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La apertura sentiente del animal humano a la realidad

In document TECNOLÓGICO DE MONTERREY (página 130-137)

Capítulo II. Capítulo II. Los conceptos fundamentales del proyecto filosófico ellacuriano que permiten dar cuenta de una ética particular permiten dar cuenta de una ética particular

2. La liberación en la filosofía ellacuriana

2.1 La apertura sentiente del animal humano a la realidad

Para Ellacuría, que en todo esto sigue a Zubiri, el ser humano no deja nunca de ser animal, y es desde su animalidad como hace su vida180, sin embargo, la animalidad del ser humano no es la misma que la del puro animal. El tipo de animal que es el humano es por lo que hay que preguntarse, pues de su animalidad dependerá siempre, en alguna medida, su vida y lo que haga de ella.

Ser humano y animal comparten la dimensión de ser vivos181. Al ser vivo lo caracterizan dos cualidades: una cierta independencia respecto del medio en el que se vive y un cierto control sobre él. En los medios en los que tanto el animal como el humano viven, hay cosas, y estas son estímulos que, como tales, afectan al ser vivo y le suscitan respuestas182. En el caso del puro animal aprehende los estímulos como tales y responde a ellos desde el hecho de que “tienen aseguradas las respuestas adecuadas por su propia contextura biológica”183. El animal se comporta estimúlicamente, es decir, responde a los estímulos del ambiente de manera casi mecánica y prefijada, si bien esto puede ser mucho

180 Cfr. Ellacuría, “Curso de Ética”, op. cit., p. 261.

181 Ignacio Ellacuría, “Antropología de Xavier Zubiri”, en Escritos filosóficos II, op. cit., p. 75.

182 Cfr. Ellacuría, Filosofía de la realidad histórica, op. cit., pp. 248-249.

183 Ellacuría, “Curso de Ética”, op. cit., p. 260.

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más complicado según el animal de que se trate, y con ello aseguran la viabilidad biológica, esto es, si no la supervivencia de la especie, al menos la de la vida184.

En el caso del ser humano, al encontrarse también entre estímulos, se da una aprehensión, una afección, y con ello la necesidad de dar una respuesta, pero el ser humano no puede dar la respuesta adecuada desde su pura biología por el hecho de que, a diferencia del puro animal, aprehende los estímulos como realidades, y por tanto tiene que responder haciéndose cargo de que son reales185.

El estímulo ya no es meramente estimulante, no se agota en despertar una respuesta y nada más, sino que se aprehende como «realidad» estimulante; la afección ya no es mera afección, pues el hombre «se» siente afectado en su realidad y en el modo de estar en la realidad; la respuesta es asimismo en función de realidad, atemperado a ella, determino lo que quiero en realidad186.

El ser humano, entonces, se enfrenta con las cosas como realidades y lo hace en virtud de la inteligencia, que, como se vio antes, aquí no tiene nada que ver con una función cognoscitiva, sino que es el modo propio de enfrentarse con las cosas en tanto que reales, es decir, es un aprehender las cosas como realidad187. Pero el aprehender las cosas como reales no significa abandonar el campo de los estímulos, que es el campo de la sensibilidad.

Inteligencia y sensibilidad constituyen en el ser humano el modo único de enfrentarse con las cosas, esto quiere decir que ni la una ni la otra cumplen sus funciones de manera aislada, sino que se trata de una inteligencia sentiente. El ser humano no responde a la realidad estimúlicamente, sino que tiene que hacerse cargo de la situación sintiendo la realidad o, lo que es lo mismo, desde un inteligir sentientemente lo real. Pero la unidad de realidad y

184 Cfr. Ídem.

185 Cfr. Ellacuría, Filosofía de la realidad histórica, op. cit., p. 250

186 Ídem.

187 Cfr. Ibid., p. 252.

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animalidad no se queda nada más en la inteligencia, sino que es propia también de la voluntad y del sentimiento. Por el enfrentamiento con las cosas como realidad la mera tendencia se vuelve volición y la afección, sentimiento188. La animalidad no se hace presente solamente en el comportamiento humano, sino que forma una unidad con lo que el hombre y la mujer tienen de aprehensión, volición y sentimiento de la realidad, de ahí que la antropología zubiriana afirme de ellos que son animal de realidades, pues el comportamiento humano queda inscrito en un solo modo de enfrentarse con las cosas como realidad.

A partir de lo anterior, se puede afirmar que la manera en la que el ser humano se enfrenta con las cosas se funda en su propia realidad, que es un sistema total y, concretamente, una sustantividad psico-orgánica, es decir, el ser humano no “tiene”

organismo “y” psique, sino que es una unidad estructural de lo orgánico y de lo psíquico. De ninguna manera puede darse lo uno sin lo otro, por lo que Zubiri concluye que

el hombre es el animal que animalmente trasciende de su pura animalidad, de sus meras estructuras orgánicas. Es la vida trascendiéndose a sí misma, pero animalmente, viviendo orgánicamente sus estructuras orgánicas. El hombre es la vida trascendiendo en el organismo a lo meramente orgánico. Trascender es ir de la estimulidad a la realidad189.

La trascendencia es particular del ser humano, se trata de un trascender en la animalidad, y por tanto en lo orgánico, y de un trascender en la animalidad a su propia realidad. Para Zubiri es la unidad de estos dos momentos lo que significa la definición de animal de realidades190. Lo que define al animal de realidades es, por tanto, la trascendencia.

188 Cfr. Ibid.., p. 253.

189 La cita de Zubiri está tomada de Filosofía de la realidad histórica, p. 257.

190 Cfr. Ibid., p. 257.

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Por otro lado, del ser humano afirma Ellacuría también que es una esencia abierta, esto es, que no solamente se comporta en virtud de sus notas constitutivas, sino también desde su carácter de realidad, lo que de alguna manera lo “libera” de solamente ser lo que es “en sí mismo”, y lo abre a lo que puede ser. Las esencias cerradas solo pueden ser lo que ya son, no tienen ninguna posibilidad, por sí mismas, de ser algo más. En el caso de las sustantividades abiertas, son realidades en sí mismas, pero lo son abiertas a su propio carácter de realidad. En este punto Ellacuría cita a Zubiri:

[…] abierto es estar abierto a su propia realidad en cuanto realidad. De suyo su actividad se mueve no sólo en el ámbito de tales o cuales notas, sino en el ámbito de realidad: la sustantividad es entonces activa no sólo por ser real, sino también para ser real. Su actividad no está enclasada sino abierta. No es actuación sino algo modalmente distinto:

es realización191.

A diferencia del resto de los seres vivos, que, en cierta medida y según su estructura, se hacen a sí mismos desde lo que ya son como realidad, el ser humano, que está abierto a su carácter de realidad, se comporta respecto de él, por eso no solo se hace a sí mismo, sino que hace su propio carácter de realidad, se realiza192. De ahí que, en el hacer humano, lo que está en juego es su propia realidad en tanto que realidad, no se trata solamente del resultado de una acción, sino lo que esa acción es realmente y lo que va a ser de él o ella. Para realizarse, el ser humano tiene que hacerse cargo de la situación, su apertura a la realidad le obliga a ello, y es esto precisamente lo que le va a permitir ir avanzando hacia su humanización193, pero para hacerse cargo de la situación el ser humano tiene que elegir de entre una serie de posibilidades, no puede realizarse si no es optando.

191 Ibid., p. 260.

192 Cfr. Ídem.

193 Cfr. Ellacuría, “Curso de ética”, op. cit., p. 262.

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Es en función de este tener que responder por decisión, apropiándose de posibilidades, por lo que Ellacuría habla de un “principio ético de la realidad”194, que “consiste en que el hombre asuma y ejercite responsablemente su apertura sentiente a la realidad para que pueda realizarse y humanizarse”195. Es la apertura a la realidad la que exige un proceder ético, pues en virtud de esta es que da sus respuestas adoptando un comportamiento estrictamente humano, es decir, aquí radica una de las diferencias fundamentales entre el animal humano y el puro animal. “El hombre da respuestas optativas para poder seguir viviendo, y estas respuestas optativas hacen que adquiera, por apropiación y no por emergencia natural, unas determinadas características”196. A diferencia del puro animal, la realidad del ser humano le exige tener que apropiarse propiedades con las que configura su propia realidad, y es por esta exigencia por la que Ellacuría, siguiendo a Zubiri, habla del hombre como realidad moral.

“El animal de realidades al tener que abrirse a la realidad […], al tener que optar tendencialmente en un mundo de posibilidades […], se constituye formalmente en realidad moral”197, es así, sigue Ellacuría, que el hombre y la mujer no están bajo algo que se les impone, sino que están por encima de sus condicionamientos naturales, resultando en que

la posibilidad fundamental del hombre, que hace positivamente posibles todas las demás posibilidades, estriba en este “tener que” abrirse a la realidad. Esta forzada apertura a la realidad se constituye así en principio de posibilidad de la ética y en fundamento de toda ulterior determinación ética198.

La apertura a la realidad, según afirma Ellacuría, tiene una estructura precisa. Lo primero es que el ser humano está forzado a hacerse cargo de la realidad, pues, como se vio,

194 Ibid., p. 257.

195 Samour, Voluntad de liberación, op. cit., p. 115.

196 Ellacuría, “Fundamentación biológica de la ética”, en Escritos filosóficos III, op. cit., p. 255.

197 Ibid., p. 257.

198 Ídem.

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no responde estimúlicamente, sino que se enfrenta con las cosas como realidad. Si el estímulo se agotaba en la suscitación de una respuesta, en el caso del animal humano, por la apertura a la realidad, se detiene aquella primera respuesta y se abre la posibilidad de responder de diferentes maneras, por opción. El hacerse cargo de la realidad sería la función primaria de la inteligencia, y además en él queda evidenciado el carácter radicalmente ético de esta función199. Hacerse cargo de la realidad no es un mero registro de lo que está ocurriendo, sino “un enfrentarse realmente con la realidad y un situarse en el mundo de lo real para encontrar la respuesta adecuada. El hacerse cargo de la realidad apunta así a la insoslayable dimensión ética de la inteligencia”200.

En segundo lugar, está el cargar con la realidad. Al ser humano, por su condición de animal de realidades, se le impone el tener que cargar con su propia realidad y con la de las cosas, pero, dado que no responde a las cosas como estímulo, sino como realidad, es que tiene que cargar con lo que son realmente las cosas y con lo que realmente exigen201. Este cargar con la realidad “implica asumirla responsablemente; respecto de ella no cabe una actitud meramente contemplativa e interpretativa”202, al ser humano se le impone la carga de la realidad con la que tiene que hacer y tiene que hacerse, o, como afirma el autor, tiene que realizar y realizarse.

Por último, el hacerse cargo y el cargar con la realidad le llevan a tener que encargarse de la realidad que, como se dijo, es el gran encargo que se le da al hombre y a la mujer y cuya realización, la propia y la ajena, le compete al hacer humano. “El esencial carácter

199 Cfr. Ídem.

200 Cfr. Ídem.

201 Cfr. Samour, Voluntad de liberación, op.cit., p. 117.

202 Ellacuría, “Fundamentación biológica de la ética”, op. cit., p. 258.

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práxico de la vida humana se presenta éticamente como la necesidad de encargarse de que la realidad sea como debe ser, de que se haga con la realidad lo que se debe hacer”203, con lo que se abre la posibilidad a una praxis responsable para que la realidad sea lo que debe ser respecto del ser humano. Esta praxis responsable está más allá de la estimulidad cerrada y se alza hasta la realidad abierta en donde se da el ámbito de realización, que es justamente de lo que tienen que encargarse el hombre y la mujer. Para que la realidad llegue a ser lo que deber ser respecto del ser humano, éste tiene que encargarse positivamente de ella204.

Frente al énfasis que se hace en torno a la realidad, Ellacuría advierte que no se hace en menoscabo de la animalidad humana, que pertenece, como se vio, intrínsecamente a su estructura. La realización humana no puede negar nunca su animalidad o materialidad. Junto con ella se conserva también el dinamismo evolutivo que con la animalidad recibida ha llegado hasta él o ella, que en el fondo es un dinamismo de hominización que ha supuesto que tras la vitalización de la materia y la animalización de la vida se haya llegado hasta la inteligización del animal. Pero, de nuevo, este proceso no ha sido negando la animalidad, todo lo contrario, ha sido posible gracias al perfeccionamiento de las estructuras animales205. Del mismo modo, el paso siguiente, ese que hace de la hominización una humanización, tampoco puede negar la animalidad, antes bien “debe consistir en un proceso en el cual la animalidad potencie un ser más humano y este ser más humano dé a la animalidad su mejor expresión”206. Es este último paso el que Ellacuría encuentra como el problema de la ética, el paso en el que, como señala Samour207, no se anula el carácter estimúlico, sino que se

203 Ellacuría, “Curso de Ética”, op. cit., p. 261.

204 Cfr. Ellacuría, “Fundamentación biológica de la ética”, op. cit., p. 258.

205 Cfr. Ibid., p. 259.

206 Ídem.

207 Cfr. Samour, Voluntad de liberación, op. cit., p. 118.

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aprehende el estímulo como realidad y para ello entran en juego la inteligencia, el sentimiento y la voluntad. Es la apertura al carácter de realidad lo que le va a permitir al animal humano progresar hacia su humanización208.

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