EL GRAN RETO EDUCATIVO DEL SIGLO XXI
3.2. Algunos cauces o vías para recuperar el sentido y el camino
El análisis que acabamos de realizar nos ha avanzado buena parte de lo que debemos apuntar en este nuevo apartado. En efecto, los aspectos comentados nos informan, en buena medida, de los frentes a abordar con el fin de conducir el proyecto de la educación inclusiva por itinerarios que nos conduzcan a destinos exitosos. Así pues, habremos de emprender una serie de actuaciones que van desde el plano político, investigador, económico y social, hasta el escenario de los centros educativos y de sus aulas. Para ello nos apoyaremos en los trabajos de Arnaiz (2011, 2012), Carrión (2001), Echeita (2001), Echeita y Sandoval (2002), Escudero y Martínez (2011), Jiménez (2004), Jiménez y Vilà (1999), Martínez (2005, 2011), Martínez Abellán, De Haro y Escarbajal (2010), Muntaner (2004), Susinos (2002) y Vega (2008). Con la intención de no dilatarnos en exceso, adoptamos una perspectiva sintética con el fin de evidenciar algunos de estos cauces o vías:
- Desde el punto de vista político, económico, investigador y social:
▪ Fortalecimiento y establecimiento de medidas legislativas que nos rescaten de esa cierta apatía institucional, profesional y social que, como indica Verdugo (2009), parece existir, y nos permita recuperar la filosofía de la inclusión como timón al que agarrarnos para no terminar naufragando ante la orilla de la exclusión. En estos momentos de cambios políticos habrá que estar expectantes al nuevo rumbo de la política educativa; hemos de apostar por el desarrollo de políticas orientadas hacia la equidad, tal y como reza el Título II de la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación.
▪ La adopción de un marco global para la política educativa, de suerte que los grandes proyectos educativos, entre los que podemos situar a la educación inclusiva, no estén sometidos al cambio de color en las urnas resultante de las distintas citas electorales.
▪ Mayor coordinación de las políticas tanto educativas como sociales en lo relativo a la atención a las necesidades educativas especiales, posibilitando que las experiencias positivas (buenas prácticas) sean conocidas por todos.
▪ Una actitud preventiva ante el problema del fracaso escolar que debe abordarse de forma decidida.
▪ Confianza en la autonomía pedagógica, organizativa y de gestión de los centros educativos, que posibiliten posturas flexibles de cara a la implementación de planes y proyectos educativos que apuesten por la inclusión.
▪ Una evaluación permanente mediante el establecimiento de un sistema estadístico de recogida de datos claro y riguroso.
▪ Revisión de las ratios de alumno por profesor con el fin de facilitar la verdadera inclusión dentro de las aulas ordinarias.
▪ Diseño de planes de formación inicial y permanente del profesorado que garantice la capacitación de los futuros profesionales de la enseñanza a la hora de atender a la diversidad desde una perspectiva inclusiva. Hemos de preparar a los docentes para afrontar el reto de educar en contextos heterogéneos con una proyección e intencionalidad inclusiva. Y ello requiere una formación que aborde tanto aspectos actitudinales, como aptitudinales o competenciales.
▪ Transformación real de los centros de educación especial en centros de recursos que proporcionen materiales, asesoramiento y apoyo a los centros ordinarios.
▪ Fortalecimiento de la escuela pública como forma de evitar desigualdades entre centros educativos y entre alumnos.
▪ Potente inyección económica en el ámbito educativo que proporcione los recursos necesarios para hacer efectivo el derecho a una educación de calidad para todos desde una atención educativa equitativa que satisfaga las necesidades de todos y cada uno de los alumnos.
▪ Sensibilización de la sociedad hacia los planteamientos inclusivos, cultivando valores como la tolerancia y el respeto. En este sentido, la educación juega un papel crucial.
▪ Y el desarrollo de recursos y herramientas que faciliten la autoevaluación de los centros educativos, punto de partida para la proyección e implementación de planes de mejora de orientación inclusiva. En torno a este ámbito podemos situar el trabajo que aquí presentamos.
- En lo que a los centros educativos respecta:
▪ Compromiso por parte del conjunto del profesorado, asumiendo el gran grado de responsabilidad que los docentes poseen en la materialización efectiva de la educación inclusiva. Compromiso que debe partir de una sensibilización previa y de una fuerte convicción sobre los valores de la inclusión que, sin obviar el espíritu crítico siempre necesario, destierre la frecuente localización del fracaso de estos procesos en agentes y entes externos a la vida de los centros. Es en el ámbito de la escuela donde se deben operar las grandes reformas educativas que supongan la reestructuración de culturas, políticas y prácticas educativas desde la óptica de la colaboración, interacción, cooperación y coordinación del profesorado.
▪ Percepción de la diversidad como un valor educativo positivo, como un recurso para apoyar el aprendizaje y como una invitación a replantearse distintos aspectos organizativos, curriculares y metodológicos, capaces de mejorar la calidad de la educación para todos.
▪ Un enfoque de la atención a la diversidad desde un ámbito ordinario que evite recurrir de forma rápida a la adopción de medidas específicas o extraordinarias que nos alejan de la inclusión y “condenan” al alumnado a la exclusión: programas especiales, con recursos especiales para alumnos “especiales”, mientras que el aula ordinaria apenas nota el cambio.
▪ Fomento de las relaciones entre la escuela y la comunidad, abriendo las puertas del centro ya que la inclusión en la educación es una parte y elemento garantizador de la inclusión en la sociedad. Es conveniente y necesario sumar voluntades y esfuerzos en este ambicioso y arduo proyecto, garantizando una adecuada coordinación de todos los actores implicados (profesores, padres, asociaciones y agentes de apoyo externos, administración…). Los centros educativos deben ser los abanderados de la inclusión y, por lo tanto, ello supone la necesidad de incluir a todos, de vivir la inclusión de todos en la escuela y de la escuela en el contexto social en el que se incardina.
▪ Apuesta por un currículum común y flexible, que admita la diversificación pero que permita compartir espacios dentro de dicho currículum.
Estamos dando pistas de por dónde pueden discurrir los caminos hacia la inclusión (Vlachou, 1999). Centraremos nuestra atención, a partir de estos momentos, en el escenario referido a la educación; la escuela entendida como institución educativa que trata de hacer posible el lema de una educación de calidad para todos desde una plataforma de equidad e igualdad de oportunidades. Este será, por tanto, el cometido del próximo capítulo que nos disponemos a afrontar.
“[…] es en esta dirección por la que deberemos continuar trabajando e investigando para seguir intentando acortar la paradójica distancia entre los valores y principios declarados solemnemente a favor de la inclusión educativa y la realidad cotidiana de lo que dicho proceso supone para muchos niños, adolescentes y jóvenes con discapacidad […]” (Echeita, Verdugo, Sandoval, Calvo y González-Gil, 2009: 175).