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Controversias sobre la violencia de género implícita en

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CAPÍTULO I. PROMOCIÓN DE LA SALUD Y LA MUJER

III.2 El papel ornamental de la mujer en una sociedad patriarcal

III.2.2 Controversias sobre la violencia de género implícita en

En este apartado es conveniente mencionar qué se entiende por violencia de género. Pero antes, hay que señalar que la violencia de género desde la opinión de quien esto escribe, no es sinónimo de violencia contra las mujeres pues, como anteriormente se señaló, el término género no sólo incluye a las mujeres, sino a los hombres en sus diferentes adscripciones de diversidad sexual, etnicidad, discapacidad, etc., pero además abarca a las personas transgénero62. Es decir, analiza las relaciones de asimetría entre mujeres y hombres, así como la violencia contra personas con orientación sexual no heterosexual o algún otro grupo que es discriminado o violentado. Como anteriormente se resaltó, el estudio se enfocó en las expresiones de género de las mujeres.

Siendo tan complejo el tema de la violencia, surgen diferentes enfoques teóricos que lo abordan, pero que difieren. Mientras unos sostienen que existen componentes innatos que explican las conductas de los sujetos: “Desde este enfoque la agresión tiene como fundamento principal el instinto y ciertos aportes de la biología: la herencia, la neurología, la endocrinología, etcétera” (Botello, 2008: 58), otras visiones se enfocan en aspectos externos del organismo para explicar el comportamiento violento de las personas, sostienen que: “[…] la agresión tiene relación más con el aprendizaje, la influencia del medio, etcétera […]” (Ídem). Desde la opinión de quien esto escribe, la violencia hacia los seres vivos o el medio, en cualquiera de sus formas, es inaceptable.

Para Corsi y Bonino (Herrera, 2009), la violencia contra las mujeres subyace en cuatro procesos psicosociales que contribuyen a ocultarla: 1) la

62 El término trans es una categoría que incluye a: “[…] personas que interfieren en sus cuerpos hormonal y/o quirúrgicamente con el fin de convertirse en un sexo diferente; personas que cambian su identidad de género pero deciden no cambiar sus cuerpos ni hormonal ni quirúrgicamente; así como transgéneros, entendidos como personas que tienen como objetivo un proyecto político para desmantelar el binarismo de género” (Soley-Beltran, 2014: 24).

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invisibilización, son formas de abusos y maltratos físicos imperceptibles que están basadas en construcciones culturales; 2) la naturalización, mediante un conjunto de conductas permisivas violentas como si formaran parte de la naturaleza humana, sobre todo de los hombres, justificando de esta manera, los actos de violencia en la vida cotidiana; 3) la insensibilización, consiste en un proceso social de aceptación y costumbre a la violencia real o ficticia por los medios de comunicación y la publicidad, a la indiferencia y pasividad ante el sufrimiento de los otros u otras; y 4) el encubrimiento de los actos violentos, cuya finalidad es contener, confundir, decaer y silenciar a las víctimas y los contrarios.

Se distinguen tres espacios en que la violencia se teje contra las mujeres, el primero es: 1) la esfera personal y/o familiar, donde se edifican y validan las identidades propias de “ser mujer” o “ser hombre”. Se reproducen roles y estereotipos de género, costumbres, creencias y conflictos en los que se sustenta el maltrato físico, psicológico, sexual y económico a lo largo de la vida de las mujeres, sea como hijas, hermanas, esposas, madres o abuelas, a través de la amenaza, coacción, intimidación, chantaje, celos, humillación, prohibición, abandono, expropiación de bienes, violación marital, incesto, abuso físico en periodo de gestación, abortos selectivos, embarazos no deseados, iniciación sexual forzada, violencia durante el noviazgo, hasta la muerte; 2) el espacio comunitario o social, en el cual existen prácticas, creencias y costumbres que, siendo legitimadas o no socialmente, causan dolor o sufrimiento físico, sexual, emocional e inclusive la muerte. Algunos casos son el aborto selectivo cuando una restricción obliga a tener un solo hijo; la muerte por dote insuficiente; la mutilación sexual; el abandono a causa de infertilidad; el acoso y la intimidación en la escuela y el trabajo; el tráfico sexual de mujeres; la prostitución forzada; la violación; la pornografía infantil; y el turismo sexual. Y, por último, 3) el ámbito del Estado, que se refiere a la institucionalización de la violencia, o la participación de aquel como perpetrador de abusos de poder, cuando las mujeres se convierten en motín y se someten a una forma de esclavitud sexual militar, cuando se realizan violaciones múltiples y se tortura a las mujeres para subordinarlas (Ídem).

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Para este estudio interesa la visión feminista sobre la violencia de género porque es uno de los enfoques más sobresalientes para abordarla. Sus postulados se basan en la crítica a las desigualdades sociales y relaciones de poder entre mujeres y hombres causados por un “sistema patriarcal” extensivo. Este enfoque ha originado debates en espacios académicos, políticos y de organizaciones civiles para manifestar, debatir, reflexionar y promover la participación de las mujeres en los espacios de poder, como un derecho necesario y como una forma específica de igualar las relaciones con los hombres (Botello, 2008). Por lo anterior, Herrera (2009: 109-110) indica que:

“[…] la violencia contra las mujeres como una constante en las relaciones de la vida cotidiana es un hecho reciente en la historia de la humanidad, que se remonta apenas a la década de los setenta del siglo pasado, y surge ante el cuestionamiento de feministas y posteriormente gracias a los estudios de género en torno a lo social, lo político y lo jurídico, pero sobre todo, a los discursos científicos hegemónicos que construyen, a partir de las diferencias sexuales, las desigualdades sociales que discriminan e invisibilizan a las mujeres en tanto sobrevaloran lo masculino en todos los ámbitos sociales […]”.

La violencia no se presenta de la misma manera para un niño, un joven, una persona con orientación sexual diversa, un adulto o un anciano, una mujer o un hombre. Tampoco se limita a los espacios privados o públicos (Botello, 2008).

La violencia de género se manifiesta como una forma de subordinación social e histórica de las mujeres en múltiples formas de violencia en lo cultural, laboral, educativo, familiar, sexual, etc. Así, las prácticas, creencias, costumbres y omisiones atentan contra la integridad física, psicológica y sexual de las mujeres a lo largo de su vida. La violencia de género no es meramente agresión física, tiene en cuenta aspectos cotidianos menos visibles (intimidación, humillación, discriminación, sometimiento, exclusión, desvalorización, etc.), que también ejercen un impacto negativo en la vida y salud de las personas.

Por su parte, Herrera (Ibíd.: 115) sostiene que la violencia de género: “[…]

se refiere a todos los actos que discriminan, someten y subordinan a los seres humanos en diferentes aspectos de su existencia y que afectan su libertad, dignidad, intimidad, integridad física, psíquica […]”. La mayoría de los medios de

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comunicación y publicidad inciden en crear mentalidades discriminatorias al cuerpo y apariencia física de las mujeres. En relación, con esto, Lagarde (2012:

219) opina que: “El papel de los medios de comunicación es crucial en la violencia de género contra las mujeres. Tanto en la visibilización, denuncia, investigación e información sobre violencia, como en la desinformación, la creación de prejuicios, el fomento de valores, juicios e interpretaciones machistas y misóginos”.

Así, la violencia de género adquiere diferentes formas, un ejemplo de ello es el siguiente caso donde el marido decide sobre la apariencia física de su esposa a través de la alimentación y la vestimenta:

“Él [marido] me escoge la ropa, si algo no le gusta me subo a cambiar (…) cuando vamos de compras es lo mismo, me dice:

‘eso no se te ve bien (…) quítatelo’ [y ¿te lo quitas?] sí porque si no se enoja y sale peor (…) luego él me lleva cosas para que las use, y sí, fíjate que sí me las pongo (Penélope, 44 años)”

(Guerrero, 2009: 131).

Y agrega:

“Él [marido] se molesta mucho si como pan o cosas grasosas, me dice: ‘ya deja de estar comiendo eso, te vas a poner toda gorda’ y pues [risas] sí, yo sé que lo hace por mí, para que me vea bien (…) pero no puedo dejarlo, eso Fer sí me cuesta muchísimo trabajo (Penélope, 44 años)” (Ídem).

Además, la pareja de Penélope la compara con una cantante y la incita a realizarse más cirugías estéticas para que sea físicamente como ella:

“Me dice mi esposo: ‘sí, aprovecha que te cambien todo, que te quiten grasa de acá [parte de la espalda a nivel de los omóplatos]

y que te pongan en las pompis’ como a la Ninel ya ves ella [Ninel Conde] se ha hecho de todo, la nariz, el busto, las pantorrillas, la lipo (Penélope, 44 años)” (Ibíd.: 135).

La violencia de género agrede principalmente a las mujeres por el simple hecho de “ser mujer” (considerada “el sexo débil”), tiene que ver con formas de correctivos. Las construcciones de género son una forma de violencia hacia las mujeres porque señalan que deben ser subordinadas, sumisas, obedientes y débiles. Cuando la mujer cuestiona estas ideas, intenta liberarse de dichas ataduras y realiza prácticas que van en contra del “deber ser” de la mujer, por lo

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cual puede recibir un tipo de castigo o de reconducción, discriminación, etc., para situarla en el papel que le corresponde. La violencia de género es correctiva, por ejemplo: se descalifica o desaprueba a la mujer al usar un atuendo escotado, además, está el acoso y el hostigamiento; al dedicarse a una profesión considerada “de hombre" (ingeniería, entrenadores o instructores de gimnasio, etc.) o una ocupación (conductora de taxi, etc.) se le valora como incompetente e incluso todavía socialmente está “mal visto” (Ferreyra, 2017).

Para Estrada y Sánchez-Alfaro (2011) la necesidad de abordar la violencia de género consiste en dos razones, la primera porque implica un aspecto ético. La segunda, por ser considerada un problema de salud pública en casi todo el mundo, ocasionando diferentes formas y grados de violencia no sólo en las mujeres, sino también en personas con orientación sexual diversa. Partiendo de estas consideraciones se plantean algunas interrogantes: ¿las cirugías estéticas son una transgresión o una iniciativa libertaria del ser mujer?; ¿hay violencia de género hacia las mujeres que se realizan cirugías estéticas? El proceso de socialización del papel ornamental de las mujeres es una construcción histórica, socio-cultural y subjetiva, en el que se ha victimizado a las mujeres, dejando de lado un asunto importante que es la autonomía, y en el que las cirugías estéticas pueden ser una forma de decisión de las mujeres sobre su propio cuerpo, para ellas mismas y no precisamente una imposición por la pareja o el entorno social.

Es importante especificar que la violencia de género puede manifestarse por parte del entorno social hacia las mujeres y no porque ellas mismas se la generen por su decisión de realizarse alguna cirugía cosmética. En el primer caso, hay una influencia explícita e implícita resultando la violencia de género a través de lo que se ha venido analizando en torno al papel estético del “ser mujer” para que las mujeres tengan inconformidad con su cuerpo y apariencia física, y acudan a las cirugías estéticas como una manera eficaz de alcanzar estándares de belleza. De esta manera, después la violencia de género surge por el mismo medio social, con insultos degradantes y humillantes ante resultados no gratos, por una apariencia exuberante, por prejuicios, por rivalidad o envidia,

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culpabilizando a las mujeres por las consecuencias que tuvieron a raíz de las cirugías estéticas con la idea falsa y despectiva “¡es que ellas se lo buscaron!”.

De esta manera, es evidente el tipo de violencia psicológica, la cual se define como:

“Cualquier acto u omisión que dañe la estabilidad psicológica, que puede consistir en negligencia, abandono, descuido reiterado, celotipia, insultos, humillaciones, devaluación, marginación, indiferencia, infidelidad, comparaciones destructivas, rechazo, restricción a la autodeterminación y amenazas, las cuales conllevan a la víctima a la depresión, el aislamiento, a la devaluación de su autoestima e incluso al suicidio” (Artículo 6 de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, citada en Lagarde, 2012: 210).

La violencia de género puede tomar diferentes formas afectando no sólo la salud física de las mujeres, sino también la psicológica.

En el capítulo I se mencionaron algunas Conferencias Internacionales de la Mujer enfocadas a eliminar formas de violencia de género y la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer, de 1979.

Éstas evidenciaron los problemas que enfrentan las mujeres a lo largo de su vida y en diferentes condiciones sociales. Asimismo, buscaron que se reconociera la violencia contra las mujeres como un problema que afecta los derechos humanos, la seguridad, la salud, la economía, el desarrollo y la vida de las mujeres. Estas conferencias son avances, pero todavía falta mucho por hacer en materia de violencia de género.

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