INTRODUCCIÓN
2.3. Enfoque de género
2.3.1. La construcción social de género
Diferentes investigadoras dan cuenta de la construcción social de género;
entre ellas se reconoce a Gayle Rubin, quien recurre al concepto de sistema sexo/género, para dar cuenta de las relaciones que establecen hombres y mujeres en la vida social. La autora parte de que las relaciones de género toman de base la sexualidad, vinculada a comportamientos diferenciados y relacionados con otros conceptos como la subordinación de las mujeres y el dominio de los hombres.
Rubin define al sistema sexo/género como “El conjunto de disposiciones por el que una sociedad transforma la sexualidad biológica en productos de la actividad humana, y en el cual se satisfacen esas necesidades humanas transformadas” (Rubin, 1986: 97). Rubin interrelaciona los diferentes elementos que participan en la conformación
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de hombres y mujeres.
Para esta autora, las necesidades, las expectativas sociales y los modos de satisfacerlas son producto de la historia y se trata de convenciones sociales. Señala que el “El género es una división de los sexos socialmente impuesta. Es un producto de las relaciones sociales de sexualidad” (Rubin, 1986: 114). Así, el sistema sexo/género indica el tipo de relaciones específicas desde el cual se han organizado las sociedades.
La organización de los sexos como un producto de la sociedad, está determinada por su momento histórico. Se trata, entonces, de convenciones sociales:
Toda sociedad tiene alguna forma de actividad económica organizada.
El sexo es el sexo, pero lo que califica como sexo también es determinado y obtenido culturalmente... un conjunto de disposiciones por el cual la materia prima biológica del sexo y la procreación es conformada por la intervención humana y social…
(Rubin, 1986: 102-103).
La autora señala que las relaciones de género parten de la organización social de los sexos en los diferentes espacios de la vida. De donde identifica relaciones de poder sobre la capacidad reproductiva, la sexualidad de las mujeres y el control sobre el trabajo de las mujeres. En el análisis del sistema sexo/género propuesto por esta autora, se recurre al sistema de parentesco para mostrar el papel que juega la sexualidad desde el pasado. Las normas de matrimonio, de filiación y el intercambio social figuran como muestra de ello. El ámbito del trabajo se organiza por la división sexual del trabajo, tanto en el espacio doméstico como fuera de éste.
También incorpora la dimensión psíquica, para dar cuenta de que la subjetividad se estructura desde las concepciones y normatividades de los modelos sociales. En este planteamiento, el género se estructura desde la
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matrimonio, y por la entidad psíquica o actividad mental, que permite elaborar el pensamiento e interiorizar las formas de relación aceptadas y prohibidas, dando lugar así al sistema sexo/género.
Otra autora reconocida en los estudios de género es Joan Scott (1996), quien ha propuesto el género como una categoría de análisis.
Refiere que las feministas americanas han empleado el concepto de género para referirse a la organización social de las relaciones entre los sexos.
Considera que para comprender las relaciones sociales entre los sexos se
“requiere el análisis no sólo de la relación entre la experiencia masculina y femenina en el pasado, sino también de la conexión entre la historia pasada y la práctica histórica actual” (Scott, 1996: 269). Desde este punto de vista, la categoría de género permite identificar las prácticas políticas y socioculturales que se adquieren y reproducen a partir del sexo, como los papeles que juegan las personas en distintos espacios. También se visualizan los puntos de partida y las orientaciones que siguen hombres y mujeres en las relaciones de género, enmarcadas en los modelos sociales.
Scott plantea que las relaciones sociales de género parten de las diferencias sexuales. Afirma que el género es un producto de las sociedades, es una categoría que ha estado sujeta a “Los cambios en la organización de las relaciones sociales y corresponden siempre a cambios en las representaciones del poder…” (Scott, 1996: 287). Es decir, que la categoría género no es estática. Diferentes autoras han dado cuenta que a lo largo de la historia humana han cambiado las relaciones de género, por intereses políticos que empujan las formas de organización social.
Esta autora reconoce cuatro elementos constituyentes de las relaciones sociales, basadas en las diferencias percibidas entre los sexos:
Primero, símbolos culturalmente disponibles que evocan representaciones… Segundo, conceptos normativos que manifiestan las interpretaciones de los significados de los símbolos, en un intento de limitar y contener sus posibilidades metafóricas… Tercer aspecto
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parentesco pero no en forma exclusiva; se construye también mediante la economía y la política, que hoy en día actúan independientemente del parentesco. Cuarto aspecto del género, es la identidad subjetiva... Ninguno de estos aspectos opera sin los demás y no operan simultáneamente... (Scott, 1996: 287-289).
Entender y explicar las relaciones de género desde la perspectiva de Scott, conlleva a integrar diferentes elementos, para identificar los factores que dinamizan éstas relaciones de poder, ante la fuerza de la política como de la economía a lo largo de la historia de las sociedades.
Por otra parte, Teresita de Barbieri (1993) señala que en la manera de organización de la vida familiar y doméstica se identifican formas de subordinación, que muestran posiciones jerárquicas en la relación de hombres y mujeres. En el espacio familiar y a lo largo de la vida se cumplen papeles convencionales; “se atribuye a las personas en edades y sexos distintos, deberes y normas de conducta…” (De Barbieri, 1993:
156). Para Barbieri, la subordinación y las situaciones de vida cambian en el transcurso del ciclo de vida. Reconoce que existen etapas de vida en que las mujeres poseen mayor libertad o poder, como por ejemplo, las que han dejado la etapa reproductiva.
La vida cotidiana se organiza en función del sexo. En esta, “Se moldean prácticas y símbolos con los que se convive, festeja o reprime…”
(De Barbieri, 1993: 155). De Barbieri, al igual que Gayle Rubin, considera que en los espacios familiares se norman los comportamientos de acuerdo con las formas de organización de la institución del matrimonio y de otros espacios de sociabilidad.
La sociedad dividida por géneros provoca conflictos de poder, y éste se controla para mantener un orden. Orden que “…se ha resuelto mediante una estructuración del sistema de género… El género articulado con otras formas de desigualdad como la clase social…” (De Barbieri,
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han reconocido cambios en la estructura de las relaciones de género, por intereses políticos y económicos que han tomado fuerza e impactado en los contextos sociales en diferentes periodos de la historia. Estos factores
“…han permitido entender los cambios en las estructuras de parentesco, en los sentimientos, en el relacionamiento entre varones y mujeres...” (De Barbieri, 1993: 164). Así, en el sistema de género se identifican diferentes situaciones y maneras de ejercer el poder por la división de género, como por otros factores, entre ellos, las posiciones que se ocupan en una sociedad estratificada.
Otra de las autoras que ha realizado planteamientos teóricos de género es Marcela Lagarde (1996), quien desde una visión histórica y cultural considera que hombres y mujeres son sujetos sociales y políticos, con aspiraciones matizadas por la cultura, según una cosmovisión propia sobre los géneros. Para lo cual, según la autora, se precisa desmontar la estructura del modelo de relaciones de opresión genérica de las sociedades donde se desarrolla la vida de las personas.
Lagarde, señala que en la vida cotidiana se pueden observar las características de las relaciones de género:
La vida cotidiana está estructurada sobre las normas de género y el desempeño de cada uno, depende de su comportamiento y el manejo de esa normatividad. Si algo es indiscutible para las personas, es el significado de ser mujer o ser hombre, los contenidos de las relaciones entre mujeres y por ser mujeres y para los hombres por ser hombres.
Cada quien a lo largo de su vida ha debido saber todo esto, no dudar y ser leal al orden, asumirlo, recrearlo y defenderlo (Lagarde, 1996: 6).
El género involucra diferentes aspectos de la vida particular y social.
Se trata de una categoría que alude al orden sociocultural. Esta autora, al igual que otras estudiosas del género, considera que éste toma de base la sexualidad. Lagarde (1996), como Rubin (1986), Scott (1996) y De Barbieri
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de la sociedad:
…la sexualidad, materia del género, es el conjunto de experiencias humanas atribuidas al sexo y definidas por la diferencia sexual y la significación que de ella se hace… Las normas, las creencias, las costumbres y las acciones así como las relaciones basadas en la sexualidad son a su vez espacios de construcción de poderes de desarrollo… (Lagarde, 1996: 13-14).
Esta autora también refiere al género como una categoría de estudio, ya que ésta permite analizar dimensiones como:
…la condición femenina y la situación de las mujeres… la condición masculina y la situación vital de los hombres… cuya construcción se apoye en la significación social de su cuerpo sexuado con la carga de deberes y prohibiciones asignadas para vivir, y en la especialización vital a través de la sexualidad. Las mujeres y los hombres no conforman clases sociales o castas; por sus características pertenecen a la categoría social de género, son sujetos de género (Lagarde, 1996:
14).
Se puede observar que desde el análisis de género se persigue comprender la legitimidad de las costumbres y las formas de “…
reproducir el orden de género que tiene códigos, leyes, mandatos… Para el funcionamiento adecuado de la normatividad…” (Lagarde, 1996: 15). La autora señala que desde la teoría de género y los estudios realizados sobre las mujeres y los hombres, se ha podido comprender que los hombres y mujeres no son seres dados, sino que son el resultado de la historia de sus sociedades.
Otra estudiosa de las relaciones de género es Marta Lamas, quien señala que cada sociedad o territorio tiene un patrón de comportamiento marcado por la diferencia sexual. Explica que a partir de la característica biológica como es el sexo, se inculcan tradiciones y creencias que
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elementos se espera que los espacios de vida se dinamicen, y desde las formas de vida permeadas por la cultura se da significado a la interacción social:
cada cultura establece un conjunto de prácticas, ideas, discursos y representaciones sociales que atribuyen características específicas a mujeres y hombres. Esta construcción simbólica, que en las ciencias sociales se denomina género, reglamenta y condiciona la conducta objetiva y subjetiva de las personas… la categoría género como la simbolización o construcción cultural que alude a la relación entre los sexos (Lamas, 1996: 244-247).
Esta autora también menciona que con frecuencia el concepto de género se utiliza para referirse a las mujeres. Enfatiza que el género alude a la relación social entre los sexos, y se refiere al “conjunto de ideas, prescripciones y valoraciones sociales sobre lo masculino y lo femenino…
no se debe sustituir sexo por género. Son cuestiones distintas. El sexo se refiere a lo biológico, el género a lo construido socialmente, a lo simbólico”
(Lamas, 1996: 248). Marta Lamas reconoce que en los estudios de género aparece que las relaciones de género caracterizadas por el dominio “afecta tanto a hombres como a mujeres, que la definición de feminidad se hace en contraste con la masculinidad, por lo que el género se refiere a aquellas áreas —tanto estructurales como ideológicas— que comprenden relaciones entre los sexos” (1996: 248). Tal como lo han señalado las autoras, esta categoría tiene un carácter relacional. Alude a los comportamientos de género. También se identifican las implicaciones, tanto para los hombres como para las mujeres, aunque de forma distinta.
Lamas señala que desde el feminismo el concepto de género se refiere al “conjunto de ideas en una cultura sobre lo que es ‘propio’ de los hombres y ‘propio’ de las mujeres…” (1999: 1). Plantea que en el análisis feminista se ha hecho una nueva conceptualización del género, para explicar los conflictos en las relaciones entre hombres y mujeres. Señala
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posiciona a las mujeres y hombres en ámbitos y jerarquías distintos, sino la simbolización que las sociedades hacen de ella… simbolización que deriva en prescripciones…” (Lamas, 1999: 1-4). Este concepto, al remitir a lo simbólico, considera la capacidad de elaboración mental en donde tiene lugar la subjetividad y las representaciones sociales de género.
Destaca la cultura en la construcción del modelo de género. El comportamiento de género se adquiere de la cultura de pertenencia;
tomando en cuenta que las personas de acuerdo a su sexo, asumen un rol según lo establecido culturalmente por la sociedad. Los sujetos incorporan elementos culturales a sus formas de vida; se integran ideas, prescripciones, normas, valores, concepciones, comportamientos y expectativas sociales y culturales. Así, los comportamientos de hombres y mujeres se delimitan socioculturalmente.
Se entiende por cultura “…la organización social de significados interiorizados por los sujetos y grupos sociales, encarnados en formas simbólicas, todo ello en contextos históricos socialmente estructurados”
(Giménez, 2007: 271). También se considera que la cultura es “el orden de vida en que los seres humanos conferimos significados a través de la representación simbólica” (Tomlinson en Rodríguez, 2005: 2). De tal modo, la cultura es el bagaje de conocimientos, costumbres, comportamientos, valores, concepciones y significados del mundo. Elementos culturales aceptados, integrados a las dinámicas de vida, que se reproducen, generalmente, como si fueran parte de los aspectos naturales de la vida. El modelo de vida de hombres y mujeres tiene de fondo las relaciones socioculturales.
La teoría de género tiene una perspectiva histórica, cultural y social;
desde ahí explica los mecanismos de creación y reproducción de las relaciones de género. Integra conceptos y categorías para dar cuenta del orden social y subjetivo, a partir de la organización social de los sexos.
Esta teoría parte de que la vida de hombres y mujeres tienen
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de pertenencia, como la etnia, la clase y la edad. La perspectiva de género integra aspectos socioculturales.