Capítulo II. Capítulo II. Los conceptos fundamentales del proyecto filosófico ellacuriano que permiten dar cuenta de una ética particular permiten dar cuenta de una ética particular
2. La liberación en la filosofía ellacuriana
2.2 El ser humano como realidad personal y social
2.2.1 La realidad personal del animal de realidades
Para Zubiri, la realidad del ser humano, como la de cualquier otra cosa, está constituida por un sistema respectivo de notas que constituyen su realidad sustantiva, y esa misma realidad puede ser considerada no nada más desde el punto de vista de las notas que tiene, sino también desde lo que llama la forma de realidad, que es definida por las notas que tiene una realidad212. Así, afirma del ser humano que tiene una nota que es la inteligencia y es en virtud de ella que decimos que es persona, de lo que se sigue que la forma de realidad del ser humano es la de ser persona213. Persona es el carácter de la sustantividad humana, y solo secundariamente es el carácter de sus actos;
desde el punto de vista de sus actos […] el hombre es animal de realidades; intelige, decide libremente, es sui juris; y por esto tiene carácter personal. Pero desde el punto de vista de su sustantividad, el hombre es corporeidad anímica, y es por esto una realidad personal214.
Para aclarar en qué consiste la realidad personal, es necesario remitirse a lo dicho en párrafos anteriores sobre la estructura psico-orgánica del animal de realidades, así como a su apertura a la realidad. A partir de ello, se puede afirmar que el ser humano se comporta en función de su propio carácter de realidad, y es precisamente por su apertura a la realidad, es decir, por ser una esencia abierta, que el ser humano es formalmente “suyo”, a diferencia de las esencias cerradas que son “de suyo”215, por ejemplo, las cosas tienen “de suyo” las propiedades que corresponden a lo que son. El ser humano es una realidad que no es
212 Cfr. Xavier Zubiri, Tres dimensiones del ser humano: individual, social, histórica (Madrid: Alianza Editorial, 2006), pp. 4-5.
213 Ibid., p. 5.
214 Ellacuría cita a Zubiri en “El hombre, realidad personal”, texto contenido en Siete ensayos de antropología filosófica. Ver “Antropología de Xavier Zubiri”, op. cit., p. 137.
215 Cfr. Ellacuría, Filosofía de la realidad histórica, op. cit., p. 265.
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solamente “de suyo”, sino que además es “suya”216, ser “suyo” es el modo de realidad en el que las esencias abiertas se constituyen y actúan en vista de su propia realidad. “Y precisamente esta realidad constitutivamente autoposeída es la culminación del proceso evolutivo en la línea de una mayor independencia y control sobre el medio, en la línea de una superior sustantividad e individualidad”217. La realidad humana se posee a sí misma en tanto que realidad, lo que no tiene solamente un carácter operativo, sino constitutivo, y es esta autoposesión, este modo de ser suyo, lo que constituye la persona218. Desde su realidad personal, la realidad humana puede hacer posible una multiplicidad de figuras de realidad, lo que es exclusivo de las esencias abiertas, por eso se puede afirmar que el ser humano no es solamente un tipo de sustantividad distinto, sino que es distinta también su forma misma de realidad, definida por Zubiri como suidad, y que, como se vio, es la persona219.
Lo propio de ser persona, entonces, es que la realidad de cada cual es suya, frente a todas las demás realidades posibles en tanto que realidades, y que “por ser suya la persona humana, es suya en el sentido de que su realidad se está constituyendo para sí misma frente al resto de toda realidad en cuanto tal”220, por lo que Zubiri sostiene que es una realidad absoluta, si bien se trata de un absoluto relativo221, cuya expresión más radical es el Yo222. El Yo es el acto por el que una realidad personal se afirma a sí misma como tal frente a toda
216 Cfr. Zubiri, Tres dimensiones del ser humano, op. cit., p. 8.
217 Ellacuría, Filosofía de la realidad histórica, op. cit., p. 266.
218 Cfr. Ídem.
219 Cfr. Ídem.
220 Zubiri, Tres dimensiones del ser humano, op. cit., p. 8.
221 Al respecto, Ellacuría explica que por ser realidad “propia”, es decir, una sustantividad con independencia frente a toda realidad y con cierto control sobre ella, el hombre se halla situado en pertenencia propia frente a todo lo demás, y en esto consiste su ser absoluto. Pero se trata de una sustantividad constituida por
sustancialidades, por lo que su pertenencia es esencialmente relativa, de ahí la finitud de la persona humana.
Ver Ellacuría, “Antropología de Xavier Zubiri”, op. cit., pp. 144-145.
222 Cfr. Ellacuría, Filosofía de la realidad histórica, op. cit., p. 266.
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la realidad, pero el Yo no es la realidad, por eso nunca es lo primero, es porque el hombre y la mujer son ya reales por lo que pueden afirmarse a sí mismos en tanto que un Yo223.
El Yo, cuando se da, se funda en el carácter de persona, que compete a la realidad humana en razón de su formal autoposesión, que queda expresada en términos posesivos:
mi realidad doliente, mi realidad actuante, etc., y, más aún, en términos mediales: me duele, me alegra, etc., que expresan la vivencia primaria de la propia autoposesión […]
La realidad humana que, en virtud de su enfrentamiento consigo misma como realidad, se actualiza como suya, reactualiza esa suidad frente a todo lo demás y se constituye así en Yo224.
En el caso del animal humano, la realidad que es, como se vio, es una esencia abierta forzada a ir conformando su ser. La realidad de esta esencia abierta, su realidad sustantiva en cuanto se autoposee formalmente es lo que Zubiri llama personeidad, que no es simplemente que mis actos sean míos o que la acción entera de mi vida sea mía, “sino que esos actos y esa acción entera son mías porque soy mi propio mí, esto es, porque en virtud del carácter abierto de mi realidad, me autoposeo”225. La autoposesión, en el caso de la realidad personal humana, se actualiza transcurrentemente a través de acciones que tienen carácter personal, dado que son acciones de una realidad personal, y es a través de esas acciones como se actualiza formalmente la personalidad226. La personeidad es lo que se es, mientras que la personalidad se tiene; por eso la primera no se adquiere ni se pierde, pero la personalidad hay que hacerla viviendo227. La personeidad es un concepto constitutivo que hace referencia a la estructura de una realidad que es raíz de su posible personalidad; esta última, en cambio, es un concepto que se refiere a los aspectos vivenciales y a la figura concreta que el hombre o la mujer va
223 Cfr. Zubiri, Tres dimensiones del ser humano, op. cit., p. 9.
224 Ellacuría, Filosofía de la realidad histórica., op. cit., pp. 266-267.
225 Ídem.
226 Cfr. Ídem.
227 Cfr. Ellacuría, “Antropología de Xavier Zubiri”, op. cit., p. 146.
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adquiriendo en el transcurso de su vida y de la que va apropiándose en mayor o menor grado228. La personalidad se actualiza a través de acciones personales, mismas que tienen dos momentos, uno en el que se opta por una manera de ser como reafirmación propia frente a todo lo demás, y otro en el que lo optado configura la realidad propia; en el primero reafirmo mi propia realidad como propia, y en el segundo doy forma a mi realidad para que sea de un modo o de otro229. El momento primario es el primero, el de la apropiación y reafirmación de la propia realidad, en el que se funda la forma de realidad propia de la persona, es decir, la personeidad. Pero el ser se hace ya presente en esa forma de realidad que es suya frente al resto de la realidad, pues reactualiza o reafirma la suidad frente a todas las demás realidades.
La realidad personal, por tanto, solo se actualiza siendo230.
Por eso se puede afirmar que, en el caso de la realidad humana, no se trata de una realidad hecha de una vez y que no hiciera sino cambiar; se trata de la actividad de una realidad que se va haciendo como realidad y en este hacerse determina una figura de ser, que, por tanto, es dinámico, de ahí que “la figura que cada uno es va siendo distinta, pero es siempre la figura propia, la figura única de mi propia realidad”231. La personalidad no es la sucesión de distintas figuras de ser, sino la figura temporal, procesual y concreta de mi ser sustantivo, que se va constituyendo desde el ser-sido, en el que tiene más parte lo otro que uno mismo, hasta la fase propiamente personal, en la que tiene más parte la propia opción personal respecto de la propia figura y de los actos por los que se llega a ser lo que quiere ser232. Desde lo que ya es, el animal humano va siendo lo que va queriendo ser,
228 Cfr. Ibíd, p. 144.
229 Cfr. Ellacuría, Filosofía de la realidad histórica, op. cit., pp. 270-271.
230 Cfr. Ibid., p. 271.
231 Ídem.
232 Cfr. Ibid., p. 272.
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va pasando del «me» al «mí» y del «mí» al Yo; va pasando de la vivencia medial del
«me», en la cual la persona va como acompañando a lo que le ocurre, a través del «mí»
posesivo de lo que tiene y le ocurre hasta el Yo, que se reafirma como absolutamente propio frente al resto de lo real. Ser Yo, en efecto, es la máxima manifestación del «ser»
humano, pues es el modo máximo para determinar mi ser absolutamente, para afirmarme como absoluto frente al todo de la realidad233.
El Yo, esto es, la personalidad, está fundado en lo que es la realidad, es decir, en la personeidad, y el paso de esta última al Yo está mediado por la libertad humana, aquella que viene de la realidad que “de suyo” ha de hacerse cargo de la situación cuando se enfrenta con ella234. En la personalización de la personeidad, es decir, en la yoización de mi realidad, está en juego lo que va a ser de mí235, y frente a ello el ser humano es agente, es autor y es actor de su biografía personal, lo primero como ejecutor de la continuidad de su hacer, lo segundo como decididor de proyectos, y lo tercero como cumplidor del curso destinacional que le ha tocado vivir236. Y todo ello, afirma Ellacuría, en estructura tempórea:
Frente al tiempo como duración sucesiva (antes, ahora, después), el hombre es agente natural de sus acciones; frente al tiempo como futurición (pasado, presente, futuro), el hombre es autor biográfico; frente al tiempo como emplazamiento (comienzo, camino, fin), el hombre es actor personal. El hombre está tensado así de manera durante, esforzado en lo que va a ser de él y avocado (sic) al término de la muerte237.
Para realizarse a sí mismo, el ser humano se apoya en su facultad de hacer y en sus acciones reales, y entre una y otras interpone un proyecto que se enmarca en un sistema de posibilidades que no se realizan sino por opción. De entre las posibilidades, una, la elegida, va a ser realidad. En ello consiste el que el ser humano es una realidad suprastante en el doble
233 Ídem.
234 Cfr. Ibid., p. 273.
235 Cfr. Ibid., p. 274.
236 Cfr. Ídem.
237 Ídem.
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sentido de poder estar sobre sí y de ofrecerse a sí mismo posibilidades, mismas que no emergen naturalmente de él, sino que tiene que crearlas y apropiarse de ellas238.
Y se las apropia en función de lo que quiere hacer «realmente» de sí, de la figura de realidad ha ido eligiendo como propia más allá de cada una de las opciones particulares.
Esta determinación de lo que quiere ser y de lo que quiere hacer en razón de lo que quiere ser, cualesquiera sean los estímulos que acompañen este querer, es la libertad. Libertad que es, por lo tanto, libertad «de» la naturaleza, pero «en» y «desde» la naturaleza […]
y, sobre todo, libertad «para» ser lo que se quiere ser239.
La realidad humana se autodetermina apropiándose posibilidades de vida y de realización, y dado que está inmersa en situaciones a las que tiene que ofrecer respuesta para salir de ellas, es decir, dado que tiene que salir de las situaciones por decisión es por lo que la realidad humana es una realidad moral, esto es, “una realidad sustantiva a la cual compete físicamente tener propiedades por apropiación”240. El ser humano tiene que hacerse a sí mismo determinando físicamente lo que va a ser de él o ella por apropiación, en esto consiste el ser una realidad moral; el animal humano tiene que hacer propio lo que no le es dado naturalmente, y es precisamente por ello por lo que tiene que justificar la creación de unas posibilidades y no de otras, y tiene que justificar la actitud general frente a distintos sistemas de posibilidades, pues esa actitud condiciona la decisión moral fundamental de su vida, esto es, lo que va a ser de él o ella porque es lo que quiere ser241. Y es que el ser humano va construyendo su propia figura a partir de la realización de su propia realidad no dada, mediante la apropiación de su propia personalidad, que no se da de una vez por todas, sino que es una autoposesión transcurrente y problemática, pues el propio ser es una cuestión de
238 Cfr. Ibid., p. 275.
239 Ídem.
240 Ídem.
241 Cfr. Ibid., pp. 275-276.
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cada día, al punto de que, afirma Ellacuría, mi vida es constitutiva misión, envío de mi realidad a mi ser por la mediación de mis opciones242.
En resumen, la vida personal consiste en poseerse a sí mismo autodefiniéndose en una forma de estar en la realidad frente al todo de la realidad, esto es, la vida del animal humano está abierta a distintas formas de estar en la realidad, de entre las que tiene que optar, pues la opción es necesaria para seguir viviendo, y es en esto propiamente en lo que consiste una vida humana243. En la persona culmina el proceso evolutivo de la individualidad y la sustantividad, pero la individualidad humana es de una realidad social, y por tanto tiene una manera especial de constituirse como individuo y como ser social244. La persona está situada entre cosas y entre otras personas, y unas y otras intervienen en su situación, y si bien a las cosas las utiliza y las modifica según sus necesidades, las otras personas intervienen en su situación con la situación que ellas tienen; así, si el acto vital es un acto de autodefinición y autoposesión real y física, las demás personas, con su condición de autodefinición y autoposesión, intervendrán constitutivamente en mi vida, de lo que resulta que cada uno, por el solo hecho de hacer su propia vida, se encuentra con que su situación es creada por los demás, es una co-situación245 que afecta incluso “la índole misma de la manera en que una realidad humana otra está efectivamente en la mía […] De mi vida forma parte la vida de los demás, de suerte que en mí mismo están ya los demás, sin que yo sea los demás”246. La persona no está sola, hay otras personas, otros Yo, que se afectan unos a otros; el Yo, entonces, no solamente es absoluto frente a toda realidad posible, sino que de alguna manera
242 Cfr. Ibid., p. 276.
243 Cfr. Ibid., p. 389.
244 Cfr. Ibid., pp. 276-277.
245 Cfr. Ignacio Ellacuría, “El esquema general de la antropología zubiriana”, en Escritos filosóficos II, op.
cit., p. 329.
246 Ídem.
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es absoluto a su modo propio, frente a todas las demás personas, que también son absolutas al suyo247. Zubiri llama dimensión a la co-determinación entre personas248, que, como tal, es una realidad, pues en el caso de la realidad humana “cada individuo está vertido a los demás de su especie, de modo que, por esta versión, que le es intrínseca y constitutiva, los demás están constituyéndolo en alguna forma por una especie de referencia física en tanto que realidad”249, algo que es incluso anterior a cualquier acción o interacción. Para Zubiri, la co- determinación entre personas se funda en que el animal humano forma especie, es una realidad específica, y es precisamente por ello por lo que hay otras personas250. El problema de los otros y de lo social, Zubiri los aborda desde lo que tienen de biológico, pues la sociabilidad del animal humano, afirma Ellacuría, arranca desde su propia realidad251.
2.2.2 El carácter social de la realidad humana y el fundamento de la sociedad En este punto es necesario tener un concepto adecuado de la especie como realidad física, pues del carácter específico del animal humano dependerá la correcta comprensión de su dimensión social252. Una especie, hablo aquí de cualquier especie animal, no es nada más una multiplicidad de individuos, es más bien una multiplicidad que es resultado de una multiplicación genética253, por la que se producen otras sustantividades más o menos individuales. La especie, según Zubiri, tiene algunas características particulares: 1) su
247 Cfr. Zubiri, Tres dimensiones del ser humano, op. cit., p. 10.
248 Cfr. Ídem.
249 Ellacuría, Filosofía de la realidad histórica, op. cit., p. 280.
250 Cfr. Zubiri, Tres dimensiones del ser humano, op. cit., pp. 10-11.
251 Cfr. Ignacio Ellacuría, “La historicidad del hombre en Xavier Zubiri”, en Escritos filosóficos II, op. cit., p.
265.
252 Cfr. Ellacuría, Filosofía de la realidad histórica, op. cit., p. 147.
253 Cfr. Zubiri, Tres dimensiones del ser humano, op. cit., p. 11.
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carácter replicante, por el que un esquema constitutivo es comunicado; 2) su carácter pluralizante, es decir, se producen otros individuos, y 3) su carácter prospectivo, que consiste en que la pluralización tenga cierta viabilidad y que sea perdurable254. Si se dan estas tres condiciones, se constituye lo que Zubiri llama phylum, que debe concebirse
como una estricta realidad física sin que por ello la unidad física anule la realidad individual de las sustantividades, que lo constituyen. Y es que cada individuo emerge a la realidad desde y en un phylum determinado; aparentemente cada individuo surge sólo desde una determinada pareja, pero a través de ella no es solamente hijo de determinados progenitores, sino físicamente alguien perteneciente al phylum, participante de él y comunicable filéticamente dentro de él y sólo dentro de él255.
Un phylum es un esquema según el cual se va pluralizando y diversificando, de manera vital, prospectiva y continuada, un tipo esquemático de viviente; en esto consiste propiamente la especie256. La producción de un individuo se da en una unidad indisoluble entre individuo y especie; porque por especiación se producen nuevos individuos realmente individuales –hablando ahora de la especie humana–, pero esos individuos son realmente especiados; a la par se produce un individuo realmente individual y un individuo realmente específico; se trata, por tanto, de una producción específicamente individual257. Cuando se trata de la realidad humana, el esquema replicable lleva en sí un momento de realidad, por eso lo generado no es simplemente un viviente más, sino otra realidad personal, otra persona258.
254 Cfr. Ibid., pp. 12-14.
255 Ellacuría, Filosofía de la realidad histórica, op. cit., p. 149.
256 Cfr. Zubiri, Tres dimensiones del ser humano, op. cit., p. 14.
257 Cfr. Ellacuría, Filosofía de la realidad histórica, op. cit., p. 149.
258 Cfr. Zubiri, Tres dimensiones del ser humano, op. cit., pp. 14-15.
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La multiplicación, que es condición necesaria para que haya especie, toma una forma determinada en la generación259, en la que los generantes le dan al engendrado tanto su propia individualidad constitutiva, como los caracteres esquemáticos o filéticos; así, el phylum se interioriza al recibir, con la propia esencia constitutiva, unos caracteres filéticos con los que tendrá que conjugar su propia individualidad, pero que lo hacen común con los demás260. Común, más no idéntico, pues la generación es alteración, lo que se constituye no es “otro uno”, sino “un otro”; la unidad de la especie implica multiplicidad diferenciada y diversificada de los individuos, por eso en la unidad de la especie no se dan “varios unos”, sino “unos y otros”, precisamente por lo dicho con anterioridad, porque lo generado va siendo conformado no nada más por lo que recibe del generante, sino también por lo que recibe del medio y por su determinada situación respecto a otras realidades, con lo que se explican las diferencias entre individuos261. El fundamento de la comunidad está en que lo común es común por estar comunicado262; lo que hace comunes a los individuos de una especie es aquello que se comunica, el esquema constitutivo por el que el generante es lo que es a su manera propia y que permite que el generado lo sea a la suya, sin que por ello dejen de ser especie, pues “la realidad de la especie se funda en la realidad de un esquema constitutivo idéntico, poseído físicamente por cada uno de los pertenecientes a la misma especie”263, es decir, se pertenece a un phylum por posesión física de un esquema constitutivo que es replicable en diversos individuos264.
259 Cfr. Ellacuría, “La historicidad del hombre en Xavier Zubiri”, op. cit., p. 267.
260 Cfr. Ellacuría, Filosofía de la realidad histórica, op. cit., p. 149.
261 Cfr. Ibid., p. 150.
262 Cfr. Ellacuría, “La historicidad del hombre en Xavier Zubiri”, op. cit., p. 267.
263 Ellacuría, Filosofía de la realidad histórica, op. cit., p. 152.
264 Cfr. Ídem.