amenazas cuando Jesús se propuso enseñar la co-rrecta observancia del sábado. Hasta quisieron matarlo (Mat. 12: 14; Juan 5: 16). ¡Qué clamor de protestas se hubiera levantado si los discípulos hu-biesen enseñado que el sábado estaba abolido y el domingo era el verdade-ro día! Nada de eso aparece en el Nuevo Testamento. Ese silencio total en cuanto a un cambio, es la prueba mayor de que todos observaban el sábado.
16. ¿Preanuncio de la abolición del sábado?
En lsaías 1: 10-15 y Oseas 2: 11, ¿no se preanuncia que el sábado iba a ser abolido?
Si aceptáramos que en estos pasajes se preanuncia la abolición del sá-bado como día de reposo, lógicamente debemos aceptar que las demás co-sas allí mencionadas iban a dejar de tener importancia. Además del sábado, isaías incluye las fiestas, los sacrificios, las ofrendas, el incienso, las asam-bleas y la oración. Oseas hace una enumeración semejante, agregando que Dios haría cesar el gozo. ¿Es que también las asambleas, la oración y el gozo concluirían para el pueblo de Dios? Sin duda que se ha llegado a una conclusión errónea, pues tal cosa no es admisible.
Para interpretar correctamente un pasaje bíblico es necesario tener en cuenta el contexto; es decir, lo que se díce antes y después del texto. Con sabiduría se dice que "un texto sin su contexto, es apenas un pretexto". lsaías reclama a su pueblo por su vida pecaminosa. Lo señala como ·'cargado de maldad", "generación de malignos", "hijos depravados". Espiritualmente enfermos "desde la planta del pie hasta la cabeza" (vers . .i, 6). Esa vida pecaminosa era la causa por la que Dios señaló la ínutili-dad de sacrificios, ofrendas, incienso, sábados y aun la oración. Oseas, contemporáneo de Isaías, encaró el mismo problema. Compara al pueblo de Dios con una ramera, adúltero espiritual, pues va detrás de dioses aje-nos y vive en pecado pretendiendo ser pueblo de Dios.
¿Qué puede valer cualquier acto de adoración o culto de Dios, si se ·;ive en pecado? ¿Cómo podríamos engañar a Dios ofreciéndole un culto hipócrita? Para que nuestras expresiones de adoración a Dios, inclusive en el día de reposo, sean aceptables, debemos reconocer nuestros pecados,
arrepentirnos de ellos y aceptar el perdón ofrecido (Isa. l: 16-19). De le contrario, la duplicidad hipócrita colocará fuera de lugar aún lo correcto.
17. Guardáis los días ... Gálatas 4: 10
¿No explica Gálatas 4: 10, 11, que no es necesario guardar los días? ¿Se refiere al día sábado?
Para saberlo debemos comenzar con el versículo 8, donde obsen·a-mos que el apóstol Pablo se está dirigiendo a los gálatas que habían sido paganos, pues dice: "Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios. servíais a los que por naturaleza no son dioses". Y luego de recordarles que habían conocido al Dios verdadero, les pregunta: "¿Cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?" Nótese que los que leían esta carta habían servido a los que "no son dioses'', que habían conocido luego al Dios verdadero, y que ahora estaban volviendo a los pobres rudimentos de su época pagana. Por lo tanto, en primera instancia, los "días" del versículo 10 no po-drían ser referencia al sábado del mandamiento del Dios creador; porque los paganos no lo reconocían como tal ni santificaban el sábado. Sabemos que un día importante de Jos paganos era el primero de la semana llamado "día del sol". Los nombres de los días tienen que ver con sus dioses: el lunes, con la diosa luna; el martes, con Marte; el miércoles, con Mercurio, etc. Tenían también meses dedicados a sus dioses, como enero, aJ dios Jano. Es probable que los judaizantes hayan logrado que los gálatas acep-taran observar algunos días de fiesta de Ja ley ceremonial, los que caduca-ron cuando Cristo se constituyó en el "verdadero Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Juan 1: 29).
Además, debemos aclarar que en ningún Jugar de la Biblia se usa el lenguaje de este texto para referirse al sábado. El séptimo día es el shab-bath, nombre propio del día de reposo, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamentos. Por otra parte, cuando Dios lo bendijo y santificó, "reposó el día séptimo de toda Ja obra que hizo" (Gén. 2: 2). De manera que, si la observancia del sábado fuera un acto esclavizador, tendríamos que admitir que el mismo Creador se esclavizó cuando reposó el primer sábado en este mundo. Y siendo que Jesús dijo que el "sábado fue hecho por causa del hombre" (Mar. 2: 27), tendríamos que admitir, además, que
fue hecho para esclavizar a sus criaturas. Por todo lo dicho, se ve clara-mente que esos días mencionados en Gálatas 4: 10, no se referían al sába-do. El sábado para el pueblo de Dios es un día de gozo (Isa. 58: 13, 14).
18. Cambios del calendario
yel sábado
Se han producido varios cambios del calendario. ¿No sería posible que por ellos el sábado no sea el que corresponde a la realidad?
El calendario ha sido un instrumento para contar los años, meses y
dias, inventado por el hombre desde que tenemos conocimiento de su his-toria. El sol y la luna intervienen en la medición y el fraccionamiento del tiempo (Gén. 1: 14). La semana es una excepción, pues es un período de tiempo marcado por el acto creador realizado por Dios en siere días. Cree-rnos que no ha habido pérdidas en la cuenta del riempo, dado que Jesús, quien reprendió a los judíos por muchos errores o descuidos religiosos, nunca señaló que guardaban un sábado falso. El mismo lo sanrificó, te-niendo por costumbre ir al lugar de adoración y culto cada sábado (Luc. 4: 16).
Poco antes de Jesús, el emperador Julio César (lOl-44 AC) tuvo que ajustar el calendario civil al astronómico. El llamado entonces calendario Pompiliano, se había atrasado 90 días del calendario astronómico. Dicho en otras palabras, el invierno según el calendario astronómico estaba ade-lantado en 90 días. Por eso Julio César, asesorado por el famoso astróno-mo egipcio Sosigenes, en el año 47, antes de Cristo, le quitó esos 90 días al calendario civil y lo ajustó así al astronómico. Eso se hizo sin afectar o alterar el ciclo semanal. Ese calendario era usado por el Imperio Roma-no en los días de Jesús.
Unos l.600 años después de Julio César, se hizo necesario otro cam-bio. Como el calendario juliano se basaba en un año de 365 días y 6 ho-ras, en vez de la realidad que son 365 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos, al llegar al siglo XVI, esos 1 J minuws y algunos segundos, su-maron l l días de diferencia con el calendario astronómico. Por ello Gre-gario VII, asesorado por el astrónomo Cristóbal Clavio, decidió seguir su consejo de omitir esos once días, lo que se hizo el jueves 4 de octubre de 1582. pasándose al viernes J 5 de octubre. Tampoco en esca ocasión se al-teró el ciclo semanal.
Por lo indicado, sabemos que no se ha alterado el ciclo semanal en todos los tiempos. Había razones fuertes para evitarlo, pues así como el pueblo conocedor .del Dios verdadero santificaba el séptimo en honor del Dios vivo, el Creador, así los pueblos paganos tenían el primero en home-naje de su gran dios, el sol. De modo que ni para los paganos ni para los cristianos era aceptable despreciar su día sagrado.
19. Cristo es nuestro reposo
yno el
sábado
Si Cristo es nuestro reposo, ¿necesitamos reposar el sábado? Debemos recordar que originalmente el sábado fue santificado y ben-decido antes de que el hombre pecara (Gén. 2: 1-3). De modo que origi-nalmente no pudo ser creado como símbolo de alguna experiencia relacionada con el pecado. Su razón de ser, era recordar a los seres huma-nos, por la eternidad, la obra maravillosa realizada por el Creador. Cuan-do en el Sinaí se dio por escrito el mandamiento del reposo semanal, se reiteró el motivo: "Acuérdate del día de reposo para santificarlo ... por-que en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos hay . . . " (Exo. 20: 8-11). La observancia del sábado y el ma-trimonio son dos instituciones divinas establecidas antes de que el pecado entrara en el mundo, y por lo tanto son permanentes.
Sin embargo, encontramos que posteriormente a ambas instituciones se les dio un sentido espiritual: al reposo semanal el de reposo espiritual que encontramos en Cristo, y al matrimonio el de la unión de la iglesia con Cristo. Sobre lo primero escribe Pablo en la epístola a los hebreos (cap. 4). No lo hace para anular el reposo semanal {Heb. 4: 9), sino para ayudar a los hebreos a comprender que necesitaban de Cristo, única fuen-te de reposo espiritual. Esfuen-te reposo lo alcanzamos en virtud del perdón de nuestros pecados que solamente Cristo puede dar. Esos pecados de los cuales recibimos perdón, los conocimos a través de la ley de Dios (Rom. 7: 7). ¿Sería razonable, entonces, hablar de reposo en Cristo, si insistiéra-mos en desobedecer uno de sus mandamientos? Y justamente el sábado, mandamiento dado para ayudarnos a fortalecer y mantener la fe en el Crea-dor y Salvador. Y además cuando sabemos por la Palabra de Dios que faltar a uno es faltar a todos (Sant. 2: 10-12).
EL SABADO 39 Para comprender que una aplicación simbólica que sugiere un man-damiento no anula la obediencia real del mismo, hagamos referencia al mandamiento que defiende la santidad del matrimonio: No cometerás adul-terio. Adúltera es la persona que teniendo cónyuge a quien prometió amar
y vivir fielmente en el estado de matrimonio, acepta luego a otra u otras personas en su intimidad. Cuando la Biblia hace una aplicación simbóli--:a. indica que los que dicen amar a Dios pero aman al mundo son "almas adúlteras" (Sant. 4: 4). La iglesia de Dios en todos los tiempos fue com-parada muchas veces por los profetas como la esposa del Señor, de modo 4ue su infidelidad a Dios fue considerada adulterio espiritual. Un ejemplo está en los tres primeros capítulos de Oseas. Otro en Apocalipsis 17. Pues bien, si nosotros no participamos del adulterio espiritual dado que vivi-mos fielmente la vida cristiana, ¿nos permitiría eso ser adúlteros física-mente? La respuesta es tan evidente que parecería innecesario darla.
Sin embargo, podría ser necesario insistir preguntando: ¿Qué es lo más grave, el adulterio espiritual o el físico? Ambos son igualmente gra-\ es. porque de no mediar la conversión y el arrepentimiento, son pecados ..:uya paga es la muerte. El adulterio físico nos hace adúlteros espirituales, o el adulterio espiritual nos prepara para ser adúlteros físicos.
Volviendo ahora al cuarto mandamiento, el del reposo: el hecho de que en Cristo disfrutamos reposo espiritual, ¿nos autoriza a anular el sen-tido físico que siempre tuvo el mandamiento? Como en el caso anterior, la respuesta es una sola: el sentido espiricual no anula el fisico. Y en este caso, afirmaríamos qu~ en mayor grado, desde que el descanso físico in-dicado en el mandamiento propende a fortalecer el reposo espiritual. Pqr esa razón, Jesús dijo: "El sábado por causa del hombre es hecho" (Mar. 2: 27). ¿Por causa de qué? Por causa de la vida espiritual del hombre. Al dejar de lado sus trabajos, obligaciones y presiones de los seis días de la semana, el hombre disfruta de un día de reposo que alivia tensiones, preo-cupaciones y cansancio, y concede tiempo para el cultivo espiritual.
¿Qué quiso decir el Señor cuando ordenó: "Acuérdate del día de re-poso para santificarlo"? Santificar quiere decir: "apartar algo para un uso sagrado", con lo que se indica su propósito: actividades diferentes a las de los seis días de trabajo. Es el día que dedicamos a la atención de los valores espirituales, dejando de lado los materiales. Nuestra mente y ac-ción se dirigen a lo que fortalece nuescro descanso espiritual. Concurri-mos, como Jesús, a la casa de culto (Luc. 4: 16); al!i fortaleceremos la fe .::on oír su Palabra (Rom. 10: 17). Vivimos un dia sin presiones, porque con nadie tenemos compromisos comerciales o de trabajo. Es el día del Señor (Mar. 2: 28), y por lo tanto nuestros únicos compromisos los
tene-mos con El. Al dedicar tiempo para actividades misioneras, atendiendo a enfermos o necesitados como lo hacía Jesús (Mat. 25: 35-40), estamos atendiendo al Señor mismo. Todo esto es posible porque al descansar es-piritualmente en Cristo, aceptamos su mandato de descansar físicamente. La ganancia espiritual del sábado, al apartarlo para el Señor, nos prepara para una nueva semana de luchas, pero que con seguridad significarán nue-vas victorias. (Véase también la pregunta 13.)
20. La observancia del domingo según Hechos 20: 7
¿No demuestra Hechos 20: 7 que era costumbre de los cristianos guar-dar el domingo?
Este pasaje dice textualmente: "El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche". Los Hechos de los apóstoles fue escrito por el apóstol Lucas unos 35 años después de la resurrección de Cristo. La mayoría de los comentaristas aceptan que utili-zó la manera bíblica de contar los días, respetada por los judíos y cristia-nos primitivos; vale decir, que el día comienza a la puesta del sol. El cómputo romano para contar el día de media noche a media noche, como se estila hoy, no aparece en los es1::ritos del Nuevo Testamento; por lo tan-to, la reunión de Troas tuvo que efectuarse en lo que nosotros llamamos "sábado de noche"' pues a la puesta del sol comenzaba el primer día de la semana.
Dice el texto que Pablo "alargó el discurso hasta la medianoche", o sea nuestro sábado de noche. A esa hora el joven Eutico se accidentó, después de lo cual habiendo "partido el pan y comido, habló largamente hasta el alba; y así salió" (vers. 9, 10).
Así queda claro que el apóstol Pablo salió de viaje después del alba, bien temprano, al aclarar o recién salido el sol. Mientras sus compafieros de viaje subieron al barco, él fue por tierra hasta Asón (vers. 13), desde donde siguió con ellos. Con esto concluimos que después de la reunión nocturna del mismo día, en la parte clara de ese primer día de la semana, o sea el domingo de mañana, el apóstol continuó su viaje.
EL SABADO 41 contar los días, y prefiere aceptar que ya había abandonado lo indicado por las Escrituras para plegarse a costumbres paganas de los romanos, lo .::ual no es fácil de aceptar, tampoco este texto puede usarse como prueba de que era costumbre la observancia del primer día de la semana, pues el
mismo escritor se ocupó de indicar el motivo de la reunión: "Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente" (\ers. 7). Esta explicación i:!S muy importante, porque impide dar otra razón. Si Lucas aclaró que la reunión de ese domingo fue porque Pablo habil de viajar, ¿qué derecho nos asistiría, 20 siglos después, de indicar otro motivo? De haber sido cos-rumbre observar el domingo, ésta hubiera sido la oportunidad de expli-carlo. Pero al contrario, como si Lucas hubiera :mricipado una equivocada interpretación futura respecto a esa reunión. dejó aclarada la razón de la reunión: el apóstol iba "a salir al día siguiente".
No es prudente hacerle decir a la Biblia lo que no dice, y mucho me-nos contradecir lo que dice con claridad. Por lo tanto, Hechos 20: 7 no prueba en absoluto que era costumbre entre los cristianos del primer siglo celebrar reuniones en domingo. Esa fue una reunión ocasional, en la que ;;e trató de aprovechar lo más posible la visita je! apóstol a los creyentes Je Troas.
La Cena del Señor en esa ocasión tampoco ;:-rueba que se la celebró ;:ior ser domingo, pues no había día fijo para su -:e!ebración. Cuando fr-sús instituyó ese rito, fue jueves de noche. Apa~enremente hubo un tiem-po cuando se la celebraba todos los días (Hech. :: 46). En su carta a los corintios, el apóstol Pablo dice: "Así, pues, codas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que venga" (1 Cor. 11: 26). Así el apóstol reconoce que la celebración de la Cena del Señor se la realizaba en ocasiones dete:-minadas por las circuns-tancias, como lo fue en Troas.
21. Del sábado al domingo entre los siglos 11
yVI
Si en el Nuevo Testamento no se presenta una discusión clara sobre el cambio del sábado al domingo, ¿no se la hace con claridad en escritos posteriores a los apóstoles?
Quien hace esta pregunta tiene razón al reconocer que en el Nuevo Testamento no hay ningún indicio de la realización de tal cambio, porque de haber existido no hubiera pasado inadvertido. Con sólo recordar la reac-ción contra Jesús, a quien se amenazó de muerte por el solo hecho de co-rregir un error respecto a la observancia del sábado (Mat. 12: 16; Juan 5: 16), nos preguntamos: ¿Qué hubiera sucedido si luego los cristianos se hubieran declarado totalmente en contra del sábado? Forzosamente ten-dría que estar reflejada en el Nuevo Testamento la lucha entre las dos ideas. Así como aparecen las reiteradas discusiones respecto a la circuncisión, la que se declaró sin importancia (1 Cor. 7: 19), con mayor razón debe-rían encontrarse las que expliquen los motivos del cambio del día de repo-so. El silencio del Nuevo Testamento sobre el particular confirma que evidentemente no se había producido cambio alguno.
Los textos que suelen citarse como Hechos 20: 7; Romanos 14: 5, 6; Colosenses 2: 14-17; Gálatas 4: 8-11, y algún otro, no se refieren al cam-bio del día de reposo, como lo explicamos al responder a las preguncas sobre ellos. (Véanse las preguntas 17, 20, 22, 23.)
Consideremos los documentos más citados, posteriores a los apósto-les, de los que se dice que confirman la observancia del domingo.
LA DIDAJE: Este documento es conocido también como Las ense-ñanzas de los apóstoles. Fue encontrado en 1873, y se considera que fue escrito entre los años 120-190 DC. El único texto conocido está mutilado, es decir, le faltan palabras o partes. La traducción literal del pasaje que se cita como prueba de la observancia del domingo dice así: "De acuerdo con el Señor, del Señor, reunidos romped pan y tomad eucaristía". Las traducciones en español que se ofrecen, dicen: "En e/ día del Señor, del Señor, reuníos, romped el pan y tomad eucaristía" (traducción de Kirs-sopp). S. Huber traduce así: "Los días del Señor reuníos para la partici-pación del pan y la acción de gracias". Como se ve, se le ha agregado la palabra "día" que no existe en el original. Atenidos al contexto y otros escritos de la época, sería más razonable agregar la palabra "to" en lugar de "día", con lo cual diría: "De acuerdo con el mandamien-to del Señor, reuníos . . . etc."