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La aparición de los primeros núcleos del PCE en

In document TESIS DOCTORAL (página 47-56)

CAPÍTULO II. LOS PRIMEROS AÑOS DEL PCE EN

II.3. La aparición de los primeros núcleos del PCE en

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Y en octubre de 1931, este sindicato cifraba en 39.013 sus afiliados extremeños organizados en 243 sociedades, destacando los 29.380 afiliados encuadrados en las 143 secciones locales de la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra (FNTT)65. El sindicato ugetista debió incrementar de forma notable su afiliación en los meses siguientes y un buen ejemplo de ello fue el importante crecimiento de asociados a la FNTT, entidad que en junio de 1932 decía contar ya con 57.381 miembros organizados en 225 secciones66.

II.3. La aparición de los primeros núcleos del PCE en tierras

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En mayo de 1931, se firmó un pacto entre los representantes de los patronos y de los trabajadores agrícolas, destacando en la negociación Luis González Barriga, en ese momento presidente de la Sociedad de Obreros Agrícolas de Badajoz.

La firma de dicho pacto, apenas transcurrido un mes de la proclamación de la República, era un triunfo para esta sección agrícola de la Federación Local de la UGT de la capital pacense. Sin embargo, en junio esta sección y otras sociedades agrícolas ugetistas de localidades limítrofes denunciaron el incumplimiento de las bases de trabajo acordadas por parte de los patronos. En vista de lo ocurrido, a principios de septiembre los dirigentes de la Sociedad de Obreros Agrícolas de Badajoz elaboraron una propuesta de unas bases de trabajo de carácter provincial para las faenas agrícolas, a excepción de la siega, solicitando para ello el apoyo de las diferentes sociedades agrícolas ugetistas de la provincia. Esta iniciativa contó inmediatamente con la desautorización de la dirección provincial de la UGT (presidida entonces por el diputado socialista Narciso Vázquez Torres), que apostaba por aprobar dicha propuesta en el congreso provincial convocado para mediados de octubre. A pesar de esta desautorización, los dirigentes campesinos de la UGT de la capital, contando con el respaldo de algunas entidades agrícolas ugetistas locales de la provincia, siguieron en su empeño y consiguieron que los patronos accedieran a negociar en septiembre. Sin embargo, las negociaciones se rompieron a los pocos días y la Sociedad de Obreros Agrícolas de Badajoz no dudó en convocar a una asamblea a todas las sociedades agrícolas de la provincia para fijar la fecha de un paro general en protesta por la actuación patronal. De nuevo la dirección provincial de la UGT rechazó terminantemente estas iniciativas, desautorizando la convocatoria de la asamblea y oponiéndose a la convocatoria de una huelga general en el campo pacense.

Partido Comunista de España en la provincia de Cáceres durante el primer bienio republicano (1932-1933)”, op. cit., pp. 29-63.

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Finalmente, la asamblea se celebró y se acordó ir a la huelga a principios de octubre. Este paro tuvo cierto seguimiento en casi una treintena de localidades de la provincia, especialmente en la capital, si bien apenas fueron atendidas las reivindicaciones de los huelguistas.

Todo lo anterior muestra la existencia de tensiones internas en la UGT pacense, motivadas por la diferente manera de plantear iniciativas para mejorar las condiciones laborales para los asalariados agrícolas de la provincia. Sin embargo, paralelamente, se constata la aparición de circunstancias que superan el aspecto meramente sindical, pues en la asamblea promovida por la Sociedad de Obreros Agrícolas de Badajoz también se tomó un acuerdo de claro contenido político. Efectivamente, en dicha asamblea se aprobó proponer un candidato propio, Juan Miranda, exalcalde de la localidad pacense Corte de Peleas, a las elecciones parciales que se celebrarían el 4 de octubre en la provincia de Badajoz y que tenían como objeto cubrir la baja de un diputado pacense que había fallecido. Este planteamiento chocaba con la candidatura auspiciada por la Agrupación Socialista de Badajoz, cuya candidata era Margarita Nelken, que contaba con el apoyo de la UGT provincial.

El triunfo de la candidata socialista fue claro, alcanzando 51.885 votos frente a los 20.067 del candidato del Partido Republicano Radical, y muy lejos quedaron los 1.896 obtenidos por Juan Miranda.

En cualquier caso, hay que destacar (pese al escaso número de votos obtenidos) la aparición de una candidatura propiciada por algunos sectores de la UGT pacense, en abierta discrepancia con el Partido Socialista. Nos encontramos así, a principios de octubre de 1931, con otra opción política de izquierdas con carácter obrerista en la provincia de Badajoz, aunque no aparece encuadrada en partido político alguno.

Estas importantes discrepancias entre una sección ugetista (Sociedad de Obreros Agrícolas de Badajoz) y la dirección provincial

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se apreciaron nuevamente en el congreso provincial de la UGT, celebrado en la capital pacense a mediados de octubre de 1931. De hecho, Luis González Barriga, presidente de la Sociedad de Obreros Agrícolas de Badajoz, encabezó un sector minoritario de delegados que se enfrentó a la dirección provincial saliente y a los candidatos a la nueva dirección. Un mes más tarde, en el congreso de la Federación Local de UGT de Badajoz, el mismo Luis González volvía a protagonizar un enfrentamiento con los dirigentes locales ugetistas.

Sin embargo, ahora este dirigente campesino era apoyado por la mayoría de los delegados y llegó a ser elegido presidente de esta federación local.

La convocatoria de una huelga general en la provincia de Badajoz para los últimos días de diciembre de 1931 por parte de la UGT provincial y su posterior desenlace (siendo el más destacado los denominados sucesos de Castilblanco) probablemente supuso un paréntesis en estas tensiones. Nos obstante no debemos descartar su prolongación tras la resaca huelguística y, de hecho, estas tensiones llegaron a su punto culminante a finales de febrero de 1932, cuando la Sociedad de Obreros Agrícolas de Badajoz fue expulsada de la UGT por ser la promotora de un acto sindical de orientación comunista (en el que intervino Vicente Arroyo, dirigente nacional del PCE) donde, según la dirección provincial ugetista, se atacó duramente al sindicato. Esta expulsión conllevó la salida de la sección local más importante de la Federación Local de la UGT de Badajoz (unos 1.300 sobre un total de 2.900) y de la FNTT a nivel provincial.

La relación de los dirigentes de la Sociedad de Obreros Agrícolas de Badajoz con el PCE quedó constatada a mediados de marzo de 1932, cuando organizaron el primer mitin comunista en tierras extremeñas con motivo de la celebración del IV Congreso del PCE en Sevilla durante los siguientes días. Y ello se confirma definitivamente al comprobar que el ya citado Luis González Barriga fue uno de los cuatro delegados asistentes al congreso comunista y que además

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resultó elegido miembro del Comité Central de dicho partido. La asistencia y su elección como miembro del máximo órgano de dirección del PCE ponen de manifiesto que este ya exdirigente sindical de la UGT de la capital pacense debía de haber ingresado algún tiempo antes en el Partido Comunista y con él, probablemente, otros dirigentes de la Sociedad de Obreros Agrícolas de Badajoz.

De esta manera surge, a principios de 1932, el primer núcleo organizado del PCE en la provincia de Badajoz. Por otra parte, algunos de estos afiliados comunistas de la capital pacense asumieron cargos de dirección de la Federación Provincial comunista, que se constituyó paralelamente, y así se formó un comité provincial integrado, entre otros, por Luis González Barriga (designado secretario provincial), Severo Suero Mejías (también dirigente de la Sociedad de Obreros Agrícolas de Badajoz), Amalio Fatuarte Rodríguez (zapatero) o el joven Enrique del Amo Montes (barbero). A partir de este momento y desde la capital provincial, estos primeros comunistas pacenses, intentaron extender su actividad a otras localidades de la provincia.

Los comienzos del PCE en la provincia cacereña tienen un desarrollo en cierto modo diferente al caso pacense. Así, el primer núcleo comunista cacereño no apareció en la capital, sino en Aldea del Cano, una localidad cercana a la ciudad de Cáceres que contaba con unos 2.200 habitantes en 1930. El desarrollo de una organización comunista en este pueblo estuvo estrechamente ligado a la labor política realizada por el capitán retirado, Benito Sánchez Delgado.

Sánchez Delgado militó en el Partido Republicano Radical de Lerroux durante la Dictadura de Primo de Rivera y, aunque desarrolló su actividad política en Madrid (lo que le costó alguna detención), su influencia política en su pueblo natal era destacable. En los primeros meses republicanos abandonó la organización política lerrouxista y a finales de ese año o principios de 1932 ingresó en el PCE. A partir de esos momentos trabajó para constituir una organización comunista

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en su pueblo, objetivo que consiguió al atraer a esta opción política a los dirigentes y a un buen número de los afiliados del sindicato agrícola local, ajeno a la UGT y que hasta esos momentos había estado en la órbita de influencia del Partido Republicano Radical de la localidad. Desde estas fechas, los comunistas de Aldea del Cano iniciaron una importante labor política en los pueblos vecinos, entrando meses más tarde en contacto con el ya constituido núcleo comunista de la capital cacereña, donde por cierto había trasladado su residencia Benito Sánchez Delgado.

El surgimiento del PCE en la ciudad de Cáceres recuerda lo acontecido en Badajoz, pero con un final diferente. Podemos situar el comienzo de la organización comunista local en la capital cacereña en la primavera de 1932. Su aparición estuvo ligada a las tensiones internas surgidas en algunas secciones locales de la UGT, muy relacionadas con la situación política general (por ejemplo, el retraso en la puesta en marcha de la reforma agraria), si bien tampoco debe descartarse confrontaciones internas por el control de las secciones ugetistas de la capital cacereña. Estas tensiones conllevaron el enfrentamiento de un grupo de afiliados de la UGT local con la dirección de dicho sindicato, que desembocó de la afiliación de éstos al PCE. Todo ello corrió paralelo al contacto de estos ugetistas díscolos con un militante comunista procedente de la capital pacense.

Este grupo inicial vio aumentado sus efectivos al unírsele algunos jóvenes socialistas y se reforzó políticamente con la llegada de Benito Sánchez a la capital cacereña en esos meses.

Hay que destacar que estos militantes comunistas cacereños no se vieron sometidos a ningún proceso de expulsión del sindicato ugetista durante toda la experiencia republicana, al contrario de lo que les ocurrió a sus correligionarios pacenses. Sí coincidieron en la dotación de una estructura orgánica similar (Federación Provincial) cuya dirección (comité provincial) estaba integrada por afiliados de la capital, como el ferroviario Joaquín Pérez Martín (secretario general)

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o los carpinteros Antonio Domínguez Pérez y José Montes Sevilla, a los que se unió Benito Sánchez Delgado (secretario de organización).

Igualmente intentaron extender su organización política a otras localidades de la provincia.

Tanto en una como en otra provincia, el PCE se estaba dotando de un andamiaje organizativo que se basaba en las pautas que este partido tenía establecidas a nivel estatal. Así, la estructura organizativa básica del PCE en la II República era la “célula”, una entidad donde se agrupaban todos los miembros del Partido que trabajaban en una empresa (o cortijo). La agrupación de las diversas células de una localidad constituía un “radio”, organización local de los comunistas españoles que se adhería a una Federación Provincial.

El siguiente escalón era la Federación Regional, pasando a continuación al Comité Central del Partido Comunista de España, por encima del cual estaban los organismos dirigentes de la Internacional Comunista.

En la región extremeña se siguió en parte este esquema general, pues antes de la Guerra Civil nunca se llegó a constituir una estructura regional y, por otra parte, la organización básica comunista predominante en este territorio durante el período republicano fue el radio, aunque poco a poco, en las localidades más importantes empezaron a funcionar células.

Los primeros radios que se constituyeron o, al menos, se legalizaron fueron los correspondientes a las dos capitales de provincia. Así, en Badajoz, a finales de agosto de 1932 y con la presencia del dirigente nacional del PCE, Manuel Adame, se aprobaron en asamblea y por unanimidad los estatutos del radio comunista de Badajoz, aunque la finalidad de este acto fue claramente propagandística y vino a formalizar la existencia previa del mencionado organismo.

En Cáceres, durante el mes de octubre de 1932, se presentaron en el Gobierno Civil de la provincia los estatutos de constitución del

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radio comunista de Cáceres, aunque un año más tarde se registraron otros estatutos para que la organización local del PCE fuera reconocida legalmente. Al igual que en Badajoz, se regularizó legalmente la existencia previa del radio comunista de Cáceres.

La documentación presentada en ambas capitales venía a recoger lo que establecían de forma genérica los estatutos del PCE.

Así, se indicaba que la dirección política de estas estructuras locales comunistas debería recaer en un comité elegido democráticamente por los afiliados del radio. El número de miembros de este órgano de dirección local del PCE podría oscilar entre cinco o siete que asumirían las tareas de presidente, secretario político, secretario administrativo y responsables del trabajo sindical y organizativo. La Asamblea General de afiliados se celebraría cada tres meses y en ellas un presidente ordenaría la reunión y un secretario levantaría acta, teniendo todos los afiliados el derecho de intervenir en cualquier tema tratado. Por otra parte, dentro de cada radio se nombraría una comisión, compuesta por tres afiliados, para revisar las cuentas. Sin embargo, las propias deficiencias internas (escasez de medios, carencia de locales adecuados, etc.) o las circunstancias políticas adversas, tan habituales para los comunistas en estos primeros años republicanos, supusieron que en la puesta en práctica de estos preceptos no se siguiera el camino habitual en las dos organizaciones comunistas surgidas en las capitales de ambas provincias.

A lo largo de 1932 y 1933 fueron apareciendo diferentes radios en localidades de ambas provincias. En la provincia de Badajoz, hay constancia documental del establecimiento del PCE al menos en Almendralejo, Don Benito y Jerez de los Caballeros, antes de terminar 1932. Igualmente, las fuentes informan de la organización de núcleos comunistas en localidades como Olivenza, Villanueva de la Serena, Fuente del Maestre y La Albuera en los primeros meses de 1933.

Por su parte, en la provincia de Cáceres, además del originario núcleo de Aldea del Cano y algunas localidades cercanas a dicho

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pueblo (por ejemplo, Alcuéscar, Arroyomolinos de Montánchez o Torremocha), el PCE empezó a tener seguidores en Arroyo del Puerco y Garrovillas de Alconétar y quizás también en Hoyos. A principios de 1933, surgió el núcleo comunista de Baños de Montemayor. A mediados de 1933, una fuente comunista de carácter interno señalaba que en la provincia de Cáceres había 25 radios y tres o cuatro en formación68.

En las demás localidades extremeñas donde el PCE empezó a tener presencia, el esquema organizativo (comité de radio, asamblea de afiliados, etc.) era similar al señalado para las ciudades de Cáceres y Badajoz, aunque su funcionamiento resultó ser más irregular, lo que debe relacionarse con un menor número de afiliados.

Como hemos apuntado más arriba, estos radios tuvieron como estructura superior a la federación provincial, dirigida por un comité provincial formado por un número variable de miembros que podemos fijar provisionalmente entre cinco y diez, en la que afiliados comunistas de las organizaciones locales de ambas capitales detentaron un destacado protagonismo.

Y en este andamiaje orgánico se agruparon los primeros comunistas extremeños. La primera cifra de afiliación localizada corresponde a marzo de 1932 y eleva a 292 los afiliados extremeños al PCE, partido que en ese momento contaba con 10.556 afiliados en todo el país. El número llegó a 500 en diciembre de ese mismo año, cuando dicho partido contaba con una afiliación a nivel estatal que oscilaba, según las fuentes, entre los 12.000 y 15.000 miembros69.

68 Recuérdese que en la provincia de Cáceres había un total de 225 localidades en 1930.

69 Para el año 1933 únicamente se disponen por el momento de datos referidos la provincia de Cáceres, donde el PCE decía contar en junio con 1.000 afiliados y de ellos 100 en la capital, unas cifras que hay que tomar con la debida cautela y que parecen estar claramente infladas. Resulta interesante comparar estos datos con la afiliación socialista, así a mediados de 1932 el número afiliados extremeños al PSOE ascendía a 8.116, repartidos entre los 6.250 de la provincia de Badajoz y los 1.596 de la de Cáceres (a nivel estatal los afiliados socialistas eran 75.133), CONTRERAS, Manuel, El PSOE en la II República: Organización e ideología, op. cit., pp. 90-99.

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Finalmente, no debemos olvidar que el PCE contaba con organizaciones dependientes o colaboradoras, destacando entre ellas la Unión de Juventudes Comunistas de España (UJCE) y el Socorro Rojo Internacional (SRI) que, en la mayoría de los casos, tenían una estructura muy similar a la de dicho partido. Una realidad que también se dio en Extremadura, pues en 1932 se constituyeron dos federaciones provinciales de la UJCE, englobando ambas a un total de 400 jóvenes extremeños en diciembre de ese año. Menor desarrollo debió de tener el SRI, pues apenas hay referencias a su estructura y actividad.

II.4. La actividad comunista en Extremadura durante los años

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