URBANIZACIÓN DEL LITORAL
Presentación:
José Chamizo de la Rubia
Defensor del Pueblo de Andalucía
El hasta ahora imparable proceso de urbanización, aunque tal vez habría que hablar de depredación de nuestro suelo, está teniendo consecuencias muy negativas de diversa índole, de manera muy singular en los espacios más frágiles de nuestro litoral.
-El consumo voraz de este suelo, aunque con diferente intensidad, se ha extendido a lo largo de toda la orla costera de la Península. Pero no se ha detenido ahí, sino que una vez esquilmada esta franja, que en su día poseyó un extraordinario valor ambiental y ecológico, está ocupando otros espacios más o menos cercanos al litoral, que permiten a los usuarios de las nuevas urbanizaciones disfrutar del reclamo con el que son promovidas: la contemplación del mar o disfrute del microclima existente en el entorno de las llamadas ciudades de ocio.
-Pero es que además, no todos los ciudadanos están llamados a ser alojados en las mismas condiciones en estos
espacios residenciales, ya que es conocido que, al igual que en otros espacios urbanos, existe la desigualdad en los lugares de destino vacacional. Pero el problema no es sólo éste, sino que muchos de los núcleos urbanos costeros presentan una importante degradación urbana y ambiental, que los municipios se ven incapaces de afrontar.
El carácter temporal de la estancia hace olvidar, en demasiadas ocasiones, a los responsables públicos que el motivo de trasladarse a estos lugares en el periodo estival no es sólo la búsqueda de un cambio de localización o “de aires”, sino también encontrar un lugar de descanso. Este objetivo, en demasiadas ocasiones y por motivos de todos conocidos, es de imposible consecución en muchos de los actuales destinos turísticos.
-Tampoco se puede olvidar la enorme cantidad de edificios construidos con una bajísima calidad, sin servicios y ubicados en zonas ausentes de espacios libres y de comunicaciones adecuadas, levantados en todas las épocas, pero de una manera muy singular en los años 60 y 70.
-Estos procesos de urbanización generan unos enormes parques de vivienda y una infraestructura de extraordinaria entidad, que es necesario mantener durante once meses, pero que son ocupadas durante un corto periodo de vacaciones.
-Todo ello sin contar con el hecho de que, con la implantación del sector turístico, se ha terminado en bastantes municipios con las opciones de desarrollo de otras actividades que tradicionalmente venían desarrollando, y ha hecho de los servicios turísticos que oferta, un monocultivo económico que entraña no pocos riesgos de cara al futuro.
-Como consecuencia de todo esto, la idiosincrasia de los municipios en su perspectiva paisajística, urbanística, ambiental y, por supuesto, social ha cambiado drásticamente en los últimos treinta años, y muchos de nuestros municipios son irreconocibles cuando los contemplamos después de haberse consolidado estos procesos de urbanización.
-Se promete desarrollo para el municipio y se termina creando un gravísimo problema presupuestario de mantenimiento de una ciudad sobredimensionada y que, no obstante, demanda unos servicios de calidad que los Ayuntamientos no pueden prestar, lo que origina un déficit crónico en las arcas públicas y una insatisfacción permanente de los usuarios.
-Se han dado facilidades para construir y después se han planteado, entre otros, los problemas relacionados con la ausencia o deficiencias en los sistemas de depuración de residuos, insuficiencia del abastecimiento de agua, problemas en el suministro energético o imposibilidad de asumir las vías públicas existentes las demandas del tráfico rodado.
-Y es que, durante todos estos últimos años, los distintos responsables públicos han manifestado que apostaban por un desarrollo sostenible, sin embargo, el resultado es el que tenemos y a ello no han sido ajenas determinadas prácticas omnipresentes en la ordenación urbanística que no habrían tenido lugar sin las facilidades, cuando no connivencia, de los responsables públicos.
Ante esta realidad podemos hacernos bastantes preguntas:
- ¿Debe continuar articulándose la ordenación urbanística desde la perspectiva que ofrece la escala municipal?
- ¿Se pueden reconducir las propuestas de planteamientos (surgidas de las posibilidades inversoras que ofertan los promotores) y sustituirlas por unas alternativas de ordenación urbanística tendentes a dar respuesta a las necesidades de la población existente?
- ¿Debemos aceptar que se trata de un fenómeno impa- rable y de consecuencias imprevisibles y limitarnos a pedir una cierta racionalidad en la ordenación del territorio?
- ¿Es urgente asumir compromisos drásticos para salvar lo que queda de nuestro espacio litoral, aun siendo conscientes de las consecuencias económicas que ello puede conllevar a corto o medio plazo?
- Más allá de los aislados, aunque importantes, “golpes de efecto” que recientemente se han dado, ¿es recomendable aprobar un plan de recuperación, con todas sus consecuencias, del espacio público del litoral que ha sido hurtado durante años por agentes privados?
- ¿Debemos hacer autocrítica y exigir responsabilidad a las comunidades autónomas que detentan, desde hace años, los medios para ordenar, proteger y tutelar nuestro territorio y que, por diferentes motivos hasta ahora, no han intervenido o lo han hecho de manera desigual?
- ¿Debemos entender y afrontar el futuro de los espacios urbanos heredados en el litoral en clave de rehabilitación, reor- denación de infraestructuras y aportación de dotaciones públi- cas, evitando un crecimiento desmesurado de los cascos urbanos y garantizando unos ciertos niveles de calidad a la población?