CAPITULO IV: METODOLOGIA DEL ESTUDIO 8. METODOLOGIA, 217
5. LA INSTITUCION RESIDENCIAL
5.3.1. El contexto sociosanitario en España
realidad que rodea a la atención residencial, y que se ve dibujada de tintes sanitarios en mayor o menor medida. A nivel nacional, si bien en ningún documento se encuentra la conceptualización de las residencias como dispositivos sanitarios, sí podemos comprobar cómo, de una manera u otra, la presencia de personal sanitario en las mismas se hace necesaria y legalmente obligada, en mayor o menor ratio (Molina, 2011). Esta situación nos indica que el recurso social va transformándose en recurso sanitario. No sabemos, todavía, si esta transformación es debida a la iniciativa de las residencias o motivada por imposiciones normativas de las administraciones. Esta situación, según el análisis del estudio anteriormente referido, parece ser una práctica habitual en todas las comunidades autónomas.
Si bien es cierto que el estudio de las normativas legales que regulan las residencias lo hemos abordado en el capítulo IV “Marco Jurídico”, se hace necesario hablar de algunas normas para entender nuestra posición teórica. Esta aproximación conceptual, si bien de tipo tangencial, contrasta con lo expuesto en la Ley de Dependencia (Gobierno de España, 2006a), la cual solo menciona el término “sociosanitario” para hablar de la debida coordinación entre los estamentos sociales y los sanitarios. Esto lo hace sin llegar a puntos de unión de ambos ámbitos, tal y como parece pretender el artículo 25 de la citada norma.
En cualquier caso es posible que debamos irnos más atrás en el tiempo para intentar comprender mejor este fenómeno. En este sentido, la Ley 16/2003 (Gobierno de España, 2003b) en su artículo 14 refiere claramente que:
“1. La atención sociosanitaria comprende el conjunto de cuidados destinados a aquellos enfermos, generalmente crónicos, que por sus especiales características pueden beneficiarse de la actuación simultánea y sinérgica de los servicios sanitarios y sociales para aumentar su autonomía, paliar sus limitaciones o sufrimientos y facilitar su reinserción social.” (op.cit. p.20573)
Con este escenario, precisamente por lo ambiguo y arbitrario en su presentación en la realidad asistencial de las residencias, quizás seria interesante para nuestra investigación profundizar un poco más en lo que teóricamente es el modelo sociosanitario donde se pretende encajar la atención residencial a personas mayores. En este sentido debemos comenzar este nuevo punto de nuestra contextualización teórica partiendo de que realmente en las residencias de mayores se está dando una asistencia sanitaria, lo cual es evidenciado por nuestra
experiencia en el campo de estudio. No solo se da la atención sanitaria sino que incluso en opinión de algunos autores esta se ha visto incrementada desde hace tiempo (Elósegui; Goñi; Elizalde; Lertxundi; Bustinduy & Calvo. 2013: 29-38).
Incluso se admite por algunos autores de prestigio en el ámbito de la geriatría que:
“El mayor grado de medicalización permite resolver algunos problemas sanitarios más comunes y aleja el espectro de los antiguos asilos o de las residencias tipo hotel de 0 o 1 estrella completamente desprotegidas en este campo”. (Ribera, 2015:4)
Declinándose de manera contundente, el hasta hace poco ministro de Sanidad y Servicios Sociales del Gobierno de España, Alfonso Alonso, ha declarado muy recientemente que “el espacio sociosanitario es el futuro de la Sanidad”
(García, 2015:24), lo cual, desde un punto de vista macro, nos confirma los presupuestos con los que en la Región de Murcia partíamos, esto es, que lo sanitario parece ser más una expresión lingüística que la explicación de una realidad. De una manera más particular, este abordaje de lo sociosanitario parece estar ubicado en la sanidad, según Julio Zarco (Moreno, 2015:7), que refiere que, de manera general, la Atención Primaria de Salud y, especialmente la medicina de familia, tiene un papel protagonista para llevar a cabo la combinación sociosanitaria. Esto lo hace aun asumiendo que incluso después de 30 años esta misma Atención Primaria de Salud sigue sin dar el paso al frente para coordinarse con todos los elementos de la asistencia sociosanitaria, y poner el foco en el domicilio y no en las residencias de personas mayores. Recordemos que esta Atención Primaria tiene un carácter transversal desde el punto de vista etario, tal y como la definió la Organización Mundial de la Salud en el año 1978, durante la conferencia de Alma Ata:
“La asistencia esencial, basada en métodos y tecnologías prácticos, científicamente fundados y socialmente aceptables, puesta al alcance de todos los individuos y familias de la comunidad, mediante su plena participación, y a un coste que la comunidad y el país puedan soportar, en todas y cada una de las etapas de su desarrollo, con un espíritu de autorresponsabilidad y autodeterminación. La Atención Primaria es parte integrante tanto del Sistema Nacional de Salud, del que constituye la función central y el núcleo principal, como del desarrollo social y económico global de la comunidad. Representa el primer nivel de contacto con la
comunidad, llevando lo más cerca posible la atención de salud al lugar donde residen y trabajan las personas, y constituye el primer elemento de un proceso permanente de asistencia sanitaria” (Martín Zurro, 2003:5)
Siguiendo esta línea discursiva, se pronuncian sociedades científicas tales como la Sociedad Española de Médicos de Residencias (SEMER), particularmente su secretaría:
“(…) hasta hace bien poco, la relación entre AP [Atención Primaria] y residencias era casi inexistente, los médicos de primaria se centraban en hacer las recetas que el médico de residencias prescribía, pero, en general, no nos sentamos a una mesa para llegar a un acuerdo sobre lo que es mejor para el paciente. Ahora con la nueva creación de las áreas de gestión única, la forma de trabajar ha variado y parece que estamos más en consonancia gracias a las guías de consenso.” (Moreno, 2013:33)
A la hora de implantarse este modelo de coordinación, el doctor Avellaneda, coordinador del Grupo de Trabajo de Cronicidad, Dependencia y Enfermedades Raras de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria, reconoce que existe una gran desigualdad en todo el territorio nacional, e incluye a la Región del Murcia en el grupo de cobertura geriátrica intermedia de entre el 25 y el 50%, junto con Castilla y León, Aragón, Canarias y Galicia (Moreno, 2013a:33).
Esta dificultad a la hora de implantar el modelo sociosanitario, más allá de meras intenciones, no es nueva. En este sentido, ya se pronuncian previamente algunos autores, los cuales afirman por un lado que “el sector de la dependencia desempeña un papel fundamental en la coordinación sociosanitaria a la que aspiran las administraciones.” (Moreno, 2013b:25), resaltando el papel crucial que las instituciones de carácter sanitario, pero también social, (que la autora llama de la dependencia) juegan para poder llevar a cabo el modelo sociosanitario. Por otro lado, este mismo modelo requiere no solo la conjunción de ambos ámbitos, a saber, el sanitario y el social, sino la compenetración entre ambos, es decir la tan citada coordinación sociosanitaria que es precisamente lo que no existe, pues los autores refieren que “(…) actualmente, esta coordinación no existe de forma oficial y los contactos entre residencias, ambulatorios y hospitales se hace por la buena voluntad de los profesionales.” (Moreno, 2013:26).
Más allá de la implantación, más o menos coordinada del modelo sociosanitario, e incluso de la relevancia y motivación del mismo, no podemos obviar la realidad cotidianamente vivida, especialmente avalada por el investigador de este trabajo, por las residencias de personas mayores, las cuales procuran cada vez en mayor número servicios de tipo sanitario frente a los de carácter social. En este sentido, desde las sociedades científicas relacionadas directamente con la geriatría, en concreto la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), y la Sociedad Española de Médicos de Residencias (SEMER), se está reclamando mayor claridad en las estrategias propuestas desigualmente por las Comunidades Autónomas para aplicar determinados criterios de coordinación y para poder dar cobertura a las personas que viven en las residencias. La primera, la SEGG, en boca de su Presidente el doctor José Antonio López Trigo, se declina por aumentar el número de profesionales especializados, que podría llegar a triplicarse (López, 2013:15).
Teniendo en cuenta todo lo anteriormente expuesto y referenciado, actualmente la situación de las residencias frente al sector sanitario es la misma, tal y como se desprende de algunas aportaciones muy recientes (Fariña, 2015:16- 21), que ponen de relieve la soledad del médico, y del resto del equipo sanitario de las residencias respecto a los otros estamentos del sistema sanitario, ya sean de Atención Primaria o Especializada.