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LOS ORÍGENES DEL SISTEMA (1839-1875)

In document papeles - de economía española (página 197-200)

Ángel Pascual MARTÍNEZ SOTO

Universidad de Murcia

I. INTRODUCCIÓN

L

A investigación sobre el papel que las cajas de ahorros han desempeñado en los sistemas fi- nancieros (su gestación y desarrollo, la puesta en marcha de tecnologías financieras adaptadas al tipo de clientela que utilizaba sus servicios, la evolución de sus formas de organización y gestión corporativa y otros temas sobre su evolución histó- rica) ha tomado un renovado impulso en los últimos años en el contexto europeo. A ello han contribui- do encuentros científicos, como el IV Colloque Européen d’Histoire des Caisses d’Épargnecelebra- do en Estrasburgo en el año 1994 (1), o el más reciente organizado en el 2001 por el Centre for Business History in Scotland, titulado Savings Banks as Financial Institutions: Role, Performance and Impact,que reunió a un nutrido grupo de investi- gadores europeos y norteamericanos que analiza- ron el desarrollo de las cajas de ahorros en el largo plazo.

En nuestro país, los trabajos de un reducido grupo de historiadores de la economía, como Tortella (1974); Nadal y Sudriá (1983), Titos (1978, 1989, 1991, 1993, y 1997) y Martínez Soto (2001), han rescatado del olvido a estas instituciones, sustrayén- dolas al mismo tiempo del tipo de tratamiento que

habían realizado estudios casuísticos anteriores en la línea de una amable bussines history.

El desarrollo y la importancia que fueron adqui- riendo las cajas a lo largo del siglo XIX, tanto desde el punto de vista de la beneficencia como desde su integración en el sistema financiero, justifica la inves- tigación sobre ellas, con la finalidad de mejorar nues- tro conocimiento sobre el papel que desempeñaron en la economía de la época. Desde la fundación de la primera entidad en 1838, sus fines filantrópicos se convirtieron en su seña de identidad más desta- cada. Este rasgo se concretó en una doble dirección:

una actuación pedagógica, plasmada en la difusión de hábitos previsores entre las clases populares urba- nas, y una actuación económica, a través de la colo- cación de sus excedentes financieros en el sosteni- miento de obras sociales.

El objetivo de este trabajo es analizar la evolución económica de estas entidades durante su etapa ini- cial (1839-1875), detallando los aspectos relaciona- dos con su función financiera, especializada en lo que Revell (1989: 36-45) denominó «estrategia de banca al por menor». Para ello, se estudiará el pro- ceso de captación de depósitos y sus características, tratando de ligar su evolución con otros fenómenos económicos de carácter general. Otro aspecto que

Resumen

En este trabajo se aborda el proceso de creación y desarrollo de las cajas de ahorros y montes de piedad a lo largo del siglo XIX, coincidiendo con los cambios que implicó la implantación de las normativas e insti- tuciones del liberalismo económico en nuestro país. Para ello, se estu- dia la doble función benéfico-financiera que cumplieron a través de la captación de depósitos de ahorro provenientes, sobre todo, de las capas populares urbanas y de la pequeña burguesía, para transmitirlos en forma de préstamos de diversa consideración y pequeño volumen a las clases populares a través de los montes de piedad, y de alcance mucho mayor a industriales y comerciantes. También se trata de evaluar el peso real de las operaciones de este tipo de entidades dentro del sistema financiero español del siglo XIX.

Palabras clave: cajas de ahorros, montes de piedad, creación y desa- rrollo, ahorro de las cajas populares urbanas, pequeños préstamos, función benéfica.

Abstract

It is tackled in the work process of creation and development of the saving banks and tawnshops through the 19thcentury, coinciding with the changes that implied the introduction of the regulations and the institutions of the economic liberalism in our country. Due to the fact it is studied the double function charitable-financial which fulfilled because of gaining control over the savings-deposit coming from, above all, the lower urban levels and the small middle class, in order to transmit them loan by means of loans of diverse importance, and small turnover to the lower class through the twanshops and forreaching to manufacturers and traders. It is also dealt with the evaluation of the real balance of the transactions in this type of entities into Spanish financial system of the 19thcentury.

Key words: savings banks, tawnshops, creation and development, saving from lower urban levels, small loans, charitable function.

Key classification: G21, N23.

se abordará será la identificación de la clientela a tra- vés de la determinación de su perfil socioprofesional y de género. Para calibrar la importancia de los capi- tales captados por las cajas, se compara a éstos con los del resto del sistema financiero con el fin de medir su peso dentro de él. Una visión más amplia de estas entidades en el contexto europeo se trata específi- camente mediante la comparación de los resultados españoles con los de países como Francia, Gran Bretaña, Dinamarca e Italia, lo que nos da una idea del alcance de su labor financiera.

Por último, se analiza el funcionamiento del bino- mio cajas-montes de piedad en su labor crediticia, las tipologías de las operaciones y su valor, así como las alternativas al funcionamiento de los montes en el caso de algunas cajas.

II. EL PROCESO INICIAL DE FUNDACIONES:

BENEFICENCIA Y CONTROL SOCIAL 1. El origen de las cajas: el contexto

de las fundaciones

El período que analizamos aquí, 1839-1875, es la etapa inicial del sistema, marcada por el Real Decreto de 29 de junio de 1853 emitido por el gobierno conservador del general Francisco Lersundi, que fue la primera norma reguladora con carácter global de las cajas. A mediados de siglo, las opera- ciones voluntarias de depósitos en el Banco de San Fernando tenían un carácter gratuito, incluso en fechas anteriores a 1833 este tipo de operaciones suponían un cierto interés negativo para los impo- nentes. Los bancos de Barcelona y de Cádiz, que con el anterior formaban el exiguo sistema financiero español previo a la legislación progresista de 1856, operaban en el mismo sentido. Hasta 1839, en que se funda la Caja de Ahorros de Madrid, se carecía de instituciones apropiadas para captar el pequeño ahorro disponible y para su fomento entre las clases populares.

En España se comienza a mostrar interés por la fundación de este tipo de instituciones a finales de la década de 1830, siguiendo, con retraso, la corrien- te europea de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Es evidente que su introducción en nuestro país guarda relación con los contactos de los liberales exi- liados con los círculos utilitaristas ingleses en los años anteriores y posteriores al Trienio Liberal. Con el regreso de los emigrados, la influencia de las doc- trinas de J. Bentham cobrará cuerpo en el plano de la política, así como de las reformas legales, peda-

gógicas, sociales y médico-sociales (2). Será duran- te el gobierno moderado de Martínez de la Rosa (Real Orden de 3 de abril de 1835) cuando se im- pulse la propagación de las ideas para fundar este tipo de instituciones típicamente benthamistas. Tras el barniz de la filantropía y la caridad cristiana con que se muestran los proyectos iniciales (3), encon- tramos discursos que las fundamentan como insti- tuciones de control social y de prevención de con- flictos (4). En este proyecto inicial se muestra una intencionalidad intervencionista del gobierno, con- sistente en la utilización por el Estado del ahorro popular para la financiación pública (según el mode- lo francés) y la adjudicación de una función tutelar y promotora por parte de los poderes públicos res- pecto a ellas.

El resultado de las gestiones ante el gobierno de un grupo de liberales, agrupados en torno a la Sociedad Económica Matritense (Marqués de Pontejos, Mesoneros Romanos, J. Vizcaíno, Quevedo San Cristóbal, etc.), dará como fruto el Real Decreto de 25 de Octubre de 1838 (Gacetade 31 de octu- bre) por el que se ordenaba la creación de la Caja de Ahorros de Madrid, y la Real Orden de 17 de julio de 1839, que aprobaba su reglamento de funciona- miento. Esta última disposición fijaba como residen- cia de la entidad el edificio del Monte de Piedad de Madrid y que los capitales que ingresasen en la caja se colocarían en operaciones de crédito de éste.

En esta norma también se insistía a las autorida- des provinciales sobre la necesidad de fomentar la creación de organismos ligados a los montes de pie- dad. Es de destacar la importancia que se daba a la vinculación cajas-montes, ya que suponía que el nuevo orden liberal-burgués reconocía el servicio que podían prestar todavía estas viejas instituciones, ale- jándolas de sus fines caritativos y dándoles un enfo- que de beneficencia, con el fin de tener una herra- mienta útil para garantizar la subsistencia de las clases populares urbanas y tratar de evitar conflictos socia- les debidos al pauperismo. Estas disposiciones ini- ciales propiciaron la fundación de las primeras cajas:

Granada (1839), Sagunto (1841), Sevilla, Santander, La Coruña y Valencia (1842), Barcelona (1844), Burgos y Cádiz (1845) y Vitoria (1850).

La precaria situación de la economía española de mediados del siglo XIX, y más particularmente de su sector financiero, condicionó el desarrollo de las enti- dades debido a una serie de elementos como la estre- chez de la oferta crediticia, la escasa relevancia del ahorro doméstico, la dirección del ahorro generado en el sector agropecuario hacia la inversión en la

ÁNGEL PASCUAL MARTÍNEZ SOTO

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PAPELES DE ECONOMÍA ESPAÑOLA, N.° 97, 2003. ISSN: 0210-9107. «LOS ORÍGENES DE LAS CAJAS DE AHORROS»

adquisición de nuevas propiedades y en deuda públi- ca, e incluso hacia su atesoramiento en especie. Esta situación es atribuible, en parte, a la falta de incen- tivos que se desprendía de la Ley de Sociedades Anónimas de 28 de enero de 1848, la cual no faci- litaba la creación de este tipo de sociedades. En este contexto, la escasez de oferta produjo un encareci- miento del precio del dinero, disparándose las tasas de interés (5) y manteniéndose la primacía de los mercados informales de crédito.

La principal dificultad que tuvieron las primeras cajas estribaba en encontrar la manera de inspirar la confianza, que debe ofrecer toda entidad financie- ra respecto de los capitales en ella depositados.

Problema que resolvieron mediante un sistema de accionistas. Una segunda preocupación consistía en hallar una colocación rentable y segura donde inver- tir esos capitales. Para solventar este escollo, las auto- ridades optaron por vincular las cajas a los montes de piedad. En algunos casos, la fundación de estas nuevas instituciones se realizó en función de aumen- tar los deficientes recursos de un monte de piedad existente con anterioridad; en otros casos, éstos se convirtieron en el medio de inversión de los fondos depositados en las cajas.

En Inglaterra y Francia, la inversión de los fondos de estas entidades se resolvió, en un principio, mediante la suscripción de deuda pública (6). En el caso español, la situación de la deuda pública en el momento en que se comenzaron a fundar las pri- meras instituciones no permitía considerar esta opción como viable (7). Cuando la reforma france- sa, posterior al desastre de 1848, estableció el ingre- so de los fondos de las cajas en el Tesoro, siguiendo el ejemplo inglés (Moss y Slaven, 1992), en nuestro país se trató de seguir ese camino, pero los conti- nuos desajustes financieros de aquél entrañaban demasiada inseguridad como para ser considerado un ámbito preferente de inversión de los fondos de las entidades. Sólo quedaban dos opciones viables y seguras para su colocación: los préstamos a comer- ciantes, como hicieron las cajas de Barcelona y Sabadell, o bien conectar las operaciones activas de estas instituciones con los montes de piedad. Este último sistema será el que terminará por adoptarse, debido a la acción legislativa antes mencionada (8).

Este modelo era visto como positivo por los pro- motores y gestores de las cajas, ya que implicaba seguridad. También era del agrado de la Hacienda española, dado que alejaba cualquier posible riesgo para el Tesoro de haberse optado por el sistema fran- cés. La asociación cajas-montes suponía, no obstante,

un claro freno a la expansión de las primeras y a su propia dimensión particular. La clave residía en el lími- te máximo a las imposiciones; en el caso de Francia, el límite lo fijaba el Tesoro para controlar el riesgo que debería asumir. En nuestro caso, su fijación esta- ba condicionada por el temor a desbordar la capa- cidad drenadora de fondos de las cajas por los mon- tes. Cuando se establecieron los valores máximos de las imposiciones (en función de las posibilidades de inversión de los montes), se mostró la ineficacia de este sistema de colaboración interinstitucional como medio de invertir los capitales, ya que éstos fueron incapaces de absorber el crecimiento de los capita- les depositados en las nuevas instituciones, lo que explica lo enteco de su nivel de desarrollo a media- dos de siglo (9).

El resultado en términos de fundaciones (ver cua- dro n.º 1) fue bastante exiguo.

2. El primer intento de organización del sector:

el Real Decreto de 1853 y sus efectos

En este contexto de indefinición, se produjo una nueva intervención del gobierno sobre las cajas a tra- vés del Real Decreto de 29 de junio de 1853, que fue la primera norma que intentó regularlas de mane- ra sistemática desde una perspectiva uniformadora.

Este decreto era una pieza más de la estrategia de Bravo Murillo para crear la Caja de Depósitos y Consignaciones siguiendo el modelo francés, con la finalidad de recoger los fondos depositados en las cajas para invertirlos en la financiación de la deuda pública a largo plazo, la cual se había convertido en una carga excesiva para el Banco de San Fernando.

El panorama del sector antes del decreto (Gon- zalo, 1981) presentaba los siguientes rasgos gene- rales:

— Inexistencia de una regulación adecuada o, más concretamente, de una norma o cuerpo de nor- mas ordenadoras.

— Independencia de las cajas respecto al sector público de la economía, no pudiendo colocar sus fondos en pasivos del Estado o del Tesoro debido a la mala situación del crédito público, que los con- vertía en una mala opción para inmovilizar sus recur- sos en los mencionados efectos.

— Vinculación exclusiva de la mayor parte de las cajas con los montes, no estándoles permitido reali- zar operaciones de activo más que con ellos.

LAS CAJAS DE AHORROS ESPAÑOLAS EN EL SIGLO XIX

In document papeles - de economía española (página 197-200)