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Cultura beatnik y rock nacional

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El prólogo que Leonardo Sacco escribe para 5000 adioses a Puerto Argentino comienza por considerar la guerra un hito que trastornó a la sociedad argentina que antes de ella solo conocía las luchas internas: “De Malvinas para acá, por un lado la democracia, y por otro, miles de excombatientes en busca de un lugar al resguardo de la historia” (7). En ese momento en que “los argentinos desandamos la democracia con

Bernardo Grispun, un economista radical cercano a Alfonsín, que luego fue funcionario de su gobierno (302, 315). Otra señal de la sorda discusión instalada en ese momento es el artículo que el economista Raúl Cuello publica el 10 de mayo de 1982 convocando al cambio de la política económica del proceso militar, y cuyo título era “Economía de guerra: un debate estéril” (Clarín, “Opinión”, 12-13).

40 Rouquié sostenía que la desmalvinización era imprescindible para evitar “la militarización del sistema político y la politización del sistema militar” (Federico Lorenz, 2006, 191).

41 En Las guerras por Malvinas, Lorenz sigue las actividades de los excombatientes desde su inicial nucleamiento ya a fines de agosto de 1982, que rápidamente se transformó en la Coordinadora Nacional de Excombatientes. El autor sostiene que “Los jóvenes de uniforme pasaron a ser una presencia fuerte en la transición a la democracia” (207). Con un planteo antiimperialista, reivindicando su lucha en las Islas y a los jóvenes víctimas del proceso militar, diferenciándose absolutamente de las Fuerzas Armadas e insistiendo en portar sus uniformes y banderas, los miembros de este nucleamiento protagonizaron manifestaciones masivas ya en 1983. Un año después, en una de esas manifestaciones, destruyeron la estatua de Canning. En su muy completo seguimiento de ese accionar y citando un documento que producen en 1986, Lorenz sostiene que es perceptible cómo los excombatientes rompen con el discurso victimizador de la década del 80 considerándose como una continuidad de otras luchas populares. Aunque muy diferente a la visión casi aséptica del libro de Kon, este documento ratifica lo generacional vinculado a Malvinas: “formamos parte de una juventud, de una generación a la que el hecho más importante que la marcó fue –si todavía le caben dudas a alguien– Malvinas” (233) .Como se verá luego, esta idea de una generación 62 reaparecerá en Iluminados por el fuego, publicado en 1993.

pasos crecientes e inseguros” (9), Sacco insiste en definir una lectura posible de la obra partiendo de la crítica a los productos periodísticos post-Malvinas: “se habla, se habla y se pierde la emoción de la palabra”, cuestionando “la lógica especulativa y utilitaria” (7) de la investigación periodística. Así anticipa su juicio sobre el valor superador del enfoque literario de Terzano para conformar “el discurso del no-olvido, aquello que en el plano ético no debemos hacer jamás con la guerra: perder la memoria” (9). Presenta la obra como “un testimonio, una experiencia vivida por un testigo-escritor” (8), y la vincula con Los desnudos y los muertos de Norman Mailer. Construyendo una curiosa asociación con los descarnados relatos de combatientes norteamericanos de la Segunda Guerra Mundial en Filipinas, rescata el hiperrealismo de su estilo y propone para el futuro de los excombatientes una recuperación de las consignas “desmesuradas y románticas”, como el pacifismo y el desarme, la ecología y los derechos humanos, típicas de la generación beatnik;42“tal vez merezcan ser pensadas en profundidad. Estos chicos de la guerra pueden todavía crecer y transformarse en un futuro sin paranoia”

(10).

Está claro que el prologuista ya ha incorporado como motivo “los chicos de la guerra”, que era el título del libro publicado por Kon en 1982, y que formula cierto planteo grupal o generacional de los excombatientes, pero también enfatiza los valores literarios de la obra al definirla como un testimonio escrito sin golpes bajos, “sin ningún intento de ahondar con palabras el espeso silencio del dolor” (9).

Pareciera que la estrategia del prólogo es ofrecer un referente cultural al motivo de la búsqueda de un destino para los exconscriptos, ya concebidos como una generación.

Cambia el planteo funcional de Kon convocando a un referente más propio de la década anterior, es decir, la notable reacción cultural generada en los Estados Unidos por la guerra de Vietnam, que fue muy inspiradora para la primera etapa del rock nacional, aunque por esos años este ya estaba en plena expansión, como lo demuestra su reiterada presencia en el relato testimonial.43

42 Esta referencia a la cultura beatnik aparece en relatos testimoniales individuales: por ejemplo, Iluminados por el fuego de Esteban y Borri y Crónicas de un soldado de Bustos citan al antropólogo mexicano Carlos Castaneda, autor de Las enseñanzas de Don Juan (1968), lo que configuraría un eco de las contraculturas de la década del 70.

43 Los especialistas sostienen que podría hablarse de un período inicial del rock nacional como contracultura, donde señalan la influencia de Artaud y el surrealismo francés en Spinetta, y de Bob Dylan en León Gieco. Consideran que este período se cierra en 1975, con la despedida de Sui Generis (Charly García y Nito Mestre), que se realizó en el Luna Park frente a más de veinte mil jóvenes. El evento fue filmado por Bebe Kamin, que mucho tiempo después realizará el primer film inspirado en la guerra (Los chicos de la guerra). A partir de 1982 y casi como consecuencia de la contienda –se prohíbe emitir canciones en inglés–, comienza a masificarse el fenómeno del rock argentino. Parte ineludible de esta historia fue el Festival de la Solidaridad Latinoamericana realizado en el Estadio Obras el 16 de mayo de

En la edición de 1985, Terzano se limitaba a agradecer a Miguel Grinberg la publicación del libro y se reconocía fiel lector de la revista Mutantia desde antes de la guerra, un comentario que revela una filiación cultural típica de la época, centrada en el rock y las contraculturas de los 70.44 Doce años después, al integrar el colectivo de Partes de guerra de Speranza y Cittadini, el autor reflexiona sobre 5000 adioses y reconoce las influencias de Henry Miller, el surrealismo, la generación beatnik y el relato de Borges “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874)”;45 asume entonces la perspectiva de un escritor y la inspiración proustiana de su iniciativa: “Así que cuando volví dejé que fluyera el recuerdo. Lo que quería, aunque no sabía si lo iba a conseguir, era reproducir el clima de la guerra” (Speranza y Cittadini, 2007, 201).46

Esta forma de interdiscursividad testimonial señala también los cambios operados en un sujeto narrador que en 1985 ratificaba con su silencio una determinada imagen de

“testigo-escritor” desplegada en el prólogo, y que mucho tiempo después incorpora la obra creada y sus propias elecciones literarias a la evocación del “regreso”, es decir, la memoria de lo vivido después de la contienda. En 5000 adioses, Terzano no solo esboza un puente entre su experiencia personal, que remite a los 70, y la compartida con los chicos de la guerra, sino que enfatiza una característica que crecerá con el tiempo en el relato testimonial: la intersección entre el testimonio y la biografía, en síntesis, esa construcción de subjetividad sobre la que Leonor Arfuch señaló:

[…] no hay posibilidad de afirmación de la subjetividad sin intersubjetividad y por ende, toda biografía, todo relato de experiencia es, en un punto, colectiva/o, expresión de una época, de un grupo, de una generación, de una clase, de una narrativa común de identidad. (2002, 79)

Muy rápidamente esa construcción será confirmada por la literatura: el narrador de Arde aún sobre los años, la novela de Fernando López publicada en 1986, al evocar la contienda que había vivido en un pueblo del interior cuando tenía 18 años, ya instala la guerra como el “estigma de mi generación” (201).

1982, que contó con la presencia de muy notables rockeros de la época y fue transmitido en vivo por la televisión. Veinticinco años después, la Revista Puentes reconstruirá su historia en el artículo “Festival de la Solidaridad Latinoamericana: ¿Cómplices o ingenuos?”(número 20, 2007).

44 Grinberg, que pertenecía a la generación del 60 y había conocido el movimiento beatnik en los Estados Unidos, es considerado un pionero del rock nacional. La revista Mutantia se publicó en Buenos Aires entre 1980 y 1987 y se presentaba como una “revista argentina de orientación eco-espiritual”.

45 Si bien Terzano privilegia el motivo del destino, 5000 adioses a Puerto Argentino tiene una notoria influencia de otros motivos borgeanos, como por ejemplo la circularidad del tiempo.

46 Terzano integró las fuerzas argentinas destacadas en Goose Green y Darwin, algunos de cuyos testimonios recoge Partes de guerra.

La guerra como elemento clave en la vida de una generación y el rol del rock nacional interpretando el imaginario juvenil reaparecerán en Iluminados por el fuego –la siguiente obra del relato testimonial, que llega en 1993–, donde la modelización de lectura de su prólogo puede vincularse con el cruce epocal que define la vigencia de la reacción social ante los sucesos de la Semana Santa de 1987 y los rápidos cambios que se instalan a partir de 1989 en la forma de evocar al guerra.

Fue en la Semana Santa de 1987 cuando el nombre de Malvinas irrumpió en el escenario de la nueva democracia con el primer levantamiento militar protagonizado por Aldo Rico, que era reconocido por su actuación durante la guerra y sobre quien se proyectó la condición de “héroe de Malvinas” que el presidente Alfonsín había asignado a algunos de los sublevados. Así se iniciaron los conatos de insurrección que concluirían en 1990 liderados por militares cuya trayectoria anterior los asociaba con la contienda.47

Los investigadores coinciden en que la “remilitarización” del imaginario de la guerra de Malvinas ocasionado por el primer levantamiento carapintada nutrió el silencio que se abatió sobre la memoria de la contienda. Habría expresado la forma condenatoria con que la sociedad juzgó lo sucedido en 1982 y su propia actitud durante la guerra, así como también su decepción por las debilidades que la nueva democracia exhibía en la actitud conciliadora de Alfonsín para con los insurrectos.48

Sobre esta visión operaron las grandes modificaciones de la década del 90, que se inician en 1989 con el comienzo de la presidencia de Menem, cuyo proyecto neoliberal también fue registrado por el relato testimonial, no solo en sus secuelas de sacralización de las ideas de modernidad y abundancia como patrimonio de otros países a los que se debía imitar, sino también en la dramática situación que creó al profundizar las diferencias sociales y precarizar el empleo.49

47 Aldo Rico se levantó contra la autoridad constitucional dos veces: el primer alzamiento, llamado

“carapintada” porque los sublevados reproducían el camuflaje tradicional de los comandos, el mismo que habían usado en Malvinas, fue en la Semana Santa de 1987. Luego de pactar con los amotinados en Campo de Mayo, Alfonsín pronunció un discurso en Plaza de Mayo en el que aludió a los rebeldes: “Se trata de un conjunto de hombres, algunos de ellos héroes de las Malvinas, que tomaron esta posición equivocada” (Luis Alberto Romero, 2000, cap. 48, 67). El 18 de enero de 1988, Rico protagonizará otro levantamiento carapintada en Monte Caseros, al que siguió la rebelión de Mohamed Alí Seineldín el 3 de diciembre de 1990 en Villa Martelli. Ese día Seineldín se sublevó contra el presidente Carlos Menem asaltando el edificio Libertador, el Regimiento Patricios y la fábrica de tanques de Boulogne. Fue reprimido por el general Balza, un militar que también había actuado en Malvinas, autor de un libro sobre la guerra y protagonista de una famosa autocrítica televisiva sobre los crímenes perpetrados por los militares durante el proceso militar.

48 Sobre la lectura de esta reacción social, ver Hugo Vezzetti (2003, 130) y Federico Lorenz (2006, 193- 196).

49 En el capítulo siguiente de este trabajo, se analizará cómo el impacto del modelo neoliberal menemista podría leerse tanto en la visión de los ingleses como en las duras situaciones sociales y económicas que deben sobrellevar los excombatientes.

Los cambios en la política exterior fueron decisivos en la configuración de un relato bélico que ahora debía afrontar, por ejemplo, el reestablecimiento de relaciones diplomáticas con Gran Bretaña, el posterior encuentro en Londres de veteranos argentinos e ingleses, e incluso cierta iniciativa insólita del entonces canciller Guido Di Tella para aproximarse a los kelpers, enviándoles regalos como ositos de peluche y tarjetas.50

Cerrando el capítulo iniciado por las leyes llamadas de Obediencia Debida y Punto Final de 1986/87, el Gobierno dictó nuevos indultos en 1989/90 que liberaban de prisión, entre otros, a los miembros de la Junta Militar que había desencadenado la guerra (Galtieri, Anaya y Lami Dozo) y al carapintada Aldo Rico.

Otro episodio relevante fue el fin del servicio militar obligatorio tras la reacción que despertó el asesinato de un conscripto perpetrado por oficiales en un cuartel de Zapala en 1994. Este hecho –conocido como el “caso Carrasco”– cerró un cuestionamiento a la

“colimba”, como se la llamaba popularmente,51 que se incrementó después de Malvinas y que es un punto de partida insoslayable en el relato testimonial. Al referirse a su actitud ante la guerra, los testigos suelen aludir a su condición de conscriptos convocados por la ley, diferenciándose de los militares de carrera, para quienes la contienda era un destino elegido, o por lo menos previsible.

Según el historiador Lorenz, ya al comenzar los 90, el discurso político de los excombatientes había perdido “su fuerza y su especificidad” (234), ofreciendo como ejemplo concreto la inauguración del monumento a los caídos en la guerra, concretado en 1990, una de las numerosas iniciativas que, desde el estado nacional, los homologaba con los militares que habían participado en la contienda y les ofrecía el mismo reconocimiento económico por su condición de “veteranos”.52

50 Más allá del juicio que amerite esta iniciativa, lo cierto es que tomaba en consideración a un actor insoslayable del conflicto argentino-británico sobre las Islas: los kelpers, los habitantes de las Islas que desde siempre han ratificado su voluntad de ser súbditos británicos. Según los historiadores, su capacidad de presión política fue significativa en la política exterior inglesa, y los “intereses y deseos” de los kelpers que enarbolaban los británicos fue la frase más cuestionada por la diplomacia argentina en las negociaciones previas al desembarco de 1982 y en los primeros tiempos de la guerra. Esa capacidad de presión de los kelpers sigue siendo notable hasta la actualidad.

51 Si bien siempre se consideró que “colimba” era un acrónimo de “corre, limpia, barre” –las tareas usuales de los conscriptos–, el especialista en lunfardo Oscar Conde sostiene que “colimba es el vesre de milico” (Revista Ñ, 404, 11).

52 Lorenz señala que ese discurso político fue reemplazado por otro recurso simbólico, “el discurso de la tradición patriótica, monopolio de las Fuerzas Armadas que en esos mismos años –y en gran medida por obra de los propios exsoldados– habían sido caracterizadas como victimarias de su pueblo. Y también influyeron, por supuesto, las narrativas sociales configuradas durante la posguerra, que perpetuaban los estereotipos de marginalidad, locura y olvido” (2006, 234-235).

La literatura proponía otras lecturas de la guerra que no se centraban en la experiencia bélica. Una nueva generación de escritores creaba imágenes de los jóvenes participantes de la contienda que en algunos casos distaban mucho de las que proponía el relato testimonial. Cuentos como “La soberanía nacional” y “El aprendiz de brujo” de Rodrigo Fresán (Historia argentina, 1991) y “Memorandum Almazán” de Juan Forn (Nadar de noche, 1992) son ejemplos de esa nueva narrativa.

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