CAPÍTULO II. LOS PRIMEROS AÑOS DEL PCE EN
II.1. El PCE y su andadura hasta el inicio de la II República
34
CAPÍTULO II: LOS PRIMEROS AÑOS DEL PCE EN
35
en la política española. Se trataba de un partido que a finales de 1921 elevaba a unos 6.500 sus afiliados (destacando Asturias, Vizcaya y Madrid), que pretendía establecer la “dictadura del proletariado” siguiendo el modelo bolchevique y que disputaba claramente el espacio político que hasta ese momento solo había ocupado el Partido Socialista Obrero Español (PSOE).
La instauración de la dictadura de Primo de Rivera a partir de septiembre de 1923 representaba un duro golpe para las aspiraciones de los comunistas españoles. La represión policial desencadenada contra ellos supuso el desmantelamiento de sucesivas direcciones centrales, el encarcelamiento de militantes y la clausura de locales.
Todo ello conllevó que la acción política comunista se redujera drásticamente, hecho agravado por el surgimiento de tensiones internas.
La descomposición de la dictadura de Primo de Rivera al final de la década y la posterior “caída” de la monarquía de Alfonso XIII representaron un nuevo momento en el desarrollo de PCE. Al proclamarse la República, en abril de 1931, esta organización política agrupaba a unos 1.000 afiliados localizados, sobre todo, en Andalucía, Asturias y Vizcaya.
En estos momentos, la dirección central (encabezada por José Bullejos) se encontraba muy debilitada y su acción política se caracterizaba por el aislamiento en relación a las instituciones y a la sociedad española, así como por un fuerte antisocialismo, ambas circunstancias consecuencia en gran medida de la aplicación de la política de “clase contra clase” de la Internacional Comunista por parte del PCE.
La Internacional Comunista, desde su VI Congreso (julio de 1928) y sobre todo a partir del X pleno de su Comité Ejecutivo (julio de 1929) postuló la denominada táctica “clase contra clase”. Esta línea política partía de que las contradicciones del capitalismo se estaban agudizando y por ello la lucha entre la burguesía y el
36
proletariado cada día se hacía más patente. Todo anunciaba una nueva etapa de revoluciones, protagonizada por la clase obrera (“Tercer Período”). Sin embargo, este nuevo impulso revolucionario del proletariado podría fracasar si los trabajadores se conformaban con las medidas reformistas que podrían aplicar los estados democrático liberales, que contaban con el apoyo de la socialdemocracia. Además, la socialdemocracia continuaría apoyando a los estados capitalistas y ello a pesar de que dichos estados eran cada vez más reaccionarios. Así, la socialdemocracia resultaba ser el principal causante del fracaso revolucionario, y como tal ha de ser tratada.
En definitiva, esta táctica política dividía el universo sociopolítico en dos grupos enfrentados: los verdaderos representantes de la clase obrera, que aspiraban a la revolución (los comunistas y quienes los seguían), y la burguesía contrarrevolucionaria, grupo donde se incluían socialistas, demócratas, conservadores, fascistas, etc.
En esta concepción la socialdemocracia era el verdadero enemigo a batir y ello explica que algunos elementos esenciales de esta táctica de “clase contra clase” sean el postulado de la denominada tesis sobre el “socialfascismo” y la defensa a ultranza del denominado “frente único por la base”. En esta tesis, la socialdemocracia, al ser el mayor factor de desviación contrarrevolucionaria del proletariado y al estar sometida al estado burgués, que evoluciona hacia el fascismo, debe ser conceptualizada como socialfascista, pues al fin y al cabo resultaba ser el principal enemigo de la revolución. Por ello los comunistas deben llevar a cabo una lucha encarnizada contra los socialistas evitando cualquier acuerdo. Ahora bien, esta lucha debe dirigirse contra los jefes socialdemócratas, quienes tienen engañados a los obreros socialistas de base, que sí apuestan por la revolución. De hecho, con estos
37
últimos se pueden acordar acciones conjuntas, aunque siempre al margen de sus direcciones contrarrevolucionarias42.
Y esta táctica es la que claramente aplica el PCE durante los primeros años republicanos. No en vano los comunistas españoles rechazaban la nueva República (“república burguesa”) y a su gobierno republicano-socialista. En sus análisis, el PCE consideraba que en España se daba una situación verdaderamente revolucionaria y estimaba que las reformas republicanas no solucionarían los problemas de los trabajadores y los campesinos. Así, sus dirigentes no dudaban en afirmar que “la República, las Constituyentes, la Constitución, el Gobierno, los partidos gubernamentales, los republicanos, los radicales, los monárquicos, la policía y la Iglesia” lo que realmente hacían era intentar evitar por todos los medios que el proletariado y el campesinado llevasen a cabo la revolución, eso sí, siempre guiados por el PCE (“frente único por la base”). La existencia de dos mundos sociopolíticos contrapuestos quedaba clara: en uno, el PCE y el proletariado revolucionario y, en el otro, todos los demás, sin distinción. En este contexto el principal factor contrarrevolucionario no era otro que la actuación de los jefes
“socialfascistas”, a lo que habría que añadir la traición de los dirigentes de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) (“jefes anarcorreformistas”)43.
Los primeros meses de la etapa republicana representaron un buen momento para comprobar el verdadero alcance de esta política
42 Estas sintéticas notas se basan en HAJEK, Milos, Historia de la Tercera Internacional. La política de frente único (1921-1935), op. cit., pp. 170-255;
WOLIKOW, Serge, L´Internationale communiste (1919-1943). Le Komintern ou rêve déchu du parti mundial de la révolution, op. cit., pp. 80-85 y MARTÍN RAMOS, José Luis, El Frente Popular. Victoria y derrota de la democracia en España, Barcelona, op. cit., pp. 27-33. Para el caso español, véanse BIZCARRONDO, Marta,
“De las Alianzas Obreras al Frente Popular”, Estudios de Historia Social, nos 16-17,
1981, pp. 105-106 y CRUZ, Rafael, El Partido Comunista de España en la II República, op. cit., pp. 103-109.
43 BIZCARRONDO, Marta, “De las Alianzas Obreras al Frente Popular”, op. cit., pp. 108-110 y CRUZ, Rafael, El Partido Comunista de España en la II República, op. cit., pp. 125-140.
38
de “frente único por la base”, en el marco que supuso la instauración del nuevo régimen republicano. De hecho, los primeros meses republicanos conllevaron una mayor actividad de los comunistas españoles respecto a años anteriores. Las elecciones a Cortes Constituyentes de junio de 1931 supusieron una buena oportunidad para extender la política comunista y comprobar su alcance. Sin embargo, los resultados no fueron nada halagüeños, pues el PCE apenas consiguió respaldo electoral y no obtuvo ningún escaño. Y aunque sus efectivos aumentaron (unos 7.800 en octubre de 1931 y 10.556 en marzo de 1932) y la estructura organizativa ganó complejidad (federaciones regionales), paralelamente se desarrolló un importante conflicto entre la dirección del PCE y los máximos responsables de la Internacional Comunista, enfrentamiento que terminó con la expulsión del equipo dirigente encabezado por Bullejos en octubre de 1932 y la llegada a la máxima dirección del PCE de José Díaz.
Y precisamente fue en el primer semestre de este año 1932 cuando surgieron las primeras organizaciones del PCE en Extremadura.