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La creación de las Cajas de Ahorros

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PEQUEÑA HISTORIA DE UN DESCUBRIMIENTO

16. La creación de las Cajas de Ahorros

el «Programa Medrano»

La creación de las Cajas de Ahorros constituye, a nuestro entender, la aportación más valiosa de Medrano a la economía española. Ni él mismo pudo seguramente imaginar que la Real Orden de 3 de abril de 1835 fuese a tener la honda trascendencia que ha tenido en España, al poner en marcha un pro- ceso que ha influido de forma tan profunda en la economía de nuestro país. Esa Real Orden dio ori- gen a la aparición de las Cajas de Ahorros, entida- des que, después de una azarosa evolución a lo largo de casi dos siglos de existencia, representan hoy casi la mitad del sistema financiero español. Además y sin lugar a dudas, las Cajas de Ahorros han sido deci- sivas para el desarrollo de la economía española.

Por ello, se tratará de describir y analizar en deta- lle el proceso que condujo a la Real Orden de 3 de abril de 1835, redactada personalmente y suscrita por Diego Medrano como Ministro de Interior y por la que, por primera vez, se impulsaba oficialmente la creación de Cajas de Ahorros en España. A tales efectos trataremos, en primer lugar, de fundamen- tar la preocupación de Diego Medrano por las Cajas de Ahorros. En segundo término, describiremos los intentos de análisis de estas entidades que por aque- llas fechas se plantean en algunas Sociedades Económicas de Amigos del País y, finalmente, se pre- sentará el proceso final de elaboración de la repeti- da Real Orden.

a) Las preocupaciones de Medrano por las Cajas de Ahorros

Posiblemente el inicio del largo proceso que con- duce a la aparición de las Cajas de Ahorros en España tenga que situarse en el momento en que se cono-

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cen en nuestro país algunas informaciones sobre la creación de Cajas de Ahorros en Inglaterra y en Francia. Estas noticias quizá comenzaran a llegar a los círculos liberales españoles, posiblemente de forma poco precisa, al principio del trienio constitu- cional —es decir, cuando vuelven los primeros exi- liados— generalizándose y concretándose mejor a finales del reinado de Fernando VII y principios de la regencia de María Cristina, en que de nuevo muchos exiliados también regresan a España después del segundo período absolutista. Como la situación polí- tica del Trienio no era la más oportuna para plantear en esos días la creación de Cajas de Ahorros, quizá la idea no comience a tomar cuerpo en España hasta después de la muerte de Fernando VII, incluyéndo- se por esos años en los programas de las Reales Sociedades Económicas y en los del propio Gobierno.

La preocupación de Medrano por las Cajas de Ahorros se deriva de su inquietud por los problemas financieros de los agricultores, inquietud que se tras- luce ya en las comunicaciones que efectúa en el Boletín Oficial de la provincia de Ciudad Real de 26 de enero, 7 de marzo y 20 de abril de 1834, relati- vas a las disposiciones gubernamentales sobre Pósitos, como ya hemos tenido ocasión de ver. Pero su primera mención explícita de las Cajas de Ahorros creemos que es la anteriormente comentada que se encuentra en la nota manuscrita en el margen del folleto de Juan de Camborda «Discursos políticos sobre el estado deplorable en que se halla la pro- vincia de La Mancha», publicado en 1738.

Lo más probable es que Medrano escribiese las notas al folleto de Camborda en el largo período de su confinamiento en Ciudad Real durante la década absolutista, pues en aquella época se dedicó a leer y clasificar los libros de la biblioteca familiar.

El folleto de Camborda contiene en su contra- portada una anotación manuscrita de Medrano que dice «Legº F n.º 12», que indica el legajo y lugar donde lo situó, doblándolo por su mitad para que, por su tamaño, cupiese en el referido legajo, atado con una cuerda. Por la forma en que llegó a nues- tras manos ese legajo, daba la impresión de que no había vuelto a abrirse desde que fue organizado por Medrano, por lo que sus notas marginales serían el producto de las reflexiones derivadas de la lectura previa a su clasificación y archivo. Y esa lectura, cla- sificación y archivo nos consta que se llevó a térmi- no durante el período de su inactividad forzosa durante la década absolutista, que es cuando asume la tarea de poner en orden la biblioteca familiar y los documentos y títulos de la familia.

Desde luego, cabe también dentro de lo posible que esas notas se hubiesen escrito durante el perío- do en que Medrano fue subdelegado de Fomento y gobernador civil de Ciudad Real, teniendo la res- ponsabilidad de impulsar su economía conforme a los criterios de la Instrucción de Javier de Burgos, que dedicaba todo un capítulo a los Pósitos. En esa época tuvo que tomar disposiciones sobre los mismos, al tiempo que la idea de las Cajas se debatía abierta- mente ya en los círculos liberales españoles pero, por las razones expuestas, no parece tan probable ese período como momento de la redacción de las notas indicadas.

Mucho menos probable resulta, sin duda, que Medrano escribiese esas notas después de su paso por el Ministerio, entre otras razones porque ya no residía en Ciudad Real, donde se encontraba el folle- to de Camborda, y porque sus preocupaciones como Diputado en el período que va desde 1840 a 1843 quizá fuesen otras bien distintas a las de escribir notas marginales rebatiendo los pobres argumentos de un viejo y casi desconocido texto. Pero, sobre todo, por- que en la nota al Camborda considera Medrano que los Pósitos pueden servir para constituir Cajas de Ahorros, mientras que en otros escritos posteriores (87), cuando ya las Cajas son una realidad, las toma como ejemplo para los Pósitos pero sin pretender, como había propuesto en su nota marginal al Camborda, que éstos se transformen en Cajas de Ahorros.

Por otra parte, hemos podido constatar que el debate sobre las Cajas de Ahorros estaba ya abierto públicamente en Ciudad Real a mitad de 1834, cuan- do Medrano acababa de abandonar su cargo de gobernador civil de esa provincia y ocupaba ya un escaño en el Estamento de Procuradores como repre- sentante de la misma. A partir del lunes 4 de agosto de ese año el Boletín Oficial de La Mancha publica, en varias entregas y en su parte no oficial, una larga memoria bajo el título de «Los pobres jornaleros» que es firmada por Euriale Cazeaux (88). La citada memo- ria es traducción del original francés recién publicada en Madrid en el diario de la Administración y que muy probablemente Medrano, en Madrid por esas fechas, remite al Boletín Oficial de La Mancha (89). En esa larga memoria, aparte de describirse la situación las- timosa de los jornaleros en Francia, se proponen algu- nas medidas para aliviar esa situación y, entre ellas, la de constituir Cajas de Ahorros, montepíos de inváli- dos, cajas de familias o cajas de socorros, bajo la idea de que esas instituciones sean bancos bajo tutela legal que constituyan fondos vitalicios con los ahorros de sus clientes. El ejemplo que en la referida memoria se

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describe es el de un existente montepío de marinos de aquel país. En esa memoria incluso se piensa en la lotería como medio de obtener fondos con los que constituir una caja de ahorros.

Pero lo que más decisivamente prueba que a mitad de 1834 el tema de las Cajas de Ahorros era conocido por Medrano y de público debate en Ciudad Real, como lo era también por esas fechas en otras muchas poblaciones españolas, es que en el número 110 del Boletín Oficial de La Mancha, correspondiente al sábado 30 de agosto de 1834, se publicase el texto articulado del proyecto aprobado en aquellos días por la Cámara legislativa francesa para la creación de Cajas de Ahorros (90). La lectu- ra del mismo permite comprobar cómo su introduc- ción, elaborada aparentemente por quien fuese el redactor del anuncio, contiene expresiones e ideas que se repetirán luego en el propio texto de la Real Orden de 3 de abril de 1835 y que hacen de nuevo pensar fundadamente que es Medrano quien remi- te esa disposición, de la que habrá tenido conoci- miento en Madrid, al Boletín Oficial de La Mancha y quien redacta la entradilla que le sirve de prólogo.

Además, el articulado de la norma francesa se pare- ce extraordinariamente al contenido del anuncio de la «Caja» del Conde de Villacreces, al que más ade- lante nos referimos en extenso, lo que hace suponer también que el referido proyecto francés pudo tener difusión no solo en Ciudad Real. Dada la similitud de estilos y la coincidencia de expresiones entre la entra- dilla o prólogo citado y la Real Orden de 3 de Abril de 1835 (91), hay que pensar que sería el propio Medrano, ya en Madrid, quien trasladase el articu- lado de la disposición francesa al Boletín Oficial de La Mancha y redactase su breve introducción.

Parece bien fundado, en consecuencia, que antes de ser Ministro y propiciar la Real Orden de 3 de abril de 1835, Medrano ya conocía suficientemente el papel de las Cajas de Ahorros, había reflexionado sobre ellas y había sentido la necesidad de su constitución. Incluso que estaba tratando de promoverlas en su provincia, posiblemente a través de la Sociedad Económica de Amigos del País de Ciudad Real, como demuestran los artículos comentados del Boletín Oficial de La Mancha durante el mes de agosto de 1834.

b) Los estudios de las Sociedades Económicas de Amigos del País

Ya se ha visto anteriormente que Medrano había mantenido una buena relación con la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Madrid —la

Matritense—, y una admiración considerable por los trabajos de estas entidades en los tiempos en que fue gobernador civil de Ciudad Real. Por tanto, es muy posible que ampliase esa relación a su paso por el Ministerio de Interior, pues de este Departamento dependían las Reales Sociedades Económicas a tra- vés de los gobernadores civiles que, si bien no las dirigían, sí tenían el encargo de impulsarlas y facili- tar la puesta en marcha de sus proyectos.

Como también se ha indicado anteriormente, la Real Sociedad Matritense se había hecho eco de las inquietudes acerca de la creación de Cajas de Ahorros e incluso había promovido en 1834 un concurso de ideas para premiar la mejor Memoria sobre el esta- blecimiento y fundación de una Caja de Ahorros.

Este concurso fue ganado por D. Francisco Quevedo y San Cristóbal (92). Es muy probable que Medrano, Ministro de Interior en 1835, conociese la existencia de esta convocatoria aunque el 3 abril de ese año, fecha en que se emite la Real Orden de creación de las Cajas que lleva su firma, posiblemente no cono- ciera aún sus resultados, pues la Memoria de Quevedo no fue premiada hasta septiembre, lo que hace pensar que en abril quizá no se hubiera pre- sentado aún a la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País (93).

Por su parte, la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Valencia había recibido en 1832 una Memoria, cuyo autor en estos momentos se des- conoce, en la que se propugnaba la creación de una Caja de Ahorros para los pobres en la que se efec- tuaría el depósito de pequeñas cantidades y cuyos fondos habrían de invertirse en la realización de determinadas obras públicas —el canal de riego del llano de Cuarte, entre otras— con cuyos ingresos podrían devolverse los capitales invertidos y sus rédi- tos. Encomendada la tarea del examen de esta memoria a D. Fernando Gómez, éste responde el 4 de abril de 1832 que la devuelve sin atreverse a dar opinión sobre la misma, aunque critica implícitamente la viabilidad técnica de la idea (94).

Casi por las mismas fechas debió recibirse en la referida Sociedad Económica de Valencia otra Memoria, también sobre creación de una Caja de Ahorros, elaborada en este caso por D. Pedro Vicente Galabert, cuya valoración efectúa D. Vicente María de Vergara, que emite opinión elogiosa sobre la misma el 3 de agosto de 1832 (95). Queda, en todo caso, la duda de si esta segunda memoria, cuyo texto tampoco ha aparecido aunque sí el del informe de Vergara, no es más que una ampliación de la ante- riormente comentada.

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Los datos y documentos que acaban de citarse prueban suficientemente que entre 1832 y 1834 las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País estaban planteando concursos de ideas para la crea- ción de Cajas de Ahorros, al menos en Valencia y en Madrid, y que esos concursos estaban dando lugar a la recepción de diversas Memorias para articular adecuadamente este tipo de entidades. Si a ello se unen las publicaciones que por esos meses recogía el Boletín Oficial de La Mancha, queda más que pro- bado el interés de las Reales Sociedades y de algu- nos de sus socios e impulsores —como es el caso de Medrano— por la creación de Cajas de Ahorros, a lo que no es ajeno el movimiento a favor de las mis- mas que por aquellas fechas se estaba desarrollan- do en Francia, a imitación de las Cajas de Ahorros que habían ido surgiendo en Escocia e Inglaterra a partir de los primeros años del siglo XIX.

c) El catalizador de la Real Orden: la petición del gobernador civil de Valencia

El catalizador o desencadenante de la Real Orden de 3 de abril de 1835 tuvo que ser, sin duda, el que literalmente se describe en el propio texto de esa dis- posición: «…El gobernador civil de Valencia, anima- do asimismo del mejor zelo, desea establecer en aquella provincia una caja de ahorros…».Es decir, como la misma Real Orden señala, Medrano debió recibir en su Ministerio la solicitud del gobernador civil de Valencia para establecer una Caja de Ahorros.

El gobernador civil de Valencia en abril de 1835 era, según hemos podido averiguar, D. Juan Antonio Castejón, natural de Godojos (Zaragoza), que tras el Trienio liberal tuvo que pasar once años en el exi- lio por haber votado en el Consejo de Regencia reu- nido en Sevilla en 1823 la destitución de Fernan- do VII. Como los datos anteriores han permitido comprobar, en Valencia habían surgido ya en 1832 algunas propuestas concretas para el establecimiento de una Caja de Ahorros y esas propuestas habían sido examinadas por la Real Sociedad Económica de Amigos del País de aquella ciudad. Sin embargo y a lo que parece, de esas propuestas y dictámenes no se da cuenta de inmediato a las autoridades, quizá por el fallecimiento del Sr. Galabert antes de termi- nar su encargo. Las referidas propuestas posible- mente no se tramiten hasta que el gobernador civil D. Juan Antonio Castejón sea elegido para desem- peñar el cargo de Director de la referida Real Sociedad para el año 1835 (96). A partir de enero de 1835 Castejón se hará cargo de los distintos temas pendientes que existen en la Real Sociedad

Económica Valenciana y especialmente del asunto de la creación de una Caja de Ahorros. Por ello debió elevar la petición oportuna al Ministro Medrano, con el que seguramente le unen vínculos de amistad, cuando éste es nombrado en febrero de ese año, petición que inicia todo el proceso que conduce a la Real Orden de 3 de abril de 1835. Como la pro- pia Real Orden reconoce, la petición de Castejón ha de ser considerada, sin duda, como el catalizador que pone en marcha el proceso que finalmente con- duce a esta disposición.

d) La información de los gobernadores civiles Es bastante probable que la solicitud del gober- nador Castejón al Ministro Medrano que acaba de comentarse indujese a este último a pedir noticias a los gobernadores civiles de las restantes provincias sobre la posible existencia en las mismas de alguna Caja de Ahorros, pues esa solicitud explicaría el hecho de que, en la segunda quincena de marzo de aquel año, Medrano recibiese una carta del Conde Villacreces, de Jerez de la Frontera, comentándole su iniciativa de abrir una Caja de Ahorros en esta localidad.

La carta de Villacreces a Medrano se expresa en los siguientes términos: «Excmo. Sr. Dn Diego Medrano. Jerez de la fronta17 de Mzo1835. Excmo.

SorMuy Sormio y de todo mi respeto: me tomo la libertad de dirigir a V. E. el programa de la caja de ahorros q. estableci en esta ciudad hace cerca de nueve meses en beneficio de las personas trabaja- doras y económicas. El Sor. Gobernador civil interi- no D. Joaquin de Villalba, informado de las venta- jas q. ha producido en el pueblo de mi naturaleza y residencia, dispuso se publicase el plan en el bole- tín oficial y otros periódicos de la provincia, y yo espero tener la fortuna de que merezca la Supor aprobación de V.E. a quien ofrece el homenage de su respeto y afecto este su más atento servor Q.S.

M.B. Excmo. Sor. El Conde de Villacreces» (97).

Como puede comprobarse por el anuncio que adjunta, la iniciativa de Villacreces se parecía extra- ordinariamente a la propuesta de norma francesa publicada en el Boletín Oficial de La Mancha. Por otra parte, su idea de comunicar al Ministro del Interior la creación de una «Caja de Ahorros» no debió ser espontánea, pues la referida «Caja» lleva- ba, aparentemente al menos, casi nueve meses fun- cionando cuando escribe a Medrano, puesto que el anuncio público de su apertura se había efectuado en Jerez el 24 de julio del año anterior (98).

DIEGO MEDRANO Y TREVIÑO, CREADOR DE LAS CAJAS DE AHORROS ESPAÑOLAS

Como ya se ha indicado, posiblemente la carta de Villacreces a Medrano fuese motivada por una indicación del gobernador civil interino de Cádiz, D. Joaquín Villalba, que había acogido con entusias- mo la iniciativa de Villacreces y que vería en la carta de éste al Ministro, acompañada del texto del anun- cio que él mismo había incitado a imprimir, la mejor forma de responder a la pregunta ministerial sobre la existencia de Cajas de Ahorros en su territorio. Es evidente que Medrano tomó buena nota del conte- nido de esta carta, pues la noticia de la «Caja» jere- zana y las principales características de sus depósi- tos, coincidentes con la normativa aprobada por las Cámaras legislativas francesas, se incorporaron al texto de la Real Orden de 3 de abril de 1835 junto con las expresiones y las ideas del anuncio del Boletín Oficial de La Mancha de 30 de agosto de 1834 (99).

La «Caja» del Conde de Villacreces quizá pudie- ra haber sido considerada como la primera Caja de Ahorros existente en España, pero no ha podido ser reconocida como tal porque, aunque su existencia está suficientemente probada por los hechos que acaban de exponerse, no fue realmente una Caja de Ahorros en el sentido que se le da a estas entidades en Europa. Villacreces era un banquero privado (100) y lo que presentó a Medrano como Caja de Ahorros no era más que una parte de su negocio de banca instrumentado a través de un depósito bancario que se reflejaba en una libreta de ahorros. La Caja de Villacreces no parece que fuese un sistema de cap- tación de depósitos ligado a la inversión de sus recur- sos e integrado en una entidad independiente, sino un mero instrumento de captación de pasivo utili- zado por un banquero para sus finalidades especí- ficas (101).

e) El «Programa Medrano» para las Cajas de Ahorros

Frente a la iniciativa de Villacreces, la Real Orden de 3 de abril de 1835 (102) articula con total clari- dad la parte más sustancial de lo que podríamos denominar «Programa Medrano» para las Cajas de Ahorros. En primer término, la citada Real Orden impulsa un acto de fundación, de creación de una entidad nueva e independiente de las personas que la creen y de sus actividades. A tales efectos se da la orden a los gobernadores civiles de todas las pro- vincias, en nombre de la Reina regente, de que creen o establezcan Cajas de Ahorros, indicando a cada gobernador que «excite a los pudientes, o propon- ga los medios que según las circunstancias de esa provincia sean adecuados para establecer en ella

Caja o Cajas de Ahorro» (103). Se trata, en conse- cuencia, de crear o establecer una entidad institu- cionalmente independiente y separada —la Caja de Ahorros— para cuyo funcionamiento se necesita- rán, por tanto, medios que han de aportar los

«pudientes» de la provincia, adecuadamente «exci- tados» por el gobernador civil, o ser propuestos por los gobernadores atendidas las circunstancias de cada territorio.

Pero, en segundo lugar, el «Programa Medrano»

contiene una clara enumeración de objetivos. Sin duda el primero y más importante de ellos es el de fomentar el ahorro popular. Se pretende, pues, que las Cajas coadyuven «en gran manera a propagar el espíritu de economía» (104), es decir, elevar la pro- pensión al ahorro de las clases populares. La refe- rencia a las llamadas «clases industriosas» (105), junto con la alusión al menestral, al jornalero y a todo hombre laborioso permite reconocer el peculiar esti- lo de Medrano al tiempo que señala un determina- do segmento de clientela como ámbito natural, al menos inicialmente, para las Cajas de Ahorros. Por otra parte, el impulso al ahorro popular se pretendía alcanzar a través de tres elementos esenciales: la ren- tabilidad del depósito, su capitalización en períodos cortos y su liquidez (106). No sólo se establecía un objetivo sino que, simultáneamente, se describían los medios para alcanzarlo.

El segundo objetivo que se pretendía en 1835 con la creación de las Cajas de Ahorros era de carácter moral y político, pues estas entidades coadyuvarían, mediante el cumplimiento de su misión, «… a des- terrar los vicios, y con ellos las enfermedades y deli- tos de que son gérmenes; a unir al hombre a su pro- fesión, puesto que ella le proporciona, no sólo su presente subsistencia, sino esperanzas lisonjeras para lo futuro; y por último, a inspirarle amor al orden público, porque de él depende el goce estable del fruto de sus tareas» (107). Esta descripción tan amplia y entusiasta señala la necesidad del ahorro porque el ahorro constituiría un poderoso medio para incluir al hombre en la sociedad, impidiendo su margina- ción y sus nefastas consecuencias. Evitar lo que hoy denominamos «exclusión social» desterrando los vicios, las enfermedades y los delitos y unir al hom- bre a su profesión, inspirándole amor al orden públi- co era, pues, el segundo objetivo que se perseguía con la creación de las Cajas de Ahorros, como lo prueba el párrafo anteriormente trascrito.

El tercer objetivo que perseguía la creación de las Cajas en España era el de orientar su actividad inver- sora prioritariamente hacia el ámbito privado. A tales

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