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La actividad comunista en Extremadura durante

In document TESIS DOCTORAL (página 56-69)

CAPÍTULO II. LOS PRIMEROS AÑOS DEL PCE EN

II.4. La actividad comunista en Extremadura durante

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Finalmente, no debemos olvidar que el PCE contaba con organizaciones dependientes o colaboradoras, destacando entre ellas la Unión de Juventudes Comunistas de España (UJCE) y el Socorro Rojo Internacional (SRI) que, en la mayoría de los casos, tenían una estructura muy similar a la de dicho partido. Una realidad que también se dio en Extremadura, pues en 1932 se constituyeron dos federaciones provinciales de la UJCE, englobando ambas a un total de 400 jóvenes extremeños en diciembre de ese año. Menor desarrollo debió de tener el SRI, pues apenas hay referencias a su estructura y actividad.

II.4. La actividad comunista en Extremadura durante los años

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apuntaba que las bases de dichas organizaciones eran proclives a la revolución y podrían “prescindir de estos jefes traidores y socialfascistas” para seguir las propuestas comunistas que, en Extremadura, se concretaban en reivindicar la libertad de los presos políticos, el desarme de la Guardia Civil, la expropiación de los latifundios o la constitución de los “soviets.

Y con este programa los afiliados al PCE en Extremadura desarrollaron toda una serie de iniciativas durante 1932 y 1933. En primer lugar, debemos señalar los actos propagandísticos organizados. En este sentido, destacaron los tres mítines celebrados en la ciudad de Badajoz, uno a finales de agosto de 1932, otro a principios de marzo de 1933 y, el último, en abril de ese mismo año.

Este tipo de actos se repitieron en otras localidades de la provincia pacense durante 1933 (por ejemplo, en Villanueva de la Serena, La Albuera o Fuente del Maestre) y en la capital cacereña, aunque no faltaron impedimentos para realizarlos en algunos pueblos de la provincia.

La celebración del Primero de Mayo constituyó para los comunistas extremeños un acontecimiento en el que, además de trasladar a la población su ideario político, pudieron mostrar su capacidad de movilización, organización y atracción de nuevos afiliados. La primera iniciativa en este sentido la tuvieron los comunistas de la capital pacense, que convocaron una reunión preparativa para dicha celebración a finales de abril de 1932. Sin embargo, todos los asistentes fueron detenidos por la policía, de manera que no tenemos constancia de si finalmente tuvo lugar la conmemoración comunista. Más suerte tuvieron en 1933, pues además de celebrar un mitin unos días antes, el PCE consiguió organizar una manifestación por las calles de la ciudad, aunque al poco tiempo de iniciar su recorrido fue disuelta por la fuerza pública.

Ese mismo año, en la capital cacereña, los comunistas organizaron un

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mitin que tuvo una asistencia concurrida y que terminó sin incidentes.

Tampoco debemos olvidar algunas iniciativas políticas comunistas relacionadas con el contexto regional o local en el que se movieron. Es en la capital pacense donde encontramos dos ejemplos paradigmáticos. El primero de ellos se relaciona con la posible celebración del consejo de guerra contra los campesinos de Castilblanco, a principios de enero de 1933, situación en la que los comunistas llevaron a cabo una campaña de movilización, destacando la colocación de pasquines en las calles de Badajoz en los que se exigía la libertad de los presos y la organización de un mitin de solidaridad, que finalmente fue suspendido por orden del ministro de Gobernación.

De carácter más local es el segundo ejemplo, ya que ahora la actuación comunista tuvo como destinatario al ayuntamiento de la ciudad, que había decidido acondicionar un local para una compañía de asalto. La organización local del PCE se opuso a esta medida, ya que consideraba que era más urgente dar trabajo a los numerosos parados de la ciudad. Los comunistas llevaron a cabo una campaña de agitación entre los parados y enviaron un escrito a las autoridades municipales con una propuesta de lectura en el pleno que abordaría este asunto. Sin embargo, tal lectura no se llevó a cabo, lo que finalmente produjo un gran alboroto en la sesión de plenos del ayuntamiento pacense protagonizado por afiliados comunistas que originó la intervención de las fuerzas de orden público.

A todo este tipo de actuaciones políticas (mítines, celebraciones del 1º de mayo, etc.), hay que sumar la actividad que sin duda alguna supuso la mayor inversión en tiempo y energía en el trabajo político de los comunistas extremeños durante estos años: la labor sindical. Y aquí hay que destacar las iniciativas sindicales comunistas de la ciudad de Badajoz que tuvieron como principales destinatarios a los trabajadores agrícolas. Así, en un proceso que duró varios meses,

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la expulsada Sociedad de Obreros Agrícolas de Badajoz se transformó en Sindicato (Autónomo) de Campesinos de Badajoz, liderado por Luis González Barriga, que en esos momentos también era el secretario provincial del PCE. No en vano este sindicato se vinculó pronto a la estrategia sindical de este partido, pues se adhirió a la Conferencia de Unidad Sindical promovida por el PCE, celebrada a mediados de 193271.

El Sindicato de Campesinos de Badajoz fue una organización sindical local que desarrolló un importante grado de interlocución, tanto respecto a los patronos agrícolas como al propio ayuntamiento pacense, interlocución que venía dada en gran medida por su capacidad de movilización. Todo ello explica, por ejemplo, el gran protagonismo que tuvo, tanto en la firma del acuerdo tomado en abril de 1932 para dar trabajo a los braceros de la ciudad, en el que también participaron el alcalde y una representación de los patronos agrarios, como en la firma del contrato provincial de trabajo para las faenas de la siega de ese mismo año. Este protagonismo se vio reforzado en mayo del año siguiente, durante la negociación de las bases de la siega, pues el Sindicato de Campesinos de Badajoz se opuso al acuerdo firmado por los representantes de la FNTT y la representación patronal. Dicha oposición se concretó en la convocatoria de una huelga, que tuvo un gran seguimiento y que finalmente supuso ciertas mejoras para los obreros agrícolas de la capital pacense respecto a las condiciones inicialmente firmadas.

71 Durante los primeros años republicanos el PCE apostó por la creación de una fuerza sindical independiente de la UGT y la CNT, estrategia sindical que se concretó en un primer momento con la Conferencia de Unidad Sindical (1932), para más tarde continuar en 1933 con el funcionamiento de un Comité Provisional de la Confederación General del Trabajo Unitaria (CGTU) y finalmente todo este proceso culminó con la creación de un nuevo sindicato de inspiración comunista, la CGTU, en 1934. No obstante, este partido no renunció a que sus militantes siguieran

“trabajando” dentro de las dos grandes centrales sindicales. Véanse CRUZ, Rafael, El Partido Comunista de España en la II República, op. cit., pp. 144-147 y SANTIDRIÁN ARIAS, Víctor Manuel, Comunismo y sindicalismo en la España del siglo XX (1920-1936), Madrid, Fundación 1º de Mayo, 2004, pág. 33 y ss.

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Finalmente, el Sindicato de Campesinos de Badajoz convocó otra huelga ante la negativa de los patronos de confeccionar unas nuevas bases de trabajo o prorrogar las existentes para principios de octubre de 1933. El conflicto se alargó durante todo el mes; además, el Sindicato de Campesinos de Badajoz amplió sus exigencias planteando la preferencia de contratar a los trabajadores pacenses en el término municipal de la capital. La huelga terminó al mediar la Dirección de Trabajo, que consideró que debían prorrogarse las bases de trabajo y aceptó la exigencia del sindicato liderado por Luis González Barriga.

En paralelo a esta activa participación en la negociación colectiva de las diferentes bases de trabajo agrícola, dirigentes del Sindicato de Campesinos de Badajoz protagonizaron acciones concretas a favor de los parados agrícolas de la ciudad. Un ejemplo de ello lo tenemos en la acción que llevó a cabo Luis González en julio de 1932, cuando encabezó una comisión que llegó a entrevistarse con el alcalde pacense, haciéndole ver el alto nivel de desempleo que existía entre los obreros agrícolas del término municipal y denunciando el hecho de que en varias fincas estaban trabajando obreros forasteros. El alcalde se comprometió a adoptar las medidas oportunas.

Menos pacífica fue la situación que se produjo a mediados de diciembre de 1932. De hecho, ante el paro forzoso existente en Badajoz, numerosos desempleados, encabezados por dirigentes del Sindicato de Campesinos, realizaron una serie de protestas que culminaron con la ocupación del salón de actos del ayuntamiento cuando se reunía la corporación municipal. Tras esta actuación, el alcalde se vio en la necesidad de convocar a los representantes de los patronos, comprometiéndose estos últimos a ofrecer trabajo. Sin embargo, la tensión social volvió a aparecer días más tarde, pues un numeroso grupo de parados ocupaba el ayuntamiento con la finalidad de entrevistarse con el Gobernador General de Extremadura (Peña Novo) el 31 de diciembre, entrevista que no se celebró al negarse

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este representante del gobierno y al aparecer la guardia civil, que desalojó a los ocupantes, no sin momentos de gran tensión. A pesar de la negativa inicial del Gobernador General, unos días más tarde los parados conseguían un acuerdo con dicha autoridad para dar una solución provisional a la crisis generada por el paro.

Esta intensa actividad sindical y su importante afiliación (decía contar con unos 2.000 afiliados), convirtieron al Sindicato de Campesinos de Badajoz en la pieza básica para crear la Unión Local de Sindicatos Autónomos de Badajoz, a lo largo del segundo semestre de 1932 o principios de 1933. Surgía de esta manera en la capital pacense una entidad sindical competidora con la veterana Federación Local de la UGT, ligada desde sus comienzos a la CGTU y que, además de tener implantación entre los trabajadores agrícolas de la ciudad a través del Sindicato de Campesinos, consiguió cierto arraigo entre los trabajadores de la construcción y los obreros ganaderos. Entre sus iniciativas, destacó la convocatoria de una huelga general a mediados de octubre de 1933, en solidaridad con la acción huelguística que estaba protagonizando el Sindicato de Campesinos por esas fechas.

Mucho más discreta, y por derroteros muy diferentes, discurrió la actividad sindical de algunos afiliados al PCE en la capital cacereña, ya que nunca fueron expulsados de la Federación Local Obrera de Cáceres (UGT). Durante estos dos años, su influencia fue escasa en dicha federación, si bien consiguieron controlar la dirección del Sindicato de Peones (construcción), la sociedad local con más afiliados y que a mediados de 1933 agrupaba al 16 % de los algo más de 2.650 afiliados ugetistas de la capital cacereña. Esta sección de la Federación Local Obrera cacereña defendió públicamente y en varias ocasiones las propuestas sindicales del PCE. No obstante, hay que resaltar que los comunistas cacereños apenas consiguieron tener una presencia mínima en muy pocas de las otras 25 secciones locales que formaban la federación.

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Más arriba hemos apuntado la aparición del núcleo comunista en la localidad cacereña de Aldea del Cano, a principios de 1932. Una vez creado este núcleo, una parte de sus dirigentes dedicó sus esfuerzos a conseguir la dirección de un sindicato agrícola local ajeno a la UGT y que hasta esos momentos había estado en la órbita de influencia del Partido Republicano Radical de la localidad. Unos meses más tarde, dicho objetivo fue conseguido y al poco tiempo ese sindicato ya defendía la línea sindical del PCE (Conferencia de Unidad Sindical y CGTU), pasó a denominarse Unión-Tierra y su máximo responsable fue el dirigente comunista local Francisco Cordero Bazaga. Hay que destacar que este sindicato protagonizó importantes movilizaciones en su localidad durante estos años.

Por último, debemos hacer referencia a un proceso que se produjo en la segunda mitad de 1932, cuando algunos dirigentes o cuadros medios de las sociedades locales de la UGT de algunas localidades de la provincia cacereña ingresaron en el PCE, lo que les llevó a mantener las posiciones sindicales del PCE en las sociedades ugetistas, aunque no pasaron de ser minoritarias, así ocurrió en Arroyo de la Luz o en Garrovillas de Alconétar. Diferente fue lo acontecido en los primeros meses de 1933 en Baños de Montemayor, donde la acción de los nuevos miembros del PCE conllevó el abandono de la mayoría de los afiliados de la central sindical ugetista y la aparición de un nuevo sindicato, ligado a la CGTU y encabezado por Justo Giménez González, dirigente comunista local.

Precisamente fue a comienzos de 1933 cuando estalló una fuerte conflictividad campesina en la provincia de Cáceres, que se tradujo en un importante movimiento de invasión de fincas protagonizado por obreros agrícolas y yunteros. Esta situación atrajo la atención de los comunistas cacereños, si bien sus actuaciones fueron muy limitadas.

No obstante, una vez que remitió esta conflictividad, hay que apuntar que los comunistas cacereños, apoyados por sus correligionarios de la capital pacense, intentaron agrupar provincialmente a aquellos

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sindicatos locales donde tenían influencia para construir una alternativa sindical a la UGT. Así, en mayo de 1933, y de forma clandestina (una consecuencia de huelga promovida por la CNT en todo el país), llegó a celebrarse en Cáceres una Conferencia de Unidad Sindical a la que asistieron delegados de varios sindicatos locales. Sin embargo, por diversas circunstancias, los acuerdos adoptados (constitución de un “Comité Provincial de Unidad Sindical”, mayor atención a los campesinos, etc.) no fueron llevados a cabo posteriormente y esta iniciativa no tuvo largo recorrido.

Al describir algunas de las iniciativas de los comunistas extremeños vemos que a veces se encontraron con ciertos impedimentos legales. Ejemplo de ello fue la detención a finales de abril de 1932 de casi una veintena de afiliados comunistas pacenses cuando asistían a una reunión para organizar el 1º de mayo de ese año. También hemos observado cómo, al año siguiente, la manifestación que los comunistas organizaron por las calles de Badajoz con motivo del 1º de mayo fue disuelta por las fuerzas de orden público. En otras ocasiones, eran afiliados aislados los que eran detenidos por determinadas actuaciones, como hacer labor proselitista entre soldados de reemplazo o colocar pasquines, tal y como ocurrió en la capital pacense a mediados de 1932.

Tampoco se libraron de estos impedimentos sus correligionarios cacereños. Así, a raíz del anuncio de una huelga general realizado por la CNT a principios de mayo de 1933, las autoridades gubernativas provinciales decidieron clausurar no solo los centros de la CNT sino también los del PCE. Otra consecuencia de esta decisión fue la detención de una decena de militantes comunistas de la capital cacereña y de los directivos de la sociedad obrera de Aldea del Cano.

En definitiva, con estos ejemplos, observamos cómo, tanto en una provincia como en otra, los militantes del PCE tropezaban con algunas dificultades legales a la hora de llevar a cabo su labor política.

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Paralelamente a todas estas actuaciones, debió de darse un proceso de reforzamiento orgánico de este partido en Extremadura.

Buena prueba de ello fue la celebración de la primera Conferencia Provincial del PCE de Badajoz, que tuvo lugar a finales de septiembre de 1933 en la capital pacense. Esta reunión dispuso de un amplio orden del día en el que se abordó la “situación política, las futuras actuaciones externas del PCE en la provincia (“trabajo femenino, tareas sindicales, tareas en el campo y tareas de la juventud”), “los peligros de la guerra y el fascismo” y finalmente se trató una serie de aspectos de carácter interno como “tareas de organización, situación financiera y prensa”. Esta conferencia se cerró con el “nombramiento del Comité, que encabezó Luis González Barriga, acompañado nuevamente por Severo Suero, Amalio Fatuarte y Enrique del Amo, a los que, entre otros, se sumaron el metalúrgico Juan Rodríguez Durán y el veterinario Nicanor Almarza Herranz.

Estas mejoras en la organización interna de los comunistas de la provincia de Badajoz pronto tuvieron una consecuencia, pues poco tiempo después se inició la edición del semanario Extremadura Roja, que tuvo una corta (dejó de publicarse en 1934) y ajetreada trayectoria (algunos de sus redactores fueron juzgados por la autoría de ciertos artículos aparecidos en él).

En la provincia cacereña no llegó a celebrarse una conferencia similar a la de sus camaradas pacenses. No obstante, la dirección provincial comunista, aglutinada en torno a un grupo de afiliados de la capital (Pérez Martín, Sánchez Delgado, Domínguez Pérez, etc.) continuó su labor política, tal y como pone de relieve el intento de contar con un medio de expresión. Así apareció el periódico comunista La Conquista del Campo a mediados de 1933. Sin embargo, esta iniciativa terminó fracasando pues solo se publicó el primer y único número.

Hay que apuntar que ambas direcciones contaron en no pocas ocasiones con el apoyo de miembros del Comité Central del PCE, que

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se trasladaron a Extremadura (entre otros, “Arroyito” y Adriano Romero). Una presencia, la de estos dirigentes estatales, que se prolongaba durante varias semanas y que, además de reforzar la organización, supuso el traslado a las organizaciones comunistas extremeñas de las orientaciones políticas emanadas de la dirección central. Por otra parte, no podemos olvidar que el máximo dirigente comunista pacense, Luis González, era miembro del Comité Central, lo que evidentemente facilitaba la recepción de las directrices acordadas en Madrid. Y a todo ello hay que añadir tanto las diversas comunicaciones escritas intercambiadas como la recepción de diversa prensa comunista editada en Madrid (destacando Mundo Obrero).

En definitiva, al finalizar el verano de 1933, es decir tras casi un año y medio de sus comienzos, el PCE contaba con un grupo de dirigentes en cada una de las provincias extremeñas, había sido capaz de organizarse en algunas localidades -posiblemente entre 50 y 60- (radios comunistas) y mantenía una relación fluida con su dirección central. En todo este tiempo había seguido la línea política que postulaba a nivel estatal el propio PCE y que la IC defendía a nivel internacional, es decir el “frente único por la base”. Un discurso político que los comunistas en tierras extremeñas habían centrado en tres aspectos: la denuncia de la labor contrarrevolucionaria del gobierno republicano-socialista, el interés por poner en evidencia la traición de los “jefes socialfascistas” y, finalmente, la defensa de una serie de reivindicaciones que tenían como destinatarios a los trabajadores y campesinos extremeños (expropiación sin indemnización de las tierras de los terratenientes, subsidio de paro, disolución de la Guardia Civil, etc.).

Precisamente por estas fechas, en el mes de septiembre de 1933, cayó el gobierno republicano-socialista encabezado por Azaña y se abrió una crisis institucional que culminó con la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones para el 19 de noviembre de 1933. La nueva situación política a nivel estatal condicionó la

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actuación de los comunistas extremeños, pues a partir de este momento su trabajo político en la región, como en el resto del país, se centró en su participación en el proceso electoral que se iniciaba.

No en vano estas elecciones supondrían una verdadera prueba para constatar tanto la influencia que el PCE había adquirido entre los obreros y campesinos de Extremadura como el grado de aceptación de su línea política.

En las dos provincias extremeñas los comunistas presentaron candidaturas a estas elecciones. Ambas candidaturas estaban integradas por miembros de las direcciones provinciales comunistas y algunos dirigentes de organizaciones locales comunistas que habían alcanzado cierta relevancia, además junto a los anteriores aparecieron los nombres de algunos dirigentes estatales de esta formación política. Los candidatos comunistas extremeños, al igual que en el resto del país, defendieron el denominado “Programa revolucionario del Gobierno Obrero y Campesino”, donde se recogían doce propuestas que este partido adoptaría al llegar al poder. Entre ellas los candidatos comunistas extremeños no dudaron en defender en sus actos públicos las cuatro que se referían al “problema agrario”: expropiación sin indemnización de las grandes fincas para ser repartidas entre los “obreros agrícolas y los campesinos trabajadores”, anulación de deudas a los pequeños arrendatarios, ayudas materiales (maquinaria, utillaje, créditos, etc.) a los pequeños arrendatarios y aumento de salarios y reducción de jornada para los obreros agrícolas.

Además de estas y otras propuestas, los comunistas atacaron duramente a “las derechas” (“los caballeros del hacha y el patíbulo”).

Y tampoco faltaron las arremetidas contra los socialistas, a quienes hacían responsables del “hecho de que dos millones de parados no tengan ni pan ni cobijo” o de ser los “carceleros de los 9.000 revolucionarios presos”, acusaciones, entre otras, que permitían a los

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