II. Operaciones mentales y desarrollo del lenguaje
II.2. Las capacidades que se tienen por medio de los sentidos internos
II.2.4. Observaciones sobre los nombres dados a las nociones generales
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II.2.4. Observaciones sobre los nombres dados a las nociones
63 puede imaginar ninguna. Se pueden concebir el entendimiento, el deseo, la virtud, el juicio y otros atributos de la mente, pero no es posible imaginarlos. De igual manera es posible concebir universales de manera específica, pero no es posible imaginarlos, ya que no puede haber imagen de un universal.
Según Reid, Locke vio claramente que la capacidad de formar concepciones abstractas y generales es una de las capacidades más distintivas de la mente humana. Ella impone diferencias específicas entre el hombre y las criaturas brutas. Pero no se dio cuenta Locke de que tal capacidad es perfectamente irreconciliable con su doctrina referente a las ideas. Sus oponentes vieron esta inconsistencia; pero, en lugar de rechazar la hipótesis de las ideas, explicaron el poder de la abstracción (Reid 2002, p. 395).
Por otro lado, el obispo Berckley comentaba que se puede considerar a Pedro como un hombre, o como un animal, en tanto no se considere todo lo que se ha percibido. Aquí se puede observar que aquél que considere a Pedro, hasta ahora un hombre, o bien un animal, debe concebir el significado de aquellas palabras abstractas y generales, “hombre” y “animal”, de manera que aquel que conciba el significado de ellas tiene una concepción general abstracta (Reid 2002, p. 395).
De estas consideraciones uno podría concluir que el obispo de Clyone pensaba que se puede abstraer, pero que no se puede encuadrar ideas abstractas, con lo cual es posible concordar. Si se considera la noción de generalización del obispo, él no niega que existan ideas generales, sino que solo existan ideas generales abstractas “Una idea” dice “que se considera en sí misma, como particular, llega a ser general al hacerle representar a todas las ideas y significar particularidades de la misma clase”.
Aquí se observa que cuando una idea particular se convierte en un signo para representar y significar a todos los de una clase, esto supone una distinción de las cosas en clases y especies. Ser de una clase implica tener los atributos que caracterizan a la clase y son comunes a todos los individuos que pertenecen a ella. No puede haber una clase sin atributos generales, ni puede haber una concepción de una clase sin una concepción de los atributos que lo distingan. La concepción de una clase, por lo tanto, es una concepción general abstracta. La idea particular no puede convertirse en un signo de una cosa de la que no se tiene una concepción. Se debe entender o concebir su significado cuando se hace una representación de una idea particular de ella. De lo contrario, la idea particular representa algo, pero no se sabe qué es (Reid 2002, p. 397).
64 De todo lo expuesto el obispo infiere que una cosa tan difícil no puede ser necesaria para la comunicación a través del lenguaje, el cual es tan fácil y familiar para todas las personas. Puede haber algunas concepciones abstractas generales que resulten difíciles o incluso inalcanzables para las personas con entendimiento débil, pero hay innumerables que no están fuera del alcance, incluso, de los niños.
Es imposible aprender un idioma sin adquirir concepciones generales, pues no puede haber una sola oración sin ellas. Es mejor creer que formarlas y ser capaces de articular los sonidos del lenguaje para expresarlas, conforma la dificultad que presentan los niños para aprender su primera lengua (Reid 2002, p.
397).
Sin embargo, se observa que dicha dificultad se supera tan temprano que no es recordada; y en éste periodo los niños ponen toda su habilidad y su esfuerzo para entender y darse a entender, lo que sin duda logran. El trabajo de formar nociones abstractas es el mismo que el de aprender a hablar y de entender lo que se habla.
Las palabras de todos los idiomas, a excepción de los sustantivos propios, son palabras generales; la mente de los niños está equipada con concepciones generales en la proporción necesaria para aprender el significado de las palabras generales (Reid 2002, p. 398).
Según Reid, la mayoría de los hombres no tienen muchas nociones generales salvo aquellas que se expresan con las palabras “generales” que escucha y utiliza en conversaciones. El significado de algunas de éstas se aprende por definición, que de inmediato incluye una concepción general correcta. Durante la infancia, especialmente, el significado de las palabras generales se va recogiendo por una especie de inducción; a partir de la manera en que se les ve utilizarse en varias ocasiones por quienes los rodean y que entienden el lenguaje. De éstas, la concepción es menos específica, y puede variar según las diferentes personas que la utilizan (Reid 2002, p. 398).
En sus ensayos, Reid también menciona la postura de Hume, quien esperaba haber puesto el asunto fuera de toda controversia, pues intentaba probar a través de tres argumentos que es completamente imposible concebir cualquier cantidad o cualidad, sin formarse una noción precisa de sus grados. Lo que sea verdadero de las impresiones, es verdadero de la idea, pues ambas no difieren en nada más que en su fuerza y vivacidad (Reid 2002, pp. 399 - 400)
Cuando se ha encontrado algún parecido entre varios objetos comunes, se aplica el mismo nombre a todos, sin importar las diferencias en grado de cantidad o cualidad ni de cualquier otra diferencia que pudieran surgir entre ellas. Una vez que se ha adquirido la costumbre de esta clase, el sonido de su nombre revive la
65 idea de uno de éstos objetos y la forma en la imaginación con todas sus circunstancias y proporciones. Esto es en esencia lo que Hume sostenía: “algunas ideas son particulares en su naturaleza, pero generales en su representación”. Por lo tanto, hay una noción específica de parecido cuando se compara a los objetos a grosso modo, lo que los animales también pueden hacer (Reid 2002, p. 402).
Hay también una noción específica de parecido cuando se analiza un objeto, se separa cada uno de sus atributos y se les percibe como concordantes en algunos y diferentes en otros. En este caso, sólo se da nombre a los atributos que concuerdan, lo que debe ser un nombre común, pues la cosa significada por ello es común. Así, cuando se compara una sábana limpia con la nieve, se percibe que ambas coinciden en color; y cuando se aplica el nombre de blanco a las dos, éste nombre no significa ni la nieve ni la sábana limpia, sino el atributo que es común a ambas (Reid 2002, p. 403).
Los nombres propios no tienen plural; un sustantivo común o apelativo no es el nombre de un individuo, sino un término general que significa algo que puede ser común a varios individuos. Por lo tanto, los sustantivos comunes significan atributos comunes. Aplicar el mismo nombre a varios individuos por su semejanza, significa que expresan algo que es común a aquellos individuos a través de un término general, lo cual, por lo tanto, se afirma de todos ellos. De esta manera se forman las ideas individuales, siempre que se utiliza el término. La palabra hace surgir la idea individual y hace que la imaginación lo conciba con todos sus proporciones y circunstancias particulares (Reid 2002, p. 404).