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Discusión de resultados

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palacio, avienta al muñeco de nieve pequeño muy lejos y les lanza nieve a los soldados.

Ana, lanza bola de nieve al muñeco de hielo gigante, tira puñete. Los soldados, disparan y encadenan a la reina. El príncipe Hans, ataca con su espada, dice “por tu culpa”. Al ver estas escenas en su respectivo contexto, resultan siendo conductas esperadas y aceptadas por la población, porque si alguien te agrede o se siente agredido, lo normal y natural es que respondan a esa provocación, ahora bien, este tipo mensajes son interiorizados desde muy pequeños a partir del cual se forman esquemas mentales, lo que va a generar que emitan respuestas similares (Carrasco y Gonzáles, 2006).

Finalmente en función a los programas observados, se puede afirmar que hay diversas manifestaciones de la agresividad, algunas son fáciles de identificar y que están presentes como parte del mensaje en la construcción de la historia, ahora bien, la evaluación de los programas de que si hay o no manifestaciones agresivas será a la luz de las experiencias de los televidentes por los contextos dónde y cómo han crecido; esto significa que lo que para unos es agresivo para otros no; además que encontraremos las justificaciones a tales conductas.

Al respecto, se encuentra el planteamiento teórico de Archer y Brawne (1989) quienes señalan, que para calificar si hay o no agresividad, se debería ver la presencia de tres características; primero, ver si está o no la intensión de causar un daño de diferentes formas, segundo de que esto no solo quede en advertencia, si no que se ejecute, por último, que haya una alteración del estado emocional (citado por Castillón y Vieco, 2002), entonces a partir de este alcance teórico se puede afirmar que hay agresividad en las historias de los programas y que algunas formas son identificables de inmediato, pero otras no.

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Mouse, es otro de los programas bastante vistos (Wiesner, 2015), Los Vilchez, Las aventuras de Ladybug, Frozen, Los picapiedras, Pepa Pig, La Rosa de Guadalupe (ver figura 04), son algunos de los programas preferidas por los televidentes.

De otro lado, es pertinente aclarar que en las respuestas recibidas por la muestra se hallaron no sólo programas televisivos, sino también canales de televisión o de youtube, juegos de internet o programas como noticieros y deportivos, de los cuales algunos no eran posible de ser identificados, eso fue uno de los criterios de porqué fueron descartados, de otro lado, generalmente son los padres quienes ven en mayor proporción los noticieros por la necesidad de estar informados, seguido en un porcentaje menor por los jóvenes y adolescentes, (Medrano et al., 2010), por el contrario, Prada (2010), encontró que los jóvenes estudiantes sí ven noticiero e incluso algunos lo hacen desde los nueve años.

Ahora bien, los canales de youtube o canales de televisión y los juegos de internet no fueron analizado porque no era el propósito de esta parte del trabajo, aun cuando los jóvenes de esta generación sean consumidores de los juegos en línea, como lo reporta Pichihua (2016) que el 70% de niños de Lima, entre las edades de 8 y 13 años prefieren los videojuegos, finalmente a esto grupo de respuestas descartas se suma las respuestas de que no ven ningún programa televisivo u otro.

Otro dato importante, es indicar que en la sistematización y organización de las respuestas se fue cada vez más riguroso, por tal razón, hubieron modificaciones respecto al primer reporte, ya que en esta segunda revisión, no solo se revisó el nombre del programa, también se vio el personaje que le gustaba, lo cual permitió en algunos casos identificar de qué programa se trataba, esto, se realizó a raíz de que no era posible inmediatamente identificar el nombre del programa, ya que en la entrevista guiada se anotó las respuestas del niño tal cual lo señalaba.

De otro lado, los programas vistos por la muestra fueron clasificados por niveles de agresividad, para este propósito, se trabajó con grupos focales conformado por estudiantes universitarios a quienes se les proporcionó una lista de programas elaborada a partir de las respuestas de los sujetos de la muestra, que tenían una frecuencia mínima de cuatro y los indicadores de agresividad que les permitiera ubicar a cada programa en algún nivel.

A partir del cual, se ubicó a los programas en cinco niveles: mucha, bastante, regular, poca y nada de agresividad; en el nivel mucha agresividad hay programas

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dirigidos a un público infantil, con guía paterna y adulto, mientras que al nivel de bastante agresividad, se suma la de público en general, lo que permite inferir que no se estaría regulando la emisión de contenido violento (ver tabla 02), en el nivel regular de agresividad, se encuentra programas dirigidos a un público infantil, general y con guía paterna en el nivel poca agresividad, se encuentran los públicos general e infantil, finalmente en el nivel nada de agresividad están los programas dirigidos al público infantil.

Al respecto, toma vital importancia lo mencionado por la UNESCO, que pareciera que las cadenas de televisión están poniendo en la pantalla chica, más y más imágenes traumatizantes, en el que unen las violaciones, la agresividad y los cadáveres (Perales, 2004 citado por Cárdenas, Cosiatado y Livia, 2011) y que esa realidad, está siendo asimilado como algo natural por los niños, siendo ellos los más vulnerables y que se encuentran en desventaja de conocimientos frente a los más grandes, como los padres que no siempre están a lado para explicarles.

A esto se suma que el 46,31 % de la programación televisiva tiene un alto contenido agresivo (mucha y bastante agresividad), el 27,96% de los programas televisivos tienen un contenido agresivo regular o intermedio, mientras que sólo el 25,73% de la programación se encuentra en agresividad baja, nos referimos a los que tienen muy poca o nada, los resultados, no se condicen con los hallazgos de Cárdenas et al., (2011). Muy cerca de la mitad de los programas vistos por los sujetos tiene un nivel alto de agresividad, resultados similares fueron reportados por Pérez-Ugena et al., en España (2010) y Gómez en México (2011); entonces a

¿qué institución u organización le corresponde tal regulación?

En relación a que si los programas televisivos con contenido agresivo provocan mayor agresividad potencial en los estudiantes de la muestra, se encontró que sí, esto significa que los programas tienen repercusiones en la conducta de los televidentes, lo preocupante de esto es que los resultados se suman a los trabajos de Pérez-Olmos et al., (2005), Manzo y Reyes (2009), Cárdenas et al., (2011), Antón et al., (2013), Marquina (2015), Flores (2014) y Depaz (2018) quienes reportaron que los sujetos expuestos a programas televisivos agresivos, muestran conductas agresivas.

Al respecto, Bosseti en 1996, daba a conocer los escritos de Popper, quien alertaba de lo que la televisión ocasionaría en términos de educación, frente a ello, se establecieron regulaciones de acceso a los programas televisivos ya sea por

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edad o con algún aparato, pero a la fecha no han sido eficaces porque las consecuencias siguen siendo muy parecidos, quizá podría deberse a que la percepción de la agresividad va cambiando, lo que antes era agresividad hoy no.

Los hallazgos muestran que el 46,3% de los programas televisivos vistos por los sujetos de la muestra poseen alto contenido agresivo, además de ello el 28,13

% de estos programas está dirigido a un público que debería tener una guía paterna, a esto se suma que el 13% va dirigido al público infantil, esta parte del resultado se asemeja a los de Cárdenas et al. (2011). Ahora bien, sólo cerca de la cuarta parte de los programas de la muestra tienen un nivel bajo de contenido agresivo.

A partir de estos hallazgos, toma relevancia lo señalado por Book (s.a), que el comportamiento de los adultos son producto de los hábitos adquirido en la infancia, igualmente Eron (1960) reportó que, cuánto más programas violentos habían sido vistos por los niños, mayor era su agresividad (citados por Borges, 2011). A esto se suma que la agresividad aparece a muy temprana edad (Espinet, 1991), edad en la que los niños están expuestos a la programación de la televisión sin compañía de algún adulto.

De otro lado, se observa que los niveles de agresividad que poseen los programas televisión están asociados al tipo de institución de procedencia, lo que significa que hay un número elevado de estudiantes de instituciones educativas estatales que están expuestos a programas televisivos con mayor agresividad respecto a los procedentes de particular (ver tabla 12), pero, cuando se compara por zona de ubicación de la institución no se encuentra la asociación entre la rural ni la urbana (tabla 13).

Sin embargo, al ver si existe asociación de los niveles de agresividad de los programas televisión al distrito de ubicación de la institución, se halló que sí, donde los que estudian en El Tambo, ven programas con mayor nivel de agresividad (tabla 14). Ciertamente estos resultados podrían ser refutados, debido a que la mayor cantidad de la muestra proviene del distrito de El Tambo, pero hay que recordar que es el distrito más grande de la provincia de Huancayo.

Un punto importante dentro de los resultados, tiene que ver con que los niveles de agresividad de los programas televisión están asociados al nivel de educación en el que se encuentran los estudiantes; cuánto más es el nivel de estudios alcanzados por los sujetos de la muestra, los programas televisivos al que

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tienen acceso, también tienen mayor nivel de agresividad (tablas 15a y 15b), esto podría deberse a que el espectador busca estímulos más intensos debido a que ya está sensibilizado a escenas de índole agresivo.

Desde la perspectiva de Espinet (1991), tanto las personas como los animales nacen con disposición agresiva y capacidad adaptativa, entonces podemos asumir que se trata de una respuesta normal, pero preocupante; producto de un largo proceso; debido a que muchos de ellos han visto la televisión desde muy pequeños, al respecto, Bandura, afirma que es a partir de la observación que se aprendan las conductas agresivas y con el pasar del tiempo, se van perfeccionando por el refuerzo recibido (citado por Carrasco y Gonzales, 2006).

A esto se suma, la narrativa que se presenta en la televisión (Vilches, 1996.

citado por Medrano, 2006. p. 95), a decir de Cebrián, en la televisión se construye una realidad a partir de lo que se ve en la sociedad (2004, p. 15), lo que significa que la realidad como tal no está exenta de escenas agresivas, no obstante, la televisión no es estático, debido a que disminuye la reacción del espectador, respecto al sufrimiento de las víctimas, por añadidura lo hace menos sensible a actos violentos (Arias, 2007).

Lo que debería llamar a la reflexión de estos hallazgos, es que ya entre los años 1971 y 1980, Eron (citado por Borges, 2011, p.49), evaluó a los sujetos que habían sido consumidores de programas violentos hace más o menos de 10 a 20 años atrás, encontrado que tenían comportamientos hostiles en la adolescencia y la adultez, lo lamentable de esto, es que en el reporte se dice que cuánto más violentos habían sido a los ocho años, mayor fue la violencia mostrados a los veinte y a los treinta, por lo que fueron arrestados y condenados.

A partir de los resultados encontrados en esta investigación, no intentamos decir que cuánto más instruido está el sujeto es más agresivo, sino que cada vez más consumen programas con mayores niveles de violencia. Además de que la programación televisiva con contenido violento no sólo afecta a los niños sino también a un universo de personas (Dráuzio, 2002, citado por Borges, 2011, p.49).

Otro de los hallazgos, muestra que los niveles de agresividad de los programas televisión están asociados al sexo; los varones tienen mayor acceso a programas con contenido alto de agresividad (ver tablas 16a y 16b), ya en 1985, Kazdin había encontrado que los varones muestran tasas más altas de agresividad (citado en Espinet,1991), mayor disposición a responder frente a las agresiones

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(Pérez-Olmos et al., 2005). Siguiendo a Bandura (1975), podría deberse al estatus que este genera, ya que en gran parte del contexto se crean estereotipos marcados de comportamiento propias del varón y la mujer, donde el varón es el más fuerte, además de estar asociado a un nivel de agresividad aceptable.

Otra de las variables medidas es la familia, vista desde la propuesta de Olson. Al combinar las familias, se encontró principalmente que cerca de una cuarta parte de la muestra proviene de las familias separadas caóticamente (26,6%), este tipo de familias pueden tener alguna dificultad producto del estrés, en una sola dimensión, seguida de las familias desligadas caóticamente (25,2%), cuyas características esenciales son que sus miembros toman decisiones individuales y son autónomos.

Cuando se emplea la clasificación general de tipos de familia, propuesta por el mismo autor, se encontró que hay un menor número de estudiantes ubicados en familias de rango medio en todos los niveles de agresividad, así como aquellos que controlan su agresividad y los que no tienen, seguida por aquellos procedentes de las familias extremas; hay un número mayor de estudiantes que proceden de familias balanceadas; lo que permite afirmar que más del 50% de la muestra, emana de una familia adecuada (Olson).

Ahora bien, si solo se observa la distribución de las frecuencias, se podría inferir que probablemente esta condición haya permitido que la agresividad potencial de sus miembros sea controlada, pero, al realizarse las comparaciones se encontró que no hay asociación entre los niveles de agresividad potencial ni los tipos de familia, que visto desde la perspectiva de Olson, no es una variable predisponente en la agresividad potencial, estos resultados son parecidos con los de Sáenz (2017) y Quispe y Rodríguez (2016).

Asimismo, los tipos de familia en general están asociados al distrito de ubicación; la mayoría de las familias balanceadas se encuentra en el distrito de Huancayo, mientras que, en los distritos de Chilca y El Tambo, se encuentran en menor porcentaje. De otro lado, los tipos de familia general no están asociados al sexo de los estudiantes de la muestra ni al tipo de institución, pero, si al nivel educativo, siendo los estudiantes de educación primaria quienes provienen de familias balanceadas, seguida por las de secundaria y por último del nivel inicial.

De otro lado, cuando se observa los niveles de agresividad potencial de los estudiantes de la muestra, se encuentra que el 23,8% está en alto, un 7,87% en el

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medio, el 15,1% posee un nivel bajo; a esta cifra se suma que el 30% controla su agresividad y por último, un 23,3% no es agresivo; lo que quiere decir que más del 53,3%, no estaría ubicado en ningún nivel de agresividad potencial, pero, la diferencia de 46,6% si se encuentra en algún nivel de agresividad, la mitad de este grupo se encuentra en un alto nivel de agresividad potencial (figura 6).

Los resultados expuestos en líneas anteriores, ponen en evidencia de que los padres deberían asumir la responsabilidad de acompañar a los hijos el tiempo que ven sus programas o establecer alguna manera de controlar o guiar la elección de un programa, para evitar en sus hijos el acceso a contenidos violentos (Donas, 1990 citado por Escandell y Rodríguez, 2002).

Cuando se realiza el análisis de los programas, se han encontrado que en el Chavo del ocho, se evidencia con mayor frecuencia la agresividad verbal, seguida de la física; el programa en mención está dirigido al público en general, respecto al personaje qué más les gusta a los que ven la comedia, es el Chavo del ocho (32 personas), y las razones de que les agrada es por ser divertido, chistoso, gracioso, travieso y hace reír, otro número menor dice que es pobre, bueno, humilde e inteligente.

Siguiendo los argumentos de porqué gustas de los personajes, se encuentra las respuestas emitidas sobre Quico (9), indican que es divertido, chistoso, por su forma de hablar y tiene juguetes, luego, La chilindrina (4) es poco obediente, por sus pecas, divertida y llorona, entre los últimos se encuentra don Ramón (3), debido a que le pega a doña Florinda, no paga la renta y es divertido, también, se encuentra doña Florinda (2), en el caso de ella es porque pega a todos y a Don Ramón, finalmente Paty (2) porque es bonita.

Respecto a lo observado en el Chavo del ocho, si bien los grupos focales lo ubican como un programa de regular agresividad, al observar las conductas por personajes, se encontró que don Ramón y doña Florinda, son bastante agresivos;

ambos emiten la agresividad física y verbal, pese a que los personajes son menos admirados, no dejan de ser modelos, los televidentes reconocen la agresividad en estos personajes, pero, solo identifican la física, lo que implicaría que no son consciente de la verbal y no por ello, dejan de aprender o imitar tales conductas.

De otro lado, no significa que el resto de espectadores, no estén expuestos a las agresiones simbólicas que están siendo proyectadas. El modelo de Huesmann, explica que las interiorizaciones de las imágenes agresivas en un

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primer momento, son controlados, luego, se hace inconsciente y se adquiere por observación, si se reflexiona en los tipos de familias encontradas en la investigación de acuerdo al modelo circumplejo de Olson, los padres no tienen mucha comunicación con los hijos, por lo que se puede asumir que desconocen qué hacen y qué ven sus hijos.

Ahora bien, al revisar el programa de Dragon Ball, se encuentran agresiones principalmente físicas casi en su totalidad de los personajes, las verbales son mínimas, cuando se preguntó a los televidentes, cuál era el personaje que más les agradaba, indicaron a Goku y al indagar por las motivaciones, señalaron en una mayor cantidad que era porque defiende a sus amigos, pelea y mata a los malos, es fuerte, poderoso, una respuesta que llama la atención es que uno de ellos dice que es dios, otra respuesta con una frecuencia mínima, es que es divertido. A partir de las respuestas, se infiere que se intenta justificar el accionar del personaje, también aparece el nombre de Vegeta e indican que es por ser fuerte.

Los reforzadores frente a las agresiones que se encuentran en el programa están de acuerdo a los valores propios del contexto, la no reacción frente a estas conductas es el resultado de una exposición prolongada a este tipo de escenas (Monteagudo, 2010). De acuerdo a Huesmann (1986), la televisión muestra personajes violentos, con los que los niños se identifican y de quienes aprenden estrategias agresivas para la solución de conflictos (citado por Carrasco y Gonzales, 2006), respecto al perfil de identificación de los personajes, se encontró que sus personajes son héroes y fuertes (Vargas, Rojas y Balanta, 2008).

En el programa Esto es Guerra, el tipo de agresión que se encuentra es la verbal, el personaje que más gusta es Angie (4), las razones son; por su belleza, carismática, competidora. Los otros personajes son muy dispersos, por lo que se juntó a las mujeres en un bloque, dentro los motivos de porque les gusta o las prefieren es porque son bonitas, competentes y ganan; los argumentos de porqué gustan de los personajes, se encuentran estereotipos de belleza en las mujeres, lo que estarían siendo interiorizados por los sujetos de la muestra.

En el caso de los varones los argumentos de preferencia son ser competentes, porque ganan y son fuertes, pero las razones de que son bonitos, es dada por las mujeres; nuevamente se encuentra estereotipos de belleza que son creados en los espacios televisivos. Las percepciones de los televidentes en relación al programa son las mejores, ninguno identifica alguna forma de agresión,

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