• No se han encontrado resultados

LAS CAJAS DE AHORROS EN ESCOCIA DURANTE EL SIGLO XIX

In document papeles - de economía española (página 117-130)

David ELLAMS (*)

University of Wales, Bangor School for Business & Regional Development

INTRODUCCIÓN

L

AS cajas de ahorros hicieron su aparición en Escocia en la primera década del siglo XIX. El motivo por el que se estableció este tipo de ins- tituciones financieras fue el interés filantrópico de la clase media, deseosa de ver disminuir el nivel de pobreza de la emergente clase asalariada. Parejo a este altruismo discurría un cierto grado de interés personal de carácter ilustrado; cualquier mecanismo que disminuyese el nivel de pobreza supuestamen- te también aliviaría el peso de la carga impositiva.

En este estudio se realiza una breve exposición sobre el crecimiento de las cajas de ahorros en Escocia a lo largo del siglo XIX, sus implicaciones sobre el aho- rro y los orígenes de los llamados Penny Banks.

El deseo de ahorrar cuenta con una larga histo- ria. Horne (1947) observa que los gremios de arte- sanos de la Edad Media constituían unos fondos de

caridad con los que hacer frente a las dificultades que pudieran acaecer a sus miembros. Estos gremios subsistieron hasta el siglo XVII, algunos de ellos hasta el XVIII. A éstos les sucedieron las mutualidades. Su finalidad era muy variada. La mayoría tenía como finalidad que sus miembros pudieran, a través de algún plan de seguro mutuo y autofinanciación, obtener alguna prestación en caso de enfermedad, accidente o muerte. Era habitual la existencia de sociedades funerarias, cuya finalidad era hacer posi- ble que cuando una persona necesitada fallecía, las personas a su cargo pudieran darle sepultura de una forma digna. Por otro lado, se constituían socieda- des locales de depósito en previsión de los «días gri- ses», llamadas goose clubs(1) y slate clubs(2) de diversa índole, cuyo objetivo era el ahorro de cara a una ocasión especial. Es evidente que durante la Revolución Industrial se reprodujeron muchos planes de fomento del ahorro en la emergente clase asala- riada. Pero ¿es el «ahorro por si viene un mal mo- mento» un uso lógico del dinero? O Grada (2001: 1)

93

Resumen

Las cajas de ahorros constituían parte del entramado de organiza- ciones filantrópicas pertenecientes a la clase media escocesa del siglo XIX. Representaban la decisión individualista y voluntaria de ahorrar, en contraposición a otras instituciones mutualistas, como, por ejemplo, las mutualidades y sociedades laborales, que también proliferaban en este período. Los ahorradores de la clase trabajadora, que eran el objetivo, dominaban la actividad de las cajas de ahorros en Escocia. Esta situación contrastaba con la de otras partes del Reino Unido, en que estas insti- tuciones terminaban beneficiando a los grupos de renta media-baja y media. Al facilitar a los trabajadores un mejor acceso a sus ahorros, pre- sentaban el ahorro y el gasto como virtudes complementarias, actitudes ambas que estaban destinadas de forma conjunta a impulsar el desa- rrollo económico a lo largo del siglo XIX. El origen del movimiento de las cajas de ahorros guarda una clara relación con el deseo de fomentar el ahorro y proveer a las comunidades locales de los servicios que tradi- cionalmente les había negado el sector bancario. A raíz del éxito de este movimiento, fue cuando empezaron a competir eficazmente con los ban- cos por la consecución de los fondos de ahorro de los grupos de renta más baja, constituyéndose así en una fuerza de gran peso dentro del sis- tema financiero de Escocia y el Reino Unido a finales del siglo XIX.

Palabras clave: cajas de ahorros, mutualidades, sociedades labora- les, ahorro trabajadores, desarrollo económico.

Abstract

Savings banks were part of a network of middle class run phi- lanthropic organisations that existed in Scotland during the 19thcen- tury. They represented a voluntary and individualist decision to save, in contrast to other mutual institutions such as friendly and industrial socie- ties that also proliferated in this period. Working class savers, the inten- ded target, dominated the savings bank movement in Scotland. This contrasted with other parts of the UK where savings banks ended up benefiting lower-middle and middle income groups. By making it easier for workers to gain access to their savings, they presented saving and spending as complementary virtues, which in tandem aimed to fuel eco- nomic development during the 19thcentury. The origins of the savings bank movement were clearly related to the desire to encourage savings and provide services to local communities that had been traditionally neglected by the commercial banking sector. Due to the success of the savings bank movement they gradually began to compete effectively with joint-stock banks in the collection of savings from lower income groups and emerged as a major force in the Scottish and UK financial system by the end of the 19thcentury.

Key words: savings banks, friendly societies, industrial societies, workers saving, economic development.

JEL classification: G21, N23.

indica que puede tener sentido para un comercian- te o un agricultor, pero no así para un peón o un cria- do. El ahorro no es una facultad intuitiva de la mente, es algo que tiene que ser aprendido, como leer y escribir.

Las organizaciones de las que se ha hablado beneficiaban al hombre trabajador. En 1798, Priscilla Wakefield fundó una mutualidad en provecho de las mujeres y los niños de Tottenham High Cross. En principio, la sociedad se constituyó para ofrecer ren- tas anuales y pagas semanales en caso de enfer- medad, y para hacer frente a gastos de entierro.

Posteriormente, se incorporaron a ella un fondo de depósitos y un banco de ahorro. También fundó el primer Penny Bankpara niños. En este banco se invi- taba a los jóvenes de menos de 20 años, «tuviesen una relación directa o no con los miembros del Club, a llevar sus pequeños ahorros a las (reuniones) men- suales del Club» (Horne, 1947: 25). La corriente de Penny Bankfloreció también en Escocia, un poco más tarde.

En su prestigioso y nada halagüeño libro An Essay on the Principle of Population as it affects the Future Improvement of Society(1798), Malthus arrojaba algo de luz en contra del miedo a la constante de pobreza en la clase trabajadora con los «bancos comarcales». En estas instituciones, los jóvenes tra- bajadores podían acumular un cierto capital y duran- te este tiempo postergar su matrimonio. En sus escri- tos de la segunda década del siglo XIX, Malthus, a la vez que se seguía manteniendo en esta tesis bási- ca de contención moral, argüía que «el deseo de gas- tar el dinero en artículos de moda o de salud perso- nal podría contemplarse como un comportamiento virtuoso en tanto inspira al hombre a retrasar el matri- monio» (Alborn, 2002: 4).

La clase media acogía con agrado estos argu- mentos, que los propietarios de las fábricas utiliza- ban para justificar el exceso de horas de duro traba- jo que obligaban a sus empleados a cumplir. Un caso extremo de la forma en que la clase media contem- plaba a la clase trabajadora fue la crisis de los mine- ros escoceses. Éstos eran verdaderamente unos escla- vos ligados de por vida a las minas que tenían que trabajar, y junto a las que eran vendidos, hasta que el Parlamento les concedió la libertad a finales del siglo XVIII (Hill, 1970).

En el clima de autoayuda que pervivió a lo largo de todo el siglo XIX, se produjo un cierto debate acer- ca de quién concibió la idea de caja de ahorros por vez primera. Hamilton (1902: 155-156) sugirió que

la primera persona fue Hughes Delestre, que en 1610 estableció que el trabajador podría depositar sus aho- rros y retirarlos en su totalidad o en parte, según fuese necesario, obteniendo un interés por el tiem- po que hubieran estado en depósito. Horne (1947) sugiere que Daniel Defoe aparece en varias ocasio- nes como el verdadero creador en el Reino Unido de la idea de las cajas de ahorros. En su Essay on Projects (1697), lanzó la teoría de la oficina de pensiones, en la que los trabajadores pagarían una tarifa de admi- sión de una moneda de seis peniques de los anti- guos (2,5 peniques actuales) y un chelín (5 peniques actuales) de suscripción al trimestre, cuyos intereses constituirían un fondo de protección contra la pobre- za. Pero el «padre de las cajas de ahorros» parece ser, sin duda alguna, el clérigo de Dumfries reveren- do Henry Duncan (que trabajaba en el Heywood’s Bank, de Liverpool, antes de hacerse clérigo), que fundó una caja de ahorros para sus parroquianos en Ruthwell, en el año 1810. Esta Caja, y el estableci- miento de otras cajas de ahorros en Escocia a lo largo del siglo XIX, es el tema de discusión del siguiente apartado.

ORIGEN DE LAS CAJAS DE AHORROS

A pesar de que aparecieron muy pocas cajas de ahorros en Gran Bretaña antes de 1800, la teoría generalmente aceptada sitúa el inicio del movimiento de las cajas de ahorros en 1810, en la localidad de Ruthwell, Dumfries. Se reconoce a su pastor, el reve- rendo Henry Duncan, como «el padre de las cajas de ahorros», aunque este tema está abierto a debate.

Como Horne señala:

La caja de ahorros de Ruthwell no fue exactamente la pri- mera de Escocia. Tres años antes se había fundado una pequeña entidad de ahorro en West Calder, Midlothian.

El pastor de la parroquia, el reverendo John Muckersy, que desde principios de siglo había estado actuando como una especie de banquero y asesor particular de un grupo de gentilhombres que recibían su educación dentro del ámbito familiar, decidió abrir el West Calder Friendly Bank en 1807 (Horne, 1947: 39-40).

La Caja de Muckersy abría sus puertas una vez al trimestre para recibir las suscripciones de los depo- sitantes. La suscripción mínima era de media coro- na —12,5 peniques actuales (en adelante, p)—; los depositantes recibían el pago de un interés de un penique (0,5 p) semestralmente por cada 5 (25 p) que depositaban. Los suscriptores regulares recibían además una prima anual si los fondos lo permitían.

El dinero depositado se invertía en dos bancos de Edimburgo, que pagaban un 4 por 100 compuesto

LAS CAJAS DE AHORROS EN ESCOCIA DURANTE EL SIGLO XIX

cada seis meses. Transcurridos 10 años, esta caja con- taba con 35 depositantes y alrededor de 400 libras en cuentas de ahorro.

En cualquier caso, Muckersy estaba de acuerdo con los que apoyaban a la Caja de Duncan como antecedente de este tipo de instituciones, «puesto que tiene más importancia el alcance del esfuerzo que la prioridad de la fecha» (Horne, 1947: 40). Pero

¿cuál fue el desencadenante del movimiento de las cajas de ahorros? En la época victoriana, se confia- ba plenamente en la importancia de la autoayuda en relación con, por ejemplo, la obligación de toda persona de protegerse a sí mismo y a las personas que dependen de ella contra el infortunio y la vejez.

Esto no entrañaba ninguna dificultad para la prós- pera clase media, pero para el trabajador medio era una tarea desesperadamente difícil.

En Gran Bretaña operaba un sistema de presta- ciones sociales para los pobres en los años anterio- res a la época victoriana. También en Escocia existía un sistema de auxilio voluntario para los pobres en casi toda la región a finales del siglo XVIII. La sesión Kirk (3) y sus herederos tenían como misión la aten- ción a los más necesitados. A principios del siglo XIX, este sistema voluntario fue quedando muy limitado, y en el año 1843 se desmoronó con el resquebraja- miento de la iglesia escocesa.

En sus mejores momentos, el salario de los tra- bajadores escoceses rara vez excedía los 8 peniques (40 p) o quizás 9 (45 p) a la semana. En los malos momentos tenían que confiar en la generosidad de algún familiar o en los recursos de las limosnas que recogía la Iglesia, «que en Ruthwell rara vez exce- dían de 25 libras al año» (Horne, 1947: 41). Ante este panorama, se alzaron voces reclamando un sis- tema legal de auxilio a los necesitados basado en el impuesto a la pobreza, que se recaudó en las parro- quias de Inglaterra durante muchos años (Trevelyan, 1944; Hill, 1970). No es de extrañar que fuese nece- sario establecer un cierto sistema de ahorro para corregir este problema.

Duncan se opuso a la idea porque pensaba que acabaría con la independencia del pueblo escocés.

Disminuiría el estímulo de trabajar y perjudicaría a la vida familiar. La solución a la pobreza tenía que ser, según sus argumentos, el trabajo y el ahorro. El pro- blema estribaba en el lugar en que los trabajadores tenían que depositar sus ahorros. Existían las mutua- lidades (que venían formando parte de la vida labo- ral británica desde finales del siglo XVIII), pero éstas tenían fama de despilfarradoras y estrechas de miras.

Para paliar estas deficiencias, se creó la Caja de Ahorros de Ruthwell en mayo de 1810.

Su constitución y administración eran compli- cadas. Tenía que ser así para mantener los privile- gios que otorgaba a otras sociedades de inversión la Ley de Mutualidades de 1793. Se desarrollaron leyes estrictas para el depósito y la retirada de fon- dos (véase Horne, 1947: 43-46 para ampliar infor- mación).

En 1814 se fundó la Caja de Ahorros de Edim- burgo. Su estructura era más sencilla. La entidad no se interesaba por la moralidad de sus depositantes, y tampoco imponía restricciones a la retirada de fon- dos ni multas al ahorro irregular. El banco asumía que la decisión de retirar fondos (aunque fuese al servicio del gasto, ya fuera en alquiler o en la com- pra de prendas de vestir) indicaba una virtuosa varie- dad de reflexión previa. Glasgow Savings Bank, cons- tituido en el año 1836, siguió una línea parecida.

Durante un tiempo, las cajas de ahorros esco- cesas utilizaron el modelo Ruthwell o el modelo Edimburgo, sobre los que plantearon su constitu- ción. El modelo Ruthwell sacaba partido del trato personal de la sociedad pueblerina, si bien la Revolución Industrial se dio cuenta de que el incre- mento de la urbanización y la viabilidad de las cajas de ahorros requerían la existencia de capitales y ciu- dades, no de pequeñas localidades. Prevalecieron éstas últimas. No obstante, el modelo Ruthwell (depósito mínimo modesto, relativa facilidad de extracción y buenos intereses) siguió perviviendo.

El concepto de cajas de ahorros se extendió rápi- damente en Escocia y al resto de Gran Bretaña.

Ricardo y Malthus llegaron a ser directivos de distin- tas entidades de ahorro londinenses. Ricardo fue res- ponsable, en parte, de fundar una caja de ahorros al lado de su casa, en Gatcombe Park, en el año 1817. Se consideraban a sí mismos filántropos ilus- trados. Se dice que Ricardo afirmó que «el rico no posee objetos personales a la vista, a excepción del interés que todo hombre ha de tener en un buen gobierno y la prosperidad en general» (cita que apa- rece en O Grada 2001: 2). A pesar de ello, el entu- siasmo de Ricardo por las cajas de ahorros se fue enfriando. Prefería que se bloqueasen los depósitos en forma de inversión fija, y el tipo de interés, que por entonces se situaba por encima del 4 por 100, descendió.

A finales del año 1815, Escocia gozaba de una buena red de cajas de ahorros. En Inglaterra el movi-

DAVID ELLAMS

PAPELES DE ECONOMÍA ESPAÑOLA, N.° 97, 2003. ISSN: 0210-9107. «LOS ORÍGENES DE LAS CAJAS DE AHORROS»

95

miento se vio obstaculizado por dificultades relati- vas a la inversión, que se resolvieron a través de la promulgación de la Ley de Cajas de Ahorros de 1817.

El parlamentario que llevó esta ley al Parlamento fue George Rose, también responsable de conseguir la aprobación de la primera Ley de Mutualidades de 1793. Rose, a quien se considera el fundador del movimiento de las cajas de ahorros administradas en fideicomiso, creía que la difusión de éstas acabaría con el sistema basado en legislar sobre la pobreza, lo que alarmó a ciertos sectores, que vieron peligrar su derecho a la percepción de ayudas. La Ley incluía una cláusula en la que se protegía a los ahorradores de esta contingencia.

Pero ¿cuál fue la causa del éxito de las cajas de ahorros en Escocia? Ross, citando un estudio de Moss y Slaven, indica que una de las razones era el desa- grado que los artesanos escoceses sentían ante la actitud de los bancos hacia el pequeño ahorrador.

La banca no deseaba estimular a la clase trabajado- ra a que utilizase sus servicios. Además, las cajas de ahorros, como instituciones, «estaban relativamen- te libres de los complejos motivos que vinculan a las sociedades industriales con el movimiento coopera- tivo» (Ross, 2000: 5).

PROBLEMAS EN TORNO A LAS CAJAS DE AHORROS

A medida que este movimiento iba avanzando, fue surgiendo el problema de qué hacer con los fon- dos recogidos. En Escocia, los administradores lega- les resolvieron la situación depositando estos fon- dos en los bancos, que pagaban intereses por ellos.

En Inglaterra, estos bancos no abonaban ningún interés sobre los depósitos. La solución propuesta fue que las cajas de ahorros tenían que ingresar en el Banco de Inglaterra, en la cuenta de los comisa- rios de la Deuda Nacional, el importe de los fondos que se depositasen en ellas. Esta medida iba enca- minada a fortalecer la confianza. Su autorización ofrecía un paraguas financiero a las cajas de aho- rros, que se vio dañado por los altos tipos de inte- rés que siguieron a la guerra napoleónica, el gobier- no accedió a pagar el 4,55 por 100, lo que permitía a las cajas de ahorro abonar el 4 por 100 a sus depo- sitantes. La ley limitaba al mismo tiempo las inver- siones de los ahorradores a 100 dólares al año, y exi- mía de timbrado a las transacciones bancarias.

También impedía que los miembros del Consejo de Administración obtuviesen intereses financieros de la entidad. En Irlanda se desarrolló una legislación similar.

Ante esta protección por parte del gobierno, sur- gieron tres interrogantes:

1) ¿Hasta qué punto debería seguir el gobierno apoyando la actividad de las cajas de ahorros? En Escocia había 182 a finales de 1818.

2) ¿Cómo restringir los beneficios de las cajas de ahorros a los segmentos de la población para los que fueron creadas?

3) ¿Quién se responsabilizaba de la seguridad de los fondos depositados en las cajas de ahorros, el gobierno o los administradores? La Ley de Cajas de Ahorros del año 1844 eximía de toda responsabili- dad a los administradores, sin ofrecer ninguna segu- ridad alternativa a los fondos que no llegasen a los comisarios de la Deuda Nacional.

Mediante un proceso evolutivo se resolvieron estas cuestiones.

El elevado tipo de interés contribuyó a la tem- prana proliferación de las cajas de ahorros por toda Gran Bretaña. Pero el vertiginoso ritmo de crecimiento puso también de manifiesto debilida- des en la administración que condujeron a una serie de escándalos en Inglaterra e Irlanda duran- te el período de 1840 a 1850. En Escocia no se registró ninguna alteración. Estos escándalos tuvie- ron como consecuencia la fundación de la Caja Postal de Ahorros (POSB) en 1861, que trajo con- sigo el cierre de 30 cajas de ahorros en Gran Bretaña, y la aprobación de la Ley de Cajas de Ahorros en 1863. Esta ley identificaba los pode- res y responsabilidades de los administradores, haciéndoles responsables del cumplimiento de las leyes sobre auditoría y garantizando la transfe- rencia de todos los depósitos a los comisarios de Deuda Nacional. Un buen número de cajas de aho- rros escocesas, dirigidas por administradores hono- rarios, pero reconocidas por la Ley de Cajas de Ahorros de 1819, carecía de una conexión direc- ta con los comisarios.

En esta época (1863), el gobierno era favorable a pagar a las cajas de ahorros el 3,25 por 100, y per- mitía que los bancos pagasen a sus depositantes el 3 por 100, mientras que el propio gobierno pagaba un 2,5 por 100 a la POSB. Luego siguió un período durante el que quebraron varias cajas de ahorros. La mayoría eran muy pequeñas: activos por debajo de 10.000 libras esterlinas. Pero una de ellas, la Caja de Ahorros de Birmingham, era la octava más impor- tante del país.

LAS CAJAS DE AHORROS EN ESCOCIA DURANTE EL SIGLO XIX

In document papeles - de economía española (página 117-130)