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B.3. Estructura de la tesis

2. Las Leyes de Reforma Agraria (1959 y 1963)

Sobre esta estructura campesina y con un orden internacional desfavorable que propició, en casi todos los países del Caribe, la explotación colonial, la Revolución impuso, con criterio de necesidad, una reforma agraria que ya se había mencionado en el Programa del Moncada48. La producción agropecuaria fue relevante tanto en lo económico como para la constitución histórica del país, por eso fueron necesarias dos instancias legales para comenzar a revertir esa situación que incluía la problemática de la tierra, la mano de obra durante el

“tiempo muerto” y la dependencia externa en bienes alimentarios. En 1959 la primera Ley de Reforma Agraria (L.R.A) expropió los grandes latifundios dedicados a la caña y a la agricultura, y una segunda ley, en 1963, expropió fincas mayores a 67 ha., es decir, extensiones pequeñas y medianas vinculadas con la burguesía rural. Ambas reformas llevaron a un predominio estatal de la explotación de la tierra. La producción cañera, si bien era un rubro fundamental en la economía mundial, en el mercado interno era considerada el origen de todas las miserias y padecimientos del pueblo cubano, esto llevó a intentar la diversificación de la producción, hecho que no se pudo realizar y que terminó por reducir las plantaciones de azúcar. Al poco tiempo se produce una rectificación de esta política y se trata de elevar la producción a gran escala y aprovechar toda la infraestructura existente para priorizar la producción de caña. Detrás del axioma,

48El Programa del Moncada quedó expuesto por Fidel Castro en su defensa frente a los tribunales que lo juzgaron por el Asalto al Cuartel Moncada en 1953, publicada bajo el título La historia me absolverá. El Programa consistía, una vez tomado el Cuartel, en la implementación de cinco leyes revolucionarias. La primera, restituiría la Constitución de 1940 como verdadera ley suprema del Estado; la segunda, concedería la propiedad de la tierra a colonos, arrendatarios, aparceros y precaristas que ocupasen parcelas de menos de cinco caballerías;

la tercera ley otorgaría la participación de obreros y empleados del 35% de utilidades de las grandes empresas; la cuarta ley concedería una participación de un 55% del rendimiento de la caña a todos los colonos y la quinta ley ordenaba la confiscación de bienes a todos los malversadores de todos los gobiernos.

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“más propiedad estatal, más socialismo”, en 1963 el 70% del sector agropecuario fue estatizado y la mayoría de trabajadores rurales se convirtieron en asalariados.

La Reforma Agraria tuvo una característica significativa que fue el hecho de no haber repartido tierras sino de convertir en propietarios a los arrendatarios, aparceros y precaristas49. El nuevo latifundio estatal que se generó, muy diferente al colonial, por su impronta social, impulsó un modelo de desarrollo fordista, ampliando y reforzando el modelo agrícola de altos insumos en unidades productivas cada vez más grandes y dispuestas para una producción en masa y bajo un régimen centralizado de dirección. La agroindustrialización, que implicaba el uso de maquinaria, introducción de la ciencia y de la técnica y también de una quimización, necesitó de una fuerza de trabajo que se suplió con la movilización masiva de trabajadores de la ciudad.

La segunda Ley Agraria eliminó la cultura productiva y mercantil de productores agrarios ligados al mercado fuera del latifundio, según Hans-Jurgen Burchardt (2000), la liquidación de la burguesía rural como clase política y económica limitó el sector privado en la agricultura a unas 155.000 fincas. Sobre 205.000 propietarios, la mitad eran beneficiarios de la primera Ley y disponían de 6,2 a 27 ha. La estructura clasista en la agricultura se redujo a campesinos y a proletariado rural y a pequeños grupos de trabajadores por cuenta propia y artesanos. Los propietarios agrarios, según la zona, tipo de cultivo y agrotecnia, se dividieron en ricos, medios y pobres. Por otra parte el semiproletariado agrícola se disolvió en la masa campesina o pasó a formar parte de la clase obrera o de empleados urbanos y rurales o se incorporaron, necesariamente, en las parcelas de autoconsumo. Hacia los años 70 fue necesario que los productores privados se integraran con sus tierras y fuerza de trabajo al sector estatal con el fin de constituir Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA) mediante una

49 Los arrendatarios eran campesinos que pagaban una renta por cultivar pequeñas cantidades de tierra; los aparceros alquilaban a grandes terratenientes extensiones más pequeñas e incluso hasta las herramientas para el cultivo, y en el extremo más débil se encontraban los precaristas que ocupaban tierras abandonadas.

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organización colectiva de la gestión. Sin embargo, como señala Burchardt, y como da cuenta el análisis del corpus discursivo que analizamos, no hubo colectivización forzada, a diferencia de otros países socialistas. Este grupo, el de los productores privados, tenía un 20% de la superficie agraria cultivable con café, tabaco, frutas y otros productos menores.

A pesar de todos los esfuerzos, el aumento del producto agropecuario era inferior a la utilización de los medios básicos, la regresión permanente de la productividad del trabajo y la poca rentabilidad de las empresas estatales fue obligando progresivamente a la colectivización de la tierra. Las dificultades que presentan las transformaciones a las que está sometido el sector agrario y que impidieron una eficiente cooperativización, han sido de diferentes órdenes. Por un lado, coyunturales, pasar de un modo de producción mecanizado y administrativo a otro intensivo y autogestionario, requiere de un proceso de consolidación que no se dio. La falta de conocimiento empresarial, la incorporación de nuevas tecnologías, el empleo de técnicas intensivas, la institucionalización de renovados esquemas de gestión, la inestabilidad de juntas directivas, fueron otros de los tantos factores que retrasaron el proceso. Por otro lado, problemas socioculturales vinculados con los patrones de comportamiento de los actores implicados en las UBPC (Unidades Básicas de Producción Cooperativa). Este movimiento cooperativo surgió de una directiva gubernamental sin contar con un desarrollo orgánico y evolutivo desde la base, generando un extendido paternalismo por parte de la administración estatal impidiendo un desarrollo autogestionado. Por último, no hubo cambios en el Estado, desde una posición de agente productor y administrador a ente regulador de los procesos económicos. El Estado adquiere a bajos precios los productos de las UBPC y vende los insumos a precios excesivos, generando un monopolio en el abastecimiento de insumos estatales. Para cerrar el conjunto de trabas que se interpusieron en el proceso de cooperativización, baste mencionar la ambigüedad constitutiva de los miembros de las cooperativas. Por un lado, son dueños de las condiciones de producción y no de la tierra, y sin embargo están organizados como asalariados del Sindicato de Trabajadores Agropecuarios

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y Forestales. Por otro lado, como empresarios están subordinados a instancias administrativas dependientes de los ministerios de Agricultura y del Azúcar. Esta condición ambigua sumada al excesivo tutelaje del Estado hace pensar que más que cooperativismo, Cuba, desarrolló una economía solidaria.