4. MARCO TEÓRICO
4.3 Afiliación y Etnometodología de Coulon
56 4.2.3 Campo
Bourdieu (1987) sostiene que los campos son sistemas de relaciones sociales que operan como un espacio estructurado según sus reglas o lógicas, compuesto por agentes con intereses en común. El autor lo expresa así: “Para que funcione un campo, es necesario que haya algo en juego y gente dispuesta a jugar, dotada de los habitus que implican el conocimiento y reconocimiento de las leyes inmanentes al juego…” (Bourdieu 1990, p.
136). En el contexto escolar, Bourdieu sostiene que los estudiantes difícilmente se encontrarían en condición de cuestionar las reglas del campo, debido a la postura que adquieren como subordinados hacia el sistema, en donde se les impone la adquisición de un habitus que implica aceptar y seguir las reglas, sin embargo, actualmente se reconoce al estudiante como actor capaz de externar su opinión, manifestar sus inconformidades y de tomar decisiones si no está conforme con el campo escolar, lo cual podría llevarlo a abandonar sus estudios para ingresar a otra institución o declinar del sistema educativo en el peor de los casos, al no ser capaz éste de cubrir sus expectativas.
57 escolares en términos de desigualdad. Contrario a la sociología de la reproducción que asume una desigualdad ya instituida, cuyas causas se deben a desigualdades sociales o desventajas culturales, en donde la escuela se concibe como un sistema de clasificación de individuos que contribuye a mantener y reproducir las desigualdades, la etnometodología analiza el proceso social de construcción de esa desigualdad (Coulon, 1995).
4.3.1. Afiliación Institucional
Diversos estudios señalan que la falta de integración social y académica en la escuela puede afectar la permanencia escolar de los estudiantes, siendo la propia institución el principal medio para influir en la retención del alumno a través del desarrollo del sentido de pertenencia de éste hacia la escuela (Malinowski, 2008; Sánchez, 2007; Pierella, 2014;
Manuale, 2013). “El tipo de escuela, los recursos, la infraestructura, los arreglos estructurales y la composición de sus miembros tienen la capacidad de conducir al desarrollo de ciertos climas escolares favorables a la integración en la institución escolar y, por lo tanto, influir en la continuidad escolar” (Vargas y Valadez, 2016, p. 84). La escuela tiene un papel clave en la permanencia escolar de sus estudiantes, sobre todo en contextos de desventaja económica y sociocultural.
Gómez y Alzate (2014) confirman que el logro escolar depende en gran medida en la capacidad de inserción de los estudiantes en su nuevo medio. Se requiere del dominio, distinción y aprendizaje de las reglas que demanda la nueva institución para alcanzar la meta final que es concluir la educación media superior. En confirmación con lo expresado por los autores anteriores, Coulon (1995) argumenta que los estudiantes que no logran afiliarse fracasan. Afiliarse es “naturalizar por la vía de la incorporación las prácticas y la dinámica institucional” (Coulon, 1995, p. 160), es decir, adquirir un estatuto social nuevo.
El autor afirma que una vez que el estudiante se afilia a la nueva dinámica escolar, es garantía de éxito su permanencia en ella, sin embargo, se requiere de la construcción de un hábito de parte del estudiante para identificarse como tal y dejar atrás su rol de alumno.
58 Coulon (1995, p. 168) define el hábito como el “elemento que nos permite reconocernos como pertenecientes a una misma escuela, a una misma clase social o a un mismo medio.
Constituye el principio de la identificación entre semejantes”, lo que lleva a los individuos a reconocerse entre sí y buscar la homogeneidad.
En el caso de los jóvenes que ingresan al bachillerato, Coulon (1995) afirma que este nuevo rol de estudiantes les exige el análisis y la comprensión de las nuevas relaciones sociales que han de mantener en este nuevo entorno, lo que requiere de la asimilación de los ritos, interpretar ese nuevo universo e incorporar métodos de comprensión de la vida social. González y Martínez (2010) exponen que el aprendizaje de un hábito requiere el replanteamiento de los viejos hábitos, por ende, se adoptan temporal o permanentemente hábitos nuevos una vez que se ingresa a un espacio desconocido como lo es el bachillerato, de otra forma, no sería posible integrarse a la institución. Coulon (1995) expresa que la transición entre un nivel educativo y otro se desarrolla en un ciclo de tres etapas:
• El tiempo de extrañamiento (fase de separación), en el cual el alumno entra en un universo institucional desconocido y de incertidumbre, en donde se desprende del mundo familiar y las costumbres anteriores.
• El tiempo de aprendizaje (fase de adaptación y descubrimiento), en el cual el alumno va reconociendo los nuevos ámbitos y se adapta progresivamente a las nuevas reglas institucionales.
• El tiempo de afiliación (fase de control, conversión y agregación), en el que el estudiante adquiere el dominio de las nuevas reglas e interpreta los significados institucionales.
En esta última etapa, Coulon (1995, p. 161) advierte el concepto de “miembro” al haber atravesado esta serie de etapas con éxito, dicho término se refiere a “alguien que comparte el lenguaje común del grupo al que desea pertenecer, porque las perspectivas de los individuos son recíprocas y comparten la interpretación media razonable de los acontecimientos que les rodean”. Es la incorporación del estudiante a la comunidad estudiantil, lo que conlleva el compartir conocimientos en común con el resto de los pares y construirse una nueva identidad. Los miembros identifican los aspectos implícitos de sus conductas y aceptan las rutinas inscritas en las prácticas sociales (González y Martínez, 2010).
59 Coulon (1995, p. 161) asegura que uno de los principales motivos que intervienen en el abandono escolar de los estudiantes es la “incapacidad para detectar, descifrar e incorporar los códigos escolares”. El logro escolar depende de la capacidad de integración del estudiante en su nuevo medio, se requiere de un proceso de afiliación institucional, intelectual y social. Esto implica conocer espacios, instalaciones, a los pares, docentes y, además, el estudiante debe apropiar los nuevos conocimientos y destrezas que le demanda la nueva institución que adopte. A la descripción anterior, Coulon lo llamo con el término de “oficio de estudiante”, significa que hay que aprender a serlo; se requiere de experiencia para ejercer cualquier oficio nuevo, ya que por el contrario los jóvenes se excluyen y optan por abandonar la escuela al sentirse extranjeros en este nuevo mundo.
Gómez y Alzate (2014) señalan que se debe pasar del estatuto de alumno al de estudiante y que dicho paso requiere una iniciación. “El oficio de estudiante tiene un estatus dentro de la sociedad, debido a que estos son sujetos autónomos, críticos, cooperativos, comunicativos y participativos dentro de su propio contexto, es decir expresa sus ideas, dan aportes, logran un rol activo dentro de la sociedad” (González y Martínez, 2010, p.
25). Las autoras expresan que este oficio es indispensable al ingresar a una nueva institución, se requieren procesos de aprendizaje de reglas, gestos, conductas, lenguaje, adopción de métodos, actitudes y habilidades por parte de los jóvenes para garantizar su estatuto como estudiantes y convertirse en miembros de su nueva comunidad, deben de ser constructores de su propio oficio.
Malinowski (2008, p. 801) expone que la entrada a un nuevo mundo escolar implica “una serie de rupturas, tanto a nivel psicopedagógico como emocional e institucional, que hacen a menudo de este paso una forma de proceso iniciático”, con el fin de apropiarse de las características tanto administrativas como cognitivas de la institución y lograr finalmente convertirse en estudiante y dejar atrás al alumno, consiguiendo de igual forma, afiliarse institucionalmente. El autor asegura que se ha alcanzado el estatuto de estudiante cuando el joven ha constituido nuevas rutinas y ha reprimido el sentimiento inicial de extrañeza.
Una vez que el estudiante supera la fase de afiliación, se convertirá en miembro, para lograr esto es necesario que el individuo interiorice lo que en un principio le parecerá ajeno y externo, una vez que lo logré, difícilmente abandonará la escuela.
60 4.3.2. ¿Cómo Lograr la Afiliación Institucional?
Si bien ha quedado claro que el logro académico reside de gran forma en la integración social y académica del estudiante; la pregunta ahora es de qué manera lograrlo, cómo permanecer en la escuela con éxito. Malinowski (2008) propone las actividades extra escolares como un factor “poderoso” para afiliarse a la institución, a través de la sociabilidad estudiantil y el aprendizaje de un nuevo vocabulario en común. De aquí la importancia de incentivar las actividades deportivas y culturales, que constituyen un elemento importante para lograr el sentido de pertenencia de los jóvenes hacia la escuela y de gran influencia positiva en el proceso de afiliación.
Sánchez (2007, p. 4) expone que la integración social “se valora por la frecuencia e intensidad de los intercambios entre los sujetos, elementos que contribuyen a la circulación de conocimientos y a la integración de este tejido de relaciones y vínculos”.
El autor se refiere con “sujetos” a los actores participantes en este contexto, no solamente los compañeros sino también los docentes y demás personal institucional, cuanto mayor sea la interacción entre éstos, mayor será la formación de los estudiantes, siendo el camino hacia la afiliación un proceso formativo y el resultado de un esfuerzo colectivo.
Pierella (2014) confirma la relación con los pares como un factor destacado en el paso hacia la afiliación institucional, afirmando que la adaptación al nuevo espacio y al funcionamiento normativo no suele ser un proceso simple, siendo la amistad un elemento clave en tal trayectoria. Asimismo, agrega que la institución también tiene su participación importante, sobre todo durante la fase de extrañamiento cuando recién ingresan los jóvenes al bachillerato, ya que es durante este tiempo cuando éstos forman su primera impresión de la escuela, cómo los recibieron, cuál fue el primer discurso de los docentes, los “primeros referentes visibles de la institución” (Pierella, 2014, p. 14).
Manuale (2013) reafirma la importancia de la participación de la escuela en la afiliación institucional de los estudiantes, asegura que no es una construcción individual, sino que la institución puede contribuir en este proceso a través de diversos apoyos institucionales y académicos. Es una transición complicada que implica un proceso madurativo de parte del estudiante pero también requiere de la orientación y acompañamiento de toda la
61 comunidad escolar. La complejidad de este proceso depende de diversos factores personales de los jóvenes, sobre todo la formación previa, su contexto social y su capital cultural, éste último se define como el conjunto de conocimientos y saberes que posee una persona, sobre todo, el tipo de capital cultural incorporado, el cual se refiere a todo el bagaje acumulado por el estudiante en su trayectoria académica (Bourdieu, 1987).
Además, siendo los estudiantes los protagonistas de este proceso de afiliación resulta imprescindible su compromiso personal para convertirse en “gestor de sus propios aprendizajes, para enfrentarse a las exigencias de la nueva vida académica en forma autónoma” (Manuale, 2013, p. 55), sin embargo, no todo depende del estudiante, el facilitar el tránsito hacia la afiliación va a depender de los actores institucionales y de los procesos de negociación que se tengan entre ambas partes. De igual forma, la autora señala que existe una estrecha relación entre el aprendizaje del oficio de estudiante y un buen desempeño académico, es decir, si el joven logra aprender a sobrellevar las exigencias intelectuales que demanda el nuevo espacio académico, así como incorporar las lógicas y reglas de funcionamiento propias de la institución, seguramente su desempeño académico será óptimo y de esta forma habrá logrado aprender su oficio de estudiante, dejando atrás al alumno de secundaria y convirtiéndose en un miembro de la institución.
Si bien los conceptos anteriores permiten entender cómo se va construyendo la posibilidad de que un estudiante continúe o no dentro del sistema educativo, es preciso incorporar el concepto de resiliencia para explicar por qué algunos jóvenes a pesar de presentar contextos desfavorables no abandonan sus estudios, qué los diferencia de quienes sí abandonan la escuela y de qué manera influye la resiliencia y la afiliación institucional en el abandono escolar.