Capítulo V: La habilidad lingüística humana como base para la operación del sentido común
V. 11. El desarrollo infantil del sentido común V.11.1 De nueva Cuenta Lynd Forguson
V.11.2. Desarrollo cognitivo y lenguaje según Vygotsky
176 Esto lo libera de lo momentáneo y le permite integrar secuencias más amplias de las experiencias (Bruner 1998, pp. 67-68).
De esta manera el habla resulta no solamente un accesorio comunicativo, pues su función más importante es la de aportar la “tecnología del lenguaje” en el marco de las operaciones cognitivas infantiles, que le permiten al niño representar regularidades recurrentes; unir sucesos pasados con los presentes y futuros;
integrar, desplegar y amplificar las potencialidades intelectuales humanas;
desarrollar del intelecto, que avanza a saltos según se van incorporando las innovaciones transmitidas por los agentes culturales en forma de prototipos y formas de responder, ver, imaginar y traducir al lenguaje. Cuando se llega a los 12 años, el lenguaje se transforma en el instrumento de conocimiento más importante. Bruner resumen su reflexión sobre el lenguaje diciendo que éste….
….Moldea, enriquece e incluso sustituye a las primeras modalidades de procesamiento de información en la infancia. La traducción de la experiencia a una forma simbólica de representación, con los consiguientes logros del distanciamiento referencial, la transformación y la combinación, despeja el camino hacia las posibilidades intelectuales que superan en un orden incalculable a las que pueda proporcionar el más poderoso sistema de formación de imágenes” (Bruner 1998, pp. 69-70).
El lenguaje posee, entonces, dos características fundamentales, que son el distanciamiento y la arbitrariedad. Éstas le permiten formar combinaciones en ausencia del objeto o la experiencia y ello posibilita que el niño se represente lo que queda más allá del presente, en un proceso de interiorización que depende en gran medida de la interacción con los demás (Bruner 1998, p. 71).
177 sobre la coherencia objetiva. En otras palabras, el niño relaciona todo con todo y sólo poco a poco forma grupos para percibir y entender el mundo (Vygotsky 1995, pp. 266-267).
El niño, entonces, según Vygotsky, piensa primero en los objetos aislados, después en las acciones de estos objetos, luego en indicios y finalmente en las conexiones que existen entre los diferentes objetos del mundo. Algunos estudios cuyo objetivo es la comprobación experimental de la percepción del niño en edad temprana, han demostrado que el mundo, para ellos, representa inicialmente una suma de objetos aislados y luego algo integral y en forma de grupos (Vygotsky 1995, p. 271).
El pensamiento de un bebé de 12 meses ya es muy sofisticado y antecede a la formación del lenguaje. Por lo que se puede decir que él implica las raíces prelingüísticas del intelecto infantil (Vygotsky 1995, p. 273). El hecho de que el niño logre nombrar diversos objetos, refleja el hecho de que comienza a fraccionar la masa de impresiones, a fin de establecer nexos objetivos. Con eso logra salir del pensamiento sincrético. (Vygotsky 1995, p. 279).
Para Vygotsky, las representaciones son restos de estimulaciones procedentes del medio; o sea, todos los objetos que actúan sobre la persona y que, al cerrar los ojos, se reproducen en una imagen interior de intensidad variable. También se dice que son reactivaciones de estimulaciones residuales (Vygotsky 1995, p. 273).
Entre la percepción y la representación puntual de algo se encuentra la representación eidética, que es un grado en el desarrollo de la memoria que resulta muy importante, dado que ésta trabaja con imágenes de aquello que no se encuentra presente. Así, esas imágenes son el material del pensamiento. La observación de los elementos eidéticos ha demostrado que existe una importante movilidad en las imágenes, pues ellas combinan y desplazan formas, estableciendo nexos para utilizar la información (Vygotsky 1995, p. 274).
En la solución de problemas, a través del uso del lenguaje, el niño logra extraer la esencia de las situaciones hipotéticas y reales y realiza combinaciones de imágenes, que ayudan a resaltar aquellos atributos pertinentes para la solución de las situaciones. El niño pequeño se emociona y utiliza un lenguaje egocéntrico, que le permite cumplir con dos funciones: por una parte actúa y se dirige a los presentes y por la otra puede planear las diferentes partes de la operación (Vygotsky 1995, p. 276).
Así, de manera gradual, al llegar a los 4 o 5 años de edad, el niño logra pensar y utilizar el lenguaje, pasando por el lenguaje egocéntrico, luego el pensamiento
178 durante la acción y finalmente alcanza una fusión completa de pensamiento y lenguaje, que se va estabilizando según va madurando el niño (Vygotsky 1995, p.
278).
El historiador y filósofo planteaba que el mayor aprendizaje en el niño es el resultado de actividades sociales que la persona logra interiorizar a través de un proceso en el que el conocimiento es coconstruido tanto por el niño, como por otras personas con quienes interactúa. Así describe Vygotsky el concepto de
“zona de desarrollo proximal”, que caracteriza al desarrollo mental prospectivamente y se define como “la distancia que hay entre el nivel real de desarrollo, determinado por la capacidad de resolver problemas de forma independiente y el nivel de desarrollo potencial, determinado a través de la resolución de un problema bajo la supervisión de un adulto en colaboración con otro compañero más capaz” (Vigotsky 1978, p. 10).
Éste planteamiento evidencia la importancia del educador, quien planea las experiencias de aprendizaje y las coordina otorgando al alumno la ayuda necesaria para el logro del objetivo planteado, lo cual se ve beneficiado si los alumnos trabajan, además, en parejas o equipos. De esta forma, se optimiza la ejecución espontánea en la que el niño aporta sus propios recursos y tiene lugar una “ejecución asistida”, que logra un nivel superior de operación gracias al apoyo externo, el cual puede ocurrir entre pares, entre el profesor y el alumno o simplemente entre familiares, amigos o cualquier otra persona con quien el niño conviva, incluyendo a sus amigos imaginarios. La zona de desarrollo proximal únicamente se ve limitada por el desarrollo del pequeño.
El andamiaje es el apoyo que el niño utiliza para aprender, como lo describe Bruner en su libro, “Desarrollo Cognitivo y Educación”. En dicho texto el psicólogo norteamericano señalaba que se debe prestar atención, más que al niño, a la cultura a la que él pertenece ya que, dentro de ella, adquiere un lenguaje tanto como técnicas, destrezas y normas de conducta. En esa cultura el aprendizaje de los jóvenes se da en la interacción con los adultos, quienes fungen como modelos.
La educación formal se transmite en la escuela. Allí se guía el desarrollo a través de derroteros determinados y culturalmente definidos y a través también de procesos educativos en los que los adultos aportan al niño “andamios”, o
“prótesis”. Con éstos él puede apoyarse para avanzar en el proceso de su incorporación a la sociedad. Y todo ello se lleva a cabo a través del lenguaje (Bruner 1998, p. 16).
El “andamiaje” nace a partir de la idea de que cualquier cuerpo de teoría o destreza se puede transmitir (o convertirse) en una forma de representación para
179 el niño, en función de sus posibilidades evolutivas actuales y potenciales (Bruner 1998, p. 17). A esto los pedagogos lo llaman también transposición didáctica, que es el arte de desbaratar la información y presentarla de manera sistemática y lógica, con el fin de que el alumno logre su comprensión.