B.3. Estructura de la tesis
5. Ajustes en el dispositivo enunciativo
La insistente apelación a una toma de conciencia y la articulación del tiempo en el discurso nos han permitido observar cómo se fue conformando un pueblo homogeneizado.
A continuación analizamos los ajustes que se producen en el dispositivo enunciativo que, enmarcados en el análisis precedente, conducen a una nueva relación de identificación entre el enunciador y el pueblo. Esta identificación, articulada por la nueva coyuntura, expone el esfuerzo del enunciador político por mantener los principios rectores de los comienzos revolucionarios frente a sus destinatarios en dos momentos bien diferenciados.
5.1. El “Yo” enfático o como homogeneizar el espacio social (1960)
En el discurso del primer aniversario de la L.R.A., la reiterada evocación de la realidad pasada está al servicio, no de legitimar la Ley, sino de legitimar la creación de las milicias populares, y en consecuencia, el estado actual del proceso revolucionario. Como proceso justificatorio necesita de un enunciador enfático que recurre a la forma de primera persona para fundirse con el pueblo presente, en su mayoría campesinos, y para sellar una alianza con él. Este tipo de enunciación enfática revela un exceso de rasgos identificatorios que funden la
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figura del líder con la del campesino y con los otros actores sociales, para intentar homogeneizar el espacio social durante el primer aniversario de la Ley:
¡Y yo soy campesino-el de aquí, como el de Oriente-, y yo soy obrero-el de aquí, como el de Oriente-, y yo soy estudiante-el de aquí, como el de Oriente-, y yo soy igual al guajiro de Oriente, y yo soy igual al obrero de Oriente, y yo soy igual al estudiante de Oriente; yo pertenezco a esa fuerza tremenda que se llama pueblo…Yo formo parte de ese pueblo que peleó, yo formo parte de ese pueblo que cerró filas, yo formo parte de ese pueblo victorioso, yo soy una sola cosa, yo soy pueblo y soy pueblo unido, y soy pueblo fuerte! (Pinar del Río,20-5-60)
Queda expuesta una marcada ambivalencia del enunciador que, por un lado, pretende ocupar el lugar de único líder de la Revolución, y por otro, amalgamarse con el pueblo para asegurar su representación indiscutida en el movimiento revolucionario. Este rasgo lo habíamos definido en (Corrarello, 2012:101), como
“delegación de posiciones enunciativas”. Por otra parte, el enunciador asume el lugar de campesino, de obrero, de estudiante, de guajiro, pero a su vez se reconoce como “una sola cosa”: el pueblo. Los rasgos semánticos atribuidos al pueblo están ligados a la lucha armada: “pueblo que peleó”; “pueblo que cerró filas”; “pueblo victorioso”, cristalizados en el sintagma designativo, “pueblo unido y pueblo fuerte”.
5.2. Consolidación burocrática del enunciador político: “Nosotros, los dirigentes” (1967)
Con la única finalidad de poder analizar contrastivamente las etapas discursivas, tomamos como modelo de la serie analizada el discurso del 18 de mayo de 1967, pronunciado en el Instituto Tecnológico Rubén Martínez Villena. En ese momento, la Revolución ya había afianzado su vinculación con la URSS y en este discurso podemos observar cómo se consolida, desde la enunciación, el rol de la dirigencia revolucionaria a través de un colectivo de identificación que es explicitado en el plano del enunciado: “nosotros, los dirigentes”.
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Este cambio enunciativo con respecto al año 1960 es, sin duda, un cambio ideológico sustancial coherente con la nueva escena política.
Desde el punto de vista enunciativo, observamos un ajuste en la posición del enunciador que se hace responsable de una mirada más realista frente al campesinado y sobre la Revolución. Ya no existe la urgencia por la identificación popular, con ese “Uno” que representa la “Totalidad” concentrada en el líder.
Ahora, lograda la homogeneización social, desde lo observable en la superficie discursiva, se necesita marcar la diferencia entre un “nosotros/ustedes” para sellar las diferencias y poder exigir, en cada discurso lo que se enuncia explícitamente: la “rendición de cuentas”, como ya hemos abordado en el capítulo anterior. A partir de esta segunda etapa, (1963/1989), las conmemoraciones serán el espacio privilegiado para que el pueblo “rinda cuentas”, una manera de estimular la “elección” del pueblo en el que Castro decidirá pronunciar su palabra, elección rigurosa que se manejó por años según el premio y el castigo por el cumplimiento de metas y objetivos revolucionarios.
Como habíamos dicho, las conmemoraciones se tornarán en celebraciones de los logros obtenidos.
El enunciador político no desconoce el lugar soberano y protagónico que delegó en el pueblo, pero se consolida en su rol de dirigente. Para atemperar ese rol, recurre a una modalidad autorreferencial por la cual el enunciador se realiza a través de un nosotros exclusivo, entendido en relación a los campesinos:
Han transcurrido un poquito más de ocho años desde el triunfo de la Revolución, creemos que después de ocho años, tanto ustedes los campesinos, como nosotros los dirigentes de la Revolución, estamos en condiciones mejor que nunca de hablar y de entendernos. […] Y si ustedes saben mucho más de política y nosotros sabemos un poquito más de agricultura, es realmente fácil que podamos entendernos. (Instituto Tecnológico, Rubén Villena, 18-5-67)
La diferencia marcada entre un nosotros y un ustedes, que coloca en un estatus diferencial al líder de la Revolución, se contrasta con la antinomia “mucho
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más/poquito más”, orientada a pensar en que la transformación de la conciencia política del campesinado ha sido más profunda que la operada en la de los líderes de la Revolución. Recurso eficaz y persuasivo para revalorizar al campesinado y asegurar su adhesión, cuando todavía no se habían aceptado, popularmente, las “formas superiores de cooperación”, (cooperativización de la agricultura), instrumento necesario para la optimización del sistema productivo.
Con respecto a la misma situación, pero en el discurso de 1960, el enunciador garantizaba la adhesión por el solo hecho de asumir la representación del campesino a través del recurso de la homologación enunciador/campesino. A pesar de no haber logrado el objetivo de la cooperativización, el discurso se mantiene en una posición expectante, no dogmática y apela al respeto por la voluntad del campesino para seguir con su trabajo individual, aunque no resulte productivo a los fines de la socialización del proceso productivo. Estas circunstancias coyunturales se manifiestan en las variaciones de las posiciones enunciativas que hemos señalado y muestran también, como contrapartida a ese no dogmatismo, que el enunciador político asume su rol burocrático de dirigente, distanciándose de las representaciones homologadas con el pueblo campesino, como vimos en 5.1.
A continuación observaremos cómo se naturalizan en el discurso ciertas designaciones en torno a la categorización de los campesinos y del enemigo, en el marco de esta serie discursiva. Incluimos, en este análisis, la categoría de enemigo, ya que su esencialización permite reforzar la identificación del campesino con la Revolución, al reconocerlo como el mayor obstáculo de la socialización de la tierra, según se desprende de los discursos analizados.
6. La Revolución y los campesinos: categorizaciones e identidades