CAPÍTULO II. TEORÍAS DE LA LOCALIZACIÓN Y CONCENTRACIÓN INDUSTRIAL
II.3. Teoría del crecimiento económico endógeno y su influencia en la teoría de la
II.3.1. Principales fuentes del crecimiento endógeno
Es posible distinguir las principales fuentes que explican el crecimiento endógeno. La primera fuente endógena de crecimiento se puede entender como las externalidades positivas ligadas a la inversión del capital físico y a la acumulación de conocimientos que se reconoce en el modelo fundador (Romer, 1986). Este modelo tiene factores determinantes de la producción convencionales, como el trabajo y el capital, pero también se incluye el acervo de conocimientos con que cuenta una economía. Cada empresa tiene un incentivo económico para invertir en la generación de conocimientos privados, sin embargo, esta inversión contribuye al acervo agregado de conocimientos públicos, esto constituye una externalidad. Las firmas producen en el marco de rendimientos de escala no crecientes, sin embargo, en el ámbito macroeconómico, se benefician de rendimientos a escala externos a la firma.
Este tipo de rendimientos proviene de externalidades tecnológicas positivas derivadas de la difusión de conocimientos y del mismo capital físico (Amable y Guellec, 1992).
Las externalidades permiten, abordar la cuestión de las economías de escala sin necesidad de introducir una estructura de mercado no competitiva. La introducción de las externalidades puede verse como una extensión dinámica de la versión estática de las economías externas que desarrolló inicialmente Marshall (1923). Arrow (1962) utilizó una extensión similar en su modelo del aprendizaje por medio de la experiencia. En el modelo de Romer, la externalidad reside en los conocimientos; en el de Arrow, reside en el capital.
66 Una empresa que acumula conocimientos privados contribuye sin querer al acervo agregado de conocimientos públicos, y el acervo de conocimientos públicos aumenta la productividad de todo el mundo. En estas circunstancias, la productividad marginal decreciente de los conocimientos privados hace que las empresas se comporten competitivamente, es decir, sean precio- aceptantes, mientras que la economía se encuentra con economías de escala y una productividad marginal creciente de los conocimientos. Lo más importante, es que los conocimientos agregados no tienen rendimientos decrecientes, por tanto, la tasa de crecimiento no tiene que disminuir, puede aumentar con el paso del tiempo hasta que converge en una tasa constante de crecimiento a largo plazo, o incluso puede aumentar ilimitadamente.
La segunda fuente del crecimiento endógeno se localiza en la innovación tecnológica, producto de la inversión en I+D. Dos modelos son los que más han desarrollado la idea: el de Romer (1990) y el de Aghion y Howitt (1992), el primero se inscribe en la tradición smithiana donde los nuevos insumos se acumulan en el stock inicial y el crecimiento es resultado del aumento de diferentes insumos disponibles y especializados. Romer (1990), desarrolló un modelo desagregado del sector empresarial con el fin de estudiar la evolución de la productividad. En este modelo, las empresas invierten recursos en I+D con el fin de desarrollar nuevos productos, que están protegidos por patentes.
De esa forma los innovadores consiguen un poder de monopolio que pueden utilizar para obtener más beneficios y los beneficios adicionales dan incentivos para invertir en I+D. Al igual que ocurre con otros muchos tipos de oportunidades de inversión, los innovadores toman decisiones de inversión comparando el valor actual de los futuros beneficios de su inversión con los costos iniciales de la I+D. La competencia atrae a los inventores hasta el punto en el que la tasa privada de rendimiento de la I+D es igual a la tasa de rendimiento de los proyectos de inversión alternativos.
67 Una novedad importante, es su modelo de la relación entre la productividad de los recursos dedicados a la I+D y la inversión acumulada en ella. En el modelo, los innovadores aspiran a inventar nuevos productos, que les reportan beneficios y, por consiguiente, un incentivo para innovar. Pero al mismo tiempo crean sin querer conocimientos que no se incorporan en prototipos protegidos por las patentes y que no pueden mantenerse como un secreto comercial. Otros innovadores pueden acceder a estos conocimientos no incorporados, por lo que los futuros costos de la I+D de todo el mundo disminuyen. En estas circunstancias, el acervo de conocimientos al que pueden acceder los innovadores es una función de los esfuerzos dedicados anteriormente a la I+D.
Cuanto más I+D se haya realizado antes, mayor será este acervo y más barato será hacer I+D en el presente.
Pero a medida que se inventan más productos, la competencia entre sus oferentes reduce los beneficios de cada uno de ellos, lo que reduce los beneficios por producto. El incentivo para innovar aumenta o disminuye con el tiempo, dependiendo del ritmo al que desciendan los costos de la I+D en relación con sus beneficios. Romer identificó las características tecnológicas que hacen que estas fuerzas se equilibren y que el incentivo para innovar se mantenga constante con el tiempo, y, por tanto, también se mantengan constantes los recursos dedicados a la I+D. Una economía que sigue este tipo de trayectoria experimenta una tasa constante de crecimiento de la productividad. Y esta tasa es endógena, en el sentido de que depende de las características de la economía, especialmente de las que determinan la tasa de ahorro, en la medida en que un país eleve su tasa de ahorro crecerá más rápido porque asignan (endógenamente) más recursos a las actividades dedicadas a la invención (Destinobles, 2007)
El segundo modelo corresponde al enfoque schumpeteriano de la destrucción creativa (Schumpeter, 1942), donde las empresas destinan recursos de investigación y desarrollo para mejorar la calidad de los productos ya
68 existentes. Esto tiende a dejar obsoleta la generación anterior de productos, por ello se denomina destrucción creativa, porque sólo algunas empresas estarán en condiciones de crear nuevas ideas con el fin de destruir las utilidades de las empresas que tienen las ideas antiguas (Sala-i-Martín, 2002).
La tercera fuente de crecimiento endógeno radica en la acumulación del capital humano con rendimientos crecientes. El capital humano se presenta como una opción (al cambio tecnológico) de crecimiento sostenido, donde la externalidad se manifiesta en una mayor eficacia productiva de cada individuo. En las teorías del crecimiento endógeno existen básicamente dos enfoques en relación con el capital humano como fuente de crecimiento, el de Lucas (1988) y el de Nelson y Phelps (1966).
El primero, iniciado por Lucas (1988), se inspira en los planteamientos de Becker (1964), sin embargo, a diferencia de Romer (1986), las introdujo en el capital humano. En una de las versiones de su enfoque, se suponía que la producción agregada dependía del capital físico, es decir, de las máquinas, el equipo y las estructuras, también del capital humano agregado (medido como nivel agregado de habilidades) y del nivel medio de capital humano de la población trabajadora. El capital físico y el capital humano agregado tenían rendimientos decrecientes, pero se suponía que el efecto conjunto que ejercían en la producción era mayor cuanto más alto era el nivel medio de capital humano de la economía. Por consiguiente, la externalidad residía en el efecto que producía el capital humano medio en la producción.
Se suponía que todo individuo se esforzaba en acumular capital humano. El aumento del acervo individual de capital humano era una función de este esfuerzo y del nivel de capital humano ya alcanzado. Basándose en la forma que le dio Uzawa (1965) a esta relación en la que la tasa de acumulación es proporcional al stock de capital humano, Lucas mostró que una economía de ese tipo crece a largo plazo a una tasa superior a la tasa del progreso
69 tecnológico. Su tasa de crecimiento depende de las características de su tecnología para producir bienes y servicios y de los componentes de su
“tecnología” para producir capital humano.
La segunda concepción de tipo schumpeteriano es propuesta por Nelson y Phelps (1966), estos autores reconocen que el crecimiento ha sido conducido por el stock de capital humano que influye en la habilidad de un país para innovar o converger con países más avanzados.
La cuarta fuente de crecimiento endógeno se identifica en la inversión de infraestructura pública física. Según Barro (1989, 1990) la red de comunicaciones o de telecomunicaciones, servicios de información, carreteras, puentes, etc. favorece el crecimiento de la productividad total de los factores del conjunto de las firmas. La inversión pública, en los diferentes servicios utilizados por las empresas privadas, tienen un papel importante en el crecimiento en la medida en que se dinamiza la inversión.
Finalmente, al considerar la economía abierta, los modelos de crecimiento endógeno reconocen que no sólo existe intercambio de bienes, sino también de flujos de conocimientos tecnológicos, patentes, habilidades laborales, los cuales pueden contribuir al crecimiento. La difusión (spillovers) de tecnologías y de conocimientos entre los países dan lugar a externalidades positivas que favorecen el crecimiento económico de los mismos.
En el siguiente apartado se abordan las teorías sobre la localización industrial y se incluyen las externalidades como resultado de la influencia de los modelos de crecimiento endógeno, antes expuestos y que abren el estudio del territorio en el ámbito de la competencia imperfecta.
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