RESULTADOS Y DISCUSIÓN
6.1. LA CULEBRA LACTANTE
Hace tan solo un mes que Juana dio a luz y ya se encuentra segando con un grupo de braceros. Es la una y media de la tarde y el calor es insoportable. Si a la hora de la comida hay una sombra cerca, los trabajadores se cobijan bajo ella y se refrescan mínimamente; si no es así, tienen que reponer fuerzas en el hilo, a pleno sol. Hoy están de suerte y cuando toca comer, el tajo se encuentra en un ribazo donde hay una frondosa carrasca. Allí la hermana pequeña de Jua- na ha traído las merenderas con el almuerzo. Hombres y mujeres se sientan a la sombra y empiezan a comer. Juana saluda exhausta a su hermana pequeña, que también ha traído a Juanito, su bebé al que tiene que dar la teta. Terminado el almuerzo, la mujer se recuesta en el tronco de la encina con su hijo en brazos para amamantarlo. Aún quedan unos minutos para volver al tajo y Juana se queda traspuesta apoyada contra el tronco del árbol, mientras el niño sigue mamando.
A lo largo de prácticamente todo el mundo podemos escuchar esta historia. Se pueden encontrar testimonios idénticos, hasta en los más pe- queños detalles, en lugares tan alejados entre sí como pueden ser Fran- cia89 y Argentina50. Por supuesto, en los pueblos de nuestra provincia también se han dado casos de culebras lactantes.
En el campo…
Solía ocurrir durante las cosechas, cuando las mujeres que tenían un hijo de pocos meses -estaban criando- iban al bancal a llevar la comi- da a los hombres. En algún momento después de la comida las mujeres descansaban, por lo general bajo un árbol o apoyadas en la rueda del carro, mientras daban el pecho a sus pequeños. En más de una ocasión la madre, agotada, se quedaba dormida y era el momento que esperaban las culebras para aparecer en escena. Tan pronto como la mujer se dormía solía aparecer una culebra, la cual apartaba al bebé de la teta para suc- cionar ella misma la leche del pezón; al mismo tiempo metía en la boca del niño su cola para que sirviese a éste de consuelo y no llorase, ya que tenía que evitar que la madre se despertase.
…y en la casa.
Existe otra versión del relato en la que los hechos tienen lugar dentro de la casa. La acción se desarro- lla exactamente igual, solo que la culebra se mete esta vez en el dormitorio, sube reptando a la cama y se nu- tre de leche materna noche
Representación gráfica de la culebra lactante. El reptil introduce la cola en la boca del bebé para que no llore mientras succiona la leche de
tras noche. Cuentan que a veces la mujer se despertaba a tiempo de des- cubrir a la serpiente, aunque por lo general nadie se daba cuenta hasta que el niño comenzaba a perder peso de manera alarmante, llegando incluso a enfermar (algo bastante lógico, si tenemos en cuenta que la culebra le estaba robando su alimento). Cuando los padres comenzaban a sospechar y con el fin de asegurarse de que se trataba de una culebra lactante, esparcían ceniza por toda la habitación para, al día siguiente, descubrir el rastro dejado por la serpiente al reptar. En Lezuza, se cuen- ta que las culebras, una vez habían terminado de mamar, se ocultaban en la habitación para pasar desapercibidas durante el día y volver a las andadas durante la noche. Así, dicen que se enroscaban en las patas de la cama o que se estiraban en el marco de la ventana del dormitorio. De esta manera nadie reparaba en ellas y cuando caía la noche y el bebé y la madre dormían podían salir de su escondite para comer. También en Lezuza, un informante cuenta cómo su abuela rezaba un Padre Nuestro todas las noches para que no viniese la culebra.
Las culebras se enroscarían en las patas de la cama para pasar desaper- cibidas durante el día.
se. En Nerpio hay quien dice que antes se daban estos casos porque las viviendas tenían gateras en las puertas para que los animales domésticos accedieran a las mismas, y las culebras aprovechaban también para co- larse en las habitaciones.
En Villamalea, un entrevistado asegura que su sobrino murió a cau- sa de uno de estos episodios. El bebé llevaba algunas semanas perdiendo peso y mostrándose cada vez más débil hasta que una noche el padre descubrió a la culebra mamando de la madre en el dormitorio y la mató.
Desgraciadamente poco se pudo hacer por el pequeño, el cual murió poco después de desnutrición (asegura que murió encanijao). En Ner- pio, se cuenta otro caso de muerte de un bebé por inanición en un cortijo de La Dehesa; el suceso es descrito de forma idéntica que el anterior.
Uno de los casos más curiosos recopilados tiene lugar en las loca- lidades de Liétor y Viveros. Como hemos visto, los acontecimientos se desarrollan siempre de la misma manera: la culebra aparta a la criatura, se pone a mamar y le introduce la cola en la boca a modo de consuelo.
Es a consecuencia de esto último que el niño habría desarrollado en la piel una suerte de escamas propias de los reptiles, como si la serpiente, al introducir su cola en la boca del bebé le hubiese contagiado sus ca- racteres de alguna manera.
Culebras ordeñadoras.
En la Sierra de Segura y en La Manchuela cuentan que antes era muy frecuente encontrar culebras en los corrales de piedra del ganado,
Durante el día, la culebra aguardaba la noche estirada en el marco de la ventana para evitar ser descubierta.
de las ubres de cabras y ovejas. Un pastor de Motilleja asegura que en alguna ocasión ha descubierto él mismo a una culebra enganchá de una de sus ovejas.
En Alcaraz, un informante dice que las culebras acudían al olor de la leche. Cuenta que en casa de sus padres hace años elaboraban queso de manera artesanal. Cuando dejaban el queso para que se orease, abrían las ventanas para que corriese el aire; asegura que tuvieron que poner mallas y rejillas en las ventanas para evitar que las culebras accediesen a la habitación atraídas por el olor del queso y de la leche. También en Alcaraz se dice que cuando los bebés lactantes regurgitaban la leche (echaban una bocaná) había que limpiarles muy bien la boca o de lo contrario podían acudir las culebras atraídas por el olor.
Un entrevistado de Mahora habla de una finca en la cual los tra- bajadores notaban que después de ordeñar al ganado y haber guardado el cubo de la leche, ésta parecía menguar. Una noche dejaron el cubo y se escondieron para descubrir a una enorme culebra que introducía su cabeza y se bebía gran parte de la leche.
La encarnación del mal
Debido a la curiosidad, temor o fascinación que causan, las ser- pientes han sido tema de estudio de la Etnozoología y otras áreas de conocimiento46. De hecho, tal vez los ofidios sean los reptiles que más mitos y leyendas han generado en prácticamente todas las civilizacio- nes. Mientras que en varias culturas americanas la serpiente representa el origen de la humanidad y el agua47, en nuestra cultura las serpientes han sido tradicionalmente consideradas como la encarnación del mal48.
Así, a la serpiente moradora del árbol de la ciencia del bien y del mal, va referida esta interpelación:
Dijo luego Yahvé Dios a la serpiente:
“Por haber hecho esto
maldita serás entre todos los ganados y entre todas las bestias del campo.
Te arrastrarás sobre tu pecho
Las primeras referen- cias acerca de las culebras lactantes aparecen en la cultura clásica, al afirmar Plinio la existencia de ser- pientes que se alimentaban principalmente de leche de vaca49. Este mito está muy extendido, no solo en nues- tra provincia, sino prácti- camente en toda España y otras partes del mundo.
Así, en Brasil a esta cule- bra se la conoce como Ma- madeira, en Argentina se la llama Víbora Mamona, en EE.UU. es la Milk Snake50 y en México hablan de la Culebra Lechosa o Sape- ra51, Tilcuate16, Cincuate o Xuchitl52.
Muchos ganaderos estadounidenses atribuyen cualquier disminución en la producción de leche a la milk snake (género Lampropeltis).
LA VÍBORA MAMONA
El zoólogo argentino José M. Gallardo (1925-1994) relató en su obra Anfibios y Reptiles. Relatos y leyendas, etimologías, usos y abusos (1994) algunas particularidades de las culebras lactantes en Argentina.
Una leyenda cuenta que, debido a que en el campo argentino el ternero es encerrado en un corral sin la madre, la culebra aprovecha para mamar de las ubres de la vaca noche tras noche siempre a la misma hora. Lo curioso es que la vaca espera a la serpiente y busca ser ordeñada por ella.
También existe la creencia de que no debe matarse a la culebra mientras mama, por lo que se le puede inducir a beber leche de un cuenco, con el fin de que suelte la ubre de la res.
Una leyenda de los gauchos dice que las culebras atan con sus cuerpos las patas de las vacas (en Argentina es costumbre atar las patas de las vacas antes de ordeñarlas) para poder mamar de las ubres. La misma creencia asegura que la leche de la vaca, Una vez el ternero era separado de la madre, la culebra aprovecharía para ordeñarlo.
Este fenómeno de la lactancia por parte de los reptiles aparece per- petuado en representaciones artísticas como las de la iglesia románica de Santa María la Real en Sangüesa (Navarra). Las arquivoltas de la por- tada muestran varias figuras de mujeres atacadas por culebras y sapos, una incluso parece estar amamantándolos. Aunque esta es la imagen con la cual se representa la lujuria en el imaginario artístico del románico europeo48, con el paso del tiempo, las esculturas podrían haber sido in- terpretadas como un acto de lactancia53.
¿Es posible que esto suceda? ¿Puede una serpiente mamar de una mujer? Para empezar, los ofidios no están preparados anatómicamente para tal efecto, ya que ni su boca ni su lengua son capaces de efectuar succión alguna. Aún en el hipotético caso de que consiguiesen mamar de un pezón o una ubre, sus dientes causarían un agudo dolor a la mujer o al animal, con lo que es improbable que éstas permaneciesen impasibles durante la succión.
Detalle de la iglesia románica Santa María La Real (Sangüesa), donde se
Los casos acaecidos en el campo durante el descanso de las faenas agrarias podrían tener una explicación: en el momento de descansar y amamantar al bebé, la mujer podría avistar cerca de ellos una culebra y bastaría con su presencia para imaginarse sus aviesas intenciones. En cuanto a los casos que tenían lugar en las casas, en la provincia hay algunas especies que se adentran en poblaciones humanas e incluso en viviendas54, como por ejemplo la culebra de herradura (Hemorrhois hi- ppocrepis). Si una noche apareciese una de estas serpientes en un dormi- torio donde durmiesen una madre y su retoño, los padres podrían sacar sus propias conclusiones.
A veces no sería nece- sario avistar culebra alguna, ya que si el niño comenzase a perder peso o demandase más tomas se podría deducir que una culebra le estaba roban- do la leche a la madre mien- tras ella dormía.
El pediatra Carlos González55 detalla algunas causas por las cuales el lac- tante no aumenta de peso, como pueden ser el retra- so constitucional del creci- miento, una desnutrición se- cundaria a una enfermedad que produzca pérdida de nu- trientes (síndrome nefrótico, parasitosis…) o disminuya el apetito (infección urinaria, otitis…), el uso de una téc- nica inadecuada de lactancia (duración o frecuencia insu- ficiente de las tomas, posi- ción inadecuada…) o bien
La culebra de herradura (Hemorrhois hippocrepis) es una especie que suele adentrarse en núcleos urbanos.
Un estudio etnoherpetológico realizado en Extremadura relaciona la creencia de la culebra lactante con un deseo de justificar la mortali- dad infantil35. De este modo se estaría culpando a un ente maléfico (la culebra) de cualquiera de los síntomas descritos anteriormente en los lactantes o incluso de su muerte, como un mecanismo justificador de la imposibilidad de los padres de salvar la vida al bebé.
En la cultura pasiega cántabra, la serpiente representaba los peli- gros del exterior, de la naturaleza, de lo desconocido... en definitiva, los peligros del mundo sobre el que los hombres no tenían control. El hecho de que una culebra se metiese en una casa suponía una grave amenaza, pues el reptil podía mamar de las ubres de la vacas o de los pechos de las mujeres. Esto representaba poner el peligro la supervivencia de la comu- nidad, puesto que hacía temblar los cimientos de la economía pasiega: la vaca productora de leche y el hijo56.
Respecto a la técnica de esparcir ceniza alrededor de la cama y bajo la puerta de la habitación para descubrir el rastro de la culebra hay que apuntar que curiosamente este método aún se utiliza por los aficionados a la terrariofilia, aunque en este caso, en lugar de ceniza se usa harina Son muchas las causas por las cuales, a veces, el lactante no aumenta de peso.
Sobre los niños con escamas de culebra, es posible que estas per- sonas presentasen síntomas de algún tipo de eccema o psoriasis, tales como ampollas o pequeñas costras en la piel. Esto podría llevar a la gente a establecer una conexión entre el aspecto de la piel afectada con la de los reptiles.
Acerca de las culebras acechando al ganado en los corrales, lo más probable es que éstas estuviesen más interesadas en los roedores que en la leche. Estos últimos acudirían al corral atraídos por el pienso utilizado para alimentar a las ovejas. En Extremadura, los pastores utilizaban una quijada de lagarto como amuleto para ahuyentar a las serpientes que acudían a mamar de las ubres de las ovejas57. Y es que, como veremos más adelante, la culebra y el lagarto son enemigos antagónicos.
En cuanto al caso de la serpiente que bebía leche de un cubo, en- contramos paralelismos con otras historias contadas en Galicia, donde se usaba la leche como cebo para atrapar culebras58. En Argentina existe una leyenda, según la cual, se puede inducir a una culebra a beber le- che de un recipiente50. De todos modos y aunque esto llegase a ocurrir, conviene tener presente que los reptiles no producen lactasa, esto es, la enzima que fragmenta la lactosa y por tanto la degrada59, con lo cual son incapaces de digerir la leche.