CAPÍTULO II. TEORÍAS DE LA LOCALIZACIÓN Y CONCENTRACIÓN INDUSTRIAL
II.4. Externalidades y localización
II.4.1. Economías externas y el concepto de externalidad
70
71 ser internas o externas, según la definición clásica de Marshall. Las economías internas se derivan del propio crecimiento de la empresa y pueden deberse a la existencia de elevados costos fijos, factores tecnológicos, de administración o financieros, entre otros. Las economías externas resultan de la expansión de la industria en general y se reflejan en la estructura de costes de todas las empresas. Una fuente de dichas economías es explícitamente espacial. La ubicación de una empresa cerca de otras la hace beneficiarse de un tipo particular de economías externas que se denominan economías de aglomeración (Glaeser, et al, 1992).
Actualmente los conceptos de economías externas, externalidades y efectos externos suelen interpretarse de manera equivalente, es decir, como beneficios o costos que goza un agente económico derivados de las acciones de los demás agentes y, por tanto, no existe un mercado o dominio institucional que regula dichos efectos. Sin embargo, en sentido estricto, una economía externa será una externalidad siempre que se produzca un distanciamiento de la situación de eficiencia, teniendo relevancia en términos de optimalidad paretiana. La externalidad es un efecto positivo o negativo, sobre la función de producción o de costos de una empresa derivado de la existencia de economías externas. Sin embargo, no toda economía externa es una externalidad, por lo que la presencia de efectos externos es una condición necesaria pero no suficiente para la existencia de externalidades (Bellandi, 1995).
Una externalidad tiene dos características fundamentales, la no rivalidad en el consumo y la no exclusión, características que también definen a los bienes públicos. La primera se explica a partir de la posibilidad de consumo colectivo, dado que el aprovechamiento de un bien público por un agente no imposibilita a otros a hacer lo mismo y la segunda implica la imposibilidad de restringir el uso de dicho bien a aquellos agentes que han pagado por el derecho a disfrutar de un bien o servicio. La existencia de externalidades conduce a resultados
72 subóptimos al producir una divergencia entre los costos (beneficios) privados y sociales.
Los requisitos de eficiencia imponen ciertas limitaciones a las tecnologías factibles de producción. Cuando la producción de un determinado bien presenta rendimientos crecientes a escala, la fijación de precios según el principio de costo marginal (condición necesaria para alcanzar simultáneamente la eficiencia en la producción y en el consumo) llevaría a la desaparición de la unidad productiva al no ser rentable la producción. Los rendimientos crecientes implican unos costos medios decrecientes a largo plazo y, por lo tanto, que los costos marginales fuesen inferiores a los medios para cualquier nivel de producción. En el límite, sí para explotar dichas economías externas se expande la producción, solamente podría existir una empresa en la industria- monopolio natural. En estas circunstancias, la exigencia de optimalidad haría inviable la producción. La supervivencia de la industria llevaría a que los precios fuesen distintos del costo marginal no alcanzándose un óptimo paretiano (Bellandi, 1995).
Las fuentes más utilizadas en la literatura en la generación de economías externas son la incorporación del conocimiento como factor no rival, sobre todo en los modelos de crecimiento endógeno y los incrementos en el número de factores intermedios cada vez más especializados, en los modelos de preferencia por la variedad de Spence (1976) y Dixit-Stiglitz (1977).
La idea básica de Marshall es que puede haber economías de escala internas a la industria, en este caso se refiere al conjunto de empresas aglomeradas, pero externas a la empresa individual, que den lugar a una función de costo medio decreciente para el conjunto, aunque cada empresa se enfrenta, individualmente, a costos medios crecientes. Las economías externas son, entonces, influencias sobre la función de producción o costos que proceden no de la dimensión individual, como las economías internas de la empresa
73 particular, sino de todo el emplazamiento productivo o distrito industrial, como lo definiera Marshall.
En cualquier caso, las economías externas de las que se beneficia una unidad productiva se derivan de su propia localización y por lo tanto, de su asociación con un amplio conjunto de actividades económicas. Las economías internas que se pueden generar en la aglomeración se transmiten en forma de economías externas a las unidades individuales que la componen. Sin necesidad de aumentar la escala de su producción, su asociación espacial y su encadenamiento funcional le permite obtener economías derivadas de los factores que operan fuera de la unidad productiva individual. Bajo estas circunstancias, las economías de aglomeración se convierten en un elemento adicional en la decisión de localización y tienen, por tanto, un impacto significativo en la distribución espacial de las actividades económicas (Callejón y Costa 1996).
Las economías externas han sido clasificadas de varias formas. Las economías externas pecuniarias son aquellas que se derivan de la especialización y de la división del trabajo y se reflejan directamente en el costo de producción, mientras que las no pecuniarias o tecnológicas son aquellas que se derivan del cambio tecnológico y que afectan, por tanto, a la eficiencia productiva en cuanto a mejores técnicas de producción e innovaciones de productos. Asimismo, las economías pecuniarias suelen llamarse estáticas, mientras que las tecnológicas se denominan dinámicas, dado que el conocimiento “fluye” en un proceso constante. Además, suele ser bastante difícil separarlas en la práctica, la distinción entre economías externas pecuniarias y tecnológicas es válida únicamente cuando existen rendimientos constantes a escala y competencia perfecta. En presencia de rendimientos crecientes y mercados no competitivos, el conjunto de economías externas significativas resulta ser más importante (Callejón y Costa 1996).
74 Asimismo cuando los efectos externos son negativos, hablamos de deseconomías externas o externalidades negativas, que tienen efectos contrarios a lo que aquí se han expuesto. Un ejemplo típico puede ser el de la congestión o los elevados precios del suelo industrial, entre otros. Normalmente los efectos externos positivos generarán una fuerza de atracción hacia el territorio en que tienen lugar, mientras que los efectos negativos actuarán como una fuerza de repulsión para los agentes que quisieran instalarse en la aglomeración, Krugman (1995) les ha denominado fuerzas centrípeta y centrífuga, respectivamente.