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DE SERPIENTES Y CULEBRAS

In document Alejandro Rueda (página 99-113)

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

6.2. DE SERPIENTES Y CULEBRAS

Culebras con pelo, serpientes gigantes, ofidios capaces de hipnotizar a sus incautas presas… más allá del mito de la culebra lactante existen muchas otras creencias acerca de estos animales.

Culebras con pelo

¿Puede un reptil tener pelo? Así se asegura en muchas de las entre- vistas de campo. Las informaciones recogidas coinciden en que se trata de culebras muy grandes y viejas aunque en cuanto a la forma del pelo hay ciertas diferencias. Mientras que en unos relatos se describe una crin de pelo corto que recorre todo el lomo de la culebra, en otros el pelo se reduce a unas pequeñas cerdas detrás de la cabeza.

Muchos de los vecinos de la provincia que han facilitado estas des- cripciones dicen haber visto ellos mismos estos animales, y casi todos lo asumen como algo propio de la fauna de la zona: se tiene por cierto el hecho de que a las culebras viejas les crece pelo. Curiosamente, en Mallorca se cree que el pelo aparece en las culebras que llevan siete años en la isla60.

Son varias las interpretaciones que se pueden realizar al respecto.

A veces, algunos ejemplares pueden mostrar restos de muda retenida en la base de la cabeza y esto podría dar la impresión de que se trata de pequeñas cerdas. También se podría dar el caso de avistar un macho adulto de culebra bastarda y confundir su mancha oscura del lomo con un mechón de pelo.

Otra hipótesis nos dice que la culebra peluda no es en sí una culebra.

Algunos testimonios describen una crin a lo largo del lomo. Otros hablan de

La musaraña común (Crocidura russula)-un pequeño mamífero del orden de los Soricomorfos-se desplaza en fila india, situándose la madre a la cabeza seguida de sus crías61. Una visión fugaz de esta caravana de animales podría confundir a más de uno y hacerle pensar que ha visto una serpiente cubierta de pelo. El meloncillo (Herpestes ichneumon), una especie de mangosta, también se desplaza con sus crías de la misma forma. Respecto a este último animal, hay autores que aseguran que al- gún cazador se ha quedado petrificado tras disparar a una gran serpiente peluda y ver cómo ésta se desvanecía convirtiéndose en varios trozos con vida propia62.

Culebra bastarda (Malpolon monspessulanus). La mancha que esta especie presenta en el primer tercio del cuerpo puede ser confundida con un mechón de pelo.

Serpientes y culebras

En algunas comarcas, como la Sierra de Segura, la Manchuela y el Campo de Montiel, se establece una curiosa clasificación de los colú- bridos. Los residentes de estas zonas distinguen entre serpientes y cule- bras, a saber: las serpientes son muy grandes, de más de metro y medio de longitud, de cuerpo muy grueso y a menudo presentan una crin de pelo. En cambio las culebras son más pequeñas y de cuerpo más delga- do. Aunque ni unas ni otras son venenosas, sí se recalca que las serpien-

ERRORES DE PERCEPCIÓN

A veces la visión fugaz de un objeto puede confundirnos acer- ca de lo que en realidad hemos visto. En la fotografía, un lagarto ocelado (Timon lepidus) juvenil que ha sido atropellado. El golpe le ha dejado una herida al animal en la base de la cabeza que se asemeja a un mechón de pelo. Si un reptil con ese aspecto pasase rápidamente ante nosotros, podríamos juzgar que el hematoma es en realidad una crin.

Cuando hablamos de serpientes (Ophidia), lo hacemos de un su- borden de los reptiles (Reptilia). Dentro de este suborden hay varias familias: vipéridos (víboras), boidos (boas), colúbridos (culebras)… es- tos últimos son los que nos ocupan. Para entendernos, todos los ofidios son serpientes, pero solo son culebras los que pertenecen a la familia Colubridae; por ejemplo, todos los ofidios de la provincia de Albacete son serpientes, los cuales se dividen en víboras (vipéridos, la víbora ho- cicuda) y culebras (colúbridos, todas las demás).

La manera en que la gente de estas comarcas clasifica los ofidios da a entender que estamos ante especies distintas, cuando lo más probable

SERPIENTES QUE SERPENTEAN

Los bestiarios románicos ya hablaban de culebras y serpientes explicando el porqué de sus nombres. Según San Isidoro (libro XII, cap.4, 1-3): se llama Culebra porque vive en la sombra y se desliza en ondas sinuosas y Serpiente porque serpentea por cami- nos secretos y no al descubierto.

De todos modos, esta aseveración no se ajusta a las informacio- nes recogidas a la gente de la provincia para este libro.

Culebra viperina (Natrix maura) desplazándose entre unas rocas. El órgano locomotor de los ofidios es el conjunto de su columna vertebral y su musculatura.

desarrollo. De esta manera, un individuo juvenil de culebra de escalera o de culebra bastarda sería una culebra, mientras que un adulto de la misma especie ya sería una serpiente. También podría ser que adultos de especies de menor tamaño, como las de los géneros Coronella o Ma- croprotodon, fuesen considerados culebras.

Culebras gigantes

Por supuesto, abundan los testimonios acerca de culebras enormes, de dimensiones monstruosas y dotadas de una fuerza descomunal. Mu- chas veces parece como si se extrapolasen las características de las boas y pitones de las selvas tropicales a nuestras culebras ibéricas. Así, se han recogido informaciones sobre culebras de más de cuatro metros (Ro- bledo), con el cuerpo como el brazo de un hombre (Villamalea) o como el timón de un arado (Viveros) y hasta con la cabeza de grande como la de un caballo (Aguas Nuevas). Muchas de estas culebras gigantes tenían bien delimitado su territorio, por lo que siempre permanecían en los mismos parajes, como son los casos de la culebra del Cortijo Na- varro en Viveros y otra enorme culebra que habitaba en las huertas de Aguas Nuevas (la gente de esta última población no iba a abrir el riego de noche por temor al reptil). A esto hay que añadir el testimonio de un vecino de Nerpio que habla de una especie de maldición al intentar matar una culebra de grandes dimensiones. Él se encontraba cazando cuando vio una culebra enorme, en palabras suyas de unos 2’5 metros y

Individuo juvenil de

culebra bastarda (Malpolon monspessulanus). Este podría ser un ejemplo de lo que se considera una culebra. Cuando, tiempo después, el animal se convierte en adulto, es probable que sea catalogado como serpiente.

a otros vecinos del pueblo el arma les había reventao al ir a disparar a una culebra. En Cataluña se decía que si matabas una culebra con una escopeta, el arma quedaba embrujada y no volvía a funcionar37, y en la Sierra de Madrid se cree que el cuerpo de la culebra es refractario a las balas y los cartuchos63. Vemos aquí cómo a los ofidios se les llega inclu- so a atribuir capacidades mágicas o sobrenaturales.

LEYENDAS URBANAS

Este tipo de leyendas tiene poco que ver con las creencias reco- piladas para este libro. Y no tanto por el hecho de que las leyen- das urbanas suelan darse en las ciu-

dades, sino porque se trata de unas historias que circulan hace relativa- mente poco tiempo, si se comparan con el folklore y la tradición oral.

Los reptiles, en este caso las ser- pientes gigantes, tampoco han es- capado a este tipo de historias. Una leyenda urbana muy extendida (de hecho se ha recogido en algunos pueblos de la Sierra de Alcaraz) habla sobre un chico el cual tiene como mascota una enorme boa (o pitón, según las versiones). La ser- piente es tan dócil que en lugar de vivir dentro de un terrario está suel- ta por toda la casa, que recorre con total libertad. Una noche, el dueño nota que la serpiente se sube a su cama y se estira a su lado. Esto lo vuelve a repetir varias noches más.

Finalmente, el chico comprende que lo que el animal hace es medir la

longitud de su dueño, para ver cuándo su propio cuerpo será lo suficientemente largo para engullirlo.

El autor con una pitón de la India (Python molurus).

Estos animales, que pueden llegar a medir 6 metros y pesar 90 kilos, son relativamente fáciles de adquirir en cualquier tienda de mascotas.

Es difícil encontrar explicación a estos relatos, teniendo en cuenta que la mayor culebra citada en la provincia es la culebra bastarda, la cual alcanza como máximo los 240 cm. En algunos casos se tiende a exagerar, intencionadamente o no, tras un encuentro con una culebra de grandes dimensiones (en cualquier caso metro y medio o poco más) debido al temor que estos animales suelen inspirar.

Malas pulgas

Llegados a este punto, era inevitable que se dotase a estos reptiles de una agresividad desproporcionada. Se dice que muchas culebras, al ser molestadas, no dudan en atacar fieramente e incluso llegan a perse- guir a las personas. Un agricultor de Viveros cuenta cómo en una oca- sión fue perseguido por una culebra. El hombre se encontraba en un bancal labrando con las mulas y vio una serpiente bastante grande. Al intentar espantarla con un palo, el animal le silbó y se abalanzó sobre él.

El agricultor salió corriendo y la culebra comenzó a perseguirle y estuvo a punto de darle alcance, ya que, según él, se desplazaba muy deprisa siguiendo el surco hecho por el arado. El hombre cambió de dirección y corrió cruzando los surcos, de manera que a la culebra le costó seguirlo al tener que atravesar el bancal subiendo y bajando por los montones de tierra. El informante asegura que esta técnica para huir de las serpien- tes en los campos arados se solía usar en el pueblo cuando algo uno de estos animales perseguían a alguien. En zonas rurales de Extremadura también se cree que la ondulación de los surcos de las tierras de labran- za frena la velocidad de las culebras64. De todos modos, es difícil creer que una culebra persiga a un ser humano ya que, por lo general, una vez sienten la presencia del hombre emprenden inmediatamente su huída47.

Hay quien dice que muchas veces, en lugar de morder, las culebras atacan al hombre golpeando fuertemente con sus cabezas. Esta creen- cia está extendida prácticamente por toda la provincia. De acuerdo con ella, los ofidios propinarían fuertes y dolorosos golpes con sus cabezas, capaces de causar graves heridas o incluso, como veremos, la muerte:

Hay una historia que se cuenta en Mahora, según la cual un hombre se

las, mientras que en otras, quien murió atacado por los reptiles fue el agricultor. Pero hay algo que no cambia de una versión a otra: las cule- bras atacaron asestando fuertes cabezazos a sus desdichadas víctimas.

En Madrigal de la Vera (Cáceres) se cuenta una historia similar; en ella, un labrador se encontraba trabajando en una zanja cuando aparecieron dos culebras que le atacaron golpeándole con sus cabezas64. La mayor diferencia con el relato de Bolinches es que aquí fue el agricultor quien mató a las dos culebras.

No solo en La Manchuela, también en la Sierra de Alcaraz se dice que las serpientes hincan la cola en el suelo y pegan con la cabeza, de hecho se cuenta un caso parecido en el cual una culebra pegó una paliza a una mujer en Los Chospes (Robledo).

Todo esto puede tener su explicación en la actitud defensiva de las culebras del género Natrix. La culebra de collar (Natrix natrix) puede hacerse la muerta si se ve en peligro, con la esperanza de que el de- predador la deje en paz. La culebra viperina (Natrix maura) basa su estrategia defensiva en asemejarse a una víbora, sacando partido de su dibujo dorsal en zigzag y aplanando la cabeza, con la intención de que el depredador crea encontrarse ante una verdadera y venenosa víbora y se lo piense mejor antes de atacar. En cualquier caso, si las estratagemas anteriores fracasan, ambas serpientes pasan a la acción y golpean con la boca cerrada54. Al observar este comportamiento daría la sensación de que están dando latigazos o cabezazos, cuando únicamente atacan golpeando con el rostral. Por supuesto, y aunque algunos vecinos de la provincia hayan sufrido estos golpes, una culebra nunca llegaría a herir de gravedad y mucho menos matar a nadie.

Culebra viperina (Natrix maura) en actitud intimidatoria. Este ofidio aplana la cabeza y aprovecha su dibujo dorsal para hacernos creer que estamos ante una auténtica

En varias localidades como Santa Ana, Liétor o Lezuza, también hablan de ataques, esta vez mediante golpes con la cola. Hay citas que aseguran que la culebra bastarda (Malpolon monspessulanus), al verse acorralada por el ser humano, entierra su cabeza en el suelo y fustiga a este con la cola, pudiendo llegar a romperle una pierna65. En Motilleja, cuentan que cuando las culebras están en celo dan latigazos con la cola a quien las molesta.

Las culebras no suelen atacar de esta manera al ser humano, de hecho estos coletazos podrían ser golpes accidentales que el ani- mal propinaría cuando, al manipularlo, éste intentase zafarse y es- capar. De todos modos, y en relación al testimonio de Motille- ja, sí es cierto que en época reproductiva, los machos de culebra de collar luchan entre ellos con la cola para disputarse las hembras54, aunque eso no quiere decir que agredan del mismo modo al hom- bre.

Otras veces, las culebras se encaran con la gente. Se dice que son capaces de levantarse, proyectando más de la mitad de su cuerpo en vertical, de manera que alcanzan una altura similar a la de un hombre, mirándolo fijamente con intención de atacar o defenderse.

Estos casos pueden atribuirse a la culebra bastarda, la cual, cuando va en busca de presas, a veces se para y levanta la parte delantera del cuerpo. Esto le permite otear desde una posición más elevada66. Aun así, los relatos recopilados hablan, literalmente, de culebras que se levantan clavando la cola en el suelo y se encaran a las personas. Para hacer esto, una culebra bastarda tendría que ser capaz de proyectar desde el suelo más de las dos terceras partes de su cuerpo de forma que alcanzase la al- tura de un hombre adulto, algo que, aunque hablásemos de un ejemplar de grandes dimensiones, parece del todo improbable. La visión de una de estas espectaculares serpientes levantando la cabeza del suelo puede dar lugar a muchas exageraciones.

Hay un testimonio acerca de la voz de las culebras que afirma que ésta va más allá de bufidos o silbidos. En Mahora cuentan que los traba- jadores de una finca escucharon lo que parecía el llanto de un bebé. Se acercaron a las matas de donde provenía el lamento y quedaron asom- brados al descubrir allí una culebra como autora del mismo. Aseguran

a llover se escucha el canto de las culebras, el cual es parecido al de las ranas pero más recio63.

Es muy curiosa esta creencia de atribuir cantos u otras voces a las serpientes ya que éstas no poseen otra voz más que los bufidos o sil- bidos mencionados anteriormente. Puede inducir a confusión el hecho de observar una culebra al tiempo que escuchamos otro sonido en el monte, de manera que podemos pensar que ha sido el reptil el que lo ha producido. Es revelador el testimonio de un pescador de Motilleja, que explica esta hipótesis por medio de otra creencia popular, en este caso sobre los peces: en la zona se dice que los lucios (Esox lucius) cantan, y que el sonido puede escucharse en las orillas del río. Lo curioso, explica este informante, es que el supuesto canto se escucha en ríos donde no hay lucios, con lo cual es fácil concluir que los sonidos que se le atribu- yen al pez son producidos por otra especie, posiblemente cualquier ave acuática o del bosque de ribera.

De nuevo en Mahora, y acerca de las especies acuáticas (Natrix spp.), un par de entrevistas revelan que cuando la tierra no las puede mantener, las culebras se tiran al agua, pasando así a una fase acuáti- ca más propia de algunos tritones. Los informantes apostillan que esto sucede ya que en el agua siempre tienen más alimento disponible, y que cuando éste escasea en tierra, no tienen otra opción que cambiar de medio.

Parece muy difícil siquiera conjeturar el origen de esta creencia. Se puede encontrar a las culebras de este género tanto en zonas húmedas como en otras más secas; de hecho, con tiempo muy cálido, la culebra viperina puede ser completamente acuática54. Digamos que ver culebras de este género cazando en tierra y, poco después, verlas hacerlo en el agua podría inducir a pensar que el animal se mueve exclusivamente en ese medio y que en él dispone de más presas.

El poder de la hipnosis

Que las serpientes son capaces de hipnotizar a sus presas y dejarlas paralizadas es una creencia muy extendida, no solo aquí, sino en otras latitudes, sobre todo en Sudamérica.

Los hechos comienzan con la culebra mirando fijamente a su presa

ción, el ofidio abre la boca y le echa el aliento o el vaho al pájaro y éste salta de la rama y vuela directo a la boca de la culebra para ser devorado.

Muchos entrevistados dicen haber sido testigos presenciales de estos episodios y haber visto claramente cómo las serpientes atraen a los pája- ros, bufándoles o silbándoles, hacia una muerte segura.

En Nerpio se dice que una vez una culebra llegó a hipnotizar a un gato, dejándolo inmóvil hasta que alguien tiró una piedra y espantó al ofidio. También en Nerpio se cuenta un caso que va más allá y que ocu- rrió en la pedanía de La Dehesa: Una mujer iba con su hija de la mano cuando de repente la niña se quedó parada. La mujer tiró de la mano de la cría y le dijo que comenzase a andar de nuevo, pero ella no se movió;

permanecía quieta con la mirada fija en el ribazo del camino. Cuando la madre miró en la misma dirección, vio una enorme culebra erguida como medio metro y mirando fijamente a la niña. La mujer comenzó a gritar y unos hombres, que estaban trabajando en un bancal cercano, la oyeron y corrieron en su ayuda. Cuentan que la culebra se dio cuenta de que la habían descubierto y escapó. La pequeña volvió en sí y co- menzó a caminar de nuevo. Quienes han contado esta historia ase- guran que la niña estaba quieta porque la culebra le había echado el aliento.

La explicación a esta creencia podría estar en la ecología de los ofidios y la forma que tienen de cazar. Las culebras y las víboras suelen cazar al acecho, de forma que permanecen inmóviles a la espera de que una presa pase cerca de ellas para atraparla54. Un pájaro o un ratón pue- den cruzarse con una serpiente sin haber reparado en ella, y al ser cazado puede dar la sensación de que el animal ha sido atraído por el reptil.

Algunas especies, como la culebra bastarda, tienen arcos superci- liares muy prominentes lo cual les confiere una mirada fiera y pene- trante. Esto, unido a que las serpientes carecen de párpados, puede dar la impresión de que una culebra está mirando fijamente a su presa para hipnotizarla.

El episodio del gato hipnotizado es muy curioso pues en Brasil existe esta misma creencia, pero en dirección inversa. Allí se dice que son los gatos los que, moviendo el rabo, hipnotizan a las culebras68.

Los testimonios acerca de culebras que atraen a los pájaros desde

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