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Comparación crítica con la literatura existente

Derechos Humanos junto a IPSOS (2019) donde se recogió la percepción de ciudadanos peruanos sobre personas LGBT+, coincidiendo en la existencia de discursos estereotípicos que refuerzan el prejuicio y el rechazo. Estas afirmaciones concuerdan con Ryan et al., (2009) citados en Hass et al., (2011) quienes indican que las personas pertenecientes a la comunidad LGBT+ atraviesan con regularidad situaciones discriminatorias, incluso encontrando que estas son más significativas dentro del ambiente familiar, escolar y laboral, espacios que deberían ser seguros. Los mismos autores también encuentran que las personas de menor edad en su caso de 21 a 25 años reportaron haber experimentado mayor cantidad de situaciones de rechazo y exclusión que personas de más edad, esta información coinicide con la encontrada en la investigación, donde las personas de 18 a 22 años percibieron niveles más elevados de discrimianción.

Es importante mencionar que se encontró mayor prevalencia en la dimensión colectiva con el 95,1%, estos resultados coinciden con los de Ramón (2020), quien expone cifras estadísticas sobre la situación de la comunidad LGBT+ a nivel global mostrando que la mayoría de países de Latinoamérica no cuenta con protección contra actos discriminatorios hacia personas sexodiversas, añadido a este, Hatzenbuehler et al. (2010) citados en Hass et al. (2011), mencionan que la comunidad percibe altas tasas de discriminación a nivel institucional, representadas en inequidades, ausencia de políticas públicas o la falta de protección contra discriminación y crímenes de odio, esta información es importante por que demuestra que independientemente de la identidad de género, orientación sexual, edad o si la persona pertenece o no a algún colectivo, queda confirmado que la comunidad se siente desprotegida e invisibilizada.

Del mismo modo la investigación disiente con aquellos estudios en los que se hallaron niveles altos de problemas psicosociales en sus participantes, como es el caso de Mustanski et

al. (2010) quienes expusieron niveles elevados de distrés, intentos e ideación suicida, siendo más predominante en participantes trans, aludiendo que estos serían el resultado de los escenarios discriminatorios experimentados y estresores añadidos (House et al., 2011), así mismo Cochran et al. (2003), hallaron la existencia de depresión, ansiedad, dependencia al alcohol y desorden de pánico y también riesgo de suicidio, así como también Chan et al. (2022) que hallaron niveles bajos de bienestar psicológico traducidos en ansiedad, tendencias suicidas, depresión, conducta antisocial y bajo rendimiento académico, los mismos que fueron encontrados también por Bostwick et al. (2014). Estas afirmaciones divergen con los resultados de la investigación ya que se halló la prevalencia de niveles moderados a altos de bienestar psicológico, estos resultados se explicaron por Branscombe et al. (1999) en su teoría rechazo- identificación, donde supone que el bieenstar no se vería reducido debido a la identificación y cohesión con el grupo, esta información concuerda con literatura que expone factores que protegen al bienestar frente a la homofobia y consigo a situaciones discriminatorias, como es el caso de Eisenberg & Resnick (2006), quienes mencionan que serían las redes de apoyo el principal factor protector del bienestar psicológico, seguidas de resiliencia y el poseer propósitos en la vida (Ryff et al., 2003)

En relación a los antecedentes, la investigación coincide con la de Moya y Moya (2020) únicamente en el hallazgo de relación significativa entre orientación sexual y una de sus variables, en el caso de su investigación, con depresión (p = 0,02) y en la presente con discriminación percibida (p = 0,02), por lo que los niveles de depresión y discriminación se verían condicionadas a la orientación sexual de la persona; no obstante, se diferencian en que esta encontró relación significativa positiva entre la discriminación y los trastornos mentales (p

= 0,47), la depresión (p = 0,06), y el estrés laboral (p = 0,06); esto se traduciría en que a mayor

cantidad de situaciones discriminatorias menor nivel de bienestar psicológico, mientras que en la presente no se encontró relación significativa entre estas.

Se encuentra concordancia con la investigación de Soon Kyu Choi et al. (2019) en el hallazgo de que la mayoría de participantes (76%) tenían de 18 a 29 años y eran quienes más discriminación habían experimentado, en la presente se encontró que la mayoría tenía de 18 a 22 años (46%) y eran también quienes reportaron mayores niveles de discriminación percibida (90.9%) en comparación con otros grupos etarios, asimismo se encontró que el 73% refirió haberse sentido discriminado y agredido, y en la presente se halló que el 69% percibe niveles altos de discriminación individual; por lo que ambos estudios concluyen en la presencia de niveles de discriminación elevados; sin embargo, se diferencian en cuanto salud mental; los autores mencionan que el 81% de mujeres bisexuales, el 73% de gays y el 68% de lesbianas presentaron niveles moderados de angustia psicológica, mientras que en la presente se halló que el 64,9% de bisexuales, el 50% de gays y el 46,2% de lesbianas presentan niveles moderados de bienestar psicológico, por lo tanto, la población tomada en cuenta en la investigación presentaría un bienestar psicológico más favorable en comparación a la de los autores.

En relación a la investigación de Barrientos et al. (2017) se asemejan en el hallazgo de poca prevalencia de rasgos negativos de salud mental, en su caso sintomatología socioemocional con un 11,6% en gays y un 10,6% en lesbianas y en la presente se halló que el 50 % de gays tiene un nivel alto de bienestar psicológico, el otro 50% un nivel moderado, el 53,8% de lesbianas tiene un nivel alto y el 46,2% de ellas, un nivel moderado; no obstante, divergen en el haber encontrado que las lesbianas tendrían mayor satisfación con la vida que los gays, ya que en la investigación no se encontraron diferencias amplias entre bienestar de cada uno.

Respecto a la invesigación de Rodríguez-Polo et al. (2017), se diferencia por que encuentra una correlación significativa positiva entre heterosexismo organizacional percibido y

bienestar psicológico (r=.21, p<.01), por lo que los trabajadores identificandos como LGBTT verían su bienestar afectado a medida que perciben mayores niveles de heterosexismo, la misma que se puede comparar con discriminación percibida; además se encontró correlación entre esta variable y las dimensiones: dominio del entorno (r=-.19), autoaceptación (r=-.35), propósito en la vida (r=-.28) y crecimiento personal (r=-.21) del bienestar psicológico y en la presente se halló relación significativa con autoaceptación (p =,002) y crecimiento personal (p =,026), por lo que ambos concuerdan en que estas dos dimensiones se verían más reducidas al vivenciar circunstancias de exclusión, hostilidad y rechazo.

Dentro de los antecedentes nacionales, se tiene la investigación de Guzmán (2022), quien conviene en el hallazgo de altos niveles de discriminación percibida colectiva, en su caso el 100% de participantes y en la presente el 95,1%, también encontró que la mayoría de participantes tienen niveles moderados de bienestar psicológico (38,2%) y en la presente el 59,2%; también se encontró niveles altos en la dimensión autonomía (45,6%) así como el 78,9%

en este caso; sin embargo, difieren en el hallazgo de una relación inversa baja entre las variables (r=-.177, p<.05), lo que significa que el nivel de bienestar psicológico se vería reducido a mayor discriminación percibida; mientras que aquí no se encontró relación significativa entre ambas variables, pero sí con las dimensiones “autoaceptación” (p= ,002) y “crecimiento personal” (p=

,026), por lo que a diferencia de sus resultados, en este caso serían estas dimensiones las que se verían más reducidas.

Se concuerda con la investigación de Chávez Palacio (2020), en el hallazgo de que las personas que pertenecen a un colectivo, reportan mayor nivel de sucesos negativos vivenciados (discriminación percibida) que las que no, con la diferencia de que en su investigación encuentra relación significativa entre ambos (p=,02); al igual que en la presente, la autora también

encontró que las personas mayores de 40 años presentan niveles más altos de bienestar psicológico a comparación del resto, pero ella halló relación significativa entre edad y bienestar psicológico (p = ,03), mientras que aquí se encontró relación con discriminación percibida (p=

,003); además se obtuvo que las mujeres presentan mayores niveles de bienestar psicológico que otras identidades, esta información diverge con la encontrada en la presente ya que otras identidades presentan niveles más altos de bienestar psicológico que las mujeres.

La investigación de Idrogo Urquía (2020) encontró altos niveles de discriminación percibida (93,3%) al igual que en este estudio (83,8%), en las dimensiones también se encuentran similitudes, el autor halló que el 82% percibe niveles altos discriminación individual y el 96,8% de colectiva, a la vez que en esta investigación se obtuvo que el 69% percibía niveles altos de discriminación individual y el 95,1% discriminación colectiva. A diferencia del presente estudio, el autor encontró relación directa débil entre las variables estudiadas (r=.207), y más significativo respecto a discriminación colectiva (r=.207), lo que significa que, a mayor nivel de discriminación percibida, la persona demuestra sus habilidades resilientes apoyándose en el grupo, lo que reafirmaría la importancia de la cohesión al mismo.

En relación a la investigación de Saavedra Trelles (2020), concuerda en la prevalencia de nivel moderado de bienestar psicológico en la comunidad (66%) seguido de nivel alto (21%), a la vez que en la presente se encontró un nivel moderado en el (59,2%) seguido del nivel alto (40,1%); no obstante, disienten en cuanto a las dimensiones, en su estudio se encontró que predomina el nivel alto en “crecimiento personal” en el 59% y el nivel moderado en

“autoaceptación” en el 49%, mientras que en esta investigación se encontró que el nivel alto sobresale en “relaciones positivas” en el 69% y el nivel moderado en “autonomía” en el 78,9%.

Dentro de los antecedentes locales, se tiene el de Frisancho Soto (2021), quien encontró que la mayoría de los participantes (63,7%), tienen actitudes desfavorables hacia la comunidad

LGBT+, esta información se ajusta con el hallazgo del 83,8% de personas LGBT+ que perciben niveles altos de discriminación, a su vez concuerda con el nivel de actitudes desfavorables en sus dimensiones: “malestar personal” (57,9%), “cambiabilidad” (62,1%) y en “homofobia institucional” (77,4%), esta información ratificaría el planteamiento de Sakalli (2002), quien menciona que la discriminación se relaciona a los “modelos de atribución”, es decir presupuestos que se tiene hacia la comunidad por parte del resto.

Por último, la investigación de Rodríguez Quintanilla (2019) respalda a la presente con su hallazgo del 97% de encuestados que reportaron haber sido discriminados, mientras que en la presente se halló que el 83,8% obtuvo niveles altos de discriminación percibida; el 70% cree que en el Cusco existe discriminación por orientación sexual, esto ratifica la presencia de discriminación en la ciudad y aún más en el espacio educativo.