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LLUVIA DE RANAS

In document Alejandro Rueda (página 121-126)

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

6.5. LLUVIA DE RANAS

dos comenzó a diluviar. Las gotas que golpeaban el parabrisas del tractor eran tan grandes que Pedro pensó que tal vez era granizo, ese “gran amigo” del agricultor en los meses de verano, cuando se acerca la cosecha. Lejos de amainar, la turba de agua se hizo cada vez más intensa hasta el punto que Pedro tuvo que detener el vehícu- lo ya que le era imposible ver siquiera el camino. Permaneció unos minutos dentro de la cabina mientras gotas como puños golpeaban el techo de la misma y el parabrisas con inusitada violencia, mientras maldecía su suerte y daba la tarde por perdida. La tormenta fue poco a poco parando y pronto dejó de llover. El motor del Massey seguía tronando al ralentí, hasta que Pedro lo apagó. Lo que vio cuando se asomó por la ventanilla, le obligó a bajar, aún incrédulo, con la vista puesta en el camino: un manto negruzco cubría todo el suelo.

Se aproximó, y aquella masa oscura empezó a moverse, como chis- peando hacia arriba en una multitud de motas diminutas. Pedro se agachó y juntó sus manos con las palmas hacia arriba, como quien coge agua para lavarse. Sus ojos se entrecerraron de incredulidad cuando vio que en el hueco formado por sus manos saltaban decenas de ranas minúsculas.

Este es un fenómeno que se tiene por cierto en gran parte de la provincia. Muchos de los informantes aseguran haber sido testigos del mismo, relatando cómo en medio de una lluvia torrencial caían del cielo centenares de ranas.

Que llueva, que llueva…

Se podían barrer con una escoba. Así describe el manto de ranas que quedó en la carretera un vecino de Viveros después de una lluvia de estos animales que él mismo presenció. Durante un recorrido en coche por un camino del pueblo, una tormenta le obligó a detener el vehículo y cuando empezó a llover el suelo se cubrió de pequeñas ranas. Aunque no vio claramente caer las ranas del cielo, el informante asegura que éstas

Resolviendo el misterio

Durante las entrevistas realizadas, los mismos informantes dan sus ex- plicaciones para descubrir el porqué de estos episodios. En Liétor, se dice que cuando llovían sapos era a causa de un maleficio, lo cual puede ser una reminiscencia de la plaga bíblica concerniente a las ranas.

A veces, incluso se muestran escépticos ante el hecho de que puedan diluviar ranas, y elaboran sus propias hipótesis. Así, también en Liétor, hay quien dice que no es que no es que lluevan ranas, es que las mueve el aire, y en Aguas Nuevas cuentan que el calor evapora el agua y con ella los huevos, eclosionando éstos en las nubes y cayendo las ranas mezcladas con el agua de lluvia.

Respecto al primer razonamiento, existen hipótesis que ciertamente sitúan al viento como factor causante de la lluvia de ranas; se explica mediante la acción de trombas marinas o mangas de agua: unas colum- nas de aire en rotación muy rápida que se extienden desde una nube hasta la superficie acuosa, generalmente el mar o grandes lagos. En la zona de contacto con el agua, el aire succiona las ranas y las lanza hacia arriba, arrastrándolas hacia otro lugar donde se precipitan al suelo79. De Los testigos cuentan que las ranas que llueven son muy pequeñas.

cie, nunca de especies distintas o incluso mezclados con algas o ramas, las cuales también debería haber movido el viento.

En relación al hecho de que los huevos se evaporen con el calor, hay que tener en cuenta que las puestas, evidentemente, se encuentran en es- tado sólido y necesitarían pasar a estado gaseoso para subir a la tropos- fera, que es donde tiene lugar la formación de lluvia. En cualquier caso, imaginando que esto pudiese ocurrir, lo que caería en forma de lluvia no serían ranas sino renacuajos.

Buceando en la bibliografía sobre este asunto, encontramos innume- rables citas sobre el fenómeno de lluvia de ranas, desde el siglo II49 hasta

OTRAS LLUVIAS EXTRAÑAS

Tal vez la primera lluvia de ranas de la que tenemos conocimien- to sea la que aparece en la Biblia como una de las diez plagas de Egipto. No obstante, no solo hay informaciones acerca de lluvia de anfibios. Se han llegado a registrar testimonios acerca de llu- vias de peces en Inglaterra (1859), lemmings en Noruega (1555), gusanos y hasta un castor en Suecia (1923 y 1708 respectivamen- te), todos ellos durante tormentas muy fuertes y mezclados con la lluvia80.

Existen relatos de lluvias de peces en lugares tan alejados entre sí como Francia o la India.

Antiguamente se creía que estas lluvias de anfibios ocurrían como castigo divino. Después, ya en el Renacimiento, achacaron estos acon- tecimientos a la generación espontánea: las ranas se generaban en las nubes y permanecían agarradas a éstas hasta que se dejaban caer cuando llovía, mezcladas con el agua de lluvia80.

Fue el naturalista Rosën von Rosenhof quien interpretó este fenó- meno de una forma más creíble en su obra Historia Naturalis Ranarum Nostratium (1758)83. En ella se cuenta que, a veces, cuando llueve, cien- tos de pequeñas ranas recién metamorfoseadas salen aprovechando la humedad para desplazarse sin sufrir deshidratación. La visión de tantas ranas saltando en medio de la lluvia podría dar la impresión de que éstas han caído del cielo. El hecho de que se trate de ranas recién metamorfo- seadas también explicaría por qué los entrevistados siempre hablan de ranas pequeñas53.

En el hipotético caso de que los huevos se evaporasen y eclosionasen en las nubes, lo que llovería no serían ranas sino renacuajos.

6.6. EL JASPE, EL TIRO Y OTROS ANIMALES VENE-

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