Nos encontramos ante dos términos que, lamentablemente y con fre- cuencia, se utilizan como equivalentes. Las opiniones escuchadas en la calle, y con las que iniciaba este capítulo, así lo demuestran. Sociedad y cul- tura no son equivalentes, ya que en todas las sociedades actuales es posible identificar la existencia de varias y diversas culturas, y la sociedad albace- tense no es una excepción a esta regla. Es, por tanto, un error considerar que a una sociedad le corresponde una sola cultura, o en dar al término cultura una acepción uniformadora que en Albacete, España y las sociedades de nues- tro entorno, no tiene. En una misma sociedad están conviviendo pautas cul- turales totalmente diferenciadas, y ello es así sin necesidad de tener en cuenta las pautas culturales que introduce la inmigración. Hay comportamientos
de personas autóctonas que se distancian notablemente de lo que son los com- portamientos mediosdel resto de la sociedad, y no por ello se les discute si son o no son parte de esta sociedad. Estar integrado en una sociedad es –lite- ralmente- “ser parte de ella”, y eso, en un estado de derecho, significa ser sujeto de derechos y obligaciones, en definitiva: ser ciudadano. Las pautas culturales no son, por tanto, el elemento que deba definir tal integración, sino el reconocimiento y ejercicio real de tales derechos de ciudadanía.
¿Se pueden exigir unos deberes como ciudadano y una integración social plena a quien no tiene los derechos básicos reconocidos? La integración social pasa por una integración política plena y unos mínimos niveles de integra- ción socio-económica. Por lo tanto, la premisa fundamental para la integración social del inmigrante se basa en su reconocimiento como ciudadano, con dere- chos y deberes, más que en su identidad. Como tan acertadamente ha seña- lado en numerosos trabajos Javier de Lucas, los flujos migratorios tienen un carácter radicalmente político. Se trata de un fenómeno global, complejo y plural que debemos tomar ya en serio como una de las cuestiones políticas clave, que exige paciencia y visión a medio y largo plazo, siendo el reco- nocimiento de derechos una condición previa y necesaria (aunque no sufi- ciente) para que haya una política y una realidad social de integración (Lucas, 2004). La integración es un proceso enormemente complejo, en el que intervienen factores psicológicos, sociológicos, políticos, económicos y culturales. Pero sin el reconocimiento previo de derechos y su posibilidad de ejercicio, solo cabe hablar de políticas de integración parcial. Integrar es, primeramente, equiparar en derechos, y todo lo que sean reformas legisla- tivas que recortan derechos de las personas inmigradas son actuaciones en contra de su integración social14. Hay que procurar, por tanto, una amplia equi- paración de derechos desde el principio; y no demorar el momento en el que la persona inmigrada pueda tener exactamente los mismos derechos que el resto de la población (incluido el derecho al voto), que bien podría coinci- dir con el momento de la obtención de la residencia permanente. Del mis- mo modo, la integración se ve dificultada seriamente por el sistema de cie- rre de fronteras, que condena a un porcentaje elevado de personas a pasar por un período más o menos largo de irregularidad, retrasando notablemente su proceso de integración social (Pajares, 2000).
14Buen ejemplo de ello ha sido la reforma de la Ley 4/2000, y toda la legislación española posterior en materia de extranjería, por más que a las leyes se las denomine como de integración. Y más recien- temente (verano de 2008) la vergonzosa y eufemísticamente denominada Directiva Europea de Retorno, que no es sino una herramienta jurídica para atentar contra derechos fundamentales de las perso- nas. Mucho me temo que, en 2009, la anunciada como nueva Ley de Extranjería, sea todavía mucho más restrictiva en derechos.
Considerando que la integración es “un proceso de adaptación recí- proco entre los inmigrantes y la mayoría” (Baubök, 1994), podemos iden- tificar tres grandes vertientes del mismo: la jurídica-legal ya mencionada, la socioeconómica y la cultural. Desde el punto de vista práctico, además del imprescindible marco de derechos a que antes se hacía referencia, pode- mos concretar en el marco socioeconómico y cultural, algunos de los fac- tores que comporta la integración. Señalo algunos de los ámbitos más rele- vantes en que ésta debe concretarse en nuestra provincia, teniendo en cuen- ta que el reconocimiento de derechos es una condición previa necesaria, pero no suficiente, para lograrla.
Contextos de origen: En la provincia de Albacete son cuatro las nacionalidades extranjeras más numerosas, por este orden: rumana, boliviana, marroquí y ecuatoriana. Si ampliamos la lista a los colectivos con más de mil habitantes, le siguen las nacionalidades colombiana, ucraniana y búlgara15. Es decir, convivimos ciudadanos de todos los continentes (excepto Oceanía).
Por ello, y como ámbito relevante para la verdadera y plena integración es preciso señalar la importancia del conocimiento de dichos contextos de ori- gen. Dicho más sencillamente: No es posible entender ni las migraciones ni al inmigrante teniendo en cuenta sólo su vida aquí. Hay que tener en cuen- ta su origen y su estrecha vinculación con él. Los inmigrantes son personas entre mundos geopolíticos diversos, habitantes entre varias sociedades y cul- turas. Algunos hablan ya de “transmigrantes” para definir a los que desarrollan y mantienen relaciones múltiples que pasan por encima de las fronteras16. Concebir la integración como adaptación mutua y construcción comparti- da entre la población autóctona y la población extranjera implica –entre otras cosas- conocer e intentar comprender las realidades y contextos sociales, eco- nómicos y culturales de los países de origen de la población inmigrante que llega a nuestro país. Desde el punto de vista macroestructural, las migraciones son una consecuencia de la desigual distribución de la riqueza y el poder en el mundo. Desde el punto de vista microestructural, no son el hambre y la miseria lo que induce a emigrar, sino la disparidad entre lo que tienen en el país de origen y lo que esperan obtener fuera. Son, por tanto, las cada vez mayores y más profundas desigualdades internacionales, las que provocan
15Datos según el Padrón Municipal de Habitantes del año 2006 publicado por el INE. Hay que recor- dar que el Padrón recoge los datos de los extranjeros empadronados, independientemente de su situa- ción administrativa (regular o irregular).
16Los transmigrantes realizan acciones, toman decisiones y desarrollan identidades dentro de redes que los conectan con dos o más sociedades simultáneamente.
los actuales movimientos migratorios sur-norte17. La revolución de las comunicaciones, los mensajes recibidos desde el Primer Mundo y la faci- lidad de los transportes influyen decisivamente en la decisión de emigrar.
En muchos casos, además de estos factores, situaciones de persecución política también coadyuvan a la decisión.
Trabajo y mercado laboral: El fenómeno migratorio obedece a una lógica fundamentalmente económica y laboral, y supone un proceso de inserción laboral a través del cuál se configura un nuevo componente de la mano de obra. En Albacete en particular, los trabajadores extranjeros extra- comunitarios se ubican preferentemente –y son ubicados- en sectores labo- rales en los cuáles no compiten con los trabajadores autóctonos. Estos nichos de empleo son principalmente cuatro: agricultura y construcción (para el caso del empleo masculino, sobre todo en construcción), servicio domés- tico (para el empleo femenino) y hosteleria (para ambos sexos). Razón por la cual su inserción laboral supone más una complementación que una sus- titución de la mano de obra autóctona. Si consideramos los últimos datos publicados sobre los extranjeros en el mercado laboral español, podemos com- probar cómo la situación de precariedad en los contratos y el desempleo es mayor en el caso de Castilla-La Mancha y Albacete que en el conjunto del Estado, y cómo la situación laboral de la mujer extranjera es también sig- nificativamente peor en nuestra comunidad y provincia. Los datos que muestra la tabla siguiente así lo evidencian, a la vez que nos permiten observar la distancia social entre territorios.
17Convendría pensar seriamente desde las políticas sociales públicas en la sociedad de destino, las diferentes estrategias de co-desarrollo que habrían de fomentarse en las sociedades de origen para mitigar esas desigualdades.
18Demandantes de empleo coyuntural (duración inferior a 3 meses) o de corta duración (jornada infe- rior a 20 horas), estudiantes, trabajadores que rechazan acciones de inserción social, trabajadores agrarios subsidiados, pluriempleo, mejor empleo, jubilados, demandas suspendidas, compatibili- dad prestaciones, colaboración social y otras causas.
Figura 5. Trabajadores extranjeros en el mercado de trabajo español, regional y provincial
Fuente: Observatorio Permanente de la Inmigración (MTAS), elaboración propia.
En un reciente trabajo de investigación realizado a partir de los micro- datos de la EPA en 2000 y 2006 (Martínez, Aguilar y Lombas, 2007) hemos analizado con detalle los efectos que en el mercado laboral regional tiene la inmigración, centrándonos particularmente en el análisis de la segrega- ción ocupacional y por ramas de actividad, que ha aumentado en 2006 con respecto al año 2000. Considero que merece la pena resumir aquí algunas de sus conclusiones, a saber: Los extranjeros que han llegado en los últimos años presentan unos comportamientos diferenciados respecto de la pobla- ción autóctona o extranjera que lleva más tiempo residiendo en Castilla-La Mancha. Esto se refleja en unas tasas diferentes de actividad y en distinta estructura ocupacional de la población nacional y extranjera por ocupacio- nes, dado que los inmigrantes que están entrando se aglutinan en unos sec- tores económicos muy concretos. Partiendo de los análisis realizados en su conjunto, podemos afirmar que en los últimos seis años se ha producido más un proceso de complementariedad entre los empleados nacionales y extran- jeros que una competencia directa por los puestos de trabajo. Con los índi- ces de segregación elaborados19podemos observar que la movilidad de los nacionales ha sido hacia trabajos que exigen mayor cualificación en rela- ción a la llamativa concentración de extranjeros en los que exigen menor cua- lificación. La entrada de mano de obra inmigrante, esencialmente de países no comunitarios, no ha provocado una reducción de las tasas de ocupación de los españoles de la región, ni siquiera en las ocupaciones donde la pre- sencia de aquellos se ha incrementado mucho en términos de segregación (por ejemplo, las no cualificadas). Ello puede ser debido a “un proceso de sustitución, claramente reflejado por el envejecimiento de los españoles dedi- cados a estas tareas, como hemos visto en los empleados del hogar o los tra- bajadores no cualificados, y donde el relevo generacional significa también un cambio de la composición por nacionalidades” (Domingo y Houle, 2004). Además, los inmigrantes soportan peores condiciones laborales que los nacionales (más altas tasas de subempleo y temporalidad). Las únicas excepciones las encontramos en directivos y técnicos científicos e intelec- tuales, pero estimamos que estas ocupaciones no corresponden en ninguna medida a las nuevas tendencias de la inmigración (más marcadas por las nacio- nales no comunitarias), sino que más bien pertenecen a extranjeros de la Unión Europea u otros países de la OCDE. También, comparando en los mismos
19Véase: J.L. Martínez, Mª J. Aguilar y A.S. Lombas (2007): “Efectos de la inmigración sobre el mer- cado de trabajo de Castilla-La Mancha (2000-2006)”, en Grupo de Trabajo 26: Sociología de las migraciones, IX Congreso Español de Sociología, Barcelona, FES.
niveles de formación, la inserción laboral de los extranjeros es más precaria que la de los españoles. Encontramos que se genera una importante concen- tración de sobrecualificación inmigrante en aquellas actividades que precisamente se caracterizaban por el menor nivel de cualificación requerido20. Por tanto,
“el incremento progresivo de población extranjera […] puede también trans- formarse en complementariedad si la entrada de extranjeros promociona más rápidamente a los españoles que se ocupan como peones” (Domingo y Houle, 2004). Este deterioro de las condiciones de trabajo en los sectores con mayor afluencia de extranjeros, aprovechando su vulnerabilidad laboral y legal, puede transformar los posibles beneficios de la complementariedad en un acre- centamiento de los vicios ya existentes en el mercado de trabajo español y que conllevan a la marginalización de una parte de la población dificultando la cohesión social en el futuro (Aguilar, Lozano y Cruz, 2005).
Como ocurre con otros colectivos, un proceso de “discriminación estructural” hace que los inmigrantes tengan mayores tasas de paro y de tem- poralidad, se concentren en ocupaciones con peores condiciones de traba- jo (salarios, horarios, riesgos laborales, etc.), cubran los puestos más “peli- grosos”, “penosos” y “precarios”, y tengan importante presencia en la eco- nomía sumergida. Definitivamente, éstos encuentran importantes dificultades para conseguir empleos fuera de ciertos segmentos laborales, para hacer reco- nocer sus competencias profesionales, para salir de situaciones laborales carac- terizadas por su escasa cualificación, para generar confianza en los emple- adores y para participar en acciones de formación y promoción profesional y social (Cachón, 2004). Esta discriminación laboral estructural (que se evi- dencia en estadísticas como las estudiadas) y que también se ejerce a nivel institucional (normativo y administrativo) y de empresa se retroalimenta con la segregación y se convierte en una forma elemental de racismo, como bien ha sido señalado por Wieviorka (1992).
Las claves iniciales de la integración en el mercado de trabajo son la inserción laboral digna y el estatuto jurídico estable. Por ello, el papel del Estado, y de los empleadores y sindicatos, es fundamental para evitar situa- ciones de explotación y precarización como las que se viven diariamente en nuestra comunidad tanto en el servicio doméstico, como la construcción y la hostelería y, de manera mucho más sangrante, por la existencia de inter- mediarios y mafias, en la agricultura. Convendría recordar en este punto que
20Dejamos fuera de nuestro análisis la consideración acerca de lo que esta situación implica de evi- dente desaprovechamiento del capital humano de la inmigración, pues ello nos apartaría de los obje- tivos iniciales de este capítulo.
el convenio laboral del campo obligaba a los patrones a facilitar aloja- miento a los jornaleros agrícolas en el siglo XX. Esta necesidad desapare- ció cuando se produjo el éxodo rural (nuestra gran migración interior cam- po-ciudad) acompañado de la tecnificación agraria. Sin embargo, ahora que el perfil del jornalero ha vuelto a cambiar en nuestra región (ahora son inmigrantes temporeros en su mayoría) ¿por qué no vuelve a incluirse esta obligación en el convenio colectivo? ¿Acaso hemos olvidado que los miles de españoles que todavía van a la vendimia francesa reciben alojamiento dig- no por parte de sus patrones mientras trabajan en sus cosechas? O es que,
¿lo que se quiere para los nuestros no se quiere para los foráneos?
Educación: Uno de los efectos del fenómeno migratorio es el aumen- to del número de alumnos de origen extranjero en el sistema educativo. Éstos se distribuyen de forma irregular ya que la inmensa mayoría lo hace en escue- las públicas, mientras que sólo una minoría lo hace en centros privados. Esta afluencia de nuevos alumnos compensa el decreciente número de alumnos autóctonos, aunque también plantea nuevos retos a la comunidad educativa21. Muchos problemas denominados de “integración”, en realidad son de “rotu- lación”, es decir: se presentan como consecuencia de una especificidad cul- tural, cuando en realidad son problemas económicos, de escasa formación del profesorado o de infraestructuras inadecuadas. Dentro del colectivo inmigrante hay la misma heterogeneidad que entre los alumnos autóctonos, y atribuirles comportamientos homogéneos es erróneo. Cuando la escolarización anterior ha sido normalizada, sólo se detecta un descono- cimiento de la lengua y del contexto social, y esta situación no crea mayo- res dificultades que las propias de la comunicación inicial, del aprendizaje de la lengua y del conocimiento de la sociedad de acogida. El colectivo de alumnos que presenta mayores dificultades es el de incorporación tardía en nuestro sistema educativo, aunque diversos factores también hacen hetero- géneo a este grupo: la edad y su momento de incorporación al sistema; el tipo y el nivel de escolarización previa; y las expectativas familiares y sociales22. Salud y nutrición: Pocos cambios vitales son tan amplios y complejos
21Según el MEC, en el curso 2005-2006 el total de alumnos extranjeros en la provincia de Albacete era de 3.279 estudiantes, frente a un total regional de 19.476, y un total nacional de 529.461. Se trata de cifras provinciales muy bajas, teniendo en cuenta el total de población provincial, si com- paramos la situación con el resto de la región y del Estado.
22Me permito remitir al lector de esta obra al capítulo correspondiente de educación, para ampliar este tema.
como los que tienen lugar en la migración. Prácticamente todo lo que rodea a la persona que emigra cambia: desde aspectos tan básicos como la alimentación o las relaciones familiares y sociales, hasta el clima, la lengua, el contexto cultural, su estatus, etc. Este proceso de reorganización bio-psico-social ante los cambios es natural y frecuente en todo ser humano, pero se da con mucha más intensidad en los migrantes, ya que, además del estrés de acul- turación, otros factores determinan y condicionan su estado de salud. Este complejo proceso debe ser tenido en cuenta en la atención sanitaria. Hay que manejar los esquemas del país de origen, además del de llegada. Es preci- so adquirir, fomentar y reforzar habilidades especiales para estos casos, ya que los inmigrantes sufren con frecuencia inestabilidad jurídica, en muchos casos desconocen las costumbres y el idioma, corren el riesgo de sufrir abu- sos laborales o violencia de género, pueden tener una inadecuada alimen- tación o problemas de vivienda, que son factores que repercuten negativa- mente en su estado de salud. Los inmigrantes están expuestos, además, a los mismos riesgos de la población en la que se integran, asumiendo estilos de vida que no poseían, lo que les provoca patologías que en sus países de ori- gen nunca hubiesen desarrollado. Si además de ello, comparten factores con- dicionantes propios de los colectivos de la población autóctona socialmen- te excluida, este cúmulo de circunstancias les hace más vulnerables, sien- do especialmente relevantes los accidentes laborales y las enfermedades de tipo mental, respiratorio, digestivo y dermatológico23. Según el sindicato Comisiones Obreras (2006), un 17% de los inmigrantes en Castilla-La Mancha no posee tarjeta sanitaria y del 22% que señala haber tenido alguna dificultad o pro- blema en la asistencia sanitaria, casi un 40% indica que éstos han sido derivados del desconocimiento del idioma, casi un 19% declara haberse sen- tido rechazado o discriminado, el 13’5% dice que no fue atendido por care-
23Según el Boletín Farmacopédico de Castilla-La Mancha(SESCAM, 2005) se constata el más ele- vado riesgo de enfermedades infecciosas entre la población inmigrante. Destaca una alta prevalencia de tuberculosis entre los inmigrantes, más elevada que entre la población autóctona en el único estu- dio realizado hasta la fecha sobre el asunto en la provincia de Toledo (J. Alonso, et. al, (2004):
“Prevalencia de infección tuberculosa en las personas inmigrantes del Área de Salud de Toledo”, en Revista Española de Salud Pública, vol. 78, nº 5). Otro de los problemas de salud significativos entre la población femenina adolescente y post-adolescente inmigrante es el elevado número de interrup- ciones del embarazo (siempre muy por encima de las cifras correspondientes a la cohorte de la mis- ma edad en población autóctona). En el informe de CCOO, ya citado, se dice (sin referencia a las fuen- tes consultadas) que un 67% de las interrupciones de embarazo registradas en España entre post-ado- lescentes corresponde a mujeres extranjeras. El colectivo rumano parece ser el más afectado, aunque debo señalar que en dichos registros también se incluyen las interrupciones practicadas a mujeres por- tuguesas, por ejemplo, que viajan a España sólo con este propósito, y a las que el informe citado no hace referencia en ningún momento, por lo que la cifra proporcionada debe tomarse con mucha cau-